Pelusa es una perrita mestiza de 4 años, que desde siempre ha tenido miedo a ruidos intensos, especialmente a cohetes, petardos, disparos y tormentas.

Sus dueños, una familia de dos adultos y tres niños, la adoptaron cuando tenía un año.

La definen en general como una perrita algo desconfiada, un poco miedosa, pero sociable y cariñosa cuando toma confianza. También tiende a ser bastante ladradora (la definen como “avisadora”).

Viven en un adosado con jardín, al que tiene libre acceso. La sacan a pasear con regularidad, aunque dicen que no le gusta mucho y tiende a tirar hacia casa.

El problema es que en las últimas fiestas locales, Pelusa rompió la valla a mordiscos y escapó, estando perdida casi dos días hasta que la recuperaron.

Al conocer a Pelusa, nos encontramos con una perrita con un nivel de estrés bastante alto, crónico, y con claras muestras de miedo a desconocidos y otros perros, así como un estado de hipervigilancia e hiperactividad en los paseos.

En casa es cariñosa con los dueños, y aunque un poco exaltada, se muestra sociable y contenta con los niños.

De entrada explicamos a los propietarios que el pronóstico para resolver el miedo a cohetes y tormentas es de reservado a malo, debido a que influyen muchos factores tanto en la existencia de dicho miedo (genética, elevada sensibilidad auditiva racial y/o individual, socialización temprana pobre, experiencias previas, etc.) como en la imposibilidad de controlar los desencadenantes (no podemos evitar la exposición a tormentas y a cohetes en muchas ocasiones, por su presentación repentina e imprevisible a menudo).

Sin embargo, sí se pueden realizar accione encaminadas a que Pelusa gane seguridad en sí misma y aumente la confianza en sus dueños y en su entorno, para disminuir el estrés y ansiedad cotidianas que presenta, así como hacer ciertas cosas para ayudarla a gestionar mejor los episodios de exposición al estímulo (cohetes/tormentas).

Lo primero es poner en marcha un programa de reducción de estrés en el día a día de Pelusa, indicando a los dueños el modo de manejar los pequeños conflictos cotidianos para no generar miedo en la perra, así como la realización de juegos de nariz que le permitan ganar autoestima y relajarse al concentrarse en algo que sabe hacer bien.

Explicamos a los niños modos tranquilos de jugar con Pelusa que no impliquen gritos y carreras, para que puedan estar todos juntos sin que la exciten constantemente.

Modificamos algunas pautas de los paseos, recomendando que sean más cortos y frecuentes, con correa larga, paradas regulares para animarla a oler el entorno, tiempo para que ella marque el ritmo, y juegos de nariz durante unos minutos cada vez.

Y lo siguiente es anticiparnos siempre que sea posible para disminuir el grado de intensidad en la presentación de miedo en los episodios de ruidos intensos.

Cosas que pueden hacerse: preparar una zona segura en casa, y colocarla en el lugar elegido por Pelusa para esconderse de modo espontáneo. Habían bloqueado el acceso a ese lugar (el baño), pero recomendamos que hagan lo contrario, facilitar la huida, y colocar en ese sitio un refugio acondicionado para que Pelusa se sienta cómoda y segura. Debe aprender a usarlo antes de que ocurra otro episodio, y debe tener acceso libre siempre que lo desee, especialmente cuando se queda sola en casa.

Por otro lado, siguiendo la línea de anticiparse, se puede saber la fecha de muchos eventos ruidosos: fiestas locales, partidos de futbol relevantes, Navidad, San Juan, etc. suelen asociarse a este tipo de celebración con cohetes.

Cuando se den esas fechas, la casa debe tener las persianas bajadas y cortinas echadas, se puede poner la tele o música para hacer de pantalla, y conviene mostrar normalidad para transmitirle calma a Pelusa.

No se trata de ignorarla, pero tampoco de intentar consolarla de modo nervioso. Pueden acariciarla y hablarle en voz baja, diciéndole lo mucho que la quieren y que esto pasará pronto, que ellos están allí para apoyarla, sin darle mayor importancia a la situación.

La misma anticipación se puede realizar a menudo consultando el pronóstico del tiempo cuando sospechen que puede haber tormenta.

Es muy importante intentar evitar que cualquiera de estas situaciones les sorprenda en la calle. Si así fuese, lo mejor es tratar de mantener la calma e ignorar lo que ocurre, pero no intentar que Pelusa siga en la calle o avance hacia la fuente de sonido, simplemente retirarse hacia casa, o hacia el coche, si están lejos de la vivienda, para que pueda llegar a refugio seguro.

Recomendamos también administrar un suplemento a base de triptófano para mejorar su estado de ánimo y complementar las medidas anteriores.

Por último, y para que el episodio de huida no vuelva a repetirse, les recomendamos que la perra no permanezca nunca sola en el jardín. Cuando ellos estén en casa, que acceda libremente, pero cuando se vayan, deben dejarla en el interior de la vivienda, con las ventanas cerradas, seguramente al sentirse en un entorno menos expuesto, vaya a la zona segura en lugar de intentar alejarse de la vivienda.

A los dos meses, los propietarios nos comentan que Pelusa se ve mejor en general, está más relajada en los paseos, ladra mucho menos, se la ve más tranquila en casa, y su nivel de actividad ha bajado bastante. Usa la zona segura a menudo, y en los dos episodios de cohetes que han pasado en este plazo, ella misma ha ido allí, y notan que tarda menos tiempo en recuperarse del susto que en ocasiones anteriores.

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