Así que no gastes ni un segundo de tu tiempo en él

Igual no mucha gente se ha fijado, pero la presión social es un arma arrojadiza.

Una que hace daño.

Pero a diferencia de un hacha voladora o una maza llena de pinchos, solo hace daño si se lo permites.

Verás.

Recibo muchos comentarios, pero muchos, de personas muy preocupadas por lo que les dicen.

Cansadas de que les juzguen y les digan lo que tienen que hacer.

Y lo que no.

Sintiendo vergüenza por los comentarios que les bombardean.

Porque entre otras cosas, no han preguntado ni pedido consejo.

Que si me dicen que maltrato a mi perro porque le llevo con collar en vez de arnés.

Que si me ponen a bajar de un burro porque uso una correa extensible.

Que si me tachan de mala persona porque le doy pienso a mi perro.

Y así, un montón de cuestiones.

Lo mismo les atacan por la calle que en las redes sociales.

(Yo esto último lo solucionaba rápido, pero cada uno hace con su vida y sus perfiles lo que considera oportuno).

Pues mira, igual ya puedes dejar de preocuparte por esa gente y sus comentarios no solicitados.

¿Que por qué?

Por la sencilla razón de que no lo puedes controlar.

No merece la pena dedicarle ni un segundo de tu tiempo (o de tu salud emocional) a todo aquello que escapa a tu control.

Todo lo que te digan de malo, lo que te critiquen, lo que te censuren, lo que te insulten o te descalifiquen, que sea mentira, o verdad, o ninguna de las dos cosas.

Todo esto está fuera de tu control.

Así que sabiendo eso, ¿por qué preocuparse por ello?

No hay nada que puedas hacer al respecto. Un idiota es un idiota.

Así que, en este mundo miedoso y de postureo y falsedad y retoques fotográficos, muchas personas andan preocupadas por lo que un desocupado, al que no conocen, piense y diga de ellas o de sus perros.

Es mejor opción preocuparse de ser, sencillamente, los mejores cuidadores que puedan ser.

Hacer las cosas lo mejor que sepan y puedan en cada momento.

Preocuparse, al fin y al cabo, de algo que esté bajo su control.

Ese es el camino que te aleja de la vergüenza y te saca de la trayectoria del arma de la presión social.

Y ese camino pasa por aumentar tus conocimientos sobre perros.

No sobre haters o aburridos que dan opiniones sobre temas que desconocen.

Solo sobre perros, sus conductas, sus motivaciones, sus necesidades.

Y con ese conocimiento, te quedas con la certeza de que lo estás haciendo lo mejor posible ahora mismo.

Y con más conocimientos, lo haces mejor.

Y como siempre se aprenden cosas nuevas, siempre hay margen para mejorar.

Pero la puerta está abierta, y la base puesta.

Con este conocimiento ya puedes hacerlo muy bien.

Mucho mejor que el 99 % de los que tienen perro y critican a otros porque lo hacen mal.

Que oye, no creo que dejen de criticarte.

Pero ¿sabes qué?

Que entonces ya te dará igual.

Porque la sensación de angustia que te generan no es porque te critiquen.

Es porque tienes una total falta de confianza en lo que estás haciendo ahora mismo.

Y eso no se soluciona haciendo caso al hater de turno.

(Siempre habrá haters)

Se arregla aprendiendo y ampliando tus conocimientos.

Y aplicando lo aprendido.

Así es cuando aparece la seguridad de que vas bien.

De que lo haces bien.

¿Qué podrás mejorar?

Pues claro, yo llevo 30 años mejorando, y lo que me queda.

Pero las críticas dejan de afectarte.

Te resbalan.

Y te puedes centrar en lo que de verdad te importa.

Que no son los comentarios del parque o de Instagram.

Es tu perro.

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Ah, si no te apuntas, no recibes más ideas. Aquí publico lo justito para que Google esté contento. 

Irene
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