perro reactivo ladrando

Cómo ayudar a un perro reactivo

 

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Todos hemos visto alguna vez a un perro reactivo. O puede que lo estés viviendo: un perro va de paseo con su cuidador.

De pronto frena en seco, tensa la correa, tensa todo su cuerpo, se pone rígido, su mirada se focaliza y concentra en un punto, y en menos tiempo del que se tarda en estornudar, comienza el espectáculo.

Salta, ladra, tira y tira de la correa, a veces arrastrando a la persona que intenta sujetarlo.

Gruñe, ladra de nuevo, enseña los dientes, parece que quiere matar a alguien.

En un momento así, lo normal es que todo el mundo que pasa por la zona fije su atención…. sobre la persona.

Eso es presión social.

Ahora el cuidador debe recuperar el control como sea, especialmente si es un  hombre, que se supone tienen que mostrarse fuertes en todo momento.

Y la persona cede.

Castiga a su perro reactivo, le regaña, le da tirones secos del collar o algún que otro correazo en el costado.

Grita y le arrastra a su lado.

Le recrimina su conducta.

Hace algo que seguramente no desea hacer para recuperar el control y que la atención de los demás deje de estar sobre él.

Esta situación es, por desgracia, muy frecuente.

Y la respuesta que genera, también.

Y, lamentablemente, ese cuidador, quizás tú, tendrá que repetir la secuencia una y otra y otra vez, día tras día, durante muchos años.

Porque esa “toma de control” en realidad solo es eficaz (o lo parece) durante un par de minutos, y no resuelve el problema del perro reactivo.

El resultado es que pasear con un perro reactivo se convierte en una tarea, en el mejor de los casos, desagradable.

En el peor, en un infierno.

Sobre todo si tu perro reactivo es grande y te cruzas con otro perro grande con el mismo problema.

 

¿Qué puedo hacer con mi perro reactivo en la calle?

 

El primer paso para lograr avances con un perro reactivo, que muestra conductas desproporcionadas ante ciertos estímulos, es percatarse de que inhibir la conducta o enfadarse con el animal no es eficaz.

Seguro que ya te has dado cuenta.

El segundo paso, si quieres ayudar a tu perro reactivo, es cambiar el enfoque.

En lugar de tratar de anular la conducta, empieza a que preguntarte “¿por qué lo hace?”.

La respuesta en la gran mayoría de los casos es: miedo.

Puede ser miedo al detonante que le hace explotar.

Puede ser miedo a una situación que previamente ha asociado con ese detonante.

Por ejemplo, un perro reactivo  puede tener miedo a otros perros porque no se ha relacionado apenas con ellos de cachorro, y se siente amenazado ante la presencia de sus congéneres.

O puede que le duela la cadera, y la interacción con otros perros le produzca más dolor en ocasiones y trata de evitarlo.

Si comprendes que tu perro reactivo en realidad es un perro miedoso, das un gran paso.

Regañar, gritar, zarandear o tratar de corregir a una persona que grita y da saltos y manotazos porque ha visto un ratón y le dan pánico los ratones no hará que cambie su conducta la siguiente vez que vea un ratón.

Tampoco eliminará el miedo a los ratones.

Entenderlo y ofrecerte a hacer de escudo, o a espantar el ratón, o acompañarle lejos del roedor sí será de ayuda.

Puede que la siguiente vez grite y salte menos, y que busque tu ayuda, en lugar de hacer lo de siempre.

Lo mismo ocurre con tu perro reactivo.

Si le ayudas en esos momentos, en lugar de dirigir tus esfuerzos a inhibir la conducta que te incomoda ante la gente que te mira, lograrás mejores resultados.

La conducta puede disminuir paulatinamente de intensidad y frecuencia, y tu perro reactivo introducirá la opción “volverse hacia la persona buscando ayuda” en su repertorio de “qué puedo hacer cuando me cruzo con otro perro”.

Una vez has cambiado el enfoque de “tengo que parar esta conducta como sea, porque tengo un perro dominante/desafiante/pendenciero/malo” a “mi perro es reactivo porque tiene miedo a ciertos estímulos, y trata de que se alejen de él y no le invadan el espacio”, ya tienes un camino trazado para darle ayudas puntuales para esos momentos de crisis.

Ya que la ayuda real será el trabajar otros aspectos de su vida que le empujan a reaccionar así.

Pero en el día a día habrá tropiezos y retrocesos, y hay que gestionarlos: no es práctico ni realista intentar evitar todos los detonantes todos los días mientras trabajamos un problema que puede llevar semanas o meses resolver.

Así que volvemos al principio.

¿Qué acciones concretas puedes llevar a cabo cuando tu perro se activa, y tú te sientes fatal, y todo el mundo te mira?.

 

1-  Focaliza tu atención en tu perro, no en tu entorno

 

Es más fácil ignorar el que todos te miren si no les miras a ellos.

Piensa “no es asunto de ellos, y en realidad, no me importa. No les volveré a ver y en el fondo se habrán olvidado de mí dentro de cuarenta segundos. No tienen poder sobre mí”.

Esta última frase me encanta.

Se puede usar como mantra.

No tienen poder sobre mí

Repítela, verás qué bien sienta.

Pero concentrándose en su significado.

Somos animales sociales, y lo que los demás piensan nos importa.

Pero en la mayoría de los casos no debería importarnos.

Las miradas reprobatorias o comentarios de los demás solo tienen el poder que quieras concederles.

Si son perfectos desconocidos, no deberías darles ningún poder.

Porque realmente no tienen poder sobre ti.

Piénsalo.

 

2- Piensa

 

Si mi perro es reactivo porque tiene miedo a ese estímulo –perro, señor, bicicleta…..- y quiere que se aleje, pues me centro en lo que puedo controlar: yo misma”.

No puedes pedirle al señor, al otro perro, a la bicicleta, que le dejen espacio a tu perro reactivo.

Bueno, puedes, pero en realidad es tu problema, no el de ellos, así que seguramente no te hagan caso.

Pero sí puedes poner espacio entre tu perro reactivo y ese detonante.

Alejarse manteniendo la calma es la mejor opción y la mejor salida que le puedes dar a tu amigo.

¿Qué no hay modo, ha clavado las cuatro patas y no parece que quiera alejarse?.

Seguramente porque en su cabeza, donde están pasando cosas horribles y que se encuentra en “visión de túnel”, la opción “alejarme yo” no existe.

Seguramente sus antecedentes se lo han confirmado: suele ir atado cuando esto ocurre y, por lo tanto, la huida no ha sido una opción casi nunca.

Se ha habituado a una única alterinativa: pedir espacio (por las malas).

Así que es verdad, a menudo cuesta sacar a un perro reactivo de la situación que lo activa, está dedicando todos sus recursos físicos y mentales a defender su vida (o eso cree él).

De nuevo, comprensión.

Le llevará algún tiempo darse cuenta de que le estás ofreciendo otra salida más cómoda y menos estresante.

Sácale de allí, aléjate.

Sin correr, sin dar tirones secos (la tensión constante en la correa será inevitable, pero no es necesario tironear), sin gritar ni tratar de convencerle de nada.

Simplemente aléjate y llévate a tu perro contigo.

 

3- Establece un nuevo historial para tu perro reactivo

 

Tu perro reactivo debe darse cuenta de que no es necesario que vuelva a pelear por su vida.

Que no tendrá que enfrentarse solo a esa terrible amenaza nunca más.

Que si  necesita espacio, lo va a tener.

Eso está en tu mano, es algo que puedes hacer y que puedes controlar.

Repitiendo un alejamiento tranquilo y constante, sin añadir más emociones al contexto, asientas un precedente: hay otra opción a “pelea”, y es “huye”.

Es una opción mejor.

Eso le ayudará y reducirá tensiones y la intensidad y frecuencia de la conducta reactiva.

 

4- Relájate

 

No eres consciente, pero tú también tienes miedo.

A la situación, a la gente, a lo que podría llegar a hacer tu perro reactivo.

Y cada vez que ves el detonante, te tensas y pones rígida antes incluso que tu perro.

Endureces la mano y tiras de la correa, acortándola.

Eso termina por ser una señal para tu perro reactivo: “¡atención, empiezan los problemas!”, y aumenta su grado de activación.

A veces sin haber visto él mismo el detonante.

El miedo es adictivo y suma.

Tal vez no puedas controlar por completo tu tensión, pero sí puedes hacer algunas cosas que te ayuden, como respirar más despacio y concentrarte en esa respiración.

Desconecta del entorno y concéntrate en tu perro.

Respira hondo, libera tensión de las manos (¡y de la correa!), dirige tu cuerpo hacia donde tengas previsto moverte, y simplemente susurra “Toby, no hay problema, nos vamos”.

Y aléjate con decisión, sin prisas ni brusquedades ni gritos.

 

5- Elimina el dolor

 

Desecha el uso de sistemas “de control” que sean deslizantes, metálicos, con pinchos o eléctricos.

Aumentan el miedo y la reactividad, garantizado.

Quizá parecen facilitar el control sobre el cuerpo del perro (restan fuerza a sus tirones), pero provocan un descontrol total sobre la mente, que es la que al final decide qué va a hacer el perro.

El arnés suele resultar más cómodo para el perro, y si él está más cómodo, tendrá menos ganas de reaccionar mal. Elige arneses que no rocen ni bloqueen el movimiento. Una correa larga también suele ayudar.

Muchos perros reactivos sufren dolor crónico no diagnosticado, en caderas, rodillas, codos o columna. Y el único síntoma visible, a veces durante años, es que son perros reactivos en la calle. No deseches esta idea porque tu perro “está contento, juega y come bien”. Es más habitual de lo que puedas imaginar (soy veterinaria y veo casos constantemente). Ese dolor tiene una gran influencia sobre los comportamientos reactivos y de agresión, así que valora una visita a tu clínica.

 

6- Cuando lo hace bien tiene que saberlo

 

Déjale muy pero muy claro a tu perro lo orgullosa que estás cuando logra mantener el control de sí mismo.

Si ve un detonante, y permanece unos segundos “en espera” (puede que tenso y a la expectativa, pero se contiene), habla con él, cuéntale lo bien que te hace sentir su actitud. Susurra, no hace falta gritar ni dar saltitos que puedan excitarle y facilitar que reaccione de nuevo.

También puedes dejar caer unos cuantos trozos de comida por el suelo una vez que el detonante se haya ido: así él desconecta el foco, se relaja, y tiene una actividad que le da salida a la tensión acumulada.

Si logras hacer esto en el momento justo, cuando tu perro reactivo detecta la amenaza pero aun no ha perdido los papeles, puedes conseguir muchos avances en poco tiempo.

Y todos contentos.

 

Todo esto no hará que el miedo de tu perro desaparezca.

Eso nunca ocurrirá.

El miedo es una emoción muy primaria y poderosa.

Nos pone a salvo, o nos condena, pero sobre todo nos domina.

Aprender a gestionarlo cuando está fuera de lugar requiere un proceso, mucho tiempo, y mucha práctica.

Con estas medidas ayudarás a tu perro reactivo.

Al dejar de pensar en lo que los demás dirán de ti y concentrarte en lo que tu perro necesita en esos momentos, es cuando consigues avanzar en la dirección correcta.

Y con el tiempo un día dirás “¡ey, hemos pasado muy cerca de ese perro y casi ni le has mirado, buen chico!”.

Y ambos podréis estar orgullosos de vuestra victoria.

Si esa idea te gusta, los correos que mando cada día van en esta línea.

Te dan ideas para gestionar la presión social, orientación sobre cómo ayudar a tu perro a sentirse mejor.

Y te cuentan qué hacer para que tú te sientas mejor.

No hay trucos, luces de colores, varitas mágicas, serpentinas ni purpurina.

Solo conocimiento, comunicación, respeto y comprensión.

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