¿Mal perro o perro enfermo?

A menudo un perro «malo» es un perro enfermo. 

En el día a día trabajando con perros me he encontrado muchos casos en los que las conductas inadecuadas, los problemas de comportamiento o las alteraciones que presentaba el animal se debían a un problema de salud.

Y la tendencia a etiquetar y aplicar métodos aversivos como manera de corregir esas alteraciones no solo no ayuda, sino que empeora la situación del perro y produce un aumento considerable del estrés.

Antes de pensar que tu perro es dominante, cabezota, desobediente, agresivo, buscón, que está consentido……. piensa en que tal vez esté enfermo y necesita ayuda.

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¿Cómo regaño a mi perro para que me haga caso?

Ésta es una pregunta que me hacen a menudo.

Y es que muchas personas regañan a su perro por las más variopintas razones, y se dan cuenta de que su perro no les hace ningún caso, pues sigue haciendo aquello que no desean, o lo repite una y otra vez en el futuro.

O peor, les responde con ladridos, gruñidos e incluso mordiscos.

Estas personas quieren saber cómo se debe regañar a un perro para que te haga caso.

O para que no se “rebele”.

Buscan cómo reñir bien a su perro.

Quizá tú te hagas la misma pregunta. Pues confío en que este artículo te deje algunas ideas claras. Vamos allá.

Cuando mis clientes me consultan sobre este aspecto, mi respuesta es tajante: deja de regañar a tu perro.

En cualquier contexto, y para siempre.

Entonces observo dos reacciones, además de la sorpresa:

“¿Y entonces qué hago cuando se porte mal/para educarle?”

“Ya, bueno (mientras piensan en alguna liada bien gorda reciente que ha hecho su querido amigo peludo), pero para algunas cosas habrá que regañarle si quiero que sepa que ha hecho mal”.

Al primer grupo le ofrezco las alternativas eficaces a la regañina, ya que básicamente no se les había ocurrido que hubiese otro modo, o no habían pensado mucho en el asunto.

Simplemente se dejaban llevar o improvisaban sobre la marcha.

El segundo grupo presenta resistencia.

Están convencidos de que regañar es el único modo posible y correcto de educar.

Pueden darle premios a su perro si se porta bien, pero hay que reñirle cuando se porta mal, o nunca sabrá que se está portando mal.

A este grupo, aun dándole las alternativas, que funcionan y que uso a diario en mis propios perros desde hace años con gran éxito, no  lo admiten.

Ciertas conductas son demasiado graves para dejarlas pasar o ignorarlas o mirar para otro lado.

Hay que regañar.

Creen que voy de “happy flower” por la vida con esta actitud, que es imposible no regañar nunca al perro y que es educativamente correcto usar el regaño, independientemente de si lo complementas o no con otras acciones (como ignorar ciertas conductas o premiar otras).

Si estás en este grupo, este artículo es para ti.

No busco convencerte de que te unas a la corriente “paz y amor”, aunque si lo consigo me sentiría genial, J

Solo quiero informarte de las consecuencias de tus acciones, para que medites bien sobre el asunto antes de educar a tu perro de ese modo.

Para que asumas que si le riñes habrá reacciones posteriores, y si te parecen bien y aceptas pagar el precio, continúes regañando. Que no educando.

Pero si no estás dispuesta a asumir esas consecuencias y tampoco a dejar de regañar, entiendas que te has metido en un callejón sin salida.

Porque lo uno va unido a lo otro, y si no suprimes el regaño, no podrás cambiar ciertas conductas que seguramente te molestan o te preocupan en la convivencia con tu perro.

Hilando aun más fino, te voy a contar que es muy probable que parte o la totalidad de esas cosas que te molestan o preocupan son casualmente las consecuencias de educar regañando.

No se puede educar sin regañar

Es un modo de ver la situación.

Pero la historia nos dice otra cosa.

Si consideras que no regañar nunca al perro es vivir en un mundo de unicornios y hadas rosas, bienvenida, J.

Porque en la historia de la humanidad hay gente que adoptó ese modo de ir por la vida por bandera, y no solo son conocidos por todos, sino que tuvieron un gran éxito y todos les tenemos por modelos a seguir.

Aunque no nos salga ni de lejos tan bien, o directamente no lo intentemos porque creamos que no somos capaces.

Tal vez no seamos capaces de imitarles todo el tiempo, todos los días, y con todos los seres humanos.

Pero la mayor parte del tiempo y con aquellos que nos importan, seguramente sí puedas.

Piensa en Ghandi, por ejemplo.

Consiguió educar a una nación entera mediante la paz.

Y no es el único, aunque quizá sí el más conocido.

No digo que vayas de Ghandi por la vida, porque seguramente sea demasiado difícil, y al fin y al cabo no hablamos de liberar una nación del colonialismo, sino de convivir con un perro.

Pero se puede educar a otros sin regañar.

Consecuencias de regañar a tu perro

Y es que cuando regañas a tu perro para educarle y enseñarle lo que está mal, ocurren varias cosas:

1- Los perros no tienen moral, por lo que los conceptos “bien” y “mal” (por otra parte un tanto arbitrarios y cambiantes según contextos, culturas, individuos, etc.) no tienen sentido.

Para él solo existe “lo que me genera algún beneficio” o “lo que me perjudica”.

Cuando regañas, no le explicas lo que está mal, solo le indicas que tú eres algo a evitar porque le perjudicas.

Tú te conviertes en el problema, y no la acción que él está realizando.

2- Cuando regañas, a veces parece funcionar momentáneamente: tu perro deja de hacer lo que estaba haciendo.

Pero o bien retoma la tarea en un rato, o bien la repite en el futuro.

Regañar no está funcionando realmente.

Cuando tu perro  interrumpe un momento la conducta, lo hace porque tu actuación le genera miedo.

Pero no le educa.

Simplemente entiende que o debe ignorarte (si no das mucho miedo), o debe evitar que le veas o plantarte cara (si se siente muy amenazado).

Pero le no enseña nada concreto sobre la conducta problema.

3- Cuando regañas, interrumpes una conducta indeseable.

Pero no estás indicando cuál es la conducta deseable.

Sería como dirigir el tráfico parando a todos los coches.

Les detienes, pero no les dices hacia dónde deben ir.

En consecuencia tu perro no aprende lo que tú deseas que haga, por lo que no le estás educando.

4- Lo que realmente enseña una regañina es a tenerte miedo.

Eso lo aprenden muchos perros.

Más o menos miedo en función de la intensidad y duración de tu regañina, de tu expresión corporal, de su predisposición genética (hay perros mucho más sensibles que otros) y de lo a menudo que uses al día el regaño como modo de dirigir la conducta de tu amigo.

Y lo que sí ocurre dentro de todos los perros cuando les regañas es un conflicto social.

Los perros están diseñados para llevarse bien con los que le rodean.

Así que dedican muchos recursos a reducir o evitar los conflictos sociales.

Y cuando le riñes, provocas un conflicto.

Y ese conflicto produce una reacción involuntaria interna que va como sigue:

Adrenalina: un pico brusco que prepara al organismo por si hay que huir (de ti) o pelear (contigo).

Cortisol: una hormona que prepara al cuerpo para adaptarse a la exigencia del entorno (en este caso tú), y que activa y desactiva un montón de mecanismos fisiológicos, lo que en sí mismo supone un desgaste físico y emocional importante.

Testosterona: da igual si es hembra, la glándula que produce las dos anteriores hormonas también fabrica testosterona. Esta hormona aumenta la irritabilidad y genera también una importante demanda a nivel interno de recursos, lo cual supone más desgaste. También aumenta la competitividad y la tendencia al enfrentamiento.

Todo esto se activa cada vez que le regañas.

Si regañas diez veces al día, pues diez veces que “aprietas” el gatillo.

Después de una semana, serán setenta veces activando este mecanismo (que he simplificado, ya que pasan más cosas aun).

Y una vez se dispara la carga hormonal, ésta no desaparece en minutos.

Y sus efectos y “secuelas”, tampoco.

O sea, que tú te olvidas del problema en un rato (y por eso creerás que no es para tanto), pero el cuerpo de tu perro no.

Pueden durar de horas a días, pasando su particular factura al cuerpo y a la mente de tu amigo.

Así que la consecuencia primera de esta situación es que tu perro ve aumentada su irritabilidad, le falla la concentración, sube su inseguridad, baja su capacidad para obedecer o prestarte atención y tiene sensación de angustia (la adrenalina aumenta la velocidad y fuerza del corazón y la frecuencia respiratoria).

Y hay que darle una salida a toda esta alteración interna.

Pero esa salida no irá contra ti de modo directo, al menos no en la mayoría de los perros.

Ese malestar interno irá dirigido hacia fuera.

Hacia otros perros.

Hacia desconocidos.

Hacia niños.

Hacia coches, bicicletas, monopatines, corredores.

Hacia timbres, ruidos altos, movimientos bruscos, contacto físico no solicitado.

En forma de ladridos y gruñidos, tirones de correa, abalanzamientos, impidiendo el movimiento  de los demás o cortándoles el paso, e incluso agrediendo.

O puede incluso que lo dirija hacia sí mismo: será un mal comedor o comerá todo lo que pueda con ansiedad, se mostrará apático, o con excitación excesiva, se autolesionará a base de lamerse, se perseguirá la cola hasta hacerse daño, caminará en pequeños círculos, cazará moscas imaginarias de modo obsesivo….

Y la medida estrella que la mayoría adopta para corregir todos estas conductas es ….. regañar a su perro para que deje de hacerlo y sepa que está mal.

¿Ves el círculo vicioso que te estoy presentando?

Así que la conclusión es que si consideras imprescindible reñir a tu perro para educarle, el modo de reñirle “correctamente” pasa por ser preciso, constante y rápido.

Si lo haces bien lograrás que tu perro no haga nada, nunca. Pero le habrás roto por dentro.

Si crees necesario regañarle por algunas cosas, aunque por la mayoría te estés esforzando por aplicar las alternativas al regaño, me gustaría que te fijases bien en las consecuencias inherentes al regaño (no existe ningún modo de regañar a un perro sin generar esa cascada de hormonas en el proceso), y que asumas que si consideras imprescindible educar a tu perro así, las conductas que intentas corregir pueden estar agravadas o incluso provocadas por el hecho de regañar.

Aunque también me gustaría que pensaras en la razón por la que estás tan convencida de que es imprescindible regañar a tu perro.

¿Porque a ti te educaron así y no concibes otro modo?

¿Porque la presión social de tu entorno te empuja a hacerlo así  (“eres blanda. Tu perro te domina. Hace lo que le da la gana porque le consientes. Le tienes demasiado mimado”)?

¿Porque tú sufres, sin darte cuenta,  la misma cascada hormonal que tu perro y eso te lleva a estar estresada, irritable, a saltar por cualquier cosa, a frustrarte rápidamente si algo no sale a la primera y sin percatarte estás descargando sobre tu perro ese conflicto interior?

Piensa en ello. De verdad.

Y decidas lo que decidas hacer a partir de ahora, hazlo con todas las consecuencias.

Porque la elección es exclusivamente tuya.

Y la opción de cambiar, también.

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¿Tu perro está estresado?

«Mi perro monta piernas”

“Mi perro destroza todo lo que toca”

“Hace pis por cualquier lado”

“Parece que no se cansa nunca”

Oigo estos comentarios a menudo, y a menudo escucho también la explicación estándar para estas conductas y otras tantas: es muy dominante.

Sin embargo, a poco que te pares a pensarlo, la explicación real seguramente sea otra muy distinta: tu perro sufre de un elevado nivel de estrés que no es capaz de gestionar.

Y las conductas que presenta son solo eso, manifestaciones de estrés.

Pero, ¿qué es realmente el estrés?

Dicho de un modo sencillo, el estrés es una respuesta generada por un ser vivo para adaptarse a una exigencia (del entorno o interna).

Visto así, en sí mismo ni es bueno ni es malo.

De hecho, es algo totalmente necesario.

Si el entorno cambia y hay que adaptarse a ese cambio, la falta de respuesta (ausencia de estrés) implica una falta de adaptación.

Y eso sí que es un problema.

De hecho, desde el punto de vista fisiológico ocurren una serie de procesos químicos dentro de nuestros cuerpos cuando se activa una respuesta de estrés.

Y cuando esos procesos fallan puede sobrevenir la muerte.

Esto tiene un nombre (crisis addisoniana en la enfermedad de Addison o hipoadrenocorticismo).

Así que de entrada el estrés no solo no es malo, sino que es imprescindible para seguir vivos.

¿Y dónde está el problema?

El problema aparece cuando  la respuesta generada no es adecuada o no permite adaptarse al cambio.

O cuando la exigencia (interna o externa) no desaparece y persiste en el tiempo, a pesar de que la respuesta adaptativa es correcta.

En esos supuestos, la respuesta de estrés sigue activa en el tiempo.

Y eso empieza a producir un desgaste físico y emocional importante. Es entonces cuando aparece el estrés crónico.

El estrés será agudo si la exigencia es puntual pero demasiado elevada, y por lo tanto la respuesta del individuo no logra una buena adaptación.

En ambos casos aparecen una serie de manifestaciones conductuales (y a veces físicas) que son fácilmente visibles.

Es decir, cuando tu perro está sometido a un episodio de estrés intenso agudo, o sufre de estrés crónico, va a realizar unos comportamientos llamativos que indican que tiene un problema.

Y esos comportamientos no tienen nada que ver con la dominancia ni con las jerarquías.

Esto es importante.

Si reconoces estos comportamientos en tu perro, ya sabes que en realidad trata de adaptase a algo sin éxito.

Y lo que necesita es ayuda.

Sobre todo si la exigencia proviene del entorno donde tú le introduces o directamente viene de ti.

¿Y cuáles son esas conductas?

Las conductas asociadas a estrés agudo son las siguientes:

Movimiento constante

Dificultad para descansar (sueño ligero)

Saltar sobre la gente u otros perros

Aumento/disminución del apetito

Aumento del consumo de agua

Aumento del pis

Sudoración de almohadillas

Picores (sobre todo de oídos)

Jadeo intenso (sin calor o ejercicio asociados. Lengua ancha y con la punta doblada hacia arriba, labios contraídos hacia atrás)

Aumento de las vocalizaciones (ladra mucho, gimotea, aúlla)

Vómitos

Portar objetos en la boca de modo persistente/sujetar manos y brazos con la boca

Sacudirse con frecuencia

Problemas de concentración

Irritabilidad

Comportamientos de agresión o reacciones intensas (ladridos, embestidas, control corporal)

Y las conductas asociadas al estrés crónico son éstas:

Montas

Aumento del apetito/apetito caprichoso/escaso

Aumento del consumo de agua

Aumento del pis

Marcado con orina persistente

Dermatitis/pelo pobre/caspa/caída abundante de pelo

Gastroenteritis habituales

Hiperactividad

Ausencia de descanso (activos durante la noche)

Apatía/falta de iniciativa (pasividad, “perro muy tranquilo”)

Conductas obsesivas

Estereotipias

Mala comunicación (no responden adecuadamente a las señales de otros perros)

Mala respuesta a la obediencia

Problemas de aprendizaje

Sacudir todo el cuerpo frecuentemente

Temblores

Conductas de agresión o reactividad

 

Como verás, algunas son propias de uno de los dos estados, y otras son comunes a ambos.

Aunque en realidad no se puede trazar una frontera nítida entre estrés agudo y crónico, no hay un momento preciso en el que se pasa de un estadio a otro, por lo que las manifestaciones pueden empezar a mezclarse en cualquier momento.

¡Ojo!, que tu perro de vez en cuando realice algunas de las conductas de la lista no es preocupante. De hecho muchas de ellas, de modo aislado, no tienen ninguna relevancia y son totalmente normales.

Puede rascarse porque le ha picado una pulga. O puede lanzarse a por otro perro porque le han atacado. O marcar insistentemente con orina porque está en celo (tanto el macho como la hembra).

Hay que interpretar las señales en un contexto, observar varias, y sobre todo, valorar si son muchas señales a la vez o son persistentes en el tiempo.

Es normal morderse las uñas o dar golpecitos con el pie mientras haces un examen. Estás estresado.

Pero esas conductas desaparecen al salir de la sala de exámenes. Situación resuelta.

Si te comes las uñas constantemente y siempre que estás sentado das golpecitos con el pie en el suelo, entonces seguramente tengas un problema.

En cualquier caso, para resolver estas conductas lo primero es asimilar cuál es la causa.

Lo segundo, determinar qué elementos pueden estar generando esa mala respuesta de estrés en tu perro.

Y lo último, empezar a cambiar el entorno, el manejo y a ti misma para que tu perro pueda relajarse y cambiar su comportamiento.

En muchos casos puede ser necesario visitar al veterinario, ya que a menudo una exigencia interna está produciendo el problema.

¿Qué puede causar estrés externo en tu perro?

Cada perro es un mundo, y al igual que en las personas una determinada situación  no genera la misma reacción, en perros tampoco.

Hay personas para las que hablar en público sería el fin del mundo, y les llevaría a sufrir un estrés muy intenso que puede desembocar en un ataque de pánico.

Y hay otras que disfrutan enormemente hablando frente a otros.

Sin embargo hay situaciones comunes que a muchas personas les genera problemas.

Hablar en público es algo que produce nerviosismo a muchos seres humanos.

Por lo tanto, hay muchos momentos que pueden generar estrés importante en muchos perros, así que haré una lista para que intentes valorar si estas situaciones se dan habitualmente en el entorno de tu perro, y en función de su actitud y comunicación corporal determines si son un problema para tu perro o no.

Y a partir de ahí ya tienes un buen punto de partida para empezar a trabajar.

Causas frecuentes de estrés en perros

Gritos

Ruidos intensos y repentinos (cohetes, disparos, tormentas)

Sentirse amenazado (regaños, castigos)

Molestias/interrupciones durante el descanso

Herramientas aversivas (collares de pinchos, ahorque, eléctricos, etc.)

Paseos inadecuados (muy rápidos, muy cortos, con correa tensa/corta, con correcciones constantes, sin poder oler nada)

Parques caninos

Juegos muy intensos y repetitivos (lanzamiento de objetos)

Jaulas/encierro/aislamiento

Desnutrición/Malnutrición

Comunicación fallida (no recibir respuesta a la comunicación corporal)

Las prisas/movimientos bruscos

Niños

La soledad

Restricción de movimientos (no poder nunca correr o moverse con libertad)

Estrés/ansiedad/miedos en la persona de referencia

Control constante

¿Qué puede causar estrés interno en perros?

La exigencia a la que tu perro no logra adaptarse puede provenir de su interior.

Y esto es más frecuente de lo que imaginas.

Crees que tu perro está bien, que está sano porque come y se le ve contento.

Y con eso descartas cualquier enfermedad.

Pero lo que no sabes es que hay enfermedades de evolución lenta, que avanzan durante meses o años antes de dar síntomas claros de que están ahí.

Y que hay enfermedades cuyos síntomas son precisamente las conductas alteradas, y nada más.

O hay algo más, pero era tan sutil que no te has dado cuenta hasta que no has tratado a tu perro, y de repente ha dejado de hacer ciertas cosas que antes hacía y no sabías porqué (pero no le dabas importancia)

O lo ha hecho toda la vida, y por lo tanto has pensado que era normal, algo particular de tu perro, y no un indicador de enfermedad.

Por lo tanto no descartes esta opción sin valorarla a fondo.

En principio, cualquier alteración orgánica y cualquier problema que produzca dolor de modo continuado en el tiempo va  generar conductas asociadas a estrés.

Pero hay problemas que destacan por su frecuencia de presentación.

Son las siguientes:

– Alteraciones articulares

Displasia de cadera o de codo en perros jóvenes. Compresiones/hernias de disco en perros mayores o ciertas razas predispuestas. Luxaciones de rótula en perros jóvenes y razas predispuestas. Rotura de ligamentos de la rodilla en perros mayores.

– Alteraciones dentarias

Roturas de piezas, piezas que encajen mal, periodontitis en perros mayores y razas predispuestas, gingivitis.

– Alteraciones oculares

Entropion en razas predispuestas, pestañas ectópicas (que rozan el ojo), glaucoma en perros mayores o razas predispuestas, patologías de la retina en razas predispuestas y ciertas enfermedades.

– Alteraciones neurológicas

Enfermedades degenerativas, secuela de traumatismos craneales, epilepsia, hidrocefalia, tumores.

– Alteraciones hormonales

De tiroides (por defecto) y de las adrenales (por defecto y por exceso, en perros jóvenes y mayores respectivamente).

– Alteraciones auriculares

Patologías que afecten al oído (producen dolor) o sordera en perros mayores o razas predispuestas.

Y por supuesto, cualquier enfermedad que afecte a uno o varios órganos y sea crónica, como un fallo renal, hepático, cardíaco, etc. va a suponer una exigencia interna importante, y puede dar señales de estrés antes de evidenciar síntomas claros.

¿Qué te parece?

¿Reconoces las señales que te he relatado en tu propio perro?

¿A qué crees que pueden deberse?

Cuéntalo en los comentarios

 

 

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La teoría de la vaca

Tras muchos años viviendo en tierra ganadera, me he fijado que hay dos modos de llevar a las vacas por los caminos cuando se trasladan de un prado a otro.

 El sistema más habitual es el del alejamiento.

 El pastor va tras las vacas, grita, hace juramentos, empuja, golpea con un palo a la rezagada o a la que se para a comer, y vuelve a gritar.

 Las vacas tienden a alejarse de esa persona, por lo que corren en cualquier dirección, y muchas de ellas no van en línea recta: se dispersan hacia las cunetas y prados vecinos.

 La intención de las vacas es tan solo mantener la mayor distancia entre el humano y ellas. 

 Y cuanto más se paran o más se alejan, más grita y juramenta y golpea el pastor. 

 El otro sistema es el acercamiento.

 En éste, el pastor se ha tomado un tiempo para establecer una buena relación con sus animales. Es paciente y tranquilo, y se asegura de dejarle claro a sus vacas que a su lado pasan cosas buenas, y que él no es una amenaza. 

 Las vacas quieren estar junto a él.

 Sin que nadie las obligue, sin miedos ni gritos.

 Este pastor no va nunca detrás, sino delante de las vacas.

 No dice nada, ni usa un palo. No presta atención a lo que hacen las vacas, que pueden a veces pararse un momento a pastar en las cunetas (lo que viene
siendo una conducta normal de las vacas) sin que nadie se lo recrimine. 

 Ellas mismas aprietan el paso y se reúnen con el pastor cuando éste continúa su camino.

 Ellas se esfuerzan por mantenerse cerca por convencimiento.

 Si lo piensas, esto mismo puede aplicarse a los perros. Y tú, ¿qué clase de humano eres para tu perro, el que fomenta el alejamiento o el acercamiento?.

 Tu perro no puede elegir, tú sí.

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El Martingale es un estrangulador

¿Sabías que los collares Martingale son estranguladores?.

Este modelo de collar, de uso muy popular entre los galgos, está diseñado para cerrarse cuando hay tensión en la correa.

De este modo se compensa una peculiaridad de la anatomía de estos perros: el cuello es más ancho que la parte más ancha de la cabeza.

Por esta razón, cualquier collar fijo, por mucho que se apriete, se sale fácilmente si el galgo decide tirar hacia atrás, por ejemplo porque se asusta.

Si crees que no aprieta el cuello de tu galgo y por lo tanto no estrangula porque tiene tope, piensa que para que el Martingale sea eficaz (es decir, no se salga cuando el galgo forcejee con él) el tope debe estar puesto a un tamaño INFERIOR al del cuello del perro.

Por lo tanto, funciona porque aprieta, es decir, estrangula.

Ahora piensa en las veces que tu galgo intenta huir de algo que le atemoriza, y no solo no lo consigue, sino que encima se le corta la respiración.

O las veces en que a propósito o sin darte cuenta tiras de la correa (y le estrangulas).

O cuando tu perro intenta realizar acciones cotidianas como saludar o jugar con otro perro, o acercarse a una persona o a algo que le llama la atención, y la correa se tensa (y el collar le estrangula).

En todos esos momentos, tu (posiblemente miedoso) galgo está recibiendo un castigo sin que te des cuenta.

Eso no le ayuda, y aumenta su miedo.

Si usas un Martingale porque te parece bonito, hay collares igualmente bonitos que no aprietan (eso sí, se salen por la cabeza).

Si lo usas porque tu perro es muy miedoso y te preocupa que escape de golpe y lo atropelle un coche, elige una arnés antifuga pensados precisamente para la anatomía del galgo.

Pero evita usar un dispositivo que castiga inadvertidamente a tu amigo varias veces al día.

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El remedio para el estrés humano

Las personas estamos sometidos a constante presión en el día a día. Eso altera nuestra conducta y la de nuestro perro. Aparca el agobio del día a día, y disfruta del momento con tu mejor amigo…

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