A vueltas con lo de reforzar cosas que no te gustan

Algo pasa en Facebook (y en los parques caninos) cuando este asunto cada vez clama más fuerte.

Que no acaricies a tu perro cuando te pide atención.

Cuando ladra a otro perro.

Cuando intenta huir desesperado.

Cuando tiembla de miedo.

Cuando…..

Porque le refuerzas esa conducta.

Esa conducta horrible e indeseable que está presentando ahora mismo.

(Pedirte ayuda, que no atención, pedir espacio a otro perro, tratar de conseguir espacio, mostrar miedo…)

Se repetirá más y más fuerte hasta el infinito y más allá.

Si le acaricias.

Porque le refuerzas.

Le premias.

Por temblar, por tener miedo, por pedir espacio, por pedir ayuda.

Pues mira.

De entrada, si tu perro te pide ayuda y no se la das, ya te digo yo que fijo que estás reforzando algo.

Que se busque la vida.

Y eso es lo que hará.

Pero igual no te gusta cómo lo hace.

Así que lo mismo no es buena idea ignorarle cuando te busca.

Acariciarle tampoco es muy útil, porque no pide cariño, pide ayuda.

Pero al menos no le escupes tu desprecio a base de indiferencia y rechazo.

A ver, que me disperso.

Cuando acaricias, solo refuerzas conductas aprendidas y voluntarias.

Y solo las refuerzas si tu perro admite “caricias” como reforzador interesante.

Si no, ni siquiera eso.

Si tu perro te ladra en la mesa mientras comes, no le refuerzas “ladra” por acariciarle.

Porque quiere comida.

Le refuerzas “ladra si quieres comida”….dándole comida.

Ahora miremos otro contexto.

Willow odia que le bañen.

Meterse él en el agua le parece bien.

Que le meta otro, le eche chorros por encima, lo cubra de jabón y espuma, y luego más agua, pues no.

Así que me lo hace saber.

¿Cómo?

Siendo la reina del drama.

Le preparas el baño, y se escaquea todo lo que puede.

Le llevas medio a rastras, y una vez en la bañera aúlla y grita.

Repliega las orejas, baja el rabo, pone su mejor mirada de perro apaleado, y sigue aullando y gritando.

Y buscando el hueco entre mi cuerpo y el mundo exterior para huir lo más lejos posible.

Vamos, que parece que le estás arrancando las uñas o algo.

Pero no, solo es agua.

Queda claro que no le gusta que le bañen.

También queda claro que, desde un punto de vista humano, se porta fatal durante el baño.

Bien.

Pues ahora voy yo, y mientras está dejando en ridículo a María Callas, le doy un par de trozos de beicon.

Y luego otro más.

Y otro.

Y durante todo el baño, un buen montón de beicon cae en su boca.

Según esa fantástica teoría que confunde podencos con carlinos.

(Perdón, las conductas operantes/aprendidas con las emocionales)

En el próximo baño tengo garantizada la rotura de tímpanos.

Ya que le estoy premiando MIENTRAS aúlla y llora y dramatiza.

Así que cada vez llorará más, dramatizará más, y llorará más.

¿No?

Pues no.

Oh, chorprecha.

Lo que ocurre es que se calla.

Deja de intentar huir.

Ahora su mirada es más como de desprecio y resignada aceptación.

Bueno, acepto tu soborno, pero sigue sin gustarme todo este despliegue mojado”

Su rabo se pone a media asta.

Y sus orejas recuperan un poco su posición habitual.

Y en el siguiente baño, el drama sonoro no aparece.

El comunicativo-gestual, sí.

Aunque mucho menos teatral.

Pero mira, a mí ya con que no tenga que hacer de pared para que no huya y no me atormente sonoramente, me vale.

Pero es raro, ¿verdad?

Debería haber ocurrido lo contrario, puesto que es lo que estoy reforzando.

Vale.

Ahora para los mayores.

Lo que ocurre es que sus conductas se deben a la emoción que le produce la situación.

Y mi beicon contribuye a que esa emoción se atenúe.

No cambia.

Pero si rebaja su intensidad.

Porque le encanta el beicon, claro.

(Si fuese un labrador, seguramente el baño pasaría a ser un momento estupendo)

Y con esto, se rebaja también la intensidad de la conducta que se produce debido a cómo se siente.

Ah, pero entonces podemos cambiar las emociones con comida”.

Pues alguna vez.

Pero no es lo habitual.

Y quizá tampoco sea el mejor modo de proceder.

Pero eso para otro día.

Lo que quería señalarte con este ejemplo es que si acaricio a mi perro cuando “se porta mal”.

No refuerzo que se “porte peor”.

A menos que ese “mal comportamiento” lo haya aprendido para conseguir un fin.

¿Queda claro?

Ahora igual te surge la duda de cómo diferenciar una conducta aprendida de una emocional.

Para saber si acariciando ayudas o la fastidias.

Pues eso para los que están en la membresía.

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