Igual eso de la «energía del perro» es una chorrada

 Hablemos sobre la energía de los perros.

Y el uso “comodín” que se le está dando a ese concepto para no tener que pensar mucho.

El otro día en la playa nos cruzamos con unos cuantos perros.

Lo habitual.

Mis peros saludaron.

Los otros perros saludaron.

A veces en la distancia.

A veces más cerca.

Con sus riguales, sus preferencias, sus tiempos.

En un momento dado nos cruzamos con un mestizo de galgo.

El perrito tiene miedo, se esconde (o lo intenta, en la playa no hay donde meterse), lleva el rabo entre las patas.

Mis tres perros van a saludar al tiempo.

Todos quieren ser el primero, y ninguno parece darse cuenta de que al otro perro el saludo le viene grande.

Tras unos pocos quiebros por parte del cruce de galgo, mis perros se dan por aludidos, se alejan y siguen paseando.

Detrás de nosotros viene una pareja con un weimaraner.

Parece un adolescente, y también tiene miedo.

En cuanto establece contacto visual con mis perros, baja el rabo, su mirada se vuelve huidiza, y busca el refugio de sus cuidadores.

Por si acaso mis perros le invanden el espacio.

Mis perros no quieren saber nada del tema, lo de los cachorros grandes no les mola mucho.

Así que le ignoran.

La pareja nos adelanta, y terminan por alcanzar al mestizo de galgo.

Los dos perros empiezan un baile.

O una competición: a ver quién de los dos tiene más miedo del otro.

Y quién de los dos se atreve a establecer contacto primero.

Finalmente superan el escollo, y corren y juegan por la playa, que casi se les queda pequeña.

Oigo a los cuidadores charlar sobre sus respectivos perros.

Al parecer, los del galgo opinan que el weimaraner tiene “mejor energía” y por eso juega su perro con él.

Y que en cambio “la energía de esos perros de ahí no es tan buena, y a su perro no le ha gustado”.

Oh.

Vaya.

Resulta que yo creía vivir con perros.

Y en realidad vivo con pilas.

O algo así.

El detalle del miedo no figura por ninguna parte en la conversación.

El otro detalle de que tal vez el galgo no se ve capaz de gestionar un triple encuentro con perros adultos, pues tampoco.

Simplemente sus energías se atraen o se repelen.

O algo así.

Curiosamente, cuando Willow vuelve a aproximarse al galgo, pero ya él solo.

La actitud del galgo cambia por completo.

Mi perro es el mismo.

Su ¿energía? es igual que hace quince minutos.

Supongo que el galgo sigue siendo el mismo.

Y su carga energética, pues igual.

Y sin embargo el encuentro se desarrolla de un modo diferente.

Más pausado, más tranquilo, más maduro.

Y sin juego.

(Willow empieza ya a sumar años y no suele jugar).

Bueno.

Parece que “la energía” lo explica todo cuando se trata de encuentros entre perros.

Ese intangible invisible que hace que las situaciones sociales se desarrollen de un modo u otro.

Es una explicación cómoda, claro.

Queda bien, aunque esté vacía de contenido.

Y es útil.

Porque ahorra a las personas tener que observar.

Que aprender.

Que pensar por sí mismas.

Eso es cansado y lleva mucho tiempo.

Pensar que los perros son pilas es más sencillo y rápido.

Lo malo es que a menudo, como explicación, se queda muy corta en muchas de las situaciones (desagradables) que vives con tu perro.

Y además, y esto es lo más importante, no te permite actuar.

No creo que haya nada que puedas hacer para “cambiar energías” a los perros.

Propios o ajenos.

En cambio, aprender, comprender y aplicar lo que aprendes, sí te permite actuar.

Anticipar.

Prevenir.

Cambiar la convivencia.

Mejorar.

Y evolucionar junto con tu perro.

Cuesta más, es cierto.

Pero qué demonios, el resultado es mucho más interesante.

Los perros son demasiado interesantes como para reducirlos a ser baterías ambulantes.

Si te sientes cómoda con el planteamiento de las energías, pues nada que objetar.

Puedes quedarte con eso.

Si te parece que se quedan demasiado en la superficie y que en el fondo ni explican nada ni te permiten avanzar o mejorar en la relación con tu perro.

Lo mismo lo que ofrezco te da acceso justo a eso.

A conocer y comprender.

A aprender y aplicar.

Y a mejorar junto a tu perro.

Da más trabajo.

Pero también más divertido.

Tú eliges.

Irene
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