Tienes que dejar de hacer

Aprender a no hacer nada

 

Hablemos de los problemas que muchas personas tienen con sus perros.

Un problemón serio es que se empeñan en hacer y hacer.

Y luego en hacer todavía más.

Y por si eso no fuera suficiente, se dejan caer por foros y grupos de FB para preguntar a todo desconocido que pase por allí qué más tienen que hacer para que su perro……

Pufff.

Menudo estrés.

Vaya vida angustiosa.

Los perros no necesitan nada de eso.

No quieren nade de eso.

No buscan hacer y hacer y luego seguir haciendo.

Por eso es un problema.

Por eso, y porque hacer tanto en sí mismo suele dar problemas.

¿Pero no hay que ir al parque canino dos horas al día a socializar?

¿No tengo que sacar a mi perro a hacer ejercicio para que se canse y luego en casa esté tranquilo?

¿No hay que llevarle a Agility los lunes, miércoles y viernes y a Dog Dance los martes y jueves, y pasarnos el fin de semana haciendo kilómetros con la bicicleta?

Ay, madre.

Para qué tanto.

Se vive muy bien saliendo a dar un slow walk por la mañana.

Y el resto del día haciendo recados, o leyendo, o trabajando online con los perros roncando a mis pies.

O roncando al sol.

Y por las tardes sin hacer nada, o haciendo, pero que no se note que hago nada.

Así todos relajados.

Así todos tranquilos.

Y felices.

No haciendo.

No vives con un súper perro.

Así que no tienes que ser un súper humano.

Tómatelo con calma y aprende a no hacer nada.

Los perros son buenos maestros en eso.

Si les dejas, claro.

Si les apuntas a extra escolares siete días a la semana, pues no.

Así que bueno.

Puedes hacer y hacer.

Si así eres feliz.

Y lo mismo tu perro también lo disfruta, no hay un estándar de “igual para todos” que sirva para cualquier perro.

O también puedes probar a no hacer.

Y seguramente aciertes, o al menos estarás mucho  menos estresada y angustiada.

Gane quien gane, tú pierdes

¿Peleando a diario con tu amigo?

 

No sé si te has fijado, pero muchas personas mantienen una guerra todos los días con su perro.
 
Igual a ti también te pasa, no sé.
 
Resulta que les han vendido la moto de que tienen que controlar a sus perros.
 
Que deben educarlos para que sean obedientes.
 
Que tienen que ser sumisos.
 
O simplemente que tienen que comportarse como si viviéramos en una película de Walt Disney.
 
Así que las bienintencionadas personas dedican todos sus esfuerzos cada minuto a cumplir con esto.
 
Y para ello, tienen que pelear con su perro.
 
Pelear para que no tire de la correa.
 
Para que no ladre.
 
Para que salude correctamente a otros perros
 
(Como si supiéramos de verdad cómo se hace eso)
 
Para que no salte sobre la gente.
 
Para que no persiga coches o bicis.
 
Para que venga siempre siempre siempre que se le llama.
 
Para que se lleve súper bien con absolutamente todos los perros a los que ve.
 
O mejor, para que los ignore a todos como si fueran hojas de los árboles arrastradas por el viento.

Y mientras tanto, los perros intentan comunicar cómo se sienten a cada momento.
 
Y tratan de satisfacer sus necesidades cotidianas.
 
Más allá de comer y beber, quiero decir.

Pero a veces incluso para comer y beber tienen obstáculos y bloqueos.
 
Al final hay perros que se rinden, y entonces tú pierdes.
 
Pierdes porque nunca conocerás al perro que tu perro podría llegar a ser.
 
Que seguro que es asombroso, inteligente y muy especial.
 
Y pierdes porque te pasarás los próximos diez años manteniendo la guardia alta.
 
No sea que tu perro vuelva a presentar batalla otra vez
 
(Intentando ser el perro que es)
 
Y luego hay otros muchos perros que siguen peleando cada día.
 
Ladrándole a todos su desconcierto o su enfado.
 
Tirando de la correa para tratar de alejarse de aquel que les obliga a batallar.
 
Huyendo de cada sombra o plantando cara a cada ruido.
 
Y así toda su vida.
 
Entonces tú pierdes porque te pasarás los próximos diez años entre la frustración de no entender qué está pasando.
 
Y la ansiedad de no saber qué pasará en el siguiente minuto.

Además de sintiendo la mirada de media humanidad juzgándote por no haber sido capaz de derrotar a tu perro.
 
Muy triste.
 
Y es que en una guerra todos pierden.
 
Pero hay una buena noticia.
 
El perro es una especie cooperativa.
 
Y el humano, aunque nos intenten convencer de lo contrario, también.
 
Luego podemos entendernos mutuamente y convivir sin necesidad de pelear.
 
Podemos cooperar y trabajar juntos.
 
Y juntos sumamos más.
 
Y vivimos mejor.
 
Además crecemos como individuos.
 
Y la vida es más tranquila y más bonita.
 
Todo son ventajas.
 
Y nadie pierde.
 
No sé tú, pero yo hace años que dejé de pelear con mis perros.
 
Y juntos cooperamos y nos hacemos la vida más agradable.
 
A ti te toca decidir tu siguiente paso.

Se mea sabiendo que no tiene que hacerlo

Tu perro no lo tiene tan claro como crees

 

Mi perro se mea en casa para marcar, tiene cuatro años. Se mea prácticamente una vez al día, junto a su cacharro del agua o de la comida. No está castrado pero nunca ha sido excesivamente posesivo.
No funciona ni regañarle, castigarle ni nada. Al revés, cuanto más le regañas más lo hace. Se mea y después se esconde porque sabe que le voy a echar la bronca. Se ha agravado desde que nos cambiamos de casa hace unos meses, pero ya lo hacía antes.

Se ha llegado a mear en su cama, sobre todo cuando le he comprado una nueva. En plan “mira hijo de puta me meo en la cama nueva mientras te miro fijamente”. Después se esconde de mí.
Es súper obediente, todo el mundo flipa con lo bien educado que está, pero el cabrón mantiene ese pulso, se mea sabiendo que no tiene que hacerlo. Alguna vez lo ha hecho sobre un juguete suyo después de que jugara con él, mirándome fijamente y después escondiéndose debajo de la mesa o yéndose a la puerta de casa. Es decir, LO SABE. La veterinaria dice que soy demasiado exigente con el perro.
¿Creéis que tiene alguna solución, o si la solución podría ser castrarle?

Bueno.

Este conflicto ocurre con frecuencia cuando convives con un perro.

O con un gato.

Lo de echar pulsos no.

Lo de tener un serio problema de comunicación.

Ah.

Y lo de hacerse pis en casa, también.

Pero sobre todo lo de la comunicación.

El perro hace algo que no puede evitar.

No podemos saber si él entiende que eso está mal o no.

No podemos.

Las reacciones posteriores que esta persona interpreta como señales de que LO SABE son en realidad una respuesta a un aprendizaje.

En concreto ha aprendido que tras el pis viene la bronca.

El conflicto social.

El sálvese quien pueda.

Pero eso no quiere decir que sepa (o no) que hacerse pis en casa está mal.

Ahí está el conflicto de comunicación.

Ocurre un hecho (el perro se hace pis en casa) y la persona crea una historia de agravio personal para explicar el hecho.

Y esa historia justifica las medidas que adopta, que en concreto son abroncar al perro.

Aunque él SÍ SABE que eso no funciona.

Y ahí están los dos, el uno meándose en casa por lo que sea, y el otro echándole la bronca aunque sabe que no sirve para corregir el problema.

Sirve para corregir su frustración, eso sí.

Probablemente por eso lleva meses así.

Pero algo ha tocado techo, porque está pidiendo consejo.

Alguna solución.

Quizá una cirugía.

Quizá otro modo de regañarle.

O tal vez algo que a él se le haya pasado por alto.

Eso es muy positivo, el pedir ayuda cuando no entiendes qué pasa y la situación te supera.

En este mundo hay toneladas de conocimiento que además se actualiza constantemente.

Y es imposible saberlo todo.

Así que consultar a otros que sí lo saben es una gran idea.

No sé si este chico conseguiría solucionar el problema.

O castraría al perro.

O le pondría pañales.

O no le volvería a comprar una cama nueva o un juguete nuevo jamás.

No sé.

Más que nada porque los consejos que recibió iban mayoritariamente encaminados a reforzar su educación.

Que está mal educado, le dejan caer, así como si nada.

Que es culpa suya, en realidad.

Cosa que él niega.

Más bien piensa que es algo personal que su perro tiene contra él.

De ahí que el conflicto no se resuelva.

Mientras no serene la cabeza, se saque a sí mismo de la ecuación, y evalúe, una por una, las razones por las que un perro adulto empieza a ensuciar en casa, no logrará ningún avance.

Seguramente ni aunque lo castre, pues no es esa la razón por la que mancha.

Si te encuentras en una situación similar a esta, seguramente entiendes a este chico a la perfección.

Pero ¿entiendes a tu perro?

Pues es el modo de resolver el problema.

Y este curso te ayuda con eso.
 

El síndrome del resultado

Si pensamos en el resultado no pensamos en el perro

 

Estaba pensando sobre un tema, a ver qué te parece.

Estamos obsesionados con los resultados.

En la vida en general, y en la convivencia con los perros en particular.

Entendiendo por resultado el  modo en que quieres que tu perro se comporte en un momento dado.

Así que nos referimos sobre todo a los resultados inmediatos, a lo que tiene que pasar aquí y ahora.

¿Y por qué nos importa tanto el resultado?

No es tanto por el hecho en sí de conseguir una conducta como por satisfacer nuestra necesidad de alcanzar el éxito.

Eso tiene una consecuencia importante para nosotros: el éxito silencia la ansiedad, el miedo, la frustración e inseguridad.

Nos hace sentirnos bien con nosotros mismos.

Y eso es realmente importante, sí.

Es tan importante que nos ciega hasta el punto de que el motivo por el que nos movemos, las acciones que realizamos para lograrlo y el propio perro pasan a un segundo plano.

Al final nos vemos empujados a justificar casi de todo con total de alcanzar ese éxito.

Para sentirnos bien con nosotros mismos.

La necesidad de lograr el resultado, de conseguir el éxito, se acentúa si tenemos miedo de perder el control.

(Un miedo muy habitual en el ser humano)

O si tememos el juicio de otras personas.

(Otro miedo muy corriente en  nuestra especie)

Es un problema, lo de tratar de conseguir resultados a toda costa cuando se trata de perros.

Y nos afecta a todos, no creas.

Quiero decir, que si en un momento dado te percatas de que la situación te sobrepasa, le pedirás a otro que consiga el resultado por ti.

A un educador canino, por ejemplo.

Y normalmente los educadores consideran que deben conseguir resultados.

Que ese es su trabajo.

Cuantos más resultados consigan para sus clientes, mejores profesionales son.

O esa es la percepción de muchos, lo cual es totalmente razonable, porque la necesidad de éxito nos afecta a todos.

Bien, hasta aquí todo correcto, somos humanos.

Pero en el mundo del perro (el mundo del perro según el perro, no según los humanos) esto no tiene ningún sentido.

Y por eso chocamos tanto, los perros y las personas.

Así que hace tiempo que decidí enfocar mi trabajo hacia el perro.

Y olvidarme de los resultados y de la consecución de éxitos.

Esto es chocante para muchos.

Hay personas que sencillamente lo desprecian o no le ven sentido.

Me parece bien, no soy quien para amueblarle la cabeza a nadie.

Hay otros que lo ven muy interesante y atractivo, y quieren hacerlo así.

Pero siguen preguntándome “cómo consigo que mi perro haga/deje de hacer”

Piden resultados.

Bien, yo no ofrezco resultados.

Ofrezco conocimiento, herramientas, información sobre lo que ocurre, enseño a observar al perro, a escucharle, a preguntarle.

Y con eso, la persona puede construir (o reparar) una relación fuerte y sólida basada en la confianza con su perro.

Y como efecto colateral, hay resultados.

¿Cuáles?

Ni idea.

Dependerá del perro, de la situación, de la persona, del entorno.

A menudo esos resultados satisfacen a la persona.

Especialmente porque no los esperaba, si ha aceptado lo que ofrezco.

A veces superan sus expectativas.

Y otras veces les parece suficiente, aunque los problemas sigan ahí, porque han entendido lo que ocurre y por qué ocurre.

En el trabajo que yo hago hay que concentrarse en el camino, no en la meta.

La meta es el resultado, y quizá nunca llegues.

O quizá la alcances a las dos semanas de empezar a trabajar.

Pero entonces te darás cuenta de que no era lo importante.

Lo importante es ese camino que tienes por delante, y que durará toda la vida de tu perro.

Lo verdaderamente importante es vuestra relación.

Y lo mejor es que cuando interiorizas esto, la ansiedad, la frustración, el miedo a perder el control y la inseguridad pasan a un segundo plano.

Y finalmente desaparecen.

Y para mí, ese es el verdadero éxito.

Y se lo deberás a tu perro.

PD1- Este correo está inspirado en un texto de Alexa Capra, «El síndrome del resultado»

Entre el estupor y el desconcierto

Necesitas entender a tu perro

 

En el puente aproveché para ir a visitar a mi padre.
 
Que le veo menos de lo que me gustaría porque Brianna lo pasa mal en entornos urbanos.
 
Y lo pasa aun peor en los ascensores y en los sitios con suelo de parqué.
 
La ves feliz y cachorril corriendo por la playa o siguiendo rastros por el bosque.
 
Y preocupada y seria en las calles de la ciudad.
 
En el ascensor directamente le castañetean los dientes y tiembla como una hoja.
 
Ha mejorado desde la primera vez que ni entraba en el ascensor, pero lo paso mal cuando la veo así.
 
Esta actitud es frecuente en perros con problemas de locomoción.
 
Lo de ser reacios a moverse en suelos de cierta textura o por sitios donde los suelos son de diferentes materiales.
 
Brianna encaja en ese perfil, por eso tenemos un techo en lo que a mejorar ese miedo se refiere.
 
(Aunque estoy haciendo algunos experimentos que parece que le ayudan)
 
Lo de ir a disgusto por el entorno urbano le pasa más bien a perros campestres.
 
Como los galgos.
 
Vaya, Brianna también encaja en ese perfil.
 
Bueno, el caso es que llego a casa de mi padre, con los tres perros, la bolsa con mi equipaje, la bolsa con el ajuar de los chuchos, las camas de los animalitos, y pensando en porqué la evolución no nos puso cuatro manos, que ahora me vendrían de fábula.
 
Entro en el ascensor, lo lanzo todo al fondo sin muchos miramientos, miro que los perros estén dentro y aprieto el botón.
 
“¡Mierda, le he dado al primero!”
 
Y es el segundo.
 
Señores que diseñan ascensores: debería existir un botón o un modo de desbloquear un piso que se ha pulsado incorrectamente.
 
Así nos ahorraríamos las esperas idiotas de puertas que se abren y se cierran sin que nadie entre o salga.
 
Sobre todo si los que han pulsado el botón han sido críos y le han dado a todos los pisos.
 
Ahí dejo la idea.
 
El caso es que llegamos al primer piso, y estiro las piernas de modo extraño intentando bloquear el paso de mis perros, para que no salgan.
 
Y casi lo consigo.
 
Jimena se escurre como una anguila y se va al descansillo de la primera planta.
 
Y para cuando quiero llamarla, las puertas ya se han cerrado de nuevo y nos vamos.
 
Uuppss.
 
Llego a la segunda planta, saco todos los bártulos, salen los perros, y oigo ladrar a mi princesa.
 
Y con el eco de las escaleras, no veas cómo retumba.
 
Vale, chicos, esperadme ahí un momento que voy a buscarla
 
Bajo por las escaleras, que resulta que tienen puertas, por lo que no están fácilmente accesibles desde el descansillo.
 
Es decir, para Jimena esas escaleras no existen.
 
No las conoce y no puede acceder a ellas.
 
(Le ha costado ocho años abrir con la pata una puerta entornada, imagina si tiene que manipular un picaporte)
 
Así que llego a la primera planta, abro la puerta, y aparezco justo tras su trasero.
 
Ahí está la pobre, mirando fijamente la puerta del ascensor.
 
Convencida de que nos hemos ido sin ella a alguna parte.
 
Que en cierto modo es lo que ha ocurrido.
 
La llamo.
 
Ni gira las orejas.
 
Para mí que esta perra se ha quedado sorda con los años y no me he dado cuenta.
 
(Es que en realidad nunca me hace mucho caso cuando la llamo, la verdad, pero eso nunca ha sido un problema para mí)
 
La llamo otra vez, hago ruiditos, y nada, sigue mirando la puerta del ascensor.
 
La toco suavemente, y se da la vuelta en cero coma tres segundos.
 
Entre mosqueada y sorprendida.
 
Ah, si estoy aquí.
 
Venga, anda, vamos para casa.
 
Entra en la zona de escaleras.
 
Y se va hacia abajo.
 
Jajajajaja.
 
Creo que piensa que hemos vuelto a ir todos a la calle.
 
Lo de la planta equivocada ni se lo plantea.
 
Seguramente en su cabeza no existen las plantas.
 
Solo una puerta por la que entras a una caja.
 
Y cuando sales estás en la entrada de una casa.
 
Y ya.
 
Yo subo, y en seguida se da cuenta y cambia de dirección.
 
Bueno.
 
Lo más probable es que Jimena no entienda en absoluto cómo funciona un ascensor.
 
Pero no le hace falta para poder usarlo.
 
Ahora bien ¿sabes quién sí necesita entender a su perro para poder convivir tranquilamente con él?
 
Cualquiera que conviva con un perro.
 
Cuando comprendes cómo razona un perro, por qué se porta como se porta y cuáles son sus conductas normales, todo cambia.
 
Tu perspectiva se ajusta más a la realidad.
 
Tus expectativas se aproximan más a lo que tu perro puede dar.
 
Te resulta mucho más sencillo gestionar las situaciones cotidianas, en casa y en la calle.
 
Y si algo no sale bien, puedes fácilmente detectar por qué y mejorar para la siguiente vez.
 
Muchos de mis clientes se sienten muy aliviados cuando empiezan a entender a sus perros.
 
Lo que hacen y por qué lo hacen.
 
Y curiosamente muchos de los problemas dejan de serlo cuando esto ocurre.
 
Otra carga que se quitan de encima.
 
A lo mejor tú estabas buscando algo parecido.
 
Vives cada día con tu perro entre el estupor y el desconcierto, y eso te genera ansiedad.
 
Pues con eso puedo ayudarte.

Que tu perro se porte mal tiene algo de bueno

Puedes ayudar a tu perro a expresarse mejor

 

Cuando empecé en esto de la etología buscaba conocer y comprender mejor a una especie tan próxima como ignorada: el perro.

Luego me fui liando y liando, y me di cuenta de que muchas personas tenían problemas con sus perros.

O sus perros tenían problemas con el mundo.

O los perros les daban problemas a las personas.

O lo que sea.

El caso es que había problemas.

Y me esforcé en corregir esos problemas.

Entre tanto seguí aprendiendo y conociendo mejor a los perros.

Por lo que mi punto de vista cambió.

Y mis esfuerzos también cambiaron de dirección.

Esto no fue una epifanía ni nada por el estilo.

No ocurrió de la noche a la mañana.

De hecho me ha llevado unos cuantos años de transición.

Pero llegué a la conclusión de que no es un problema de comportamiento si tu perro salta sobre la gente para saludar.

No es una alteración de la conducta que tu perro pida en la mesa o se suba a los sofás.

No hay nada sucio ni controlador en que tu perro monte a otros.

Es totalmente normal que tu perro robe basura o la coma del suelo por la calle.

No hay nada de malo en que dé tirones y ladre a  los gatos que se cruza en el paseo.

Así que no deberías sentirte mal ni pensar que eres culpable si tu perro hace esas cosas.

O si ladra y gruñe a otros perros, destroza mobiliario o te arrastra por la calle.

Cada vez que tu perro tiene esas conductas, está expresando cómo se siente.

Cómo le afecta una situación concreta.

Cuáles son sus necesidades y sus miedos.

Y eso es algo bueno.

Porque así puedes escuchar, entender, y ayudarle a sentirse mejor.

A expresarse mejor.

Así que partiendo de esto, mi trabajo cambió de enfoque radicalmente.

Ahora no me dedico a explicarle a las personas cómo conseguir que su perro sea obediente, bien educado y perfecto.

Cómo arreglar a su amigo, que parece que tiene algo que no funciona bien.

Se puede hacer, claro, hay muchos profesionales que lo hacen.

Pero prefiero ponerme del lado del perro y trabajar para el perro.

Y enseñar a las personas cómo mejorar la comunicación y entender a su perro, que es único y diferente de los demás perros.

Y explicar qué pueden hacer para enseñar a su perro una mejor gestión de sus conductas.

No a abolirlas, a inhibirlas o a maquillarlas con golosinas y órdenes.

A gestionarlas en el día a día.

Respetando la individualidad de tu perro, su personalidad y sus gustos.

Favoreciendo que madure, se integre y tome mejores decisiones cada día.

Espera.

Que quizá el problema no es tanto cómo se porta tu perro, sino cómo te sientes tú cuando presenta esas conductas.

Entiendo.

Bueno, eres una buena cuidadora aunque tu perro no se porte como los demás esperan que se porte.

Te preocupas por lo que necesita y por mejorar tu relación con él.

Y por eso te sientes tan mal cuando tu perro ladra, tira, gruñe, rompe, salta.

Por eso y porque todo el mundo menos tú parece que sabe lo que hay que hacer para que tu perro sea perfecto.

Con esa sensación puedo ayudarte también.

Mis perros no son perfectos.

No están bien educados.

A veces ni vienen cuando les llamo

(En el caso de Jimena, no viene casi nunca)

A veces ladran.

A veces gruñen.

A veces montan a otros perros.

O me dan un tirón de la correa.

Pero el logro no está en que dejen de hacer todo eso.

El logro está en que apenas necesiten hacerlo, que sean momentos anecdóticos.

Porque les entiendo, les conozco y sé cuáles son sus necesidades.

Y el logro está también en que me da igual lo que piensan los demás sobre cómo se comportan mis perros.

Ahí está el verdadero triunfo para disfrutar de verdad de la convivencia.

Y no en el perro perfecto.

Si te interesa,