El juego es muy importante en la vida de tu perro.

A través del juego aprende a mejorar su autocontrol, a reconocer su propia fuerza, a relacionarse con otros seres vivos y con su entorno y a gestionar la frustración.

El juego también le permite mejorar su creatividad y capacidad de resolución de problemas, aumentar su autoestima, aprender normas sociales y estrechar lazos con aquellos con quienes juega.

Aparentemente, todo son ventajas, verdad?

No siempre. Vamos a verlo más a fondo.

Muchos mamíferos juegan cuando son crías, a menudo muchos siguen jugando cuando crecen, pero pocos están dispuestos a jugar durante prácticamente cualquier periodo de su vida.

El perro es uno de esos pocos. Y el ser humano, otro. Eso suena bien.

Y si te fijas en cómo tu perro se ha hecho amigo de sus mejores amigos (caninos), te darás cuenta de que ha sido gracias a compartir paseos, hacerse compañía y jugando  juntos.

El juego crea fuertes lazos entre individuos, y los mantiene unidos a lo largo del tiempo.

¿Habías pensado alguna vez en lo importante que es el juego en la vida de tu perro? 

Pues es hora de ponerse a ello. 

Hay vida más allá de la pelota

 

Por alguna extraña razón, a la mayoría de los humanos, cuando se les pide que jueguen con un perro, parece que solo conocen dos juegos: lanzar un objeto (preferiblemente redondo y que bote) para que el perro lo traiga y vuelta a empezar, y repetir hasta el infinito (o hasta que tengas una lesión en el hombro de lanzar). 

O forcejear y fingir una pelea por algún objeto. 

Y eso es todo. 

¿Qué tal una vídeo consola que solo tuviese dos juegos? 

Al principio tiene su gracia, pero pronto resultaría extraordinariamente aburrido. 

¿Y si tu mejor amigo se empeña en invitarte a jugar a esos dos juegos una y otra vez? 

Eso suena más aburrido aun. 

Así que hay que usar un poco la imaginación para proponerle a tu perro juegos diferentes, con distintos niveles de dificultad, e idealmente que le sorprendan (gratamente). 

En su defecto, si no se te ocurre nada, puedes mirar en Google. 

Hay muchas ideas de gente muy creativa. 

Copialas, las comparten para eso. 

Tipos de juegos

 

Cuando propones un juego a tu perro tienes que pensar de modo global. 

No se trata de ponerse a jugar “para que se canse”. 

Sobre todo porque eso no lo lograrás nunca: se habituará a tu nivel de exigencia, y tendrás que subir el listón una y otra vez. 

Y tu perro es perro 24 horas al día, no tiene nada mejor que hacer, pero tú además de su compañero eres otras muchas cosas, y estarás cansado mucho antes que él. 

Así que ese planteamiento no tiene mucho sentido. 

Si te paras a pensar en los juegos de un modo más completo, podrás valorar si el juego que le propones a tu perro es activador o le relajará. 

Si le permite mejorar en alguna faceta de su vida o le vuelve obsesivo. 

Si le dará mayor autoestima o le producirá frustración y sensación de fracaso. 

Si mejorará sus habilidades sociales o le hará más competitivo. 

Y en última instancia, si hará que se sienta más a gusto a tu lado, o preferirá buscarse la vida por su cuenta e ignorarte por completo. 

Y no te compliques, para un perro no es necesario que la actividad tenga un manual de instrucciones de varios folios. 

Situaciones muy sencillas y a veces muy breves pueden considerarse un juego. 

Así, tienes juegos calmantes y juegos excitatorios. 

Si propones a tu perro mucho de lo segundo, o le das acceso frecuente a juegos del segundo tipo, tendrás un perro “nervioso” e “hiperactivo”, que “nunca se cansa” y “siempre pide más”. 

Seguro que no es eso lo que deseas. 

Eso no significa que nunca juegues a juegos excitatorios, pero debes ser consciente de que lo son, de cómo los gestiona tu perro, y de si puede parar fácilmente o se ha convertido en un obseso. 

También es importante darse cuenta de en qué momentos planteas juegos excitatorios, ya que si lo haces casi al finalizar el paseo cuando tu perro va a pasar 8 horas solo (pensando que así lo dejas cansado), obtendrás un efecto indeseable: tu amigo no va a descansar bien, puede que no descanse en absoluto, y eso se va a notar después, en forma de ladridos, mordisqueo del mobiliario y objetos varios y otras posibles manifestaciones de estrés. 

Y se entra entonces en un círculo vicioso: a la hora de descansar, no descansa, sigue activo y desarrollando conductas poco deseables. 

Y cunado vuelves a su lado, le propones de nuevo actividades que lo excitan, cuando ya ni siquiera está relajado porque no ha podido dormir adecuadamente. 

El cerebro entra entonces en un bucle que dará lugar a problemas de destructividad, irritabilidad, vocalizaciones, ensuciamiento e incluso agresiones a otros perros o personas. 

Y todo por pasarse con la pelota. 

Curioso, verdad? 

Y es que jugar genera estrés. 

El estrés es una respuesta de un organismo a una demanda o exigencia de origen externo o interno. 

En sí mismo no tiene nada de malo. 

Planear un crucero por las islas griegas es estresante, pero mola. 

El problema vendría si el estrés se mantiene en el tiempo (imagina que cada vez que se acerca la fecha del crucero, te la posponen una y otra vez). 

O si no se descansa lo suficiente entre exigencia y exigencia. Vamos, que no duermes pensando en todo lo que tienes que planificar para ese crucero. 

El juego en consecuencia es también una fuente de  estrés. 

Hay que adaptarse  a unas normas, a unos compañeros de juegos, a una exigencia. 

En principio eso no debería ser un problema, a menos que no se pueda descansar suficiente entre juego y juego, que el tiempo de juego sea demasiado prolongado, o que el nivel del juego sea demasiado elevado para las aptitudes de tu perro. 

Ahora vete hilando. 

¿Crees que tirarle la pelota a tu perro 57 veces en media hora no es un problema, que a él le encanta? 

Es posible que no esté descansando adecuadamente entre paseo y paseo. 

O que 57 veces sean demasiadas. 

Además, como juego hace tiempo que no le aporta nada, puesto que es algo que ya conoce y ha hecho demasiado a menudo. 

Algo así como la primera pantalla de uno de tus dos únicos juegos de vídeo consola. 

Un rollo. 

En cuanto a que parece encantarle, en realidad es un problema también, ya que estás malinterpretando sus reacciones. 

Lo más probable es que su respuesta no sea de disfrute, sino de obsesión. 

Y es que las conductas obsesivas funcionan de este modo: 

El cerebro tiene un mecanismo destinado a iniciar conductas de búsqueda que se activa constantemente en el día a día. 

¿Necesitas las llaves de casa? Las buscas. 

¿Has perdido un calcetín? Lo buscas. 

¿Por dónde andará el mando de la tele? Lo buscas. 

Y así día a día con un montón de pequeñas acciones que exigen buscar algo. 

Y cuando encuentras ese algo, el cerebro activa el mecanismo de recompensa: te sientes bien porque encontraste lo que buscabas. 

Ese mecanismo bloquea el de búsqueda. 

Si ya encontraste, no tiene sentido seguir buscando. 

Si no se bloquease ese mecanismo, seguirías buscando las llaves cuando ya las tienes en la mano. 

¿Y no es eso justo lo que hace tu perro cuando busca una pelota que ya tiene en la boca? 

En esos momentos el mecanismo de recompensa se ha bloqueado y no se activa. 

Por lo tanto, el mecanismo de búsqueda sigue exigiendo que busque la pelota. 

Pero la pelota ya está en su boca. 

Algo no encaja. 

Así que alguien se tiene que ocupar de que la pelota desaparezca de nuevo, para poder satisfacer esa exigencia interior que grita “¡busca pelota!”. 

Y tú vas y se la lanzas. 

Así que en realidad no está disfrutando, está alimentando una obsesión. 

Y cuando pide que le tires la pelota, simplemente intenta hacer callar su mecanismo de búsqueda, que genera una gran frustración si no se satisface su demanda. 

Esto ya no es un juego. 

Los juegos de forcejeo (con un palo o un mordedor) van en una línea similar. 

En sí mismos tienen su lado positivo, se aprende a jugar con otro, a adquirir un buen control (hay que evitar morder a tu oponente o el juego se termina), y un poco de pelea fingida de vez en cuando no hace daño a nadie y es divertido. 

El problema es cuando el nivel de exigencia es elevado, o el perro siempre pierde, o la persona se enfada si el juego no va como ella quiere, entre otras cuestiones. 

Convertir este juego en una obsesión es también realmente fácil. 

Así que cuando juegues con tu perro, lanzar una pelota o “pelear” por un objeto no tienen nada de malo siempre que se realice con moderación, que seas consciente de que son juegos que excitan y que esa excitación no terminará cuando finalices el juego. 

También hay que valorar el efecto que esos juegos tienen sobre la relación de tu perro con otros perros: si un amigo se apunta y tu perro se enfada con él, es que algo va mal. 

O si tu perro ignora su entorno, a otros perros, lo ignora todo con tal de ir a por la pelota o tirar del mordedor, el problema es serio. 

Juegos que calman

 

Por otro lado tenemos una serie de juegos más o menos sencillos que son de gran ayuda, que gustan a tu perro y que permiten una gran mejora en vuestra relación y en su autoestima y su conducta en general. 

Vamos, que aportan bastante más a su vida (y a la tuya) que la clásica pelota o mordedor. 

Les damos un repaso rápido. 

Juegos de nariz

 

O juegos de olfato. 

Muy populares. 

Si no has oído hablar de ellos, ya estás tardando en indagar a fondo sobre cómo funcionan. 

De un modo sencillo se trata de proponerle a tu perro que busque, en principio comida. Pero puede hacerse con juguetes, como por ejemplo la pelota, pero sin lanzarla. 

Se colocan trocitos de comida en superficies horizontales y se le deja tiempo y espacio para que los encuentre. 

Sin pistas ni ayudas, puede solo si no se lo pones difícil al principio. 

Conforme mejora, se puede (se debe) subir el nivel. 

Usa más superficie de terreno. 

Usa superficies verticales (como ramas de arbustos, mobiliario urbano, etc.). 

Usa terrenos más difíciles (como hierba alta, mucha hojarasca amontonada, grava). 

Si vas incorporando estos juegos de modo gradual, tu perro puede encontrarlo TODO. 

Y eso es genial y divertido y sorprendente. 

Es un juego muy barato, fácil de improvisar en casi cualquier lado (dentro y fuera de casa), que estimula el cerebro de tu perro pero calma su estado de ánimo, sube su autoestima y mejora su conducta en general. 

Y sobre todo, le permite llegar a casa y descansar adecuadamente tras el paseo. 

Todos los perros deberían jugar a esto al menos 10 minutos al día, todos los días. 

Los perros con miedo o estrés elevado se benefician especialmente de este tipo de juegos. 

No hacen milagros, pero puedes notar una reducción de las conductas asociadas a estas emociones en una semana de practicar los juegos de olfato. 

Y es que cuanto más olfatea un perro, más desconecta su parte emocional y más activa su parte racional. 

Y eso facilita controlar las emociones, que son a menudo un detonante habitual de las conductas inadecuadas de muchos perros. 

Puzzles

 

Por llamarlos de algún modo. 

Son juegos en los que propones a tu perro resolver un pequeño problema para lograr una recompensa. 

También son relajantes, y hacen que tu perro tenga que pensar para alcanzar una solución. 

Y si el nivel que le planteas está a su altura (que no sea tirado pero tampoco muy difícil), dan subidón de autoestima. 

Perfecto para perros miedosos e inseguros. 

Aunque en realidad es perfecto para cualquiera, a todos nos viene bien una buena dosis de alta autoestima de vez en cuando. 

Aquí puedes optar por juegos ya hechos, hay muchos modelos en el mercado. 

O puedes improvisar docenas de juegos con objetos cotidianos y gratis. 

Por ejemplo, esto es un puzzle comercial: 

Y en plan casero, tienes la clásica botella de agua (vacía) con agujeros. 

Metes comida en la botella, y se la das. 

Y que saque el contenido (y espachurre la botella a su gusto). 

Puedes usar un trapo de cocina viejo, meter en su centro unas chucherías, y hacerle un nudo. Y que se apañe.

 O introducir algunas golosinas en una caja de cartón, cerrarla, y que la haga pedazos. 

¿Ves por dónde va la idea? 

Pequeño obstáculo, comida o alguna golosina, y le dejas que se divierta. 

Luego puedes subir el nivel todo lo que quieras. 

Por ejemplo, es muy popular el juego del trilero con perros. 

En cuanto entienda la mecánica, no le cuelas una. 

Colocas dos recipientes boca abajo, tras poner una golosina bajo uno de ellos. Le dejas elegir y levanta el que elija. 

Si acierta, hay premio. 

Cuando acierte a menudo puedes poner 3, 4,5….. recipientes. 

Va mejor si puedes agujerearlos para que dejen salir el olor (por ejemplo usando vasos de plástico). 

Ahora mira a tu alrededor, ¿cuántas ideas se te ocurren?, seguro que unas cuantas. 

Si no, siempre puedes tirar de ideas ajenas. 

 

Pero hay docenas de retos que puedes proponerle a tu perro. Seguro que ambos os sorprendéis. 

 Juegos de propiocepción

 

Últimamente parecen estar muy de moda. 

La  propiocepción es la sensación que reciben nuestros pies sobre la superficie en que están apoyados. 

Hace alusión a las sensaciones tactiles, pero también al equilibrio, a la posición relativa de cada extremidad con respecto al resto del cuerpo y al entorno en que nos encontramos. 

Normalmente no pensamos mucho en ello, pero pensaríamos más si fuésemos descalzos. 

No se nota igual caminar sobre grava que sobre arena o sobre hierba. 

Tampoco nos movemos igual sobre una superficie llana que sobre una pendiente pedregosa. 

Y los juegos incluidos aquí hacen referencia a situaciones que estimulan esa sensación y sensibilidad.

Para los perros muy urbanitas, que casi siempre pisan suelo de la misma textura y sin desniveles ni obstáculos, son ideales. 

Mejoran el equilibrio y la percepción del propio cuerpo, y si implican superar pequeños obstáculos físicos, también dan autoestima. 

En casa pueden prepararse simplemente colocando distintas texturas en el suelo, como una toalla, un felpudo de exterior, un plástico grande, o una manta de pelo largo.

Y luego animas a tu perro a que camine y explore, o  mejor, le preparas una pista de golosinas y que vaya notando en sus pies las distintas sensaciones según pisa cada superficie. 

Pero déjale que busque y explore a su aire, no le des indicaciones ni le señales con el dedo por dónde ir o qué hacer. 

Luego se pueden añadir pequeños obstáculos, como una silla tumbada o cualquier cosa que haga de barrera (baja), o un montón de zapatos por el suelo, o muchos cojines. Lo que se te ocurra que “obligue” a estar pendiente de dónde se coloca cada pata. 

En la calle se puede usar el mobiliario urbano para crear pequeños circuitos a resolver. 

O idealmente, un paseo suelto por el monte es todo un desafío de propiocepción: suelo de hierba, de hojas, de grava, ramas cruzadas en el camino, alguna que otra zarza, alguna pasarela de madera…. 

Los perros que van superando pequeños obstáculos físicos regularmente y que se habitúan a caminar sobre distintas superficies se vuelven más seguros a la hora de moverse, y se les nota. 

 Otros juegos

Después de lo que has leído ya deberías tener unas cuantas ideas para probar y disfrutar con tu perro. 

Hay un mundo de juegos fascinante que podéis explorar juntos. 

A veces algo tan sencillo como premiar por hacer algo puede sorprenderos a ambos. 

Elige un lugar sencillo y ten a mano un montón de pequeñas golosinas apetitosas. 

Cuando tu perro te preste atención, le pides que haga algo. 

No es una orden, y no le pides nada conocido. 

De hecho puedes decirle con una gran sonrisa “haz algo”. 

Y en cuanto haga algo, lo que sea, le felicitas y premias. 

Ese algo puede ser girar una oreja, mirar a otro sitio, levantar una pata, mover la cola, dar un saltito, dar un ladrido, algo, lo que sea, por poco que parezca. 

Luego lo pides otra vez. 

La única regla del juego es “haz algo, pero no te repitas”. 

Si tu perro repite lo que hizo la primera vez, permaneces expectante (no dejes de sonreír, es un juego). 

Y en cuanto haga cualquier otra cosa, por nimia que sea (te toca estar muy atento), felicitas y premias. 

Y repites unas cuantas veces. A ver a dónde os lleva este juego, 😉 

Este juego es muy beneficioso para perros sin iniciativa o muy inhibidos, por regaños y castigos frecuentes o por miedo intenso. 

Pero es importante, para que funcione (en lugar de frustrarle) que respondas rápidamente a cualquier “algo” que haga. Un perro inhibido o miedoso puede realizar acciones muy sutiles, y si no las detectas y premias, simplemente ni entenderá de qué va el tema ni querrá seguir participando. 

Un simple parpadeo, o una elevación de la cabeza serán ese “algo” que has pedido. Con la práctica se irá soltando y ofrecerá más conductas, pero al principio hay que premiar casi hasta por respirar, 🙂 

Éste es solo un ejemplo de juegos que puedes proponer a tu perro e improvisar casi en cualquier momento y lugar. 

Te toca a ti idear nuevos juegos y compartirlos con tu mejor amigo. 

Y para concluir, quiero contarte algo importante en lo que quizá no hayas pensado.

El juego entre perros es altamente estresante.

Los juegos con interacción social son una potencial fuente de conflictos, y exigen atención por parte de los jugadores y mucha diplomacia para enviar mensajes a los otros «jugadores» de que pase lo que pase, es un juego.

Las carreras, giros, competencias, pausas para calmarse y vuelta a empezar generan una gran exigencia física, pero sobre todo mental. 

Piensa ahora en cuánto tiempo pasas con tu amigo en el parque canino, dejando que tu perro dé vueltas y carreras a lo loco con todos los perros que entran. 

Es muy positivo que tu perro se relacione y juegue con otros, pero si su día a día, sus paseos cotidianos, consisten en ir a la carrera (¡o en coche!) hasta el parque canino para jugar con otros perros durante una hora y luego para casa, no le estás cansando, ni le estás socializando: le estás exponiendo a una situación altamente estresante día tras día.

Y eso pasará factura.

Muchas veces el estrés del perro proviene de este tipo de manejo.

Si es tu caso, replantea el paseo y coloca el parque canino como una parada (no necesariamente todos los días) puntual para que tu perro salude y juegue, y luego sigue paseando. 

El resto del paseo debería ser a paso tranquilo, dejando que tu perro indique hacia dónde le apetece ir, cuándo y cuánto le apetece parar, y dejandole oler mientras le sigues y acompañas. 

Así conseguirás que tu perro socialice pero al tiempo no suba mucho sus niveles de estrés y el paseo será más completo y relajante. 

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

Pide cita para una vídeo-sesión estratégica gratuita conmigo y sabrás cómo te puedo ayudar a mejorar la relación con tu perro.

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Irene

¡Hola!, me presento, soy la fundadora de Comunicación y Respeto, sitio donde comparto contigo estrategias, ideas, ayudas y herramientas que funcionan para que puedas conseguir un vínculo especial con tu perro y disfrutar al 100% de su compañía. Si hay comportamientos de tu perro que no entiendes o situaciones que te preocupan, apúntate al blog y recibe gratuitamente tu guía "Cómo mejorar la convivencia con tu perro en diez sencillos pasos".
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