Como ya he contado alguna vez, he ido durante muchos  años a la Travesía de Monegros con perros de tiro.

Eso da para unas cuantas batallitas, jajajaja.

El caso es que la mecánica es sencilla: te dan un libro de ruta donde viene indicados los sitios donde hay que girar o seguir de frente, y esos puntos aparecen asociados con la distancia kilométrica recorrida.

O sea, que vas mirando el cuentakilómetros de tu chisme con ruedas (cada uno llevaba lo que quería, siempre que no usara motor) y si dice que el km 6,7 hay que girar a la derecha, pues le dices al perro guía que a la derecha.

Pues te asombrarías del enorme fallo que puede dar en distancias largas un cuentakilómetros que lleve un pequeño error de, pongamos, 5 centímetros al introducirle el diámetro de tu rueda.

(Eso es necesario para que el cacharro cuente las vueltas de rueda y haga los cálculos de la distancia que recorre esa rueda).

O simplemente que el imán detector de vueltas se mueva un poco y deje de contar un rato, y no te des cuenta.

Vamos, que es fácil perderse.

A ello ayuda el hecho de que quien diseño el sistema de caminos que recorre ese desierto está claro que estaba muy borracho.

Hay tantos caminos que parece un laberinto sin paredes.

En serio.

Hay caminos paralelos, oblicuos, diagonales, perpendiculares, y todos se cruzan entre sí.

A veces en varias ocasiones.

Una locura.

Así que un día ahí iba yo, con mis perros y mi bicicleta, medio siguiendo a otro que iba con sus perros y su bicicleta.

Y en un momento dado nos juntamos cinco equipos en lo alto de una explanada.

Hay unas cuantas en Monegros.
 
Son como unos montículos muy muy grandes con la parte superior ancha y totalmente llana.

Como un gran mirador.

Y desde arriba tienes unas vistas estupendas.

En concreto, en ese momento teníamos unas estupendas vistas a un enorme desierto lleno de caminos y ninguna idea de cuál era el que debíamos seguir.

O sea, que nos habíamos perdido todos.

«¿Alguien sabe dónde estamos? ¿O para dónde hay que ir?»

«Yo la verdad es que te seguía a ti.»

«Y yo a ti.»

«Pues yo os he visto a todos y me he dicho, para allá que voy.»

«Ya. Pues creo que me seguíais a mí y mi cuenta kilómetros hace bastante que no da una en las ramificaciones de caminos.»

Pues eso.

Totalmente perdidos.

¿Pero sabes qué?

No estábamos preocupados.

Por una cosa muy tonta: nos habíamos perdido en grupo.

Menuda chorrada, no?

Pues no.

El ser humano es así.

Está programado para sentirse a gusto en un grupo donde le acepten.

Se siente cómodo cuando pertenece a una tribu, un clan, un grupo.

Aunque todos en ese grupo estén equivocados.

Da igual.

Estamos  juntos en esto, aunque sea para mal.

Es un sentimiento poderoso, el de pertenencia.

Más que nada porque te obliga a hacer cosas que quizá  no quieres hacer.

O que no te favorecen.

Hay experimentos al respecto, en los que un porcentaje importante de personas decían lo mismo que la mayoría sabiendo de modo certero que la mayoría estaba equivocada.

¿Y por qué lo has hecho?, les preguntaban los experimentadores.

Porque quería encajar.

Tal cual.

Esto nos afecta a todos, constantemente, todos los días.

Los seres humanos estamos más cómodos haciendo el idiota que sintiéndonos solos.

Es lo que hay.

Y a la hora de convivir con un perro es un gran problema.

Porque tenderás a actuar como la mayoría te dice que debes hacerlo, incluso aunque sepas que no funciona, te disguste mucho o incluso seas consciente de que es perjudicial para la relación con tu perro.

O te des cuenta de que lo que te dicen es una idiotez.

Cuesta mucho salir de esa influencia.

Para eso hay que ganar en seguridad y en conocimiento.

Y echarle un par para ignorar a los que siguen al grupo, ya que es posible que entonces “te quedes fuera”.

Justo lo que tu naturaleza quiere impedir que ocurra.

Así que hay que elegir: estar “en la tribu” o hacer las paces con tu perro y tratarle de un modo contrario al establecido.

Ah. Siempre puedes buscar otro grupo que haya hecho las paces con su perro también.

Será más reducido, pero existe.

El asesoramiento que ofrezco ayuda con este tema.

El de buscar nuevo grupo no.

El de hacer las paces con tu perro y enfrentarse (pero sin conflicto, simplemente dejando que ocurra) a la mayoría.

 

Irene
Estoy en:
Últimas entradas de Irene (ver todo)

Pin It on Pinterest

Share This