Lo que no se le debe hacer a un perro

 

Cuando trabajaba en la clínica, tenía trato con personas que gestionan colonias de gatos callejeros.

Los gatos son animales especiales, la verdad.

Son un mundo en sí mismos.

Una de las cosas que caracteriza a un gato callejero es que no ha tenido contacto con humanos, al menos no de cerca.

(No incluyo aquí el pobre gato al que algún ca brón ha dejado tirado en la calle)

Así que a veces me traían algún gato silvestre para tratarlo porque estaba enfermo, para castrarlo o para medicarlo/vacunarlo.

Esos gatos se gestionan de un modo especial.

Se atrapan con una jaula trampa.

Que es un ingenio con forma de túnel con una puerta conectada a una plataforma situada en mitad del túnel.

Cuando el gato entra y pisa la plataforma, la puerta se cierra.

Con gato dentro, claro.

Así te lo traen, y hay que intentar sacarlo de ahí y trabajar con él.

Y nada más poner la jaula en la mesa, tienes un animal que ha aumentado su tamaño cuatro veces.

Tiene las pupilas como si se hubiese fumado tres porros.

Y los colmillos expuestos a lo Drácula.

Ahora acércate si hay huevos.

Bueno.

Para manejar esto yo procedía así.

Me ponía mis guantes de cetrería.

(En serio, los tenía para eso, no soy cetrera ni nada)

Metía una mano enguantada en la jaula y se la ponía delante al gato.

El gato se volvía aun más loco, y se tiraba a por el guante que ríete tú del ataque de una orca asesina.

Notaba los dientes a través del cuero.

Aunque no me dolía, así que simplemente me quedaba quieta.

Todo esto en un entorno en silencio y sin ningún movimiento.

Solo el gato y yo enguantada.

En cuanto el animal aflojaba y cedía la mordida, retiraba la mano y me echaba un par de pasos atrás.

Le daba un par de minutos a que tomara aire y me volvía a aproximar.

Le volvía a  acercar el guante.

El gato se volvía a enganchar.

Y volvía a soltar, pero más pronto.

Retrocedía, le daba respiro y otra vez.

Con eso haces “creer” al animal que si te suelta, que si no ataca, consigue que te alejes.

Que es justo lo que quiere.

Normalmente en tres o cuatro intentos, el gato permitía que le pusiera la mano delante sin morder.

Ni bufar.

Ni gruñir.

Luego le tocaba un poco con el guante.

A veces volvía a morder, y yo empezaba el baile otra vez.

Pero a menudo no.

Bien.

Una vez podía tocarle un poco, lo sujetaba del cuello con una mano y con la otra rápidamente le ponía una “banderilla” con sedación.

Luego le dejaba tranquilo y a oscuras para que se calmara.

Y a esperar a que se durmiese.

Ahí ya tenía vía libre para hacerle las perrerías que correspondiesen.

Lo mismo piensas que menuda chorrada.

Que lo lógico sería sujetarle con el guante desde el principio y nos ahorramos todo esto.

No funciona.

Porque el gato hace lo indecible para revolverse y poder morder.

Y ese guante no permite sujetar bien al gato que se revuelve, ya que es muy grueso.

Hay que «convencerle» de que se esté quieto un ratito.

¿Qué tal suena el procedimiento?

Horrible, no?

Lo es.

Pero lo mismo te suena de algo.

O igual no.

Piensa.

A ese gato le realizaba procedimientos clínicos bajo sedación, y antes de que despertara, ya estaba en la jaula con instrucciones para la suelta en su entorno.

Y no le volvía a  ver nunca más.

Me limitaba a realizar la operación lo más aséptica posible para hacer lo que tocara sin pelear
físicamente con el animal, y evitando que nadie saliese herido.

Pero no estoy educando al gato.

Ni enseñándole quien manda.

Esta técnica se usa habitualmente en perros, pero con más sutileza.

Se le presiona y se le presiona, se le provoca y se le provoca hasta que emocionalmente se agota y no es capaz de responder.

Y cuando no responde, ya se ha “sometido”

Ya puedes abusar de él todo lo que quieras.

Que no va a responder.

Porque ahora es un perro “bueno”, verdad?

Es un perro “bien educado”

¿O no?

Resulta que un perro «bien educado», para la mayoría, es un perro que no tiene permiso ni puede expresar cómo se siente.

Así que yo suelo presumir de tener a mis perros no-educados.

Y sin embargo todos los que les ven coinciden en que son muy tranquilos y pacientes.

De hecho a menudo dicen que están «muy bien educados»

Curioso.

A lo mejor resulta que al final no se trata de educar bien a tu perro.

Ni de adiestrarlo correctamente.

Solo de entenderle cuando expresa sus emociones.

Y de ayudarle a que sus emociones no le desborden.

Para que no tenga que ser tan expresivo como el gato de la jaula.

Igual te gustaría adiestrar menos y comprender más.

Con eso puedo ayudarte.

Irene
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