“El que estando enfadado impone un castigo no corrige, se venga” (M. de Montaigne)

El castigo es una herramienta habitual en la educación en nuestra sociedad.

Lo aplicamos con nuestras mascotas, con nuestros hijos, con nuestros familiares y amigos. Un enfado, una llamada seria de atención, a veces una agresión física más o menos intensa…..

Buscamos con ello modificar una conducta que el otro realiza y nos resulta molesta o inaceptable.

¿Por qué no debes castigar a tu perro?

El castigo está tan integrado en la sociedad que si no lo ejerces ante una acción inadecuada de tu niño o tu perro en público, poco menos que eres una mala persona.

TIENES que corregir esa conducta, no se pueden consentir ciertos comportamientos.

Y así, repetimos el ciclo que hemos vivido en nuestra infancia sin pararnos a pensar más en el asunto.

¿Para qué sirve un castigo?

El problema es que rara vez funciona.

En el castigo intervienen muchos factores que hacen que se perpetúe a pesar de su escasa eficacia, y que impiden a menudo que la persona que lo aplica sea consciente de sus consecuencias, que sí tiene, y son muy negativas.

Lo primero sería definir lo que la mayoría de la gente suele entender por castigo.

En general, aceptamos como tal una acción punitiva, en forma verbal o física, encaminada a evitar que el individuo que recibe el castigo repita la conducta que ha desencadenado dicho castigo.

Así para castigar a un perro puedes gritar, puedes mirarle fijamente con expresión de enfado mientras avanzas a toda velocidad hacia él con movimientos amenazadores, puedes dar tirones de la correa, puedes zarandearle, darle una colleja, un manotazo en el hocico, un “toque” en el cuello, una “patadita”, un empujón, golpearle con un objeto como una zapatilla o un periódico enrollado,  o puedes electrocutarle.

La consecuencia inmediata es el cese de la conducta indeseada. Esa es la finalidad hipotética de un castigo: interrumpir una conducta y desalentar su repetición en el futuro.

Y esa es la primera gran piedra en el camino. Aparentemente, funciona.

El perro ya no hace eso que no te gusta.

Pero ese cese es solo momentáneo.

Bien por el susto, bien por el miedo y/o el dolor provocado por el castigo, la conducta cesa.

Esa conducta y cualquier otra, en realidad. Con el castigo se coloca al perro en una situación de conflicto emocional cuya resolución considera prioritaria, y por lo tanto se detiene para valorar qué hacer a continuación.

El castigo se perpetúa a sí mismo

Pero dado que nuestros mecanismos de aprendizaje funcionan exactamente igual que los del perro, para el castigador esa detención momentánea de la conducta inadecuada funciona como un premio.

Y como la conducta de aplicar un castigo ha funcionado, las leyes del aprendizaje empiezan a actuar. Por lo que el castigo, como todo lo que funciona, se repetirá con más frecuencia en el futuro.

Si en el futuro deja de funcionar, la aplicación del castigo no se desvanece. No se opta por un “plan B”.

Se opta por incrementar la intensidad del castigo para tratar de lograr el resultado de la primera vez. El ejemplo más objetivo es el collar eléctrico: tiene grados. Si en el 3 deja de funcionar, prueba en el 4, o el 5, o el 8…..

Igual que el perro que ladra y ladra sin descanso para que le tiren la pelota, porque ladrar funcionó una vez para que le tirasen la pelota. El humano castiga con más intensidad para intentar conseguir lo que logró la primera vez.

Y entonces se entra en una espiral en la que se castiga por todo porque momentáneamente funciona, porque no se ha pensado en otras alternativas, y porque socialmente es lo correcto.

Pero el castigo tiene otros efectos, esta vez a medio o largo plazo, y todos ellos son negativos (continua leyendo aquí). 

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Irene

¡Hola!, me presento, soy la fundadora de Comunicación y Respeto, sitio donde comparto contigo estrategias, ideas, ayudas y herramientas que funcionan para que puedas conseguir un vínculo especial con tu perro y disfrutar al 100% de su compañía. Si hay comportamientos de tu perro que no entiendes o situaciones que te preocupan, apúntate al blog y recibe gratuitamente tu guía "Cómo mejorar la convivencia con tu perro en diez sencillos pasos".
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