¿Y si tu perro estuviese enfermo?

A los humanos nos gusta poner límites. Saber que hasta aquí llega una cosa y a partir de ahí empieza la siguiente. O que de aquí no se puede pasar. Que hay barreras que delimitan y dan forma a lo que  nos rodea.

El modo en que valoramos la salud (o la enfermedad) no es diferente.

Distinguimos claramente entre síntomas que pueden sugerir una patología, y situaciones que sugieren salud. Y en ese compartimento rara vez se incluyen las conductas.

Se da por sentado que todo comportamiento que manifiesta nuestra mascota tiene carácter voluntario: el perro o gato se comporta así porque desea hacerlo.

Y que es algo normal, o si es anormal, se debe a factores exclusivamente externos. O si el dueño valora la conducta como muy anormal, que el animal está algo loco. Tiene algún problema, pero solo en la cabeza.

Argumentando que las conductas cotidianas a excepción de la consultada son normales, se considera que el perro o gato gozan de buena salud.

Come bien, juega habitualmente, se le ve contento, da paseos, y no se aprecia ningún síntoma de enfermedad evidente.

El hecho de que muchos veterinarios no consideren casi ninguna alteración de la conducta como un posible indicador de que algo va mal en la salud del animal contribuye a apoyar esta visión compartimentada.

Por un lado va la enfermedad, por otro el comportamiento (recordemos, presumiblemente voluntario en todos los casos).

Un mal comportamiento puede indicar enfermedad

Y sin embargo, la influencia de la salud sobre la conducta de animales (y personas) es notable.

Y con frecuencia una enfermedad puede ser la única causa de la alteración del comportamiento que los dueños observan, y el único síntoma que los veterinarios podemos apreciar.

El resultado final es que se dedica mucho esfuerzo y se genera mucha frustración en todas las partes implicadas cuando se diseña un plan de modificación de conducta que no funciona.

O que lo hace solo parcialmente, pues en su desarrollo solo se tiene en cuenta la consecuencia del problema (el comportamiento indeseado), y no la causa del mismo.

Por ello hay que preguntarse porqué el perro o gato presenta (o no) una determinada conducta que nos molesta, incomoda o supone un obstáculo serio para la convivencia.

Y después valorar distintas respuestas a esa pregunta, incluyendo siempre la opción “porque siente dolor o tiene alguna enfermedad”.

Este planteamiento es mucho más productivo para todos.

¿Cómo sé si mi perro se porta mal porque está enfermo?

Y quiero destacar unos supuestos en los que la probabilidad de que la causa del problema sea física es muy alta:

  • Si tras varias semanas de aplicar un protocolo de modificación de conducta no hay una mejoría clara. Obviamente, solo en el supuesto de que el protocolo no implique el uso de herramientas o sistemas de manejo que introduzcan dolor o miedo en la vida del perro. Porque si no la ausencia de mejoría (o el agravamiento del problema) puede deberse (casi seguro) al sistema empleado.
  • Si tras aplicar algunas de las medidas indicadas aparece un empeoramiento. Esto es notable cuando se incrementa el ejercicio y el perro empeora. Puede indicar dolor articular o de columna, que lógicamente se agravará con el ejercicio.
  • Si se trata de un perro mayor (más de siete años), o de una conducta de reciente aparición o agravamiento repentino.

En esos casos, la solución al problema de conducta suele estar en el veterinario.

Una patología articular o nerviosa que genere dolor crónico, una alteración orgánica u hormonal que empieza influyendo en la conducta, y tras varios meses o años, termina por manifestar síntomas físicos claros, incluso un par de dientes rotos pueden evidenciarse con un único síntoma: un cambio en la conducta, o una conducta anormal o indeseable.

Irritabilidad, agresividad (especialmente si no tiene un patrón definido), exceso o falta de energía, destructividad, reacciones exageradas a estímulos en principio neutros, son las manifestaciones conductuales más corrientes de enfermedades o dolor.

En resumen: si tu mascota tiene un problema de conducta, y tras valorar que no se trata de un comportamiento inherente a la especie decides ponerte en marcha para mejorar la convivencia, ten siempre presente la posibilidad de que el problema sea en realidad un síntoma.


¿Es tu caso?, ¿tu perro ha cambiado de conducta al hacerse mayor o a mejorado mucho al eliminar un problema físico?, cuéntamelo en los comentarios.

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Irene

¡Hola!, me presento, soy la fundadora de Comunicación y Respeto, sitio donde comparto contigo estrategias, ideas, ayudas y herramientas que funcionan para que puedas conseguir un vínculo especial con tu perro y disfrutar al 100% de su compañía. Si hay comportamientos de tu perro que no entiendes o situaciones que te preocupan, apúntate al blog y recibe gratuitamente tu guía "Cómo mejorar la convivencia con tu perro en diez sencillos pasos".
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