Y nadie quiere ser un perdedor

 

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Hay un libro que habla del fracaso y del triunfo en la vida y en los negocios

(Sobre todo en los negocios)

Y cuenta algo muy interesante, que me parece aplicable a muchos niveles.

Lo primero que afirma es que las metas, los objetivos, son de perdedores.

O sea, que si te pones una meta a cumplir, ya es casi seguro que has perdido.

Porque somos muy malos calculando nuestras capacidades, nuestra disponibilidad de tiempo y la cantidad de horas/días/meses que nos va a llevar alcanzar esa meta.

Entre otras cosas.

Y por lo tanto, lo más probable es que no alcances el objetivo que te has marcado.

¿Resultado?

Te frustras  y enfadas contigo misma.

Te entra ansiedad.

O te desprecias por no haberlo logrado, con lo fácil y claro que era, cómo es posible, etc.

Has perdido.

Y eso baja la autoestima y te desalienta de cara a intentarlo en el futuro.

Vuelves a perder.

¿Y entonces qué?

¿Nos quedamos de brazos cruzados sin intentar nada en la vida para no fracasar?

No.

El libro recomienda un cambio de perspectiva.

En lugar de objetivos y metas, utilizar sistemas.

Te organizas un sistema para dirigirte hacia aquello que te interesa conseguir, y lo aplicas.

De modo constante y metódico.

Y tus posibilidades de lograrlo se disparan.

Pone ejemplos.

¿Quieres adelgazar?

Decir “voy a perder 5 kilos en un mes” es una meta.

Decir “voy a revisar mi alimentación y mi actividad física para introducir cambios y mejoras en ese aspecto de mi vida” es un sistema.

Si lo aplicas, al cabo de un mes habrá ocurrido algo.

Puede que hayas perdido dos kilos.

O siete.

Pero el caso es que seguramente has avanzado en la dirección deseada.

Y si mantienes el sistema, cada vez avanzas más.

¿Quieres ahorrar?

Decir “todo lo que me sobre a fin de mes lo guardo en una cuenta aparte y en verano, con lo ahorrado, me pego un señor viaje” pues es una meta.

Decir “en cuanto cobre, aparto el 15% de mi dinero a una cuenta aparte todos los meses, como si fuera un gasto más” es un sistema.

Y en verano tendrás dinero ahorrado fijo.

Poco o mucho, pero lo tendrás.

Y si perseveras, cada vez tendrás más ahorros.

La meta, en cambio, probablemente será papel mojado.

Esto puede aplicarse también a la convivencia con tu perro.

Normalmente la gente que empieza a trabajar este aspecto de su vida quiere una meta.

“En un mes tu perro dejará de ladrar a otros perros”

“En ocho semanas podrá quedarse solo en casa cuando te vas a trabajar sin destrozarlo todo”

“En cuatro días conseguirás que tu perro no tire de la correa nunca más”.

“En diez minutos podrás logar que tu perro lance goles mejor que Ronaldo”

Son metas.

Son, a menudo, fracasos.

Un sistema suele funcionar mucho mejor.

Sin plazos, eso sí.

Pero avanzando de modo constante y seguro hacia una situación mejor.

Y si se persiste en el tiempo, la situación será cada vez mejor, hasta que un día ni te acuerdas de porqué te preocupabas tanto y el sistema es un hábito que has incorporado en tu vida y te sale sin pensar.

Por eso los atajos y pases de manos y abracadabras suelen fracasar.

Se enfocan en metas.

Y se olvidan de la complejidad del ser vivo que tienes delante y de los factores que ni siquiera tienen que ver con el perro pero que determinan su conducta.

Un sistema puede (debe) incluir todo esto.

De lo contrario fracasará, te frustrará, te enfadarás, y no querrás volver a intentar nada.

Puedo ayudarte con los sistemas.

Sin metas.

Solo para mejorar cada día un poco más.

Y que cuando mires atrás dentro del tiempo que sea, puedas ver el camino y sonreír viendo lo lejos que has llegado.

Y el primer paso para implemetar un sistema que funcione para mejorar la convivencia con tu perro pasa por suscribirte a los correos diarios.

Solo hay que darle a un botón.

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Irene
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