Soluciones mágicas para problemas reales

 

Los sempiternos anuncios de Internet que me persiguen por todos lados me dan mucho en qué pensar.

El que ahora me acosa es de una escuela de adiestramiento, que se empeña en contarme el gran secreto nunca desvelado por el cual los perros tiran de la correa.

Y lógicamente, el modo de solucionar eso rápida y eficazmente.

Sale una señora explicándolo.

Ya sabes, que si tu perro tira mucho y te arrastra por la calle.

Que si te duele la espalda de tanto soportar la tensión.

Que si se lanza y te derriba como si fueras un bolo.

Que si el muy petardo se dedica a hacer eses por la calle incomodándote y metiéndose todo el tiempo entre tus pies, haciéndote tropezar.

Esas cosas.

Luego da detalles varios para llegar a la conclusión maestra: los perros tiran por la calle por una única razón, que todo lo que ven, oyen y huelen les distrae.

Y como les distrae, se olvidan de tu existencia y de que van unidos a ti por una cuerda.

Y claro, tiran.

Ya.

Cómo no lo habremos deducido antes.

Tú eres un lastre para tu perro.

Un fardo aburrido y cargante al que hay que soportar mientras a su alrededor solo suceden cosas divertidas e interesantes.

Eres el mayordomo que le conduce de casa al parque.

El chófer que le lleva a sitios varios.

Pues vaya.

Qué bajo hemos caído, ¿no?

Una vez tienes bien clarita esta idea, la solución es realmente obvia.

Solo tienes que convertirte en el centro de atracción gravitacional de tu perro.

Que todo orbite a tu alrededor.

Que seas lo único interesante que ocurre en su vida.

O sea, que le enseñes a mirarte todo el rato.

Todo

El

Rato

Si solo te mira y adora a ti, no puede tensar la correa.

No puede lanzarse a por otros perros.

Ni perseguir bicicletas o corredores.

Mucho menos ir a por gatos.

Ni siquiera puede cruzarse delante de tus pies haciendo esas molestas eses.

Solo caminará derecho y pisando donde tú pises.

Sin prestar atención a su entorno.

Vale, ahora para los que no viven en un mundo de piruletas y unicornios que corretean por luminosos arcoíris.

Por si te han dicho algo parecido a esto, o se te ha pasado por la cabeza, que sepas que a menudo es falso.

Que la mayoría de los perros no tiran porque el mundo sea super divertido y se olviden de ti.

Algunos tal vez, pero no es la norma.

Y que tratar de que te mire a ti todo el tiempo, además de complicado de conseguir, es bastante triste, ¿no?

Es como si necesitaras que te idolatren mientras caminas por la calle.

Como si no fueras capaz de acompañar a tu perro en el descubrimiento cotidiano de su entorno.

Y en el disfrute sosegado de sus caminatas, que también son tuyas.

Como si no fuerais capaces de compartir esos momentos de un modo equilibrado, sin que nadie tenga que forzar a nadie tirando en una u otra dirección.

Con correas físicas. O correas emocionales.

Bueno, yo no voy a decirte cómo corregir lo de la correa, si es lo que te preocupa.

Para empezar porque es un problema que tiene miga y diversas respuestas.

Y para terminar, porque a menudo la tensión no está en la correa, sino en otro lado.

Y es en ese otro lado donde hay que enfocarse para mejorar y lograr cambios.

Y entonces la tensión en la correa, simplemente, desaparece.

Con esa otra tensión sí que puedo ayudarte

Irene
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