Hablemos de la angustia que sientes cuando tienes que dejar solo a tu perro

Lo mismo ya no puedes más, y sientes que vives como un rehén de tu perro.

Pues para lograr que no te eche tanto de menos, y que descanse tranquilo cuando te vas a trabajar, no es preciso que le ignores o le metas en una jaula.

Aquí te muestro cómo conseguirlo.

¿Sabes por qué esa pauta que te han contado de «no te despidas de él-deja la tele puesta-no le hagas caso al llegar» no te está funcionando?

Te lo cuento en seguida. Pero primero te presentaré a Kira. Quizá te recuerde a alguien.

Ésta es historia de Kira, mi bóxer.

Cuando entró en casa, era como una pequeña ranita, con sus ojos saltones y su morrito chato.

Luego creció, y se convirtió en una perra adorable y cariñosa.

Era buenísima con los niños, y trataba de hacerse amiga de todo el mundo.

Se volvía loca de contenta cuando me veía, y a mí me encantaba.

Pero cuando se hizo grande, empezó a pasar algo extraño.

Kira pareció transformarse.

Al principio no le di importancia.

Pensé que era una fase, y que pasaría sin más.

Encontraba cosas rotas al llegar a casa.

Pero eso es normal, los perros a veces rompen cosas, ¿no?

Primero fueron zapatos y algún cesto.

Un mando a distancia.

Y alguna otra cosa que encontraba en la mesa del salón.

Pero conforme pasaron las semanas, mi perra pareció transformarse.

Los destrozos subieron de magnitud, y empezaron a aparecer trozos de muebles arrancados a bocados.

Espuma de cojines.

Restos de manteles hechos jirones.

Algunas macetas, con las plantas hechas pedazos y la tierra esparcida por media casa.

Yo miraba a mi pequeña Kira, y no podía entenderlo.

Cuando estaba conmigo, era la perra más encantadora del mundo.

Y tan cariñosa. Era todo amor.

¿Qué diablos le pasaba para que pareciese que por mi casa había pasado un huracán fuerza cinco?

Es como si fuese una especie de “Dog” Jekkill y Miss Hyde.

Pero yo nunca conseguía ver su cara oculta.

Solo la sacaba cuando no había nadie mirando.

Un día, al regresar del trabajo, abrí la puerta y vi unos trozos de espuma por el pasillo.

Ya me temí otra catástrofe.

Entré lentamente en casa, y Kira salió, como siempre, a recibirme con gran entusiasmo.

Saltaba y brincaba y daba pequeños gemiditos buscando mis caricias y mi atención.

Pero yo no podía dejar de mirar hacia el salón.

Lo que había en el suelo parecía un trozo de tapicería del sofá.

Un trozo muy grande.

Creo que de pronto me quedé sin aire.

Luego levanté la vista, sin querer hacerlo, porque ya me imaginaba lo que iba a encontrar.

Pero me quedé corta.

Había relleno y espuma por todo el salón.

La tapicería de cojines y respaldos estaba totalmente desgarrada.

Incluso había unos pedazos grandes de madera, que al parecer alguna vez fueron los brazos del sofá.

Es como si el mueble hubiese explotado.

Y yo estuviera viendo los restos de la catástrofe.

Kira me miraba como si no hubiese visto jamás ese sofá.

Recuerdo que le eché una bronca monumental, y luego me puse a llorar.

Y decidí que tenía que tomarme este tema en serio.

Así que empecé a dejarla en la habitación de invitados cuando me iba al curro, encerrada.

Así no podría destrozarme media casa.

Pues se las ingenió para hacer trizas el somier. Y eso que era metálico.

El colchón no, porque sabiendo que Miss Hyde saldría a liarla en cuanto me fuese, lo había dejado en otro cuarto.

También había arrancado las cortinas (y tuvo que saltar, porque las dejé anudadas lejos del suelo).

Y hecho astillas la barra que las sujetaba.

Había huellas suyas en los cristales de la ventana.

Y un cristal rajado, a punto de romperse.

La mesita de noche estaba arañada, aunque aun bastante entera.

La que no estaba nada entera era yo.

Esto no podía estar pasando.

Es como si mi perra fuese bipolar o algo así.

Vacié la habitación y la dejé pelada.

A ver qué rompes ahora”.

Pensaba en ello mientras conducía.

Pensaba más aun en ello cuando volvía a casa, y casi no me atrevía a abrir la puerta.

A los dos días de dejarla en el cuarto vacío, arrancó los enchufes de las paredes.

Destrozó los rodapiés. Todos. Hechos astillas.

Y la puerta estaba tan arañada que parecía que un monstruo gigante la hubiese intentado echar abajo.

Uno de los marcos se había desprendido ligeramente de la pared, además.

Incluso había restos de sangre en el suelo: se había roto dos uñas al atacar a la puerta.

Me vine abajo.

No podía entender por qué una perra tan maravillosa hacía esas cosas tan horribles.

Alguien me comentó que se vengaba de mí por dejarla sola, y la verdad es que no se me ocurría otra explicación.

Tampoco se me ocurría qué mas hacer aparte de dejarla en el cuarto vacío.

La puse un bozal, al iniciarse los destrozos más importantes, pero como tiene el morro chato, se lo conseguía quitar rápidamente.

Cuando lo comenté en el parque al principio, me sugirieron meterla en una jaula cuando me fuera a trabajar, pero me pareció demasiado cruel.

Ahora me lo estaba planteando seriamente.

Ese era el grado de desesperación que había alcanzado.

Por  más que la castigaba o la regañaba, ella seguía destrozándolo todo.

O intentándolo, porque en el cuarto vacío ya no quedaba nada.

Se la veía culpable y arrepentida cuando salía a recibirme, pero su comportamiento no cambiaba.

Un día logró abrir un boquete en la pared.

Te juro que si alguien me lo hubiese contado, habría pensado que estaba exagerando. 

Pero no.

A mordiscos había abierto un hueco en el tabique en el que cabía un puño.

Estaba tan enfadada con Kira que se me pasaron por la cabeza unas cuantas barbaridades.

Y empezaba a arrepentirme de haberla metido en mi casa.

Además, una vecina me comentó que llevaba unos días oyéndola aullar, una especie de quejido lastimero, como si le doliese algo.

Me preguntaba por si era así y estaba enferma o algo.

No.

Aunque yo sí empezaba a notarme francamente mal.

Pero ese era el tiempo que llevaba encerrada en el cuarto vacío.

Perfecto.

Solo me faltaba que los vecinos me inundaran a quejas porque Kira no para de ladrar cuando está a solas.

Así que probé a dejarla en el recibidor, cerrando todas las demás puertas.

Seguía destrozando y arañando la puerta, pero al menor así parece que los vecinos no tenían nada que decir.

Hasta que un día ocurrió algo.

Salí a trabajar, como todas las mañanas.

Pero al poco me di cuenta de que me había dejado un maletín con unos papeles que necesitaba en la oficina ese mismo día.

Así que volví a recogerlo

En mi cabeza, de pronto, vi a la rencorosa de mi perra echando abajo la puerta del comedor a bocados y destrozando hasta el último papel del maletín.

Así que me entró una prisa que no te puedes ni imaginar.

Llegué medio asfixiada a casa de la carrera que di, y al cruzar la puerta, todo estaba tranquilo.

La puerta estaba en su sitio. El maletín también.

Y Kira venía con su cara de culpa habitual.

Pero no había ningún destrozo.

Ninguna escabechina.

Nada.

Y fue entonces cuando algo me hizo “click” en la cabeza.

Porque nada encajaba. 

 

Los perros son animales sociales. Eso significa que les gusta la compañía. Como a las personas.

Los humanos podemos estar solos sin problemas.

¿Por qué tu perro no puede?

En realidad, si lo piensas bien, muchas personas tienen miedo a estar solas. Llegan a rodearse de personas tóxicas, sabiendo que les hacen daño, con tal de no quedarse solos.

Estar solos les hace sentirse inseguros, desprotegidos, les pone frente a sus miedos más profundos.

Necesitan estar acompañados para no tener que encarar esos miedos.

Eso es justo lo que le ocurre a tu perro, y en eso tienes que centrarte.

Y lo mismo estás pensando que ya hiciste cursos y protocolos para corregir el problema, y no ha funcionado.

Te creo. Y apostaría algo a que esos cursos y protocolos se centran en el aspecto conductista, en lo que se ve, en cambiar lo que hace tu perro impidiendo que lo haga. Pero no en las causas de lo que se ve o en cómo se siente tu perro.

Y es que aplicando consejos «de bote», o parcheando las consecuencias con jaulas, bozales o collares antiladridos no se cambian las emociones.

Entendiendo qué ocurre, por qué, y poniéndote en el lugar de tu perro, sí. Que es justo en lo que se basa este curso.

Esto es lo que está pasando ahora mismo:

Tú te angustias en el trabajo pensando que tu perro está en este instante destrozando el sofá…… por segunda vez.

La ansiedad se apodera de ti cuando llegas a casa y ves una nota con quejas y amenazas de tu vecino pegada en la puerta……de nuevo.

Y te sientes decepcionada y emocionalmente agotada cuando tras horas trabajando tienes que ponerte a limpiar toda la casa de pises y cacas.

No es una fase. No mejorará con el tiempo ni se arreglará mirando para otro lado. Y no se puede adiestrar que esto no ocurra.

Tú solo quieres quedarte tranquila cuando vas a trabajar o al cine, sin sentimientos de culpa ni agobios.

Y tu perro tan solo necesita sentirse seguro y no tener que enfrentarse a sus miedos él solo.

Y de eso va este curso para resolver la ansiedad por separación.

De que tú te sientas tranquila. Y de que tu perro se sienta seguro y confiado.

Porque lo que ahora os ocurre va de emociones intensas y descontroladas.

Y por eso «ignora al perro-deja la Tv puesta» no funciona.

Porque tú no estás más tranquila con la televisión encendida.

Y tu perro no se siente seguro ni confiado si le ignoras.

Es hora de que descubras algunas cosas:

 

 

♦ Lo que has oído sobre qué hacer para que tu perro se quede tranquilo en casa no te ayuda ni a ti ni a tu perro, porque se centra en las consecuencias, no en las causas. En este curso te desmonto mitos y clichés más viejos que Naranjito: es el primer paso para resolver este problema.

♦ Comprenderás por qué tu perro se comporta así. Spoiler: no es exactamente que no sepa quedarse solo.

♦ Podrás empezar a confiar en él y dejarlo en casa sin bozal, sin jaula y sin encerrarlo en una habitación.

♦ Aprenderás cómo un abordaje tangencial del problema da mucho mejor resultado que el habitual ataque «directo a las consecuencias«. Te lo cuento casi al principio del curso. 

♦ ¿Qué tal estaría llegar a casa, disfrutar con tu mejor amigo y descansar en lugar de recoger y arreglar todo lo que ha estropeado y ensuciado en tu ausencia? De eso también hablo en este curso.

♦ ¿Te has fijado que tu perro te sigue por toda la casa? Si no es capaz de quedarse solo en otro cuarto, imagina si te vas de verdad. Eso se resuelve sin jaulas y sin encerrar a tu amigo en una habitación. Lo explico en el módulo dedicado a generar independencia en tu perro. Por fin podrás ir al baño sin «acompañamiento».

♦ Por qué meter a tu perro en una jaula para que no rompa nada es un consejo nefasto que no resuelve el problema de tu perro y te provoca a ti nuevos problemas (que ni puedes imaginar aun). 

♦ Te enseño, paso a paso, el protocolo «aprende que estar solo no es el fin del mundo«, aunque es muy probable que tras aplicar lo que se describe en el resto del curso hayas resuelto el problema y no tengas que utilizarlo. Por eso está explicado casi al final.

♦ Te cuento cómo apaciguar al vecino que amenaza desde hace semanas con denunciarte si tu perro no deja de ladrar.

♦ El tipo de vínculo que tienes con tu perro es tan importante para resolver este problema, que hay un módulo dedicado solo a ese asunto. Cuando lo leas vas a entender muchas cosas, y tendrás unas cuantas ideas propias que ayudarán a tu perro a ser más independiente.

♦ En uno de los módulos te explico cómo generar seguridad y autonomía en tu perro para que estar solo deje de ser un problema para él (porque solo entonces dejará de serlo también para ti).

♦ Por mucho menos de lo que cuesta un sofá nuevo podrás acceder a todos los contenidos de por vida, actualizaciones incluidas.

♦ Porque tu también lo pasas mal si te sientes sola, dispones de soporte vía e-mail para aclarar tus dudas, aportarte ideas, valorar y comentar los progresos, y sobre todo, tener apoyo emocional durante todo el proceso. Este soporte lo atiendo yo misma, no delego en terceras personas.

♦ Adivina qué: no solo no deberías ignorar a tu perro cuando llegas a casa y se pone todo loco. Es que resulta contraproducente. Con razón no avanzas. Esto también lo detallo en el curso.

♦ Ir al cine o a hacer unas compras no debería requerir una planificación propia de un juego de estrategia. Podrás olvidarte de tener que implicar a terceros o quedarte sin salir para que tu perro no sufra.

♦ Que se te ha ocurrido que igual, si se siente solo, lo mejor es introducir otro perro, y asunto resuelto. En el último módulo te explico por qué eso puede ser peor idea que darle un mechero a un niño de cuatro años. O quizá no. Lo lees y decides, pero ya sabiendo lo que haces.

¿Mi perro podrá quedarse roncando en el sofá cuando le deje solo?

Con este curso podrás comprender las conductas de tu perro y realizar cambios que le den la seguridad y confianza suficiente para que se eche largas siestas cada día.

Aunque no estés en casa.

 

95 €

¿Cuánto tiempo tardará en resolverse el problema?

Ni idea. Porque no depende de mí. Ni de ti.

Tampoco depende solo de lo que hagas o dejes de hacer.

Y desde luego no te estoy vendiendo la varita de Harry Potter, así que magia tampoco prometo.

Todo va a depender de tu perro. Cada uno necesita su tiempo, y hay que respetarlo.

Forzar e impacientarse no solo no funciona, es que empeora el problema.

Lo que sí puedo decirte es que se empiezan a notar mejorías en unos días, como máximo en un par de semanas, en la mayoría de los casos.

La resolución ya es otra historia.

Pero como no se va a resolver es ignorando el problema, o protegiendo tus pertenencias en lugar de apoyando a tu perro.

Así que ánimo, paciencia, y no compres muebles nuevos hasta dentro de unos meses.

¿Cuánto tiempo tendré que dedicarle a mi perro?

La primera parte del curso implica una serie de cambios que debes realizar en tu mentalidad y en el modo de manejar a tu perro.

Eso no supone dedicar más tiempo, solo un esfuerzo personal que a menudo resulta costoso al tener que integrar un enfoque distinto a lo que ya conoces. Pero es imprescindible, sin esto todo lo que hagas después no funcionará.

Luego hay unos ejercicios sencillos para hacer en casa que no te consumirán apenas tiempo.

Y finalmente, si tu caso es muy grave, podrías tener que hacer el protocolo de aprendizaje para estar solo.

Eso sí te va a consumir más tiempo. Tampoco demasiado, pero unos 20 minutos al día no te los quita nadie.

Ahora bien, si tu perro destroza la casa o ladra durante horas por aburrimiento (que puede ser), entonces sí que tendrás que dedicarle bastante más tiempo que hasta ahora. De esto hablo al principio del curso.

¿Y si no sé nada de perros?

Bueno, la verdad es que muy poca gente de la que convive con perros sabe algo de perros.

La mayoría cree que sí, pero en realidad no.

Tú, al menos, ya tienes claro que el desconocimiento está ahí, y que lo mismo por eso tienes este y otros problemas.

El que cree saber mucho, hará lo mismo que has hecho tú hasta ahora (regañar, castigar, jaula, bozal, collar antiladridos) y conseguirá lo que has conseguido tú hasta ahora: nada.

Solo que tú has dado un paso más, y te has planteado que lo mismo tu desconocimiento tiene influencia en el problema.

Lo mejor es que eso tiene fácil arreglo.

Ah. Y si lo que ocurre es que piensas que habrá tecnicismos de esos de cinco sílabas, ejercicios sofisticados propios de un adiestrador profesional o un contenido que valdría para conseguir un master en comportamiento canino, pues no, no hay nada de eso.

El contenido es el justo para que entiendas lo que ocurre y apliques soluciones. Fácil de comprender, asimilar y aplicar.

Y si no sabes nada de perros, la falta de prejuicios e ideas preconcebidas (del tipo «rompe los muebles porque quiere dominar«) jugará a tu favor. Así que este curso es para ti.

¿Hay algún tipo de soporte?

Sí.

Además de los materiales, puedes consultarme tus dudas vía mail siempre que lo necesites. Tanto de tu situación actual como de la aplicación del propio curso, o cualquier dificultad que tengas para ajustarlo a tu situación o al aplicarlo.

Contesto en un plazo de 24 horas, de lunes a viernes.

Pero ten en cuenta que el curso es «hazlo tú mismo«. Eso significa que el soporte no incluye que te asesore de modo personalizado sobre vuestro problema, ni sobre otros problemas de conducta. Para eso ofrezco un servicio específico.

Puedes enviar tus dudas a guau@comunicacionyrespeto.com

¿Qué garantías hay?

Pues casi ninguna, en realidad.

Lo mismo no estás comprando el manual de instrucciones de una nevera.

Me gustaría que te pensaras bien si este curso es lo que necesitas antes de comprarlo.

Es un curso para ayudarte a entender este problema y para darte ideas y pautas sencillas que puedes aplicar cada día para mejorar la situación.

Si solo lo lees, no servirá de nada. Si solo aplicas la parte de «quedarse solo» (que está al final), perderás el tiempo, y no funcionará.

Si empiezas a hacerlo, tu perro mejora notablemente, y luego vuelves a actuar como siempre, habrá recaídas (en serio, hay gente que hace esto).

Así que solo puedo garantizarte dos cosas:

1) Todo el curso está enfocado en trabajar PARA tu perro, no para tus  muebles ni para tus vecinos (aunque igualmente saldrán beneficiados). En él no se recomienda ni sugiere el uso de ninguna herramienta o actuación que fuerce al perro, le limite o coaccione de ninguna manera. Lo he escrito pensando en tu perro, no en ti. Quizá eso te moleste, pero es él quien entra en pánico al quedarse solo, así que tenía que hacerlo de ese modo.

2) Si lo aplicas todo, paso a paso, sin saltarte nada y sin abandonar a las dos semanas, verás mejorías seguro. No sé si muchas, o si serán suficientes para ti, pero desde luego tu perro va a mejorar y se va a sentir más tranquilo. Si con eso te sirve, este curso puede serte muy útil.

Si esperas aprender dónde está el botón de apagado de tu perro para desconectarlo cuando te vas de casa, pues entonces te sentirás decepcionada, claro. En ese caso, mejor no lo compres.

Tienes que decidirlo tú. Pero piénsalo antes, ¿vale?

¿Qué contiene este curso?

La base del curso son ocho módulos (y un anexo), que podrás leer en formato página web. Ahí te explico las causas, el modo de confirmar que el problema real es quedarse solo, las emociones que rigen todo el proceso, y los pasos que debes ir aplicando para salir del atolladero.

A esto se le añaden unos archivos de audio que contienen lo mismo que el texto web. Si no tienes tiempo de leer (o no te gusta), puedes escuchar.

También incluye unos esquemas de consulta rápida para que visualices de un vistazo las ideas clave, y puedas consultarlas rápidamente sin tener que buscarlas por cada módulo.

Tras la compra, recibirás un PDF con las instrucciones del curso y el enlace de acceso, junto con la contraseña para poder acceder a los materiales.

Ah, y sin prisas. Podrás acceder a todo el material siempre que quieras, sin restricciones de tiempo. Eso incluye cualquier actualización futura.

¿Qué pasará cuando lo compre?

En cuanto hagas la compra recibirás un PDF con instrucciones.

En ese PDF verás un enlace para poder acceder al curso escrito, los resúmenes y los archivos de audio y video.

Todo esto está automatizado de modo que se ponga en marcha nada más realizar el pago, a cualquier hora y cualquier día del año.

De modo que si la automatización falla y no recibes nada, o algún archivo no funciona, o lo que sea que no va bien, escríbeme a guau@comunicaciónyrespeto.com indicándome qué va mal, y te lo resuelvo lo antes posible.

Si esto no es inmediato,

¿qué hago con el tema de las quejas del vecino?

 

Todo previsto.

Hay una parte dedicada a explicarte cómo gestionar los problemas con terceras personas.

No solo tu perro y tú lo estáis pasando mal con esta situación.

 

95 €

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