¿Tu perro está estresado?

/Mi perro monta piernas”

“Mi perro destroza todo lo que toca”

“Hace pis por cualquier lado”

“Parece que no se cansa nunca”

Oigo estos comentarios a menudo, y a menudo escucho también la explicación estándar para estas conductas y otras tantas: es muy dominante.

Sin embargo, a poco que te pares a pensarlo, la explicación real seguramente sea otra muy distinta: tu perro sufre de un elevado nivel de estrés que no es capaz de gestionar.

Y las conductas que presenta son solo eso, manifestaciones de estrés.

Pero, ¿qué es realmente el estrés?

Dicho de un modo sencillo, el estrés es una respuesta generada por un ser vivo para adaptarse a una exigencia (del entorno o interna).

Visto así, en sí mismo ni es bueno ni es malo.

De hecho, es algo totalmente necesario.

Si el entorno cambia y hay que adaptarse a ese cambio, la falta de respuesta (ausencia de estrés) implica una falta de adaptación.

Y eso sí que es un problema.

De hecho, desde el punto de vista fisiológico ocurren una serie de procesos químicos dentro de nuestros cuerpos cuando se activa una respuesta de estrés.

Y cuando esos procesos fallan puede sobrevenir la muerte.

Esto tiene un nombre (crisis addisoniana en la enfermedad de Addison o hipoadrenocorticismo).

Así que de entrada el estrés no solo no es malo, sino que es imprescindible para seguir vivos.

¿Y dónde está el problema?

El problema aparece cuando  la respuesta generada no es adecuada o no permite adaptarse al cambio.

O cuando la exigencia (interna o externa) no desaparece y persiste en el tiempo, a pesar de que la respuesta adaptativa es correcta.

En esos supuestos, la respuesta de estrés sigue activa en el tiempo.

Y eso empieza a producir un desgaste físico y emocional importante. Es entonces cuando aparece el estrés crónico.

El estrés será agudo si la exigencia es puntual pero demasiado elevada, y por lo tanto la respuesta del individuo no logra una buena adaptación.

En ambos casos aparecen una serie de manifestaciones conductuales (y a veces físicas) que son fácilmente visibles.

Es decir, cuando tu perro está sometido a un episodio de estrés intenso agudo, o sufre de estrés crónico, va a realizar unos comportamientos llamativos que indican que tiene un problema.

Y esos comportamientos no tienen nada que ver con la dominancia ni con las jerarquías.

Esto es importante.

Si reconoces estos comportamientos en tu perro, ya sabes que en realidad trata de adaptase a algo sin éxito.

Y lo que necesita es ayuda.

Sobre todo si la exigencia proviene del entorno donde tú le introduces o directamente viene de ti.

¿Y cuáles son esas conductas?

Las conductas asociadas a estrés agudo son las siguientes:

Movimiento constante

Dificultad para descansar (sueño ligero)

Saltar sobre la gente u otros perros

Aumento/disminución del apetito

Aumento del consumo de agua

Aumento del pis

Sudoración de almohadillas

Picores (sobre todo de oídos)

Jadeo intenso (sin calor o ejercicio asociados. Lengua ancha y con la punta doblada hacia arriba, labios contraídos hacia atrás)

Aumento de las vocalizaciones (ladra mucho, gimotea, aúlla)

Vómitos

Portar objetos en la boca de modo persistente/sujetar manos y brazos con la boca

Sacudirse con frecuencia

Problemas de concentración

Irritabilidad

Comportamientos de agresión o reacciones intensas (ladridos, embestidas, control corporal)

Y las conductas asociadas al estrés crónico son éstas:

Montas

Aumento del apetito/apetito caprichoso/escaso

Aumento del consumo de agua

Aumento del pis

Marcado con orina persistente

Dermatitis/pelo pobre/caspa/caída abundante de pelo

Gastroenteritis habituales

Hiperactividad

Ausencia de descanso (activos durante la noche)

Apatía/falta de iniciativa (pasividad, “perro muy tranquilo”)

Conductas obsesivas

Estereotipias

Mala comunicación (no responden adecuadamente a las señales de otros perros)

Mala respuesta a la obediencia

Problemas de aprendizaje

Sacudir todo el cuerpo frecuentemente

Temblores

Conductas de agresión o reactividad

 

Como verás, algunas son propias de uno de los dos estados, y otras son comunes a ambos.

Aunque en realidad no se puede trazar una frontera nítida entre estrés agudo y crónico, no hay un momento preciso en el que se pasa de un estadio a otro, por lo que las manifestaciones pueden empezar a mezclarse en cualquier momento.

¡Ojo!, que tu perro de vez en cuando realice algunas de las conductas de la lista no es preocupante. De hecho muchas de ellas, de modo aislado, no tienen ninguna relevancia y son totalmente normales.

Puede rascarse porque le ha picado una pulga. O puede lanzarse a por otro perro porque le han atacado. O marcar insistentemente con orina porque está en celo (tanto el macho como la hembra).

Hay que interpretar las señales en un contexto, observar varias, y sobre todo, valorar si son muchas señales a la vez o son persistentes en el tiempo.

Es normal morderse las uñas o dar golpecitos con el pie mientras haces un examen. Estás estresado.

Pero esas conductas desaparecen al salir de la sala de exámenes. Situación resuelta.

Si te comes las uñas constantemente y siempre que estás sentado das golpecitos con el pie en el suelo, entonces seguramente tengas un problema.

En cualquier caso, para resolver estas conductas lo primero es asimilar cuál es la causa.

Lo segundo, determinar qué elementos pueden estar generando esa mala respuesta de estrés en tu perro.

Y lo último, empezar a cambiar el entorno, el manejo y a ti misma para que tu perro pueda relajarse y cambiar su comportamiento.

En muchos casos puede ser necesario visitar al veterinario, ya que a menudo una exigencia interna está produciendo el problema.

¿Qué puede causar estrés externo en tu perro?

Cada perro es un mundo, y al igual que en las personas una determinada situación  no genera la misma reacción, en perros tampoco.

Hay personas para las que hablar en público sería el fin del mundo, y les llevaría a sufrir un estrés muy intenso que puede desembocar en un ataque de pánico.

Y hay otras que disfrutan enormemente hablando frente a otros.

Sin embargo hay situaciones comunes que a muchas personas les genera problemas.

Hablar en público es algo que produce nerviosismo a muchos seres humanos.

Por lo tanto, hay muchos momentos que pueden generar estrés importante en muchos perros, así que haré una lista para que intentes valorar si estas situaciones se dan habitualmente en el entorno de tu perro, y en función de su actitud y comunicación corporal determines si son un problema para tu perro o no.

Y a partir de ahí ya tienes un buen punto de partida para empezar a trabajar.

Causas frecuentes de estrés en perros

Gritos

Ruidos intensos y repentinos (cohetes, disparos, tormentas)

Sentirse amenazado (regaños, castigos)

Molestias/interrupciones durante el descanso

Herramientas aversivas (collares de pinchos, ahorque, eléctricos, etc.)

Paseos inadecuados (muy rápidos, muy cortos, con correa tensa/corta, con correcciones constantes, sin poder oler nada)

Parques caninos

Juegos muy intensos y repetitivos (lanzamiento de objetos)

Jaulas/encierro/aislamiento

Desnutrición/Malnutrición

Comunicación fallida (no recibir respuesta a la comunicación corporal)

Las prisas/movimientos bruscos

Niños

La soledad

Restricción de movimientos (no poder nunca correr o moverse con libertad)

Estrés/ansiedad/miedos en la persona de referencia

Control constante

¿Qué puede causar estrés interno en perros?

La exigencia a la que tu perro no logra adaptarse puede provenir de su interior.

Y esto es más frecuente de lo que imaginas.

Crees que tu perro está bien, que está sano porque come y se le ve contento.

Y con eso descartas cualquier enfermedad.

Pero lo que no sabes es que hay enfermedades de evolución lenta, que avanzan durante meses o años antes de dar síntomas claros de que están ahí.

Y que hay enfermedades cuyos síntomas son precisamente las conductas alteradas, y nada más.

O hay algo más, pero era tan sutil que no te has dado cuenta hasta que no has tratado a tu perro, y de repente ha dejado de hacer ciertas cosas que antes hacía y no sabías porqué (pero no le dabas importancia)

O lo ha hecho toda la vida, y por lo tanto has pensado que era normal, algo particular de tu perro, y no un indicador de enfermedad.

Por lo tanto no descartes esta opción sin valorarla a fondo.

En principio, cualquier alteración orgánica y cualquier problema que produzca dolor de modo continuado en el tiempo va  generar conductas asociadas a estrés.

Pero hay problemas que destacan por su frecuencia de presentación.

Son las siguientes:

– Alteraciones articulares

Displasia de cadera o de codo en perros jóvenes. Compresiones/hernias de disco en perros mayores o ciertas razas predispuestas. Luxaciones de rótula en perros jóvenes y razas predispuestas. Rotura de ligamentos de la rodilla en perros mayores.

– Alteraciones dentarias

Roturas de piezas, piezas que encajen mal, periodontitis en perros mayores y razas predispuestas, gingivitis.

– Alteraciones oculares

Entropion en razas predispuestas, pestañas ectópicas (que rozan el ojo), glaucoma en perros mayores o razas predispuestas, patologías de la retina en razas predispuestas y ciertas enfermedades.

– Alteraciones neurológicas

Enfermedades degenerativas, secuela de traumatismos craneales, epilepsia, hidrocefalia, tumores.

– Alteraciones hormonales

De tiroides (por defecto) y de las adrenales (por defecto y por exceso, en perros jóvenes y mayores respectivamente).

– Alteraciones auriculares

Patologías que afecten al oído (producen dolor) o sordera en perros mayores o razas predispuestas.

Y por supuesto, cualquier enfermedad que afecte a uno o varios órganos y sea crónica, como un fallo renal, hepático, cardíaco, etc. va a suponer una exigencia interna importante, y puede dar señales de estrés antes de evidenciar síntomas claros.

¿Qué te parece?

¿Reconoces las señales que te he relatado en tu propio perro?

¿A qué crees que pueden deberse?

Cuéntalo en los comentarios

 

 

Mi perro tira de la correa, ¿qué hago?

Cuando sales a la calle con tu perro, todo son fiestas y alegría.

Le pones su arnés o collar, le colocas la correa, él salta y da vueltas y gimotea, tú vas contenta porque le ves feliz…… y en cuanto pone una pata en la calle, vuelve a las andadas.

Te lleva remolque por la acera como si fueras un carrito.

Tira y tira, a veces hasta se ahoga y tose, pero solo se toma un respiro para volver a recibir aire y luego a la carga de nuevo. Sigue tirando.

Si tu amigo pesa dos kilos, puede parecer hasta mono (dominante, lo clasificarían algunos).

Pero si pasa de los diez, es bastante incómodo.

Y si anda por los treinta kilos, es directamente peligroso.

Además de generar problemas físicos (las repetidas tensiones sobre un hombro terminan produciendo tendinitis en esa zona), esa alegría con la que salías de casa se ha esfumado.

Ahora solo hay estrés y molestias.

Te sientes zarandeada  y ninguneada.

No importa lo que digas o hagas, tu perro se concentra solo en tirar de ti.

Y como esa situación repetida día tras día se vuelve cada vez más frustrante y molesta, terminas por elegir entre dos opciones:

– Los paseos son cada vez más cortos. Como no soportas lo que ocurre en ellos, de modo inconsciente los vas espaciando cada vez más o acortando cada vez más, según si vives en una casa con jardín o en un piso.

– Cortas el problema de raíz, o lo intentas, poniéndole a tu amigo algún popular dispositivo que promete que tu perro dejará de tirar desde el minuto uno, sin esfuerzo ni comprensión ninguna por tu parte. A menudo te han asegurado que ese dispositivo no le hace daño, porque a ti eso te preocupa, no quieres que tu mejor amigo sufra.

Te han dicho lo que querías oír y te han prometido lo que querías conseguir, y por lo tanto lo has hecho.

En el primer supuesto, tu perro empezará a manifestar problemas derivados del aislamiento y el aburrimiento.

Con jardín o sin él, es necesario salir a ver el mundo y relacionarse con otros seres vivos.

Y esos problemas serán tan molestos o más que los creados por la tensión de la correa.

En el segundo supuesto pueden darse dos situaciones:

– Has conseguido tu objetivo, y tu perro ya no tira.

Enhorabuena.

Pero ten muy claro que si has usado un collar de pinchos o corredero o eléctrico o con cuerdas que aprietan y se desplazan cuando el perro tira, y lo has logrado, es porque esos dispositivos le están haciendo daño y  provocando miedo.

Y por eso ha funcionado.

Puede que estés satisfecha, o puede que empieces a notar algunos cambios de conducta (a peor) en tu perro, como que está más irritable (o directamente agrede) a otros perros, o que ladra por todo, o que no quiere salir a la calle, o que cuando le sueltas se aleja de ti todo lo que puede.

Son los efectos colaterales de esas herramientas.

Conseguiste lo que querías, pero había que pagar un precio.

Y si no ha funcionado, que es lo más habitual, entonces estás como antes.

O puede que peor, porque a menos que lo retires, esa herramienta que llevas sigue teniendo efectos colaterales.

Con lo que tu perro, además de tirar, va a añadir comportamientos conflictivos e incluso de agresión a su repertorio.

Sí, ese collar que parece no estar haciendo nada, en realidad sí que hace algo, aunque no lo que te habían prometido.

“¿Y qué hago entonces? Porque así no podemos seguir”.

Totalmente de acuerdo.

Si un perro tira de modo constante durante el paseo, ni él es feliz, ni tú puedes disfrutar plenamente de su compañía.

Por desgracia, contradiciendo a los que te venden herramientas mágicas, no hay un consejo simple que pueda darte para resolver este problema.

Porque no necesitas consejos, necesitas una solución.

Y esa solución va a exigir esfuerzo y dedicación por tu parte. No hay atajos ni respuestas estándar “vale para todos”.

Si quieres conseguir que tu perro deje de tirar de la correa, debes empezar por la base.

INCISO: si tu perro tira OCASIONALMENTE de la correa, en momentos puntuales y claramente identificados, podemos considerarlo algo totalmente normal.

La correa es un elemento de restricción, y si en un momento concreto, tu perro, como ser vivo y con emociones y sentimientos que es, se excita o altera o enfada por algo, es muy posible que trate de moverse bruscamente hacia delante (o hacia atrás), y la correa se lo impide, por lo que la tensará.

En ese supuesto, tienes que valorar si merece la pena trabajar el estímulo que tanto le altera para que pueda permanecer razonablemente calmado cuando aparezca (y por lo tanto los tirones bruscos desaparecerán o disminuirán de intensidad y frecuencia), o por el contrario, basta con alejarse de ese estímulo.

Te pongo un ejemplo. Uno de mis perros se lanza a por los gatos.

Yo he optado por evitar a los gatos. Puedo dar la vuelta o cambiar de acera, o incluso acercarme yo sola al gato y alejarlo.

Con eso me basta.

A otras personas puede que no y entonces habrá que trabajar la presencia de ese estímulo.

Pero no encuadramos esa conducta como “perro que tira”, por lo que todo lo que viene a continuación no sería aplicable.

 

Ahora sí, vamos al meollo del asunto.

El primer paso que debes seguir para modificar el hecho de que tu perro tira de la correa es preguntarte porqué lo hace.

Las herramientas mágicas no preguntan porqués. Solo atacan la consecuencia.

Por eso a menudo fallan.

Si yo grito como una loca cuando se me acerca una avispa, que me amordaces evitará que grite.

Pero sigo estando fatal cuando se me acerca una avispa.

Así que seguiré haciendo ruido (o intentándolo), o lo más probable, empezaré a desarrollar otras conductas aun peores en presencia de avispas, como dar manotazos a mi alrededor (sin conocimiento), subirme a los muebles (o meterme debajo de ellos), o salir corriendo en cualquier dirección si estoy en un espacio abierto.

Desde luego no me quedaré tan tranquila con la mordaza puesta. Aunque seguramente ya no se me oiga gritar.

Así que si determinas la razón (o razones) por la que tu perro tensa tanto la correa, tendrás la clave sobre la que trabajar para que deje de hacerlo.

Sin herramientas mágicas. Sin dolor ni miedo. Eso sí, con esfuerzo, constancia, y a veces mucha paciencia.

Vamos al grano.

¿Por qué tiran los perros de la correa?

La respuesta corta a porqué los perros tiran de la correa es “porque les funciona”.

Si lo hacen y consiguen algo que les ayuda o que desean conseguir, funciona. Y por lo tanto seguirán haciéndolo una y otra vez.

Así que tu primer trabajo es observar.

Tómate tu tiempo, y observa varios días. ¿Qué consigue tu perro cuando tira?.

El matiz que debes valorar después es si le funciona a nivel “consciente”, es decir, es un aprendizaje, o si funciona a nivel “inconsciente”, o sea, logra algo que necesita lograr pero no lo ha “razonado”.

Me explico.

Un perro puede tirar porque así llega antes a jugar con sus amigos.

Eso lo ha aprendido, y al ceder y “seguirle” se lo has reforzado. Le funciona, y lo hará cada vez con más fuerza.

O puede tirar porque intenta huir de un estímulo externo que le da miedo, y en la calle se siente muy inseguro.

Si tira irás más rápido, y si se va más rápido se llega antes a casa.

No lo ha razonado ni aprendido, pero le funciona: está menos tiempo expuesto al estímulo que le atemoriza.

Una vez hecha esta diferenciación, paso a enumerarte las causas más frecuentes por las que a un perro le funciona el tirar de la correa:

Exceso de energía física

 

Es difícil evaluar cuándo de verdad un perro tiene un exceso de energía física. Sea de la raza que sea.

Está claro que si sale cuando hace buen tiempo, cuando tienes tiempo o ganas, o los domingos, entonces seguramente sí, hay un exceso de energía física (por mucho terreno que tenga “para él solo” el resto del tiempo).

Pero si le sacas dos o tres veces al día, al menos media hora cada vez, y le permites un rato ir suelto en una zona segura para que él decida si quiere correr a lo loco o prefiere olfatear matorrales, entonces posiblemente no haya un exceso de energía.

Sea de la raza que sea.

Si crees que este es el problema, y le sacas el tiempo mínimo necesario y las veces mínimas necesarias, entonces probablemente sea el modo en que paseas o lo que haces durante el paseo lo que le deja “a medias”.

No te apalanques en el parque para perros (eso lejos de cansar, excita y altera, y un perro excitado es un perro que tira). Incluye juegos de nariz en cada paseo.

Trata de variar las rutas y camina al ritmo que él marque.

Con eso debería bastar para mantenerle cansado (que no agotado) y satisfecho, y por lo tanto no necesitará tirar.

Exceso de energía “mental” (excitado/hiperactivo)

 

A lo mejor te han dicho que tu tipo de perro es muy inteligente y muy activo, y necesita que le metas caña para cansarlo.

Que tiene que hacer agility, salir con la bici, perseguir la pelota, lanzarle un frisbi dieciocho mil veces y enseñarle mil trucos de obediencia.

Porque si no no se cansa y será hiperactivo.

Y lo haces. Pero aun así parece hiperactivo. Nunca se cansa y tira de la correa constantemente.

Pues es hora de dejar de hacer cosas.

Si tu perro realizar actividades activadoras a todas horas, estará activo a todas horas.

Y un perro activo seguramente tire de la correa, porque le impide estar activo.

No está mal que haga agility o persiga un rato la pelota.

Es el modo en que se hace, o la duración e intensidad de estas actividades, lo que trastorna a cualquiera, sube mucho el estrés, y desemboca en problemas diversos, entre ellos tirar de la correa.

Piensa que el paseo es una actividad en sí misma, si se hace variado y enriquecido, ya es un gran estimulante mental. Y puedes plantearle a tu perro en casa actividades mentales que mantengan despierta su inteligencia, y que le relajen.

No le hiperestimules pensando que así estará más tranquilo o será más feliz.

Precisamente es su actitud la que te dice que le sobran estímulos. Se pueden hacer cosas inteligentes sin estar recibiendo estimulación constante, 🙂

Así no tirará de la correa.

 Atajar para llegar antes a un sitio concreto

 

Éste es un problema muy común.

Has enseñado a tu perro (sin darte cuenta), que el paseo consiste en ir deprisa durante quince minutos a un parque canino estupendo que hay por tu zona, donde puedes soltarle, estará con sus amiguetes, podrá jugar durante una hora, correr a lo loco, y a lo mejor perseguir alguna ardilla.

Y cavar hoyos, recoger algún trozo de comida, correr por la valla ladrando a los perros que llegan, discutir un poco por lo bajo con alguno que le cae mal, perseguir alguna pelota ajena, pegarse un rato a la que reparte galletas sin conocimiento…..

Vamos, todo diversión.

Y tú entre tanto, relajada y tranquila porque es un sitio seguro donde tu amigo se lo pasa estupendamente.

Te sientas una hora con otros dueños, charlas un rato, y para casa.

Llega super relajado.

Pero el trayecto de ida es un tormento. Porque te arrastra como una locomotora.

Por si no lo has notado tras la descripción anterior, se lo has enseñado tú.

El tramo entre tu casa y el parque es un mero trámite, y cuanto más corto sea mejor. Y la correa impide que sea corto, tiene que tirar para ir rápido.

Además, seguramente tú le has llevado rápido desde el primer día, deseando soltarlo para que juegue, corra y socialice (y llegue cansado a casa).

Si quieres resolver esto, tendrás que enseñarle otra cosa.

Y es posible que te cueste bastante, si lleva haciéndolo mucho tiempo.

Cambiar un hábito es duro.

Tendrás que prescindir del parque canino en algunos paseos, planteando otros recorridos.

Y no quedarte en el mencionado parque una hora, sino solo un rato (diez o quince minutos, por ejemplo), y luego continuar paseando por otros sitios.

Cambia de recorrido y conoce otros sitios.

Sí, aunque tenga que ir atado.

Camina despacio y convierte el camino en sí mismo en el objetivo. No hay meta ni prisa por llegar a ningún sitio.

Si fuera del parque pasan también cosas interesantes, y hay opciones además del parque, llegar a ese parque ya no será algo tan acuciante. Menos tensión en la correa.

Huir de estímulos externos que le asustan

 

Este problema es muy común. Y muy complicado de manejar.

Este tipo de perros se reconoce porque tiran mucho, tanto a la ida como a la vuelta del paseo.

Si te fijas, es posible que a la vuelta tiren aun más.

Quieren volver a casa lo antes posible. En casa se sienten seguros, en la calle no.

Ellos huirían, de hecho es lo que hacen, pero la correa se lo impide, así que la llevan siempre tensa.

Además, son perros que si les llevas un día a un paseo de campo, en sitio totalmente rural, aislado y desierto, cambian de conducta. Y prácticamente no tiran.

Están intentando escapar de los estímulos urbanos. De todos.

Y tú se lo impides.

Para corregir esta situación, tienes un gran trabajo por delante. Porque aquí sí es muy claro que el tirar de la correa es uno de tantos síntomas.

Hay que trabajar ese miedo generalizado, desde casa hacia el exterior.

Es posible que tengas que tomarte unas “vacaciones de paseo” mientras trabajas otros aspectos de la relación.

O que tengas que salir de casa al coche, y del coche al campo, para darle una tregua de estímulos mientras trabajas otras cuestiones.

Posiblemente te lleve meses, y es necesario seguir un plan definido y claro, con objetivos concretos y graduales.

O sea, que necesitas ayuda profesional.

En cuanto mejore el miedo generalizado, bajará la tensión de la correa.

Porque ya no tendrá tanta urgencia por huir de todo.

Huir de otros perros/personas

 

Es una variante de la situación anterior, pero más focalizada.

Hay perros que tienen miedo de otros perros y/o de las personas desconocidas, y en un entorno urbano ven bastante de todo eso, y a menudo perros y personas les invaden el espacio constantemente, por lo que intentan huir.

Con el tiempo intentan huir anticipando esa invasión, y si hay personas y perros por todos lados, tiran de la correa constantemente tratando de evitar esa invasión.

No es tan complicado como el caso anterior, pero se trabaja igual.

Con paciencia, objetivos, gradualmente, y seguramente con ayuda profesional.

Alejarse de un estímulo interno que le da miedo (dolor)

 

Lo sé, suena muy raro, pero ocurre bastante, el  perro no está razonando, está intentando hacer algo.

Muchos perros tienen problemas físicos que les producen dolor. Puede ser una cuestión articular, o una enfermedad hormonal, por ejemplo.

Y no se quejan. De hecho en general hacen vida (casi) normal.

Pero el dolor crónico les lleva a querer moverse mucho y deprisa. O a no querer moverse en absoluto.

En el primer caso, el cuerpo produce endorfinas que les ayudan a sobrellevar el dolor.

En el segundo, bueno, es obvio, si a tu perro le duele si se mueve, intenta no moverse, y te empeñas en que caminen, así que tira para ir lo más rápido posible y terminar antes.

No descartes esta opción porque nunca le hayas visto cojo ni quejándose. El dolor crónico no se manifiesta del modo que esperamos que se manifieste el dolor.

En estos casos si manejamos bien el dolor, o cambiamos el modo de paseo (más breves, con más nariz y menos movimiento), la tensión de la correa desaparecerá.

Exceso de ejercicio físico (dolor)

 

Este supuesto entronca con el anterior.

Si un perro con un problema físico (por ejemplo una displasia) es sometido a ejercicio físico intenso para cansarle o porque es de la raza X “y tiene que hacer ejercicio”, el dolor aumenta notablemente de intensidad.

Y de nuevo, para calmar ese dolor, avanzar más deprisa produce endorfinas, que mitiga el dolor.

Y entramos en un círculo vicioso: cuanto más anda más le duele, y entonces más anda.

Y para eso hay que tirar de la correa, incansablemente.

Exceso de estímulos externos

 

Los entornos urbanos cuentan con una elevada cantidad de estímulos olfativos, visuales, auditivos y a veces táctiles.

Esa gran cantidad de estímulos pueden provocar la huida de tu perro porque no se ve capaz (o no le apetece) gestionarlos todos, y por lo tanto tirará de la correa para volver a casa.

O le excitará y alterará porque intenta abarcarlos todos a la vez en el menor tiempo posible, y entonces te arrastrará con entusiasmo de un estímulo a otro, como un niño que va de una atracción a otra en el parque sin apenas pararse a disfrutar de ninguna.

Lógicamente no se trabaja igual un caso que otro, porque en realidad son opuestos.

En uno hay que rebajar miedos o exponer a entornos menos estimulantes (cambia el sitio de paseo, o las horas).

En otro hay que rebajar estrés y transmitir a tu perro que puede llegar a todo, pero no necesariamente en media hora, y que es más agradable detenerse en cada estímulo que tratar de captarlos todos en un instante.

Estrés crónico

 

Éste es uno de los problemas más comunes del perro urbano del siglo XXI.

Por diversas razones el nivel de estrés de nuestros perros está a menudo muy por encima de lo que pueden gestionar.

Y se produce una interesante reacción química: las hormonas liberadas para tratar de manejar ese estrés incitan al movimiento, y es difícil moverse constantemente si se sujetan con una cuerda.

Por lo tanto tendrás que aplicar un protocolo de reducción de estrés, en la calle y en casa.

Y como por arte de magia, la tensión de la correa desaparecerá.

Alejarse de ti

Ésta es dura de encajar, pero pasa. Bastante, además.

Si tratas a tu perro como a un soldado, y le das órdenes constantemente.

Si intentas controlar cada uno de sus movimientos.

Si bloqueas cada conducta que no te parece adecuada (o sea, casi todas).

Si le gritas a menudo.

Si te enfadas por todo o intentas educarle mediante castigos.

Tu perro intenta alejarse de ti.

Y la correa se lo impide. Por lo tanto, la tensa.

Si crees que éste es tu caso, te toca hacer autocrítica y empezar a cambiar. De perspectiva, de modo de educar, de prioridades, incluso puede que de emociones.

Porque tu perro tiene que pensar que a tu lado es el mejor sitio del mundo, y si ahora mismo no lo piensa, es que hay mucho que cambiar.

Huir del miedo/dolor que le producen las herramientas “mágicas”

 

Sí, hay perros que tiran aun más cuando llevan un collar corredero o de pinchos.

Qué ironía, no?.

Se relaciona con uno de los supuestos que veíamos más arriba: huir de una situación dolorosa.

Si tu perro lleva un lazo al cuello, y eso hace que sienta dolor y  miedo, intenta alejarse de eso tirando.

No piensa, solo actúa. El argumento “pues si deja de tirar ya no le dolerá” necesita razonamientos.  Y no puede razonar, porque el miedo y el dolor se lo impiden.

También puede que como el paseo le resulta tremendamente desagradable o directamente insoportable, tira para llegar a casa lo antes posible.

Aquí si hay solución “mágica”: elimina esa herramienta y ponle un arnés cómodo. Evita los de diseño noruego, que impiden una movilidad adecuada de la espalda. Y problema resuelto.

Correa demasiado corta

Igual suena de Perogrullo, pero si la correa es corta, cada vez que tu perro dé un paso y no esté sincronizado contigo, tensará automáticamente la correa.

Aquí también hay una herramienta “mágica”: una correa bien larga.

Hay perros que sí dejan de tirar con una correa de tres metros, sin ningún otro esfuerzo por tu parte, siempre que camines despacio y le dejes pararse y zigzaguear a su antojo.

Si pensabas que el modo adecuado de pasear al perro es que éste se coloque pegado a tu pierna y permanezca ahí durante una hora, como si fuera una sombra, tienes un concepto equivocado.

Puede conseguirse, por supuesto, pero exige mucho esfuerzo, sobre todo para el perro, y arruina la finalidad y beneficios del paseo, por lo que no tiene sentido esforzarse tanto para eso.

Es más rentable para los dos “darle cuerda” y adaptarte tú a sus movimientos, que exigirle a él que se adapte a los tuyos.

En todo caso la elección es tuya.

 

Y con esto termino, no están todas, pero sí las más habituales y destacadas.

Si encuentras cuál (o cuáles) es la razón que hace que tu perro tire y tire sin parar, y empiezas a trabajar sobre esa razón, en lugar de sobre el hecho de tirar en sí, en muy poco tiempo (en algunos casos) o en algunas semanas (en otros) corregirás ese problema de modo amable y respetuoso.

Y podrás disfrutar de muchos años de agradables paseos con tu amigo.

¿No crees que la “inversión” merece la pena?

 

 

 

 

El Martingale es un estrangulador

¿Sabías que los collares Martingale son estranguladores?.

Este modelo de collar, de uso muy popular entre los galgos, está diseñado para cerrarse cuando hay tensión en la correa.

De este modo se compensa una peculiaridad de la anatomía de estos perros: el cuello es más ancho que la parte más ancha de la cabeza.

Por esta razón, cualquier collar fijo, por mucho que se apriete, se sale fácilmente si el galgo decide tirar hacia atrás, por ejemplo porque se asusta.

Si crees que no aprieta el cuello de tu galgo y por lo tanto no estrangula porque tiene tope, piensa que para que el Martingale sea eficaz (es decir, no se salga cuando el galgo forcejee con él) el tope debe estar puesto a un tamaño INFERIOR al del cuello del perro.

Por lo tanto, funciona porque aprieta, es decir, estrangula.

Ahora piensa en las veces que tu galgo intenta huir de algo que le atemoriza, y no solo no lo consigue, sino que encima se le corta la respiración.

O las veces en que a propósito o sin darte cuenta tiras de la correa (y le estrangulas).

O cuando tu perro intenta realizar acciones cotidianas como saludar o jugar con otro perro, o acercarse a una persona o a algo que le llama la atención, y la correa se tensa (y el collar le estrangula).

En todos esos momentos, tu (posiblemente miedoso) galgo está recibiendo un castigo sin que te des cuenta.

Eso no le ayuda, y aumenta su miedo.

Si usas un Martingale porque te parece bonito, hay collares igualmente bonitos que no aprietan (eso sí, se salen por la cabeza).

Si lo usas porque tu perro es muy miedoso y te preocupa que escape de golpe y lo atropelle un coche, elige una arnés antifuga pensados precisamente para la anatomía del galgo.

Pero evita usar un dispositivo que castiga inadvertidamente a tu amigo varias veces al día.

Las primeras noches

¿Cómo conseguir que tu cachorro no llore las primeras noches?

No hay nada tan emocionante como los primeros días con tu nuevo cachorrito. Tan lindo y simpático, y con tanta curiosidad por todo…. Esas primeras horas juntos se las pasa explorando cada centímetro y jugando con todos, es fantástico.

Pero tras un día largo, se puede avecinar una noche eterna.

La queja “no sé qué hacer para que se duerma por la noche y deje de llorar” es muy habitual.

Es una fase, y en pocos días seguramente cese, pero no es agradable para nadie (especialmente para los vecinos que NO tienen perro). Y no es un buen precedente en vuestra relación el que tu cachorro llore desconsoladamente y no hagas nada para solucionarlo.

Él espera que te ocupes de atenderle, de día y de noche.

Así que aquí va un truco que suele funcionar, pero antes unos comentarios que también juegan a tu favor.

Elige bien el momento

Si puedes evitarlo, no adoptes cachorros demasiado jóvenes.

Un perrito de cuatro semanas llorará seguro porque debería estar con su madre, y la ha “perdido”. Es difícil convencerle de que no hay peligro y que no merece la pena llorar. Y puede ser una experiencia realmente traumática para él, que quizá le marque para el resto de su vida.

Llevar a  un cachorro con al menos ocho semanas de edad sería lo ideal.

Si tienes contacto con el dueño de la madre, pedirle que coloque un trapo o toalla vieja junto a la zona de descanso de la perra para que retenga su olor, y llevártela junto con tu cachorro puede ser una ayuda la primera noche. Así la transición no será tan violenta.

También tienes que asegurarte antes de ir a dormir de que sus necesidades más básicas están cubiertas: comida, agua y necesidades fisiológicas.

Seguramente durante la noche también tenga que cubrirlas, así que procura que pueda hacerlo (la comida no es necesario a menos que sea realmente muy pequeño).

¿Y cómo puedo ayudarle las primeras noches?

Y ahora el truco en sí mismo: no intentes que duerma solo.

A menudo se decide el lugar donde dormirá el pequeño, y se cree que debe ir a ese lugar desde el día uno «para que se acostumbre».

La opción suele ser una habitación fácil de limpiar y con pocas opciones de destrozos, como la cocina.

Pero no se puede dejar a un perro tan pequeño solo durante ocho horas justo después de haberse separado de su madre y hermanos.

Así que las primeras noches, mientras se adapta a sus nuevos horarios, su nueva casa, y forma un vínculo contigo, prueba a meterlo en tu dormitorio.

Si has elegido una caja cerrada para que duerma en ella, puedes probar a colocarla algo elevada junto a la cama.

Así, si lloriquea un poco, puedes darle unas caricias tranquilizadoras para que se calme.

Si va a dormir en una camita propia, ponla junto a tu cama, lo más cerca posible de tus manos, por la misma razón.

Seguramente en algún momento llore un poco, pero se calmará al saber que no está solo y que le apoyas.

Más adelante, cuando gane en confianza, conozca a fondo su entorno, y empiece la fase de “emancipación”, él mismo preferirá un lugar algo más apartado para dormir, y se alejará voluntariamente.

Pero al principio necesita tener muy claro que cuenta contigo.

Así confiará más en ti, y seguro que los vecinos lo agradecerán.

 

¿Cómo elegir un buen adiestrador?

Cuando decides introducir un perro en tu vida, solo piensas en todo el cariño que le vas a dar, y en los buenos momentos que vais a pasar juntos.

Has oído aquí y allá que puede que surjan problemas, pero estás plenamente convencida de que serás capaz de educar a tu amigo adecuadamente, ¡el cariño todo lo puede!.

Y no le das más vueltas.

Pero la vida real no siempre se comporta como creemos que debería hacerlo. Y a menudo van apareciendo esos problemas con tu nuevo amigo. Casi desde el primer día.

Que si lo muerde todo (incluida tú).

Que si se hace pis en todas partes.

Que si su comportamiento en la calle es más bien errático, ahora ladra, ahora huye, o se tira al suelo, o hasta parece que se pone chulo con algunos perros.

Resulta que se mete en la boca todo lo que está a su alcance, y a menudo se traga esas cosas.

Y al crecer su mordisqueo empieza a resultar muy destructivo.

Además empieza a tirar de la correa.

Y así un suma y sigue, que vas manejando de modo improvisado, según se te ocurre sobre la marcha, o tratando de aplicar algunos consejos que te han dado los dueños de otros perros.

Pero los problemas menores hacen lo mismo que tu perro: crecer.

Y cuando crecen, decides que ya basta, y tomas cartas en el asunto.

Te aplicas a educar a tu perro en serio, porque conforme pasa el tiempo te convences de que tanto cariño solo sirve para malcriarlo (en realidad te lo han dicho en el parque para perros, varias personas).

Y que hace lo que le da la gana y se está haciendo el dueño de tu casa y de tu vida.

Pero por más que te esfuerzas en corregir todos sus errores y en educarlo con mano firme, los problemas siguen ahí, e incluso empeoran.

Y tú ya empiezas a agobiarte: esto claramente te sobrepasa.

Puede que sea como resultado de una sucesión de pequeñas catástrofes cotidianas que te hacen dudar de que tener perro haya sido buena idea.

O quizá un detonante que un día te empuja a decir, «hasta aquí, ya basta«.

Pero finalmente un día decides que tienes que contratar alguien que sepa lo que hay que hacer y te ayude.

Y sin darte cuenta, ahora se te presenta otro gran problema: ¿a quién elegir?

Consultas en Internet y preguntas a otros dueños, y el abanico de opciones parece demasiado amplio.

Y te ocurre como cuando tratas de educar a tu amigo: en realidad no tienes ni idea de qué criterios seguir para realizar la elección correcta.

Te falta experiencia y conocimientos, y eso te bloquea.

Aunque en realidad lo que te falta es foco: ¿sabes realmente lo que estás buscando?

Porque decir «quiero que alguien me enseñe a educar a mi perro» es plantear un concepto muy amplio.

Tienes que aclarar tus ideas y centrarte, sobre todo, en lo que necesitas, no en lo que quieres.

Centrarse en lo que uno quiere es un error muy común. «Quiero que mi perro se porte bien», es una frase demasiado ambigua. ¿Qué es realmente «portarse bien»?

Y en el fondo, no tienes nada claro qué es lo que necesitas, el estrés y la ansiedad que te están provocando los roces de la convivencia con tu perro no te permiten pensar con claridad.

Así que este artículo tiene esa misión: que diferencies entre lo que quieres y lo que necesitas, y que tengas claro el tipo de personas que buscas para lograr tu objetivo.

El primer escollo que destaca sobre los demás es la amplia terminología que manejan los profesionales a la hora de venderte sus servicios.

Vivimos en un mundo muy competitivo, y para destacar, tienes que ser diferente. Aunque a menudo basta con parecer diferente.

Porque hay muchos «profesionales» del mundo canino que siguen usando métodos y abanderando ideas de los años 50 (del siglo pasado) pero que tratan de venderte como novedosas.

Te vendrá bien tener las ideas muy claras sobre lo que buscas para descartar a este tipo de personas.

Sobre todo porque unas cuantas tratarán de engañarte para que las contrates.

Así que de modo muy sencillo:

Adiestrador: enseña a tu perro (o idealmente, te enseña a ti cómo hacerlo) a asociar una señal (sonido, gesto) con una acción por su parte. Cuando el perro ve u oye la señal, responde con una acción. Esto es lo que llamamos «obediencia».

Educador: te da herramientas que te ayuden a enseñar a tu perro a gestionar su entorno y así resolver problemas de conducta.

Como en principio una misma persona puede ser las dos cosas, tu elección se complica cada vez más.

Así que vamos a profundizar un poco más para que sepas lo que te puedes encontrar.

Dentro de los adiestradores, tienes tres tipos:

-Adiestrador «tradicional»

Yo prefiero llamarlo «rancio».

Sigue usando métodos que eran viejos hace 50 años.

Aboga por un control estricto y absoluto del perro a base de órdenes y más órdenes, impartidas con estilo sargento…. y enseñadas con estilo «escuela de marines».

O sea, por las malas.

Se fuerza, acorrala, presiona y castiga al perro hasta que entiende lo que tiene que hacer (o dejar de hacer) para que dejen de torturarle.

Como dicho así queda fatal (y aun así hay quien está conforme), lo recubre de tecnicismos y de actitudes prepotentes: tú no sabes lo que hay que hacer, él sí, el perro debe ser tratado como un perro, y en cinco minutos parece que consigue que tu díscolo amigo se comporte como un bendito.

Así que podrías picar y contratar a uno así.

No lo hagas.

Bajo ningún concepto y te cuente lo que te cuente.

No necesitas a una persona así en tu vida, y tu perro desde luego no te lo va a agradecer.

Es casi seguro que no tienes un problema de desobediencia extrema, así que puedes prescindir de este profesional.

En cambio, los métodos que emplea van, por sí mismos, a generar problemas de verdad en tu perro, o a agravar seriamente los que ya tenía.

Estarás peor que antes, porque ahora debes sumarle la frustración que te genera la nueva situación.

Solo por un instante ponte en el lugar de tu perro, ¿te gustaría estar pasando por un mal momento emocional y que tus parientes más próximos te ingresaran -a la fuerza- en una academia militar?

¿Crees que eso te ayudaría en algo? La respuesta es «no».

Pues es lo que propone este tipo de profesional.

– Adiestrador «reciclado»

O «embustero».

Como mencionaba arriba, apenas hay personas que deseen someter voluntariamente a su perro a castigos y presiones constantes de modo consciente, así que el adiestrador de toda la vida tiene que adaptarse a los nuevos tiempos.

En tal caso tienen dos opciones: seguir haciendo lo de siempre pero convenciéndote de que es todo muy de color de rosa y que el perro no sufre nada y que sus castigos en realidad no lo son (es decir, cambia toda la terminología para que su metodología parezca más edulcorada)

O incorpora a su «maletín de herramientas» técnicas en positivo.

Y cuando las aplica con tu perro y no le funcionan (porque en realidad no las entiende ni se ha molestado en integrarlas para desechar su anterior sistema), te deja claro que tu perro es especial y diferente y necesita el trato tradicional.

En el que casualmente él es un experto.

De un modo u otro, te está engañando.

Al menos el tipo «rancio» va con la verdad por delante.

-Adiestrador en positivo

Utiliza técnicas de adiestramiento que le dan el control al perro, y que priman favorecer el acierto (por el que el perro es premiado) tratando de limitar los errores (que son ignorados), incitando al perro a pensar y a ser participativo en el proceso de su propio adiestramiento.

Como verás, suena mucho mejor.

Y los resultados, por descontado, también son mucho mejores, tanto en lo que a la obediencia se refiere, como en lo relativo al estado emocional del perro durante y después del adiestramiento.

Así que si tras pensarlo a fondo concluyes que lo que realmente necesitas es que tu mejor amigo responda a ciertas órdenes, porque en general su comportamiento te parece correcto, pero en ciertos contextos no te hace mucho caso y eso te genera inseguridad, éste es el tipo de profesional que buscas y que realmente puede ayudarte.

Y ya dentro de los educadores puedes encontrarte tres perfiles:

– Falso educador

En realidad es un adiestrador que intenta convencerte de que puedes solucionar los problemas de conducta dándole órdenes adecuadas a tu perro.

Y él se ocupa de enseñárselas.

Aquí tendrías cualquiera de los tres tipos indicados antes.

Pero en realidad no es esto lo que necesitas.

Si el adiestrador es del tipo rancio o del embustero, tu perro va a empeorar. Mucho. Aunque en su presencia se porte como un campeón.

Si es un adiestrador en positivo, tu perro no empeorará. Es muy posible que mejore bastante. Puede que te baste.

Pero a cambio tendrás que estar pendiente de tu perro para darle indicaciones en todo momento y para cada situación cotidiana sobre cómo debe comportarse.

Te toca hacer de «mamá» el resto de su vida.

Y eso es muy agotador, la verdad.

Y deja a tu perro a medias, porque no le ayuda a madurar y crecer emocionalmente, ya que tiene que depender constantemente de tu criterio para tomar decisiones.

Por no mencionar que puede que muchas veces tus decisiones no sean correctas para un perro, y por lo tanto o bien desobedecerá (tomará sus propias decisiones) o se meterá en líos (y perderás su confianza, ya que son tus indicaciones las que le han metido en esos líos).

Qué complicado, verdad?

– Educador «directo al problema»

Este profesional analiza los problemas que te da tu perro, y va directo a por ellos.

Sin plantear nada más.

Con distintas técnicas (que si implican castigar o corregir es que no va en este apartado, sino en el anterior) va resolviendo cada problema individual.

Normalmente este tipo de profesional te podrá prestar una excelente ayuda.

Ayuda a tu perro a enfrentarse a esos problemas y a ti a gestionar las situaciones derivadas de dichos problemas.

Para la mayoría de los binomios humano-perro aquí está la solución.

¿Y cuál es el inconveniente entonces?

En principio hay tres:

  1. – Hay perros que tienen tantos problemas que abordarlos uno a uno haría el tratamiento eterno.
  2. – Hay determinados problemas que en realidad no están relacionados con el entorno en el que se presentan. Estos profesionales no realizan una valoración e intervención global en la vida del perro, y al centrarse en el síntoma visible, no lograrán avances si ese síntoma en realidad se debe a algo no relacionado con el contexto en el que tu perro manifiesta el problema.
  3. – Muchos problemas de comportamiento están motivados o agravados por problemas de salud. Si se corrige el problema de salud no es necesario hacer nada más: la conducta de tu perro cambia radicalmente. El educador de este perfil probablemente no se percate de esto y por lo tanto no lograrás resultados.

– Educador holístico

Te valora a ti y a tú perro, el contexto en el que vivís y el modo en que manejas las situaciones cotidianas.

Tiene presenta la salud de tu perro y su influencia sobre la conducta.

Incide sobre todo en realizar cambios en tu mentalidad, tus hábitos y tu actitud antes que en trabajar sobre el perro.

Y tiene claro que todo está conectado y que hay que trabajar sobre muchos aspectos aparentemente no relacionados con los problemas de conducta que te preocupan para lograr los mejores resultados.

Con este tipo de profesional el perro madura y toma decisiones por sí mismo, y tú aprendes a comprenderle mejor y dispones de herramientas y conocimiento para afrontar los problemas actuales y los que se puedan presentar en el futuro.

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Espero que con estas aclaraciones te haya ayudado a poner el foco en lo que necesitas, y a filtrar el tipo de profesional que mejor puede ayudarte, y sobre todo, a no dejarte engañar para que tu perro pase por una experiencia nefasta que lejos de servirle, empeorará notablemente su estado y vuestra relación.