Quizá vivir con tu perro no es lo que esperabas

Tengo una libreta gorda donde apunto ciertas cosas que quiero recordar.

Pero la uso sobre todo para llevar la contabilidad.

La de casa, quiero decir.

En plan informal.

Ya sabes.

Cuando quieres ahorrar lo primero que te aconsejan es que anotes todos los gastos que tienes.

Pero todos, sin dejarte ni la barra de pan.

Y así podrás ver dónde se va el dinero y dónde tienes que poner cuidado o de dónde puedes recortar o mejorar.

La verdad es que parece obvio, pero es un buen consejo.

Te llevas sorpresas con el resultado cuando lo has hecho durante varios meses y vas viendo gastos más o menos constantes.

En mi caso, una parte muy importante se va en los perros.

Y la otra parte, en dar de comer a la furgoneta, que básicamente la uso para transportar perros.

O sea, que me gasto unos cuantos cientos de euros al mes en los perros.

Además, también consumen mucho tiempo.

El de sacarles a pasear horas cada día, más el desplazamiento de ir y volver a donde sea que vayamos.

Eso como mínimo.

Para alguien práctico, si saco a los perros de la ecuación tendría una pasta cada mes para poder ahorrar.

Y un montón de tiempo libre todo para mí sola.

Y sin embargo, si dejo de lado a los perros, mi vida estaría muy vacía.

Me imagino a mí misma en una realidad paralela.

Una en la que nunca he tenido perros, por lo que sea.

Tengo un importante sobrepeso y me paso todo mi tiempo libre tumbada en un sofá, zampando bollería y patatas fritas mientras veo el enésimo programa de famosos, famosetes y famosillos contando su vida inventada.

No tengo amigos, porque en realidad soy una persona introvertida y las relaciones sociales no son mi fuerte.

Esto es igual en los dos universos.

Lo de ser introvertida.

(Mis amigos actuales, que son unos cuantos y son fantásticos y me aguantan todas mis tontadas, los he conocido gracias a los perros).

No sé qué hacer con el tiempo libre, que me sobra.

Eso sí, tengo una cuenta corriente muy saneada.

¿Y para qué me sirve?

Soy una persona amargada y triste.

Me paso la vida revolcándome en mi amargura y mi tristeza.

Definitivamente, me quedo con los perros.

Y la vida va de eso.

De tener que elegir.

El “quiero que mi perro esto, quiero que mi perro aquello, no quiero que mi perro lo de más allá” a menudo no es posible.

Hay que elegir, y cuando eliges una opción, eso implica dejar fuera las demás opciones.

Y asumir las consecuencias de la opción que elegimos.

Yo elijo los perros, con todo lo que eso conlleva.

Seguro que tú también.

Aunque igual no está saliendo como esperabas.

Merece la pena mejorar eso.

Irene
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