Aquí se supone que debo contarte mi expediente académico.

Mis muchos años de estudio.

Mis títulos.

Mis doscientos años de experiencia.

Debería hablar de mis triunfos, de mis éxitos, de mi buen hacer y mi capacidad para generar milagros.

Pero igual te aburres, yo, yo, yo, solo yo.

Aunque claro, la página se llama “Conóceme”.

Pues ahí voy.

Muy breve.

Licenciada en Medicina Veterinaria. Currando 20 años como veterinaria. Post grado en Etología clínica y modificación de conducta. Currando 10 años como etóloga. Y entre medias un montón de cursos, seminarios, congresos y conferencias sobre perros y lo que hacen cuando no se les deja ser perros.

Listo.

¿Sigues ahí?

Bien.

Pues enfocaré esto de otra manera.

Convivo con perros desde hace 25 años.

Huskies siberianos, sobre todo, pero también otros.

Fíjate en que no digo que tengo perros desde hace 25 años.

No.

Convivo con ellos.

Porque si tienes perros a menudo  no sabes nada de perros.

Yo tengo coche y apenas sé nada de coches.

También tengo un violín y aunque me esfuerzo y lo froto a menudo, toco de pena.

El roce hace el cariño, pero no genera conocimiento.

La convivencia, si te la tomas en serio, sí.

Así que aprendo de mis perros.

Mucho.

No diré “todo lo que sé” porque la enseñanza humana es imprescindible.

Pero sobre el papel no sirve.

El mundo real tiene la mala costumbre de no dejarse encasillar.

Esto no viene en los libros” es una frase muy válida en la convivencia con perros.

Son muchos años aprendiendo.

Quizá no soy una buena alumna.

Mis sesgos y mi cultura me boicotean.

Pero el camino ha sido muy bonito.

Siempre me han acompañado.

Por muy torpe, lenta, emocional, trágica, colérica o desesperada que estuviese, estaban ahí.

Y los perros me enseñaron a escuchar al otro.

A tratar de ponerme en su lugar.

A no juzgar.

(Esto aun no lo he integrado muy bien, me esfuerzo, pero con los que no van a 4 patas me cuesta lo mío)

A entender la importancia de las emociones.

A ver que todo está conectado (sin entrar en detalles místicos ni en planetas alineados).

A observar.

Observar y escuchar, son piezas fundamentales.

Y lo más importante, la lección que más me ha impactado y cambiado mi vida: me han enseñado a dar sin exigir ni esperar nada a cambio.

Cuando entiendes e integras eso, la relación con cualquier perro se hace mucho más sencilla.

Y es que al final va de eso, de convivencia.

No va de adiestramiento.

Ni de educación.

Ni de “portarse bien” o “ser obediente” o “ser bueno”

Va de compartir y entendernos, de escuchar y dar.

De ayudar al otro y acompañarle.

Y eso es lo que le enseño a otras personas.

Es más rápido que si tienen que esperar a aprenderlo de su perro.

Y te lo puedo enseñar a ti, si quieres.

Ah. También me encanta el bricolaje, los caballos (tengo uno), los gatos (no tengo ninguno por su propio bien) y leer.

Y bueno. Me encanta dormir, pero no sé si eso es algo que debiera ir contando por ahí.

Upps. Ya lo he contado.

Hale. Ya me conoces un poco mejor, 🙂

Ah, me olvidaba.

He escrito algunos libros. Sobre perros, claro.

Puedes verlos aquí, por si te interesan.

También tengo un blog que lo mismo te apetece leer.

Y tengo un servicio de suscripción gratuito donde mando un email diario a quienes se apuntan, contando un poco lo que se me antoja.

Que como no podía ser de otra manera, está relacionado con perros. 

Si te apuntas, hay regalo de bienvenida.

Un recetario para preparar los mejores cócteles para tus fiestas.

JA JA JA JA JA.

Que va.

Es un ebook para que empieces a entender a tu perro y reduzcas roces en la convivencia.

 

Que seguro que hay cositas que pulir entre tu perro y tú.

Y ahora sí, es todo.

Espero que te pases por aquí a menudo.

Un abrazo,

Irene

Fundadora de Comunicación y Respeto