¿Sabías que hay comportamientos que podemos controlar y otros que no?.

Hay momentos y situaciones en las que el cuerpo va por libre, y no importa lo que intentes para dominarte, no puedes evitarlo.

Esto se debe a que el sistema nervioso tiene una parte dedicada al control voluntario, y otra,  muy importante, al «piloto automático».

Muchas de las funciones que realiza nuestro cuerpo no están bajo nuestro control, simplemente se hacen.

No puedes decidir si  haces la digestión o no, no puedes pararte el corazón, no puedes evitar producir pis (y tener que evacuarlo). No puedes evitar sudar o notar la boca seca.

Hay muchas cosas que no podemos controlar, y que se manifiestan externamente.

En perros ocurre lo mismo.

El cuerpo se comunica con el sistema nervioso mediante mensajeros químicos que le informan de qué está pasando por ahí abajo, y según esos informes, manda a su vez órdenes químicas que regulan el correcto funcionamiento del organismo.

La pega es que muchos de esos mensajeros no se ocupan de una única misión, sino que activan o desactivan un gran número de funciones corporales a la vez.

El sistema es similar para todos los mamíferos, luego tenemos una gran cantidad de conductas que apenas podemos manejar como nos gustaría, y lo mismo les ocurre a nuestros amigos.

Tu perro no puede evitar hacerse pis

¿Y a dónde quiero llegar con todo esto?. A que algunas de las cosas que tu perro hace y no te gustan no están bajo su control.

Y si él no puede controlarlas, tú tampoco puedes.

No importa que regañes o que premies o que ignores la conducta. Es una consecuencia de una cascada química interior en reacción a un requerimiento (interno o externo).

Para cambiar o hacer desaparecer esos comportamientos hay que evitar que la cascada química se active, o darle una salida socialmente aceptable.

Así, cuando tu perro marca levantando la pata cinco veces en diez minutos en la consulta del veterinario, tú crees que es cochino. Pero en realidad no puede evitarlo.

Y cuando al ver un perro se le levantan los pelos del lomo y parece un erizo, y tú piensas que «intenta parecer más grande para dominar al otro perro», en realidad no puede evitarlo.

Y si al quedarse solo hace pis y caca siete veces por toda la casa, a pesar de que le sacaste de paseo, y repite un día sí y otro también, y razonas que se venga de ti por dejarle solo tantas horas, en realidad no puede evitarlo.

Estos comportamientos se conocen como «viscerales», y son involuntarios. La lista es larga, y en realidad es común a las personas.

Así que si deseas cambiar esas conductas, ponte a pensar.

¿Cómo logro que deje de hacer pis?

Lo primero es asegurarse de diferenciar si la conducta que te molesta responde a un patrón de aprendizaje, o es involuntaria.

En el segundo caso, busca un nexo común, una situación o contexto donde se repita, y asocia una emoción intensa (lo que siente tu perro en ese instante) a ese contexto.

Ya tienes una respuesta a «porqué lo hace». Ya estás un paso más cerca de una solución práctica.

Si hace pis en el veterinario, y lo hace también en casa de familiares y amigos cuando vas de visita, seguramente se siente nervioso e inseguro en esos contextos.

Si se eriza al encontrarse con otros perros, está asustado y no sabe muy bien cómo relacionarse.

Si mancha en casa cuando se queda solo, muy posiblemente tiene un ataque de pánico que le hace perder el control de sus esfínteres.

No se puede aprender a controlar las conductas involuntarias, pero sí se puede enseñar a mejorar las emociones que rodean al entorno en que se producen dichas conductas.

Si dedicas esfuerzo a que tu perro encuentre agradables las visitas a otras casas, y al  veterinario (o al menos, que no le intimiden mucho).

Si empiezas a relacionarle con otros perros, inicialmente de menor tamaño y carácter tranquilo, para que aprenda habilidades sociales

Si te aplicas en reeducar la situación «quedarse solo» para que no suponga un drama, y tu perro mejora la gestión de las emociones intensas asociadas, haciéndolas más moderadas o incluso cambiándolas por emociones positivas, las conductas involuntarias desaparecerán por sí solas.

No te dejes llevar por el momento regañando, corrigiendo o bloqueando estas conductas.

Si son un problema para ti, toma distancia y valora qué puedes hacer para que tu perro no sienta emociones extremas que activen la química interna y le hagan comportarse así.

Si son cuestiones menores o crees que el esfuerzo no vale la pena, simplemente mira para otro lado: no desaparecerán por hacerlo, pero no añadirás más carga emocional a una situación que ya de por sí es tensa.

 

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Irene

¡Hola!, me presento, soy la fundadora de Comunicación y Respeto, sitio donde comparto contigo estrategias, ideas, ayudas y herramientas que funcionan para que puedas conseguir un vínculo especial con tu perro y disfrutar al 100% de su compañía. Si hay comportamientos de tu perro que no entiendes o situaciones que te preocupan, apúntate al blog y recibe gratuitamente tu guía "Cómo mejorar la convivencia con tu perro en diez sencillos pasos".
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