Te los explico

 

Hoy te hablo de algo aburrido.

Pero espera, antes de largarte a Tik Tok, lee un poco más, que igual sacas una conclusión útil.

La constancia.

Esa gran despreciada, por sosa y poco emocionante.

Todos sabemos que si decides emprender una acción.

La que sea.

Y repites todos los días, aunque sean unos minutos, durante el tiempo suficiente.

(Aa veces puede ser mucho tiempo)

Al final consigues resultados.

Ves cambios.

Logras avances.

A más tiempo y más constancia, más resultados, más cambios, más avances.

Pero jo, es que lo quiero para antes de ayer.

O al menos para pasado mañana.

Y claro, pruebas algo, te lanzas, la primera semana lo das todo, te dejas la piel.

Y luego te dejas caer agotada en el sofá, a rumiar tu frustración porque no notas ninguna diferencia.

(Bueno, sí, estás cansada y antes no lo estabas)

Y abandonas.

Esto vale yo creo que para casi todo.

Me da igual que sea perder peso.

Que aprender un idioma.

Que tocar un instrumento.

Que sacarse una carrera universitaria.

O el carné de conducir.

Mira, si me apuras, sirve hasta para convivir con un perro, la constancia.

Eliges un plan de acción, te lo estudias bien, lo pones en marcha, y a ser constante.

Y con el tiempo, aparecen los cambios, los resultados.

Claro que cuando por todos lados te bombardean con que en 15 minutos (de programa de tv) se puede conseguir casi cualquier cosa.

Lo de dedicarle 3 meses ya si eso tal.

No digamos 3 años.

Vale, que no cunda el pánico.

Estamos cableados para responder así.

Nuestro cerebro quiere un chute de dopamina para ya.

Y eso ocurre con recompensas inmediatas.

Y se siente genial, cuando nos da el subidón de dopamina.

Así que buscamos el siguiente subidón, y lo buscamos para ahora, no para el año que viene.

Así que las RRSS triunfan y nos sorben el seso y el tiempo porque ofrecen justo eso.

Y la constancia, la pobre, ahí está, viendo pasar oportunidades y sin que nadie la mire dos veces.

Que es sosa y aburrida.

Bien, todo está en su sitio.

Pero ocurre algo, a nada que rascas un poco la superficie brillante de la inmediatez.

Y es que, en realidad, no da ningún resultado.

Ningún cambio duradero.

Ninguna mejora.

Solo dopamina.

Gustirrinín, sí, pero nada más.

Y eso termina por resultar muy frustrante.

Cuando sacas la cabeza del teléfono y miras a tu alrededor, y ves que todo sigue igual.

Y que sigue sin parecerse a las vidas y situaciones cuquis que todo dios cuelga en los perfiles de sus redes.

Pues que sepas que el cerebro en ese momento te va a pedir más dopamina.

No le hagas ni caso.

Que al final es como correr en una cinta andadora.

Corres y corres.

Te cansas.

Sudas.

Jadeas.

Y dos horas después, estás exactamente en el mismo sitio que cuando empezaste.

Pues vaya manera de agotarse para nada.

Vale, pues te cuento una manera de salir de este ciclo idiota.

Y de avanzar.

Sí, hace falta constancia.

Pero igual no es tan aburrido como aparenta.

Paso uno, adquirir conocimiento.

Sólido, fiable y actualizado.

¿Sobre qué?

Sobre perros.

Paso dos, te estudias bien esos conocimientos.

Paso tres, los aplicas, a diario, en cuanto veas una oportunidad.

Un poquito, todos los días.

Aprendes cosas nuevas, una cada vez, cada pocos días.

Las integras, las pones en marcha.

Con constancia.

Y antes de que te des cuenta, la convivencia con tu perro ha cambiado.

Ha mejorado.

Ha avanzado hacia momentos que no creías que fueran posibles.

Solo necesitas un poco de constancia.

Ganas de aprender.

Y la membresía que le ofrezco a mis suscriptores.

Por aquí solo doy muestras, si te gustan, el resto en privado.

Y si no te gustan, pues nada, en el foro de Fans de César  Millán volverán a darle una vuelta a eso de ser una bombilla para que los perros hagan lo que tú quieres, echa un vistazo por allí.

Irene
Estoy en:
error: Este contenido está protegido