El Martingale es un estrangulador

Collar martingale galgos

Si tienes un galgo y lleva un collar Martingale (para galgos, te han dicho), lo que viene a continuación te interesa. Y mucho.

COLLAR MARTINGALE PARA GALGOS ¿QUÉ ES?

El collar Martingale para galgos es un modelo de collar muy característico. De unos cuatro centímetros de anchura, con base de cinta de nylon, suele estar forrado de tela de bonitos colores y dibujos.

Es un modelo de collar muy popular para galgos, aunque no es raro verlo en otras razas de perros o mestizajes.

Tiene una gran anilla donde sujetar el mosquetón de la correa, y una hebilla que permite ajustar el tamaño del collar al cuello del perro.

Y aquí es donde empiezan los problemas con el collar Martingale para galgos.

 

¿CÓMO FUNCIONA EL MARTINGALE?

Voy a ser directa y breve: el collar Martingale es un collar estrangulador.

Este modelo de collar, de uso muy popular entre los galgos, está diseñado para cerrarse cuando hay tensión en la correa. Es decir, tiene cierto tamaño en reposo, y se empequeñece cuando la correa se tensa, cerrándose alrededor del cuello del perro y haciendo presión sobre el mismo.

De este modo se compensa una peculiaridad de la anatomía de  los galgos: el cuello en su parte superior es más ancho que la parte más ancha de la cabeza.

Por esta razón, cualquier collar fijo, por mucho que se apriete, se sale fácilmente si el galgo decide tirar hacia atrás, por ejemplo porque se asusta. Y si esto ocurre, el perro queda libre. Puesto que está asustado, como buen galgo, echará a correr a lo loco, y a ver quién le pilla ahora.

Así que se propone este modelo de collar Martingale para impedir las fugas de los galgos cuando tienen miedo y tratan desesperadamente de huir.

Si estás pensando que el Martingale de tu galgo no aprieta el cuello de tu perro, y por lo tanto no estrangula, porque tiene tope, piensa que para que el Martingale para galgos sea eficaz (y que no se salga cuando el galgo forcejee con él), el tope debe estar puesto a un tamaño INFERIOR al del cuello del perro.

Por lo tanto, funciona porque aprieta, es decir, estrangula.

¿EL MARTINGALE PARA GALGOS HACE DAÑO?

La respuesta corta es sí.

Sigue leyendo si quieres que te la argumente.

Piensa en las veces que tu galgo intenta huir de algo que le atemoriza, y no solo no lo consigue, sino que encima se le corta la respiración.

O las veces en que, a propósito, o sin darte, cuenta tiras de la correa (y le estrangulas).

O cuando tu galgo intenta realizar acciones cotidianas, como saludar o jugar con otro perro, o acercarse a una persona o a algo que le llama la atención, y la correa se tensa (y el collar le estrangula).

En todos esos momentos, tu (posiblemente miedoso) galgo está recibiendo un castigo sin que te des cuenta.

Eso no le ayuda, y aumenta (mucho) su miedo. Así que cuanto más timepo lleva el Martingale para galgos, más opciones tiene para incrementar su miedo.

Y cuanto más miedo tiene, más convencida estarás de que debe llevar ese modelo de collar, porque si no, se escapa.

ALTERNATIVAS AL COLLAR MARTINGALE

Si usas un Martingale porque te parece bonito, hay collares para galgos igualmente bonitos que no aprietan (eso sí, se salen por la cabeza si el perro retrocede y tira hacia atrás).

Si lo usas porque tu perro es muy miedoso, y te preocupa que escape de golpe y lo atropelle un coche, elige un arnés antifuga pensado y diseñado expresamente para la anatomía del galgo.

Pero evita usar un dispositivo que castiga inadvertidamente a tu amigo varias veces al día.

Incluso aunque sea la asociación para galgos la que te ha dicho que se lo pongas, o te lo haya vendido/regalado al adoptar a tu galgo. Lo mejor que puedes hacer por tu perro es tirar ese collar a la basura.

Mucha gente se enfada con este asunto. Ellos sabrán porqué.

Pero luego se quejan de lo miedosos que son sus galgos (y otros perros con este tipo de collar), y no lo entienden, ni saben qué hacer para cambiar eso.

Yo si lo sé. Ahora tú también.

Si es que no te has enfadado, claro.

Yo también tengo galgos. Y no son miedosos. No llevan un Martingale para galgos.

Lo llevaban cuando los adopté, y tenían miedo, pero les cambié el collar.

Cambié más cosas, claro, pero primero el collar.

Si quieres saber qué más cosas no dan miedo a los perros y les permiten llevar una vida más placentera, puedes apuntarte en el formulario.

Y si tu perro tiene miedo y no sabes cómo ayudarle, pues igual.

¿Y qué pasará si te apuntas?

Que te llegará un libro (gratuito) con ideas para mejorar la convivencia diara con tu perro.

Y un correo diario con historias y reflexiones sobre educación canina amable.

Para mí que si vives con un perro, te interesa

 

5 cosas que puedes hacer si tu perro tiene miedo en la calle

como pasear a un perro miedoso

Pasear a un perro miedoso no es nada sencillo.

En cuanto está en la calle trata de huir de todo, ladra a muchos estímulos, tira de la correa constantemente, y soltarle es peligroso porque cuando se asusta no atiende a la llamada.

Entonces, ¿qué puedes hacer para mejorar los paseos y ayudarlo? Te lo cuento en este artículo.

Mi perro es muy miedoso en el paseo ¿qué hago?

 

Es muy habitual que un perro pase miedo en la calle.

Algunos pasan tanto miedo que parece que todo les asusta, y no quieren ni andar.

Y te gustaría saber cómo pasear a tu perro miedoso.

En este artículo quiero darte algunas ideas para ayudarte si tu perro es de los que manifiestan su temor mediante la huida o la congelación, ya que los perros expresan el miedo de muchas otras maneras y a menudo las personas no lo reconocen como tal.

Me refiero por lo tanto al clásico “perro asustadizo”.

Hay muchas razones por las que un perro intentará huir en la calle, y generalmente se suman unas a otras.

Tu trabajo entonces como cuidador es lento y tedioso, pero imprescindible.

En cualquier protocolo de modificación de conducta te dirán que mientras se trabaja la gestión del miedo, el perro debería evitar exponerse a las causas de ese miedo.

Sin embargo, en la vida real hay un obstáculo bastante serio a la hora de pasear con un perro miedoso en la calle.

Y es que, a menos que dejes de sacarle al exterior (medida muy a tener en cuenta en perros que tienen auténtico pánico a salir), lo estarás exponiendo varias veces al día a numerosos detonantes de miedo.

Que además, en general, escapan a tu control.

Y esto termina siendo un paso adelante y dos hacia atrás.

La recuperación será por tanto mucho más lenta aún.

Así que te explicaré algunas acciones que puedes llevar a cabo para que la paciencia no se te agote y la frustración no te venza. Son ideas para pasear a un perro miedoso que no implican adiestramiento o entrenar nada.

Tu perro necesita tiempo (a veces mucho) para lograr superar sus miedos.

Y tú eres todo su apoyo, no puedes fallarle.

 

1- CAMBIA DE ACTITUD

 

Lo primero es cambiar de actitud.

Tu perro tiene problemas, es verdad, pero no es el fin del mundo.

Y tú eres su referente, es a ti a quien mira de reojo cuando algo empieza a resultarle incómodo, y puede que sea hacia ti hacia donde vaya cuando algo le supere, buscando refugio y apoyo.

Hay actitudes que ayudan y actitudes que boicotean todo avance a la hora de pasar a un perro con miedo.

Veamos tres ejemplos:

Vas por la calle. Te dan mucho miedo las palomas (el miedo es libre).

Te acompaña tu mejor amigo, que conoce ese miedo.

Él ve una paloma, y se anticipa.

Tú aun no has visto nada.

# 1 # “¡¡A ver!!, ¡¡tranquilo, vale??!!, ¡¡NO-PA-SA-NA-DA!!, ¡¡¡¡Solo es una paloma, tranquilo, no es nada, no tengas miedo, caaaalmmaaaa!!!!!.

No la viste, pero ya la estás buscando, con el corazón a mil y los ojos desorbitados.

Mala estrategia, actitud equivocada.

Así no te ayuda, más bien al contrario.

# 2 # “Otra paloma. A ver qué hace este ahora. ¡¡A ver, mira, una paloma, solo es un pajarito, es inofensivo!!, ¡no entiendo porqué te pones así, ¿es que no ves que no hace nada?!, anda, vamos a acercarnos para que veas que no te va a pasar nada.”

Así tampoco te está ayudando.

Los miedos no se resuelven razonando ni dejándote solo ante el peligro.

# 3 # ” (Susurrando y sonriendo) Vaya. Una paloma. Bueno, no te preocupes, ¿la has visto?, ¿sí? (tras ver tu señal de incomodidad), vale, ¿vamos por otro lado?. ¿Prefieres cruzar, o dar la vuelta?. Como tú te sientas más cómodo, estoy aquí para apoyarte.”

Esto es otra cosa.

La situación es la misma.

La reacción de tu perro es la misma.

La tuya es la que puede cambiar.

Ofrecer apoyo y comprensión mientras paseas con un perro miedoso es mucho más eficaz que mostrar nerviosismo y alterarte tú antes que nadie, o que tratar de razonar y enfrentarse al miedo a las bravas.

Tu perro se irá mostrando más confiado y tranquilo a tu lado si nota una actitud de comprensión y aceptación, lo cual ayudará a que sus reacciones sean cada vez menos intensas.

Así que respira hondo, observa a tu perro para saber cuándo empieza a sentirse levemente incómodo, y actúa con calma  y decisión en ese momento.

Pero dándole todo tu apoyo y comprensión.

 

2- DALE ESPACIO O SÁCALE DEL PROBLEMA

 

Cuando tu perro se asuste, una opción muy valiosa es darle espacio.

Si algo que hiciste le dio miedo, da uno o dos pasos atrás, sonríe y mantente quieto hasta que se relaje.

Si algo ajeno a ti le provoca ganas de huir, acompáñale a un sitio seguro, sácale del problema, con ligereza pero con calma.

No hace falta que digas nada, simplemente permite la huida (controlada, para evitar accidentes).

Si tiene tanto miedo que solo quiere esconderse, permíteselo.

Tu vehículo, un portal, o directamente a casa.

Fin del paseo, ya tuvo suficiente por ese día.

3- ACOMPÁÑALO

 

En muchos lugares se comenta que no se debe prestar atención a tu perro cuando se muestra asustado, para no reforzar su comportamiento.

Y esto te dicen que debes hacerlo mientras paseas a un perro con miedos.

Sin embargo, la mayoría de las conductas que presenta un perro asustadizo no son condicionadas (aprendidas) sino involuntarias, por lo que no vas a reforzarlas (premiarlas), ni para bien ni para mal, hagas lo que hagas.

Si le regañas o castigas por mostrar comportamientos de miedo, o por las conductas asociadas a esa emoción, como tirar locamente de la correa, hacerse pis, saltarte encima o desobedecer la llamada y salir corriendo, no impides que esas conductas sigan apareciendo.

Eso sí, puedes empeorarlo todo simplemente porque añades más miedo a la ecuación, y el único refugio con el que contaba tu perro (tú) ha resultado no ser seguro.

También puedes ignorarle, pero ignorar mientras paseas a un perro con miedo eso no le ayudará.

De nuevo su intento de refugiarse en ti le fallará.

No aumentará el miedo, pero tampoco será una ayuda.

Y hay momentos en que tu perro solo cuenta con tu ayuda.

Si el estímulo que produce el miedo se ha presentado a baja intensidad, y tu perro mantiene aun el control de sí mismo, ignorar sus reacciones sí puede ser de ayuda.

No tanto porque al ignorar la conducta vaya a desaparecer (para eso primero tendría que haberla aprendido, y el miedo no se aprende), sino porque si duda, y te ve tranquilo e indiferente puede replantearse que tal vez no es para tanto.

Si eres su referente emocional, esto puede ser eficaz.

Si todo el mundo a tu alrededor mantiene la calma cuando tú empiezas a perder la cabeza, puede que te pares a pensar en ello, y pensar es un buen antídoto contra el miedo.

En cambio, prestar atención a tu perro en un momento de miedo intenso sí puede ser de ayuda, si te ciñes a la actitud adecuada.

Puedes susurrarle algo bonito, darle caricias lentas y sonreírle mucho.

Que sepa que le quieres, que le entiendes y que estás ahí.

No puedes premiarle por tener miedo.

No puedes reforzar conductas viscerales asociadas al miedo.

Pero quizá logres rebajar sus niveles de miedo y así él consiga pensar un poco y sentir un poco menos de miedo.

O quizá consiga controlar mejor su miedo si está acompañado y se siente protegido.

Así que no tengas reparos en hacerle caso a tu perro cuando se asusta mientras estáis paseando.

Solo si crees que tu actitud será nerviosa o  alterada y puede empeorar más su percepción de peligro, entonces es preferible cierta indiferencia (pero un par de caricias largas y lentas sí le puedes dar, ¿no?).

 

4- DISMINUYE LA CARGA DE ESTÍMULOS

 

Las personas en entornos urbanos no somos conscientes de la enorme cantidad de estímulos visuales, sonoros, olfativos e incluso táctiles que nos “atacan”  cada minuto que estamos en la calle.

Pasear a un perro con miedo por la calle implica que esta gran cantidad de estímulos será una sobrecarga para su sistema nervioso, que no puede gestionar tanta información a la vez.

Los miedos se van sumando, y tu perro miedoso termina por perder el control.

Una ayuda importante que puedes llevar a cabo es reducir la cantidad de estímulos cotidianos a los que expones a tu perro en cada paseo.

Aunque pienses que no le dan miedo, todo suma, y si “detenemos” el entorno le damos una cierta paz mental que le permite gestionar mejor ese miedo concreto, en lugar de tener que concentrarse en todos los potenciales peligros de la calle a la vez.

Opta por pasear a tu perro miedoso a horarios en los que apenas haya gente, otros perros, vehículos y movimiento en general.

Elije lugares donde haya poca estimulación en general, como playas vacías, grandes parques, o si no hay opciones, campo en las afueras de la ciudad.

Cambiar los horarios para pasear a un perro con miedos en la calle, para salir a las horas más tranquilas, también sirve.

Te llevará tiempo y te complicará la vida, pero piensa que es una medida temporal que se aproxima a “no expongas a tu perro a la calle” sin llega a ser un “no lo puedes sacar de paseo las próximas semanas”.

 

5- DALE PEQUEÑAS TAREAS

 

Dale algo en lo que concentrarse.

El miedo y la concentración tienden a antagonizarse, salvo cuando la concentración está buscando el miedo.

Si le das alguna tarea sencilla a tu perro en cada paseo, le ayudas a desconectar y a pensar algo más y emocionarse algo menos.

Esto es la base de cualquier programa de gestión de miedo: piensa más, asústate menos.

¿Y qué puede hacer?.

Todo lo que se te ocurra, según tu entorno y su personalidad.

Los juegos de nariz, que pueden complicarse tanto como desees, son la estrella.

Pero también puedes pedirle ejercicios sencillos en el mobiliario urbano, como pasar por debajo de un banco, y luego subirse a él, caminar por el borde de una gran jardinera, rodear bolardos o saltar por encima.

Puedes esconder su juguete favorito tras algún obstáculo, atándole a cierta distancia, para luego soltarle y que lo busque.

Piensa qué pequeñas cosas le puedes pedir para que hagáis juntos durante el paseo, y anímale a superar pequeños retos.

 

Y éstas son distintas acciones que puedes llevar a cabo para ayudar en cómo pasear a un perro miedoso.

Este tipo de ayudas son las que ofrezco a mis clientes para que puedan mejorar la gestión de miedos de sus perros.

Son ayudas para ellos mismos. Porque no solo ayudo al perro. También a la persona que lo acompaña.

Porque a menudo las personas necesitamos más ayuda que los perros.

Y los perros solo necesitan espacio y tiempo.

Si quieres aprender más ideas en esta línea, te las cuento en los correos que mando a diario a mis suscriptores. Te apuntas dejando tu email aquí abajo:

 

Qué es la educación canina amable y respetuosa

Existe mucha confusión acerca de las distintas filosofías y modalidades de educación canina.

Te explico en qué consiste exactamente la educación canina amable y empática, y te cuento qué NO es, para que no te engañen y te intenten confundir con conceptos equivocados.

¿Qué es la educación canina amable y respetuosa?

 

En eduación canina hay distintas corrientes. Toma fuerza la educación canina amable, también llamada empática y respetuosa. Te explico por qué.

Frente a visión utilitarista del perro, o la reducción a la conducta y a la acción/reacción, la educación canina amable considera al perro como un todo. Se apoya en que el perro es un invididuo con emociones, capacidad de razonamiento, estructuras sociales,  y sistema comunicativo complejo.

En la educación canina empática se da mucha importancia a sus necesidades de especie y a la integración en un entorno familiar humano.

La educación canina tradicional tiene una visión del perro como herramienta. Debe cumplir una función. El perro se ha entrenado durante muchos años para rescate, policía, búsqueda de personas, ataque y defensa, pastorear animales, guardar propiedades, para la guerra, para tirar de carros y trineos… En resumen, para realizar un trabajo útil para las personas.

A día de hoy, donde el 95 % de los perros no tiene trabajo, y se limitan a convivir con una familia humana, la visión persiste, y el perro debe ser entrenado para una función exclusivamente: dar compañía sin dar problemas.

Y como se ignora por completo su comunicación, sus necesidades y sus conductas naturales, muchos perros dan problemas.

Entonces, la visión tradicional propone adiestrarlos y educarlos como solución a las conductas indeseables por las personas. A menudo, ese adiestramiento, sobre todo cuando es en cachorros, se convierte en la causa de mayores problemas de conducta. O, simplemente, agrava los existentes.

 

¿Cuál es la alternativa?

 

En la educación canina amable y empática se promueve conocer al perro, sus conductas naturales, su comunicación y sus necesidades, y a partir de ahí, se busca proporcionarle el mejor estilo de vida posible para cubrir todo eso.

Sus conductas, como consecuencia de este trabajo, cambian (pero cambiar las conductas nunca es el objetivo), y los problemas de comportamiento desaparecen o se mitigan notablemente.

En caso de que el problema de comportamiento fuera en realidad una conducta natural de la especiel, se entiende que el problema lo tiene la persona, no el perro, y no se interfiere en el mismo.

 

¿Como aplicar la educación canina amable y respetuosa?

 

Dicho de un modo breve: la educación canina amable y respetuosa no busca enseñar trucos al perro, ni pretende que obedezca órdenes.

Tampoco se centra en cambiar sus conductas, y menos aún en inhibirlas.

Aboga por formar a las familias para que conozcan a fondo a su perro y a la especie, y, a partir de ahí, le ofrezcan la mayor calidad de vida posible, respetando sus necesidades y conductas naturales.

Solo así se consigue un perro maduro, feliz, equilibrado y bien integrado en su entorno.

 

¿Cómo educar a un perro sin violencia?

 

La educación canina amable y empática nace por el interés de muchas personas de educar sin violencia.

Esto ocurre como contraposición a los sistemas tradicionales educativos, donde hay que imponese al perro a toda costa (teoría de la dominancia), y donde se incluyen acciones violentas como voltearlo, darle toques, tumbarlo e inmovilizarlo contra el suelo, etc.

Y para evitar los modos conductistas basados en el castigo positivo, con empleo generoso de herramientas mal llamadas educativas. Estas herramientas infligen dolor, y funcionan por el miedo que causan. Seguro que las conoces: collares eléctricos, estranguladores, martingale, de pinchos, cabezadas halti.

Nada de esto tiene cabida en la educación amable y empática. En esta filosofía prima el respeto al perro, el conocimiento y satisfacción de sus necesidades como especie y como individuo, la atención a su comunicación, y el favorecer su desarrollo como perro, y no como herramienta para satisfacer las necesidades y deseos humanos.

No se busca la modificación o desaparición de las conductas, sino que se consideran indicadores del estado emocional del perro y de cómo están de bien (o mal) cubiertas sus necesidades.

En el conductismo, en cambio, que se utiliza ampliamente en la educación canina, prima el cambio de las conductas visibles por distintos medios.

Si se emplea un sistema de refuerzo positivo, se considera que la violencia está exenta del proceso de educación del perro, por lo que hay quien dice que se puede educar a un perro sin violencia mediante premios y golosinas.

Sin embargo, al dirigir sus conductas a nuestra conveniencia, anulando su voluntad, ignorando su comunicación y estado emocional, y pasando por encima de sus necesidades para imponer las nuestras, en realidad sí se ejerce violencia. Solo que no es física, sino emocional y psicológica, que es mucho menos evidente y visible, pero que también termina por pasar factura en la convivencia.

 

¿Cuál es la mejor manera de educar a un perro?

 

Esta pregunta tiene una difícil respuesta. Porque para eso debemos definir exactamente qué entendemos por “educar”, y aquí cada uno puede entender algo diferente.

 

Adiestramiento tradicional

 

Si la finalidad es anular conductas que no nos gustan o nos parecen inaceptables, entonces la mejor manera de lograrlo es, sin duda, el adiestramiento tradicional. Usando la fuerza, el miedo y el dolor se logra inhibir casi cualquier conducta.

Personalmente pienso que si esto te parece bien, no deberías tener perro. Tal vez peces de colores, que no dan guerra y no hay que andar manipulando para que se porten de ciertas maneras.

Y ojo, no te lleves a engaño, el que te cuenta que hay herramientas que “bien usadas no hacen daño” ya admite que hacen daño. En ese caso, pregúntale por qué funcionan cuando se usan “bien”.

La realidad es que si no hacen daño, no funcionan, porque esa es la razón de ser de dichas herramientas: hacer daño y provocar miedo.

Tampoco te dejes seducir por el que te cuenta que puede positivizarse cualquiera de esas herramientas, porque te miente. Te dice lo que quieres oir, no la realidad. Os hará mucho daño, a tu perro y a ti.

Por último, si algún profesional te cuenta que la única manera de educar a TU perro (que es muy especialito) es usar ese tipo de manejos y de herramientas, porque ya se ha probado el refuerzo positivo y no ha funcionado, huye.

Primero, hay otro modo (sí, la educación canina amable, que no usa premios ni herramientas), y segundo, lo que te está diciendo realmente es que ÉL, como profesional, no sabe gestionar o comprender a tu perro, y por eso recurre a lo que no falla: el miedo y el dolor. No lo permitas, nunca.

 

Adiestramiento con refuerzo positivo

 

En cambio, si buscamos enseñarle trucos y hablidades al perro, la elección está clara. El adiestramiento mediante refuerzo positivo da excelentes resultados. No cambiará sustancialmente las conductas del perro, y tampoco garantiza una buena obediencia, pero no le dañará físicamente ni le atemorizará.

En ocasiones, el adiestramiento en positivo puede resultar útil si lo que se busca es evitar ciertos comportamientos o que el perro deje de hacer ciertas cosas.

Si la motivación para los comportamientos a modificar no es muy alta, el resultado será el deseado.

En cambio, si la respuesta emocional del perro es muy intensa y es la base de la conducta que se quiere evitar, o hay una gran motivación instrínseca para llevarla a cabo (un ejemplo sencillo: perro macho siguiendo a perra en celo), el adiestramiento mediante refuerzo positivo no servirá de nada.

 

Educación canina amable

 

Así que nos queda la educación canina amable y empática. Es la mejor manera de educar a un perro, porque no le educamos nosotros, que no somos perros y sabemos poco de perros.

Se educa él solo a base de exposiciones y experiencias en la vida real, oportunidades de aprendizaje, seguimiento y observación de otros perros adultos, con el acompañamiento y guía de las personas de referencia para él.

 

¿Qué es el adiestramiento en positivo?

 

Suele haber confusión entre el adiestramiento en positivo y la educación amable y empática.

Se considera que el adiestramiento en positivo, o educación en positivo, es respetuosa con el perro. Pero se considera esto porque no se le agrede físicamente, ni se le atemoriza para que haga lo que deseamos.

Sin embargo, es importante diferenciar, porque la base de la que se parte es totalmente distinta.

El adiestramiento o la educación canina en positivo, o basado en el refuerzo positivo, consiste en premiar al perro cuando realiza las conductas deseadas, retirando la atención o la recompensa si no actúa como queremos. Y ya. En teoría no se aplican castigos, no se corrige al perro y se le respeta.

 

¿Qué falla?

 

En la práctica esto  no es cierto. Por dos motivos:

1- El refuerzo positivo siempre va acompañado de castigo negativo. Piénsalo, retirar la atención si el perro la considera valiosa, es un castigo negativo. Negarle la recompensa que está esperando es también un castigo (negativo). Lo uno va la mano de lo otro, esto es ciencia y son las leyes del aprendizaje, no es discutible ni negociable.

2- Muchos adiestradores y educadores dicen emplear refuerzo positivo en exclusiva porque usan comida en sus protocolos. Y se quedan tan anchos. Eso sí, cuando el perro rechaza la comida, te dicen que debe ayunar dos o tres días. Se acabó el refuerzo positivo, y entramos en “modo supervivencia”. O te sueltan que van a positivizar cosas a lo loco, hasta un collar eléctrico lo positivizan. ¿En serio? ¿En qué universo paralelo crees que alguien puede considerar positivo recibir una descarga eléctrica? Mira, te doy cien euros si te aguantas esta descarga. Vale, te llevas los cien euros, pero ¿te gusta recibir descargas?. Y luego están los que  alternan comida con correcciones, o meten herramientas que implican castigo positivo revistiéndolas de mucha verborrea para disimular lo que realmente están haciendo.

 

¿Cómo conocer mejor a tu perro?

 

Conocer a tu perro es algo fundamental para convivir y que ambos estéis satisfechos de esa convivencia. El mejor camino para conseguir esto es formarse sobre comportasmiento canino.

Relee la frase anterior, he dicho sobre comportamiento canino, no sobre cómo educar perros, ni cómo enseñarles trucos, o cómo conseguir que obedezcan o que dejen de hacer ciertas cosas.

Y la mejor formación puedes obtenerla si te centras en la filosofía de la educación canina amable y empática.

En ese tipo de formación vas a conocer las necesidades reales de los perros. Luego revisas a tu perro, y ajustas lo que corresponda. Esto ya resuelve muchos de los mal llamados problemas de comportamiento.

También sus fases del desarrollo, es imprescindible saberlas para favorecer el paso de tu perro por las mismas en lugar de entorpecerlo, bloquearlo o preocuparte pensando que esas fases son problemas.

Aprenderás sobre comunicación canina, entre perros y contigo. No para decirle a tu perro lo que tú quieres y que te entienda, sino para que tú le entiendas a él y puedas apoyarlo y acompañarlo cuando te necesite, o responder a lo que te pide.

También, y esto es básico pero casi nunca se tiene en cuenta, conocerás las conductas  normales de los perros. Una vez sabes de estas conductas, te das cuenta de que mucho de lo que te preocupa, o de lo que otros te dicen que es un problema, es algo totalmente habitual en la especie. Y no solo no debes impedirlo, sino que te conviene favorecer que tu perro pueda realizar esas conductas. De ese modo será un animal equilibrado y feliz.

Así que, definitivamente, si tu perro es tu mejor amigo y forma parte de tu familia, olvida la visión utilitarista que te venden por todas partes, y céntrate en formarte y en aplicar la filosofía de la educación canina amable y empática. No te arrepentirás, y podrás disfrutar de una relación de complicidad con tu perro como ahora no puedes ni imaginar.

Y si has llegado hasta aquí, y te interesa lo de la educación canina amable, apúntate a recibir un correo diario con reflexiones e ideas en esa línea. Deja tu email, y recibes la primera ya mismo.

A tu perro le da igual

Herir tus sentimientos

 

Mira, hoy te cuento un enfoque algo distinto sobre una pregunta popular en foros y debates de comportamiento: la protección de recursos

Cómo la evitamos y tal.

Cómo hacemos para que el perro no defienda la comida, el sofá, la pelota.

Que resulta que voy a tocarle las pelotas a mi perro mientras come, y me gruñe o intenta morder.

Que quiero tirarle la pelota, y cuando se la voy quitar, me muerde.

Que se ha subido al sofá, y al tirarle del collar para bajarle, me gruñe.

Ya sabes, esas cositas que pasan cuando tienes perro y quieres imponerle las normas de la casa.

El caso es que el veredicto suele ser unánime (no aceptamos dominancia como animal de compañía):

Tu perro está protegiendo sus recursos.

Y tu trabajo es hacerle ver que esos recursos no son suyos, sino tuyos, y se los das porque quieres

Pero se los puedes quitar cuando te dé la gana, por la misma razón.

Y a partir de esta respuesta, cada cual suelta lo que se le ocurre para resolver el problema, y que el perro deje de comportarse como un pandillero.

Que al fin y al cabo no está en su casa.

(Oh, wait…)

Hasta aquí, lo normal.

Ahora bien.

¿Y si cambiamos el enfoque?

¿Y si planteamos que el perro no está defendiendo un recurso, sino que se defiende a sí mismo?

Mientras come, mientras duerme, mientras juega, se siente amenazado por la situación, y debido a ciertas cuestiones (genética, antecedentes, estado de ánimo, experiencias previas…) opta por defenderse.

Habrá quien piense que esto no tiene sentido, “yo no estoy amenazando a mi perro”

(Y yo creo que “demostrar quién manda” lleva una amenaza implícita, pero igual soy algo lerda y no me entero)

Pero piénsalo, cuando se le quita la comida al perro.

Se le echa del sofá.

O se le quita un juguete (o lo que sea) de la boca.

¿Se le suele pedir por las buenas y por favor?

“Va, Firulais, no seas así, baja del sofá, por favor, que me lo vas a poner perdido de pelos y luego la suegra me da la tarde con el tema, sé majo, anda, baja ya”

“Hooola, Toby, te voy a meter la mano en la comida un momentito, pero sin malos rollos, ¿eh?, solo será un segundo y luego puedes seguir con lo tuyo, sin acritud”

“¿A ver, Laika, me dejas un segundo ver qué es eso que te has metido en la boca, por favor? Es un momentito y luego te lo devuelvo, ¿sí?”

Seguro que las conversaciones son igualitas a estas.

JA.

Lo normal es que la persona que quiere quitarle algo al perro (el “recurso”) se enfrente a él.

Tanto verbal como corporalmente.

A veces con muy mala leche.

Y la respuesta, simplemente, es de evitación del conflicto social que se acaba de crear.

Puede ser evasiva (el perro se aleja)

Puede ser apaciguante (el perro hace el payaso o se tira panza arriba y cosas por el estilo)

O puede ser defensiva (gruñidos, ladridos, muerdo que va)

El recurso da un poco igual.

Es el conflicto social por el enfrentamiento persona-perro lo que produce la respuesta negativa.

Y ahora, el enfoque opuesto:

Es la persona la que está protegiendo recursos.

MI sofá.

MI pelota.

MI comida (para perros, pero es mía, que la he pagado yo)

Y no sé, no he oído nunca a nadie consultar sobre cómo resolver eso.

Termino.

También es posible que, en más de una ocasión, la respuesta del perro no sea de protección de recursos, ni de sí mismo.

Es solo una manera clara de decir “eres una pelmaza y me estás cabreando porque me ahogas y no me dejas vivir, plasta, más que plasta, déjame en paz”.

O sea, el perro se enfada, y como perro que es, lo dice, sin tapujos, y sin importarle si hiere o no sentimientos.

Y entonces soltamos lo de la protección de recursos.

El recurso da igual.

Lo que no da igual es nuestra actitud.

Y lo invasivos y pesados que pueden llegar a ser algunos.

Míralo así, a ver si te cuadra.

Y si te encaja y te apetece leer más reflexiones como ésta, apúntate a los correos que envío a diario a mis suscriptores.

¿Cómo?

Dejando tu email en el formulario de aquí debajo. 

 

Sileo para perros

Hay momentos puntuales en los que hace falta una ayuda extra si a tu perro le aterran los cohetes o viaja fatal en coche. Sileo perros es justo para esos momentos. Te cuento qué es y cómo funciona.

Sileo perros ¿qué es?

 

Gestionar inevitables situaciones de pánico es un problema importante para muchos perros.

Lo ideal es trabajar cada día para mejorar esto, pero a veces hay exposiciones inevitables, o situaciones que muchos perros no podrán superar por mucho que te esfuerces, como el miedo a cohetes y petardos.

Con Sileo perros estas situaciones se hacen mucho más llevaderas. Es un tranquilizante para perros de absorción rápida, llamado dexmedetomidina.

Al ser de absorción rápida, pasan apenas 10 o 15 minutos desde que lo das hasta que tu perro empieza a calmarse. Perfecto para imprevistos o para viajes.

Este tipo de calmante se usa también en la clínica veterinaria de modo rutinario, para realizar ciertas pruebas de salud o algunos procedimientos menores pero algo dolorosos, como limpieza de oídos, suturas de piel, exámenes oculares, etc. Se combina a menudo con otros fármacos (por ejemplo, analgésicos), y se administra en inyección a distintas dosis. Su uso es muy habitual.

En la presentación de Sileo perros, la administración es oral, y la dosis es muy pequeña, por lo que no tendrás problemas para dárselo a tu perro, por muy poco colaborador que sea.

 

¿Para qué sirve el Sileo perros?

 

Sileo perros tiene dos indicaciones principales: cohetes y viajes.

Lo puedes dar cuando sepas que tirarán cohetes y petardos en tu zona, y a tu perro le aterroricen. De ese modo, la ansiedad se reduce y el miedo baja notablemente de intensidad, y si acompañas el Sileo perros de medidas sencillas, como cerrar ventanas y persianas para bajar la fuerza del ruido, seguramente tu perro termine por dormirse.

También es muy  útil el Sileo perros para viajes. Hay perros que se ponen muy nerviosos cuando van en coche, jadean y babean, se revuelven, intentan moverse todo el rato, o ladran y lloran sin parar.

Lo ideal es trabajar este miedo de modo paulatino y sistemático, pero si corre prisa viajar en coche, o solo llevarás a tu perro de viaje en momentos muy puntuales, tal vez no  merezca la pena complicaros la vida. Sileo perros es  pefecto para esas ocasiones.

También puedes darlo para viajes en barco o en tren. Eso sí, el viaje debe tener una duración mínima de unas dos horas, porque a tu perro le costará caminar mientras Sileo perros hace efecto, y si vas en un transporte público, a menos que puedas llevarlo en brazos, el fin de viaje se puede hacer pesado esperando a que se despierte del todo.

Si te estás preguntando si puedes dar Sileo perros para ir en avión, la respuesta es no. Está prohibido adminstrar tranquilizantes o sedantes a perros que van a volar, debido a que los cambios de presión al  subir y bajar modifican la distribución de los medicamentos en el organismo, y esto puede propiciar una sobredosis en pleno vuelo. Es peligroso e impredecible, así que no lo hagas.

Mencionar que aunque no está indicado en el prospecto, Sileo perros no sirve solo para cohetesy viajes. Te será útil también en cualquier situación en la que tu perro tenga un ataque de pánico, siempre que no requiera desplazamientos (a menos que puedas llevarlo en brazos).

 

¿Cuánto dura el efecto de Sileo perros?

 

Una pregunta habitual es cuánto dura el efecto de un tranquilizante como Sileo perros. Pues este fármaco actúa durante unas dos horas, después de ese plazo se ha eliminado casi por completo de la sangre, y deja de hacer efecto.

Si la razón por la que has administrado Sileo perros supera esas dos horas, puedes volver a repetir la toma. De hecho, puedes repetirla hasta en cinco ocasiones, lo que daría un total de diez horas de efecto tranquilizante.

También puede que te estés preguntando cuánto tiempo tarda en hacer efecto un traquilizante como Sileo perros.

Pues algo muy positivo es que es realmente rápido. Desde que lo das hasta que empiezas a notar a tu perro más calmado, transcurren unos quince minutos.  Esto es así debido a su peculiar modo de absorción, que es a través de las mucosas, no debe ir al estómago, sino que traspasa las encías, y de ahí, directo a la sangre y al cerebro. Y por eso es tan rápido su efecto.

 

¿Como dar sileo a un perro?

 

Es importante que tengas claro cómo administrar Sileo perros, porque es diferente a los fármacos que conoces y que se usan más habitualmente, incluidos otros tipos de tranquilizantes para perros.

Los tranquilizantes a menudo suelen ser cápsulas o pastillas que deben ingerirse completamente, para, una vez en el estómago, liberar el principio activo. Este principio activo pasa a la sangre, y de ahí va al cerebro. Entonces es cuando empieza a funcionar. Esto suele tardar entre media y una hora.

Pero Sileo perros es diferente. Como se absorbe por las mucosas, el cómo dar Sileo a un perro es algo diferente. Viene presentado en una jeringa, que contiene un gel con el medicamento. El émbolo de la jeringa tiene un aro, que puede deslizarse por dicho émbolo. También hay una serie de rayas y puntos que se alternan, y sirven para saber cuánta dosis administrar. En el prospecto se detalla cuantos puntos le tocarían a tu perro según su peso.

Por ejemplo, si tu perro pesa diez quilos, tienes que darle dos puntos. Entonces tienes que girar la rueda hasta que se deslice por el émbolo. La colocas sobre la raya posterior al segundo punto. La vuelves a girar para que ya no se desplace. Y está listo para que tu perro lo tome. Colocas la punta de la jeringa dentro de la boca de tu perro, pegado hacia arriba o abajo a una encía. Empujas el émbolo hasta que la rueda haga de tope. Y ya está.

Si tienes un perro grande (más de 50 kilos), y, por tanto, tiene que tomar más de seis puntos del medicamento Sileo perros, entonces dale la mitad de los puntos en la encía de un lado de la boca, y los otros por el otro lado de la boca. Así aseguras que se absorbe correctamente, y que no se acumula en un solo punto y es tragado por tu perro. Si lo traga, no se absorbe y no funciona, esto es importante saberlo.

 

Sileo prospecto

 

Cuando no estés administrando Sileo perros, debes guardarlo en su caja o en un cajón, porque es muy sensible a la luz y pierde eficacia si queda expuesto de modo prolongado. También puedes conservarlo en la nevera, aunque no es necesario.

El prospecto de Sileo perros viene en la caja que contiene la jeringa. Pero si lo has perdido o se ha dañado, puedes bajarlo y consultarlo en este enlace:  prospecto Sileo

 

Sileo perro opiniones

 

Ahora te estarás preguntando si Sileo perros funciona. Dependerá que entiendas por “funcionar”. Si buscas que tu perro rebaje su nivel de ansiedad y de miedo ante episodios puntuales que para él son traumáticos, como exposición a cohetes o viajes en coche, la respuesta es rotundamente sí. 

Sileo perros produce una sensación de indiferencia del perro ante el estímulo, y si le ubicas en un entorno conocido y agradable para él, sin proporcionarle actividad ni distracciones, termina por dormirse.

Ojo, la función de Sileo perros no es que tu perro se duerma y no haya modo de despertarlo hasta que no termine el efecto. Si eso ocurre, posiblemente es muy sensible a la sutancia o le has dado demasiada dosis (que sepas que existe antídoto eficaz e inmediato, pero es inyectable, tendrás que acudir a una clínica para que se lo administren).

No es para sedar a tu perro como si le fueran a operar, es para tranquilizarle y relajarle.

Y desde luego, quienes lo han probado ven a su perro muy tranquilo. Se tumba y permanece atento pero relajado, y si no ocurre  nada relevante cerca de él, tiende a dormirse, pero se le puede despertar fácilmente. 

He visto administrar Sileo a perros que tienen auténticos ataques de pánico, que llegan inluso a tener episodios de convulsiones, y el resultado es espectacular. El perro se comporta como si oyera algo muy muy lejos, pero no le preocupa, y termina buscando un sitio cómodo donde descansar, llegando incluso a dormirse (ojo, estaban en su propia casa, no expuestos en exterior a cohetes a corta distancia). 

Por lo tanto, Sileo perros es un producto perfecto para mejorar la situación emocional de tu perro en esos momentos puntuales en los que las fiestas de turno amenazan con volver loco a tu amigo. Eso sí, siempre dispensado bajo control veterinario, pues tiene ciertas contraindicaciones y efectos secundarios: es seguro, pero no inocuo.

 

¿Qué calmante es bueno para un perro?

 

La verdad es que los calmantes son medicamentos con unos efectos importantes sobre las funciones vitales del perro. Por lo tanto, no existe un “calmante bueno” para todos los perros. Sí que hay sustancias naturales que pueden tener un cierto efecto relajante o ansiolítico en muchos perros, sin llegar a producir sedación.

Pero los medicamentos calmantes para perros son productos que afectan al cerebro disminuyendo el nivel de consciencia y la percepción de estímos externos, y además también suelen actuar sobre el ritmo cardíaco, la respiración, la tensión muscular, el apartado digestivo, los riñones o el hígado.

Por lo tanto, no existe el calmante bueno, el veterinario debe analizar cada situación particular, el estado sanitario actual de tu perro, detectar posibles patologías orgánicas que contraindiquen (o no) la administración de algunos calmantes, o de todos, y decidir cuál facilitarte. También es importante el uso que se le vaya a dar y la facilitad de administración. 

Sí que es impotante que sepas que algunos calmantes para perros populares, como la acepromacina (comercialmente se conoce como Calmivet, Aceprovet) no deben administrarse en caso de buscar un efecto tranquilizante o ansiolítico ante situaciones de pánico sensorial, como el ruido intenso de cohetes y petardos.

Esto es debido a que presenta un claro efecto de relajación muscular, pero no disminuye la percepción sensorial. Dicho más sencillo: tu perro no puede moverse porque los músculos no le responden, pero oye los cohetes y es totalmente consciente de lo que pasa, con lo que no se moverá durante el tiempo que dura el efecto de la acepromacina, pero se enterará de todo y seguramente su miedo empeore en el futuro.

 

Sileo perros comprar online

 

Seguramente te estás preguntando cuánto cuesta un envase de Sileo perros. Pues el precio de Sileo perros variará según distintos factores, ya que no existe una fijación de precios en medicamentos veterinarios. Para hacerte una idea, un precio promedio de una caja de Sileo perros es de 40 euros. Pero, como decía, puede haber ofertas, o precios más altos, dependiendo de muchos factores.

Es posible que quieras comprar Sileo perros online. Y lo mismo el primer sitio que se te ha ocurrido para mirar sea Amazon.  De hecho, sale en los primeros puestos en los resultado de búsqueda para “comprar Sileo perros”. Pero es que Amazon sale en los primeros resultados de búsqueda para comprar cualquier cosa, aunque no la vendan en realidad.

Lo digo porque es justo el caso: los medicamentos veterinarios en España no se pueden vender online, salvo que se cumplan dos condiciones importantes: que lo dispense una oficina de farmacia veterinaria autorizada legalmente como tal, y que aportes la receta expedida por tu veterinario con todos los datos requeridos (tuyos, de tu perro, y del medicamento), cumplimentados correctamente.

Y Amazon no tiene licencia de oficina de farmacia. Tampoco va a verificar que dispongas de una receta, al estar las ventas automatizadas. Por lo tanto, no puede vender ningún medicamento veterinario que requiera de prescripción.

Eso significa que, aunque salga en los resultados de búsqueda, no te líes, Amazon no vende Sileo perros. Y ninguna otra tienda online que no sea farmacia veterinaria, tampoco. Las que sí son farmacias veterinarias, no permitirán la compra automática, ya que primero tienen que solicitarte la receta, y una vez la reciban, entonces podrán dispensar Sileo perros. Sí, es complicado poder comprar Sileo online. Es así como está la legislación en España.

También puede que consigas encontrar Sileo perros para compra online en alguna farmacia fuera de España, por ejemplo en UK. Pero existe legislación que regula y limita la importación de medicamentos a España, por lo que es muy probable que tampoco te lo puedan vender.

Así que tendrás que obtenerlo en tu clínica habitual, como dispensación de medicamento para un paciente de la clínica, o en una farmacia veterinaria de tu zona. También existen algunas farmacias de medicamentos para personas que cuentan con licencia de farmacia veterinaria, y allí te lo podrán vender.

Algunos consejos para manejar a un perro reactivo

perro reactivo ladrando

Cómo ayudar a un perro reactivo

 

(Si este tema te preocupa mucho, tienes un mini curso gratuito en vídeo para saber qué hacer con tu perro reactivo AQUÍ)

Todos hemos visto alguna vez a un perro reactivo. O puede que lo estés viviendo: un perro va de paseo con su cuidador.

De pronto frena en seco, tensa la correa, tensa todo su cuerpo, se pone rígido, su mirada se focaliza y concentra en un punto, y en menos tiempo del que se tarda en estornudar, comienza el espectáculo.

Salta, ladra, tira y tira de la correa, a veces arrastrando a la persona que intenta sujetarlo.

Gruñe, ladra de nuevo, enseña los dientes, parece que quiere matar a alguien.

En un momento así, lo normal es que todo el mundo que pasa por la zona fije su atención…. sobre la persona.

Eso es presión social.

Ahora el cuidador debe recuperar el control como sea, especialmente si es un  hombre, que se supone tienen que mostrarse fuertes en todo momento.

Y la persona cede.

Castiga a su perro reactivo, le regaña, le da tirones secos del collar o algún que otro correazo en el costado.

Grita y le arrastra a su lado.

Le recrimina su conducta.

Hace algo que seguramente no desea hacer para recuperar el control y que la atención de los demás deje de estar sobre él.

Esta situación es, por desgracia, muy frecuente.

Y la respuesta que genera, también.

Y, lamentablemente, ese cuidador, quizás tú, tendrá que repetir la secuencia una y otra y otra vez, día tras día, durante muchos años.

Porque esa “toma de control” en realidad solo es eficaz (o lo parece) durante un par de minutos, y no resuelve el problema del perro reactivo.

El resultado es que pasear con un perro reactivo se convierte en una tarea, en el mejor de los casos, desagradable.

En el peor, en un infierno.

Sobre todo si tu perro reactivo es grande y te cruzas con otro perro grande con el mismo problema.

 

¿Qué puedo hacer con mi perro reactivo en la calle?

 

El primer paso para lograr avances con un perro reactivo, que muestra conductas desproporcionadas ante ciertos estímulos, es percatarse de que inhibir la conducta o enfadarse con el animal no es eficaz.

Seguro que ya te has dado cuenta.

El segundo paso, si quieres ayudar a tu perro reactivo, es cambiar el enfoque.

En lugar de tratar de anular la conducta, empieza a que preguntarte “¿por qué lo hace?”.

La respuesta en la gran mayoría de los casos es: miedo.

Puede ser miedo al detonante que le hace explotar.

Puede ser miedo a una situación que previamente ha asociado con ese detonante.

Por ejemplo, un perro reactivo  puede tener miedo a otros perros porque no se ha relacionado apenas con ellos de cachorro, y se siente amenazado ante la presencia de sus congéneres.

O puede que le duela la cadera, y la interacción con otros perros le produzca más dolor en ocasiones y trata de evitarlo.

Si comprendes que tu perro reactivo en realidad es un perro miedoso, das un gran paso.

Regañar, gritar, zarandear o tratar de corregir a una persona que grita y da saltos y manotazos porque ha visto un ratón y le dan pánico los ratones no hará que cambie su conducta la siguiente vez que vea un ratón.

Tampoco eliminará el miedo a los ratones.

Entenderlo y ofrecerte a hacer de escudo, o a espantar el ratón, o acompañarle lejos del roedor sí será de ayuda.

Puede que la siguiente vez grite y salte menos, y que busque tu ayuda, en lugar de hacer lo de siempre.

Lo mismo ocurre con tu perro reactivo.

Si le ayudas en esos momentos, en lugar de dirigir tus esfuerzos a inhibir la conducta que te incomoda ante la gente que te mira, lograrás mejores resultados.

La conducta puede disminuir paulatinamente de intensidad y frecuencia, y tu perro reactivo introducirá la opción “volverse hacia la persona buscando ayuda” en su repertorio de “qué puedo hacer cuando me cruzo con otro perro”.

Una vez has cambiado el enfoque de “tengo que parar esta conducta como sea, porque tengo un perro dominante/desafiante/pendenciero/malo” a “mi perro es reactivo porque tiene miedo a ciertos estímulos, y trata de que se alejen de él y no le invadan el espacio”, ya tienes un camino trazado para darle ayudas puntuales para esos momentos de crisis.

Ya que la ayuda real será el trabajar otros aspectos de su vida que le empujan a reaccionar así.

Pero en el día a día habrá tropiezos y retrocesos, y hay que gestionarlos: no es práctico ni realista intentar evitar todos los detonantes todos los días mientras trabajamos un problema que puede llevar semanas o meses resolver.

Así que volvemos al principio.

¿Qué acciones concretas puedes llevar a cabo cuando tu perro se activa, y tú te sientes fatal, y todo el mundo te mira?.

 

1-  Focaliza tu atención en tu perro, no en tu entorno

 

Es más fácil ignorar el que todos te miren si no les miras a ellos.

Piensa “no es asunto de ellos, y en realidad, no me importa. No les volveré a ver y en el fondo se habrán olvidado de mí dentro de cuarenta segundos. No tienen poder sobre mí”.

Esta última frase me encanta.

Se puede usar como mantra.

No tienen poder sobre mí

Repítela, verás qué bien sienta.

Pero concentrándose en su significado.

Somos animales sociales, y lo que los demás piensan nos importa.

Pero en la mayoría de los casos no debería importarnos.

Las miradas reprobatorias o comentarios de los demás solo tienen el poder que quieras concederles.

Si son perfectos desconocidos, no deberías darles ningún poder.

Porque realmente no tienen poder sobre ti.

Piénsalo.

 

2- Piensa

 

Si mi perro es reactivo porque tiene miedo a ese estímulo –perro, señor, bicicleta…..- y quiere que se aleje, pues me centro en lo que puedo controlar: yo misma”.

No puedes pedirle al señor, al otro perro, a la bicicleta, que le dejen espacio a tu perro reactivo.

Bueno, puedes, pero en realidad es tu problema, no el de ellos, así que seguramente no te hagan caso.

Pero sí puedes poner espacio entre tu perro reactivo y ese detonante.

Alejarse manteniendo la calma es la mejor opción y la mejor salida que le puedes dar a tu amigo.

¿Qué no hay modo, ha clavado las cuatro patas y no parece que quiera alejarse?.

Seguramente porque en su cabeza, donde están pasando cosas horribles y que se encuentra en “visión de túnel”, la opción “alejarme yo” no existe.

Seguramente sus antecedentes se lo han confirmado: suele ir atado cuando esto ocurre y, por lo tanto, la huida no ha sido una opción casi nunca.

Se ha habituado a una única alterinativa: pedir espacio (por las malas).

Así que es verdad, a menudo cuesta sacar a un perro reactivo de la situación que lo activa, está dedicando todos sus recursos físicos y mentales a defender su vida (o eso cree él).

De nuevo, comprensión.

Le llevará algún tiempo darse cuenta de que le estás ofreciendo otra salida más cómoda y menos estresante.

Sácale de allí, aléjate.

Sin correr, sin dar tirones secos (la tensión constante en la correa será inevitable, pero no es necesario tironear), sin gritar ni tratar de convencerle de nada.

Simplemente aléjate y llévate a tu perro contigo.

 

3- Establece un nuevo historial para tu perro reactivo

 

Tu perro reactivo debe darse cuenta de que no es necesario que vuelva a pelear por su vida.

Que no tendrá que enfrentarse solo a esa terrible amenaza nunca más.

Que si  necesita espacio, lo va a tener.

Eso está en tu mano, es algo que puedes hacer y que puedes controlar.

Repitiendo un alejamiento tranquilo y constante, sin añadir más emociones al contexto, asientas un precedente: hay otra opción a “pelea”, y es “huye”.

Es una opción mejor.

Eso le ayudará y reducirá tensiones y la intensidad y frecuencia de la conducta reactiva.

 

4- Relájate

 

No eres consciente, pero tú también tienes miedo.

A la situación, a la gente, a lo que podría llegar a hacer tu perro reactivo.

Y cada vez que ves el detonante, te tensas y pones rígida antes incluso que tu perro.

Endureces la mano y tiras de la correa, acortándola.

Eso termina por ser una señal para tu perro reactivo: “¡atención, empiezan los problemas!”, y aumenta su grado de activación.

A veces sin haber visto él mismo el detonante.

El miedo es adictivo y suma.

Tal vez no puedas controlar por completo tu tensión, pero sí puedes hacer algunas cosas que te ayuden, como respirar más despacio y concentrarte en esa respiración.

Desconecta del entorno y concéntrate en tu perro.

Respira hondo, libera tensión de las manos (¡y de la correa!), dirige tu cuerpo hacia donde tengas previsto moverte, y simplemente susurra “Toby, no hay problema, nos vamos”.

Y aléjate con decisión, sin prisas ni brusquedades ni gritos.

 

5- Elimina el dolor

 

Desecha el uso de sistemas “de control” que sean deslizantes, metálicos, con pinchos o eléctricos.

Aumentan el miedo y la reactividad, garantizado.

Quizá parecen facilitar el control sobre el cuerpo del perro (restan fuerza a sus tirones), pero provocan un descontrol total sobre la mente, que es la que al final decide qué va a hacer el perro.

El arnés suele resultar más cómodo para el perro, y si él está más cómodo, tendrá menos ganas de reaccionar mal. Elige arneses que no rocen ni bloqueen el movimiento. Una correa larga también suele ayudar.

Muchos perros reactivos sufren dolor crónico no diagnosticado, en caderas, rodillas, codos o columna. Y el único síntoma visible, a veces durante años, es que son perros reactivos en la calle. No deseches esta idea porque tu perro “está contento, juega y come bien”. Es más habitual de lo que puedas imaginar (soy veterinaria y veo casos constantemente). Ese dolor tiene una gran influencia sobre los comportamientos reactivos y de agresión, así que valora una visita a tu clínica.

 

6- Cuando lo hace bien tiene que saberlo

 

Déjale muy pero muy claro a tu perro lo orgullosa que estás cuando logra mantener el control de sí mismo.

Si ve un detonante, y permanece unos segundos “en espera” (puede que tenso y a la expectativa, pero se contiene), habla con él, cuéntale lo bien que te hace sentir su actitud. Susurra, no hace falta gritar ni dar saltitos que puedan excitarle y facilitar que reaccione de nuevo.

También puedes dejar caer unos cuantos trozos de comida por el suelo una vez que el detonante se haya ido: así él desconecta el foco, se relaja, y tiene una actividad que le da salida a la tensión acumulada.

Si logras hacer esto en el momento justo, cuando tu perro reactivo detecta la amenaza pero aun no ha perdido los papeles, puedes conseguir muchos avances en poco tiempo.

Y todos contentos.

 

Todo esto no hará que el miedo de tu perro desaparezca.

Eso nunca ocurrirá.

El miedo es una emoción muy primaria y poderosa.

Nos pone a salvo, o nos condena, pero sobre todo nos domina.

Aprender a gestionarlo cuando está fuera de lugar requiere un proceso, mucho tiempo, y mucha práctica.

Con estas medidas ayudarás a tu perro reactivo.

Al dejar de pensar en lo que los demás dirán de ti y concentrarte en lo que tu perro necesita en esos momentos, es cuando consigues avanzar en la dirección correcta.

Y con el tiempo un día dirás “¡ey, hemos pasado muy cerca de ese perro y casi ni le has mirado, buen chico!”.

Y ambos podréis estar orgullosos de vuestra victoria.

Si esa idea te gusta, los correos que mando cada día van en esta línea.

Te dan ideas para gestionar la presión social, orientación sobre cómo ayudar a tu perro a sentirse mejor.

Y te cuentan qué hacer para que tú te sientas mejor.

No hay trucos, luces de colores, varitas mágicas, serpentinas ni purpurina.

Solo conocimiento, comunicación, respeto y comprensión.

Te apuntas aquí:

 

error: Este contenido está protegido