Que otros hagan lo que quieres no es respeto

 

Mira.

En el mundo del perro hay una gran confusión sobre lo que es realmente cada cosa.

Y se mezclan conceptos técnicos con palabras de uso cotidiano en plan ensalada de frutas.

Y al final nadie tiene claro de qué se está hablando.

Así, es habitual que te vendan cómo tienes que hacer para ganarte el respeto de tu perro.

Y que te haga caso.

Que te obedezca.

Que esté bajo tu control.

Y….. ahí es donde derrapa el argumento.

Si hay respeto, cada cual debe controlarse a sí mismo.

Si controlas a otro en todo momento, posiblemente no le estés respetando.

Esto se ve también en personas, y es más fácil de visualizar.

Ya verás.

Cuando tenía 16 años, un profesor nos quiso llevar de excursión a un yacimiento romano.

Ya sabes, un montón de piedras y mosaicos de hace dos mil años, con más cosas rotas que en pie, y que a un adolescente de 16 años le apasiona tanto como mirar fijamente un código QR.

El profesor se siente muy inseguro sobre su capacidad para manejar a una jauría de 40 adolescentes irritables y coléricos.

Y tiene razón.

Así que para ganar votos, nos promete algo.

Algo que nos interesa.

Resulta que el dueño de la discoteca X, una muy tocha que hay en un pueblo cercano al yacimiento, es colega suyo.

Así que si nos comportamos como seres humanos en lugar de como bestias salvajes.

Cuando acabe la visita, la abrirán solo para nosotros y tendremos un par de horas de juerga en el lugar.

Bien jugado.

Esto, ya lo he comentado alguna vez, es aplicar el principio de acceso indirecto de Premark.

Y suele funcionar.

Así que sí, nos comportamos bastante civilizadamente.

Ahora bien.

Esto es muy útil para situaciones concretas que queramos manejar sin salir mal parados.

Pero para la convivencia, pues no sirve.

¿Por qué?

Porque con esa promesa, puede que el profesor nos controle.

Momentáneamente.

Puede que nos portemos como él espera y desea.

Que seamos “buenos” durante un rato.

Pero lo que no ha conseguido ni de lejos.

Es ganarse nuestro respeto, nuestro aprecio, ni despertar el más mínimo interés por lo que está contando o haciendo.

De hecho, el efecto es justo el contrario.

De un modo más o menos inconsciente, nos damos cuenta de que nos manipula.

Y no nos gusta que nos manipulen.

Que nos mangoneen.

Que intenten controlarnos.

Los perros también se dan cuenta.

Y tampoco les gusta.

Así que los intentos de controlarles o de mangonearles funcionan a veces.

Un rato.

Pero para el día a día, para la convivencia, estas tácticas “educativas” no son útiles.

No llegan.

No te aclaran de verdad cómo ganarte el respeto de tu perro.

Para que te aprecie y te encuentre interesante.

Sin que tengas que prometerle que si es bueno cuando lleguéis a casa le darás un hueso enorme y apetitoso.

A lo mejor te interesa más el respeto de tu perro que el control.

Entonces

Si es al revés, entonces casi en cualquier otro sitio.

Irene
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