Como si fuera una lavadora

Va una historia. De ahora mismo.

La lavadora ha empezado a hacer un ruido infernal, así que le pregunto a Google qué puede pasar.

En distintos vídeos y textos me informan de que el ruido puede deberse a una rotura de los cojinetes (un sistema que permite que la cuba gire).

Y que, si no los cambio pronto, mi lavadora morirá en acto de servicio.

Poco sexy eso.

Recuerdo que las lavadoras tienen una tapa trasera, y los cojinetes están accesibles por detrás.

Así que saco mi cacharro de debajo de la encimera.

Primer problema, pesa 60 kilos, y yo 55.

Segundo problema, hay un escalón desde donde está ubicada hasta el suelo de 20 centímetros, con lo que al perder apoyo de las patas delanteras, vence y queda atascada.

Esto no empieza muy bien.

Bueno, te ahorro los detalles. La saco y descubro que no tiene tapa trasera.

Que la trasera y los laterales forman una sola pieza.

¿Y ahora qué?

Pues le pregunto otra vez a Google.

Añado la marca de mi lavadora, y me salen varios vídeos donde confirman mi apreciación y dicen que es una puñeta.

¿Por qué?

Porque hay que desmontar to-da la lavadora, literalmente.

Oh-my-god.

Justo lo que me más me apetecía hacer esta mañana.

Me pongo vídeos de cómo desmontar lavadoras en bucle mientras quito tornillos.

Cuando tengo 10, empiezo a pensar que sería buena idea etiquetarlos para saber de dónde salió cada uno.

Si quiero volver a montarla será lo mejor, sí.

Al cabo de una hora tengo varias docenas de tornillos, todos diferentes, unas cuantas piezas de metal de la carcasa de la lavadora, varios pesos de hormigón por el suelo de la cocina, un montón de mangueras colgando, diversos conectores eléctricos también colgando, y varios litros de agua por el suelo.

(Y eso que me acordé de cerrar la llave de paso)

Vamos, que la lavadora parece un cadáver metálico.

Desmonto todo lo desmontable, y consigo llegar a los rodamientos malditos.

Que están que dan asco, entre mugre y holguras.

Y el resto del tambor y la cuba, parece que han pasado la noche en una pocilga.

No entiendo cómo una máquina que sirve para lavar puede acumular tanta mierda dentro.

Así que me paso la siguiente hora frotando y limpiando.

Luego viene la pelea de conseguir unos recambios nuevos.

No sé si lo has intentado alguna vez.

Resulta que hay miles de recambios, por supuesto diferentes, para la misma zona de la lavadora.

Y si los pides por marca, la selección se reduce a unas pocas docenas.

“Pues mira el modelo”

Pues no.

El modelo al parecer no coincide.

Hay cientos de modelos.

Miles de rodamientos.

Me siento abrumada y algo desesperada.

Atajo llamando a una tienda y pidiendo lo que quiero a un ser humano, que me ayuda muy amablemente.

Luego «solo» resta montarlo todo y colocar los tropecientos tornillos, asegurándome de que no me sobran ni piezas ni tornillos.

Y listos.

Éxito total.

Ahora prueba a hacer lo mismo con un perro.

Teniendo en cuenta que lo que en un vídeo de Youtube ocupa 17:32 minutos a mí me ha costado 4 días.

Y sabiendo que, si la cago, solo es una máquina, tendré que comprar una nueva, pero eso será todo.

O llamar a alguien que sí sepa lo que está haciendo y arregle el estropicio.

Pues con un perro no funciona, claro.

Ni con vídeos.

Ni con tutoriales de Facebook o de foros.

Ni con consejos de “al mío le pasaba lo mismo, hice esto y lo arreglé”.

Porque para empezar, el perro no está roto.

Y para seguir, no tiene tornillos, ni cables, ni rodamientos, ni ejes, ni zonas a engrasar para que no hagan ruido.

Lamentablemente así es como se plantea en muchos sitios.

Es una máquina (bonita, peluda y calentita, pero máquina, al fin y al cabo), y aquí están las instrucciones para arreglarla.

Y si no te atreves, o probaste y no te salió, no hay problema.

El profesional va a tu casa y te arregla la máquina-peluda en tu presencia.

Y a seguir con tu vida.

Mira, hay gente que lo ve así, y le parece bien.

Y por lo tanto podrá probar fórmulas accesibles online o contratar a quien piense igual.

Buena suerte.

Y luego hay quien entiende que su perro no es una máquina, y no se arregla como una lavadora.

Que es un poco más complicado.

Lo cual no significa que no puedas solucionar conflictos (que no arreglar al perro) tú sola, por supuesto.

Pero si estás demasiado perdida, ya probaste y no fue bien, o simplemente prefieres ir sobre seguro, puedes ir al grano.

Y contratar esta asesoría.

Para saber dónde van los tornillos que le sobran al perro que había que arreglar, mejor pregunta en Todoexpertos.

Irene
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