No hacer lo que todos te dicen puede ser buena idea

 

Sobre hacer lo que los demás dicen, o lo que te dice el instinto.

Por tonto que suene.

Aunque a veces te puedas equivocar.

Mira.

A mí de bebé no me pusieron pendientes.

Ahora no sé cómo esta el tema, pero hace 50 años las niñas llevaban pendientes casi desde antes de bautizarse.

Los niños, pues no.

Y así, de un vistazo al capazo o carrito o lo que fuese que usaban para sacarte de paseo, se podía saber el género del bebé.

Fichada ya desde la cuna.

Porque los pendientes eran de chica.

Y para los niños, pues no.

Pero mi madre era mas bien tirando a feminista.

Y eso de los roles socio culturales no le molaba nada.

Así que aparte de no vestirme jamás de rosa.

Tampoco me puso pendientes.

Si quiere llevar pendientes cuando crezca, se los puede poner. Prefiero que ella elija si desea tener las orejas agujereadas o no”.

Esto me lo dijo un montón de veces.

Elige tú”.

Pues a los 12 años estaba muy cabreada.

Porque yo quería llevar pendientes.

Pero le tenía pánico al dolor.

Pendientes.

Dolor.

Y le echaba en cara a mi madre que si me hubiese hecho los agujeros de bebé, ahora no me acordaría de nada.

Pero podría llevar pendientes.

Sin dolor.

Y si no hubiese querido llevarlos, pues con no ponerme nada, listos.

Los agujeros vacíos apenas se notan.

Así que la odié por eso.

(Como buena adolescente)

Sin embargo, creo que tenía razón.

Pero no se puede razonar con un adolescente.

Así que me fui a una farmacia a que me perforaran las orejas.

Tenían unas grapadoras especiales, y de la que hacían el agujero, te colocaban el pendiente.

Un precioso pendiente de oro de ley de no sé cuántos quilates, hipoalergénico, con su pequeña y brillante circonita.

De color a elegir.

Precioso todo.

Así que me tragué mi miedo al dolor, me puse los preciosos pendientes de oro de ley, y me volví a casa con mi mosqueo.

Las instrucciones para que quedase un agujero después de aquello eran girar el pendiente cada día.

Y en una semana estaría curado.

Pero la naturaleza se empeñaba en cicatrizar el estropicio.

Así que cada día sufría más dolor, porque una costra se agarraba con fuerza al pendiente y me impedía girarlo.

Y por las noches, solo podía dormir boca arriba.

Porque de cualquiera de los dos lados, las orejas me recordaban que aquello dolía.

Y yo, como buena adolescente, ya odiaba a toda la humanidad.

Solo porque yo me encontraba fatal.

Y pensaba que me podía haber ahorrado todo aquello.

Tres semanas después, el panorama era exactamente el mismo.

Como si me acabara de hacer los agujeros.

Y yo ya solo pensaba en dejarme caer por las esquinas llorando mi desgracia y mi dolor.

Como buena adolescente.

Finalmente decidí mandarlo todo a la mierda.

Los adultos no tenían ni idea de nada.

Así que lo haría a mi modo.

Me quité los preciosos pendientes de oro con circonita.

Y me coloque unos ganchos de latón de unos pendientes comprados en un puesto de artesanía callejera.

Y una semana después, aquello había cicatrizado perfectamente.

Y ya podía llevar pendientes de todo tipo.

Espera, no.

De todo tipo siempre que no fueran de oro.

Si me los ponía de oro, la zona se inflamaba y empezaba a supurar.

Curioso.

Así que lo mismo deberías repasar lo que haces cada día con tu perro.

Y lo que no haces.

Y pensar que los que te dicen cada día en el parque o desde la tele como debes educar a tu perro no tienen ni idea de perros.

Aunque parezca que sí.

Tú igual tampoco, pero los demás, pues la mayoría casi seguro no sabe nada.

Así que lo mismo tirar de instinto puede serte útil.

A veces te equivocarás.

Y otras acertarás de lleno.

Pero si observas a tu perro, tiras de empatía y vas viendo qué opina él de lo que haces.

Seguramente no lo harás mal.

E iras encontrando un camino para que podáis recorrerlo juntos.

Saliéndote de lo que está establecido.

Pero juntos.

No tú contra tu perro.

Que es lo que te propone la mayoría.

Si esto te da demasiada inseguridad, o quieres evitar la mayoría de los errores, puedes contratarme.

Aunque lo mismo yo tampoco tengo mucha idea de perros.

Pero puedo garantizarte que nada de lo que te diga irá contra tu perro.

Nos enfocamos en mejorar su bienestar, su calidad de vida y su percepción de seguridad.

Y le dejamos ser perro.

Y con eso a menudo se solucionan muchas cosas.

Irene
Estoy en: