Si el mundo se mueve mucho, tu perro también

 

Se habla poco de la importancia de la observación.

Cuando observamos, podemos aprender mucho.

Y entender muchas cosas, también.

Imagina que vas al centro de una gran ciudad, en hora punta.

Localizas un banco, te sientas, sin prisa ninguna, y decides observarlo todo.

¿Qué verías?

Movimiento.

Mucho.

Coches que suben, que bajan, que van y vienen.

Se empujan, hacen ruido, pitan, chirrían ruedas.

Motos zigzagueando entre los coches, a toda pastilla.

Bicicletas esquivando coches y motos, saltando sobre las aceras, esquivando peatones, siempre en movimiento.

Patinetes deambulando de un lado a otro.

Personas yendo y viniendo a toda velocidad.

Personas solas, en pareja, en grupo.

En silencio, hablando, escuchando.

Pero todas moviéndose sin cesar.

Algunas puede que hasta corran, como si de verdad tuvieran prisa.

Otras irán en patines, esquivando y haciendo quiebros, deprisa, deprisa, deprisa.

Y tú, allí, viendo todo ese movimiento sentada en el banco, empiezas a ponerte algo nerviosa.

Cambiamos el entorno.

Imagina ahora una sabana.

Una de esas que salen en los documentales.

Un enorme grupo de gacelas forrajea entre la vegetación.

Un par de jirafas estiran sus cuellos hacia lo alto de los árboles, despacio, como si las hojas se fueran a escapar si se asustan.

Al fondo unos elefantes sacuden las trompas.

Estás allí mirando, y nada se mueve.

Todo va despacio, lento, casi apático.

Y así transcurre la tarde, mientras el sol baja indolente por el cielo buscando el contacto con el horizonte.

Dos gacelas alzan la cabeza, y husmean el aire.

Pronto algunas gacelas más las imitan.

Y antes de que puedas darte cuenta, la sabana bulle de actividad.

Todo se mueve.

Deprisa, deprisa, deprisa.

En la misma dirección, a gran velocidad.

Miras en sentido opuesto a la carrera de las gacelas, y ves a los leones.

Bien.

En estas dos escenas que te he dibujado está una de las razones por las cuáles muchos perros son hiperactivos.

O mejor dicho, las personas con las que conviven los califican de hiperactivos.

Quizá sea tu caso.

Lo mismo vives con un perro que no para, que va y viene, salta, gira, corre, ladra y vuelve a empezar.

Y cada rato que pasas con él es agotador.

Eso es porque no estás viendo los leones.

Y tu perro sí.

Si quieres ayudarle a dejar de ver leones, tengo un curso justo para eso,

Irene
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