Charlas online

Lo mismo a ti también

 Así que aquí te dejo enlace directo a dos charlas que di en el grupo «Perros, nuestros grandes maestros», gestionado por Edgar Serrano, de Mexico (La manada de Donny). 

En una hablo de cómo va lo del condicionamiento, de por qué eso de acariciar cuando tienen miedo o piden atención o lo que sea que debemos «evitar» no refuerza nada y no funciona en absoluto como te están contando. Entre otras muchas cosas, porque me dieron cuerda más de dos horas:

Y en la otra charla, pues hablo de emociones, en el perro y en quienes viven con él, y de confusión, ideas equivocadas y problemas que esas mismas ideas provocan, de presión social y de unos cuantos temas más, y no llego a las dos horas por poco. Pero oye, igual entre tanta cháchara digo algo que te interese o te aporte algún conocimiento. Tendrás que escucharla para saberlo. La tienes aquí.

Ah, sí, están las dos en Facebook, y no tengo ni idea de si poniendo aquí el acceso directo, el señor Zuckerberg permitirá escuchar/ver a quien no tenga perfil de Facebook. Debería ser viable, pero no lo sé, tendrás que probarlo. Si no va, ya sabes por qué es, y Edgar un día de estos las subirá a su canal de Youtube. Suerte.

Y si ya que estás aquí estabas planteando suscribirte para poder leer lo que le cuento a mis suscriptores, que a  menudo no cuento por ningún otro lado, y unos cuantos hasta me dicen que se ríen y aprenden con los correos que les envío, el botón lo tienes justo ahí debajo.

Arregla a tu perro con tutoriales de Youtube

Como si fuera una lavadora

Va una historia. De ahora mismo.

La lavadora ha empezado a hacer un ruido infernal, así que le pregunto a Google qué puede pasar.

En distintos vídeos y textos me informan de que el ruido puede deberse a una rotura de los cojinetes (un sistema que permite que la cuba gire).

Y que, si no los cambio pronto, mi lavadora morirá en acto de servicio.

Poco sexy eso.

Recuerdo que las lavadoras tienen una tapa trasera, y los cojinetes están accesibles por detrás.

Así que saco mi cacharro de debajo de la encimera.

Primer problema, pesa 60 kilos, y yo 55.

Segundo problema, hay un escalón desde donde está ubicada hasta el suelo de 20 centímetros, con lo que al perder apoyo de las patas delanteras, vence y queda atascada.

Esto no empieza muy bien.

Bueno, te ahorro los detalles. La saco y descubro que no tiene tapa trasera.

Que la trasera y los laterales forman una sola pieza.

¿Y ahora qué?

Pues le pregunto otra vez a Google.

Añado la marca de mi lavadora, y me salen varios vídeos donde confirman mi apreciación y dicen que es una puñeta.

¿Por qué?

Porque hay que desmontar to-da la lavadora, literalmente.

Oh-my-god.

Justo lo que me más me apetecía hacer esta mañana.

Me pongo vídeos de cómo desmontar lavadoras en bucle mientras quito tornillos.

Cuando tengo 10, empiezo a pensar que sería buena idea etiquetarlos para saber de dónde salió cada uno.

Si quiero volver a montarla será lo mejor, sí.

Al cabo de una hora tengo varias docenas de tornillos, todos diferentes, unas cuantas piezas de metal de la carcasa de la lavadora, varios pesos de hormigón por el suelo de la cocina, un montón de mangueras colgando, diversos conectores eléctricos también colgando, y varios litros de agua por el suelo.

(Y eso que me acordé de cerrar la llave de paso)

Vamos, que la lavadora parece un cadáver metálico.

Desmonto todo lo desmontable, y consigo llegar a los rodamientos malditos.

Que están que dan asco, entre mugre y holguras.

Y el resto del tambor y la cuba, parece que han pasado la noche en una pocilga.

No entiendo cómo una máquina que sirve para lavar puede acumular tanta mierda dentro.

Así que me paso la siguiente hora frotando y limpiando.

Luego viene la pelea de conseguir unos recambios nuevos.

No sé si lo has intentado alguna vez.

Resulta que hay miles de recambios, por supuesto diferentes, para la misma zona de la lavadora.

Y si los pides por marca, la selección se reduce a unas pocas docenas.

“Pues mira el modelo”

Pues no.

El modelo al parecer no coincide.

Hay cientos de modelos.

Miles de rodamientos.

Me siento abrumada y algo desesperada.

Atajo llamando a una tienda y pidiendo lo que quiero a un ser humano, que me ayuda muy amablemente.

Luego «solo» resta montarlo todo y colocar los tropecientos tornillos, asegurándome de que no me sobran ni piezas ni tornillos.

Y listos.

Éxito total.

Ahora prueba a hacer lo mismo con un perro.

Teniendo en cuenta que lo que en un vídeo de Youtube ocupa 17:32 minutos a mí me ha costado 4 días.

Y sabiendo que, si la cago, solo es una máquina, tendré que comprar una nueva, pero eso será todo.

O llamar a alguien que sí sepa lo que está haciendo y arregle el estropicio.

Pues con un perro no funciona, claro.

Ni con vídeos.

Ni con tutoriales de Facebook o de foros.

Ni con consejos de “al mío le pasaba lo mismo, hice esto y lo arreglé”.

Porque para empezar, el perro no está roto.

Y para seguir, no tiene tornillos, ni cables, ni rodamientos, ni ejes, ni zonas a engrasar para que no hagan ruido.

Lamentablemente así es como se plantea en muchos sitios.

Es una máquina (bonita, peluda y calentita, pero máquina, al fin y al cabo), y aquí están las instrucciones para arreglarla.

Y si no te atreves, o probaste y no te salió, no hay problema.

El profesional va a tu casa y te arregla la máquina-peluda en tu presencia.

Y a seguir con tu vida.

Mira, hay gente que lo ve así, y le parece bien.

Y por lo tanto podrá probar fórmulas accesibles online o contratar a quien piense igual.

Buena suerte.

Y luego hay quien entiende que su perro no es una máquina, y no se arregla como una lavadora.

Que es un poco más complicado.

Lo cual no significa que no puedas solucionar conflictos (que no arreglar al perro) tú sola, por supuesto.

Pero si estás demasiado perdida, ya probaste y no fue bien, o simplemente prefieres ir sobre seguro, puedes ir al grano.

Y contratar esta asesoría.

Para saber dónde van los tornillos que le sobran al perro que había que arreglar, mejor pregunta en Todoexpertos.

Llamada 100% garantizada: tu perro vendrá siempre

O le devolvemos su dinero

 

Sobre lo de que tu perro venga siempre que le llamas, y lo que eso implica.

No sé muy bien qué pasa ahora.

Pero me encuentro mensajes, foros, anuncios y discusiones en distintos lugares sobre este tema.

Llamada 100 % fiable”.

“Consigue que tu perro venga siempre”.

“Podrás llevarle suelto con la seguridad de que acudirá al momento”.

Y así.

Supongo que es cosa de los algoritmos, que ven que miro un par de cosas del mismo tema, y hala, a acribillarme con ese tema hasta la náusea.

O igual es que es el tema de moda, yo qué sé.

Pero ahí está.

Mira.

Yo entiendo muy bien la importancia que le dan muchos cuidadores a este asunto.

Por un lado, eso de soltar a tu perro, que salga corriendo en cualquier dirección, y que ni te mire cuando le pides que vuelva da un miedito importante.

Entre la incertidumbre de lo que pueda hacer o no, y el perderle de vista más de un minuto, la angustia está servida.

Por otro, llamar a tu perro y que estando a 300 metros y liado con algo, acuda al instante y a la carrera, mola, eh?

Queda super bien para los que están mirando.

La autoestima sube como la espuma de una lata de cerveza bien sacudida.

Oye, que yo me libré de una multa gracias a esto una vez.

Porque teniendo a mis tres perros sueltos en un parque enorme, lejos de mí y cada uno a su bola, conseguí que acudieran en el acto y corriendo cuando el agente de paisano me ordenó que los llamara.

(Jajajaa, conseguí, dice, qué valor, vinieron porque les dio la gana y punto).

Pues eso, que entiendo lo importante que es este tema para mucha gente.

Y por lo tanto entiendo también que los que venden algo a la voz de “te diré lo que quieres oír, aunque no se ajuste del todo a la realidad”, estén ahí al quite.

Ahora entre tú y yo.

Solo conozco una forma de conseguir una llamada 100 % fiable.

Una llamada en la que el perro responda siempre.

Y es usando un collar eléctrico.

De tal modo que el perro tenga pánico a las consecuencias de no acudir cuando le llaman.

Igual hay más modos, pero no sé cuáles son.

Y como estoy totalmente en contra de usar la electricidad para algo que no sea encender bombillas, jamás utilizaría o recomendaría esa manera.

Dicho esto, tengo una membresía.

En ella te doy pequeñas piezas de conocimiento sobre conducta canina.

Cada 5 días, accedes a una.

Y aprendes cosas nuevas sobre perros.

La primera es, oh, sorpresa, sobre la llamada.

Como enseñarla, cómo no joderla, y qué hacer si tu perro no viene cuando le llamas.

Y finalizo explicándote por qué no deberías llamar a tu perro.

Eso sí, lo que te cuento no garantiza que tu perro venga siempre.

De hecho, no garantiza nada de nada, solo te explico cómo funciona este asunto en la cabeza de tu perro.

Y ya te hago un spoiler: el 80 % de la llamada no depende de lo mucho que la entrenes.

Tampoco de lo que le des de premio a tu perro.

Es un poco más complicado.

Pero para saberlo tendrás que entrar.

La polémica innecesaria es muy necesaria

Porque retorciendo el lenguaje no ayudan a tu perro. Ni a ti.

 

Hoy le voy a spinnear el correo a un señor que se dedica al marketing y ventas online.

Que lo hace muy bien.

(Si no sabes que es spinnear, que seguro que no, puedes mirarlo en Google y aprender algo muy interesante…. Que aplica a casi todas las páginas en las que buscas información cada día. Incluso en prensa)

Verás.

Cuenta que en la Universidad de Cornell, unos investigadores formularon una hipótesis.

Que se podía vender más de lo que fuera si se curraban un poco las descripciones de ese “lo que fuera”.

Y para demostrarlo, en lugar de salir a la calle y preguntar a la gente de la calle.

Cosa que los académicos e investigadores igual no pueden hacer porque entonces les da el sol y se desintegran.

Pues se fueron a la cafetería de la universidad.

Tomaron el menú del día.

Y le metieron mano a los nombres de los platos.

Gracias a ello crearon un nuevo menú, que no era nuevo porque era el de siempre, pero sonaba, digamos, más chic.

Al arroz con judías le renombraron como “judías estilo cajún con arroz aromático”

Al pescado con patatas le tocó ser “pescado al horno con patatas panaderas”

Aunque no había visto un horno en su vida, y ni siquiera se sabía qué pescado era.

Y el postre se convirtió de simple pudding de chocolate a “cremoso pudding de triple chocolate con fideos de colores”

Hala.

Y a probar qué pasaba.

Preguntaron a los estudiantes por lo atractivo de los platos, y por lo sabrosos que les resultaban.

Y compararon el grupo control (que tomaba el menú original) con el nuevo menú mejorado.

Ya sabes, la ciencia va así.

Pues el nuevo menú cosechó un 13 % más de “atractivo” y un 7 % más de “sabrosidad”.

Y si esto lo ha logrado un académico ratón-de-biblioteca, imagina lo que pueden lograr personas que sí que salen de sus agujeros a la caza de cuidadores preocupados por sus perros.

Le ponen “collar de impulsos positivizados” en lugar de collar eléctrico.

Le llaman “madriguera” en lugar de jaula.

Le cambian de “patada en las costillas” a “toque como-lo-haría-su-madre”.

Le colocan la etiqueta de adiestramiento “en positivo” a “ponle un estrangulador y correa corta y premia en cuanto esté junto a tu rodilla”

Le dicen …….

Y te arrastran hasta su mundo.

Bien.

Pues para evitar esto, solo hay un camino.

El conocimiento.

Como el que tienes aquí:

Lee esto si te atreves

A vueltas con lo de reforzar cosas que no te gustan 

A

lgo pasa en Facebook (y en los parques caninos) cuando este asunto cada vez clama más fuerte.

Que no acaricies a tu perro cuando te pide atención.

Cuando ladra a otro perro.

Cuando intenta huir desesperado.

Cuando tiembla de miedo.

Cuando…..

Porque le refuerzas esa conducta.

Esa conducta horrible e indeseable que está presentando ahora mismo.

(Pedirte ayuda, que no atención, pedir espacio a otro perro, tratar de conseguir espacio, mostrar miedo…)

Se repetirá más y más fuerte hasta el infinito y más allá.

Si le acaricias.

Porque le refuerzas.

Le premias.

Por temblar, por tener miedo, por pedir espacio, por pedir ayuda.

Pues mira.

De entrada, si tu perro te pide ayuda y no se la das, ya te digo yo que fijo que estás reforzando algo.

Que se busque la vida.

Y eso es lo que hará.

Pero igual no te gusta cómo lo hace.

Así que lo mismo no es buena idea ignorarle cuando te busca.

Acariciarle tampoco es muy útil, porque no pide cariño, pide ayuda.

Pero al menos no le escupes tu desprecio a base de indiferencia y rechazo.

A ver, que me disperso.

Cuando acaricias, solo refuerzas conductas aprendidas y voluntarias.

Y solo las refuerzas si tu perro admite “caricias” como reforzador interesante.

Si no, ni siquiera eso.

Si tu perro te ladra en la mesa mientras comes, no le refuerzas “ladra” por acariciarle.

Porque quiere comida.

Le refuerzas “ladra si quieres comida”….dándole comida.

Ahora miremos otro contexto.

Willow odia que le bañen.

Meterse él en el agua le parece bien.

Que le meta otro, le eche chorros por encima, lo cubra de jabón y espuma, y luego más agua, pues no.

Así que me lo hace saber.

¿Cómo?

Siendo la reina del drama.

Le preparas el baño, y se escaquea todo lo que puede.

Le llevas medio a rastras, y una vez en la bañera aúlla y grita.

Repliega las orejas, baja el rabo, pone su mejor mirada de perro apaleado, y sigue aullando y gritando.

Y buscando el hueco entre mi cuerpo y el mundo exterior para huir lo más lejos posible.

Vamos, que parece que le estás arrancando las uñas o algo.

Pero no, solo es agua.

Queda claro que no le gusta que le bañen.

También queda claro que, desde un punto de vista humano, se porta fatal durante el baño.

Bien.

Pues ahora voy yo, y mientras está dejando en ridículo a María Callas, le doy un par de trozos de beicon.

Y luego otro más.

Y otro.

Y durante todo el baño, un buen montón de beicon cae en su boca.

Según esa fantástica teoría que confunde podencos con carlinos.

(Perdón, las conductas operantes/aprendidas con las emocionales)

En el próximo baño tengo garantizada la rotura de tímpanos.

Ya que le estoy premiando MIENTRAS aúlla y llora y dramatiza.

Así que cada vez llorará más, dramatizará más, y llorará más.

¿No?

Pues no.

Oh, chorprecha.

Lo que ocurre es que se calla.

Deja de intentar huir.

Ahora su mirada es más como de desprecio y resignada aceptación.

Bueno, acepto tu soborno, pero sigue sin gustarme todo este despliegue mojado”

Su rabo se pone a media asta.

Y sus orejas recuperan un poco su posición habitual.

Y en el siguiente baño, el drama sonoro no aparece.

El comunicativo-gestual, sí.

Aunque mucho menos teatral.

Pero mira, a mí ya con que no tenga que hacer de pared para que no huya y no me atormente sonoramente, me vale.

Pero es raro, ¿verdad?

Debería haber ocurrido lo contrario, puesto que es lo que estoy reforzando.

Vale.

Ahora para los mayores.

Lo que ocurre es que sus conductas se deben a la emoción que le produce la situación.

Y mi beicon contribuye a que esa emoción se atenúe.

No cambia.

Pero si rebaja su intensidad.

Porque le encanta el beicon, claro.

(Si fuese un labrador, seguramente el baño pasaría a ser un momento estupendo)

Y con esto, se rebaja también la intensidad de la conducta que se produce debido a cómo se siente.

Ah, pero entonces podemos cambiar las emociones con comida”.

Pues alguna vez.

Pero no es lo habitual.

Y quizá tampoco sea el mejor modo de proceder.

Pero eso para otro día.

Lo que quería señalarte con este ejemplo es que si acaricio a mi perro cuando “se porta mal”.

No refuerzo que se “porte peor”.

A menos que ese “mal comportamiento” lo haya aprendido para conseguir un fin.

¿Queda claro?

Ahora igual te surge la duda de cómo diferenciar una conducta aprendida de una emocional.

Para saber si acariciando ayudas o la fastidias.

Pues eso para los que están en la membresía.

Si quieres estar tú también

No me gustan los perros

Y puede que a ti tampoco

 

Venga, que hoy igual hago algo de pupita. Empiezo con una pregunta:

¿Te gustan los perros?

Igual te suena un poco extraño que pregunte esto.

Verás.

Hay gente que dice que le gustan los perros, y gente que dice que no le gustan.

Esto está bien, cada uno con sus cosas.

Cuando le preguntas al que no le gustan cuál es la razón, suele responderte con varios argumentos.

No me gustan los perros porque sueltan mucho pelo, manchan un montón, mean y cagan por todas partes, hay que sacarlos a pasear todos los días (equivalente = dan mucho trabajo), ladran, huelen a perro….”

Y algo me dejaré.

Cuando preguntas al que le gustan los perros cuál es la razón, también tienen varios argumentos.

Son unos animales muy inteligentes y cariñosos, son leales y fieles, te hacen mucha compañía, me gusta acariciarlos, me gusta jugar con ellos….”

Y más cosas que me dejo, fijo.

Sin embargo, nos olvidamos de esto.

Muchas de las personas que tienen perro porque les gustan los perros, a menudo buscan eliminar ciertas conductas.

Como que se revuelque en animales muertos.

O coma excrementos.

O huela pises y cacas.

O que haga pis y caca en determinados sitios.

O que ladre mucho.

O que vaya a ver a otros perros.

O a personas desconocidas.

O que cave hoyos.

O chapotee en charcos y barrizales.

O hurgue en la basura.

O se suba a los muebles.

O que mastique calcetines o zapatos.

Entre otras muchas.

Lo curioso es que todas las conductas que he citado, y otras tantas que me faltan, son conductas normales en la especie.

No problemas de comportamiento.

No alteraciones ni chifladuras de perro loco.

Conductas normales.

Algunas de ellas realmente importantes para el perro, para que se sienta bien y a gusto en su entorno.

Y sin embargo, no gustan.

No sé, creo que si ponemos en la balanza lo que habitualmente gusta de los perros, y lo que a la mayoría no le gusta (o incluso no puede ni soportar), el plato se inclina a plomo hacia lo que no gusta.

Es raro.

Porque nos gustan los perros, ¿no?

¿O solo nos gusta una pequeña parte de lo que es un perro?

¿O quizá lo que nos gusta es el ideal que hay en nuestra cabeza de lo que es o lo que representa un perro?

Creo que a menudo es esto último.

Y en ese caso, me temo que no nos gustan los perros.

Porque decir que otro ser vivo nos gusta mucho para luego dedicar ímprobos esfuerzos a cambiarlo para que se adapte a lo que en realidad nos gusta no es exactamente que el otro ser vivo te guste.

Si es tu situación, pues nada que añadir.

Si en realidad sí te gustan, aunque algunas conductas te saquen de quicio, pero ya no entiendes nada porque te llegan mensajes contradictorios por todos los ángulos.

Y lo que quieres es tener claro qué es de verdad un perro, qué es lo normal y lo que le hace feliz, y ya aprenderás a convivir con la parte desagradable.

(Pero sin torturarte intentando cambiarla o anularla)

Entonces puedo echarte una mano

Si de verdad te gustan los perros, para lo bueno y para lo malo, y admites (aunque sea a disgusto, lo sé) las conductas naturales de la especie. Si  no, es mejor que busques a otro. 

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