Que Dunning y Krugger están por todas partes

 

Esta historia está basada en hechos reales…..

En 1982, Larry Walters decidió llevar a cabo un experimento.

La finalidad de dicho experimento es aún confusa, probablemente porque al principal implicado le debe de dar algo de vergüenza hablar del asunto.

Larry era un camionero de California con mucho tiempo libre y demasiada cerveza en la nevera.

Un fin de semana estaba en el porche de su casa, y pensó que sería buena idea hacer volar un cortacésped.

En concreto, su tractor cortacésped.

Y es que el buen hombre, que a raíz de esta aventura quedó apodado como Larry “cortacésped” Walters, siempre había soñado con ser piloto.

Y esa era una manera como cualquier otra de lograrlo, ¿no?

Así que se puso a hinchar globos con helio.

Los fue amarrando al tractor.

Y cuando consideró que eran suficientes, se pilló unas cervezas, unos sándwiches y una pistola de balines.

La pistola era para lo de aterrizar.

Bastaba con dispararle a los globos uno a uno, y así descendería elegantemente de nuevo en tierra.

¿Qué podía salir mal?

Le pidió a un buen amigo que soltara las cuerdas que sujetaban el tractor.

Confiando en que los 45 globos que había amarrado a la máquina fueran suficientes para ir elevándola lentamente hacia el cielo.

Estaba convencido de que a unas pocas decenas de metros el invento se estabilizaría, y podría dirigirlo y pilotar por fin.

Pero no fue exactamente eso lo que ocurrió.

Cuando el amigo cortó las amarras, el tractor salió disparado hacia arriba, como una bala de cañón.

Y empezó a subir, y a subir, y a subir sin ningún control.

Finalmente se estabilizó, pero lo hizo a cuatro mil novecientos metros de altura.

E invadiendo el corredor aéreo del aeropuerto de Los Ángeles.

Los pilotos llamaban alarmados a la torre de control informando de que no podían creer lo que estaban viendo.

Imagina el plan, vas pilotando un avión de pasajeros, y de pronto Larry Walters se cruza en tu visual.

Señores pasajeros, les habla el capitán de la nave, regresen a sus asientos, apaguen sus dispositivos electrónicos y abróchense los cinturones. Hay un tractor interfiriendo la trayectoria de vuelo del avión, y vamos a ver cómo diablos lo esquivamos sin que nadie salga herido. No, no me he tomado nada raro en el café, ni me está sentando mal ninguna medicación. Muchas gracias por su comprensión”.

Asombrosamente, tras pasar 14 horas volando con su chisme aerostático casero, expuesto a temperaturas gélidas, y por qué no decirlo, un tanto acojonado, sobrevivió.

No queda claro cómo se las apañó para aterrizar.

Ni si el tractor pudo resistir el aterrizaje.

Eso sí, la multa por lo de colarse en el espacio aéreo controlado no se la quitó nadie.

Creo que el señor “Cortacésped” Walters fue una víctima del efecto Dunning Kruger, pero de manual.

Creía que sabía lo que estaba haciendo, pero no.

Y no sé si te has fijado, pero desde que tienes perro, te rodean personas que padecen este mismo efecto.

De hecho, todo el mundo sabe lo que hay que hacer, menos tú.

Pues tengo una buena noticia: la mayoría está invadiendo espacios aéreos controlados con su tractor volador.

O sea, que no tienen ni idea de lo que dicen o hacen.

Pero como parecen tan seguros de sí mismos, te arrastran en sus lecciones de adiestramiento canino.

Pues nada, puedes seguir sufriendo a este tipo de personas.

Y sentir cómo te explota la cabeza con tanta información contradictoria y simplista y estándar vale-para-todo.

O puedes buscar un poco de coherencia y sentido común en otro sitio.

Este podría ser uno de esos sitios

Irene
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