La ciencia descubre lo que ya sabías

perro viejo

Lo último que todos sabíamos, pero que no podíamos demostrar más allá de la observación empírica, es la actitud de los adolescentes.

Resulta que, a partir de los 13 años, el cerebro del ser humano está programado para ignorar por completo el sonido de la voz de sus padres.

¿Cómo te quedas?

Lo sabías, fijo.

Pero oye, que la ciencia confirme que no es responsabilidad de los padres, sino biología, pues algo alivia.

Resulta que el cerebro está diseñado para desarrollarse siguiendo ciertas etapas.

Y en cada etapa, requiere de estar expuesto a ciertos estímulos y situaciones.

Y, además, debido a que a cada edad le corresponde una fase de baile (o estabilización) de neurotransmisores y hormonas, pues aparecen asociadas ciertas conductas.

Como no hacerte ni puñetero caso cuando le dices a tu hijo de 14 años que recoja su ropa de una vez.

No lo hacen a propósito, es algo que no pueden evitar, es biología, no una decisión personal meditada.

Lo malo de ese tema es que tienes que considerar que tampoco te hará ningún caso ni te escuchará cuando le des recomendaciones muy importantes.

Tenlo en cuenta.

Pero la parte positiva es que es una fase.

Forma parte del proceso de desarrollo del cerebro humano, desconecta a los 13 años de tu voz, pero volverá a conectar contigo.

Algún día

(Lo de que a día de hoy haya adolescentes de 35 años quiero pensar que es más un tema cultural que biológico)

Y una vez que sabes esto, lo mismo es importante saber qué otros detallitos afectan al cerebro de un adolescente mientras madura.

Para poder comprender mejor por qué se comporta así, y acumular más paciencia.

Sobre todo, sabiendo que algún día la tortura terminará.

Ah, pero espera.

Que este tema no es solo para adolescentes.

También para niños, y por rangos de edad.

Y para adultos, aunque con un abanico de años más amplio.

Pues te cuento algo más.

En los perros ocurre lo mismo.

Yo creo que hasta lo de que dejen de escuchar tu voz involuntariamente cuando son adolescentes.

Y también hay unas fases muy importantes cuando son cachorros, y cuando son adultos jóvenes o mayores.

Con sus características y sus limitaciones biológicas (todos entendemos que no se le puede pedir lo mismo a un niño de 3 años que a uno de 13. Aunque el de 13 ni te escuche).

Y con sus necesidades para lograr una maduración óptima del cerebro, y, en consecuencia, del individuo, y de las conductas que presentará el resto de su vida al relacionarse con el entorno.

Si no conoces todo esto, lo mismo no puedes ayudar a tu perro a evolucionar.

O peor, lo mismo la fastidias y luego va a tener mal arreglo.

O adoptas a un perro al que otros fastidiaron, y conocer estas fases te ayuda a que se te ocurran ideas sobre cómo convivir con él.

Y a comprenderle mejor cuando tenga conductas “extrañas” o algo extremas.

Lo mismo todo esto ya te lo sabes.

O lo mismo no.

En tal caso, te interesa apuntarte a los correos que envío cada día a quienes se suscriben.

Recibes un libro digital de bienvenida con ideas para mejorar la convivencia con tu perro.

Y una reflexión diaria sobre educación canina amable.

Así que, solo por eso, ya te interesa apuntarte.

Ulises, Argos y la APS

perro viejo
Ulises fue un tipo con una vida llena de aventuras. Odiseas, que dirían algunos. Pero desde el punto de vista de Argos, fue un cuidador, digamos, mediocre. Siendo justos, en realidad casi ni fue. Cuando Argos era joven, se iban los dos de fiesta durante horas, lo que para un perro quiere decir que se iban a cazar jabalíes, ciervos y lo que surgiera por los bosques de Ítaca. Luego pasaron cosas en lugares lejanos, y Ulises le soltó a su colega Argos. “Oye, Argos, me voy un momentito a trabajar, tú pórtate bien, ¿vale? Vuelvo en seguida”. Y se largó. No sabemos qué tal se portaría Argos, porque lo que pasaba por Troya y otros lugares lejanos era más interesante. Pero da igual, porque hiciese lo que hiciese Argos mientras esperaba a que Ulises volviese “de trabajar”, lo acabó dejando por aburrimiento. Veinte años tardó el capullo de Ulises en volver. “Vale, diez años los echaste peleando en Troya, que te salió eso del caballo y te quedó muy chulo para Instagram. Pero ¿¿y los otros diez??” “Jo, es que no veas que atasco había en la Calzada Real para la vuelta, como se acabó la guerra, todo dios regresaba a la misma hora por el mismo sitio, y ya sabes….” “Sí, claro” Esa era Penélope, que tuvo que tragar con unas cuantas cosas mientras su esposo andaba por ahí, sitiando ciudades. El caso es que Ulises ya se olía que Penny iba a estar un poco mosca con lo de su ausencia. Así que entró en Ítaca disfrazado de mendigo, para poder echar un vistazo a ver cómo estaba el patio. Y mientras entraba en el puerto y miraba por las calles a ver si veía alguna cara conocida, se tropezó con un perro. Uno viejo, flaco, comido de garrapatas y tirando a ciego. Pero el perro tenía nariz, y le reconoció al instante. Era Argos, que andaba esperando todavía, el muy ingenuo. Ulises, tal y como tenía la cabeza pensando en Penélope (y en unos cuantos advenedizos que querían beneficiársela aprovechando su ausencia), se había olvidado por completo del perro. Argos se acercó a él, movió el rabo, le lamió una mano, y luego se tumbó por allí, como llevaba haciendo los últimos 20 años. “Anda, va a ser que eso de ignorar al perro para que no te salte encima ni monte el numerito cuando vuelves, funciona. Creo” Con las mismas, Ulises siguió ignorando al perro porque tenía otras prioridades, y a ello se fue. Y como supongo que ese no es tu caso, te cuento. Si cada vez que le dices a tu perro que te vas a trabajar, que se porte bien, se pone como loco. Y cuando regresas, también se pone como loco, y entre tanto, parece que ha pasado el ejército de Agamenón por el salón de tu casa. Lo mismo empieza a preocuparte eso de cruzar el umbral de la puerta de tu casa. Y no es cosa de desaparecer 20 años sin más, claro. Bien, pues te voy a decir dos cosas, una que ya sabes, y otra que igual sí, o igual no. Una, que eso de ignorarle no funciona para que deje de ponerse como loco. En tu presencia o en tu ausencia. Da igual, no sirve. Dos, que es una mala idea que puede empeorar sus conductas, y que, además, no está profundizando en la verdadera naturaleza del problema. Es como ir a tomar Troya, y limitarte a plantar una silla de playa frente a las murallas, y ya saldrán un día de estos, si eso. Tengo un curso donde tienes ideas un poco más profundas que esa. Te cuenta las razones por las que un perro puede liarla muy gorda cuando sales por la puerta. (Y ojo, que unas cuantas no tienen nada que ver con ansiedad por la separación). Y luego detalla ideas para aplicar ya que permitan meterle mano al problema desde la base. La base emocional, quiero decir. Se llama ansiedad por algo. Y el protocolo de “deja las luces puestas, sal sin ponerte los zapatos, ponle música relajante” seguramente te lo puedas ahorrar. Pero vamos, que si lo echas de menos, al final del curso te lo cuento también. Por si lo necesitaras, que es poco probable. PD- Para meterle mano desde la base al problema de la ansiedad por separación. Si la causa es otra, pero se le parece, lo mismo no te sirve, claro. PD2- Me he inventado la mitad de la historia, así que no te la tomes como un relato fiel a la Ilíada, que ni me he leído ni conozco más que por encima. PD3-Tienes los detalles del curso en el menú de la web

Temblad, guionistas de Hollywood

educación canina amable qué es

Por ahí fuera muchas personas ven la tele para entretenerse.

Si supieran lo apasionante y divertido que puede ser mirar perros, apagarían la tele.

Yo lo hice, jajajajaja.

Sus interacciones son complejas tramas de poder, disputas, amor, amistad, engaño, traición y compañerismo.

Y yo con estas movidas delante de las narices mientras trabajo.

Porque claro, a diferencia de la tele, esto no ocurre cuando a ti te apetece, ni se puede apagar o encender.

Así que ahora ando tecleando delante de una aburrida pantalla, y mis galgas deciden organizar una sangrienta batalla por una cama.

Bueno, lo decide Brianna, y claro, siendo Brianna, pues la batalla se reduce a una intensa trama de tensión psicológica.

Que es mucho mejor.

Igual sabes que Brianna es una perra muy lista.

Yo creo que es la más lista de esta casa.

Así que me fijo mucho cuando hace cosas.

Lleva un rato rondando por el salón.

Cuando hace eso, está tramando alguna maldad.

La observo (a la mierda la aburrida pantalla), y me doy cuenta de que quiere tumbarse en la cama que hay junto al baúl.

Pero está ocupada por Moira.

Moira, hecha una rosquita, con sus largas patas tapándole la cara, ni se entera.

Brianna pasa por delante una y otra vez, confiando en que capte el mensaje.

Pues no.

Entonces sale corriendo hacia la puerta, que está abierta, y desaparece en la finca.

A los pocos segundos, se la oye ladrar a lo lejos, intensa, excitada.

Moira levanta la cabeza.

Pone sus orejas de podenco

(Te partes si la ves cuando lo hace)

Escucha unos segundos, y se levanta a toda pastilla.

Sale corriendo por la puerta de la calle.

Un minuto después, Brianna llega a la carrera.

Cruza el comedor, y se lanza en plancha sobre la codiciada cama.

Y a mí me da un ataque de risa.

¿Cómo se puede ser tan malévolamente malvada?

¿Cómo has podido engañar así a tu amiga?

Jajajajajajajajaja.

En fin, que ahora tengo que intentar centrarme para recuperar lo que sea que estaba haciendo antes de este episodio de “Perros haciendo cosas de perros”

Espera, que ahora viene Moira, con cara de “no he entendido nada”.

Mira a Brianna, se le pone cara de póker, y se va a otra cama.

(Igual acaba de entenderlo)

Se deja caer como un fardo, y vuelve a dormirse.

Fin del episodio de hoy.

No sé, hay gente que todo esto se lo pierde.

Porque no se fija, o porque no comprende lo que ocurre.

Y es que, a menudo, es complicado interpretar lo que los perros hacen o quieren decir.

Pues tengo una membresía que te ayuda justo con eso.

Y que seguramente te hará cambiar el modo en que miras a los perros.

Yo estoy convencida de que unas cuantas cosas de las que puedes aprender ahí te van a entusiasmar.

Y de otras simplemente pensarás “por qué nadie me había contado esto antes”.

O igual soy una flipada y esto solo me pasa a mí.

La verdad es que no lo sé, tendrás que echar un vistazo a los contenidos y decidir por ti misma.

¿Y cómo?

Pues tienes que apuntarte a los correos diarios gratuitos, y a partir de ahí, ir viendo. 

10 tips de educación canina vale-para-todos

Ok

He publicado un mensaje en Facebook para vacilar un poco.

A ver si alguno de mis haters entra a morder, que llevan mucho tiempo callados.

O yo mucho tiempo siendo tibia, que también.

El mensaje dice así:

 

Venga, que sé que te gusta, una lista de 10 de tips sobre educación canina vale-para-todos, pero de verdad:

1.  Observa (a tu perro)

2.  Escucha (a tu perro)

3.  Pregunta (a tu perro)

4.  Da ejemplo (sí, a tu perro)

5.  Tómate los paseos y la convivencia en general con calma

6.  No te centres en lo que tú quieres, sino en lo que tu perro necesita

7.  Deja de exigirle a tu perro lo que tú no eres capaz de hacer

8.  Fórmate, mucho, de modo constante, sin descanso

9.  Aprende a dejar de hacer, y a dejar hacer

10.  Y sobre todo, sobre todo, deja de buscar tips de educación canina en redes sociales

 

Y ese es un buen resumen que le daría a todos aquellos que me escriben contándome lo que les preocupa, lo que quieren corregir, lo que buscan cambiar, lo que les supera, cuando me dicen

“¿Qué me aconsejas?”

El punto 10, el que más me han aplaudido en FB, es el que puede resultar más útil y sencillo de seguir.

Y el punto 8 es tan, tan importante, que sobre él van a pivotar los demás puntos.

Es más sencillo observar, escuchar y preguntar (entendiendo algo) si te formas.

Dar ejemplo, centrarte en las necesidades de tu perro, dejar de hacer y dejar hacer se vuelve fácil cuando te formas.

Y como consecuencia, te lo vas a tomar todo con mucha más calma.

Así que, para facilitar el punto 8, tienes esta membresía.

Para cuidadoras que saben que pueden hacerlo mejor, pero tienen claro que preguntar en Instagram es poco inteligente.

Y que buscan una convivencia agradable y con sentido con su perro, sin preocuparles si se sienta, da la pata o camina “junto” todo el paseo.

Si cambiarías sin dudarlo ser la más guay del parque canino por reconocer una mirada de complicidad de tu perro, gracias a que estás observándole en lugar de escuchando consejos idiotas, definitivamente tienes que apuntarte al correodiario.

Dejas tu email, y recibes un mensaje diario con reflexiones sobre educación canina amable.

Y sí, algún consejo sobre educación canina, que igual te vale, o igual no, que tu perro no es el perro del vecino.

 

PD- El espíritu crítico y un poco de escepticismo son necesarios, así que mira con lupa mis consejos, que lo mismo también son idiotas

¿Seguro que era por aquí?

galgo atigrado

Bajo las frías aguas del río, una pequeña estructura de grava da cobijo a docenas de huevos.

Son apenas más grandes que una lenteja, pero contienen un ser extraordinario en su interior.

Cuando el agua se calienta, un diminuto alevín sale del huevo, y permanece en el nido, esperando.

Observa su entorno, su reducido mundo, y recoge información que recordará toda su vida.

Finalmente, el pequeño alevín ya ha crecido lo suficiente como para enfrentarse solo al mundo.

Y se deja llevar corriente abajo, hasta llegar al mar.

Allí tiene que hacer un gran esfuerzo para adaptar su organismo al agua salada, tan diferente de aquellas aguas cristalinas y puras que le vieron nacer.

Se pasa un tiempo haciendo sus cosas de salmón, recorriendo el mar a su antojo, hasta que recibe la llamada.

El hogar le reclama, y el salmón responde con toda su energía, volviendo al río que le vio nacer.

Se enfrenta a depredadores, corrientes marinas, barcos de pesca y a la duda universal de cualquiera que viaja.

“¿Seguro que era por aquí?”

Finalmente, llega hasta el río, y sabe que ahora debe superar el mayor reto.

Subir.

Remonta corrientes y vados, pozas y cascadas, piedras y riscos.

Y llega a su casa.

El lugar donde nació él y todos sus antepasados.

Allí construye un nido con piedrecitas, idéntico al que vio al salir del huevo.

Junto con un macho que la acompaña, cierra su ciclo poniendo los huevos de los que saldrá la nueva generación.

Y tras esto, muere…

 Menuda mierda de final, me parece a mí.

Lo primero que viene a la cabeza es ¿y por qué se tiene que morir?

Que vale, menudo trabajazo, pero lo mismo con descansar podría recuperarse, ¿no?

Pues no.

Resulta que el pobre pez no la palma por agotamiento físico, como podría parecer.

La palma por los efectos del exceso de cortisol en su cuerpo.

La hormona del estrés, que se pone a tope para permitirle realizar la peazo hazaña de ir río arriba durante días.

La muy cabrona le convierte en una especie de super pez.

Pero a cambio deja los órganos vitales tocados, y el daño es irreversible.

Cuando el salmón descansa, lo hace para siempre.

Ahora imagina el efecto de esa hormona en tu perro.

Porque tu perro también la produce.

Y lo hace cuando algo le altera y le produce estrés.

Por si no te has dado cuenta, eso le ocurre a diario.

Seguramente más veces de las que imaginas.

Ahora piensa si esos problemillas de salud que tiene y que no terminan de quitarse no podrían ser por esto.

Si ciertas conductas que otros consideran “alteradas”, como destrozarlo todo, ladrarle a todo, gruñir o buscar pelea, alterarse por tonterías o dormir poco y mal, no podrían ser por esto.

¿Y si resulta que al tratar de corregir y arreglar todo eso, te estás comportando como el río, que empuja hacia abajo con todas sus fuerzas?

Dale una vuelta a ver.

Y luego echas un vistazo a la membresía.

Te propone una manera de abordar problemas cotidianos sin mirar los problemas cotidianos.

Centrándose en las causas y no en lo que se ve.

Y escarbando en cuestiones aparentemente inconexas con las conductas.

Igual que el salmón no elige cualquier río, porque está conectado solo con el suyo, aunque los demás no podamos verlo.

A partir de ahí, ya te surgen ideas de qué puedes cambiar (tú) para que tu perro cambie.

Y sin tener que corregir nada, sus conductas mejoran.

¿Imaginas lo que se puede presumir ante otros cuidadores al no tener que gritar, corregir, prohibir o controlarlo todo?

Y ya no digamos si ni siquiera necesitas ir con la bolsita de premios colgando de la cadera.

Y cuando te pregunten cómo lo has hecho, te va a dar pereza explicarlo.

Porque, aunque es sencillo de poner en práctica, es complicado de explicar.

No es un “dejo de prohibirle cosas y ya está”.

Es mucho más profundo. Y si quieres saber más, tendrás que suscribirte

¿Qué hago si mi perro me muerde?

Te preguntas qué puedes hacer si tu perro te muerde.

Es una situación que preocupa y asusta a partes iguales, sobre todo si tu perro es grande. En este artículo tienes varias ideas para evitar que esa situación se vuelva a repetir.

Cómo corregir a tu perro cuando te muerde

 

Cuando decides introducir un perro en tu vida, piensas en los paseos agradables por el parque, la playa o la montaña.

En hacer nuevos amigos y conocer a otras personas con perros simpáticos y juguetones.

Compartir el sofá mientras disfrutas de una buena película.

Disfrutar de calurosos recibimientos cada vez que llegas a casa después de trabajar.

En los ratos de juegos y complicidad en el día a día.

Lo que nunca se te pasó por la cabeza es que tu perro, tu mejor amigo, te pudiera morder.

En ese inesperado momento, diversas emociones te invaden: miedo, ira, incredulidad, conmoción….. Pero sobre todo sientes una total incomprensión por su conducta.

Y, sin embargo, la principal causa por la que un perro muerde es porque nadie le estaba escuchando.

Y es que cuando un perro se encuentra en una situación que él percibe (de modo real o imaginario) como amenazadora, trata de huir o de evitar el conflicto (mediante comunicación corporal).

Si no logra escapar o la comunicación no funciona, entonces optará por agredir.

Ojo, no  es una decisión consciente, es una reacción primaria de supervivencia: tu perro cree que su vida corre peligro y que debe defenderse de una potencial amenaza.

Aunque es cierto que estoy dejando al margen posibles problemas de dolor, que son una causa muy frecuente de agresión, o posibles enfermedades que estén alterando la conducta de tu amigo, lo cual también sucede con más frecuencia de la que imaginas.

Así que no descartes sin más una visita al veterinario porque no se queje, coma bien y juegue. Las conductas de agresión pueden ser el único síntoma de malestar físico.

Si probablemente no escuchaste a tu perro, y finalmente él cree que debe agredirte para lograr eliminar la amenaza que supones, entonces lo que viene ahora te interesa.

Y es que hay muchas actitudes y comportamientos habituales en las personas que resultan amenazadores para muchos perros, y no somos conscientes de ellos. Y por eso tu perro puede llegar a morderte.

¿Cuáles son esos comportamientos?

Te detallo los más habituales. Si los analizas bien y te percatas de que los estás realizando, ya tienes un buen punto de partida para hacer las paces con tu perro, resolver la mala comunicación entre ambos, y evitar futuros incidentes.

De ese modo ambos podréis volver a confiar el uno en el otro.

 

SI MI PERRO ME MUERDE ¿QUÉ PUEDO HACER?

 

NO INTENTES SER EL MACHO ALFA

 

Esta es una de las causas más comunes que provocan mordeduras por parte de los perros.

Todo a tu alrededor, desde la Tv hasta los Tontos Alfa de parque canino, pasando por muchos adiestradores y educadores y por la mitad de Internet te han hecho creer que debes pasarte los próximos 10 años demostrando algo.

O sea, demostrar que eres la más machota.

Porque si no lo haces tu perro mandará sobre ti y sobre toda la humanidad que se deje mandar.

Y tú, por un lado por desconocimiento, y por otro por la enorme presión social que ejerce un grupo tan numeroso, lo haces.

O lo intentas.

Pero lo que realmente estás haciendo es abusar física y psicológicamente de tu perro.

Lo voy a poner bien claro por si no se ha entendido bien: las posturas que abogan por “dominar” a los perros como modo de educarlos, enseñarles cuál es su sitio o reconducir conductas inadecuadas o molestas (generalmente inadecuadas o molestas para las personas) están promoviendo un maltrato animal socialmente consentido.

Insisto.

Los sistemas de “reducción de rango”, o cómo les llamen ahora, son formas de maltrato animal.

Te están hostigando para que maltrates a tu perro, le presiones y le provoques todo tipo de conflictos y desconfianza (en el mejor de los casos, en el peor será un miedo atroz)

Y el argumento es que es la ÚNICA manera de hacerlo correctamente.

Pues bien. No solo es mentira, sino que recibir un mordisco es una de las consecuencias más habituales.

Puesto que (sin darte cuenta) atacas a tu perro, él, tras intentar calmarte como buenamente puede para que detengas tu conducta, finalmente no tiene más remedio que morderte.

Y si aun así persistes, o aumentas tu grado de agresión, las señales de comunicación para apaciguarte (o para avisarte de que das mucho miedo, y que procederá a defenderse en 3, 2 1……) desaparecerán.

Entonces tu perro será una bomba de relojería: sí, será el famoso perro “que muerde sin avisar”.

Sí que avisó.

Mucho.

Pero no se le escuchó, o peor, se le obligó a callar.

Así que una primera medida, altamente eficaz para que tu perro no vuelva a morderte, es dejar de aplicar la Teoría del líder de la manada, olvidarte del rollo del “macho alfa”, y dejar de interferir con su vida.

No le metas la mano en el plato porque sí.

No le eches del sofá  o de la cama de cualquier modo “porque si no manda él”.

No le obligues a caminar en “junto” por la calle “porque si no «es él el que me saca de paseo a mí”.

No le muevas por la fuerza hacia donde tú decidas.

No le saques de la boca cualquier objeto que tenga solo para que se deje quitar cosas porque así es como debe ser.

No le abronques cuando monta a otros perros o a persona “porque está tratando de dominarlas” (lo cual es una gran falsedad y denota nulo conocimiento sobre fisiología y comunicación canina).

En resumen.

Deja de hacer todas esas acciones absurdas que te han vendido que debes hacer porque es así como se maneja a un perro y porque así te respetará y te hará caso.

No solo es mentira sino que destruye la confianza de tu perro en ti y propicia las conductas de agresión defensiva.

Si alguna conducta te resulta preocupante, valora la causa y busca otro modo de abordarla.

Y para todo lo demás (eso que “hay que hacer” pero que en realidad no sabes muy bien porqué o no te importa mucho), simplemente deja vivir a tu perro.

 

RESPETA SU ESPACIO PERSONAL

 

Los humanos tendemos a invadir el espacio de los perros sin preguntar y sin ningún miramiento.

Lo que no haríamos con otras personas consideramos que los perros deben permitirlo, y a veces nos autoengañamos diciendo que a los perro les encantan nuestras intromisiones.

Tomarle en brazos cuando te parece, acercar tu cara a la suya (incluso sujetándole la cabeza para que no la aparte) para darle besos, acariciar cualquier parte de su cuerpo cuando te apetece y del modo en que se te ocurre son graves intromisiones del espacio personal.

Hay perros que realmente adoran el contacto físico, y les parecerá estupendo a cualquier hora.

Otros muchos han aprendido a tolerarlo, aunque no les gusta en absoluto. Hay perros con una paciencia indescriptible.

Pero otros simplemente no van a aceptarlo, y responderán amenazando o mordiendo.

O consideran esa intromisión como una verdadera amenaza (por ejemplo que le sujetes la cabeza para luego tú aproximar la tuya mientras le miras fijamente a  los ojos). Y por lo tanto te llevarás un mordisco.

Sé respetuosa con el espacio de tu perro (y con el de todos los perros).

Si realmente te gustan los perros, ser respetuosa con su espacio será la mejor demostración.

Es preferible preguntarle al perro qué le parece el acercamiento y el contacto, idealmente pidiéndole que se aproxime para recibir caricias o besos.

Si no se acerca, lo está dejando bastante claro.

Y si se acerca para marcharse a los dos segundos, también.

Respétalo.

Piensa en cómo te sentirías si cada persona que hay cerca de ti decidiera colocarse a 10 cm de tu cuerpo y te acariciara o abrazara sin venir a cuento y sin que tú lo hayas pedido.  

En cualquier momento y durante el tiempo que la otra persona estimara oportuno.

Tal vez digas algo o grites, tal vez intentes alejarte, pero desde luego lo que no pasará es que te sientas a gusto.

A tu perro le ocurre lo mismo.

 

DÉJALE DORMIR TRANQUILO

 

Uno de los momentos donde más vulnerables somos es mientras dormimos.

Por eso nos gusta estar en un dormitorio acogedor, en un espacio cómodo y tranquilo, sin ruidos repentinos ni gente desfilando por la zona a cada rato.

Y por eso nos sobresaltamos mucho, y a menudo nos enfadamos (yo me enfado mucho) si mientras estamos en una fase de sueño profundo, alguien nos despierta porque sí.

Para tu perro no es diferente.

Cuando descansa y más aun cuando duerme, es obligatorio para todos los miembros de la familia respetar su espacio y su descanso.

De lo contrario, si alguien decide que está adorable en esa postura y se acerca para achucharle o darle unas caricias, es posible que se lleve un mordisco.

Si las amenazas o agresiones suceden porque tu perro está bajo tus pies en un escritorio o compartiendo la cama, y al moverte sin querer le asustas y te ataca, es hora de proponerle de modo amable que disponga de su propio espacio.

Puede ser junto a ti, sin problemas (de hecho seguro que lo prefiere), pero enseñarle a ocupar una cama propia dejando libres tus pies o todo tu cuerpo para que te puedas mover con libertad es la mejor opción.

Si respetas su espacio, también puedes pedir que el tuyo sea respetado.

En el caso de que tu perro no sea capaz de utilizar una cama cómoda y mullida colocada junto a ti porque necesita estar literalmente pegado a ti, seguramente tiene un problema grave de miedos e inseguridad.

Y deberás trabajar esto primero con el fin de lograr que gane en autoconfianza y se atreva a dormir “solo” (a un metro de ti).

 

LO QUE ESTÁ EN MI BOCA ES MÍO

 

Es una norma de urbanidad canina, y los humanos no solo la ignoran a menudo, sino que suelen provocar la situación para demostrar que pueden quitarle lo que quieran a su perro.

Pero es habitual que un perro muerda por esta razón.

Si se le quita un juguete, la comida, algo que encontró en el suelo o la zapatilla que acaba de robarte (o más bien que dejaste por ahí tirada, luego ya no es tuya) el modo de hacer esto (mediante amenazas y gritos) suele desencadenar la percepción de amenaza.

Y si la comunicación que exhibe tu perro a continuación no te hace disminuir el nivel de amenaza (y no, no soltará lo que lleva en la boca mientras tanto), entonces tendrá que defenderse.

Ojo.

No está defendiendo la zapatilla ni el juguete.

Se defiende a sí mismo.

Y es que a menudo, además de percibir la situación como amenazadora, los perros suelen tener experiencias previas que les permiten afianzarse en esta impresión

Porque lo habitual es que las personas suelen abalanzarse sobre los cachorros (y adultos) en cuanto éstos se meten cualquier cosa en la boca.

Y de mala manera, gritando y amonestando al cachorro, e incluso dándole un manotazo en el hocico, se la quitan mientras afirman “¡esto no! ¡esto no se toca!”.

La impresión es tan fuerte que el perro no asocia que no debe tomar según qué objetos (es algo demasiado aleatorio para que pueda entenderlo), sino que asocia el llevar algo en la boca, lo que sea, con un ataque por tu parte.

Y puesto que a menudo esto ocurre entre 4 paredes, la huida no suele ser una opción.

De hecho, muchos huyen pero les persiguen hasta arrinconarles.

Así que no queda más remedio que defenderse.

Mordiendo.

Por lo tanto, las opciones aquí son sencillas. Siempre que sea posible, deja a tu perro tranquilo.

Si crees que no es posible por alguna razón, debes dedicar un tiempo a establecer un historial de experiencias positivas relacionadas con “llevar algo en la boca (y dármelo)”.

Si tu perro, en lugar de encontrarse acorralado y en una situación altamente conflictiva cuando se mete algo en la boca, tiene hecha una asociación previa de situación de juego y de obtención de beneficios cuando lleva algo en la boca (y lo cede VOLUNTARIAMENTE), las probabilidades de que muerda caen en picado.

Pero esto debe trabajarse con antelación para anticiparse a este posible problema.

No importa que tu perro no haya mordido nunca.

El gruñir o morder por intentar quitarle algo de la boca a un perro es tan corriente que merece la pena dedicarle unos minutos al día a establecer antecedentes positivos para esta situación.

 

Estas son solo algunas de las situaciones cotidianas en las que tu perro puede sentirse amenazado y morderte.

Hay más, claro, pero con esto ya tienes un punto de partida para empezar a reconducir al situación.

Cuando te preguntas ¿qué hago si mi perro me muerde?, es importante pensar que una conducta agresiva no es una cuestión personal.

Tu perro no trata de hacerte daño, ofenderte o herir tus sentimientos.

Las conductas de amenaza y agresión tienen una única finalidad: aumentar la distancia con la potencial amenaza.

Es decir si la huida no está al alcance de tu perro, es la amenaza la que tiene que alejarse.

Por lo tanto lo que trata de lograr tu perro es que le dejes solo o que dejes de exhibir lo que él percibe (con razón o sin ella) como una actitud amenazante hacia él.

Y prestar atención a la comunicación corporal permite ver las señales de incomodidad antes de que sean señales de amenaza.

Y las señales de amenaza que son respetadas sirven para evitar las agresiones.

Por lo que si en determinados contextos tu perro intenta alejarse de ti, se lame la nariz muy repetidamente, repliega las orejas y aparta la mirada, enseña los dientes o gruñe, no le regañes, le persigas o te rías de sus acciones.

Simplemente para y dale espacio.

Así demostrarás que le estás escuchando, y que realmente no quieres provocar un conflicto.

Y así él sentirá que le escuchas y  no necesitará defenderse de ti. 

Tengo muchas más propuestas e ideas como éstas.

Para personas que quieren ser amables con sus perros pero que no consiguen entenderles.

Puede que seas esa persona. Y puede que sea esto lo que estás buscando.

 

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