¿Cuál es el mejor pienso para perros?

Seguro que ya sabes o sospechas que la alimentación tiene una gran influencia sobre la salud.

Lo que quizá no habías pensado es que también tiene una influencia muy importante sobre la conducta.

La sensación de hambre crónica, la carestía o exceso de ciertos nutrientes, o una dieta desequilibrada que produzca sobrepeso, por ejemplo, son circunstancias que afectan de modo directo al comportamiento.

Es fácil imaginar que si un perro tiene mucha hambre, pueda mostrarse nervioso, irritable, hiperactivo (dedicado a la búsqueda de alimento) o incluso mostrar conductas agresivas, sobre todo si por fin consigue comida o la tiene delante pero se le bloquea el acceso a la misma.

Pero seguro que no te habías planteado ciertas cuestiones de comportamiento que están directamente relacionadas con la calidad de la comida que consume tu perro.

Un inciso: si te has tomado tiempo para seleccionar el pienso de tu perro (sobre un criterio más estudiado que el alto precio, pensando que como es caro tiene que ser bueno) y sabes porqué es un alimento excelente, o bien te has estudiado unas buenas bases de nutrición canina y alimentas a tu amigo con dieta BARF/ACBA, entonces no te leas este artículo, no te contará nada que no sepas ya, 🙂

En caso contrario, si tienes dudas, compras el pienso de tu perro por precio (el más caro, el más barato), por el aspecto de la bolsa, porque es una “marca popular” (pero no sabes porqué),  o simplemente te gustaría tener criterios adecuados para saber elegir el mejor pienso para tu perro, sigue leyendo.

Alimentación y conducta

El alimento es una necesidad básica de todo ser vivo.

Es preciso consumir cada día alimento en cantidad y calidad suficiente para poder mantenerse saludable y equilibrado, tanto física como mental y emocionalmente.

Por lo tanto, la escasez de alimento o el alimento de calidad insuficiente van a determinar conductas  encaminadas a corregir esa situación.

Pero también aparecerán alteraciones de comportamiento derivadas de la desnutrición (alimento escaso) o la malnutrición (alimento de mala calidad).

El alimento inadecuado impide una producción correcta de hormonas y neutrotransmisores y limita la reparación de daños físicos del organismo debidos al desgaste del día a día, pero sobre todo produce estrés.

Y el estrés en sí mismo, si es crónico, genera una gran cantidad de alteraciones de conducta, como irritabilidad, depresión o hiperactividad, desorientación, falta de concentración, retraso en el aprendizaje,aumento o disminución del consumo de comida, aumento del consumo de agua…

Y también altera la salud: mayor incidencia de infecciones, retraso en la cicatrización de heridas, alteraciones cutáneas y digestivas….

Por lo tanto elegir para tu amigo una dieta de alta calidad no es solo una cuestión de “comer bien”.

Es fundamental para que goce de una buena salud y para mejorar, corregir o prevenir alteraciones de la conducta.

De hecho, una de las cuestiones que siempre se debería revisar en perros con problemas de comportamiento es la dieta.

Es uno de los muchos cambios que se pueden hacer para mejorar, y que en general no requiere de grandes inversiones ni de mucho tiempo para aplicarse.

¿Qué pienso es el mejor?

Cuando alguien me hace esa pregunta, le suelo responder que eso lo decide su perro.

Hay piensos de alta calidad que a ciertos perros les sientan mal, por la razón que sea.

Por ejemplo, un pienso de gran calidad a base de carne de pollo administrado a un perro con alergia al pollo seguramente será un “mal pienso”.

Por lo tanto, tu perro tiene la última palabra en este tema.

Hay que valorar cuestiones como la calidad del pelo (tras al menos 4 semanas de consumo continuado), la calidad y cantidad de heces (hay piensos muy caros que producen un elevado volumen de heces: eso sugiere que algo no está funcionando correctamente), la palatabilidad (si no se lo quieren comer, dará igual lo estupendo que sea el alimento), la facilidad para mantener un peso adecuado y la cantidad diaria que debe consumir el animal para satisfacer sus necesidades, entre otras cuestiones.

Pero sí puedo facilitarte ciertas premisas que debes valorar para que puedas seleccionar un reducido número de marcas (y variantes dentro de esas marcas).

Con esos criterios podrás saber cuáles son los piensos objetivamente de mayor calidad, y después valorar cuál de esas marcas le sienta mejor a tu amigo, o tiene mejor precio, o simplemente puedes contar con ellas para cambiar de marca cuando desees, sabiendo que mantienes una alta calidad en la nutrición de tu perro.

¿De qué están hechos?

Lo primero que debes hacer es darle la vuelta al saco para no ver el frontal.

Así evitarás dejarte llevar por bonitos y coloridos diseños, que son definidos por una buena estrategia de marketing, pero no son indicadores de calidad.

Comprar un saco de pienso porque sale la foto de un yorkshire terrier y tú tienes uno es picar de lleno.

Mejor profundiza un poco más en el contenido.

Al fin y al cabo el saco lo vas a tirar, 🙂

En la parte trasera tendrás un listado de ingredientes. Es en lo primero que te tienes que fijar.

Los ingredientes están colocados por orden de cantidad, de más a menos, como marca la legislación (ocurre lo mismo en los alimentos para personas, ya puedes echar un vistazo a lo que comes y asombrarte).

Como estamos valorando el alimentar a un carnívoro mixto (es decir, que come sobre todo carne y vísceras, aunque también se alimenta de otras cosas, como vegetales y fruta), los primeros ingredientes deberían ser carne, pescado o huevos.

O sea, sobre todo proteínas de origen animal.

Luego pueden aparecer vísceras (como hígado), o ingredientes que aporten grasa (como aceites o manteca/grasas).

Tras la carne como aporte de proteínas, las cuales se emplean sobre todo para la construcción y regeneración de tejidos y órganos,  hay que aportar nutrientes que permitan obtener energía, para moverse y para mantener en marcha todos los procesos fisiológicos normales.

Las dos principales fuentes de energía que podemos encontrar en la comida son los hidratos de carbono (azúcares más o menos complejos) y las grasas o lípidos.

Los hidratos de carbono se van a encontrar sobre todo en los cereales (maíz, arroz, trigo, soja, avena, cebada….), patatas y otros tubérculos, legumbres, etc.

Y las grasas, pues en la manteca animal, en aceites animales (como el de salmón) y aceites vegetales (de diferentes semillas), principalmente.

Y si lo piensas bien, para  un perro que se buscase la vida a la hora de comer, salvo que consuma solo restos de comida humana, su principal  fuente de energía sería la grasa animal.

El resto de las opciones están menos accesibles.

Así que los primeros ingredientes de un buen pienso deberían ser carnes y pescados, seguidos de grasa de origen animal.

Con eso ya has eliminado de tu búsqueda a muchas marcas.

En concreto, todas aquellas que usen la palabra “cereales” en su lista de ingredientes.

También descarta las que pongan “subproductos”, sean de donde sean.

Los subproductos son eso, restos.

Si son subproductos animales, restos de animal (las plumas, los cartílagos, las pezuñas, las pieles, los tendones….).

Y si son subproductos vegetales, igual, todo lo que no se coma (como peladuras, pepitas, cascarillas, etc).

La calidad de un pienso que lista “cereales, subproductos animales y vegetales……” es ínfima.

Puede haber excepciones y que un pienso caro tenga esos ingredientes, pero aquí van incluidos todos los piensos baratos.

Una de las características de estos piensos es que tu perro debe comer una gran cantidad de alimento al día para cubrir sus necesidades elementales.

Y aun así no lo logra, ya que las proteínas de calidad disponibles son insuficientes, y la grasa suele ser escasa. Solo van sobrados de hidratos de carbono.

Y los perros no están bien preparados fisiológicamente para usar los hidratos de carbono.

Eso exige un esfuerzo extra al páncreas, que los digiere por un lado, y por otro regula la cantidad de azúcar en sangre. Los hidratos de carbono vienen a ser cadenas de azúcares más o menos complejas.

Y como el organismo del perro no sabe muy bien qué hacer con ellos, tiende a guardarlos.

Es decir, los piensos ricos en hidratos de carbono producen fácilmente sobrepeso y favorecen la aparición de pancreatitis y diabetes a medio plazo.

Así que entre las cantidades enormes de consumo diario y el riesgo para la salud de tu perro, en realidad no son nada baratos.

Descártalos siempre de la dieta de tu amigo. Por mucho que le gusten o por muy popular que sea la marca.

Siguiendo los criterios anteriores, lo ideal es eliminar también de la lista todos aquellos piensos que contengan cereales.

Y en cereales se incluyen: maíz, arroz, cebada, centeno, avena, soja y trigo. Si afinamos mucho, también la quinoa, que algunos piensos la incorporan (y te lo cobran bien caro).

Dentro del grupo “cereales”, los hay más y menos adecuados para alimentar a un perro, pero en general, y dado que existen muchas marcas que ofrecen alimento para perros libre de cereales (grain free), si puedes evitar las que sí los llevan, mejor.

Eso sí, este paso ya encarece bastante el pienso.

Los cereales no se añaden porque sean adecuados para la nutrición del perro, se añaden porque son baratos.

Si el presupuesto es realmente un problema para ti, entonces céntrate en dejar de lado los piensos “cereales, subproductos….”, y elige aquellos que tienen carne como primer ingrediente, y un único cereal (mejor arroz o avena que maíz) como segundo, o idealmente, tercer ingrediente.

En ese caso, el precio aparentemente se dobla. Pueden pasar de costar 20 euros un saco grande, a costar casi 40 euros.

Y crees que no te lo puedes permitir.

Pero echa un vistazo a la tabla de cantidades diarias recomendadas

En el pienso más barato, la cantidad diaria a administrar es X (depende del peso de tu perro, y de la edad, si es un cachorro).

En el que es algo más caro, la cantidad rondará X/2. Es decir, aproximadamente la mitad.

Tendrás que darle a tu perro la mitad de comida para conseguir un efecto saciante similar.

¿Y en qué se traduce esto?

Menos carga para el estómago a la hora de hacer la digestión. Más facilidad para asimilar los nutrientes. Menor volumen y número de heces.

Y posiblemente ya puedas notar los efectos de una dieta de mejor calidad solo con este cambio, ya que tanto la cantidad como la calidad de las proteínas ha subido notablemente.

Y eso se dejará ver también en la conducta de tu perro.

Los comportamientos que pudiesen estar ligados a una malnutrición se corregirán o disminuirán de modo notable.

Pero si puedes permitirte más, o incluso estás comprando un pienso caro y resulta que acabas de descubrir que tiene maíz como primer o segundo ingrediente, puedes afinar más.

Elimina aquellos que lleven cualquier cereal.

Luego comprueba que no hayan cambiado el cereal por almidón (que es básicamente una fuente de hidratos de carbono genérica), porque entonces no habrás hecho mucho.

El almidón suele venir listado como tal en los ingredientes, no te costará detectarlo. Aunque puede incorporarse como segundo o tercer ingrediente en forma de patata, batata o boniato.

Aunque se puede notar también la presencia de hidratos de carbono en otra parte del análisis nutricional del pienso: las proporciones.

En algún sitio cerca de los ingredientes vendrá una lista de porcentajes, donde aparecen proteínas, grasas, humedad, cenizas, calcio y fósforo, fibra y algunas cosas más.

No verás listado el % de hidratos de carbono. Curioso, eh?

Pero como la suma total de esos porcentajes debe ser 100, solo hay que sumar. Y lo que falte hasta llegar a cien, son hidratos de carbono.

(Si falta la humedad, en algunos piensos no la citan, que sepas que esta suele rondar el 8-10 %. Difícilmente puede haber menos, y si hay más, el pienso se enmohece fácilmente. Tenla en cuenta en la suma).

Así que si el pienso no tiene cereales, pero el % de hidratos de carbono anda por el 35-40 %, seguramente lleva mucho almidón.

Esto implica otra cosa: si los hidratos de carbono bajan, algo tiene que subir, normalmente la proteína y la grasa.

Ahí ya tienes una señal de si hay o no hidratos de carbono en exceso y no los has detectado en los ingredientes.

De ahí la creencia popular de que si el % de proteína y grasa es alto (superior al 30% y al 20 % respectivamente), el pienso es excelente.

Lo cual sería correcto si la fuente de proteínas y de grasas es de alta calidad.

Porque si el pienso lleva como primer ingrediente plumas (proteína pura pero de difícil digestión) y como segundo un aceite vegetal (grasa pura, pero distinta de la de origen animal), la calidad es mediocre.

O si estamos incluyendo en la cuenta las proteínas de origen vegetal que lleva el cereal, que están menos disponibles tras la digestión que las de origen animal y por lo tanto falsean la cuenta de proteínas realmente asimilable/utilizable.

Por eso lo primero es mirar la lista de ingredientes.

Y lo siguiente, si el % de proteína y grasa se corresponde con esos ingredientes.

O te están colando carbohidratos y no tienes claro por dónde.

O si tratan de venderte un pienso como de gran calidad porque tiene un 30 % de proteína y un 25% de grasa, y resulta que está hecho a base de maíz y aceites o incluso de subproductos (los subproductos pueden tener un elevado % de proteína, pero no pueden digerirse. Es como si no comieras nada).

Finalmente, en los piensos de mejor calidad se añaden alimentos como verduras, frutas y hierbas de distintos tipos (ya mencioné arriba que el perro es un carnívoro mixto), y algunos aditivos “invisibles” destinados a mejorar o prevenir problemas de salud, como condroprotectores (condroitin sulfato, ácido hialurónico, etc).

Eso suma precio pero compensa a largo plazo.

Una última mención sobre los aditivos artificiales.

Hay piensos que los incluyen para conservar el nivel de vitaminas, o para dar colores atractivos a las bolas, o quizá para mejorar el olor o textura.

Evítalos.

No aportan nada nutricionalmente y es muy posible que sean dañinos a medio plazo. Suelen aparecer al final de la lista de ingredientes: BHA, BHT, galato de propilo, etoxiquina, propilenglicol, o simplemente términos sin concretar como “aromatizante”, “saborizante”, etc.

Con estos criterios ya puedes descartar muchas marcas que solo te darán problemas.

Y puedes elegir un alimento de una calidad bastante decente si tu presupuesto es limitado, o saber diferenciar entre los piensos de elevado coste cuáles ofrecen mayor calidad, dejando de lado los que se escudan en su popularidad (pero te venden alimento para gallinas) o los que a igualdad de coste destacan por una mayor calidad nutricional.

Y lograrás asegurar de un modo fácil y rápido que una de las necesidades básicas de tu perro está bien cubierta, tanto en cantidad como en cantidad.

Un resumen

Los ingredientes están listados por orden de cantidad.

Descarta siempre los “cereales, subproductos” = calidad ínfima.

Primeros ingredientes carnes o pescados. Idealmente seguidos de grasas animales.

Si lleva cereal, que sea en segundo o tercer lugar como mucho, nunca en primero.

Y mejor arroz o avena que maíz (por ejemplo).

Mucho mejor si es “grain free” (libre de cereales).

Ojo si cambian cereal por almidón o patata o batata o boniato.

Comprueba los % de nutrientes: proteina igual o mayor de 30 %, grasa igual o mayor de 20 %.

Valor añadido si incluye suplementos nutricionales como protectores de articulaciones. 

 

¿Quieres ampliar esta información? Pues visita esta página, que lleva muchos años tratando este tema. Está en inglés, y muchas de las marcas que analiza no existen en España, pero leerla es altamente clarificador:

http://www.dogfoodanalysis.com/

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Perros hiperactivos

¿Tu perro es hiperactivo? ¿No para quieto ni un momento? ¿Parece que no se cansa nunca?

Estas cuestiones se escuchan a menudo entre muchos propietarios de perros, y con frecuencia lo consideran un rasgo de personalidad de su perro, por lo que asumen como normales las conductas asociadas y no se plantean cambiarlas.

O sí, pero no saben cómo.

La verdad es que los perros, más que ser muy nerviosos, están muy nerviosos, que no es lo mismo. Visto así, puede resultar más sencillo plantearse el conseguir que sean más tranquilos (o estén más tranquilos).

Para ello hay que valorar qué situaciones o acontecimientos ponen nerviosos a los perros (en general) y fijarse en cuáles de ellos afectan a tu perro, para poder corregirlos.

Si corriges esos factores, los reduces o eliminas de la vida de tu perro, estará mucho menos nervioso, y por lo tanto, más tranquilo.

Es decir, no debes corregir ni actuar sobre tu perro para que sea (esté) más tranquilo, sino sobre su entorno y el  manejo que recibe día a día.

La verdad es que la lista de factores que pueden alterar a un perro es larga, y lógicamente no todos se afectan de igual manera ni todos los factores estarán presentes en la vida de todos los perros,  por lo que hay que ajustarse a tu caso en particular.

Pero existe un factor muy importante, que a menudo se descuida (porque no se le da importancia) y que afecta y mucho a cualquier perro: el sueño.

La importancia de dormir bien

Todos dormimos, y todos necesitamos dormir.

Lo que no tenemos tan claro es que es extremadamente importante dormir, y dormir suficiente y con un sueño de calidad.

Dormir mal o poco un día es irrelevante.

Pero cuando es la norma, los problemas que se presentan son muchos, y afectan directamente al carácter: irritabilidad, falta de concentración, desorientación, cansancio y desinterés, exceso o defecto de apetito, ansiedad, cambios bruscos de humor….

También afecta a la capacidad de aprendizaje y de resolución de problemas: dormir poco o mal nos hace más “tontos”.

Esto nos ocurre a los humanos, y les ocurre a los perros.

Cuando se dice que alguien se muere de sueño, no es solo una frase hecha.

Es real, se puede morir de sueño. O mejor dicho, por falta de sueño.

Y para que veas cómo de importante es el sueño en la vida, te recuerdo la regla del tres: se puede morir por estar tres minutos sin respirar, tres días sin beber, o tres semanas sin comer.

En esa sentencia, el sueño está en los tres días también (aunque se puede aguantar hasta 10/15 días).

Es decir, para el organismo es más importante de cara a la supervivencia dormir que comer.

Y sin embargo, en la sociedad actual, orientada hacia la productividad, el trabajo, el parecer que haces algo a todas horas, dormir está incluso mal visto.

Da la impresión de que es una actividad inútil, por, precisamente, la aparente falta de actividad (física) y la cantidad de horas diarias que nos ocupa.

Cuando hay que sacar tiempo extra para algo, casi siempre se recorta del sueño. Total, para lo que sirve.

Y si le damos tan poca importancia, es difícil ser conscientes de que también es fundamental para otras especies.

Incluido tu perro.

¿Descansa bien tu perro?

El perro es un depredador, y como tal tiene ciclos de sueño muy largos y continuados durante el día, a diferencia de las grandes presas, que suelen tener ciclos de sueño muy cortos y repetitivos en ese mismo plazo.

Un perro promedio puede dormir de modo normal unas 16 horas diarias, a veces más.

Para diagnosticar a un perro como hiperactivo (verdadero), uno de los criterios base es que duerma menos de 8 horas en cada ciclo de 24.

En ese caso hay un problema en su sistema nervioso (está enfermo).

Para todos los demás, sean como sean cuando están despiertos, lo normal son muchas más horas, pero deben cumplirlas, o irónicamente la falta de sueño hará que se comporten como hiperactivos, cuando realmente no lo son: simplemente no descansan bien o el tiempo suficiente.

Hay que tener presente que el sueño, además de para reparar los daños físicos menores producidos por el hecho de estar vivos, y para realizar ciertas actividades fisiológicas, sirve para permitir descansar al cuerpo y al cerebro tras las exposiciones a eventos estresantes del día a día.

Un perro sometido a miedo y/o estrés de modo cotidiano necesita descansar bien para recuperarse al 100 % y poder enfrentarse a los miedos y estrés del día siguiente.

También necesita desconectar del entorno para procesar y almacenar los aprendizajes derivados de esa exposición a situaciones estresantes o causantes de miedo o malestar.

De lo contrario, habrá un agotamiento físico y mental que impedirá plantarle cara al día a día, y que derivará en enfermedades físicas y/o alteraciones de la conducta, incluyendo comportamientos agresivos, destructividad e hiperactividad física.

Además se da una paradoja: un perro sometido a experiencias estresantes se duerme más rápidamente (al revés que las personas) pero su descanso es más superficial (y por lo tanto insuficiente).

Y como dormir mal o poco es una fuente de estrés, entramos en un círculo vicioso: el estrés no le permite descansar bien, pero dormir mal a su vez genera más estrés.

Así que una de las cuestiones que puedes abordar si tu perro es muy nervioso, asustadizo o algo colérico en su día a día, es el asunto del sueño.

Posiblemente si mejoras su calidad de sueño, y te aseguras de que puede dormir las horas que necesite, su humor mejore y su temperamento sea más calmado.

No será milagroso, pero todo suma, y mejorar en este punto no implica esfuerzos importantes ni grandes gastos.

Solo una buena capacidad de observación y realizar pequeños cambios en aquello que no esté permitiendo un buen descanso para tu perro.

¿Qué tienes que valorar?

Lo primero es asegurarte de que tu perro dispone de un buen lugar de descanso.

O mejor aun, de más de uno.

Una cama adecuada en tamaño y materiales para él es un buen primer paso.

Aquí es complicado dar una buena orientación, porque hay diferencias entre razas e individuos, por lo que tendrás que indagar un poco y fijarte mucho.

Que tu perro duerma habitualmente en el suelo no es excusa para descuidar este aspecto.

Mis huskies suelen usar la fría y dura baldosa para dormir. Pero a veces eligen alguna de las camas que hay a su alcance.

Si no las tuviesen, nunca las podrían usar.

Si yo elimino esa opción porque veo que suelen preferir el suelo, nunca podrían decirme que a ratos necesita una cama grande y mullida para descansar.

Ellos deciden en cada momento qué es lo más cómodo para su descanso.

Si echas un vistazo a las camas para perros que hay en el mercado, te perderás con tantas opciones.

Al final solemos guiarnos por estética y por lo que nos parece a nosotros a la hora de comprar uno u otro modelo.

Y si eliges el equivocado, puede que tu perro no lo use simplemente porque no le gusta.

Por ejemplo, si estoy en una cabaña en el bosque igual una cama a ras de suelo, sin patas, no me haría mucha gracia (porque permite que todos los bichos del lugar se paseen por encima de mí mientras duermo). No dormiré bien.

Y aunque en las fotos queda genial, una hamaca entre dos árboles no es lo más cómodo para dormir si tienes una edad.

Así que tendrás que ensayar (y equivocarte un poco) a la hora de acertar con la mejor cama para tu perro.

Algunas ideas

El grosor suele ser importante.

Hay camas de apenas 2 cm de espesor, que es casi como dormir en el suelo.

A los cachorros seguramente no les parezca mal, pero a perros de más edad, o muy delgados o de talla grande (pesados) les supondrá lo mismo que dormir encima de una manta. Incómodo.

La forma de la cama, dependerá de cómo suela acostarse tu perro.

Los hay que duermen predominantemente enrollados, por lo que las camas tipo cuna les resultarán más atractivas.

Y los hay que se estiran e incluso ocupan todo el espacio disponible. Un cojín rectangular será más cómodo para este tipo de perros .

En todo caso, los que se enroscan también pueden estirarse en ciertos momentos, por lo que las cunas de paredes rígidas (plástico, mimbre) no serán adecuadas, mejor una con paredes de espuma.

Las almohadas suelen ser bien recibidas, especialmente en perros mayores, así que puedes optar por una cama que tenga una zona más elevada, o añadir la almohada aparte.

Y que la use si le apetece.

Los perros que se enroscan tienen cierta preferencia por las camas con un centro más bajo que el resto de la cama

Por lo tanto los colchones planos les suelen resultar algo incómodos: tienden a rascar y rascar el centro para intentar hacer un hueco en el que acomodarse.

Si lo logran, destrozan la funda y el relleno.

Y si no, no están cómodos.

Para esos perros es de ayuda elegir cunas mullidas en lugar de colchones firmes. Así podrán darle mejor la forma que  desean sin destrozarla.

A los perros más asustadizos, especialmente de razas pequeñas, pueden resultarles muy atractivas las camas cerradas, es decir, como si fueran pequeñas casetas de gomaespuma. Les hace sentirse más seguros en su “cueva” y descansan mejor.

A algunos perros les gusta dormir a cierta altura con respeto al suelo.

Existe una especie de hamaca (que puede usarse sola  o con un colchón encima) que separa su cuerpo del suelo, como una tumbona de playa.

Hay perros que disfrutan mucho durmiendo en este tipo de camas.

 

Finalmente, por alguna razón, el sofá parece agradar a los perros del mundo entero, 🙂

Si no tienes problema con esto, el acceso a un buen sofá es una opción muy apropiada.

Otro factor importante es la ubicación.

Si colocas la cama en un sitio inadecuado, no importa lo buena que sea, no será eficaz.

Si lo piensas, nuestra cama no está en mitad del comedor normalmente.

La actividad de esa estancia impide un descanso adecuado.

Incluso de noche si otros habitantes de la casa se levantan, nos despertarán.

Tenemos una estancia pensada expresamente para dormir.

No digo que le habilites una habitación a tu perro solo para dormir.

Aunque es factible poner una cama en un dormitorio y si él desea estar solo, tendrá esa opción, siendo conveniente que tenga además otra cama en la estancia de mayor presencia humana de la casa.

Pero si tu perro solo tiene la opción de descansar en una habitación donde el resto de los habitantes de la casa están jugando, gritando, viendo la tele, discutiendo, hablando por teléfono o cualquier otra actividad que implique ruido y movimiento, posiblemente no está durmiendo bien (aunque parezca dormir, se despertará cada poco tiempo debido a los estímulos externos).

Así que colocar camas en más de una habitación de la casa permite que tu perro pueda elegir lo que más le conviene.

Valora también los ruidos repentinos, como calderas, lavadoras o neveras, antes de pensar que la cocina es un lugar adecuado para poner una cama.

Finalmente está el respeto al descanso del otro.

Si vives sola posiblemente no sea un problema.

Pero por si acaso, lo digo: no molestes a tu perro mientras duerme.

Ir a acariciarle porque se ha puesto panza arriba y suelta unos gemiditos adorables es despertarle.

Y quizá sobresaltarle (y hacer que se sienta inseguro en su propia cama).

Graba un vídeo si quieres, pero no le interrumpas a diario para rascarle un ratito mientras está durmiendo.

Espera a que abra los ojos, y aun así, piensa si a tu perro le gustan las caricias indiscriminadas o las considera una invasión de su espacio.

Al fin y al cabo, serás tú quien se acerque a tocarle, no él quien lo ha pedido.

Puede que mientras está relajado no quiera interacciones físicas con nadie. Va por perros.

Pero si en tu casa sois varias personas, hay que transmitir esta norma a todos, y cumplirla.

¿Qué tal te sientes cuando el operador de la compañía de teléfonos de turno te despierta de la siesta para contarte una batallita y venderte algo que no has solicitado?.

Primero te asusta el sonido del teléfono, y luego encima te han despertado para nada.

Así que igual que a los demás no nos gustan que nos interrumpan el sueño para nada, ni que nos salten encima mientras estamos (remoloneando) despiertos en la cama, a tu perro seguramente también le resulte molesto, y los demás humanos de la casa deben respetarlo.

Mención especial a los niños, que seguramente hagan dos cosas:

1-  Interrumpir el sueño del perro constantemente, bien invadiéndole el espacio, bien llamándole a todas horas e incitándole a jugar y lanzándole objetos para que juegue.

2-  No interaccionando directamente con el perro, pero sí armando mucho jaleo, gritando y corriendo por la casa y alrededor del animal mientras éste intenta descansar.

Para resolver satisfactoriamente ambos puntos es conveniente contar con una cama en una habitación aparte donde los niños no entren.

Por un lado deja claro que no deben molestarle mientras duerme. Nada de entrar en ese cuarto a incordiar.

Y por otro, ellos podrán correr y gritar por el resto de la casa y hacer cosas de niños mientras tú puedes cerrar la puerta para que el jaleo no interrumpa el descanso de tu perro.

Con estas indicaciones ya tienes otro aspecto de la vida de tu perro que tal  vez puedas mejorar, sin mucho esfuerzo ni inversiones elevadas.

Y aunque el cambio parezca imperceptible, seguro que notas mejoría.

¿Y tu perro, qué tal duerme? ¿Qué sitios prefiere? ¿Tiene alguna costumbre curiosa a la hora de irse a dormir? cuéntanoslo en los comentarios.

 

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¿Mal perro o perro enfermo?

A menudo un perro «malo» es un perro enfermo. 

En el día a día trabajando con perros me he encontrado muchos casos en los que las conductas inadecuadas, los problemas de comportamiento o las alteraciones que presentaba el animal se debían a un problema de salud.

Y la tendencia a etiquetar y aplicar métodos aversivos como manera de corregir esas alteraciones no solo no ayuda, sino que empeora la situación del perro y produce un aumento considerable del estrés.

Antes de pensar que tu perro es dominante, cabezota, desobediente, agresivo, buscón, que está consentido……. piensa en que tal vez esté enfermo y necesita ayuda.

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¿Qué tengo que (dejar de) hacer para que mi perro me haga caso?

 «Mi perro no me obedece».

» No me hace ni caso».

«¿Qué hago para que me preste atención? «

«¿Qué tengo que hacer para que me obedezca?»

¿Te has planteado alguna vez esta situación?

¿Sientes que tu perro te ignora y que hace caso a cualquiera menos a ti?

Es una duda muy habitual, y le pasa a mucha gente.

Resulta muy frustrante ver cómo tu mejor amigo, que en casa apenas se despega de tu lado, se comporta como si fueras invisible en cuanto vais a la calle.

Y por eso, como deseas lograr que tu perro te atienda, le preguntas a todo el mundo qué puedes hacer para conseguirlo.

O lees y lees en foros (incluso dejas tu pregunta en algunos) para tratar de entender qué hacen otros para conseguir la atención de su perro.

Y haces y haces cosas, sigues todos los consejos,  pero generalmente el resultado no es muy bueno.

Con suerte, si le das premios cuando presta atención, logras que te haga caso, «pero solo si ve le premio«.

Luego en realidad no te hace caso a ti, le hace caso a la comida.

No es eso lo que buscas.

Sin embargo, seguro que no te has planteado la opción contraria.

Haces y haces de todo, y la atención de tu perro no mejora.

¿Y si dejaras de hacer tantas cosas?.

¿Y si pensaras en todo aquello que puedes dejar de hacer porque posiblemente es lo mucho que haces lo que aleja a tu perro de ti?

Partiendo de esa premisa, te cuento qué cosas deberías dejar de hacer para conseguir que tu perro te preste más atención.

En casa

Deja de molestarle mientras duerme.

Déjale descansar.

Los perros duermen mucho. Pero mucho.

Y un descanso interrumpido resulta en un animal nervioso que estará deseando darle salida a todo ese nerviosismo.

Es difícil hacerte caso si siente que debe correr y moverse constantemente porque no ha descansado bien.

No le invadas el espacio mientras duerme para rascarle la barriga.

No permitas que otros, especialmente niños, se acerquen a él mientras duerme.

No le despiertes para hacerle cambiar de sitio y procura dejar para otro rato actividades molestas que puedan despertarle, como pasar la aspiradora.

Deja de excitarle y animarle antes de salir de paseo.

Si «calientas motores» cinco minutos antes de ir a la calle, tu perro ya sale cargado y deseando hacer el ganso nada más pisar la acera.

Elimina las frases con «voz para bebé» y los aspavientos, y simplemente ponle su material de paseo y a pasear.

Deja de gritar

No me refiero a gritarle a tu perro (algo que por descontado deberías dejar de hacer ya mismo si se da el caso), sino a gritar, discutir, pelear….. con el resto de la familia.

Si vives sola, obviamente es poco probable que esto ocurra, salvo quizá alguna vez por teléfono.

Pero en hogares con varias personas, es habitual que haya peleas y discusiones entre los distintos integrantes de la familia.

Y eso afecta a tu perro. Aunque la «fiesta» no vaya con él, los gritos, aspavientos, reproches y movimientos bruscos le intimidan y le resultan amenazadores.

Pensemos en esa imagen del niño pequeño escondido dentro de un armario o bajo la cama para intentar no escuchar a sus padres gritándose mutuamente. No le regañan a él, pero que aquellos a los que ama discutan y se muestren tan tensos le hace sentirse mal.

Y si tu perro se siente mal, alejarse de ti en la calle le supondrá un respiro.

Si no resulta posible mejorar las relaciones entre los humanos de la casa, al menos piensa en tu perro, y facilítale un entorno aislado donde perciba una mínima intensidad de estas situaciones: una habitación lo más alejada posible de la estancia donde se discuta, con un buen mordedor para que esté ocupado y se relaje mordisqueando.

Y unas cuantas puertas cerradas de por medio.

Será una ayuda bien recibida.

Deja de moverte tan deprisa

El modo en que nos movemos habitualmente refleja cómo nos sentimos. No se camina igual cuando vas a trabajar que cuando das un paseo con unos amigos o vas al cine (y no llegas tarde).

Y el modo en que nos movemos para realizar cada pequeña tarea cotidiana también es un reflejo de nuestro estado de ánimo.

Moverse rápidamente y como con sensación de urgencia para cada acción diaria le da al perro una impresión de nerviosismo, de que algo va mal, de que es necesario estar siempre alerta porque pasa algo.

Piensa en las gacelas, cuando una corre las demás no se paran a preguntar porqué corre, simplemente corren todas. Se supone que hay un león cerca.

Si te mueves rápidamente para todo, tu perro llegará a convencerse de que hay una amenaza cerca. Y eso le estresa y preocupa.

Levantarse como si el sofá quemara cuando suena el timbre, abalanzarse sobre el teléfono cuando suena o entra un mensaje, barrer moviendo la escoba como si estuvieses peleando con alguien, fregar platos organizando un escándalo digno de un bombardeo, caminar de una estancia a otra de la casa intentando batir un récord de velocidad….. tu perro se fija en todo esto y cree que es importante.

Y no lo es.

Tampoco se trata de comportarte como si estuvieses dormida, pero seguro que es posible tomarse unos segundos en iniciar cada movimiento, y tardar un par de minutos más en realizar cada actividad, por ejemplo concentrándote en cada paso y cada movimiento en lugar de centrarse en terminar lo antes posible con la acción.

Eso le manda a tu perro un mensaje de calma, de seguridad a tu lado y en casa, y le permite descansar mientras tú realizas tareas o simplemente descansas con él.

Y le hace sentirse más cómodo a tu lado. Justo lo que necesitas para que te preste atención.

 Deja de confiar en que juegue solo.

No le permitas aburrirse.

Además de dormir, hará algunas cosas más, sobre todo si es joven.

Si se aburre, tratará de organizar actividades por su cuenta.

Por un lado, eso suele significar destruir objetos o meterse en líos.

Por otro, eso te deja a ti fuera de la ecuación.

Si eres aburrida en casa, imagina el caso que te hará cuando el resto del universo le atraiga con sus encantos (y por lo tanto, le aleje de ti).

Haz juegos y participa (aunque sea observando), proponle retos, enséñale trucos sencillos para divertiros juntos, motívale a hacer cosas juntos.

Si no logras su interés en casa, difícilmente te prestará atención cuando haya algo más interesante que tú en la calle (que será todo).

Deja de regañar, castigar, corregir o inhibir conductas que te molestan.

Esto genera muchos problemas, es el modo común de educar a los perros, y lo que realmente le enseña es a alejarle de ti.

Hay otro modo de hacer las cosas que impide que quedes como la mala de la película. Y que acerca a tu perro a ti, en casa y en la calle.

En la calle

Deja de recoger la correa.

Es importante usar una correa larga en los paseos, ya que la correa restringe los movimientos naturales de tu perro.

Cuanto mejor pueda moverse aun estando atado, más disfrutará de los paseos y más relajado estará.

Pero atención, la correa larga es para usarla. Enrollarla en una muñeca(o alrededor del cuerpo) y dejarla reducida a medio metro termina actuando en tu contra.

No lleves la correa corta. Dale espacio a tu perro.

Deja de usar ciertas herramientas.

Las herramientas de paseo/control que produzcan miedo o dolor, como estranguladores (incluido el Martingale), collares de pinchos, eléctricos, correderos, cabezadas Halti y cualquier sistema de sujeción con partes móviles solo sirven para que tu perro quiera alejarse de ti.

Y eso no ayuda a la hora de conseguir su atención. Si tu perro tira mucho, es un problema que debe abordarse de otro modo.

Deja de hablarle a todas horas y para todo.

El silencio es un gran aliado para lograr la atención de tu perro.

Cuanto menos hables, más te escuchará.

Y cuanto menos abras la boca, más atención prestará a tu comunicación corporal, que es la que realmente entiende y le dice algo.

Además te servirá para ser consciente de esa comunicación corporal a la que no has prestado atención hasta ahora, 🙂

Prueba a hacer menos «ruido de fondo» y verás como se fija más en ti.

Deja de bloquear todas sus conductas.

Es un acto casi reflejo.

En cuanto tu perro parece que intenta tener una iniciativa, le cortas o interrumpes «por si acaso». Porque le conoces y estás convencida de que la va a liar.

Empieza a confiar un poco en él, y dale margen para tener iniciativas.

Deja que se equivoque y aprenda de sus errores.

Y de paso, empieza a plantearte el ceder en ciertos contextos, ya que a menudo bloqueas conductas naturales que tu perro necesita llevar a cabo.

Y cuando haces eso, solo consigues que se aleje de ti (para poder hacer esas conductas sin interferencias).

Deja de impedir que suelte algún ladrido o gruñido.

Necesita expresar cómo se siente, y a  veces vocalizará para hacerlo.

Si son ladridos ocasionales, simplemente deja que ladre. Es un perro y eso es lo que hacen los perros.

Si está gruñendo, se siente francamente incómodo, déjale hacer si crees que puede gestionarlo sin llegar a más (morder), o sácale amablemente de la situación si piensas que no podrá manejarlo y el gruñido podría ir a más.

Si ladra de modo muy insistente y con frecuencia, entonces hay un problema.

Pero no lo resolverás acallando los ladridos, sino indagando sobre las razones que le llevan a ladrar y trabajando esas razones.

Por lo tanto, deja de intentar que esté siempre en silencio.

Deja de seleccionar a sus amigos.

Eligiendo con quién puede relacionarse y con quién no (a menudo debido a tus miedos e inseguridades personales evitarás cierto tipo de perros) no le permites socializar correctamente y le transmites tus propios miedos.

Puede que a veces se equivoque y se acerque a un perro poco o nada amistoso. No pasa nada, aprenderá de ese encuentro.

O puede que sea él quien lo no hace muy bien, pero no mejorará la gestión de sus relaciones si le impides tenerlas.

A menos que existan antecedentes de agresiones hacia otros perros, deja que se relacione con quien desee (partiendo de la base de que el otro perro también desea relacionarse).

Que no siempre se digan cosas bonitas forma parte de las relaciones cotidianas, no es el fin del mundo.

Deja de plantearle juegos altamente adictivos y excitatorios.

O dicho de otro modo, olvida el juego de «recoge esta pelota lanzada a 150 metros 89 veces seguidas».

Este tipo de actividad solo contribuye a entorpecer su relación con el entorno (al crear una obsesión) y le estresa tanto que luego, lejos de estar cansado, como crees que debería estar, se altera tanto que termina teniendo problemas de hiperactividad, destructividad, reactividad…..

Y se dedicará a ir por la calle haciendo el loco y pasando de ti (a menos que le ofrezcas su «droga» favorita) para poder darle salida a toda esa excitación que tú misma has provocado sin darte cuenta.

Deja de dar tirones de la correa.

Para corregir algo o de modo involuntario (porque caminas sin parar y no te das cuenta de que se ha detenido).

Esto es más fácil lograrlo si la correa es larga (cuando es corta, prácticamente siempre estará tensa).

Y si estás pendiente de tu perro cuando paseas.

Como sistema de corrección, aparte de poco eficaz (seguirá repitiendo las conductas que quieres evitar) genera incomodidad e incluso miedo por tu proximidad.

Una buena excusa para alejarse de ti en cuanto pueda hacerlo.

Deja de pasear como si tuvieras prisa.

Uno de los males de nuestro siglo.

Tenemos siempre prisa. Incluso cuando paseas con tu perro, tienes que ir de A a B en 40 minutos, porque es el tiempo de que dispones.

Y si se para, se distrae o simplemente camina más lento, le contagias tus prisas.

Eso es desagradable y genera mucho estrés en los perros.

Los perros disfrutan el momento. Y el momento es ahora.

Caminan al trote, y algo les llama la atención, pues se paran a mirarlo. Y pueden tomarse dos minutos para observar. Dale esos dos minutos.

Si se detienen a olfatear, a veces tardan un rato. Dale ese rato.

Y lo más importante. El ritual de saludo canino requiere de tiempo y movimientos lentos.

Cada perro del paseo es un potencial amigo y una potencial amenaza. Y para que sea lo primero, hay que ser educados y correctos en las aproximaciones.

Y eso requiere tiempo.

Y movimientos lentos y con cierta amplitud.

Muchos problemas entre perros se resolverían si en lugar de aproximarlos unos a otros de frente y a paso ligero, respetáramos esos tiempos.

El próximo encuentro que tu perro tenga con otro, detén tu particular carrera y observa. Espera a que él avance y decida hacia donde avanzar. Verás qué interesante (aunque solo funciona al 100% si el otro perro tiene libertad de tiempo y movimiento, claro).

No seas tú la que decida cuánto tiempo puede dedicar a cada instante del paseo. No le contagies tu propio estrés.

Y déjate llevar por ese «tempo» relajado

Deja de impedir que huela todo

Los perros son animales muy olfativos. Tienen una gran nariz, y les gusta usarla.

Reconocen el mundo a través de su nariz. Y para eso tienen que poder olerlo todo a su gusto.

Si eres de las que apenas le deja oler nada por prisas, deja de correr.

Y si se lo impides por miedo «a que se coma algo que le siente mal», trata de establecer un equilibrio entre el cuidado y la sobreprotección.

Porque es posible que algo le siente mal. Pero es prácticamente seguro que un perro sobreprotegido tendrá problemas serios de comportamiento.

Deja de decir su nombre a todas horas

Cuando dices su nombre para llamarle, o para echarle la bronca, o para contarle cuánto le quieres, lo «gastas».

Nadie presta atención a una persona que dice tu nombre constantemente para todo. Simplemente se convierte en un ruido de fondo.

Y tú no quieres ser un ruido de fondo, verdad?

Usa su nombre solo para conseguir su atención. Y solo si después va a pasar algo bueno.

O conseguirás que su nombre pase a significar «corre a todo lo que den tus patas lejos de mí».

Deja de usar la «correa invisible»

O de intentarlo.

Muchas personas sueltan a su perro y luego tratan de mantenerlo a su lado a base de llamarlo una y otra vez en cuanto se aleja más de 4 metros.

Porque te preocupa que le pase algo.

Por si come algo que no debe.

Por si cruza la carretera.

Por si molesta.

Porque te pones nerviosa si tu perro tiene alguna iniciativa.

Porque no te fías de él.

Pues es el camino más rápido para lograr justo lo contrario, que se aleje cada vez más.

Aquí no hay medias tintas. Suelta a tu perro en lugares seguros, en sitios donde si no te hace caso no ponga en peligro su vida o la de otros.

Y una vez suelto, a salvo, se supone, de la posibilidad de sufrir graves daños, dale espacio y margen de actuación.

Que pueda ser perro y moverse con cierta libertad.

De hecho, para eso se le suelta. Si necesitas que sea tu sombra, debes trabajar tu dependencia.

 

Y sí, también en la calle, deja de regañar, corregir, bloquear e inhibir conductas.

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

Pide cita para una vídeo-sesión estratégica gratuita conmigo y sabrás cómo te puedo ayudar a mejorar la relación con tu perro.

¿Tu perro está estresado?

«Mi perro monta piernas”

“Mi perro destroza todo lo que toca”

“Hace pis por cualquier lado”

“Parece que no se cansa nunca”

Oigo estos comentarios a menudo, y a menudo escucho también la explicación estándar para estas conductas y otras tantas: es muy dominante.

Sin embargo, a poco que te pares a pensarlo, la explicación real seguramente sea otra muy distinta: tu perro sufre de un elevado nivel de estrés que no es capaz de gestionar.

Y las conductas que presenta son solo eso, manifestaciones de estrés.

Pero, ¿qué es realmente el estrés?

Dicho de un modo sencillo, el estrés es una respuesta generada por un ser vivo para adaptarse a una exigencia (del entorno o interna).

Visto así, en sí mismo ni es bueno ni es malo.

De hecho, es algo totalmente necesario.

Si el entorno cambia y hay que adaptarse a ese cambio, la falta de respuesta (ausencia de estrés) implica una falta de adaptación.

Y eso sí que es un problema.

De hecho, desde el punto de vista fisiológico ocurren una serie de procesos químicos dentro de nuestros cuerpos cuando se activa una respuesta de estrés.

Y cuando esos procesos fallan puede sobrevenir la muerte.

Esto tiene un nombre (crisis addisoniana en la enfermedad de Addison o hipoadrenocorticismo).

Así que de entrada el estrés no solo no es malo, sino que es imprescindible para seguir vivos.

¿Y dónde está el problema?

El problema aparece cuando  la respuesta generada no es adecuada o no permite adaptarse al cambio.

O cuando la exigencia (interna o externa) no desaparece y persiste en el tiempo, a pesar de que la respuesta adaptativa es correcta.

En esos supuestos, la respuesta de estrés sigue activa en el tiempo.

Y eso empieza a producir un desgaste físico y emocional importante. Es entonces cuando aparece el estrés crónico.

El estrés será agudo si la exigencia es puntual pero demasiado elevada, y por lo tanto la respuesta del individuo no logra una buena adaptación.

En ambos casos aparecen una serie de manifestaciones conductuales (y a veces físicas) que son fácilmente visibles.

Es decir, cuando tu perro está sometido a un episodio de estrés intenso agudo, o sufre de estrés crónico, va a realizar unos comportamientos llamativos que indican que tiene un problema.

Y esos comportamientos no tienen nada que ver con la dominancia ni con las jerarquías.

Esto es importante.

Si reconoces estos comportamientos en tu perro, ya sabes que en realidad trata de adaptase a algo sin éxito.

Y lo que necesita es ayuda.

Sobre todo si la exigencia proviene del entorno donde tú le introduces o directamente viene de ti.

¿Y cuáles son esas conductas?

Las conductas asociadas a estrés agudo son las siguientes:

Movimiento constante

Dificultad para descansar (sueño ligero)

Saltar sobre la gente u otros perros

Aumento/disminución del apetito

Aumento del consumo de agua

Aumento del pis

Sudoración de almohadillas

Picores (sobre todo de oídos)

Jadeo intenso (sin calor o ejercicio asociados. Lengua ancha y con la punta doblada hacia arriba, labios contraídos hacia atrás)

Aumento de las vocalizaciones (ladra mucho, gimotea, aúlla)

Vómitos

Portar objetos en la boca de modo persistente/sujetar manos y brazos con la boca

Sacudirse con frecuencia

Problemas de concentración

Irritabilidad

Comportamientos de agresión o reacciones intensas (ladridos, embestidas, control corporal)

Y las conductas asociadas al estrés crónico son éstas:

Montas

Aumento del apetito/apetito caprichoso/escaso

Aumento del consumo de agua

Aumento del pis

Marcado con orina persistente

Dermatitis/pelo pobre/caspa/caída abundante de pelo

Gastroenteritis habituales

Hiperactividad

Ausencia de descanso (activos durante la noche)

Apatía/falta de iniciativa (pasividad, “perro muy tranquilo”)

Conductas obsesivas

Estereotipias

Mala comunicación (no responden adecuadamente a las señales de otros perros)

Mala respuesta a la obediencia

Problemas de aprendizaje

Sacudir todo el cuerpo frecuentemente

Temblores

Conductas de agresión o reactividad

 

Como verás, algunas son propias de uno de los dos estados, y otras son comunes a ambos.

Aunque en realidad no se puede trazar una frontera nítida entre estrés agudo y crónico, no hay un momento preciso en el que se pasa de un estadio a otro, por lo que las manifestaciones pueden empezar a mezclarse en cualquier momento.

¡Ojo!, que tu perro de vez en cuando realice algunas de las conductas de la lista no es preocupante. De hecho muchas de ellas, de modo aislado, no tienen ninguna relevancia y son totalmente normales.

Puede rascarse porque le ha picado una pulga. O puede lanzarse a por otro perro porque le han atacado. O marcar insistentemente con orina porque está en celo (tanto el macho como la hembra).

Hay que interpretar las señales en un contexto, observar varias, y sobre todo, valorar si son muchas señales a la vez o son persistentes en el tiempo.

Es normal morderse las uñas o dar golpecitos con el pie mientras haces un examen. Estás estresado.

Pero esas conductas desaparecen al salir de la sala de exámenes. Situación resuelta.

Si te comes las uñas constantemente y siempre que estás sentado das golpecitos con el pie en el suelo, entonces seguramente tengas un problema.

En cualquier caso, para resolver estas conductas lo primero es asimilar cuál es la causa.

Lo segundo, determinar qué elementos pueden estar generando esa mala respuesta de estrés en tu perro.

Y lo último, empezar a cambiar el entorno, el manejo y a ti misma para que tu perro pueda relajarse y cambiar su comportamiento.

En muchos casos puede ser necesario visitar al veterinario, ya que a menudo una exigencia interna está produciendo el problema.

¿Qué puede causar estrés externo en tu perro?

Cada perro es un mundo, y al igual que en las personas una determinada situación  no genera la misma reacción, en perros tampoco.

Hay personas para las que hablar en público sería el fin del mundo, y les llevaría a sufrir un estrés muy intenso que puede desembocar en un ataque de pánico.

Y hay otras que disfrutan enormemente hablando frente a otros.

Sin embargo hay situaciones comunes que a muchas personas les genera problemas.

Hablar en público es algo que produce nerviosismo a muchos seres humanos.

Por lo tanto, hay muchos momentos que pueden generar estrés importante en muchos perros, así que haré una lista para que intentes valorar si estas situaciones se dan habitualmente en el entorno de tu perro, y en función de su actitud y comunicación corporal determines si son un problema para tu perro o no.

Y a partir de ahí ya tienes un buen punto de partida para empezar a trabajar.

Causas frecuentes de estrés en perros

Gritos

Ruidos intensos y repentinos (cohetes, disparos, tormentas)

Sentirse amenazado (regaños, castigos)

Molestias/interrupciones durante el descanso

Herramientas aversivas (collares de pinchos, ahorque, eléctricos, etc.)

Paseos inadecuados (muy rápidos, muy cortos, con correa tensa/corta, con correcciones constantes, sin poder oler nada)

Parques caninos

Juegos muy intensos y repetitivos (lanzamiento de objetos)

Jaulas/encierro/aislamiento

Desnutrición/Malnutrición

Comunicación fallida (no recibir respuesta a la comunicación corporal)

Las prisas/movimientos bruscos

Niños

La soledad

Restricción de movimientos (no poder nunca correr o moverse con libertad)

Estrés/ansiedad/miedos en la persona de referencia

Control constante

¿Qué puede causar estrés interno en perros?

La exigencia a la que tu perro no logra adaptarse puede provenir de su interior.

Y esto es más frecuente de lo que imaginas.

Crees que tu perro está bien, que está sano porque come y se le ve contento.

Y con eso descartas cualquier enfermedad.

Pero lo que no sabes es que hay enfermedades de evolución lenta, que avanzan durante meses o años antes de dar síntomas claros de que están ahí.

Y que hay enfermedades cuyos síntomas son precisamente las conductas alteradas, y nada más.

O hay algo más, pero era tan sutil que no te has dado cuenta hasta que no has tratado a tu perro, y de repente ha dejado de hacer ciertas cosas que antes hacía y no sabías porqué (pero no le dabas importancia)

O lo ha hecho toda la vida, y por lo tanto has pensado que era normal, algo particular de tu perro, y no un indicador de enfermedad.

Por lo tanto no descartes esta opción sin valorarla a fondo.

En principio, cualquier alteración orgánica y cualquier problema que produzca dolor de modo continuado en el tiempo va  generar conductas asociadas a estrés.

Pero hay problemas que destacan por su frecuencia de presentación.

Son las siguientes:

– Alteraciones articulares

Displasia de cadera o de codo en perros jóvenes. Compresiones/hernias de disco en perros mayores o ciertas razas predispuestas. Luxaciones de rótula en perros jóvenes y razas predispuestas. Rotura de ligamentos de la rodilla en perros mayores.

– Alteraciones dentarias

Roturas de piezas, piezas que encajen mal, periodontitis en perros mayores y razas predispuestas, gingivitis.

– Alteraciones oculares

Entropion en razas predispuestas, pestañas ectópicas (que rozan el ojo), glaucoma en perros mayores o razas predispuestas, patologías de la retina en razas predispuestas y ciertas enfermedades.

– Alteraciones neurológicas

Enfermedades degenerativas, secuela de traumatismos craneales, epilepsia, hidrocefalia, tumores.

– Alteraciones hormonales

De tiroides (por defecto) y de las adrenales (por defecto y por exceso, en perros jóvenes y mayores respectivamente).

– Alteraciones auriculares

Patologías que afecten al oído (producen dolor) o sordera en perros mayores o razas predispuestas.

Y por supuesto, cualquier enfermedad que afecte a uno o varios órganos y sea crónica, como un fallo renal, hepático, cardíaco, etc. va a suponer una exigencia interna importante, y puede dar señales de estrés antes de evidenciar síntomas claros.

¿Qué te parece?

¿Reconoces las señales que te he relatado en tu propio perro?

¿A qué crees que pueden deberse?

Cuéntalo en los comentarios

 

 

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Mi perro tira de la correa, ¿qué hago?

Cuando sales a la calle con tu perro, todo son fiestas y alegría.

Le pones su arnés o collar, le colocas la correa, él salta y da vueltas y gimotea, tú vas contenta porque le ves feliz…… y en cuanto pone una pata en la calle, vuelve a las andadas.

Te lleva remolque por la acera como si fueras un carrito.

Tira y tira, a veces hasta se ahoga y tose, pero solo se toma un respiro para volver a recibir aire y luego a la carga de nuevo. Sigue tirando.

Si tu amigo pesa dos kilos, puede parecer hasta mono (dominante, lo clasificarían algunos).

Pero si pasa de los diez, es bastante incómodo.

Y si anda por los treinta kilos, es directamente peligroso.

Además de generar problemas físicos (las repetidas tensiones sobre un hombro terminan produciendo tendinitis en esa zona), esa alegría con la que salías de casa se ha esfumado.

Ahora solo hay estrés y molestias.

Te sientes zarandeada  y ninguneada.

No importa lo que digas o hagas, tu perro se concentra solo en tirar de ti.

Y como esa situación repetida día tras día se vuelve cada vez más frustrante y molesta, terminas por elegir entre dos opciones:

– Los paseos son cada vez más cortos. Como no soportas lo que ocurre en ellos, de modo inconsciente los vas espaciando cada vez más o acortando cada vez más, según si vives en una casa con jardín o en un piso.

– Cortas el problema de raíz, o lo intentas, poniéndole a tu amigo algún popular dispositivo que promete que tu perro dejará de tirar desde el minuto uno, sin esfuerzo ni comprensión ninguna por tu parte. A menudo te han asegurado que ese dispositivo no le hace daño, porque a ti eso te preocupa, no quieres que tu mejor amigo sufra.

Te han dicho lo que querías oír y te han prometido lo que querías conseguir, y por lo tanto lo has hecho.

En el primer supuesto, tu perro empezará a manifestar problemas derivados del aislamiento y el aburrimiento.

Con jardín o sin él, es necesario salir a ver el mundo y relacionarse con otros seres vivos.

Y esos problemas serán tan molestos o más que los creados por la tensión de la correa.

En el segundo supuesto pueden darse dos situaciones:

– Has conseguido tu objetivo, y tu perro ya no tira.

Enhorabuena.

Pero ten muy claro que si has usado un collar de pinchos o corredero o eléctrico o con cuerdas que aprietan y se desplazan cuando el perro tira, y lo has logrado, es porque esos dispositivos le están haciendo daño y  provocando miedo.

Y por eso ha funcionado.

Puede que estés satisfecha, o puede que empieces a notar algunos cambios de conducta (a peor) en tu perro, como que está más irritable (o directamente agrede) a otros perros, o que ladra por todo, o que no quiere salir a la calle, o que cuando le sueltas se aleja de ti todo lo que puede.

Son los efectos colaterales de esas herramientas.

Conseguiste lo que querías, pero había que pagar un precio.

Y si no ha funcionado, que es lo más habitual, entonces estás como antes.

O puede que peor, porque a menos que lo retires, esa herramienta que llevas sigue teniendo efectos colaterales.

Con lo que tu perro, además de tirar, va a añadir comportamientos conflictivos e incluso de agresión a su repertorio.

Sí, ese collar que parece no estar haciendo nada, en realidad sí que hace algo, aunque no lo que te habían prometido.

“¿Y qué hago entonces? Porque así no podemos seguir”.

Totalmente de acuerdo.

Si un perro tira de modo constante durante el paseo, ni él es feliz, ni tú puedes disfrutar plenamente de su compañía.

Por desgracia, contradiciendo a los que te venden herramientas mágicas, no hay un consejo simple que pueda darte para resolver este problema.

Porque no necesitas consejos, necesitas una solución.

Y esa solución va a exigir esfuerzo y dedicación por tu parte. No hay atajos ni respuestas estándar “vale para todos”.

Si quieres conseguir que tu perro deje de tirar de la correa, debes empezar por la base.

INCISO: si tu perro tira OCASIONALMENTE de la correa, en momentos puntuales y claramente identificados, podemos considerarlo algo totalmente normal.

La correa es un elemento de restricción, y si en un momento concreto, tu perro, como ser vivo y con emociones y sentimientos que es, se excita o altera o enfada por algo, es muy posible que trate de moverse bruscamente hacia delante (o hacia atrás), y la correa se lo impide, por lo que la tensará.

En ese supuesto, tienes que valorar si merece la pena trabajar el estímulo que tanto le altera para que pueda permanecer razonablemente calmado cuando aparezca (y por lo tanto los tirones bruscos desaparecerán o disminuirán de intensidad y frecuencia), o por el contrario, basta con alejarse de ese estímulo.

Te pongo un ejemplo. Uno de mis perros se lanza a por los gatos.

Yo he optado por evitar a los gatos. Puedo dar la vuelta o cambiar de acera, o incluso acercarme yo sola al gato y alejarlo.

Con eso me basta.

A otras personas puede que no y entonces habrá que trabajar la presencia de ese estímulo.

Pero no encuadramos esa conducta como “perro que tira”, por lo que todo lo que viene a continuación no sería aplicable.

 

Ahora sí, vamos al meollo del asunto.

El primer paso que debes seguir para modificar el hecho de que tu perro tira de la correa es preguntarte porqué lo hace.

Las herramientas mágicas no preguntan porqués. Solo atacan la consecuencia.

Por eso a menudo fallan.

Si yo grito como una loca cuando se me acerca una avispa, que me amordaces evitará que grite.

Pero sigo estando fatal cuando se me acerca una avispa.

Así que seguiré haciendo ruido (o intentándolo), o lo más probable, empezaré a desarrollar otras conductas aun peores en presencia de avispas, como dar manotazos a mi alrededor (sin conocimiento), subirme a los muebles (o meterme debajo de ellos), o salir corriendo en cualquier dirección si estoy en un espacio abierto.

Desde luego no me quedaré tan tranquila con la mordaza puesta. Aunque seguramente ya no se me oiga gritar.

Así que si determinas la razón (o razones) por la que tu perro tensa tanto la correa, tendrás la clave sobre la que trabajar para que deje de hacerlo.

Sin herramientas mágicas. Sin dolor ni miedo. Eso sí, con esfuerzo, constancia, y a veces mucha paciencia.

Vamos al grano.

¿Por qué tiran los perros de la correa?

La respuesta corta a porqué los perros tiran de la correa es “porque les funciona”.

Si lo hacen y consiguen algo que les ayuda o que desean conseguir, funciona. Y por lo tanto seguirán haciéndolo una y otra vez.

Así que tu primer trabajo es observar.

Tómate tu tiempo, y observa varios días. ¿Qué consigue tu perro cuando tira?.

El matiz que debes valorar después es si le funciona a nivel “consciente”, es decir, es un aprendizaje, o si funciona a nivel “inconsciente”, o sea, logra algo que necesita lograr pero no lo ha “razonado”.

Me explico.

Un perro puede tirar porque así llega antes a jugar con sus amigos.

Eso lo ha aprendido, y al ceder y “seguirle” se lo has reforzado. Le funciona, y lo hará cada vez con más fuerza.

O puede tirar porque intenta huir de un estímulo externo que le da miedo, y en la calle se siente muy inseguro.

Si tira irás más rápido, y si se va más rápido se llega antes a casa.

No lo ha razonado ni aprendido, pero le funciona: está menos tiempo expuesto al estímulo que le atemoriza.

Una vez hecha esta diferenciación, paso a enumerarte las causas más frecuentes por las que a un perro le funciona el tirar de la correa:

Exceso de energía física

 

Es difícil evaluar cuándo de verdad un perro tiene un exceso de energía física. Sea de la raza que sea.

Está claro que si sale cuando hace buen tiempo, cuando tienes tiempo o ganas, o los domingos, entonces seguramente sí, hay un exceso de energía física (por mucho terreno que tenga “para él solo” el resto del tiempo).

Pero si le sacas dos o tres veces al día, al menos media hora cada vez, y le permites un rato ir suelto en una zona segura para que él decida si quiere correr a lo loco o prefiere olfatear matorrales, entonces posiblemente no haya un exceso de energía.

Sea de la raza que sea.

Si crees que este es el problema, y le sacas el tiempo mínimo necesario y las veces mínimas necesarias, entonces probablemente sea el modo en que paseas o lo que haces durante el paseo lo que le deja “a medias”.

No te apalanques en el parque para perros (eso lejos de cansar, excita y altera, y un perro excitado es un perro que tira). Incluye juegos de nariz en cada paseo.

Trata de variar las rutas y camina al ritmo que él marque.

Con eso debería bastar para mantenerle cansado (que no agotado) y satisfecho, y por lo tanto no necesitará tirar.

Exceso de energía “mental” (excitado/hiperactivo)

 

A lo mejor te han dicho que tu tipo de perro es muy inteligente y muy activo, y necesita que le metas caña para cansarlo.

Que tiene que hacer agility, salir con la bici, perseguir la pelota, lanzarle un frisbi dieciocho mil veces y enseñarle mil trucos de obediencia.

Porque si no no se cansa y será hiperactivo.

Y lo haces. Pero aun así parece hiperactivo. Nunca se cansa y tira de la correa constantemente.

Pues es hora de dejar de hacer cosas.

Si tu perro realizar actividades activadoras a todas horas, estará activo a todas horas.

Y un perro activo seguramente tire de la correa, porque le impide estar activo.

No está mal que haga agility o persiga un rato la pelota.

Es el modo en que se hace, o la duración e intensidad de estas actividades, lo que trastorna a cualquiera, sube mucho el estrés, y desemboca en problemas diversos, entre ellos tirar de la correa.

Piensa que el paseo es una actividad en sí misma, si se hace variado y enriquecido, ya es un gran estimulante mental. Y puedes plantearle a tu perro en casa actividades mentales que mantengan despierta su inteligencia, y que le relajen.

No le hiperestimules pensando que así estará más tranquilo o será más feliz.

Precisamente es su actitud la que te dice que le sobran estímulos. Se pueden hacer cosas inteligentes sin estar recibiendo estimulación constante, 🙂

Así no tirará de la correa.

 Atajar para llegar antes a un sitio concreto

 

Éste es un problema muy común.

Has enseñado a tu perro (sin darte cuenta), que el paseo consiste en ir deprisa durante quince minutos a un parque canino estupendo que hay por tu zona, donde puedes soltarle, estará con sus amiguetes, podrá jugar durante una hora, correr a lo loco, y a lo mejor perseguir alguna ardilla.

Y cavar hoyos, recoger algún trozo de comida, correr por la valla ladrando a los perros que llegan, discutir un poco por lo bajo con alguno que le cae mal, perseguir alguna pelota ajena, pegarse un rato a la que reparte galletas sin conocimiento…..

Vamos, todo diversión.

Y tú entre tanto, relajada y tranquila porque es un sitio seguro donde tu amigo se lo pasa estupendamente.

Te sientas una hora con otros dueños, charlas un rato, y para casa.

Llega super relajado.

Pero el trayecto de ida es un tormento. Porque te arrastra como una locomotora.

Por si no lo has notado tras la descripción anterior, se lo has enseñado tú.

El tramo entre tu casa y el parque es un mero trámite, y cuanto más corto sea mejor. Y la correa impide que sea corto, tiene que tirar para ir rápido.

Además, seguramente tú le has llevado rápido desde el primer día, deseando soltarlo para que juegue, corra y socialice (y llegue cansado a casa).

Si quieres resolver esto, tendrás que enseñarle otra cosa.

Y es posible que te cueste bastante, si lleva haciéndolo mucho tiempo.

Cambiar un hábito es duro.

Tendrás que prescindir del parque canino en algunos paseos, planteando otros recorridos.

Y no quedarte en el mencionado parque una hora, sino solo un rato (diez o quince minutos, por ejemplo), y luego continuar paseando por otros sitios.

Cambia de recorrido y conoce otros sitios.

Sí, aunque tenga que ir atado.

Camina despacio y convierte el camino en sí mismo en el objetivo. No hay meta ni prisa por llegar a ningún sitio.

Si fuera del parque pasan también cosas interesantes, y hay opciones además del parque, llegar a ese parque ya no será algo tan acuciante. Menos tensión en la correa.

Huir de estímulos externos que le asustan

 

Este problema es muy común. Y muy complicado de manejar.

Este tipo de perros se reconoce porque tiran mucho, tanto a la ida como a la vuelta del paseo.

Si te fijas, es posible que a la vuelta tiren aun más.

Quieren volver a casa lo antes posible. En casa se sienten seguros, en la calle no.

Ellos huirían, de hecho es lo que hacen, pero la correa se lo impide, así que la llevan siempre tensa.

Además, son perros que si les llevas un día a un paseo de campo, en sitio totalmente rural, aislado y desierto, cambian de conducta. Y prácticamente no tiran.

Están intentando escapar de los estímulos urbanos. De todos.

Y tú se lo impides.

Para corregir esta situación, tienes un gran trabajo por delante. Porque aquí sí es muy claro que el tirar de la correa es uno de tantos síntomas.

Hay que trabajar ese miedo generalizado, desde casa hacia el exterior.

Es posible que tengas que tomarte unas “vacaciones de paseo” mientras trabajas otros aspectos de la relación.

O que tengas que salir de casa al coche, y del coche al campo, para darle una tregua de estímulos mientras trabajas otras cuestiones.

Posiblemente te lleve meses, y es necesario seguir un plan definido y claro, con objetivos concretos y graduales.

O sea, que necesitas ayuda profesional.

En cuanto mejore el miedo generalizado, bajará la tensión de la correa.

Porque ya no tendrá tanta urgencia por huir de todo.

Huir de otros perros/personas

 

Es una variante de la situación anterior, pero más focalizada.

Hay perros que tienen miedo de otros perros y/o de las personas desconocidas, y en un entorno urbano ven bastante de todo eso, y a menudo perros y personas les invaden el espacio constantemente, por lo que intentan huir.

Con el tiempo intentan huir anticipando esa invasión, y si hay personas y perros por todos lados, tiran de la correa constantemente tratando de evitar esa invasión.

No es tan complicado como el caso anterior, pero se trabaja igual.

Con paciencia, objetivos, gradualmente, y seguramente con ayuda profesional.

Alejarse de un estímulo interno que le da miedo (dolor)

 

Lo sé, suena muy raro, pero ocurre bastante, el  perro no está razonando, está intentando hacer algo.

Muchos perros tienen problemas físicos que les producen dolor. Puede ser una cuestión articular, o una enfermedad hormonal, por ejemplo.

Y no se quejan. De hecho en general hacen vida (casi) normal.

Pero el dolor crónico les lleva a querer moverse mucho y deprisa. O a no querer moverse en absoluto.

En el primer caso, el cuerpo produce endorfinas que les ayudan a sobrellevar el dolor.

En el segundo, bueno, es obvio, si a tu perro le duele si se mueve, intenta no moverse, y te empeñas en que caminen, así que tira para ir lo más rápido posible y terminar antes.

No descartes esta opción porque nunca le hayas visto cojo ni quejándose. El dolor crónico no se manifiesta del modo que esperamos que se manifieste el dolor.

En estos casos si manejamos bien el dolor, o cambiamos el modo de paseo (más breves, con más nariz y menos movimiento), la tensión de la correa desaparecerá.

Exceso de ejercicio físico (dolor)

 

Este supuesto entronca con el anterior.

Si un perro con un problema físico (por ejemplo una displasia) es sometido a ejercicio físico intenso para cansarle o porque es de la raza X “y tiene que hacer ejercicio”, el dolor aumenta notablemente de intensidad.

Y de nuevo, para calmar ese dolor, avanzar más deprisa produce endorfinas, que mitiga el dolor.

Y entramos en un círculo vicioso: cuanto más anda más le duele, y entonces más anda.

Y para eso hay que tirar de la correa, incansablemente.

Exceso de estímulos externos

 

Los entornos urbanos cuentan con una elevada cantidad de estímulos olfativos, visuales, auditivos y a veces táctiles.

Esa gran cantidad de estímulos pueden provocar la huida de tu perro porque no se ve capaz (o no le apetece) gestionarlos todos, y por lo tanto tirará de la correa para volver a casa.

O le excitará y alterará porque intenta abarcarlos todos a la vez en el menor tiempo posible, y entonces te arrastrará con entusiasmo de un estímulo a otro, como un niño que va de una atracción a otra en el parque sin apenas pararse a disfrutar de ninguna.

Lógicamente no se trabaja igual un caso que otro, porque en realidad son opuestos.

En uno hay que rebajar miedos o exponer a entornos menos estimulantes (cambia el sitio de paseo, o las horas).

En otro hay que rebajar estrés y transmitir a tu perro que puede llegar a todo, pero no necesariamente en media hora, y que es más agradable detenerse en cada estímulo que tratar de captarlos todos en un instante.

Estrés crónico

 

Éste es uno de los problemas más comunes del perro urbano del siglo XXI.

Por diversas razones el nivel de estrés de nuestros perros está a menudo muy por encima de lo que pueden gestionar.

Y se produce una interesante reacción química: las hormonas liberadas para tratar de manejar ese estrés incitan al movimiento, y es difícil moverse constantemente si se sujetan con una cuerda.

Por lo tanto tendrás que aplicar un protocolo de reducción de estrés, en la calle y en casa.

Y como por arte de magia, la tensión de la correa desaparecerá.

Alejarse de ti

Ésta es dura de encajar, pero pasa. Bastante, además.

Si tratas a tu perro como a un soldado, y le das órdenes constantemente.

Si intentas controlar cada uno de sus movimientos.

Si bloqueas cada conducta que no te parece adecuada (o sea, casi todas).

Si le gritas a menudo.

Si te enfadas por todo o intentas educarle mediante castigos.

Tu perro intenta alejarse de ti.

Y la correa se lo impide. Por lo tanto, la tensa.

Si crees que éste es tu caso, te toca hacer autocrítica y empezar a cambiar. De perspectiva, de modo de educar, de prioridades, incluso puede que de emociones.

Porque tu perro tiene que pensar que a tu lado es el mejor sitio del mundo, y si ahora mismo no lo piensa, es que hay mucho que cambiar.

Huir del miedo/dolor que le producen las herramientas “mágicas”

 

Sí, hay perros que tiran aun más cuando llevan un collar corredero o de pinchos.

Qué ironía, no?.

Se relaciona con uno de los supuestos que veíamos más arriba: huir de una situación dolorosa.

Si tu perro lleva un lazo al cuello, y eso hace que sienta dolor y  miedo, intenta alejarse de eso tirando.

No piensa, solo actúa. El argumento “pues si deja de tirar ya no le dolerá” necesita razonamientos.  Y no puede razonar, porque el miedo y el dolor se lo impiden.

También puede que como el paseo le resulta tremendamente desagradable o directamente insoportable, tira para llegar a casa lo antes posible.

Aquí si hay solución “mágica”: elimina esa herramienta y ponle un arnés cómodo. Evita los de diseño noruego, que impiden una movilidad adecuada de la espalda. Y problema resuelto.

Correa demasiado corta

Igual suena de Perogrullo, pero si la correa es corta, cada vez que tu perro dé un paso y no esté sincronizado contigo, tensará automáticamente la correa.

Aquí también hay una herramienta “mágica”: una correa bien larga.

Hay perros que sí dejan de tirar con una correa de tres metros, sin ningún otro esfuerzo por tu parte, siempre que camines despacio y le dejes pararse y zigzaguear a su antojo.

Si pensabas que el modo adecuado de pasear al perro es que éste se coloque pegado a tu pierna y permanezca ahí durante una hora, como si fuera una sombra, tienes un concepto equivocado.

Puede conseguirse, por supuesto, pero exige mucho esfuerzo, sobre todo para el perro, y arruina la finalidad y beneficios del paseo, por lo que no tiene sentido esforzarse tanto para eso.

Es más rentable para los dos “darle cuerda” y adaptarte tú a sus movimientos, que exigirle a él que se adapte a los tuyos.

En todo caso la elección es tuya.

 

Y con esto termino, no están todas, pero sí las más habituales y destacadas.

Si encuentras cuál (o cuáles) es la razón que hace que tu perro tire y tire sin parar, y empiezas a trabajar sobre esa razón, en lugar de sobre el hecho de tirar en sí, en muy poco tiempo (en algunos casos) o en algunas semanas (en otros) corregirás ese problema de modo amable y respetuoso.

Y podrás disfrutar de muchos años de agradables paseos con tu amigo.

¿No crees que la “inversión” merece la pena?

 

 

 

 

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