Mush

Enseña a tu perro a tirar de cualquier cosa

 

Hoy voy a ser muy breve.

Acabo de publicar un nuevo libro, y me toca darlo a conocer.

Así que ahí va.

Lo mismo ni te interesa, porque trata de enseñar a tu perro a tirar.

A que no tire, no.

A que tire.

Lo sé, suena algo raro, lo normal es que la gente busque justo lo contrario.

Pero es que los humanos somos tan malos educando a otras especies, que cuando queremos que el perro no tire, pues tira.

Y cuando se busca que tire, pues no tira.

Jajajaja.

En fin, para quienes tienen ese problema (su perro no tira pero quieren que lo haga) he escrito este libro.

Si te atrae la idea, lo compras.

Si ya tienes bastante con tu día a día o tienes un chihuahua, pues no lo compras.

Y tan amigas.

Esta es la presentación:

Pon un poco de aventura en tu vida practicando mushing con tu perro. 

Se acerca el invierno, y no tienes el trineo listo, ¿verdad?  

Si te gustaría enseñar a tu perro a tirar de algo con ruedas pero no sabes ni cómo se le pone el arnés.

O ya lo has intentando y resulta que se pone a tu lado o te lanza a la cuneta cada cinco minutos.

Puedes probar a leer este libro. 

En él te cuento cómo enseñar a un perro a tirar.

Qué otras cositas debes aprender para hacer mushing con seguridad.

Y sobre todo, sobre todo, lo que NO debes hacer si quieres que tus aventuras tengan un final feliz.

Ah, para ilustrar esto último te cuento algunas de mis vivencias con mis perros.

Así aprendes.

Y te ríes un poco de las desgracias ajenas.

PD- Solo está disponible en formato digital. Lleva unas cuantas fotos y eso para la imprenta es un problema. Si lo quieres y no tienes un lector electrónico kindle, me lo dices y te lo paso a otro formato. 

El cerebro idiota

Tu cerebro y el de tu perro funcionan igual

 

Estoy leyendo un libro muy interesante sobre neurobiología.

(Bueno, estoy leyendo varios libros a la vez y todos son interesantes, pero hoy me centro en este)

Se llama El cerebro idiota (Dean Burnett), y ya solo el título me parece de lo más apropiado.

Habla con cierto humor de los fallos y defectos que tiene el cerebro humano y de la razón para que esto ocurra (cuando se sabe).

Básicamente es un órgano construido poniendo capas de barniz sobre otro órgano previo (cerebros de otros bichos) y luego empalmado todo más o menos como se ha podido.

Y claro, siendo así, ¿qué puede salir mal?

Bueno, el caso es que la mayor parte del tiempo cumple su función fundamental razonablemente bien.

A menos a nivel especie.

Porque a nivel individuo creo que nos hace la zancadilla con demasiada frecuencia.

¿Y cuál es su función fundamental?

Mantener vivo el cuerpo en el que se aloja.

O sea, sobrevivir.

Y al final todo va orientado en ese sentido.

Así que a veces sale algo chapucero visto desde fuera, sí, pero a grandes rasgos funciona.

Uno de los capítulos habla del sistema del equilibrio y de porqué nos mareamos cuando viajamos en coche o barco, por ejemplo.

Al parecer al cerebro le cuesta mucho cuadrar dos informaciones contradictorias, como que el órgano del equilibrio diga “nos movemos” mientras el cuerpo se está quieto en un asiento.

Y como no le cuadra nada, en lugar de pensar en un fallo del sistema, piensa en supervivencia: solo hay una cosa que puede originar ese descuadre, el veneno.

Pues toma limpieza de estómago gratuita.

Todo fuera.

Pensándolo en frío es una chorrada.

No es tan complicado, me muevo porque voy subido en algo que se mueve por mí.

Y ya.

Creo que a los mecanismos de supervivencia eso de pensar no se les da bien.

Pensar lleva mucho tiempo, que puede ser lo que no tienes cuando se trata de sobrevivir.

Y consume mucha energía.

Así que mejor dejarlo para otro rato.

Y esa es también la razón por la que tu perro puede llevar a cabo un montón de conductas aparentemente idiotas.

O fuera de lugar.

O desproporcionadas.

Su cerebro no está pensando, está actuando.

Y está actuando para sobrevivir.

Porque él cree que hay una amenaza real.

Entender e interiorizar esto te permite dar un paso de gigante a la hora de ayudarle a sentirse mejor.

Y a que deje de “pensar” que su vida corre peligro.

Aunque claro, para eso deberías ser capaz de hacer tú lo mismo.

Y resulta que tu cerebro (y el mío) funciona exactamente igual que el del perro.

Y ve amenazas donde seguramente no haya nada.

Eso complica mucho la relación, para tu perro y para ti.

Puedo ayudarte a mejorar tu percepción de las amenazas inexistentes que te afectan a ti (ansiedad al pasear, presión social para tener un perro “bien educado”, miedo a que haga daño a otros), para que tú puedas ayudar a tu perro del mismo modo.

También puedo enviarte un correo al día, todos los días, con anécdotas como ésta.

Si sientes que te ayudan, te orientan y tienen sentido, pues deberías apuntarte.

Si te dejan indiferente, no te apuntes, claro.

Quiero que mi perro sonría

Leo en un magnífico libro de Alexa Capra (Cambia tu mente):

Otro problema deriva de los consejos y las pautas que nos dan para llegar a ser un buen propietario. “¡No mires al perro a los ojos! ¡No prestes atención al perro si te la pide! ¡No consueles al perro si tiene miedo!…”. Todo esto representa la muerte de la comunicación.

Todo el libro es una obra maestra para comprender mejor al perro, pero destaco este párrafo porque automáticamente me ha recordado mis primeros días con Jimena.

Jimena es uno de los galgos que vive conmigo.

Es un galgo del montón.

No tiene historia trágica ni antecedentes de maltrato severo ni nada que la haga destacar.

A pesar de que las muchas cicatrices de su cuerpo pudieran hacer pensar lo contrario.

Su historia era sencilla y corta: la hemos encontrado preñada y muy flaca en la calle de un pueblo de Huelva. No es de nadie. Tiene dos años (edad típica de abandono de galgos que “ya no valen”). Es todo.

Muy bien.

La adopto.

Me gusta que cuando lleva 10 minutos en casa, se ha echado una carrera por el reducido espacio de mi piso, ha tomado un peluche de la caja de los juguetes (para perros) y se ha lanzado sobre el sofá a jugar con él.

En  mi casa lleva un mes y no la he visto hacer nada de esto” me dice su cuidadora.

De acuerdo.

Se queda conmigo entonces, ya que parece que nos gustamos mutuamente.

Los problemas aparecen después.

Jimena no establece contacto visual conmigo.

Se comporta como un perro disecado.

¿Y qué hacen los perros disecados?

Nada.

Lo cual es genial, ¿no?

Esa es justo la definición de “perro bueno”

Un perro que no hace nada.

Debería estar feliz por tener un perro así.

Pero soy humana.

Y los humanos solo somos contradicciones con piernas y nunca estamos contentos.

Yo quiero que Jimena se porte bien.

Quiero que se porte mal.

Quiero que me haga caso.

Y que me desobedezca.

Quiero que simplemente, se porte.

Que haga cosas.

Cosas de perro.

Pero no las hace.

No hace nada, en realidad.

Es mi primer contacto con un perro con indefensión aprendida.

Las personas con perros así nunca consultan nada sobre comportamiento.

Si el perro es “bueno”, no tiene sentido.

Y si está tan afectado por la indefensión que deja de comer, pasa de ser un “perro bueno” a ser un “perro enfermo”.

Y entonces van al veterinario.

Nadie ve un problema en esta conducta.

Yo sí.

Porque veo un perro  infeliz.

Un cascarón vacío e inerte.

Un perro roto.

Y eso me duele.

Así que me puse a trabajar con ella.

Probé con el clicker.

A adiestrarla con refuerzo positivo.

Es una buena técnica.

Hace ya muchos años de esto.

Hoy no haría eso.

No porque sea malo, que no lo es.

De hecho, la ayudó.

Simplemente no lo haría porque estaba  usando una herramienta de adiestramiento para solucionar una alteración de la conducta.

Y eso a priori no tiene mucho sentido, aunque actualmente se haga bastante.

El caso es que traté de enseñarla a sentarse.

Pero Jimena no se sentaba.

Nunca.

Y fue cuando me di cuenta de ese detalle: tampoco establecía contacto visual conmigo.

Y a eso me agarré: ¿cómo voy a enseñarle nada a un perro, cómo voy siquiera a ayudarle, si no puedo comunicarme con él?

No mirarle a los ojos (enviando el mensaje “no existes para mí”).

No prestarle atención si te la pide (enviando el mensaje “ni siquiera estás ahí, me niego a reconocer tu presencia”).

No le consueles si tiene miedo (enviando el mensaje “no soy de fiar, no puedes contar conmigo para nada”).

Resumiendo: no te comuniques con tu perro, o peor, envíale  un mensaje totalmente inadecuado que ningún perro querría escuchar.

No eres importante para mí. No reconozco tu existencia, ni tus necesidades, ni tus emociones. No puedes fiarte de mí”.

Ese es el mensaje que reciben muchos perros cada día.

Seguramente el mismo que recibió Jimena en el pasado.

Entonces reajusté mis prioridades: yo no quería que se sentara a la orden.

Quería que se comunicara conmigo.

Así que eso fue lo que trabajé, “mírame, estoy aquí, te puedo ayudar si me dejas”.

Tardé tres semanas en conseguir una respuesta a mi mensaje.

Pero funcionó.

Jimena aprendió a sentarse,  y jamás se lo he pedido, porque me da igual si se sienta o no.

Pero me mira a los ojos.

A menudo.

Y sonríe.

También se porta bien.

Y mal.

Hace gamberradas.

Y a veces tiene ideas inteligentes, 🙂

También hace cosas que otros galgos no hacen.

A veces no hace nada, simplemente.

Pero ya no parece un perro disecado.

Creo que es feliz.

La he visto evolucionar y crecer, y yo al menos me siento feliz cuando la veo mirarme y sonreír.

Eso es lo que yo necesitaba.

Que me mirase a los ojos.

Que me prestara atención.

Y que supiera que soy de fiar y que puede contar conmigo si tiene miedo.

En eso consiste una relación.

En mirarse a los ojos, y poder sonreír.

En comunicarse con el otro.

Y si has llegado hasta aquí y esta historia te ha dado en qué pensar, que sepas que envío una historia a mis suscritores, todos los días.

Una al día.

Y una guía de bienvenida con ideas que seguro que te interesan, si tienes perro y no quieres que esté disecado.

Si eres fan de los perros “buenos” que lo son porque nunca hacen nada, entonces mejor ni te molestes.

Por el botón

Un gran éxito

¡Muchas gracias a todos por la gran acogida!.

El libro Ni líder ni manada se ha posicionado en el número uno del ranking de ventas durante varios días, y aparece como “Más vendido” en la categoría de Hogar.

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Y si tienes cualquier duda o comentario, adelante, estaré encantada de atenderte. 

Agradecimiento

¡Muchas gracias!

Tras unas semanas en periodo de promoción, el libro El silencio blanco (educación y manejo del siberian husky) ya está disponible para su compra en las plataformas de ebooks más populares.

He recibido muchos comentarios positivos y hay mucha gente interesada, por lo que espero que disfruten su lectura como yo he disfrutado escribiéndolo.

 

Pero sobre todo, espero que les resulte útil, que las indicaciones y explicaciones que doy en él ayuden a los propietarios a entender mejor a su husky, a ponerse en su lugar, y a reforzar un vínculo que a menudo está deteriorado sin que el dueño entienda el porqué.

Como aclaro en el libro, no hay magia, ni atajos, ni trucos rápidos, solo trabajo, esfuerzo, dedicación e interés en el día a día para forjar una buena amistad con nuestros perros.

Pero lo que no menciono es que posiblemente este libro si sea un pequeño “atajo”, que evite a muchos cometer todos los errores que he cometido yo en estos veinte años, y permita a otros tantos corregir los errores que ya cometen (a menudo sin saberlo), sin que tengan que probar y ensayar nuevos errores hasta dar con el camino correcto.

Deseo que este libro os sirva de ayuda, pero sobre todo, que les sirva de ayuda a vuestros siberianos.

Gracias de corazón por la acogida, 🙂

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