Mina es una perrita de raza pastor vasco.

Tiene 3 años, y vive con una familia de cuatro miembros (dos adultos y dos niños) en una casa con jardín, en una zona rural.

Llegó a esta familia con dos meses, y han procurado criarla con cariño.

Le gusta jugar con los niños, y da un paseo diario por los caminos de la zona, que son tranquilos y silenciosos.

Mina se muestra en general confiada y juguetona con sus dueños y con los niños, a los que sigue a todas partes.

Se asusta de ruidos intensos, como portazos, cohetes o tormentas, pero de modo leve, en seguida se recupera. No tiene problemas para quedarse en casa sola mientras sus dueños van a trabajar.

A su familia le gusta invitar a gente a casa, amigos de los dueños, y otros niños que vienen a jugar en el jardín son visitas habituales.

Desde cachorra, a Mina le costaba acercarse a las visitas, y si la forzaban, chillaba y se escondía debajo del mobiliario. No se le dio mayor importancia, pero desde hace unos meses, gruñe a algunas personas, y en una ocasión llegó a morder (sin lesionar) a una vecina que intentó acariciarla en la cabeza.

Cuando conocemos a Mina, vemos a una perrita alegre, pero muy estresada.

Tarda un rato en aproximarse a nosotras, y lo hace por la espalda, dejándonos claro que nuestra presencia le intimida, pero que siente interés por relacionarse.

Mina tiene una pobre socialización, con personas y con otros perros.

Al vivir en un lugar tan aislado, no ha conocido apenas gente cuando era cachorra.

Eso, unido a que como perro de pastor tiende a ser algo desconfiada ante las novedades, le ha llevado a rehuir a las visitas.

De haber hecho una socialización proactiva con estas visitas cuando era cachorra, seguramente el problema se podría haber evitado.

Mina comunica miedo con sus reacciones cuando ve a gente extraña, y si no se respeta su espacio, intenta defenderse de lo que ella percibe como una amenaza (mordiendo).

Sin embargo, debido a la corta duración del proceso, a la facilidad para controlar los estímulos que desencadenan la reacción negativa de Mina, y a la plena cooperación de su familia, que quiere que su perrita se integre plenamente en el día a día y disfrute de las reuniones, el pronóstico es favorable.

Lo primero es rebajar el nivel de estrés de Mina. Un chequeo veterinario revela una buena salud general, pero tiene un colmillo roto casi de raíz, que le puede estar molestando, por lo que se procede a su extracción.

Indicamos a sus dueños que Mina debe contar con una vida estructurada y predecible, con horarios para comer, descansar, jugar y pasear.

Los paseos deben aumentarse en número, ya que Mina pasa demasiadas horas sin nada que hacer en un entorno bajo de estímulos (la casa y el jardín), lo que propicia que ladre en la valla a todo lo que pasa (problema secundario que nos comentan durante la visita).

Los paseos deben ser tranquilos, dejando que la perra se tome su tiempo para olfatear a su gusto, y que marque el ritmo.

Siempre que sea seguro, es preferible que vaya suelta. Cuando tenga que ir atada, recomendamos una correa más larga de la que usan actualmente (mínimo dos metros) que le dé movilidad y evite tirones cuando se pare en seco a oler algo.

Los niños corretean durante los paseos, y Mina se altera mucho por ello (por ser un perro pastor).

Recomendamos explicarle a los niños que mientras la perra esté atada, se planteen juegos que impliquen interaccionar con ella (así ellos se quedan cerca, y ella se divierte), y que pueden correr a su antojo cuando Mina esté suelta y ella pueda seguirlos.

En casa, dejamos varias indicaciones para juegos seguros entre niños y perra, que no impliquen excitarla para no subir su estrés.

Enseñamos a los niños que su perrita tiene un gran olfato, y puede encontrar golosinas las escondan donde las escondan.

También marcamos pautas para sustituir los regaños y correcciones diarias que Mina tiene que escuchar cuando hace algo que no debe, por indicaciones amables (y premiadas) de lo que se prefiere que haga para portarse bien.

Eso relaja mucho a Mina, que ya entiende lo que se espera de ella, y deja de oír “¡¡NO¡¡” varias veces al día.

Una vez comprobamos, pasadas unas semanas, que Mina se muestra mucho más tranquila y centrada, y se la ve más contenta y apegada a su familia, planteamos las sesiones específicas para corregir su miedo a las visitas.

Mediante ejercicios de aproximación y retirada, fijándonos en la comunicación de Mina y atendiendo a su comodidad en cada momento, la “visita” puede acercarse cada vez más sin que Mina intente huir ni dé muestras de incomodidad.

Una vez se la ve más cómoda y a corta distancia, empezamos a premiarla para que cambie su percepción de “desconocido = amenaza”.

Tras pocas sesiones, su actitud ha cambiado considerablemente.

Aun así, indicamos a sus dueños que deben permanecer atentos a sus expresiones corporales, para mantenerse siempre en un rango de comodidad, y que si en algún momento desea apartarse, deben permitírselo y dejarla tranquila en otra estancia donde nadie la moleste.

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