¿Cómo hago para que mi perro me obedezca?

 

Cuando alguien habla demasiado, sus palabras suenan sin oírse”  (K. Adenauer)

En este artículo no te explicaré cómo enseñar a un perro a sentarse o  a venir a la llamada.

Por un lado, son ejercicios que vienen bien descritos en muchos sitios.

Por otro, casi todos los dueños aciertan (al principio) a enseñar dos o tres cosas a su perro.

Prefiero centrarme en cómo se logra una buena obediencia a largo plazo, independientemente de lo que se quiera conseguir, ya que es el problema que tienen muchos propietarios a la hora de lograr buenas respuestas por parte de sus perros.

Si lo que buscas es conseguir que tu perro te haga caso y te obedezca, lo mismo lo que viene ahora te interesa.

 

Mi perro no me hace ni caso

 

Cuando el perro no obedece, se achaca a alguno de los mitos correspondientes, y se deja ahí.

Nadie se atribuye responsabilidad en el problema.

Ni mueve un dedo por solucionarlo.

Y resulta que en realidad es a causa de un mal manejo que el perro no obedece, y está en mano del propietario cambiar las cosas, o mejor aun, hacerlas bien desde el principio.

Primero aclaremos que por obediencia se entiende la respuesta (condicionada por nosotros) del perro a una indicación de una persona.

Dicho de otro modo, el perro debe ejecutar una acción (o dejar de ejecutarla) ante una señal (verbal o no) de su guía.

Este proceso depende de las leyes del aprendizaje y de lo aplicado que sea el propietario

Y no tiene nada que ver con la inteligencia del perro, su estatus jerárquico, su raza, o cualquier otra excusa que se emplee para justificar una pobre respuesta a las órdenes.

¿Qué método emplear para adiestrar a tu perro?

Lo primero es asegurarse de que utilizas un método de adiestramiento con refuerzo positivo (mediante refuerzos agradables para el perro: comida, juguetes, juego, atención social…..).

Si coaccionas a tu perro para educarle, ya tienes el primer paso para cimentar una mala obediencia.

Y en coacción se incluye cualquier dispositivo que haga presión en el cuello, lleve pilas, o implique manipularle físicamente para que adopte una postura concreta.

Después, debes entender que obedecer una orden implica dejar de hacer otras cosas.

Obedecer no es algo natural en el perro.

Oler, hacer pis, jugar con otros perros, perseguir ratones, cavar hoyos o correr en círculos, sí.

Por lo tanto, debes poner escalones muy bajos y fáciles de superar.

Y animar mucho, premiar los éxitos e ignorar los fracasos (que deberían ser escasos si lo haces bien).

 

Hay que ser constantes

 

Si tu perro responde cuatro veces a “sentado” en casa, y luego se lo pides en el parque, posiblemente no lo hará.

Si insistes una y otra vez, das el segundo paso para lograr un perro desobediente.

Entender que obedecer una orden es como realizar una disciplina deportiva.

Se empieza por algo muy fácil.

Se repite.

Se repite cien veces.

Se pasa a algo UN POCO más complicado.

Se repite y se repite hasta que salga con los ojos cerrados.

Se sube UN POCO más el listón.

Y se repite cien veces más.

La repetición (muchas veces) de cada paso es imprescindible.

Cuanto más se ensaya un ejercicio, mejor sale.

Si al avanzar en subir el listón, algo va mal, no tengas reparos en volver al punto anterior, donde las cosas salían bien, y hacer más repeticiones.

No le eches la culpa al perro. Simplemente, hay que practicar más.

 

Entonces, ¿qué estoy haciendo ir mal?

 

Hay ciertas cosas que destrozan un buen comienzo:

Repetir las órdenes (sin obtener reacción por parte del perro) genera dos respuestas posibles:

La orden acaba siendo una letanía de la misma palabra “sienta sienta sienta sienta”.

Y si no está completa, no funciona.

O simplemente, la orden acaba siendo ruido de fondo, al que no se presta atención. Esto genera perros “sordos” (irrelevancia aprendida).

Elige una palabra como orden, y mantenla.

Los perros no entienden las palabras.

Tampoco saben sinónimos.

Sienta no es sentado, ni siéntate.

Tumbado no es quieto.

Ven aquí y vamos no suenan igual.

Y desde luego, “toma” no es ninguna orden.

No lo uses nunca durante la educación de tu perro.

No mezclar órdenes.

Ordenar sentado y tumbado al mismo tiempo no es productivo.

Confunde al animal, y por supuesto, repitiendo de modo insistente ambas órdenes se produce de nuevo “sordera”.

En resumen, una buena obediencia sigue estos pasos:

  • Explicarle el ejercicio al perro (mediante refuerzos positivos). Sin distracciones en el entorno.
  • Añadir la palabra (siempre la misma) que servirá de orden.
  • Repetir. Y repetir. Varias docenas de veces (a lo largo de muchos días, no todo el mismo día).
  • Cambiar a un contexto con alguna pequeña distracción. Repetir, repetir y repetir.
  • Alabar y premiar cada acierto.
  • Cambiar a un contexto con varias pequeñas distracciones. Repetir, repetir y repetir.
  • Alabar y premiar los aciertos.
  • Cambiar a un contexto con alguna gran distracción. Repetir, repetir y repetir.
  • Alabar y premiar los aciertos.
  • Repetir en todos los contextos cotidianos del perro. Alabar y premiar.
  • Retirar gradualmente los premios. Comenzar el proceso desde el punto uno con otra nueva orden.

Un cambio de concepto

 

Para finalizar, un punto muy importante es cambiar el concepto de «orden», que tiene implícita una cierta obligación y urgencia (y por qué no decirlo, amenaza) por «señal», que representa una oportunidad para tu perro de hacer algo que te gusta y que le beneficia.

¿Y por qué?

Dejando de lado la mecánica del adiestramiento con refuerzo positivo, en el que la palabra se añade después de que el perro sepa hacer el ejercicio, y por eso se convierte en una señal para realizarlo, el dar órdenes hace que los humanos nos centremos en ser «firmes», severos en realidad, elevando el tono de voz, poniéndonos serios, fijando la mirada en el perro, y mandando mensajes corporales de amenaza que le dicen «tienes un problema».

Esto crea una situación paradójica: el perro a menudo quiere obedecer, pero tu modo de pedirlo le indica que hay un conflicto social, al que da prioridad y que debe resolver ANTES de prestar atención a lo que le dices con la voz.

Dar señales de lo que quieres, que suenen más a un «por favor» en lugar de órdenes que suenen a «¡hazlo ya o atente a las consecuencias!» puede suponer una notable mejora en la obediencia de cualquier perro.


Y una vez aclarado estos aspectos, te comentaré que hace tiempo que aparqué la obediencia en mis perros.

Del todo.

En serio.

No te hace falta.

Tú crees que sí, que un perro obediente es un perro bueno.

Pero te asombrarías de la cantidad de perros con un nivel de obediencia profesional (son de adiestradores) que se portan de pena en el día a día.

Obediencia y buena conducta no van asociados.

En nuestra sociedad igual sí.

En la de los perros, pues no.

Y por otro lado, piénsalo.

Piénsalo bien, tómate tu tiempo.

¿De verdad lo que quieres es un perro soldado que obedezca TODAS tus órdenes?

¿Y que no sepa qué hacer si tú no estás para decirle qué tiene que hacer?

¿E incluso que se ponga muy nervioso y empiece a portarse regulín si se queda solo y nadie le dice qué tiene que hacer?

¿O estabas pensando más bien en compartir buenos ratos con un amigo?

¿Y echarle un cable cuando lo necesite y ayudarle a entender el mundo de locos en que vivimos -si eso es posible, claro-?

Para lo segundo tengo un servicio de asesoría.

Para lo primero, puedes buscar en Google una escuela de marines. 

 

Irene
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