Peper es un mestizo de tamaño mediano que vive en un chalet en una zona rural.

Sus dueños tienen otro perro, y ambos viven dentro y fuera de casa.

Nos llaman porque desde que le adoptaron, hace seis meses (con dos años de edad), su comportamiento les parece algo errático.

Es muy reactivo con otros perros, con los que sin embargo luego juega.

Y en los paseos parece imparable. Tampoco en casa descansa mucho, siempre quiere estar haciendo algo.

Tras una visita y la pertinente entrevista para obtener más datos, valoramos a Peper en un paseo.

Su actitud con personas es buena, se muestra alegre y amistoso. Por la calle parece incapaz de concentrarse en nada, inicia actividades normales (olfateo, exploración) que interrumpe de inmediato para iniciar otra distinta.

Al ver a otros perros, se lanza ladrando a gran velocidad, pero al llegar a ellos muestra gran entusiasmo y ganas de jugar, resultando avasallador para algunos, que no reaccionan amistosamente.

Fue adoptado de un refugio, donde le abandonaron con 2 meses. Su primer adoptante lo devolvió con 10 meses porque “creció demasiado” (pesa 20 kilos). El segundo adoptante lo devuelve “porque no ladra” (al parecer quería una alarma). Ahora está con su tercera familia.

Sus dueños pasean con frecuencia, pudiendo soltarle a menudo. El manejo general nos parece bastante correcto. Lo único que han intentado para mejorar, sin éxito, es retenerle con la correa y alejarle de otros perros (en esos momentos tira mucho, ladra y se pone a dos patas).

En general, debemos tener presente que hay al menos cuatro situaciones en las que es importante consultar con el veterinario del perro: cuando el problema es persistente a pesar de estar tomando medidas adecuadas. Cuando ha aparecido de repente en un perro adulto. Cuando existía pero ha sucedido un empeoramiento brusco. Y cuando el patrón de comportamiento no tiene sentido desde el punto de vista etológico. Para valorar esto último debemos conocer los patrones NORMALES de conducta del perro.

En este caso, Peper no se comporta en absoluto con normalidad. Su grado de actividad es excesivo, presenta una interrupción constante de sus conductas normales de exploración, y su modo de relacionarse con otros perros es caótico y contradictorio.

Valorando que en principio presenta un elevado grado de estrés no coherente con el manejo en general correcto que recibe en su entorno, recomendamos un chequeo veterinario, con al menos unos análisis de sangre y orina.

Tras las pruebas, a Peper se le detecta un fallo renal crónico avanzado. La ecografía revela además lesiones degenerativas en el riñón. Debido a su corta edad, asumimos que se trata de un problema congénito (lo ha tenido siempre pero evoluciona con el tiempo). Se le administra el tratamiento correspondiente, aunque debido a lo avanzado del problema, el pronóstico a largo plazo es malo.

Unas semanas después, Peper ha mejorado sustancialmente, su comportamiento se ha regulado considerablemente, ha dejado de reaccionar con intensidad frente a otros perros, y en general parece otro perro.

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