Arregla a tu perro con tutoriales de Youtube

Como si fuera una lavadora

Va una historia. De ahora mismo.

La lavadora ha empezado a hacer un ruido infernal, así que le pregunto a Google qué puede pasar.

En distintos vídeos y textos me informan de que el ruido puede deberse a una rotura de los cojinetes (un sistema que permite que la cuba gire).

Y que, si no los cambio pronto, mi lavadora morirá en acto de servicio.

Poco sexy eso.

Recuerdo que las lavadoras tienen una tapa trasera, y los cojinetes están accesibles por detrás.

Así que saco mi cacharro de debajo de la encimera.

Primer problema, pesa 60 kilos, y yo 55.

Segundo problema, hay un escalón desde donde está ubicada hasta el suelo de 20 centímetros, con lo que al perder apoyo de las patas delanteras, vence y queda atascada.

Esto no empieza muy bien.

Bueno, te ahorro los detalles. La saco y descubro que no tiene tapa trasera.

Que la trasera y los laterales forman una sola pieza.

¿Y ahora qué?

Pues le pregunto otra vez a Google.

Añado la marca de mi lavadora, y me salen varios vídeos donde confirman mi apreciación y dicen que es una puñeta.

¿Por qué?

Porque hay que desmontar to-da la lavadora, literalmente.

Oh-my-god.

Justo lo que me más me apetecía hacer esta mañana.

Me pongo vídeos de cómo desmontar lavadoras en bucle mientras quito tornillos.

Cuando tengo 10, empiezo a pensar que sería buena idea etiquetarlos para saber de dónde salió cada uno.

Si quiero volver a montarla será lo mejor, sí.

Al cabo de una hora tengo varias docenas de tornillos, todos diferentes, unas cuantas piezas de metal de la carcasa de la lavadora, varios pesos de hormigón por el suelo de la cocina, un montón de mangueras colgando, diversos conectores eléctricos también colgando, y varios litros de agua por el suelo.

(Y eso que me acordé de cerrar la llave de paso)

Vamos, que la lavadora parece un cadáver metálico.

Desmonto todo lo desmontable, y consigo llegar a los rodamientos malditos.

Que están que dan asco, entre mugre y holguras.

Y el resto del tambor y la cuba, parece que han pasado la noche en una pocilga.

No entiendo cómo una máquina que sirve para lavar puede acumular tanta mierda dentro.

Así que me paso la siguiente hora frotando y limpiando.

Luego viene la pelea de conseguir unos recambios nuevos.

No sé si lo has intentado alguna vez.

Resulta que hay miles de recambios, por supuesto diferentes, para la misma zona de la lavadora.

Y si los pides por marca, la selección se reduce a unas pocas docenas.

“Pues mira el modelo”

Pues no.

El modelo al parecer no coincide.

Hay cientos de modelos.

Miles de rodamientos.

Me siento abrumada y algo desesperada.

Atajo llamando a una tienda y pidiendo lo que quiero a un ser humano, que me ayuda muy amablemente.

Luego «solo» resta montarlo todo y colocar los tropecientos tornillos, asegurándome de que no me sobran ni piezas ni tornillos.

Y listos.

Éxito total.

Ahora prueba a hacer lo mismo con un perro.

Teniendo en cuenta que lo que en un vídeo de Youtube ocupa 17:32 minutos a mí me ha costado 4 días.

Y sabiendo que, si la cago, solo es una máquina, tendré que comprar una nueva, pero eso será todo.

O llamar a alguien que sí sepa lo que está haciendo y arregle el estropicio.

Pues con un perro no funciona, claro.

Ni con vídeos.

Ni con tutoriales de Facebook o de foros.

Ni con consejos de “al mío le pasaba lo mismo, hice esto y lo arreglé”.

Porque para empezar, el perro no está roto.

Y para seguir, no tiene tornillos, ni cables, ni rodamientos, ni ejes, ni zonas a engrasar para que no hagan ruido.

Lamentablemente así es como se plantea en muchos sitios.

Es una máquina (bonita, peluda y calentita, pero máquina, al fin y al cabo), y aquí están las instrucciones para arreglarla.

Y si no te atreves, o probaste y no te salió, no hay problema.

El profesional va a tu casa y te arregla la máquina-peluda en tu presencia.

Y a seguir con tu vida.

Mira, hay gente que lo ve así, y le parece bien.

Y por lo tanto podrá probar fórmulas accesibles online o contratar a quien piense igual.

Buena suerte.

Y luego hay quien entiende que su perro no es una máquina, y no se arregla como una lavadora.

Que es un poco más complicado.

Lo cual no significa que no puedas solucionar conflictos (que no arreglar al perro) tú sola, por supuesto.

Pero si estás demasiado perdida, ya probaste y no fue bien, o simplemente prefieres ir sobre seguro, puedes ir al grano.

Y contratar esta asesoría.

Para saber dónde van los tornillos que le sobran al perro que había que arreglar, mejor pregunta en Todoexpertos.

Y para ir abriendo boca, puedes empezar por apuntarte en el botón y recibir un correo diario. Con ideas como ésta. Que lo mismo te ayudan y no necesitas más. O lo mismo te sacan una sonrisa, que buena falta nos hace.

Eso sí, esos correos son privados, no publico casi ninguno. Así que si no te apuntas, te los pierdes.

Uy, mira, el de hoy ya te lo perdiste.

Este es el botón:

Llamada 100% garantizada: tu perro vendrá siempre

O le devolvemos su dinero

 

Sobre lo de que tu perro venga siempre que le llamas, y lo que eso implica.

No sé muy bien qué pasa ahora.

Pero me encuentro mensajes, foros, anuncios y discusiones en distintos lugares sobre este tema.

Llamada 100 % fiable”.

“Consigue que tu perro venga siempre”.

“Podrás llevarle suelto con la seguridad de que acudirá al momento”.

Y así.

Supongo que es cosa de los algoritmos, que ven que miro un par de cosas del mismo tema, y hala, a acribillarme con ese tema hasta la náusea.

O igual es que es el tema de moda, yo qué sé.

Pero ahí está.

Mira.

Yo entiendo muy bien la importancia que le dan muchos cuidadores a este asunto.

Por un lado, eso de soltar a tu perro, que salga corriendo en cualquier dirección, y que ni te mire cuando le pides que vuelva da un miedito importante.

Entre la incertidumbre de lo que pueda hacer o no, y el perderle de vista más de un minuto, la angustia está servida.

Por otro, llamar a tu perro y que estando a 300 metros y liado con algo, acuda al instante y a la carrera, mola, ¿eh?

Queda super bien para los que están mirando.

La autoestima sube como la espuma de una lata de cerveza bien sacudida.

Oye, que yo me libré de una multa gracias a esto una vez.

Porque teniendo a mis tres perros sueltos en un parque enorme, lejos de mí y cada uno a su bola, conseguí que acudieran en el acto y corriendo cuando el agente de paisano me ordenó que los llamara.

(Jajajaa, conseguí, dice, qué valor, vinieron porque les dio la gana y punto).

Pues eso, que entiendo lo importante que es este tema para mucha gente.

Y por lo tanto entiendo también que los que venden algo a la voz de “te diré lo que quieres oír, aunque no se ajuste del todo a la realidad”, estén ahí al quite.

Ahora entre tú y yo.

Solo conozco una forma de conseguir una llamada 100 % fiable.

Una llamada en la que el perro responda siempre.

Y es usando un collar eléctrico.

De tal modo que el perro tenga pánico a las consecuencias de no acudir cuando le llaman.

Igual hay más modos, pero no sé cuáles son.

Y como estoy totalmente en contra de usar la electricidad para algo que no sea encender bombillas, jamás utilizaría o recomendaría esa manera.

Dicho esto, tengo una membresía.

En ella te doy pequeñas piezas de conocimiento sobre conducta canina.

Cada 5 días, accedes a una.

Y aprendes cosas nuevas sobre perros.

La primera es, oh, sorpresa, sobre la llamada.

Como enseñarla, cómo no joderla, y qué hacer si tu perro no viene cuando le llamas.

Y finalizo explicándote por qué no deberías llamar a tu perro.

Eso sí, lo que te cuento no garantiza que tu perro venga siempre.

De hecho, no garantiza nada de nada, solo te explico cómo funciona este asunto en la cabeza de tu perro.

Y ya te hago un spoiler: el 80 % de la llamada no depende de lo mucho que la entrenes.

Tampoco de lo que le des de premio a tu perro.

Es un poco más complicado.

Pero para saberlo tendrás que entrar.

Y para ir empezando a comprender de qué va esto que cuento, puedes apuntarte a los correos diarios. Con reflexiones como ésta, pero todos los días.

Lo mismo te hacen ver el mundo del perro de otro modo. O lo mismo hacen que me odies y vayas a trolearme en Facebook, qué sé yo.

Pero tú ahora mismo tampoco lo sabes, así que entra y lo averiguas. En el botón.

Lee esto si te atreves

A vueltas con lo de reforzar cosas que no te gustan

Algo pasa en Facebook (y en los parques caninos) cuando este asunto cada vez clama más fuerte.

Que no acaricies a tu perro cuando te pide atención.

Cuando ladra a otro perro.

Cuando intenta huir desesperado.

Cuando tiembla de miedo.

Cuando…..

Porque le refuerzas esa conducta.

Esa conducta horrible e indeseable que está presentando ahora mismo.

(Pedirte ayuda, que no atención, pedir espacio a otro perro, tratar de conseguir espacio, mostrar miedo…)

Se repetirá más y más fuerte hasta el infinito y más allá.

Si le acaricias.

Porque le refuerzas.

Le premias.

Por temblar, por tener miedo, por pedir espacio, por pedir ayuda.

Pues mira.

De entrada, si tu perro te pide ayuda y no se la das, ya te digo yo que fijo que estás reforzando algo.

Que se busque la vida.

Y eso es lo que hará.

Pero igual no te gusta cómo lo hace.

Así que lo mismo no es buena idea ignorarle cuando te busca.

Acariciarle tampoco es muy útil, porque no pide cariño, pide ayuda.

Pero al menos no le escupes tu desprecio a base de indiferencia y rechazo.

A ver, que me disperso.

Cuando acaricias, solo refuerzas conductas aprendidas y voluntarias.

Y solo las refuerzas si tu perro admite “caricias” como reforzador interesante.

Si no, ni siquiera eso.

Si tu perro te ladra en la mesa mientras comes, no le refuerzas “ladra” por acariciarle.

Porque quiere comida.

Le refuerzas “ladra si quieres comida”….dándole comida.

Ahora miremos otro contexto.

Willow odia que le bañen.

Meterse él en el agua le parece bien.

Que le meta otro, le eche chorros por encima, lo cubra de jabón y espuma, y luego más agua, pues no.

Así que me lo hace saber.

¿Cómo?

Siendo la reina del drama.

Le preparas el baño, y se escaquea todo lo que puede.

Le llevas medio a rastras, y una vez en la bañera aúlla y grita.

Repliega las orejas, baja el rabo, pone su mejor mirada de perro apaleado, y sigue aullando y gritando.

Y buscando el hueco entre mi cuerpo y el mundo exterior para huir lo más lejos posible.

Vamos, que parece que le estás arrancando las uñas o algo.

Pero no, solo es agua.

Queda claro que no le gusta que le bañen.

También queda claro que, desde un punto de vista humano, se porta fatal durante el baño.

Bien.

Pues ahora voy yo, y mientras está dejando en ridículo a María Callas, le doy un par de trozos de beicon.

Y luego otro más.

Y otro.

Y durante todo el baño, un buen montón de beicon cae en su boca.

Según esa fantástica teoría que confunde podencos con carlinos.

(Perdón, las conductas operantes/aprendidas con las emocionales)

En el próximo baño tengo garantizada la rotura de tímpanos.

Ya que le estoy premiando MIENTRAS aúlla y llora y dramatiza.

Así que cada vez llorará más, dramatizará más, y llorará más.

¿No?

Pues no.

Oh, chorprecha.

Lo que ocurre es que se calla.

Deja de intentar huir.

Ahora su mirada es más como de desprecio y resignada aceptación.

Bueno, acepto tu soborno, pero sigue sin gustarme todo este despliegue mojado”

Su rabo se pone a media asta.

Y sus orejas recuperan un poco su posición habitual.

Y en el siguiente baño, el drama sonoro no aparece.

El comunicativo-gestual, sí.

Aunque mucho menos teatral.

Pero mira, a mí ya con que no tenga que hacer de pared para que no huya y no me atormente sonoramente, me vale.

Pero es raro, ¿verdad?

Debería haber ocurrido lo contrario, puesto que es lo que estoy reforzando.

Vale.

Ahora para los mayores.

Lo que ocurre es que sus conductas se deben a la emoción que le produce la situación.

Y mi beicon contribuye a que esa emoción se atenúe.

No cambia.

Pero si rebaja su intensidad.

Porque le encanta el beicon, claro.

(Si fuese un labrador, seguramente el baño pasaría a ser un momento estupendo)

Y con esto, se rebaja también la intensidad de la conducta que se produce debido a cómo se siente.

Ah, pero entonces podemos cambiar las emociones con comida”.

Pues alguna vez.

Pero no es lo habitual.

Y quizá tampoco sea el mejor modo de proceder.

Pero eso para otro día.

Lo que quería señalarte con este ejemplo es que si acaricio a mi perro cuando “se porta mal”.

No refuerzo que se “porte peor”.

A menos que ese “mal comportamiento” lo haya aprendido para conseguir un fin.

¿Queda claro?

Ahora igual te surge la duda de cómo diferenciar una conducta aprendida de una emocional.

Para saber si acariciando ayudas o la fastidias.

Pues eso para los que están en la membresía.

¿Qué cómo se entra? Pues a través de estos correos.

¿Qué correos?

Los que envío a diario a quienes se suscriben.

Y eso se hace dándole a este botón:

Preferiría que me persiguiera Jason Momoa, la verdad

Soluciones mágicas para problemas reales

 

Los sempiternos anuncios de Internet que me persiguen por todos lados me dan mucho en qué pensar.

El que ahora me acosa es de una escuela de adiestramiento, que se empeña en contarme el gran secreto nunca desvelado por el cual los perros tiran de la correa.

Y lógicamente, el modo de solucionar eso rápida y eficazmente.

Sale una señora explicándolo.

Ya sabes, que si tu perro tira mucho y te arrastra por la calle.

Que si te duele la espalda de tanto soportar la tensión.

Que si se lanza y te derriba como si fueras un bolo.

Que si el muy petardo se dedica a hacer eses por la calle incomodándote y metiéndose todo el tiempo entre tus pies, haciéndote tropezar.

Esas cosas.

Luego da detalles varios para llegar a la conclusión maestra: los perros tiran por la calle por una única razón, que todo lo que ven, oyen y huelen les distrae.

Y como les distrae, se olvidan de tu existencia y de que van unidos a ti por una cuerda.

Y claro, tiran.

Ya.

Cómo no lo habremos deducido antes.

Tú eres un lastre para tu perro.

Un fardo aburrido y cargante al que hay que soportar mientras a su alrededor solo suceden cosas divertidas e interesantes.

Eres el mayordomo que le conduce de casa al parque.

El chófer que le lleva a sitios varios.

Pues vaya.

Qué bajo hemos caído, ¿no?

Una vez tienes bien clarita esta idea, la solución es realmente obvia.

Solo tienes que convertirte en el centro de atracción gravitacional de tu perro.

Que todo orbite a tu alrededor.

Que seas lo único interesante que ocurre en su vida.

O sea, que le enseñes a mirarte todo el rato.

Todo

El

Rato

Si solo te mira y adora a ti, no puede tensar la correa.

No puede lanzarse a por otros perros.

Ni perseguir bicicletas o corredores.

Mucho menos ir a por gatos.

Ni siquiera puede cruzarse delante de tus pies haciendo esas molestas eses.

Solo caminará derecho y pisando donde tú pises.

Sin prestar atención a su entorno.

Vale, ahora para los que no viven en un mundo de piruletas y unicornios que corretean por luminosos arcoíris.

Por si te han dicho algo parecido a esto, o se te ha pasado por la cabeza, que sepas que a menudo es falso.

Que la mayoría de los perros no tiran porque el mundo sea super divertido y se olviden de ti.

Algunos tal vez, pero no es la norma.

Y que tratar de que te mire a ti todo el tiempo, además de complicado de conseguir, es bastante triste, ¿no?

Es como si necesitaras que te idolatren mientras caminas por la calle.

Como si no fueras capaz de acompañar a tu perro en el descubrimiento cotidiano de su entorno.

Y en el disfrute sosegado de sus caminatas, que también son tuyas.

Como si no fuerais capaces de compartir esos momentos de un modo equilibrado, sin que nadie tenga que forzar a nadie tirando en una u otra dirección.

Con correas físicas. O correas emocionales.

Bueno, yo no voy a decirte cómo corregir lo de la correa, si es lo que te preocupa.

Para empezar porque es un problema que tiene miga y diversas respuestas.

Y para terminar, porque a menudo la tensión no está en la correa, sino en otro lado.

Y es en ese otro lado donde hay que enfocarse para mejorar y lograr cambios.

Y entonces la tensión en la correa, simplemente, desaparece.

Con esa otra tensión sí que puedo ayudarte.

Y con correos que contienen reflexiones como la que acabas de leer, hay quien opina que también les estoy ayudando.

Así que te interesa apuntarte, y recibirlos en tu buzón. Uno al día. Los lees y piensas. ¿Que te valen para algo? Lees el del día siguiente. 

¿Qué solo escribo chorradas sin sentido? Pues te das de baja.

Eso sí,  no me pidas que te dé de baja yo, que el enlace para hacerlo está en la primera línea de todos los correos (de todos), es más rápido que escribir, y a mí me da pereza hacer tu parte.

Yo solo escribo. Las altas y bajas son cosa tuya.

Por el botón:

Un señor en bicicleta me dice qué hacer con mi perro

Y lo mismo no está dando ni una

 

Ay, cómo cuesta eso de no juzgar a los demás ni andar dando consejos a quien no los pidió y a quien ni siquiera conoces.

Yo casi lo he conseguido, pero me cuesta un huevo.

Y no siempre soy capaz.

Pero no está mal que te lo recuerden de vez en cuando.

Como esta mañana.

Paseo por zona boscosa, pistas de grava, sol y nubes.

Sitio tranquilo y bonito.

Vamos ya de recogida hacia la furgoneta.

Oigo unas bicicletas detrás de mí, así que reviso dónde están los perros.

Me acerco a la cuneta, con lo cual ellos también.

Y sigo caminando.

Van detrás de mí, lentos, con el rabo bajo, jadeando.

Ya están cansados, y el sol no ayuda precisamente.

Nos alcanzan tres bicicletas, montadas por un señor y dos niños.

El señor me habla.

Ese husky necesita adelgazar, que mira cómo va el pobre, no puede ni andar”.

Oh.

Casi nos alcanza, y sigue hablando.

Hay que darle menos pienso, mujer

Oh.

Que yo de perros sé algo”

Se me dibuja una sonrisa en la cara.

Porque estoy esforzándome por no abrir la boca, y por ahora lo estoy logrando.

Igual el calor tiene algo que ver.

O igual las dos horas largas de paseo que llevo en las piernas.

Igual todo esto también afecta a mis perros.

Igual.

Me sobrepasan las bicicletas.

Mira los galgos, como no les pasa lo mismo”.

Oh.

Ahora se vuelve hacia los niños.

Es que la gente se empeña en darles comida a los perros, y como se ponen contentos y les quieren ver así, pues se pasan

Oh oh.

Estoy derretida con tanta sapiencia junta.

O quizá sea el sol, no lo sé.

Pero logro mi objetivo y no abro la boca.

Aunque ganas tenía.

De decirle que dónde ve la diferencia entre lo que hace el husky y lo que hacen los galgos.

Todos caminan lentamente detrás de mí con la lengua fuera.

Que cómo sabe lo que les doy de comer.

Porque pienso/balanceado precisamente no es.

Y cómo sabe cuánto les doy de comer.

Porque el husky come justo lo mismo que Brianna y menos que Jimena.

Que pesan casi la mitad que él.

Así que cebarlo, lo que se dice cebarlo, pues igual no.

Que por qué iba a cebar a uno y a dejar a las otras dos escasas.

Eso sería raro, ¿no?

Y que lo mismo también es raro que yo esté flaca, los galgos estén flacos, y el husky esté gordo.

Igual hay alguna razón que no está relacionada con la comida.

O no solamente con la comida.

También se podría zanjar con un “y a usted que más le da, ni que el perro fuera suyo”

Pero mira, me he callado y me siento orgullosa de mí misma.

Aunque sea una chorrada.

En fin.

A veces yo también me paso de listilla y voy por ahí criticando y juzgando a los demás.

Así que asumo que me merezco esos comentarios.

Pero te prometo que me estoy esforzando por mejorar esto.

Algún día lo conseguiré.

Entre tanto, no sé si me paso de listilla pensando que lo mismo necesitas ayuda para convivir con tu perro y limar unas cuantas asperezas que ahora mismo te traen de cabeza.

Igual no te hace falta.

O igual no te convence lo que ofrezco.

Yo qué sé.

Pero en realidad eso da igual.

Eres tú quien tiene que tomar la decisión.

No un señor en bicicleta que no sabe de lo que habla, aunque crea que sí.

Ni yo.

Solo tú.

Y puedes empezar por darle al botón de abajo. Y luego por leer correos. Uno al día. Y luego, ya vamos viendo.

Pero primero el botón:

 

Rápido, fácil y sin esfuerzo

Céntrate en el proceso, no en el resultado

 

Cómo adelgazar rápido y sin privarse de nada” (5 millones de resultados)

Ejercicios para ponerse en forma en muy poco tiempo: ¡no necesita dedicar infinitas horas a su entrenamiento para ver resultados!” (143 millones de resultados)

Inglés fácil y sin esfuerzo” (17 millones de resultados)

Aprende a tocar la guitarra fácil y rápido con el método X” (7 millones de resultados)

Aprende idiomas mientras duermes, consigue abdominales de infarto desde el sofá con una máquina que lo hace por ti, gana montones de dinero fácilmente y sin esfuerzo.

Educa a tu perro fácil y rápidamente, sin esfuerzo.

JA.

Ya lo sabes, pero te lo voy a decir igual.

Una cosa es el marketing.

Y otra, la (cruel) realidad.

Una cosa es que te digan lo que quieres oír.

Y otra diferente, la verdad.

Solo tienes que echar un vistazo a esas situaciones en las que mucha gente anhela un resultado.

Estar delgado.

Estar cachas.

Saber idiomas.

Tocar instrumentos.

O ya puestos, ser un gran cantante de rock.

O un extraordinario futbolista.

O si me apuras, un youtuber de gran popularidad.

Y te darás cuenta de que a nada que rasques un poquito, solo quieren el resultado.

El esfuerzo, el camino, los sacrificios que hay que llevar a cabo para lograr ese resultado.

(Que a menudo tarda años en llegar)

Eso no.

Eso no lo quiere nadie.

Así que la consecuencia lógica es que hay personas en todos esos campos.

(Y en tantos otros que me dejo)

Que te dirán lo que quieres oír.

No la verdad, que es desalentadora y no mola.

Lo que quieres oír.

Que puedes conseguir todo eso.

Sin esfuerzo.

Sin trabajo ni sacrificio.

Rápidamente.

Ellos te cuentan cómo.

Y entonces pueden pasar dos cosas.

Que todo siga igual que antes.

(Salvo tú, que te llevas una decepción de las gordas al darte de morros con la realidad)

O que logres el resultado deseado.

Pero que a cambio pagues una factura de efectos colaterales muy alta.

Básicamente, porque te has saltado el proceso.

Y de eso va este escrito.

De procesos.

No de resultados.

Los procesos implican cambios.

Modificación de hábitos.

Esfuerzos y constancia.

Y a veces, sacrificios.

Convivir con un perro está justo en esta lista.

La de procesos.

Y también está en la otra.

La de resultados rápidos, fácilmente y sin esfuerzo.

Así que eso es lo que te vas a encontrar cuando busques ayuda.

Una opción seduce.

Aunque rara vez funciona.

Y al final resulta que si había que esforzarse (en controlar a tu perro todo el tiempo)

Y no era tan fácil (a ti al menos no te sale igual de bien que al adiestrador).

La otra echa para atrás.

Pero una vez se integra en tu vida, sí que resulta fácil.

Y a toro pasado, el esfuerzo igual no era para tanto.

Adivina cuál ofrezco yo.

Si además quieres recibir reflexiones como ésta en tu correo, pues dale a este botón, y las tienes. Una al día.

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