Mi perro me muerde, ¿qué hago?

Cuando decides introducir un perro en tu vida, piensas en los paseos agradables por el parque, la playa o la montaña.

En hacer nuevos amigos y conocer a otras personas con perros simpáticos y juguetones.

En compartir el sofá mientras disfrutas de una buena película.

En los calurosos recibimientos cada vez que llegas a casa después de trabajar.

En los ratos de juegos y complicidad en el día a día.

Lo que nunca se te pasó por la cabeza es que tu perro, tu mejor amigo, te pudiera morder.

En ese inesperado momento, diversas emociones te invaden: miedo, ira, incredulidad, conmoción….. Pero sobre todo sientes una total incomprensión por su conducta.

Y sin embargo, la principal causa por la que un perro muerde es porque nadie le estaba escuchando.

Y es que cuando un perro se encuentra en una situación que él percibe (siendo esta percepción real o imaginaria) como amenazadora, trata de huir o de evitar el conflicto (mediante comunicación corporal).

Y si no logra escapar o la comunicación no funciona, entonces optará por agredir.

Ojo, no  es una decisión consciente, es una reacción primaria de supervivencia: tu perro cree que su vida corre peligro y que debe defenderse de una potencial amenaza.

Aunque es cierto que estoy dejando al margen posibles problemas de dolor, que son una causa muy frecuente de agresión, o posibles enfermedades que estén alterando la conducta de tu amigo, lo cual también sucede con más frecuencia de la que imaginas.

Así que no descartes sin más una visita al veterinario.

Así que probablemente no escuchaste a tu perro, y finalmente él cree que debe agredirte para lograr eliminar la amenaza que supones.

Y es que hay muchas actitudes y comportamientos habituales en las personas que resultan amenazadores para muchos perros, y no somos conscientes de ellos.

¿Cuáles?

Te detallo los más habituales. Si los analizas bien y te percatas de que los estás realizando, ya tienes un buen punto de partida para hacer las paces con tu perro, resolver la mala comunicación entre ambos, y evitar futuros incidentes.

De ese modo ambos podréis volver a confiar el uno en el otro.

MACHO ALFA

 

Esta es una de las causas más comunes que provocan mordeduras por parte de los perros.

Todo a tu alrededor, desde la Tv hasta los “listillos” de parque canino, pasando por muchos adiestradores y educadores y por la mitad de Internet te han hecho creer que debes pasarte los próximos 10 años demostrando algo.

O sea, demostrar que eres la más machota.

Porque si no lo haces tu perro mandará sobre ti y sobre toda la humanidad que se deje mandar.

Y tú, por un lado por desconocimiento, y por otro por la enorme presión social que ejerce un grupo tan numeroso, lo haces.

O lo intentas.

Pero lo que realmente estás haciendo es abusar física y psicológicamente de tu perro.

Lo voy a poner bien claro por si no se ha entendido bien: las posturas que abogan por “dominar” a los perros como modo de educarles, enseñarles cuál es su sitio o reconducir conductas inadecuadas o molestas (generalmente inadecuadas o molestas para las personas) están promoviendo un maltrato animal socialmente consentido.

Insisto.

Los sistemas de “reducción de rango” o cómo les llamen ahora son formas de maltrato animal.

Te están hostigando para que maltrates a tu perro, le presiones y le provoques todo tipo de conflictos y desconfianza (en el mejor de los casos, en el peor será un miedo atroz) argumentando que es la ÚNICA manera de hacerlo correctamente.

Pues bien. No solo es mentira, sino que recibir un mordisco es una de las consecuencias más habituales.

Puesto que (sin darte cuenta) atacas a tu perro, él, tras intentar calmarte como buenamente puede para que detengas tu conducta, finalmente no tiene más remedio que morderte.

Y si aun así persistes, o aumentas tu grado de agresión, las señales de comunicación para apaciguarte (o para avisarte de que das mucho miedo y que procederá a defenderse en 3, 2 1……) desaparecerán.

Y entonces tu perro será una bomba de relojería: sí, será el famoso perro “que muerde sin avisar”.

Sí que avisó.

Mucho.

Pero no se le escuchó, o peor, se le obligó a callar.

Así que una primera medida, altamente eficaz para que tu perro no vuelva a morderte, es dejar de aplicar la teoría del líder de la manada, olvidarte del rollo del “macho alfa”, y dejar de interferir con su vida.

No le metas la mano en el plato porque sí.

No le eches del sofá  o de la cama de cualquier modo “porque si no manda él”.

No le obligues a caminar en “junto” por la calle “porque si no «es él el que me saca de paseo a mí”.

No le muevas por la fuerza hacia donde tú decidas.

No le saques de la boca cualquier objeto que tenga solo para que se deje quitar cosas porque así es como debe ser.

No le abronques cuando monta a otros perros o a persona “porque está tratando de dominarlas” (lo cual es una gran falsedad y denota nulo conocimiento sobre fisiología canina).

En resumen.

Deja de hacer todas esas acciones absurdas que te han vendido que debes hacer porque es así como se maneja a un perro y porque así te respetará y te hará caso.

No solo es mentira sino que destruye la confianza de tu perro en ti y propicia las conductas de agresión defensiva.

Si alguna conducta te resulta preocupante, valora la causa y busca otro modo de abordarla.

Y para todo lo demás (eso que “hay que hacer” pero que en realidad no sabes muy bien porqué o no te importa mucho), simplemente deja vivir a tu perro.

RESPETA SU ESPACIO PERSONAL

 

Los humanos tendemos a invadir el espacio de los perros sin preguntar y sin ningún miramiento.

Lo que no haríamos con otras personas consideramos que los perros deben permitirlo, y a veces nos autoengañamos diciendo que a los perro les encantan nuestras intromisiones.

Tomarle en brazos cuando te parece, acercar tu cara a la suya (incluso sujetándole la cabeza para que no la aparte) para darle besos, acariciar cualquier parte de su cuerpo cuando te apetece y del modo en que se te ocurre son graves intromisiones del espacio personal.

Hay perros que realmente adoran el contacto físico, y les parecerá estupendo a cualquier hora.

Otros muchos han aprendido a tolerarlo, aunque no les gusta en absoluto. Hay perros con una paciencia indescriptible.

Pero otros simplemente no van a aceptarlo, y responderán amenazando o mordiendo.

O consideran esa intromisión como una verdadera amenaza (por ejemplo que le sujetes la cabeza para luego tú aproximar la tuya mientras le miras fijamente a  los ojos). Y por lo tanto te llevarás un mordisco.

Sé respetuosa con el espacio de tu perro (y con el de todos los perros).

Si realmente te gustan los perros, ser respetuosa con su espacio será la mejor demostración. Es preferible preguntarle al perro qué le parece el acercamiento y el contacto, idealmente pidiéndole que se aproxime para recibir caricias o besos.

Si no se acerca, lo está dejando bastante claro.

Y si se acerca para marcharse a los dos segundos, también.

Respétalo.

Piensa en cómo te sentirías si cada persona que hay cerca de ti decidiera colocarse a 10 cm de tu cuerpo y te acariciara o abrazara sin venir a cuento y sin que tú lo hayas pedido.  En cualquier momento y durante el tiempo que la otra persona estimara oportuno.

Tal vez digas algo o grites, tal vez intentes alejarte, pero desde luego lo que no pasará es que te sientas a gusto.

A tu perro le ocurre lo mismo.

DÉJALE DORMIR TRANQUILO

 

Uno de los momentos donde más vulnerables somos es mientras dormimos.

Por eso nos gusta estar en un dormitorio acogedor, en un espacio cómodo y tranquilo, sin ruidos repentinos ni gente desfilando por la zona a cada rato.

Y por eso nos sobresaltamos mucho, y a menudo nos enfadamos (yo me enfado mucho) si mientras estamos en una fase de sueño profundo, alguien nos despierta porque sí.

Para tu perro no es diferente.

Cuando descansa y más aun cuando duerme, es obligatorio para todos los miembros de la familia respetar su espacio y su descanso.

De lo contrario, si alguien decide que está adorable en esa postura y se acerca para achucharle o darle unas caricias, es posible que se lleve un mordisco.

Si las amenazas o agresiones suceden porque tu perro está bajo tus pies en un escritorio o compartiendo la cama, y al moverte sin querer le asustas y te ataca, es hora de proponerle de modo amable que disponga de su propio espacio.

Puede ser junto a ti, sin problemas (de hecho seguro que lo prefiere), pero enseñarle a ocupar una cama propia dejando libres tus pies o todo tu cuerpo para que te puedas mover con libertad es la mejor opción.

Si respetas su espacio, también puedes pedir que el tuyo sea respetado.

Si tu perro no es capaz de utilizar una cama cómoda y mullida colocada junto a ti porque necesita estar literalmente pegado a ti, seguramente tiene un problema grave de miedos e inseguridad.

Y deberás trabajar esto primero con el fin de lograr que gane en autoconfianza y se atreva a dormir “solo” (a un metro de ti).

LO QUE ESTÁ EN MI BOCA ES MÍO

 

Es una norma de urbanidad canina, y los humanos no solo la ignoran a menudo, sino que suelen provocar la situación para demostrar que pueden quitarle lo que quieran a su perro.

Pero es habitual que un perro muerda por esta razón.

Si se le quita un juguete, la comida, algo que encontró en el suelo o la zapatilla que acaba de robarte (o más bien que dejaste por ahí tirada, luego ya no es tuya) el modo de hacer esto (mediante amenazas y gritos) suele desencadenar la percepción de amenaza.

Y si la comunicación que exhibe tu perro a continuación no te hace disminuir el nivel de amenaza (y no, no soltará lo que lleva en la boca mientras tanto), entonces tendrá que defenderse.

Ojo. No está defendiendo la zapatilla ni el juguete. Se defiende a sí mismo.

Y es que a menudo, además de percibir la situación como amenazadora, los perros suelen tener experiencias previas que les permiten afianzarse en esta impresión: las personas suelen abalanzarse sobre los cachorros (y adultos) en cuanto éstos se meten cualquier cosa en la boca.

Y de mala manera, gritando y amonestando al cachorro, e incluso dándole un manotazo en el hocico, se la quitan mientras afirman “¡esto no! ¡esto no se toca!”.

La impresión es tan fuerte que el perro no asocia que no debe tomar según qué objetos (es algo demasiado aleatorio para que pueda entenderlo), sino que asocia el llevar algo en la boca, lo que sea, con un ataque por tu parte.

Y puesto que a menudo esto ocurre entre 4 paredes, la huida no suele ser una opción.

De hecho, muchos huyen pero les persiguen hasta arrinconarles.

Así que no queda más remedio que defenderse.

Mordiendo.

Por lo tanto, las opciones aquí son sencillas. Siempre que sea posible, deja a tu perro tranquilo.

Si crees que no es posible por alguna razón, debes dedicar un tiempo a establecer un historial de experiencias positivas relacionadas con “llevar algo en la boca (y dármelo)”.

Si tu perro en lugar de encontrarse acorralado y en una situación altamente conflictiva cuando se mete algo en la boca, tiene hecha una asociación previa de situación de juego y de obtención de beneficios cuando lleva algo en la boca (y lo cede VOLUNTARIAMENTE) las probabilidades de que muerda caen en picado.

Pero esto debe trabajarse con antelación para anticiparse a este posible problema.

No importa que tu perro no haya mordido nunca.

El gruñir o morder por intentar quitarle algo de la boca a un perro es tan corriente que merece la pena dedicarle unos minutos al día a establecer antecedentes positivos para esta situación.

Estas son solo algunas de las situaciones cotidianas en las que tu perro puede sentirse amenazado y morderte.

Hay más, claro, pero con esto ya tienes un punto de partida para empezar a reconducir al situación.

Y es que una conducta agresiva no es una cuestión personal.

Tu perro no trata de hacerte daño, ofenderte o herir tus sentimientos.

Las conductas de amenaza y agresión tienen una única finalidad: aumentar la distancia con la potencial amenaza.

Es decir si la huida no está al alcance de tu perro, es la amenaza la que tiene que alejarse.

Por lo tanto lo que trata de lograr tu perro es que le dejes solo o que dejes de exhibir lo que él percibe (con razón o sin ella) como una actitud amenazante hacia él.

Y prestar atención a la comunicación corporal permite ver las señales de incomodidad antes de que sean señales de amenaza.

Y las señales de amenaza que son respetadas sirven para evitar las agresiones.

Por lo que si en determinados contextos tu perro intenta alejarse de ti, se lame la nariz muy repetidamente, repliega las orejas y aparta la mirada, enseña los dientes o gruñe, no le regañes, le persigas o te rías de sus acciones: simplemente para y dale espacio.

Así demostrarás que le estás escuchando, y que realmente no quieres provocar un conflicto.

Y así él sentirá que le escuchas y  no necesitará defenderse de ti. 

 

Adoptar un segundo perro

 

«¿Y si adopto un amigo para mi perro?»

 Cuando te gustan los  perros, ésta es una cuestión que fácilmente puede rondarte por la cabeza.

 En este artículo quiero plantear algunas cuestiones que debes tener presentes antes de tomar esta importante decisión, y te facilito algunas medidas para que la misión “ampliar la familia” sea todo un éxito.

 Lo primero, aunque pueda sonar mal, es hablar de dinero.

 ¿Has pensado en los gastos?

 En primer lugar debes contar con que los gastos mensuales se pueden doblar.

 El segundo necesitará sus accesorios, su propia cama, su comida, y en algunos casos quizá algo de ajuar que el primero no usa.

 Yo por ejemplo, aun siendo contraria a ponerle ropa a los perros, tengo impermeables para mis galgos, que mis huskies nunca usarían.

 Los gastos veterinarios también se multiplican.

 Hay cosas, como los medicamentos, que son más caros o más baratos según el tamaño del perro.

 Pero las vacunas, consultas, radiografías, análisis y ecografías suelen tener el mismo coste para un yorkshire que para un mastín.

 Finalmente debes pensar que los accidentes ocurren, y la probabilidad de que ocurran va directamente relacionada con el número de perros: si tienes dos, tienes el doble de opciones de que pase algo que requiera un gasto imprevisto.

 Igualmente el segundo perro puede manifestar, al poco tiempo de adoptarlo, alguna enfermedad crónica que requiera de tratamientos y controles de por vida.

 Por ejemplo, una simple atopia (alergia cutánea) puede incrementar notablemente los gastos anuales de manutención.

 ¿Y en el espacio?

 Luego, si bien los perros son muy adaptables, hay que pensar en el espacio disponible.

 Meter dos perros grandes en un apartamento pequeño no es tanto un problema porque el sitio sea pequeño (si les das ocupaciones y les sacas de paseo a sitios donde puedan correr y disfrutar de cierta libertad, se arreglarán bien), sino porque no podrán evitarse el uno al otro cuando quieran un poco de espacio, y tú directamente tropezarás con alguno constantemente.

 Todos tenemos espacio vital, y si nos lo invaden constantemente porque no hay más remedio, la convivencia puede ser muy incómoda.

 Tampoco es muy buena idea pensar que puedes adoptar un segundo perro porque te sobra el espacio, y que en tu enorme jardín estarán muy bien.

 Relegar a los perros al exterior es acomodarse. Nunca es lo mejor para ellos. De hecho, casi todos los perros prefieren estar donde tú estés (que será dentro muy a menudo).

 No se trata de adoptar porque tienes mucho espacio. Se trata de adoptar porque deseas hacerlo, estás dispuesto a hacer algunos sacrificios y concesiones más, y dispones de tiempo (y sí, dinero) para ambos perros.

 ¿Y qué perro elijo?

 A continuación viene el peliagudo tema de elegir.

 Si optas por adoptar, hay miles de potenciales candidatos.

 Lamentablemente, al menos en España, tienes decenas de miles de opciones. Razas, colores, tamaños, edades….. es imposible no encontrar una docena de perros que te gusten.

 Seguramente piensas en mirar hasta que alguno te dé un feeling especial, y ya.  Dejarte llevar por el corazón. Pues tal vez no sea una buena idea.

 Tienes que considerar un asunto importante: aunque eres tú quien adopta al perro, es tu otro perro el que va a vivir 24 horas al día junto al nuevo.

 Y es él quien debe dar el visto  bueno.

 De este detalle depende que la relación funcione estupendamente desde el minuto uno, o que te metas en un lío monumental que luego te costará resolver y te causará un gran sufrimiento.

 Por lo tanto, mi recomendación es que dejes que sea tu amigo el que elija a su nuevo colega.

 Yo hace tiempo que lo hago así, y estoy muy contenta con los lazos que establecen entre ellos.

 Esto limita mucho la adopción de perros que estén a mucha distancia, eso sí.

 La idea es que selecciones unos parámetros que deberá cumplir el nuevo perro,  y así acotar entre los cientos de perros que podrás adoptar en tu zona de residencia, limitándote a unos pocos.

 Elige el tamaño, la edad aproximada, y tal vez la longitud de pelo o algún otro valor que consideres importante para ti.

 Y mira en las protectoras locales qué perros encajan en lo que buscas.

 En el tema de la edad procura ser flexible y tener en cuenta a tu perro. Si es algo mayor o tiene problemas de movilidad, un cachorro revoltoso nunca será una buena opción.

 Una vez limitada la selección a unos pocos perros, id los dos juntos a conocerlos.

 Si es factible, mejor a un entorno algo neutral y cómodo, como un campo o la playa (si queda cerca), en lugar de a la protectora, donde igual hay mucho estrés por la presencia masiva de otros perros y el ruido.

 Y que se conozcan. Solo tienes que observar cuál es el que le da mejor feeling A ÉL.

 Puede que en una primera visita no obtengas resultados.

 O quizá tu perro se lleva de maravilla con otros cinco. En el primer caso, no pasa nada, prueba en más sitios. Por desgracia si hay algo que tenemos de sobra es perros disponibles para adoptar.

 En el segundo caso, adelante, ahora sí puedes elegir tú, 🙂

 Preparando la llegada a casa

 Y ahora que ya has pasado el duro trago de seleccionar entre tantísimos candidatos, toca preparar la llegada a casa.

 Idealmente valora el tomarte unos días libres del trabajo.

 El cambio para el nuevo perro va a ser muy brusco, y durante unas semanas estará adaptándose. Si al menos puedes dedicarle unos días para estar a su lado, seguramente el proceso será más sencillo.

 Cuando le saques del albergue, id los 3 juntos a dar un paseo a un sitio muy tranquilo. No tiene porqué ser un gran paseo, solo se trata de que estire un poco las patas, pueda olfatear y explayarse en un sitio agradable e ir conociendo a su nuevo amigo.

 Importante: no le sueltes. Aunque sea tranquilo, la falta de referencias en esos momentos puede hacer que salga corriendo por cualquier razón y le perderás.

 Es buena idea colocarle una chapa del collar con tu teléfono, por si acaso hay un accidente y se te escapa.

 Después a casa. Antes de su llegada tendrías que haber planificado algunos detalles:

 Quita de su alcance todo aquello que no desees que mordisquee.

 Piensa en el nuevo perro como si fuese un cachorro revoltoso, aunque tenga 6 años.

 El estrés genera conductas destructivas: y es que mordisquear relaja. Cuenta con esa posibilidad las primeras semanas.

 Así que mejor no se lo pongas fácil. Pasadas unas semanas seguramente no haya problema, pero es mejor empezar con buen pie.

 Aleja de su boca peligros como cables.

 Y retira los juguetes de tu primer perro mientras el segundo explora la casa, a la espera de ver qué piensa tu perro de la idea (él no sabía que estaba eligiendo a su nuevo compañero de piso).

 Cuenta con que tal vez haga pis en casa los primeros días. Si es macho, es muy probable. El estrés sube la testosterona (aunque esté castrado) y eso implica un aumento de la conducta de marcado.

 También puede subir el consumo de agua, lo que llevaría a hacer pis con más frecuencia. Si no tiene acceso libre al exterior, puede que lo haga en casa.

 Además a veces las tripas se mueven más de lo debido por el estrés, por lo que puede haber heces blandas y un aumento en el número de evacuaciones. Lo que le llevará a manchar en casa durante unos días.

 También puede no estar educado o haber vivido durante meses o años en una jaula, sin horarios ni espacio para ser limpio.

 Todo esto se corregirá por sí solo en cuanto se vaya relajando y adaptando.

 No interfieras con esas conductas ni intentes corregirlas, mucho menos aun le regañes o te enfades (eso sube el estrés y alarga el tiempo de presentación del problema).

 Una vez estéis en casa déjale acceso libre a todas las estancias y que explore lo que desee y el tiempo que desee.

 Mantén la distancia y que se mueva a su aire.

 Si resulta que toma algo en su boca que se te ha pasado retirarle, intenta atraer su atención con unas golosinas para que lo suelte sin tener que quitárselo (atenta: lanza otras pocas golosinas a cierta distancia a tu primer perro, no vayas a originar un conflicto “golosinero” el primer día).

 Coloca su cama en un sitio tranquilo y fuera de zonas de paso, pero sé flexible, tal vez en los siguientes días él elija otro lugar más de su agrado.

 Preséntale las nuevas rutinas que ya deberían existir para tu primer perro: paseos, horas de comida, ratos de juego, horas de descanso…. Las rutinas generan seguridad. Los primeros días estará algo descolocado, ya que traerá los horarios de su albergue o casa de acogida. No te preocupes, se adaptará pronto.

 Y lo más importante: dale espacio.

 Que sea él quien tome las iniciativas de contacto y acercamiento.

 Cuando pasees, simplemente le acompañas y que huela y se mueva como quiera.

 Cuando esté en casa, no le invadas para acariciarle cada poco ni para decirle cositas, simplemente déjale observarlo todo a su gusto.

 Cuando juegue, amóldate a su gusto y ofrece alternativas, sin ser muy excitante; decántate mejor por los retos y los juegos de nariz, sobre todo.

 Eso le ayudará a relajarse antes, frente a los clásicos juegos de lanzar pelota o forcejear con un mordedor.

 Evita las visitas de todo el mundo.

 Aunque estés deseosa de que toda tu familia y amigos conozcan a tu nuevo perro, hay que ir poco a poco, dale unas semanas antes de presentarlo en sociedad.

 Para evitarte tentaciones por la impaciencia,  puedes enviarle vídeos a todo el que se interese, 🙂

 La fase de adaptación suele durar unas 3 semanas. Pasado ese plazo podemos considerar que tu nuevo amigo se mostrará tal como es. Si los posibles problemas que hayan podido presentarse persisten, tal vez necesites ayuda profesional.

 En resumen: tu misión principal con tu nuevo amigo es crear para él un entorno seguro y libre de miedos, tanto en tu casa como en tu modo de manejarle.

 Evita, en la medida de lo posible, ruidos repentinos, gritos, manipulaciones no deseadas, correcciones,  soledad, paseos excesivos o muy estimulantes, movimientos rápidos o bruscos y exigencias de «conducta adecuada». 

 Una última consideración. Si tu perro ya tiene problemas de comportamiento, lo más probable es que un segundo perro, a menos que sea muy zen, le aumente el estrés y le haga empeorar.

 Por otro lado esto es a menudo bidireccional, si tu perro tiene X problema, es muy posible que “contagie” al segundo, ya que éste se fijará en el primer perro para tomarle como referencia de conducta. 

 Así que tienes que ser muy cuidadosa a la hora de adoptar un segundo perro si el que ya vive contigo tiene “sus cosas”. Es mejor que dirijas tus esfuerzos a ayudar a tu primer perro, y cuando logres claros avances, te planteas de nuevo la opción de un segundo amigo, 😉

 ¿Qué piensas, te lo has planteado? ¿O ya adoptaste un segundo perro? En tal caso, ¿qué tal os ha ido?

 Cuéntamelo en los comentarios.

  

 

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

Pide cita para una vídeo-sesión estratégica gratuita conmigo y sabrás cómo te puedo ayudar a mejorar la relación con tu perro.

¿Mal perro o perro enfermo?

A menudo un perro «malo» es un perro enfermo. 

En el día a día trabajando con perros me he encontrado muchos casos en los que las conductas inadecuadas, los problemas de comportamiento o las alteraciones que presentaba el animal se debían a un problema de salud.

Y la tendencia a etiquetar y aplicar métodos aversivos como manera de corregir esas alteraciones no solo no ayuda, sino que empeora la situación del perro y produce un aumento considerable del estrés.

Antes de pensar que tu perro es dominante, cabezota, desobediente, agresivo, buscón, que está consentido……. piensa en que tal vez esté enfermo y necesita ayuda.

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

Pide cita para una vídeo-sesión estratégica gratuita conmigo y sabrás cómo te puedo ayudar a mejorar la relación con tu perro.

Pin It on Pinterest