Bozal ¿sí o no?

 

Mira.

Hace no mucho me preguntaban por el uso del bozal en perros reactivos.

A favor, en contra, o qué.

Pues te digo.

De primeras estoy en contra de ponerle bozal a un perro.

Luego hay que hacer muchos matices según el contexto, temas legales y demás, pero de entrada, en contra.

Y yo soy veterinaria.

La que putea a los perros en sitios donde pasan mucho miedo.

Estoy muy expuesta a mordiscos que a menudo me merezco.

Y sin embargo casi nunca le he puesto bozal a los perros a los que atiendo.

Te cuento.

El bozal, de primeras, interfiere en la comunicación de tu perro con otros perros.

Eso de por sí ya es un facilitador de peleas.

Además, como sea un poco aparatoso, es también un modo de convertir a tu perro en un “apestado social”.

Es fácil ver a la gente apartarse de un perro que lleva bozal.

Sobre todo si el perro es grande.

No apartarse en plan “lo esquivo como a una farola”.

En plan “joer el perro ese que miedo yo me alejo todo que pueda por si acaso”.

A ver, que he visto perros con miedo a personas que estaban encantados con esta actitud.

Pero en general no es muy positivo que la gente se comporte de modo extraño alrededor de tu perro.
Si el perro se sienten incómodo o amenazado por los desconocidos, y los desconocidos hacen cosas extrañas, el perro se afianza en su creencia. 

Luego está el tipo de bozal.

Si es de nylon, suelen ser muy ceñidos.

Cierran bien la boca.

Tan bien, que el perro no puede beber ni jadear.

Peligroso.

Luego están los de tipo cesta, que son muy llamativos (y por eso casi nadie los pone, por lo de “apestado social”) pero al menos permiten al perro comer, beber y respirar con naturalidad.

Aunque si se usan por tiempos prolongados, especialmente con calor, terminan produciendo rozaduras en el hocico.

Y eso es dolor en una zona muy sensible.

El dolor puede generar agresividad.

Y normalmente a un perro se le pone bozal para prevenir la agresividad.

No para provocarla.

Mal vamos.

Un detalle final.

El detalle que para mí es más importante de todos.

Cuando le ponemos un bozal a un perro por si acaso muerde, lo que hacemos es relajarnos e ignorarle.

Como ya no puede morder, me despreocupo.

En lugar de escucharle, de ayudarle, de procurar que se sienta cómodo y no necesite morder, pasamos de él.

Total, ya no puede hacer daño.

Forzamos, acortamos distancias con aquello que le hace sentirse mal, abusamos de nuestra posición de poder.

Dejamos de prestarle atención y le obligamos a cargar a él solo con su problema.

Eso me preocupa mucho.

Y dicho esto.

Si tu perro es más bien grandecito.

Y tiene antecedentes de haber mordido a personas o perros, y te da pánico llevarle sin bozal, adelante.

Esfuérzate en trabajar con él, en escucharle y prestar mucha atención a su expresión corporal para mejorar el tema de morder.

Pero prioriza la seguridad de terceros.

Y tu estado emocional.

Si llevarlo sin bozal provoca que te ponga histérica, vas a facilitar la aparición de conductas de agresión.

Y la situación cada ver será peor.

Así que se lo pones.

De cesta.

Por periodos cortos.

Y sin que ello te exima de escuchar a tu perro para tratar de ayudarle a sentirse mejor.

Que el bozal sea una herramienta provisional mientras trabajas con tu perro, no la solución.

Pues esto es lo que ofrezco en mi servicio de consultoría: la opción de hacer preguntas y darte respuestas cristalinas.

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PD- Olvida esa chorrada que se vende ahora tanto de «positivizar» el bozal. El bozal es un castigo para el perro se lo vendamos como se lo vendamos. Podemos asociarlo a comida para intentar que sea más llevadero y no crear un conflicto social con él, pero eso no lo hará más cómodo ni desde luego será percibido como algo positivo. Esto nos lo venden para convencerte de que «bien usado es bueno» y tal. Pero es mentira. 

Irene
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