Si pensamos en el resultado no pensamos en el perro

 

Estaba pensando sobre un tema, a ver qué te parece.

Estamos obsesionados con los resultados.

En la vida en general, y en la convivencia con los perros en particular.

Entendiendo por resultado el  modo en que quieres que tu perro se comporte en un momento dado.

Así que nos referimos sobre todo a los resultados inmediatos, a lo que tiene que pasar aquí y ahora.

¿Y por qué nos importa tanto el resultado?

No es tanto por el hecho en sí de conseguir una conducta como por satisfacer nuestra necesidad de alcanzar el éxito.

Eso tiene una consecuencia importante para nosotros: el éxito silencia la ansiedad, el miedo, la frustración e inseguridad.

Nos hace sentirnos bien con nosotros mismos.

Y eso es realmente importante, sí.

Es tan importante que nos ciega hasta el punto de que el motivo por el que nos movemos, las acciones que realizamos para lograrlo y el propio perro pasan a un segundo plano.

Al final nos vemos empujados a justificar casi de todo con total de alcanzar ese éxito.

Para sentirnos bien con nosotros mismos.

La necesidad de lograr el resultado, de conseguir el éxito, se acentúa si tenemos miedo de perder el control.

(Un miedo muy habitual en el ser humano)

O si tememos el juicio de otras personas.

(Otro miedo muy corriente en  nuestra especie)

Es un problema, lo de tratar de conseguir resultados a toda costa cuando se trata de perros.

Y nos afecta a todos, no creas.

Quiero decir, que si en un momento dado te percatas de que la situación te sobrepasa, le pedirás a otro que consiga el resultado por ti.

A un educador canino, por ejemplo.

Y normalmente los educadores consideran que deben conseguir resultados.

Que ese es su trabajo.

Cuantos más resultados consigan para sus clientes, mejores profesionales son.

O esa es la percepción de muchos, lo cual es totalmente razonable, porque la necesidad de éxito nos afecta a todos.

Bien, hasta aquí todo correcto, somos humanos.

Pero en el mundo del perro (el mundo del perro según el perro, no según los humanos) esto no tiene ningún sentido.

Y por eso chocamos tanto, los perros y las personas.

Así que hace tiempo que decidí enfocar mi trabajo hacia el perro.

Y olvidarme de los resultados y de la consecución de éxitos.

Esto es chocante para muchos.

Hay personas que sencillamente lo desprecian o no le ven sentido.

Me parece bien, no soy quien para amueblarle la cabeza a nadie.

Hay otros que lo ven muy interesante y atractivo, y quieren hacerlo así.

Pero siguen preguntándome “cómo consigo que mi perro haga/deje de hacer”

Piden resultados.

Bien, yo no ofrezco resultados.

Ofrezco conocimiento, herramientas, información sobre lo que ocurre, enseño a observar al perro, a escucharle, a preguntarle.

Y con eso, la persona puede construir (o reparar) una relación fuerte y sólida basada en la confianza con su perro.

Y como efecto colateral, hay resultados.

¿Cuáles?

Ni idea.

Dependerá del perro, de la situación, de la persona, del entorno.

A menudo esos resultados satisfacen a la persona.

Especialmente porque no los esperaba, si ha aceptado lo que ofrezco.

A veces superan sus expectativas.

Y otras veces les parece suficiente, aunque los problemas sigan ahí, porque han entendido lo que ocurre y por qué ocurre.

En el trabajo que yo hago hay que concentrarse en el camino, no en la meta.

La meta es el resultado, y quizá nunca llegues.

O quizá la alcances a las dos semanas de empezar a trabajar.

Pero entonces te darás cuenta de que no era lo importante.

Lo importante es ese camino que tienes por delante, y que durará toda la vida de tu perro.

Lo verdaderamente importante es vuestra relación.

Y lo mejor es que cuando interiorizas esto, la ansiedad, la frustración, el miedo a perder el control y la inseguridad pasan a un segundo plano.

Y finalmente desaparecen.

Y para mí, ese es el verdadero éxito.

Y se lo deberás a tu perro.

PD1- Este correo está inspirado en un texto de Alexa Capra, «El síndrome del resultado»

Irene
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