Tu perro «agresivo» posiblemente tenga miedo

¿Sabes?

A muchos perros se les da muy bien tirarse faroles.

Fingir algo cuando resulta que en realidad piensan o sienten todo lo contrario.

Es muy habitual cuando se trata de miedo.

Hay cantidad de perros que fingen ser muy echados para delante, muy chulos o “gallitos”, cuando en realidad están acojonados.

Pero que el otro no se dé cuenta, eh?

Una vez estaba en un camino, a la salida de un pueblo, recogiendo el trineo después de una estupenda salida por la nieve.

La zona estaba desierta, claro.

Solo mis huskies, mi coche, mi trineo y yo.

Y un perro tipo pastor, de color negro, que descansaba en la casa del otro lado del camino.

En cuanto oyó ruidos, se despertó.

Y en cuanto vio a mis perros, se puso como loco.

Empezó a ladrar y a enseñar los dientes.

Escupía saliva de la energía que ponía en cada ladrido.

Salió corriendo a todo lo que le daban las patas en dirección a la valla.

Que apenas levantaba metro y pico del suelo.

De modo que cuando llegó, dio un potente salto y la superó limpiamente.

Y siguió corriendo, ladrando enloquecido y moviendo el rabo como un molinillo.

(Eso lo hacen para mantener el equilibrio en la carrera)

Entre tanto Kenai, que había visto al perro y ya le había calado, simplemente se plantó donde estaba, y esperó, con su eterna sonrisa de autosuficiencia.

Se colocó firme pero relajado, dando el costado hacia el otro perro, en un claro mensaje de “va, tío, tranquilo, que soy legal y no pienso hacerte daño”

El otro creo que ni se enteró porque seguía corriendo y reduciendo distancias mientras mantenía el volumen de ladridos al máximo.

Y de pronto se estrelló contra el cuerpo de Kenai.

Tal cual, se estrelló.

Supongo que no se dio cuenta de que aun seguía ahí, que no había salido huyendo ante su demostración de “poderío”.

Luego rebotó.

Dio dos vueltas de campana.

Y le faltó tiempo para levantarse, meter el rabo entre las patas, replegar las orejas, encoger el cuerpo y cambiar el disco de los ladridos por el disco de los gemiditos en plan “ay ay ay ay ay no me pegues que me duele”.

Y con las mismas así se fue corriendo de vuelta para su casa.

Yo me había parado a observar, por si había que intervenir (poco probable)

Pero visto el cambio, proseguí con lo mío, que era fijar bien el trineo para no perderlo mientras conducía.

El perro negro siguió corriendo (hacia su casa) y llorando.

Saltó la valla en sentido contrario, y una vez le pareció que estaba seguro, se dio la vuelta y retomó el concierto de ladridos y dientes.

Pero desde detrás de la valla, por si acaso.

Suspiro.

Kenai mantuvo su posición hasta que el otro perro saltó la valla de vuelta, y luego se limitó a olfatear un poco por ahí y a esperar que le dejase subir al coche para descansar.

Vamos, que no le impresionó gran cosa.

Ese perro tenía miedo, y mucho.

Pero por genética, experiencia, entorno, lo que sea, ha optado por lanzarse con toda la artillería pensando que el otro tendrá más miedo que él, y huirá.

Seguramente en el pasado le haya funcionado.

Porque se cruza con perros más miedosos aun que él.

En este caso no le ha servido.

Lo mismo esta estrategia es la que emplea tu perro a diario, y no te has fijado en que se está tirando un farol.

Y crees que tu perro es agresivo, y no entiendes la razón.

Y tratas de bloquear esa agresividad porque te da miedo lo que pueda llegar a hacer.

Pasa mucho, la verdad.

Por eso ayudo muchas personas a entender qué ocurre.

Qué piensa o siente de verdad su perro.

Para poder ayudarle y ofrecerle otras estrategias que no impliquen tirarse faroles.

Ni mucho menos atacar a otros pensando que es lo que funciona.

Si es tu caso y quieres cambiar,

Irene
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