Solución fácil/solución difícil

 

 

Imagina esta situación.

 

Has tocado fondo en tu vida y deseas cambiar.

 

Pesas más de cien kilos, trabajas frente a una pantalla haciendo algo que no te gusta diez horas al día, y tu vida social es más bien escasa.

 

Y te pasas el día pensando en comida.

 

Hace unos años tu situación era bien distinta.

 

Tu peso era el ideal, trabajabas en una empresa de jardinería, al aire libre y realizando una actividad que disfrutabas, y en general estabas satisfecho con tu vida.

 

Pero tuviste un tropiezo emocional. O una situación un tanto traumática que no has terminado de superar.

 

Te volcaste en la comida porque te hace sentirte mejor.

 

Claro que entonces ganaste peso. Cada vez más.

 

Y tu empresa te despidió porque eras incapaz de rendir adecuadamente.

 

Eso te deprimió, por lo que dejaste algo de lado tus amistades y te pasabas el tiempo en casa viendo la tele.

 

Conseguiste otro trabajo, aunque no te llena en absoluto.

 

Una mañana te levantas y decides que ya está bien. Es hora de cambiar. No piensas seguir con esta vida ni un minuto más.

 

Y piensas que el primer paso es perder peso.

 

La primera idea que se te ocurre es buscar ayuda vía Internet.

 

Internet tiene la respuesta para todo, ¿por qué no para tu problema?.

 

Peso ciento doce kilos, y me siento fatal y odio mi vida, pero he decidido cambiar, y me gustaría recibir algún consejo para poder perder peso y sentirme  mejor conmigo mismo, ¿qué me recomendáis?”.

 

La respuesta más popular es “come menos y haz más ejercicio”.

 

Vaya.

 

No  necesitabas consultar a nadie para recibir ese consejo, no?.

 

Es un tanto obvio.

 

Pero irónicamente sabes que no va a funcionar.

 

Bueno, sí, funcionaría si fueras capaz de llevarlo a cabo. Pero no podrás, y lo sabes.

 

Te faltan directrices en cuanto al tema de la alimentación y en el asunto de hacer ejercicio (a duras penas puedes ponerte los zapatos sin que te falte el aire).

 

Y te falta lo más importante: motivación.

 

Porque tu problema no es tan sencillo como lo has puesto, y por lo tanto la solución no puede ser tan simple como te han dicho.

 

Seguramente sea cierto, si comes menos y haces ejercicio, adelgazarás.

 

Pero eso ya lo intentaste, sin éxito.

 

Y es que en tu caso el exceso de peso es un síntoma de otro problema, de un conflicto emocional o como queramos llamarlo. Es una consecuencia.

 

Si no resuelves la causa del problema, no lograrás controlar la consecuencia.

 

Cuando hablamos de problemas de comportamiento en perros nos encontramos a menudo con un panorama similar.

 

Muchos cuidadores intentan contar en pocas líneas qué es lo que les preocupa y luego piden una solución.

 

Si obtienen respuesta, suele ser algo sencillo de aplicar que por lo general no funciona.

 

Y esto ocurre porque están planteando mal la situación.

 

Ese problema que explican suele ser solo el que más les afecta, pero su perro manifiesta muchas más conductas que han dejado en un segundo plano.

 

Y todas esas conductas suelen ser una consecuencia de algo, no la causa.

 

Intentar corregir una de ellas con una solución simplista a menudo conduce al fracaso y la frustración.

 

Por lo tanto, el primer consejo que se le puede dar a una persona cuyo perro manifiesta algún problema de conducta, es “distánciate de la situación, echa un vistazo global a la vida y conducta de tu perro, intenta ser menos emocional y piensa: ¿por qué tiene estas conductas?, ¿cuál puede ser la causa de que se comporte de este modo?”.

 

Así ya tienes un punto de partida diferente; en lugar de pedir consejo sobre cómo hacer que tu perro no presente determinada conducta, puedes buscar razones por las que tu perro presenta la mencionada conducta.

 

Habrá unas cuantas, pero seguramente alguna se ajuste mejor a tus circunstancias que el resto.

 

Si la persona que hemos imaginado al principio piensa en ello, es posible que identifique un detonante que le llevó a comer demasiado.

 

Si le sigue dando vueltas, tal vez descubra algunas “maniobras” de su cerebro, o rasgos de su personalidad que le llevan a boicotearse a sí mismo.

 

Y si profundiza aun más, seguramente encuentre más respuestas personalizadas relativas a su situación concreta.

 

Y con eso en mente, ya puede empezar a buscar soluciones.

 

Complicadas.

 

Pesadas de aplicar.

 

Que necesitarán mucho compromiso y serán eficaces a medio plazo.

 

Pero que se ajustan a SU problema, que no es solo comer mucho.

 

El resto  irá sucediendo solo conforme inicie los cambios.

 

Si valoras la vida de tu perro de un modo global, sin concentrarte solo en aquello que te molesta o te enfada, puedes encontrar más respuestas.

 

Y con esos datos, puedes acceder a distintas soluciones que tienen muchas más posibilidades de funcionar que un consejo de una línea en un foro de Internet.

 

Porque esa es la otra cuestión.

 

No tiene mucho sentido delegar en un tercero el solucionar el problema con tu perro.

 

Es una gran idea (y a veces es imprescindible) solicitar ayuda de un profesional para que te guíe y te oriente.

 

Para que te ayude a encontrar las respuestas y te indique qué soluciones se pueden probar.

 

Pero no puedes dejarle a tu perro a un tercero y que resuelva la situación.

 

No puedes pedirle a otro que adelgace por ti.

 

Tu perro convive contigo, y las soluciones que puedan ayudar a resolver problemas te implican a ti directamente.

 

Exigen tu esfuerzo y tu dedicación.

 

Tu paciencia y comprensión.

 

Exigen tu compromiso.

 

¿Estás dispuesto a implicarte o prefieres las soluciones simplistas para luego tirar la toalla?. 

 

 

 

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

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Jugar produce estrés

El juego es muy importante en la vida de tu perro.

A través del juego aprende a mejorar su autocontrol, a reconocer su propia fuerza, a relacionarse con otros seres vivos y con su entorno y a gestionar la frustración.

El juego también le permite mejorar su creatividad y capacidad de resolución de problemas, aumentar su autoestima, aprender normas sociales y estrechar lazos con aquellos con quienes juega.

Aparentemente, todo son ventajas, verdad?

No siempre. Vamos a verlo más a fondo.

Muchos mamíferos juegan cuando son crías, a menudo muchos siguen jugando cuando crecen, pero pocos están dispuestos a jugar durante prácticamente cualquier periodo de su vida.

El perro es uno de esos pocos. Y el ser humano, otro. Eso suena bien.

Y si te fijas en cómo tu perro se ha hecho amigo de sus mejores amigos (caninos), te darás cuenta de que ha sido gracias a compartir paseos, hacerse compañía y jugando  juntos.

El juego crea fuertes lazos entre individuos, y los mantiene unidos a lo largo del tiempo.

¿Habías pensado alguna vez en lo importante que es el juego en la vida de tu perro? 

Pues es hora de ponerse a ello. 

Hay vida más allá de la pelota

 

Por alguna extraña razón, a la mayoría de los humanos, cuando se les pide que jueguen con un perro, parece que solo conocen dos juegos: lanzar un objeto (preferiblemente redondo y que bote) para que el perro lo traiga y vuelta a empezar, y repetir hasta el infinito (o hasta que tengas una lesión en el hombro de lanzar). 

O forcejear y fingir una pelea por algún objeto. 

Y eso es todo. 

¿Qué tal una vídeo consola que solo tuviese dos juegos? 

Al principio tiene su gracia, pero pronto resultaría extraordinariamente aburrido. 

¿Y si tu mejor amigo se empeña en invitarte a jugar a esos dos juegos una y otra vez? 

Eso suena más aburrido aun. 

Así que hay que usar un poco la imaginación para proponerle a tu perro juegos diferentes, con distintos niveles de dificultad, e idealmente que le sorprendan (gratamente). 

En su defecto, si no se te ocurre nada, puedes mirar en Google. 

Hay muchas ideas de gente muy creativa. 

Copialas, las comparten para eso. 

Tipos de juegos

 

Cuando propones un juego a tu perro tienes que pensar de modo global. 

No se trata de ponerse a jugar “para que se canse”. 

Sobre todo porque eso no lo lograrás nunca: se habituará a tu nivel de exigencia, y tendrás que subir el listón una y otra vez. 

Y tu perro es perro 24 horas al día, no tiene nada mejor que hacer, pero tú además de su compañero eres otras muchas cosas, y estarás cansado mucho antes que él. 

Así que ese planteamiento no tiene mucho sentido. 

Si te paras a pensar en los juegos de un modo más completo, podrás valorar si el juego que le propones a tu perro es activador o le relajará. 

Si le permite mejorar en alguna faceta de su vida o le vuelve obsesivo. 

Si le dará mayor autoestima o le producirá frustración y sensación de fracaso. 

Si mejorará sus habilidades sociales o le hará más competitivo. 

Y en última instancia, si hará que se sienta más a gusto a tu lado, o preferirá buscarse la vida por su cuenta e ignorarte por completo. 

Y no te compliques, para un perro no es necesario que la actividad tenga un manual de instrucciones de varios folios. 

Situaciones muy sencillas y a veces muy breves pueden considerarse un juego. 

Así, tienes juegos calmantes y juegos excitatorios. 

Si propones a tu perro mucho de lo segundo, o le das acceso frecuente a juegos del segundo tipo, tendrás un perro “nervioso” e “hiperactivo”, que “nunca se cansa” y “siempre pide más”. 

Seguro que no es eso lo que deseas. 

Eso no significa que nunca juegues a juegos excitatorios, pero debes ser consciente de que lo son, de cómo los gestiona tu perro, y de si puede parar fácilmente o se ha convertido en un obseso. 

También es importante darse cuenta de en qué momentos planteas juegos excitatorios, ya que si lo haces casi al finalizar el paseo cuando tu perro va a pasar 8 horas solo (pensando que así lo dejas cansado), obtendrás un efecto indeseable: tu amigo no va a descansar bien, puede que no descanse en absoluto, y eso se va a notar después, en forma de ladridos, mordisqueo del mobiliario y objetos varios y otras posibles manifestaciones de estrés. 

Y se entra entonces en un círculo vicioso: a la hora de descansar, no descansa, sigue activo y desarrollando conductas poco deseables. 

Y cunado vuelves a su lado, le propones de nuevo actividades que lo excitan, cuando ya ni siquiera está relajado porque no ha podido dormir adecuadamente. 

El cerebro entra entonces en un bucle que dará lugar a problemas de destructividad, irritabilidad, vocalizaciones, ensuciamiento e incluso agresiones a otros perros o personas. 

Y todo por pasarse con la pelota. 

Curioso, verdad? 

Y es que jugar genera estrés. 

El estrés es una respuesta de un organismo a una demanda o exigencia de origen externo o interno. 

En sí mismo no tiene nada de malo. 

Planear un crucero por las islas griegas es estresante, pero mola. 

El problema vendría si el estrés se mantiene en el tiempo (imagina que cada vez que se acerca la fecha del crucero, te la posponen una y otra vez). 

O si no se descansa lo suficiente entre exigencia y exigencia. Vamos, que no duermes pensando en todo lo que tienes que planificar para ese crucero. 

El juego en consecuencia es también una fuente de  estrés. 

Hay que adaptarse  a unas normas, a unos compañeros de juegos, a una exigencia. 

En principio eso no debería ser un problema, a menos que no se pueda descansar suficiente entre juego y juego, que el tiempo de juego sea demasiado prolongado, o que el nivel del juego sea demasiado elevado para las aptitudes de tu perro. 

Ahora vete hilando. 

¿Crees que tirarle la pelota a tu perro 57 veces en media hora no es un problema, que a él le encanta? 

Es posible que no esté descansando adecuadamente entre paseo y paseo. 

O que 57 veces sean demasiadas. 

Además, como juego hace tiempo que no le aporta nada, puesto que es algo que ya conoce y ha hecho demasiado a menudo. 

Algo así como la primera pantalla de uno de tus dos únicos juegos de vídeo consola. 

Un rollo. 

En cuanto a que parece encantarle, en realidad es un problema también, ya que estás malinterpretando sus reacciones. 

Lo más probable es que su respuesta no sea de disfrute, sino de obsesión. 

Y es que las conductas obsesivas funcionan de este modo: 

El cerebro tiene un mecanismo destinado a iniciar conductas de búsqueda que se activa constantemente en el día a día. 

¿Necesitas las llaves de casa? Las buscas. 

¿Has perdido un calcetín? Lo buscas. 

¿Por dónde andará el mando de la tele? Lo buscas. 

Y así día a día con un montón de pequeñas acciones que exigen buscar algo. 

Y cuando encuentras ese algo, el cerebro activa el mecanismo de recompensa: te sientes bien porque encontraste lo que buscabas. 

Ese mecanismo bloquea el de búsqueda. 

Si ya encontraste, no tiene sentido seguir buscando. 

Si no se bloquease ese mecanismo, seguirías buscando las llaves cuando ya las tienes en la mano. 

¿Y no es eso justo lo que hace tu perro cuando busca una pelota que ya tiene en la boca? 

En esos momentos el mecanismo de recompensa se ha bloqueado y no se activa. 

Por lo tanto, el mecanismo de búsqueda sigue exigiendo que busque la pelota. 

Pero la pelota ya está en su boca. 

Algo no encaja. 

Así que alguien se tiene que ocupar de que la pelota desaparezca de nuevo, para poder satisfacer esa exigencia interior que grita “¡busca pelota!”. 

Y tú vas y se la lanzas. 

Así que en realidad no está disfrutando, está alimentando una obsesión. 

Y cuando pide que le tires la pelota, simplemente intenta hacer callar su mecanismo de búsqueda, que genera una gran frustración si no se satisface su demanda. 

Esto ya no es un juego. 

Los juegos de forcejeo (con un palo o un mordedor) van en una línea similar. 

En sí mismos tienen su lado positivo, se aprende a jugar con otro, a adquirir un buen control (hay que evitar morder a tu oponente o el juego se termina), y un poco de pelea fingida de vez en cuando no hace daño a nadie y es divertido. 

El problema es cuando el nivel de exigencia es elevado, o el perro siempre pierde, o la persona se enfada si el juego no va como ella quiere, entre otras cuestiones. 

Convertir este juego en una obsesión es también realmente fácil. 

Así que cuando juegues con tu perro, lanzar una pelota o “pelear” por un objeto no tienen nada de malo siempre que se realice con moderación, que seas consciente de que son juegos que excitan y que esa excitación no terminará cuando finalices el juego. 

También hay que valorar el efecto que esos juegos tienen sobre la relación de tu perro con otros perros: si un amigo se apunta y tu perro se enfada con él, es que algo va mal. 

O si tu perro ignora su entorno, a otros perros, lo ignora todo con tal de ir a por la pelota o tirar del mordedor, el problema es serio. 

Juegos que calman

 

Por otro lado tenemos una serie de juegos más o menos sencillos que son de gran ayuda, que gustan a tu perro y que permiten una gran mejora en vuestra relación y en su autoestima y su conducta en general. 

Vamos, que aportan bastante más a su vida (y a la tuya) que la clásica pelota o mordedor. 

Les damos un repaso rápido. 

Juegos de nariz

 

O juegos de olfato. 

Muy populares. 

Si no has oído hablar de ellos, ya estás tardando en indagar a fondo sobre cómo funcionan. 

De un modo sencillo se trata de proponerle a tu perro que busque, en principio comida. Pero puede hacerse con juguetes, como por ejemplo la pelota, pero sin lanzarla. 

Se colocan trocitos de comida en superficies horizontales y se le deja tiempo y espacio para que los encuentre. 

Sin pistas ni ayudas, puede solo si no se lo pones difícil al principio. 

Conforme mejora, se puede (se debe) subir el nivel. 

Usa más superficie de terreno. 

Usa superficies verticales (como ramas de arbustos, mobiliario urbano, etc.). 

Usa terrenos más difíciles (como hierba alta, mucha hojarasca amontonada, grava). 

Si vas incorporando estos juegos de modo gradual, tu perro puede encontrarlo TODO. 

Y eso es genial y divertido y sorprendente. 

Es un juego muy barato, fácil de improvisar en casi cualquier lado (dentro y fuera de casa), que estimula el cerebro de tu perro pero calma su estado de ánimo, sube su autoestima y mejora su conducta en general. 

Y sobre todo, le permite llegar a casa y descansar adecuadamente tras el paseo. 

Todos los perros deberían jugar a esto al menos 10 minutos al día, todos los días. 

Los perros con miedo o estrés elevado se benefician especialmente de este tipo de juegos. 

No hacen milagros, pero puedes notar una reducción de las conductas asociadas a estas emociones en una semana de practicar los juegos de olfato. 

Y es que cuanto más olfatea un perro, más desconecta su parte emocional y más activa su parte racional. 

Y eso facilita controlar las emociones, que son a menudo un detonante habitual de las conductas inadecuadas de muchos perros. 

Puzzles

 

Por llamarlos de algún modo. 

Son juegos en los que propones a tu perro resolver un pequeño problema para lograr una recompensa. 

También son relajantes, y hacen que tu perro tenga que pensar para alcanzar una solución. 

Y si el nivel que le planteas está a su altura (que no sea tirado pero tampoco muy difícil), dan subidón de autoestima. 

Perfecto para perros miedosos e inseguros. 

Aunque en realidad es perfecto para cualquiera, a todos nos viene bien una buena dosis de alta autoestima de vez en cuando. 

Aquí puedes optar por juegos ya hechos, hay muchos modelos en el mercado. 

O puedes improvisar docenas de juegos con objetos cotidianos y gratis. 

Por ejemplo, esto es un puzzle comercial: 

Y en plan casero, tienes la clásica botella de agua (vacía) con agujeros. 

Metes comida en la botella, y se la das. 

Y que saque el contenido (y espachurre la botella a su gusto). 

Puedes usar un trapo de cocina viejo, meter en su centro unas chucherías, y hacerle un nudo. Y que se apañe.

 O introducir algunas golosinas en una caja de cartón, cerrarla, y que la haga pedazos. 

¿Ves por dónde va la idea? 

Pequeño obstáculo, comida o alguna golosina, y le dejas que se divierta. 

Luego puedes subir el nivel todo lo que quieras. 

Por ejemplo, es muy popular el juego del trilero con perros. 

En cuanto entienda la mecánica, no le cuelas una. 

Colocas dos recipientes boca abajo, tras poner una golosina bajo uno de ellos. Le dejas elegir y levanta el que elija. 

Si acierta, hay premio. 

Cuando acierte a menudo puedes poner 3, 4,5….. recipientes. 

Va mejor si puedes agujerearlos para que dejen salir el olor (por ejemplo usando vasos de plástico). 

Ahora mira a tu alrededor, ¿cuántas ideas se te ocurren?, seguro que unas cuantas. 

Si no, siempre puedes tirar de ideas ajenas. 

 

Pero hay docenas de retos que puedes proponerle a tu perro. Seguro que ambos os sorprendéis. 

 Juegos de propiocepción

 

Últimamente parecen estar muy de moda. 

La  propiocepción es la sensación que reciben nuestros pies sobre la superficie en que están apoyados. 

Hace alusión a las sensaciones tactiles, pero también al equilibrio, a la posición relativa de cada extremidad con respecto al resto del cuerpo y al entorno en que nos encontramos. 

Normalmente no pensamos mucho en ello, pero pensaríamos más si fuésemos descalzos. 

No se nota igual caminar sobre grava que sobre arena o sobre hierba. 

Tampoco nos movemos igual sobre una superficie llana que sobre una pendiente pedregosa. 

Y los juegos incluidos aquí hacen referencia a situaciones que estimulan esa sensación y sensibilidad.

Para los perros muy urbanitas, que casi siempre pisan suelo de la misma textura y sin desniveles ni obstáculos, son ideales. 

Mejoran el equilibrio y la percepción del propio cuerpo, y si implican superar pequeños obstáculos físicos, también dan autoestima. 

En casa pueden prepararse simplemente colocando distintas texturas en el suelo, como una toalla, un felpudo de exterior, un plástico grande, o una manta de pelo largo.

Y luego animas a tu perro a que camine y explore, o  mejor, le preparas una pista de golosinas y que vaya notando en sus pies las distintas sensaciones según pisa cada superficie. 

Pero déjale que busque y explore a su aire, no le des indicaciones ni le señales con el dedo por dónde ir o qué hacer. 

Luego se pueden añadir pequeños obstáculos, como una silla tumbada o cualquier cosa que haga de barrera (baja), o un montón de zapatos por el suelo, o muchos cojines. Lo que se te ocurra que “obligue” a estar pendiente de dónde se coloca cada pata. 

En la calle se puede usar el mobiliario urbano para crear pequeños circuitos a resolver. 

O idealmente, un paseo suelto por el monte es todo un desafío de propiocepción: suelo de hierba, de hojas, de grava, ramas cruzadas en el camino, alguna que otra zarza, alguna pasarela de madera…. 

Los perros que van superando pequeños obstáculos físicos regularmente y que se habitúan a caminar sobre distintas superficies se vuelven más seguros a la hora de moverse, y se les nota. 

 Otros juegos

Después de lo que has leído ya deberías tener unas cuantas ideas para probar y disfrutar con tu perro. 

Hay un mundo de juegos fascinante que podéis explorar juntos. 

A veces algo tan sencillo como premiar por hacer algo puede sorprenderos a ambos. 

Elige un lugar sencillo y ten a mano un montón de pequeñas golosinas apetitosas. 

Cuando tu perro te preste atención, le pides que haga algo. 

No es una orden, y no le pides nada conocido. 

De hecho puedes decirle con una gran sonrisa “haz algo”. 

Y en cuanto haga algo, lo que sea, le felicitas y premias. 

Ese algo puede ser girar una oreja, mirar a otro sitio, levantar una pata, mover la cola, dar un saltito, dar un ladrido, algo, lo que sea, por poco que parezca. 

Luego lo pides otra vez. 

La única regla del juego es “haz algo, pero no te repitas”. 

Si tu perro repite lo que hizo la primera vez, permaneces expectante (no dejes de sonreír, es un juego). 

Y en cuanto haga cualquier otra cosa, por nimia que sea (te toca estar muy atento), felicitas y premias. 

Y repites unas cuantas veces. A ver a dónde os lleva este juego, 😉 

Este juego es muy beneficioso para perros sin iniciativa o muy inhibidos, por regaños y castigos frecuentes o por miedo intenso. 

Pero es importante, para que funcione (en lugar de frustrarle) que respondas rápidamente a cualquier “algo” que haga. Un perro inhibido o miedoso puede realizar acciones muy sutiles, y si no las detectas y premias, simplemente ni entenderá de qué va el tema ni querrá seguir participando. 

Un simple parpadeo, o una elevación de la cabeza serán ese “algo” que has pedido. Con la práctica se irá soltando y ofrecerá más conductas, pero al principio hay que premiar casi hasta por respirar, 🙂 

Éste es solo un ejemplo de juegos que puedes proponer a tu perro e improvisar casi en cualquier momento y lugar. 

Te toca a ti idear nuevos juegos y compartirlos con tu mejor amigo. 

Y para concluir, quiero contarte algo importante en lo que quizá no hayas pensado.

El juego entre perros es altamente estresante.

Los juegos con interacción social son una potencial fuente de conflictos, y exigen atención por parte de los jugadores y mucha diplomacia para enviar mensajes a los otros «jugadores» de que pase lo que pase, es un juego.

Las carreras, giros, competencias, pausas para calmarse y vuelta a empezar generan una gran exigencia física, pero sobre todo mental. 

Piensa ahora en cuánto tiempo pasas con tu amigo en el parque canino, dejando que tu perro dé vueltas y carreras a lo loco con todos los perros que entran. 

Es muy positivo que tu perro se relacione y juegue con otros, pero si su día a día, sus paseos cotidianos, consisten en ir a la carrera (¡o en coche!) hasta el parque canino para jugar con otros perros durante una hora y luego para casa, no le estás cansando, ni le estás socializando: le estás exponiendo a una situación altamente estresante día tras día.

Y eso pasará factura.

Muchas veces el estrés del perro proviene de este tipo de manejo.

Si es tu caso, replantea el paseo y coloca el parque canino como una parada (no necesariamente todos los días) puntual para que tu perro salude y juegue, y luego sigue paseando. 

El resto del paseo debería ser a paso tranquilo, dejando que tu perro indique hacia dónde le apetece ir, cuándo y cuánto le apetece parar, y dejandole oler mientras le sigues y acompañas. 

Así conseguirás que tu perro socialice pero al tiempo no suba mucho sus niveles de estrés y el paseo será más completo y relajante. 

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¿Mal perro o perro enfermo?

A menudo un perro «malo» es un perro enfermo. 

En el día a día trabajando con perros me he encontrado muchos casos en los que las conductas inadecuadas, los problemas de comportamiento o las alteraciones que presentaba el animal se debían a un problema de salud.

Y la tendencia a etiquetar y aplicar métodos aversivos como manera de corregir esas alteraciones no solo no ayuda, sino que empeora la situación del perro y produce un aumento considerable del estrés.

Antes de pensar que tu perro es dominante, cabezota, desobediente, agresivo, buscón, que está consentido……. piensa en que tal vez esté enfermo y necesita ayuda.

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¿Cómo regaño a mi perro para que me haga caso?

Ésta es una pregunta que me hacen a menudo.

Y es que muchas personas regañan a su perro por las más variopintas razones, y se dan cuenta de que su perro no les hace ningún caso, pues sigue haciendo aquello que no desean, o lo repite una y otra vez en el futuro.

O peor, les responde con ladridos, gruñidos e incluso mordiscos.

Estas personas quieren saber cómo se debe regañar a un perro para que te haga caso.

O para que no se “rebele”.

Buscan cómo reñir bien a su perro.

Quizá tú te hagas la misma pregunta. Pues confío en que este artículo te deje algunas ideas claras. Vamos allá.

Cuando mis clientes me consultan sobre este aspecto, mi respuesta es tajante: deja de regañar a tu perro.

En cualquier contexto, y para siempre.

Entonces observo dos reacciones, además de la sorpresa:

“¿Y entonces qué hago cuando se porte mal/para educarle?”

“Ya, bueno (mientras piensan en alguna liada bien gorda reciente que ha hecho su querido amigo peludo), pero para algunas cosas habrá que regañarle si quiero que sepa que ha hecho mal”.

Al primer grupo le ofrezco las alternativas eficaces a la regañina, ya que básicamente no se les había ocurrido que hubiese otro modo, o no habían pensado mucho en el asunto.

Simplemente se dejaban llevar o improvisaban sobre la marcha.

El segundo grupo presenta resistencia.

Están convencidos de que regañar es el único modo posible y correcto de educar.

Pueden darle premios a su perro si se porta bien, pero hay que reñirle cuando se porta mal, o nunca sabrá que se está portando mal.

A este grupo, aun dándole las alternativas, que funcionan y que uso a diario en mis propios perros desde hace años con gran éxito, no  lo admiten.

Ciertas conductas son demasiado graves para dejarlas pasar o ignorarlas o mirar para otro lado.

Hay que regañar.

Creen que voy de “happy flower” por la vida con esta actitud, que es imposible no regañar nunca al perro y que es educativamente correcto usar el regaño, independientemente de si lo complementas o no con otras acciones (como ignorar ciertas conductas o premiar otras).

Si estás en este grupo, este artículo es para ti.

No busco convencerte de que te unas a la corriente “paz y amor”, aunque si lo consigo me sentiría genial, J

Solo quiero informarte de las consecuencias de tus acciones, para que medites bien sobre el asunto antes de educar a tu perro de ese modo.

Para que asumas que si le riñes habrá reacciones posteriores, y si te parecen bien y aceptas pagar el precio, continúes regañando. Que no educando.

Pero si no estás dispuesta a asumir esas consecuencias y tampoco a dejar de regañar, entiendas que te has metido en un callejón sin salida.

Porque lo uno va unido a lo otro, y si no suprimes el regaño, no podrás cambiar ciertas conductas que seguramente te molestan o te preocupan en la convivencia con tu perro.

Hilando aun más fino, te voy a contar que es muy probable que parte o la totalidad de esas cosas que te molestan o preocupan son casualmente las consecuencias de educar regañando.

No se puede educar sin regañar

Es un modo de ver la situación.

Pero la historia nos dice otra cosa.

Si consideras que no regañar nunca al perro es vivir en un mundo de unicornios y hadas rosas, bienvenida, J.

Porque en la historia de la humanidad hay gente que adoptó ese modo de ir por la vida por bandera, y no solo son conocidos por todos, sino que tuvieron un gran éxito y todos les tenemos por modelos a seguir.

Aunque no nos salga ni de lejos tan bien, o directamente no lo intentemos porque creamos que no somos capaces.

Tal vez no seamos capaces de imitarles todo el tiempo, todos los días, y con todos los seres humanos.

Pero la mayor parte del tiempo y con aquellos que nos importan, seguramente sí puedas.

Piensa en Ghandi, por ejemplo.

Consiguió educar a una nación entera mediante la paz.

Y no es el único, aunque quizá sí el más conocido.

No digo que vayas de Ghandi por la vida, porque seguramente sea demasiado difícil, y al fin y al cabo no hablamos de liberar una nación del colonialismo, sino de convivir con un perro.

Pero se puede educar a otros sin regañar.

Consecuencias de regañar a tu perro

Y es que cuando regañas a tu perro para educarle y enseñarle lo que está mal, ocurren varias cosas:

1- Los perros no tienen moral, por lo que los conceptos “bien” y “mal” (por otra parte un tanto arbitrarios y cambiantes según contextos, culturas, individuos, etc.) no tienen sentido.

Para él solo existe “lo que me genera algún beneficio” o “lo que me perjudica”.

Cuando regañas, no le explicas lo que está mal, solo le indicas que tú eres algo a evitar porque le perjudicas.

Tú te conviertes en el problema, y no la acción que él está realizando.

2- Cuando regañas, a veces parece funcionar momentáneamente: tu perro deja de hacer lo que estaba haciendo.

Pero o bien retoma la tarea en un rato, o bien la repite en el futuro.

Regañar no está funcionando realmente.

Cuando tu perro  interrumpe un momento la conducta, lo hace porque tu actuación le genera miedo.

Pero no le educa.

Simplemente entiende que o debe ignorarte (si no das mucho miedo), o debe evitar que le veas o plantarte cara (si se siente muy amenazado).

Pero le no enseña nada concreto sobre la conducta problema.

3- Cuando regañas, interrumpes una conducta indeseable.

Pero no estás indicando cuál es la conducta deseable.

Sería como dirigir el tráfico parando a todos los coches.

Les detienes, pero no les dices hacia dónde deben ir.

En consecuencia tu perro no aprende lo que tú deseas que haga, por lo que no le estás educando.

4- Lo que realmente enseña una regañina es a tenerte miedo.

Eso lo aprenden muchos perros.

Más o menos miedo en función de la intensidad y duración de tu regañina, de tu expresión corporal, de su predisposición genética (hay perros mucho más sensibles que otros) y de lo a menudo que uses al día el regaño como modo de dirigir la conducta de tu amigo.

Y lo que sí ocurre dentro de todos los perros cuando les regañas es un conflicto social.

Los perros están diseñados para llevarse bien con los que le rodean.

Así que dedican muchos recursos a reducir o evitar los conflictos sociales.

Y cuando le riñes, provocas un conflicto.

Y ese conflicto produce una reacción involuntaria interna que va como sigue:

Adrenalina: un pico brusco que prepara al organismo por si hay que huir (de ti) o pelear (contigo).

Cortisol: una hormona que prepara al cuerpo para adaptarse a la exigencia del entorno (en este caso tú), y que activa y desactiva un montón de mecanismos fisiológicos, lo que en sí mismo supone un desgaste físico y emocional importante.

Testosterona: da igual si es hembra, la glándula que produce las dos anteriores hormonas también fabrica testosterona. Esta hormona aumenta la irritabilidad y genera también una importante demanda a nivel interno de recursos, lo cual supone más desgaste. También aumenta la competitividad y la tendencia al enfrentamiento.

Todo esto se activa cada vez que le regañas.

Si regañas diez veces al día, pues diez veces que “aprietas” el gatillo.

Después de una semana, serán setenta veces activando este mecanismo (que he simplificado, ya que pasan más cosas aun).

Y una vez se dispara la carga hormonal, ésta no desaparece en minutos.

Y sus efectos y “secuelas”, tampoco.

O sea, que tú te olvidas del problema en un rato (y por eso creerás que no es para tanto), pero el cuerpo de tu perro no.

Pueden durar de horas a días, pasando su particular factura al cuerpo y a la mente de tu amigo.

Así que la consecuencia primera de esta situación es que tu perro ve aumentada su irritabilidad, le falla la concentración, sube su inseguridad, baja su capacidad para obedecer o prestarte atención y tiene sensación de angustia (la adrenalina aumenta la velocidad y fuerza del corazón y la frecuencia respiratoria).

Y hay que darle una salida a toda esta alteración interna.

Pero esa salida no irá contra ti de modo directo, al menos no en la mayoría de los perros.

Ese malestar interno irá dirigido hacia fuera.

Hacia otros perros.

Hacia desconocidos.

Hacia niños.

Hacia coches, bicicletas, monopatines, corredores.

Hacia timbres, ruidos altos, movimientos bruscos, contacto físico no solicitado.

En forma de ladridos y gruñidos, tirones de correa, abalanzamientos, impidiendo el movimiento  de los demás o cortándoles el paso, e incluso agrediendo.

O puede incluso que lo dirija hacia sí mismo: será un mal comedor o comerá todo lo que pueda con ansiedad, se mostrará apático, o con excitación excesiva, se autolesionará a base de lamerse, se perseguirá la cola hasta hacerse daño, caminará en pequeños círculos, cazará moscas imaginarias de modo obsesivo….

Y la medida estrella que la mayoría adopta para corregir todos estas conductas es ….. regañar a su perro para que deje de hacerlo y sepa que está mal.

¿Ves el círculo vicioso que te estoy presentando?

Así que la conclusión es que si consideras imprescindible reñir a tu perro para educarle, el modo de reñirle “correctamente” pasa por ser preciso, constante y rápido.

Si lo haces bien lograrás que tu perro no haga nada, nunca. Pero le habrás roto por dentro.

Si crees necesario regañarle por algunas cosas, aunque por la mayoría te estés esforzando por aplicar las alternativas al regaño, me gustaría que te fijases bien en las consecuencias inherentes al regaño (no existe ningún modo de regañar a un perro sin generar esa cascada de hormonas en el proceso), y que asumas que si consideras imprescindible educar a tu perro así, las conductas que intentas corregir pueden estar agravadas o incluso provocadas por el hecho de regañar.

Aunque también me gustaría que pensaras en la razón por la que estás tan convencida de que es imprescindible regañar a tu perro.

¿Porque a ti te educaron así y no concibes otro modo?

¿Porque la presión social de tu entorno te empuja a hacerlo así  (“eres blanda. Tu perro te domina. Hace lo que le da la gana porque le consientes. Le tienes demasiado mimado”)?

¿Porque tú sufres, sin darte cuenta,  la misma cascada hormonal que tu perro y eso te lleva a estar estresada, irritable, a saltar por cualquier cosa, a frustrarte rápidamente si algo no sale a la primera y sin percatarte estás descargando sobre tu perro ese conflicto interior?

Piensa en ello. De verdad.

Y decidas lo que decidas hacer a partir de ahora, hazlo con todas las consecuencias.

Porque la elección es exclusivamente tuya.

Y la opción de cambiar, también.

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

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¿Tu perro está estresado?

«Mi perro monta piernas”

“Mi perro destroza todo lo que toca”

“Hace pis por cualquier lado”

“Parece que no se cansa nunca”

Oigo estos comentarios a menudo, y a menudo escucho también la explicación estándar para estas conductas y otras tantas: es muy dominante.

Sin embargo, a poco que te pares a pensarlo, la explicación real seguramente sea otra muy distinta: tu perro sufre de un elevado nivel de estrés que no es capaz de gestionar.

Y las conductas que presenta son solo eso, manifestaciones de estrés.

Pero, ¿qué es realmente el estrés?

Dicho de un modo sencillo, el estrés es una respuesta generada por un ser vivo para adaptarse a una exigencia (del entorno o interna).

Visto así, en sí mismo ni es bueno ni es malo.

De hecho, es algo totalmente necesario.

Si el entorno cambia y hay que adaptarse a ese cambio, la falta de respuesta (ausencia de estrés) implica una falta de adaptación.

Y eso sí que es un problema.

De hecho, desde el punto de vista fisiológico ocurren una serie de procesos químicos dentro de nuestros cuerpos cuando se activa una respuesta de estrés.

Y cuando esos procesos fallan puede sobrevenir la muerte.

Esto tiene un nombre (crisis addisoniana en la enfermedad de Addison o hipoadrenocorticismo).

Así que de entrada el estrés no solo no es malo, sino que es imprescindible para seguir vivos.

¿Y dónde está el problema?

El problema aparece cuando  la respuesta generada no es adecuada o no permite adaptarse al cambio.

O cuando la exigencia (interna o externa) no desaparece y persiste en el tiempo, a pesar de que la respuesta adaptativa es correcta.

En esos supuestos, la respuesta de estrés sigue activa en el tiempo.

Y eso empieza a producir un desgaste físico y emocional importante. Es entonces cuando aparece el estrés crónico.

El estrés será agudo si la exigencia es puntual pero demasiado elevada, y por lo tanto la respuesta del individuo no logra una buena adaptación.

En ambos casos aparecen una serie de manifestaciones conductuales (y a veces físicas) que son fácilmente visibles.

Es decir, cuando tu perro está sometido a un episodio de estrés intenso agudo, o sufre de estrés crónico, va a realizar unos comportamientos llamativos que indican que tiene un problema.

Y esos comportamientos no tienen nada que ver con la dominancia ni con las jerarquías.

Esto es importante.

Si reconoces estos comportamientos en tu perro, ya sabes que en realidad trata de adaptase a algo sin éxito.

Y lo que necesita es ayuda.

Sobre todo si la exigencia proviene del entorno donde tú le introduces o directamente viene de ti.

¿Y cuáles son esas conductas?

Las conductas asociadas a estrés agudo son las siguientes:

Movimiento constante

Dificultad para descansar (sueño ligero)

Saltar sobre la gente u otros perros

Aumento/disminución del apetito

Aumento del consumo de agua

Aumento del pis

Sudoración de almohadillas

Picores (sobre todo de oídos)

Jadeo intenso (sin calor o ejercicio asociados. Lengua ancha y con la punta doblada hacia arriba, labios contraídos hacia atrás)

Aumento de las vocalizaciones (ladra mucho, gimotea, aúlla)

Vómitos

Portar objetos en la boca de modo persistente/sujetar manos y brazos con la boca

Sacudirse con frecuencia

Problemas de concentración

Irritabilidad

Comportamientos de agresión o reacciones intensas (ladridos, embestidas, control corporal)

Y las conductas asociadas al estrés crónico son éstas:

Montas

Aumento del apetito/apetito caprichoso/escaso

Aumento del consumo de agua

Aumento del pis

Marcado con orina persistente

Dermatitis/pelo pobre/caspa/caída abundante de pelo

Gastroenteritis habituales

Hiperactividad

Ausencia de descanso (activos durante la noche)

Apatía/falta de iniciativa (pasividad, “perro muy tranquilo”)

Conductas obsesivas

Estereotipias

Mala comunicación (no responden adecuadamente a las señales de otros perros)

Mala respuesta a la obediencia

Problemas de aprendizaje

Sacudir todo el cuerpo frecuentemente

Temblores

Conductas de agresión o reactividad

 

Como verás, algunas son propias de uno de los dos estados, y otras son comunes a ambos.

Aunque en realidad no se puede trazar una frontera nítida entre estrés agudo y crónico, no hay un momento preciso en el que se pasa de un estadio a otro, por lo que las manifestaciones pueden empezar a mezclarse en cualquier momento.

¡Ojo!, que tu perro de vez en cuando realice algunas de las conductas de la lista no es preocupante. De hecho muchas de ellas, de modo aislado, no tienen ninguna relevancia y son totalmente normales.

Puede rascarse porque le ha picado una pulga. O puede lanzarse a por otro perro porque le han atacado. O marcar insistentemente con orina porque está en celo (tanto el macho como la hembra).

Hay que interpretar las señales en un contexto, observar varias, y sobre todo, valorar si son muchas señales a la vez o son persistentes en el tiempo.

Es normal morderse las uñas o dar golpecitos con el pie mientras haces un examen. Estás estresado.

Pero esas conductas desaparecen al salir de la sala de exámenes. Situación resuelta.

Si te comes las uñas constantemente y siempre que estás sentado das golpecitos con el pie en el suelo, entonces seguramente tengas un problema.

En cualquier caso, para resolver estas conductas lo primero es asimilar cuál es la causa.

Lo segundo, determinar qué elementos pueden estar generando esa mala respuesta de estrés en tu perro.

Y lo último, empezar a cambiar el entorno, el manejo y a ti misma para que tu perro pueda relajarse y cambiar su comportamiento.

En muchos casos puede ser necesario visitar al veterinario, ya que a menudo una exigencia interna está produciendo el problema.

¿Qué puede causar estrés externo en tu perro?

Cada perro es un mundo, y al igual que en las personas una determinada situación  no genera la misma reacción, en perros tampoco.

Hay personas para las que hablar en público sería el fin del mundo, y les llevaría a sufrir un estrés muy intenso que puede desembocar en un ataque de pánico.

Y hay otras que disfrutan enormemente hablando frente a otros.

Sin embargo hay situaciones comunes que a muchas personas les genera problemas.

Hablar en público es algo que produce nerviosismo a muchos seres humanos.

Por lo tanto, hay muchos momentos que pueden generar estrés importante en muchos perros, así que haré una lista para que intentes valorar si estas situaciones se dan habitualmente en el entorno de tu perro, y en función de su actitud y comunicación corporal determines si son un problema para tu perro o no.

Y a partir de ahí ya tienes un buen punto de partida para empezar a trabajar.

Causas frecuentes de estrés en perros

Gritos

Ruidos intensos y repentinos (cohetes, disparos, tormentas)

Sentirse amenazado (regaños, castigos)

Molestias/interrupciones durante el descanso

Herramientas aversivas (collares de pinchos, ahorque, eléctricos, etc.)

Paseos inadecuados (muy rápidos, muy cortos, con correa tensa/corta, con correcciones constantes, sin poder oler nada)

Parques caninos

Juegos muy intensos y repetitivos (lanzamiento de objetos)

Jaulas/encierro/aislamiento

Desnutrición/Malnutrición

Comunicación fallida (no recibir respuesta a la comunicación corporal)

Las prisas/movimientos bruscos

Niños

La soledad

Restricción de movimientos (no poder nunca correr o moverse con libertad)

Estrés/ansiedad/miedos en la persona de referencia

Control constante

¿Qué puede causar estrés interno en perros?

La exigencia a la que tu perro no logra adaptarse puede provenir de su interior.

Y esto es más frecuente de lo que imaginas.

Crees que tu perro está bien, que está sano porque come y se le ve contento.

Y con eso descartas cualquier enfermedad.

Pero lo que no sabes es que hay enfermedades de evolución lenta, que avanzan durante meses o años antes de dar síntomas claros de que están ahí.

Y que hay enfermedades cuyos síntomas son precisamente las conductas alteradas, y nada más.

O hay algo más, pero era tan sutil que no te has dado cuenta hasta que no has tratado a tu perro, y de repente ha dejado de hacer ciertas cosas que antes hacía y no sabías porqué (pero no le dabas importancia)

O lo ha hecho toda la vida, y por lo tanto has pensado que era normal, algo particular de tu perro, y no un indicador de enfermedad.

Por lo tanto no descartes esta opción sin valorarla a fondo.

En principio, cualquier alteración orgánica y cualquier problema que produzca dolor de modo continuado en el tiempo va  generar conductas asociadas a estrés.

Pero hay problemas que destacan por su frecuencia de presentación.

Son las siguientes:

– Alteraciones articulares

Displasia de cadera o de codo en perros jóvenes. Compresiones/hernias de disco en perros mayores o ciertas razas predispuestas. Luxaciones de rótula en perros jóvenes y razas predispuestas. Rotura de ligamentos de la rodilla en perros mayores.

– Alteraciones dentarias

Roturas de piezas, piezas que encajen mal, periodontitis en perros mayores y razas predispuestas, gingivitis.

– Alteraciones oculares

Entropion en razas predispuestas, pestañas ectópicas (que rozan el ojo), glaucoma en perros mayores o razas predispuestas, patologías de la retina en razas predispuestas y ciertas enfermedades.

– Alteraciones neurológicas

Enfermedades degenerativas, secuela de traumatismos craneales, epilepsia, hidrocefalia, tumores.

– Alteraciones hormonales

De tiroides (por defecto) y de las adrenales (por defecto y por exceso, en perros jóvenes y mayores respectivamente).

– Alteraciones auriculares

Patologías que afecten al oído (producen dolor) o sordera en perros mayores o razas predispuestas.

Y por supuesto, cualquier enfermedad que afecte a uno o varios órganos y sea crónica, como un fallo renal, hepático, cardíaco, etc. va a suponer una exigencia interna importante, y puede dar señales de estrés antes de evidenciar síntomas claros.

¿Qué te parece?

¿Reconoces las señales que te he relatado en tu propio perro?

¿A qué crees que pueden deberse?

Cuéntalo en los comentarios

 

 

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La teoría de la vaca

Tras muchos años viviendo en tierra ganadera, me he fijado que hay dos modos de llevar a las vacas por los caminos cuando se trasladan de un prado a otro.

 El sistema más habitual es el del alejamiento.

 El pastor va tras las vacas, grita, hace juramentos, empuja, golpea con un palo a la rezagada o a la que se para a comer, y vuelve a gritar.

 Las vacas tienden a alejarse de esa persona, por lo que corren en cualquier dirección, y muchas de ellas no van en línea recta: se dispersan hacia las cunetas y prados vecinos.

 La intención de las vacas es tan solo mantener la mayor distancia entre el humano y ellas. 

 Y cuanto más se paran o más se alejan, más grita y juramenta y golpea el pastor. 

 El otro sistema es el acercamiento.

 En éste, el pastor se ha tomado un tiempo para establecer una buena relación con sus animales. Es paciente y tranquilo, y se asegura de dejarle claro a sus vacas que a su lado pasan cosas buenas, y que él no es una amenaza. 

 Las vacas quieren estar junto a él.

 Sin que nadie las obligue, sin miedos ni gritos.

 Este pastor no va nunca detrás, sino delante de las vacas.

 No dice nada, ni usa un palo. No presta atención a lo que hacen las vacas, que pueden a veces pararse un momento a pastar en las cunetas (lo que viene
siendo una conducta normal de las vacas) sin que nadie se lo recrimine. 

 Ellas mismas aprietan el paso y se reúnen con el pastor cuando éste continúa su camino.

 Ellas se esfuerzan por mantenerse cerca por convencimiento.

 Si lo piensas, esto mismo puede aplicarse a los perros. Y tú, ¿qué clase de humano eres para tu perro, el que fomenta el alejamiento o el acercamiento?.

 Tu perro no puede elegir, tú sí.

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