¿O no?

 

No sé si te has enterado.

En los medios de opinión le están dando bastante cuerda a esta historia.

Al parecer, un hombre se desmayó en una céntrica calle de París, y se pasó 9 horas tirado en el suelo.

Y mientras pasaba gente por todos lados, el pobre señor moría lentamente por congelación.

Pero nadie le prestaba atención.

Nadie le auxilió.

De hecho, fue un vagabundo el que de madrugada llamó a una ambulancia.

Pero era tarde.

Y todo el mundo se lleva las manos a la cabeza.

Resulta que ese hombre era, además, “alguien”.

Ignoro si la noticia no habría sido tal de tratarse de un perfecto desconocido, y definitivamente hasta los periodistas habrían pasado de largo ante la situación.

Pero no lo era.

Se llamaba René Robert, y era un prestigioso fotógrafo francés.

En uno de los artículos de opinión la autora afirma que ella habría hecho lo mismo.

Seguir con su camino sin detenerse.

Y afirma también que tú, y yo, el vecino y el Tonto Alfa habríamos hecho lo mismo.

Igual eso es ya dar mucho por sentado, pero vale.

Le compramos pulpo como animal de compañía.

También puede que no.

Que tú no sé, pero igual yo hubiese hecho algo.

No tengo ni idea de lo que habría hecho en ese contexto en concreto, la verdad.

Pero sí sé lo que hice en contextos parecidos.

En una ocasión me encontré a un hombre tirado delante del portal de mi casa, sin sentido.

Traté de ver si necesitaba ayuda, y me mandó a la mierda.

Con algunos insultos de regalo.

Aun así, llamé a una ambulancia, por lo del coma etílico y eso.

Luego me contaron los que acudieron que el hombre rechazó la ayuda.

En otra ocasión, al pasar conduciendo por una travesía que cruza un pueblo, un hombre tropezó con el bordillo del carril opuesto, y con las mismas, se fue redondo al suelo.

Inconsciente.

Casi frené en seco.

Pero para cuando me detuve, ocho personas que estaban en la zona habían acudido a la carrera.

Una ya sacaba un teléfono para pedir una ambulancia.

Y los coches que circulaban por ese lado de la calzada también se habían detenido.

Así que consideré que no pintaba nada allí, que solo iba a estorbar, y continué con mi camino.

Luego me enteré de que el hombre era diabético y había tenido una bajada de azúcar.

(Es que vivo en una zona muy rural y al final todo se sabe).

Pero allí no faltó gente para prestar su ayuda desde el minuto uno.

Así que eso es lo que hice en contextos parecidos.

Y sé que no soy mejor ni peor que quienes me rodean.

Así que igual es el entorno.

Igual es por vivir en zonas rurales, y es la gran ciudad la que aliena y te fuerza a desconectar, del entorno y de tus semejantes.

Eso es lo que pomposamente muchos profesionales definen como “habituarse”, “acostumbrarse”, aprender a ignorar lo que te rodea.

Y te venden por todos lados que es lo que tienes que conseguir con tu perro.

Igual que hacemos las personas, ¿verdad?

De hecho, ignoras tanto tu entorno, que te conviertes en una persona horrible que no es capaz de hacer una simple llamada que podría salvar una vida.

Ahora mira al perro.

Él no ignora su entorno.

No se desconecta.

No se acostumbra ni se muestra indiferente a lo que hay a su alrededor.

Y sin embargo, eso es lo que se busca en el adiestramiento, cuando se le entrena, cuando se le educa.

Que sea como nosotros.

Que sea un perro horrible que no prestaría atención a su alrededor, incluso cuando su alrededor parece haberse vuelto loco.

Queremos a los perros a nuestra imagen y semejanza, como si eso fuera por sistema algo bueno.

Pero un perro nos ayudará a no olvidar nuestra humanidad, si le dejamos.

Porque seguro que tu perro sí habría hecho algo ante ese hombre.

En el campo, en un pueblo, y en el centro de Paris.

No intentes cambiar eso.

Y si lo que ocurre es que su falta de indiferencia hacia el entorno te supone un problema serio en la convivencia, que sepas que hay otros modos de gestionar esas situaciones.

Son las que les cuento a mis clientes en el asesoramiento.

Por si te sirve:

Irene
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