Cuando decides introducir un perro en tu vida, solo piensas en todo el cariño que le vas a dar, y en los buenos momentos que vais a pasar juntos.

Has oído aquí y allá que puede que surjan problemas, pero estás plenamente convencida de que serás capaz de educar a tu amigo adecuadamente, ¡el cariño todo lo puede!.

Y no le das más vueltas.

Pero la vida real no siempre se comporta como creemos que debería hacerlo. Y a menudo van apareciendo esos problemas con tu nuevo amigo. Casi desde el primer día.

Que si lo muerde todo (incluida tú).

Que si se hace pis en todas partes.

Que si su comportamiento en la calle es más bien errático, ahora ladra, ahora huye, o se tira al suelo, o hasta parece que se pone chulo con algunos perros.

Resulta que se mete en la boca todo lo que está a su alcance, y a menudo se traga esas cosas.

Y al crecer su mordisqueo empieza a resultar muy destructivo.

Además empieza a tirar de la correa.

Y así un suma y sigue, que vas manejando de modo improvisado, según se te ocurre sobre la marcha, o tratando de aplicar algunos consejos que te han dado los dueños de otros perros.

Pero los problemas menores hacen lo mismo que tu perro: crecer.

Y cuando crecen, decides que ya basta, y tomas cartas en el asunto.

Te aplicas a educar a tu perro en serio, porque conforme pasa el tiempo te convences de que tanto cariño solo sirve para malcriarlo (en realidad te lo han dicho en el parque para perros, varias personas).

Y que hace lo que le da la gana y se está haciendo el dueño de tu casa y de tu vida.

Pero por más que te esfuerzas en corregir todos sus errores y en educarlo con mano firme, los problemas siguen ahí, e incluso empeoran.

Y tú ya empiezas a agobiarte: esto claramente te sobrepasa.

Puede que sea como resultado de una sucesión de pequeñas catástrofes cotidianas que te hacen dudar de que tener perro haya sido buena idea.

O quizá un detonante que un día te empuja a decir, «hasta aquí, ya basta«.

Pero finalmente un día decides que tienes que contratar alguien que sepa lo que hay que hacer y te ayude.

Y sin darte cuenta, ahora se te presenta otro gran problema: ¿a quién elegir?

Consultas en Internet y preguntas a otros dueños, y el abanico de opciones parece demasiado amplio.

Y te ocurre como cuando tratas de educar a tu amigo: en realidad no tienes ni idea de qué criterios seguir para realizar la elección correcta.

Te falta experiencia y conocimientos, y eso te bloquea.

Aunque en realidad lo que te falta es foco: ¿sabes realmente lo que estás buscando?

Porque decir «quiero que alguien me enseñe a educar a mi perro» es plantear un concepto muy amplio.

Tienes que aclarar tus ideas y centrarte, sobre todo, en lo que necesitas, no en lo que quieres.

Centrarse en lo que uno quiere es un error muy común. «Quiero que mi perro se porte bien», es una frase demasiado ambigua. ¿Qué es realmente «portarse bien»?

Y en el fondo, no tienes nada claro qué es lo que necesitas, el estrés y la ansiedad que te están provocando los roces de la convivencia con tu perro no te permiten pensar con claridad.

Así que este artículo tiene esa misión: que diferencies entre lo que quieres y lo que necesitas, y que tengas claro el tipo de personas que buscas para lograr tu objetivo.

El primer escollo que destaca sobre los demás es la amplia terminología que manejan los profesionales a la hora de venderte sus servicios.

Vivimos en un mundo muy competitivo, y para destacar, tienes que ser diferente. Aunque a menudo basta con parecer diferente.

Porque hay muchos «profesionales» del mundo canino que siguen usando métodos y abanderando ideas de los años 50 (del siglo pasado) pero que tratan de venderte como novedosas.

Te vendrá bien tener las ideas muy claras sobre lo que buscas para descartar a este tipo de personas.

Sobre todo porque unas cuantas tratarán de engañarte para que las contrates.

Así que de modo muy sencillo:

Adiestrador: enseña a tu perro (o idealmente, te enseña a ti cómo hacerlo) a asociar una señal (sonido, gesto) con una acción por su parte. Cuando el perro ve u oye la señal, responde con una acción. Esto es lo que llamamos «obediencia».

Educador: te da herramientas que te ayuden a enseñar a tu perro a gestionar su entorno y así resolver problemas de conducta.

Como en principio una misma persona puede ser las dos cosas, tu elección se complica cada vez más.

Así que vamos a profundizar un poco más para que sepas lo que te puedes encontrar.

Dentro de los adiestradores, tienes tres tipos:

-Adiestrador «tradicional»

Yo prefiero llamarlo «rancio».

Sigue usando métodos que eran viejos hace 50 años.

Aboga por un control estricto y absoluto del perro a base de órdenes y más órdenes, impartidas con estilo sargento…. y enseñadas con estilo «escuela de marines».

O sea, por las malas.

Se fuerza, acorrala, presiona y castiga al perro hasta que entiende lo que tiene que hacer (o dejar de hacer) para que dejen de torturarle.

Como dicho así queda fatal (y aun así hay quien está conforme), lo recubre de tecnicismos y de actitudes prepotentes: tú no sabes lo que hay que hacer, él sí, el perro debe ser tratado como un perro, y en cinco minutos parece que consigue que tu díscolo amigo se comporte como un bendito.

Así que podrías picar y contratar a uno así.

No lo hagas.

Bajo ningún concepto y te cuente lo que te cuente.

No necesitas a una persona así en tu vida, y tu perro desde luego no te lo va a agradecer.

Es casi seguro que no tienes un problema de desobediencia extrema, así que puedes prescindir de este profesional.

En cambio, los métodos que emplea van, por sí mismos, a generar problemas de verdad en tu perro, o a agravar seriamente los que ya tenía.

Estarás peor que antes, porque ahora debes sumarle la frustración que te genera la nueva situación.

Solo por un instante ponte en el lugar de tu perro, ¿te gustaría estar pasando por un mal momento emocional y que tus parientes más próximos te ingresaran -a la fuerza- en una academia militar?

¿Crees que eso te ayudaría en algo? La respuesta es «no».

Pues es lo que propone este tipo de profesional.

– Adiestrador «reciclado»

O «embustero».

Como mencionaba arriba, apenas hay personas que deseen someter voluntariamente a su perro a castigos y presiones constantes de modo consciente, así que el adiestrador de toda la vida tiene que adaptarse a los nuevos tiempos.

En tal caso tienen dos opciones: seguir haciendo lo de siempre pero convenciéndote de que es todo muy de color de rosa y que el perro no sufre nada y que sus castigos en realidad no lo son (es decir, cambia toda la terminología para que su metodología parezca más edulcorada)

O incorpora a su «maletín de herramientas» técnicas en positivo.

Y cuando las aplica con tu perro y no le funcionan (porque en realidad no las entiende ni se ha molestado en integrarlas para desechar su anterior sistema), te deja claro que tu perro es especial y diferente y necesita el trato tradicional.

En el que casualmente él es un experto.

De un modo u otro, te está engañando.

Al menos el tipo «rancio» va con la verdad por delante.

-Adiestrador en positivo

Utiliza técnicas de adiestramiento que le dan el control al perro, y que priman favorecer el acierto (por el que el perro es premiado) tratando de limitar los errores (que son ignorados), incitando al perro a pensar y a ser participativo en el proceso de su propio adiestramiento.

Como verás, suena mucho mejor.

Y los resultados, por descontado, también son mucho mejores, tanto en lo que a la obediencia se refiere, como en lo relativo al estado emocional del perro durante y después del adiestramiento.

Así que si tras pensarlo a fondo concluyes que lo que realmente necesitas es que tu mejor amigo responda a ciertas órdenes, porque en general su comportamiento te parece correcto, pero en ciertos contextos no te hace mucho caso y eso te genera inseguridad, éste es el tipo de profesional que buscas y que realmente puede ayudarte.

Y ya dentro de los educadores puedes encontrarte tres perfiles:

– Falso educador

En realidad es un adiestrador que intenta convencerte de que puedes solucionar los problemas de conducta dándole órdenes adecuadas a tu perro.

Y él se ocupa de enseñárselas.

Aquí tendrías cualquiera de los tres tipos indicados antes.

Pero en realidad no es esto lo que necesitas.

Si el adiestrador es del tipo rancio o del embustero, tu perro va a empeorar. Mucho. Aunque en su presencia se porte como un campeón.

Si es un adiestrador en positivo, tu perro no empeorará. Es muy posible que mejore bastante. Puede que te baste.

Pero a cambio tendrás que estar pendiente de tu perro para darle indicaciones en todo momento y para cada situación cotidiana sobre cómo debe comportarse.

Te toca hacer de «mamá» el resto de su vida.

Y eso es muy agotador, la verdad.

Y deja a tu perro a medias, porque no le ayuda a madurar y crecer emocionalmente, ya que tiene que depender constantemente de tu criterio para tomar decisiones.

Por no mencionar que puede que muchas veces tus decisiones no sean correctas para un perro, y por lo tanto o bien desobedecerá (tomará sus propias decisiones) o se meterá en líos (y perderás su confianza, ya que son tus indicaciones las que le han metido en esos líos).

Qué complicado, verdad?

– Educador «directo al problema»

Este profesional analiza los problemas que te da tu perro, y va directo a por ellos.

Sin plantear nada más.

Con distintas técnicas (que si implican castigar o corregir es que no va en este apartado, sino en el anterior) va resolviendo cada problema individual.

Normalmente este tipo de profesional te podrá prestar una excelente ayuda.

Ayuda a tu perro a enfrentarse a esos problemas y a ti a gestionar las situaciones derivadas de dichos problemas.

Para la mayoría de los binomios humano-perro aquí está la solución.

¿Y cuál es el inconveniente entonces?

En principio hay tres:

  1. – Hay perros que tienen tantos problemas que abordarlos uno a uno haría el tratamiento eterno.
  2. – Hay determinados problemas que en realidad no están relacionados con el entorno en el que se presentan. Estos profesionales no realizan una valoración e intervención global en la vida del perro, y al centrarse en el síntoma visible, no lograrán avances si ese síntoma en realidad se debe a algo no relacionado con el contexto en el que tu perro manifiesta el problema.
  3. – Muchos problemas de comportamiento están motivados o agravados por problemas de salud. Si se corrige el problema de salud no es necesario hacer nada más: la conducta de tu perro cambia radicalmente. El educador de este perfil probablemente no se percate de esto y por lo tanto no lograrás resultados.

– Educador holístico

Te valora a ti y a tú perro, el contexto en el que vivís y el modo en que manejas las situaciones cotidianas.

Tiene presenta la salud de tu perro y su influencia sobre la conducta.

Incide sobre todo en realizar cambios en tu mentalidad, tus hábitos y tu actitud antes que en trabajar sobre el perro.

Y tiene claro que todo está conectado y que hay que trabajar sobre muchos aspectos aparentemente no relacionados con los problemas de conducta que te preocupan para lograr los mejores resultados.

Con este tipo de profesional el perro madura y toma decisiones por sí mismo, y tú aprendes a comprenderle mejor y dispones de herramientas y conocimiento para afrontar los problemas actuales y los que se puedan presentar en el futuro.

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Espero que con estas aclaraciones te haya ayudado a poner el foco en lo que necesitas, y a filtrar el tipo de profesional que mejor puede ayudarte, y sobre todo, a no dejarte engañar para que tu perro pase por una experiencia nefasta que lejos de servirle, empeorará notablemente su estado y vuestra relación.

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Irene

¡Hola!, me presento, soy la fundadora de Comunicación y Respeto, sitio donde comparto contigo estrategias, ideas, ayudas y herramientas que funcionan para que puedas conseguir un vínculo especial con tu perro y disfrutar al 100% de su compañía. Si hay comportamientos de tu perro que no entiendes o situaciones que te preocupan, apúntate al blog y recibe gratuitamente tu guía "Cómo mejorar la convivencia con tu perro en diez sencillos pasos".
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