Que tu perro deje de ladrar no es un tema de educación

 

Esta mañana Brianna se ha puesto a ladrar a lo loco en la puerta de casa.

Hay quien podría etiquetar a Brianna de reactiva.

Porque ladra ¿creando situaciones incómodas?

O porque ladra ¿demasiado?

O ¿ sin venir a cuento?

(Desde un punto de vista humano, quiero decir)

No sé.

Yo a veces la etiqueto de reactiva de cara a otras personas porque expresa lo que siente haciendo ruido en lugar de expresarlo en silencio.

Que molesta menos.

Pero es una percepción subjetiva totalmente.

El caso es que ladraba en la puerta de casa.

A veces es porque la puerta está algo entornada, y tiene una extraña concepción de sus dimensiones.

Cree que es mucho más grande de lo que realmente es.

Y que no pasa por ese espacio.

Así que reclama ayuda.

Y yo se la doy.

El caso es que salgo a ver qué pasa.

Y la veo ladrándole al suelo.

Oh

¿Ladra sin venir a cuento?

La vi dar saltitos de emoción mientras ladraba y ladraba.

Mirando fijamente al suelo.

Miré yo también.

Deberíamos mirar más cuando los perros se fijan en algo.

Si no seguro que nos perdemos cosas.

Era una lagartija.

Brianna le ladraba a una pequeña lagartija parda y gris que trataba de mimetizarse con el entorno.

Con bastante éxito, al menos a mis ojos.

La gracia es que sus saltitos y el brillo de sus ojos eran de invitación a juego.

Mi dulce perrita estaba invitando a jugar a una lagartija.

Jajajajajajaja

Bueno.

Aquí se pueden hacer varias cosas, según te parezca.

Seguir el consejo de “si le ignoras ya se callará”

Lo cual es lógico, algún día tendrá que callarse.

Pero no porque aprenda nada.

Ni porque tú no le hagas caso.

Simplemente porque tendrá algo mejor que hacer, se sentirá de otro modo, se habrá olvidado del tema, o lo que cuadre en ese contexto.

Regañar.

Le pegas una voz para que se calle la boca.

Esto suele funcionar.

Al menos un rato.

Le das un buen susto al perro con tu enfado y se calla.

Pero lo más habitual es que luego ladre más, en más contextos, a más cosas, durante más tiempo.

Es lo que tiene el miedo.

Que se retroalimenta a sí mismo.

Y tú tendrás que gritar más y regañar más.

Y el miedo será aun más grande y más ruidoso.

Mal negocio.

También puedes acompañar a tu perro.

Interesarte por lo que le ocurre.

Ponerte a su altura (literalmente) y mirar lo que él mira.

Ver lo que él ve.

Escuchar lo que escucha.

Prestar atención.

Y tratar de entender lo que él siente.

Decirle que está bien, que estás ahí, que lo ves.

Darle las gracias por haberte mostrado lo que sea que te ha mostrado.

Y pasarle la mano por el cuerpo suavemente mientras le sonríes.

Así puede que se calle o puede que no.

Pero desde luego la relación mejora.

Y curiosamente la mayoría sí se suele callar.

O ladran mucho  menos.

Brianna se calló.

Y me miraba con sus ojitos brillantes y su sonrisa, como diciendo “haz que juegue conmigo”.

Qué cosas.

Yo elegí una de esas tres opciones, a ver si adivinas cuál.

Además de desternillarme de la risa, claro.

La lagartija no quiso jugar con nosotras.

Ella sabrá porqué.

Si te apetece ahorrarte unos cuantos ratos de frustración y algún que otro dolor de cabeza en situaciones como esta, lo mismo puedo ayudarte.

Pero solo si prefieres la misma opción que elijo yo.

Si  te gustan más las otras dos, entonces nada.

Irene
Estoy en:
Últimas entradas de Irene (ver todo)