Las primeras noches

¿Cómo conseguir que tu cachorro no llore las primeras noches?

No hay nada tan emocionante como los primeros días con tu nuevo cachorrito. Tan lindo y simpático, y con tanta curiosidad por todo…. Esas primeras horas juntos se las pasa explorando cada centímetro y jugando con todos, es fantástico.

Pero tras un día largo, se puede avecinar una noche eterna.

La queja “no sé qué hacer para que se duerma por la noche y deje de llorar” es muy habitual.

Es una fase, y en pocos días seguramente cese, pero no es agradable para nadie (especialmente para los vecinos que NO tienen perro). Y no es un buen precedente en vuestra relación el que tu cachorro llore desconsoladamente y no hagas nada para solucionarlo.

Él espera que te ocupes de atenderle, de día y de noche.

Así que aquí va un truco que suele funcionar, pero antes unos comentarios que también juegan a tu favor.

Elige bien el momento

Si puedes evitarlo, no adoptes cachorros demasiado jóvenes.

Un perrito de cuatro semanas llorará seguro porque debería estar con su madre, y la ha “perdido”. Es difícil convencerle de que no hay peligro y que no merece la pena llorar. Y puede ser una experiencia realmente traumática para él, que quizá le marque para el resto de su vida.

Llevar a  un cachorro con al menos ocho semanas de edad sería lo ideal.

Si tienes contacto con el dueño de la madre, pedirle que coloque un trapo o toalla vieja junto a la zona de descanso de la perra para que retenga su olor, y llevártela junto con tu cachorro puede ser una ayuda la primera noche. Así la transición no será tan violenta.

También tienes que asegurarte antes de ir a dormir de que sus necesidades más básicas están cubiertas: comida, agua y necesidades fisiológicas.

Seguramente durante la noche también tenga que cubrirlas, así que procura que pueda hacerlo (la comida no es necesario a menos que sea realmente muy pequeño).

¿Y cómo puedo ayudarle las primeras noches?

Y ahora el truco en sí mismo: no intentes que duerma solo.

A menudo se decide el lugar donde dormirá el pequeño, y se cree que debe ir a ese lugar desde el día uno “para que se acostumbre”.

La opción suele ser una habitación fácil de limpiar y con pocas opciones de destrozos, como la cocina.

Pero no se puede dejar a un perro tan pequeño solo durante ocho horas justo después de haberse separado de su madre y hermanos.

Así que las primeras noches, mientras se adapta a sus nuevos horarios, su nueva casa, y forma un vínculo contigo, prueba a meterlo en tu dormitorio.

Si has elegido una caja cerrada para que duerma en ella, puedes probar a colocarla algo elevada junto a la cama.

Así, si lloriquea un poco, puedes darle unas caricias tranquilizadoras para que se calme.

Si va a dormir en una camita propia, ponla junto a tu cama, lo más cerca posible de tus manos, por la misma razón.

Seguramente en algún momento llore un poco, pero se calmará al saber que no está solo y que le apoyas.

Más adelante, cuando gane en confianza, conozca a fondo su entorno, y empiece la fase de “emancipación”, él mismo preferirá un lugar algo más apartado para dormir, y se alejará voluntariamente.

Pero al principio necesita tener muy claro que cuenta contigo.

Así confiará más en ti, y seguro que los vecinos lo agradecerán.

 

¿Cómo hago para que mi perro no defienda su comida?

O sus juguetes, o el sofá mientras está subido en él, o un hueso, o……

¿Por qué me gruñe mi perro?

Esta es una duda común a muchos propietarios cuyos perros, en mayor o menor medida, defienden y se muestran agresivos cuando disponen de algún recurso.

Puede que lo defiendan de todo el mundo o solo de miembros de la familia.

De perros con los que conviven o de perros extraños.

La cuestión es que esa defensa puede resultar incómoda en el mejor de los casos, o desencadenar una trifulca (entre perros) o un mordisco a una persona en el peor.

El primer paso sería preguntarse por qué lo hace.

Hay planteamientos que indican que el perro defiende aquello que considera que tiene cierto valor y de lo que puede haber escasez (lo que genera competencia). Y que cuando lo hace está mostrando su inseguridad. Tiene miedo de perder algo que le importa y que no abunda en su entorno.

También hay quien opina que en realidad no defiende recursos, sino a sí mismo.

Tiene ya experiencias previas en las que en presencia del recurso ha tenido situaciones de conflicto emocional intenso.

Y ahora, ante la presencia de otro individuo que muestre interés o se aproxime lo suficiente, se siente amenazado.

Y realmente cree que debe defenderse, por lo que manifiesta expresiones corporales de agresión y puede llegar a morder si se le presiona, se le regaña o se invade su espacio.

El caso es que con mucha frecuencia los dueños que consultan este problema reconocen que ha habido episodios de confrontación frente al recurso en el pasado. A veces desde que el perro era muy cachorro.

Así que la segunda explicación parece tener  bastante sentido.

Porque lo habitual es que cuando el perro toma algo del suelo, el dueño salte rápidamente sobre él con malos modos y se lo arrebate, generalmente acompañando la acción de una regañina o un manotazo en el morro.

Si ese algo es un objeto que ha encontrado en el suelo de casa, la situación tiende a ser similar.

También es fácil que desde el día uno el dueño haya metido las manos en el comedero del perro o le haya retirado el cuenco mientras come, siguiendo la tradicional recomendación popular de que el perro debe dejar que le quiten la comida.

Esto produce en el cachorro, tras unas pocas repeticiones, una sensación de “esta situación empieza a resultar emocionalmente muy conflictiva”.

Otra situación habitual es la del perro que se sube al sofá en una casa donde no lo tiene permitido.

En ese momento es desalojado con gritos, empujones o malos modos. A veces incluso cuando ya está dormido.

La consecuencia es que el perro realmente siente las situaciones relacionadas con esos recursos como amenazadoras: puede que pierda o no dicho recurso, pero lo que sí es bastante constante es que hay enfado y brusquedad a su alrededor. Y eso le genera miedo, y las consecuentes maniobras defensivas.

¿Cómo crees que se siente tu perro?

Hagamos un ejercicio de empatía: ponerse en el lugar del otro nos ayuda a ser más comprensivos y a mantener la calma a la hora de plantear soluciones.

Una idea que puede ayudarte a entender la situación es la llamada aversión ante la pérdida.

Es un problema muy común que tenemos los seres humanos. Sufrimos mucho más cuando perdemos algo que ya tenemos (aunque no sea valioso) que cuando conseguimos algo nuevo.

Deshacernos de nuestras cosas, incluso solo de unas pocas no muy importantes, nos cuesta horrores. Si nos las quitan, peor aun, porque no lo hemos decidido nosotros.

¿Te parece una tontería?. Haz la prueba. Mira  a tu alrededor. Elige un objeto. Uno normalito. Ese jarrón de la estantería. Un libro que leíste hace mucho y que no te entusiasmó demasiado. Ese par de zapatos que apenas te pones. Esa camiseta que aun tiene los pliegues de “nueva” marcados aunque la compraste el año pasado.

Coge ese objeto y tíralo a la basura. Ahora mismo, no lo pienses, hazlo.

¿Qué tal?. ¿Has podido hacerlo?. ¿O has pensado “menuda chorrada, no tengo por qué tirar nada, me hace falta o me gusta y no hay razón alguna para tirarlo”?.

Seguramente lo segundo. Es la aversión a la pérdida.

¿Qué tal si alguien viene a tu casa, y elige lo que le parece que sobra en tu vida o que deberías ceder a terceros, lo mete en cajas y se lo lleva?.

Peor aun que si lo hicieras tú mismo. Seguro. Tratarás de impedírselo a toda costa.

Seguramente incluso te enfades.

Ahora mira a tu perro, y piensa en lo que tiene. Lo poco que tiene. Unos juguetes, su cuenco con comida, un mordedor de cuero.

Tranquilo, es un perro, lo del materialismo no va con él, de hecho son felices con lo puesto (deberíamos aprender de eso, eh?).

Pero si en un momento dado tiene algo entre las patas, ese algo es SUYO. Durante un momento, disfruta de ese algo, ese juguete, esa golosina, esa comida.

Quitárselo por el mero hecho de demostrar que podemos hacerlo es una enorme grosería.

La idea popular de “debes poder quitarle las cosas a tu perro”, ¿en qué se basa exactamente?. ¿En demostrarte a ti mismo y al pobre animal que en realidad no tiene absolutamente nada, que tú eres el dueño de todo y se lo concedes porque te apetece, pero que puedes cambiar de idea cuando desees?.

Suena un poco cruel, la verdad.

Es tu amigo, quizás tu mejor amigo, y le has invitado a vivir contigo y a compartir los recursos.

Le has prometido que cubrirás sus necesidades, incluyendo las básicas de comer y jugar y disponer de un lugar cómodo y seguro para descansar. Entonces, ¿por qué cambiar de idea sobre la marcha?.

Entiendo que a veces puede ser necesario retirarle algo de la boca, porque sea muy valioso (una colleja para quien lo dejó al alcance de unos colmillos afilados y ociosos) o peligroso para el animal.

Y que si observas que se pone muy tenso y gruñe cuando alguien está cerca de su comedero, te preocupe que un día ese alguien sea un niño pequeño y pueda ocurrir una desgracia.

Todo eso tiene sentido y es muy sensato. Es una manera de anticiparse a posibles problemas, y el mejor modo de resolver problemas, el  más económico en tiempo y energía, el más eficaz, es anticiparse a ellos.

Te felicito por pensar en ello.

Pero hay que entender las implicaciones emocionales de arrebatarle violentamente a alguien que tiene lo justo aquello que le importa en el momento en que lo está disfrutando.

Es traumático.

Es un sinsentido.

Es algo que puede dar miedo. La reacción de defensa es totalmente natural.

¿Qué puedo hacer entonces para corregir esa conducta?

Así que de acuerdo, si quieres que tu perro permita circular cerca de su plato de comida o te ceda algo que tomó con la boca, piensa primero en lo mal que te sentirías si te quitaran tus cosas sin razón aparente, piensa que él puede sentirse de un modo similar, y luego cambia el enfoque para que él también lo pueda ver de otro modo: no te quito tus posesiones.

Solo vamos a plantear un juego en torno a ellas en el que vas a salir ganando.

Así tú consigues lo que quieres (acercarte a su comida, retirarle objetos de la boca) y él conserva lo que necesita y no se siente amenazado, y todos contentos.

Por lo tanto lo ideal es anticiparse al problema, y evitar los conflictos por los recursos.

Piensa que esto puede sucerde en el futuro con cualquier perro, y empieza a plantear situaciones desde el principio con tu cachorro.

Si deseas poder trastear en el comedero de tu perro, o quitarle objetos de la boca, trabaja esas situaciones de modo amable, con aproximaciones progresivas según su grado de comodidad, y generando momentos de “tú ganas/yo gano”

Es decir, la retirada del recurso o el acercamiento al mismo debe implicar siempre que el cachorro obtiene algo de gran valor, y a menudo (siempre, si se está entrenando) mantiene el recurso en disputa.

Pero si ya es tarde para este consejo, ¿qué puedes hacer para corregir este problema cuando ya está presente?.

Solución sencilla

Pues la solución sencilla es nada.

Respetar el espacio del perro en todas aquellas situaciones en las que se pone a la defensiva es una acción pasiva, rápida, gratuita y eficaz.

Si te fijas bien, solo empieza a emitir amenazas (gruñidos, ladridos, mostrar dientes, pelo erizado) a partir de cierta distancia.

Pues si todo el mundo se mantiene a una distancia mayor, el problema no aparece.

Puedes rodear o apartarte de tu perro en los momentos en los que sabes que puede ponerse a la defensiva, o enviarlo (con amabilidad) a una estancia diferente antes de que se produzcan esos momentos (por ejemplo, con la comida) para que el resto de la familia pueda seguir con sus actividades.

Si defiende solo el comedero, puedes deshacerte del cuenco y esparcir el pienso por el suelo, en un espacio amplio.

El recoger y buscar la comida le relaja y evita que defienda un espacio reducido;  recuerda no molestarle ni darle pistas mientras va comiendo cada bolita, déjale hacer a su aire.

Si defiende el sofá,  puedes asignarle un sitio para él donde no se le molestará ni echará, o incluso conseguir una butaca vieja para él, si cabe en la casa.

Si defiende sus juguetes, que juegue él solo.

Si defiende objetos que ha encontrado en el suelo y que son tuyos, empieza a ser más ordenado y no los dejes a su alcance, no podrá defenderlos más (ni romperlos tampoco).

Solución complicada

Si esta solución te parece simplista, no es aplicable en tu caso, o quieres hacer algo más espefícico para modificar el problema en lugar de hacer como que no existe, puedes hacer lo siguiente.

Por un lado existen docenas de “consejos” que implican amenazar (aun más), cohibir, inhibir, gritar, zarandear, voltear, dar toques, chistar o incluso electrocutar a tu perro.

Lógicamente no te las recomiendo por muchas razones.

Pero la más destacada es que producen miedo (por eso pueden ocasionalmente funcionar o parecer que funcionan).

Y si tu perro actúa agresivamente porque tiene miedo, ¿qué crees que puede llegar a pasar si intentas corregir la conducta añadiendo más miedo a la ecuación?. Nada bueno.

Por otro, puedes empezar a trabajar con la pauta que te indico a continuación.

O puedes buscar otros métodos amables para manejar estas situaciones, que los hay, o usar lo que te voy a contar como inspiración para adaptarlo a tu situación particular.

1- Haz una lista

Identifica y anota en un papel todas las situaciones en las que tu perro defiende un recurso (comida, espacio, objetos).

Ordena la lista de menor a mayor intensidad de defensa.

Ten presente que defender un recurso no es solo gruñir y morder, también debes valorar los momentos en los que hay tensión muscular, mirada fija, pelo erizado o cabeza agachada como si cubriera el recurso con su cuerpo cuando te aproximas, ya que son indicadores de problemas.

Sí, aunque no gruña o muerda.

2-  Empieza por las situaciones de menor intensidad.

Dedica tiempo a pensar cómo puedes enfrentar esa situación para que en lugar de generar un contexto de competición (yo gano/tú pierdes) puedas producir una situación de cooperación (yo gano/tú ganas)

Se trata de que tu perro consiga algo positivo por NO proteger o por ceder el recurso en lugar de guardarlo para sí. Eliminamos la confrontación y la necesidad de defenderse. Más adelante pongo ejemplos.

3- Devuelve lo que le has quitado

Siempre que sea posible, además de la nueva ventaja que añadas a la situación, debes devolverle o dejarle conservar el recurso. Así gana el doble y se hace más tolerante.

4- No le presiones o amenazas

Nunca, bajo ningún concepto, se debe hacer frente a un perro que defiende un recurso, ni regañarle, corregirle, someterle o tratar de dominarle.

Esas acciones no le enseñan nada más que a tener más miedo, le dan la razón sobre su sensación de amenaza, y le indican que debe defender(se) aun más intensamente la siguiente vez que se repita la confrontación.

A menos que el castigo sea tan severo que la situación le infunda pánico, y probablemente no volverá a gruñir o ladrar, al menos a la persona que le ha intimidado. Pero eso no suele implicar que no llegue a morder en el futuro, en ese contexto o en otros.

5- Repetir y repetir

Repite la situación en la que hayas  planificado un “yo gano/tú ganas” hasta que convenzas a tu amigo de que has cambiado de intenciones y que el contexto ya no es una amenaza.

Sabrás que lo has conseguido cuando en lugar de agachar la cabeza, erizar el pelo, bajar el rabo o llevarlo alto y rígido, con la mirada fija y el lomo arqueado, sonría, mueva el rabo, tenga el cuerpo relajado, y puede incluso que abandone el recurso para aproximarse a ti (¡éxito total!).

6- Empieza de cero con otra persona

Cambia el sujeto que realiza la confrontación.

En lugar de hacerlo tú, le toca a tu pareja, a tu madre, a tu hijo….. a otros miembros de la familia.

Que repitan la secuencia del mismo modo durante días (o semanas), siempre la misma persona, hasta que el perro se muestre relajado e interesado.

Entonces volver a cambiar la persona. Así hasta que toda la familia, amigos y visitas puedan aproximarse en ese contexto y tu perro se muestre relajado.

No bufes, que esto tampoco será eterno.

Cada nueva repetición y cada nueva persona tardará mucho menos que al principio en lograr el éxito.

Solo las primeras sesiones son lentas porque ya hay antecedentes negativos. Después todo va sobre ruedas.

7- Da un paso atrás

Si durante el desarrollo de una sesión, estando tu perro ya relajado, notas que al aproximarse una persona el animal detiene la acción (comer, roer, jugar) y fija la mirada de reojo en dicha persona, hay que dar un paso atrás.

Y empezar desde un poco más lejos, porque estás yendo demasiado deprisa y no se siente cómodo ni seguro.

8- Haz lo mismo con los demás conflictos

Cuando la situación esté bajo control, táchala de la lista y pasa a la siguiente.

Repite desde el punto dos contigo. Y luego con el resto de la familia. El proceso irá más rápido con cada situación nueva, tu perro asimila que algo está cambiando y es a mejor, y generalizará.

Ejemplos modelo

– Gruñe en el sofá

¿Es necesario echarle?.

Si lo es, en lugar de manipularle físicamente o gritarle, llámale suavemente desde cierta distancia y prémiale por acudir a tu lado. Ya se ha bajado del sofá sin gruñir.

O ponte al otro lado del sofá y lanza unas golosinas hacia el suelo y que lo vea (bajará a por ellas).

Ocupa en ese mismo momento el espacio que ha dejado libre, o cúbrelo con objetos que lo hagan incómodo (como sillas tumbadas). Así evitas que suba de nuevo sin tener que vigilarle ni hacerle bajar cada cinco minutos.

Asegúrate de que dispone de al menos una cama bien cómoda donde descansar (aunque luego no la use). Si quiere estar junto a la familia, esa cama puede colocarse junto al sofá.

– Gruñe con su comedero

¿Puede estar solo mientras come?.

Si no es posible, busca al menos una zona tranquila sin gente pasando ni ruidos intensos donde pueda comer con calma y sin prisas.

O bien deshazte del comedero y usa juguetes dispensadores, o esparce la comida por una superficie amplia de suelo y que recoja las bolas de una en una.

Si prefieres conservar el cuenco, tendrás que entrenar la aceptación de movimiento cerca de su comedero.

– Gruñe con sus juguetes

Puede jugar solo.

O se puede jugar con él presentando los juguetes por duplicado. Cuando tiene uno se le ofrece otro igual y se le incita a cogerlo. Cuando lo hace, se puede recuperar el otro y repetir la secuencia.

Así logra jugar con las personas sin situaciones forzadas. Si no desea jugar y compartir, sencillamente no aceptará el segundo juguete. Pues vuelves al punto uno (que juegue solo).

Pero si deseas poder retirarle un objeto de la boca sin más, estos son los pasos:

Prepara una taza con trocitos de comida apetecible. Y ten a mano el juguete que protege.

Dale el juguete. Cuando lo tome, ofrece un trocito de comida acercando la mano a su nariz, si lo permite.

Si no lo permite (gruñe, se eriza, enseña los dientes), simplemente lanza el trocito de comida cerca de él, que lo vea caer.

Cuando se levante a buscarlo, recupera tú el juguete.

Le felicitas y le das el juguete de nuevo.

Repite la secuencia: ofreces golosina, que la tome, recoges el juguete, se lo devuelves. Diez o quince veces por sesión. Las sesiones deben ser cortas.

Repite al día siguiente, y al siguiente. Y los días que sea necesario.

Has triunfado cuando se vea relajado con estas maniobras, e incluso se ponga a buscar o tome lo que le das sin preocuparse demasiado por el juguete.

Termina las sesiones dejándole el juguete todo el tiempo que quiera.

Empieza todo el proceso con otro juguete. Y luego con otro. Hasta que le parezca bien ceder todos sus juguetes.

De nuevo como con las personas, las sesiones con juguetes serán más rápidas conforme tu perro ha entendido la mecánica, ha comprobado que sale ganando, y que tú ya no eres una amenaza.

Ah, y juega con él y con los juguetes siempre que puedas: jugar juntos es más divertido que proteger juguetes.


¿Qué te parece, has tenido problemas similares con tu perro?, ¿qué has hecho para solucionarlo?.

 

Qué puedes hacer si tu perro tiene ansiedad por separación….. antes de tratar la ansiedad por separación

Cómo superar la ansiedad por separación

Ay, la ansiedad por separación. Ese problema que tienen muchos dueños y que sufren muchos perros.

Quedarse solo en casa se convierte en una pesadilla para todos, y ante la frustración de dueños y vecinos y el padecimiento del perro, todo son emociones desbocadas.

En este artículo te explicaré algunas medidas importantes que debes tomar ANTES de aplicar un protocolo de corrección específico para este problema.

Y es que la APS es una alteración tan común que puedes encontrar fácilmente en Internet medidas estándar para aplicar a tu situación e intentar solucionar el problema.

Pero a menudo el hacer solo esto suele fracasar.

Y los dueños no comprenden la razón.

“He hecho lo que me decían, le dejo las luces y la tele puesta, me pongo los zapatos en la calle, y no le digo nada ni cuando me voy ni cuando llego a casa, se ponga como se ponga. Pero no mejora”.

Y la razón es que al hacer esto (y solo esto) estás tratando de simplificar un problema que no es nada sencillo.

Comprender qué pasa, porqué pasa, y qué efectos tienen sobre tu perro las medidas que se pueden adoptar son los primeros pasos a dar para conseguir el éxito en este duro trabajo.

Así que en este post te explico muy brevemente contra qué lucháis (tu perro y tú), y qué medidas debes adoptar antes de plantear siquiera un protocolo estándar.

Que por otra parte deberás adaptar a tus circunstancias y las de tu perro, y comprender bien porqué se hace así y no de otra manera.

Si quieres que el protocolo funcione y si no quieres tirar la toalla ante un planteamiento que te obligará a hacer muchos cambios incómodos durante semanas o meses, debes tenerlo todo claro antes de empezar.

Sin una buena motivación y un objetivo claro, junto con un entendimiento profundo de porqué se hace así y para qué se hace así, seguramente abandones al poco de empezar o en cuanto mejore.

Y entonces tu perro volverá a empeorar.

Y lo que es peor, te llenarás de rencor hacia él porque no logras entender porqué se pone así por algo tan tonto como quedarse solo en casa un rato.

Vamos al grano.

¿Qué es la Ansiedad por Separación?

Lo primero es entender qué es realmente la APS:

Que un perro ladre cuando te vas no es necesariamente APS.

Que cuando llegues a casa te encuentres un par de objetos hechos pedazos no es forzosamente APS.

Y si hay un pis por aquí y otro por allá, puede que no sea APS.

Así que antes de trabajar en balde, graba un vídeo con lo que ocurre cuando te vas a la calle y confirma que ese es el problema que tiene tu perro, y no otro.

Luego debes entender lo que significa realmente la APS.

Simplificando al máximo, quiere decir “miedo a quedarse solo, aislado”.

Ese miedo puede ir desde cierta incomodidad y nerviosismo, que se manifestaría como deambulación por la casa, algo de babeo, algún que otro ladrido, algún rascado en la puerta o ventana, hasta ataques de pánico descontrolado.

En un ataque de pánico el pobre animal ladra hasta la afonía, pierde el control de los esfínteres, rasca hasta que le sangran las uñas, y seguramente destroce el mobiliario de un modo que ni en tus peores pesadillas creíste que pudiera destrozar.

Hay razas que tienen una mayor representación: están genéticamente predispuestas a este problema.

Y hay otros factores que parecen facilitar su aparición, como la separación temprana de la madre y hermanos (sobre el mes de vida), el abandono (y posterior adopción), o el tipo de manejo cotidiano por parte del propietario.

Tener todo esto en cuenta es importante, ya que juega en tu contra. La genética, las experiencias previas, o el destete precoz son cuestiones que marcan y no podrás cambiar.

Eso no quiere decir que el problema no tenga solución.

Solo lo remarco para que tengas presente que cuantas más cosas puedas cambiar, más sencillo será recuperar a tu perro.

Y si tu amigo tiene muchos antecedentes no modificables, pues tendrás que armarte de paciencia y ser consciente de que te costará más.

También empeora el pronóstico el tiempo que lleve instaurado el problema.

Hay perros que han vivido en chalets y padecen APS desde hace años, pero no era molesto.

Hasta que los dueños se mudan a un piso, y los vecinos se quejan. Los dueños ni sabían que había un problema, y éste lleva mucho tiempo arraigado.

El estado de agitación y miedo demostrado también es importante.

No es igual corregir una APS de un perro que deambula, ladra un poco y rasca otro poco, que la de un perro con verdaderos ataques de pánico.

Valora todo esto antes de ponerte manos a la obra, para tener una idea realista de a qué te enfrentas.

Y ahora, a ayudar a tu amigo.

Primer paso: disminuye el miedo en la vida de tu perro

A grandes rasgos, lo primero en lo que te tienes que centrar es en reducir el miedo en la vida de tu perro.

Aun no he conocido ningún perro con APS que no fuera además “un perro miedoso”.

Que no presentara otros miedos claros a los que el propietario no ha dado importancia; que si a los cohetes y tormentas, que si a otros perros, que si al camión de la basura, que si a los hombres, que si a los extraños, o a los niños… o a todo a la vez.

Así que si mejoramos su gestión de miedos (en plural) en su día a día, avanzamos en la buena dirección a la hora de pedirle que gestione mejor ese otro miedo, el miedo a quedarse solo. Que es uno más de tantos que tiene.

Por lo tanto, tienes que empezar a trabajar en todas las facetas que se te ocurran y que estén a tu alcance.

Que suelen ser más de las que crees. Para ello tienes que tomarte un tiempo para observar situaciones cotidianas y valorar cómo se siente tu perro al enfrentarse a ellas.

Eso nos incluye a nosotros y nuestros manejos. Sé que a mucha gente le escuece ver que su mejor amigo le dice que le está asustando, pero es frecuente que nuestros perros nos tengan miedo.

Y eso no puede ser.

Un ejemplo. Hace un par de meses he adoptado una galguita (la rescataron de la perrera municipal de Valladolid por sacrificio inminente).

Una de las cosas que le asustan es que te muevas hacia ella rápidamente. Los movimientos bruscos en general. Le ocurre a muchos perros.

Así que si por lo que sea me aproximo a ella rápido, la acojono. ¿Duele?, pues sí.

Pero ella no me dice “largo, no te quiero que me das miedo”, solo me dice “eso que acabas de hacer me asusta”. Dando pie a un “¿podrías hacerlo de otra manera?”.

Sí, si que puedo. Puedo moverme despacio a tu alrededor. Pues perfecto, ¡prueba superada!.

Con esto quiero decir que te fijes al detalle cómo se siente tu perro en cada instante. Podrás saberlo por su expresión corporal.

Si no sabes nada de comunicación corporal canina, más allá de “si mueve el rabo está contento y si gruñe está enfadado”, tendrás que empezar un escalón más abajo y aprender sobre el tema.

Y es que convives con otra especie. Debes esforzarte por entender lo que dice cuando se comunica, o la convivencia será imposible.

Por cierto, no es verdad, el perro que mueve el rabo puede estar muy enfadado, y el que gruñe puede estar jugando, 😉

Luego, mejora o modifica o haz desaparecer de la vida de tu perro todo lo que puedas para reducir sus miedos, incluso si es miedo hacia ti.

O especialmente si es miedo hacia ti.

Este primer paso es imprescindible.

Segundo paso: aumenta la independencia

El segundo paso es aumentar la independencia, la autoestima y la seguridad en sí mismo.

Muchos perros urbanos no van muy sobrados de nada de esto.

Y es que los dueños tendemos a bloquear todo lo que nos molesta o no nos gusta o no consideramos socialmente apropiado por un lado.

Lo cual limita la independencia e iniciativa y reduce la seguridad en sí mismo del perro.

Y por otro tendemos al “pobrecito, no puede hacer esto, ya se lo hago yo”, para cualquier pequeño obstáculo cotidiano, lo cual genera mucha dependencia y baja mucho la autoestima: si te lo tienen que hacer todo, es que eres un inútil que necesita a terceros para que te ayuden y te resuelvan la vida.

Así que de nuevo tienes que hacer autocrítica y valorar cómo reforzar estos puntos. Hay muchos modos y son pequeños detalles cotidianos que hacen mucho por el perro.

Una anécdota. Tengo una galga que adopté hace unos 8 años, recogida en un pueblo de Huelva cuando tenía sobre 2 años. Venía con indefensión aprendida: autoestima cero, iniciativa cero, dependencia emocional 100.

De hecho la casa de acogida presumía (sin darse cuenta del error) de que “me sigue por la casa a todas partes”. Eso es un indicador de ansiedad por separación. Tomé buena nota.

Me llevó mi tiempo y trabajo desbloquearla para que fuese más autónoma e independiente. Ahora tiene iniciativas, no muchas, pero tiene. ¡A veces hasta tiene ideas!, 🙂

A menudo sus iniciativas no me gustan una mierda. Pero me tengo que morder la lengua, pues la perra no podría entender que incentive el tener autonomía, pero luego ponga un filtro y solo permita las iniciativas que me gustan a mí.

Así que he desarrollado una gran práctica en el maravilloso arte de “mirar para otro lado”. Y la dejo hacer. Aunque no me guste lo que haya decidido hacer. Nunca me ha dado un problema por quedarse sola.

Te toca hacer lo mismo. Si lo que tu perro ha decidido hacer no es realmente peligroso para su integridad física o la de terceros, déjale hacer. Aunque no te guste lo que hace.

Y si ya no hace nada por sí mismo, tendrás que animarle a que pruebe cosas y que vea las consecuencias (idealmente positivas).

Tercer paso: destierra el castigo y el regaño como sistema educativo

El tercer paso debería estar incluido en el primero, pero por su importancia lo recalco por separado: hay que dejar de castigar y regañar como medio de educar o de dirigir la conducta del perro.

El castigo funciona poco y mal y a menudo no como los humanos esperamos.

Es popular el perro que hace tal cosa solo cuando su dueño no está delante: se le ha regañado por ello; pues espera a que no le vean y asunto resuelto

Además el castigo suele tener efectos colaterales muy serios, y lo que es peor, añade mucho miedo y desconfianza hacia quien regaña en la vida del animal.

Eso genera dependencia emocional, a menudo muy intensa: en perros muy sensibles cuanto más se les regaña más dependientes y apegados se vuelven. ¿Problema?, ya no pueden vivir sin ti. Literalmente.

Y esa dependencia emocional excesiva da pie a la APS.

Si te estás preguntando “¿y entonces cómo corrijo tal o cual cosa en mi perrito?”. Pues existen otras maneras, pero eso da para un libro, jeje.

Cuarto paso: aplica el protocolo de APS

Y el cuarto paso, ahora ya sí, es aplicar el protocolo estándar de corrección de la APS, que es un rollo y es aburrido y te complica mucho la vida.

Pero ya lo haces sobre unos buenos pilares emocionales, lo que aumenta notablemente la probabilidad de éxito y acorta los plazos.

Si aplicas lo de salidas falsas y lo de no hacerle caso 15 minutos antes de irte o al llegar a casa y te quedas ahí, me atrevo a decir que el fracaso está garantizado.


¿Cuál es tu experiencia?, ¿qué tal lleva tu amigo el quedarse solo?, cuéntame en los comentarios.

Inhibiendo conductas

Preguntas

“¿Qué tengo que hacer para que mi perro no salte sobre la gente?.”

“¿Cómo hago para que mi perro deje de ladrar a otros perros?.”

“¿Cómo consigo que mi perro no tire de la correa?

“Ya no sé qué más hacer para que mi perro no  haga pis en casa.”

“¿Hay alguna manera de conseguir que mi perro no persiga a los corredores y las bicicletas?.”

“¿Qué hago para que deje de gruñir cuando….?.”

Podría seguir y seguir. Estas son consultas frecuentes de muchos dueños de perros, desesperados por conductas molestas  o incómodas de sus amigos, y que no saben cómo resolver.

Si te fijas bien, todas tienen un denominador común: el “no”.

En todas se plantea la inhibición de una conducta que nos desagrada o no es socialmente apropiada. Y en ese mismo punto es donde está la respuesta a todas ellas: lo que tienes que hacer es replantear la pregunta.

Respuestas

Cuando le preguntas a otros qué debes hacer para que un perro no haga X, lo que estás pidiendo es que te indiquen cómo bloquear un determinado comportamiento.

Y hay dos fallos importantes en ese modo de ver la situación.

El primero, que no te has planteado la razón por la que tu perro manifiesta una conducta.

Los perros, como cualquier ser vivo, siguen la ley del mínimo esfuerzo.

Si despliegan un nivel de actividad importante realizando una conducta es porque tienen una buena razón para ello.

En general, o hay una motivación subyacente (lo hacen para lograr un objetivo que realmente les importa) o expresan una emoción muy intensa.

Estas razones no son excluyentes.

Por ejemplo, un perro que gruñe a los niños puede estar expresando un miedo intenso a su presencia, y al tiempo intenta lograr que se alejen de él y le den espacio (motivación).

El segundo, que no estás ofreciendo alternativas.

Cuando un perro está despierto, está realizando conductas constantemente.

A veces corre detrás de algo, juega con sus amigos o persigue una pelota.

A veces simplemente está tumbado, mirando al horizonte y venteando el aire.

Todo eso son conductas. Pero no puede permanecer sin hacer nada.

Si queremos inhibir una determinada conducta, debemos ofrecer una alternativa válida (para ambos: “siéntate y no te muevas” puede no ser una alternativa aceptable para un perro que salta porque está nervioso).

Si solo bloqueas, el perro elegirá por su cuenta la conducta alternativa. Y quizá sea peor que la que acaba de abandonar.

Un ejemplo triste pero habitual es el perro al que se corrige por gruñir. Cuando deja de gruñir puede pasar a morder. Sigue expresando su miedo y sigue intentando lograr que se alejen de él, pero ahora además hace daño a terceros.

Una conducta válida en un contexto así podría ser darle una salida física, es decir, animar al perro a que se aleje de la situación y cubrirle las espaldas mientras lo hace.

Su situación emocional baja de intensidad, y de nuevo consigue su objetivo: alejarse de lo que percibe como una amenaza.

Que permanezca callado y quieto mientras a su alrededor ocurren cosas amenazantes no es para él una opción válida.

Volviendo al punto inicial. Después de lo dicho, puedes replantear la pregunta poniéndola en positivo. La negación bloquea. La formulación en positivo te da un punto de comienzo para la acción.

“¿Qué tengo que hacer para que mi perro mantenga las cuatro patas sobre el suelo cuando hay gente cerca?.”

“¿Cómo hago para que mi perro se mantenga tranquilo cuando ve a otros perros?.”

“¿Cómo consigo que mi perro camine con la correa suelta?.”

“Ya no sé qué más hacer para que mi perro haga pis en la calle.”

“¿Hay alguna manera de conseguir que mi perro ignore a los corredores y las bicicletas?.”

“¿Qué hago para que esté tranquilo cuando….?”

Soluciones

Ahora puede ser más sencillo pensar en qué conductas te parecen adecuadas como alternativa a las que no te gustan.

Y puedes dirigir tus esfuerzos e ideas a promover la realización de esas conductas en el entorno en el que se manifiesta la que tratas de modificar, en lugar de a bloquear lo que te molesta.

Algunos ejemplos: ¿qué tal si adiestras una conducta incompatible con la que no te gusta, y se la pides cuando corresponda?. Tu perro no puede saltar sobre la gente si está sentado. Tampoco puede perseguir corredores. Y en algunos casos puede bastar para que mantenga la calma frente a otros perros.

Otra opción: reducir (idealmente eliminar) la oportunidad. Es decir, no darle la opción de hacerlo mal.

Puedes alejarte de otros perros antes de que se altere.

Puedes sacarle con mucha frecuencia a la calle para que lo haga casi todo fuera.

Puedes echar unos trocitos de comida por el suelo cuando haya visitas para que no salte sobre ellas.

Puedes evitar las situaciones en las que sabes que gruñe.

Puedes mantener cierta distancia con corredores y bicicletas.

“Ya, pero es que con esas ideas mi perro seguirá haciendo lo que no quiero en cuanto me descuide. Si no le doy la orden a tiempo o no estoy atento para poner distancia, volverá a las andadas”.

Es cierto.

Y ahí es donde radica todo el quid de la cuestión: las conductas de un ser vivo cuando se relaciona con su entorno son algo complejo.

Presentan un gran número de influencias internas (salud, hormonas, genética…..) y externas (manejo, dieta, clima), presentes (lo que está pasando) y pasadas (la experiencia acumulada por el perro).

Al tratar de reducirlas a un par de contextos que nos preocupan especialmente, olvidando todo lo demás, nos damos cuenta de que no es tan sencillo como decir “haz esto y tu perro dejará de hacer esto otro”, porque muchas conductas están conectadas con otras cosas, a veces que ni sospechábamos que tuviesen influencia.

Puedes buscar una solución sencilla, un parche rápido y fácil de usar para los problemas.

Hay mucha gente que con eso se da por satisfecha. A menudo es lo que necesitas: modificar una conducta concreta para que deje de incomodarte.

Pero si en lugar de lo que necesitas te enfocas en lo que quieres (que tu perro no realice determinadas acciones, y que siga sin hacerlo en ausencia de órdenes o de vigilancia por tu parte), entonces estamos hablando de palabras mayores.

Puedes hacerlo.

Puedes lograr grandes cosas, estar satisfecho y orgulloso de la conducta de tu perro.

Pero necesitas implicarte, aprender, comprender, comunicarte con tu perro, establecer objetivos pequeños, trabajar día  a día, momento a momento, comprometerte con el cambio, que además debe empezar por ti.

Tener un plan de acciones a desarrollar y seguirlo, sin excusas.

Y sobre todo, desarrollar una visión global de la vida de tu perro y de las interacciones de las conductas visibles e inmediatas con todo lo demás.

Así que al final, tú eliges. Un “truco” que te permita cambiar sin esfuerzo algo que hace tu perro (pero que no hará que tu perro cambie), o una revisión exhaustiva de todo lo que se puede mejorar o modificar en vuestra relación (empezando por ti mismo) para conseguir que tu perro y tú cambiéis.

 

Cómo separar una pelea de perros: tres casos prácticos (reales)

¿Qué puedo hacer si mi perro se pelea con otro?

Cuando dos perros se pelean provocan una de las situaciones más estresantes que puede sufrir su dueño, tanto si su perro inicia el problema como si es el blanco del ataque.

Lo ideal, como en todo, es anticiparse siempre que resulte posible

Pero a veces, aun siendo observadores, aun siendo cuidadosos, aparece un perro de la nada, la finca que siempre estaba cerrada hoy está abierta, la cadena que sujeta a ese perro medio rabioso hoy se rompe…..

Nos puede pasar a todos, cualquier día.

Así que te propongo un ejercicio.

Lo primero, visualiza la situación: si en un paseos te ocurriese algo así, ¿qué harías?.

Y piensa en ello varias veces. Si sucede, te bloquearías. Quedarse quieto, gritar, dar patadas o tratar de sujetar un collar suele empeorar las cosas y aumenta la probabilidad de que te lleves tú un mordisco.

En cambio, si ya has visto la situación en tu cabeza unas cuantas veces, si has pensado en las posibles opciones, tal vez seas capaz de actuar con algo más de frialdad, seguridad y conocimiento.

Aquí te expongo tres situaciones que he vivido, y en cada una de ellas la resolución ha sido diferente.

Piensa en las tres y tenlas presentes en tu cabeza. Si algún día te ves en una situación similar, quizá te ayude a minimizar daños y a recuperar el control protegiendo a tu perro.

La primera medida que debes tomar, siempre, tras valorar los riesgos, es soltar a tu perro.

Si estás junto a una carretera, el riesgo de una herida por mordisco es más asumible que el de un atropello, así que no sería una buena idea.

Pero si estás en una zona razonablemente segura, dale movilidad a tu perro.

A menudo, él solo consigue controlar la situación usando lenguaje corporal y deteniendo al otro perro. Si está atado, no dispone de movilidad y esta opción desaparece. En serio, funciona más veces de las que puedas imaginar.

Por no mencionar que tenemos una gran tendencia a recoger toda la correa y sujetar a nuestro propio perro lo más corto posible, mientras que el otro está suelto: eso solo sirve para impedir la comunicación que podría salvar el momento, y para exponer a nuestro perro al mayor daño posible.

Si es arriesgado soltarlo, entonces opta por ceder toda la correa que puedas, dale la posibilidad de moverse. Quizá logre detener una potencial pelea sin tu ayuda.

Si eso no sirve y el otro perro sigue avanzando con pinta de buscar problemas, el siguiente paso es hacer de escudo físico: colócate delante de tu perro y córtale el paso al otro animal.

Pivota sobre tus pies de un lado a otro para impedirle que te rodee. Echa el peso corporal hacia delante para invadirle el espacio y hacerle mantener las distancias.

La mayoría de los perros que te puedas encontrar en estas situaciones encajan en dos perfiles: agreden a otros perros pero son sociables con las personas (se detendrán frente a ti). Agreden a otros perros pero las personas le dan mucho miedo (mantendrán la distancia contigo e incluso la aumentarán). Por lo tanto con esta maniobra impedirás mayores problemas.

Lo que viene a continuación es válido si tu perro tiene cierto tamaño. Para perros muy pequeños, cuyos dueños actúan de modo reflejo levantándolos en brazos, añadiré un matiz al final del post encaminado a protegerte a ti mismo, ya que si lo elevas hasta la altura de tu pecho, la posibilidad de que el otro perro logre morderle es bastante baja, a menos que te derribe.

Todo lo que voy a contar a continuación puede sonar un tanto dramático por escrito, pero estas situaciones se dan, sobre todo en zonas rurales (donde ni siquiera hay un dueño que responda por el otro animal), y es mejor estar preparados que ignorarlas y luego lamentarse cuando ocurren y nuestra actuación empeora el resultado.

Vamos allá:

Caso número 1: pedir ayuda

Yo paseo  normalmente dos perros de 25 kilos, a veces tres. Recorro muchas zonas diferentes, en su mayoría rurales. En estos entornos, los perros tienen una socialización nula, una alta territorialidad, una escasa sujeción, y suelen ser de gran envergadura.

En una ocasión paseando a mi husky que por aquel entonces tenía ocho meses, crucé por delante de una finca donde mantienen varios bull mastiff (molosos de unos 60 kilos de peso).

Normalmente están atados con largas cadenas, pero por alguna razón, ese día un macho estaba suelto.

La valla que rodea la finca no retendría ni a una oveja, menos aun a un  perro de esas características. Así que se coló entre las tablas del vallado y se lanzó a la calzada a por mi perro.

El primer reflejo de mi perro fue salir corriendo. En su caso, opción equivocada. Por razones que no vienen al caso, no es muy ágil ni rápido, por lo que el otro animal le alcanzaría casi con total seguridad.

Así que retraje la correa hacia mí, y me coloqué delante.

Una vez que el perro intentó sobrepasarme y notó que yo se lo impedía activamente (pasando el peso de un pie a otro y cortándole el paso), realizó contacto visual conmigo.

En esos momentos lo indicado es empezar a emitir, de modo lento y pausado, señales de calma. En muchos casos se puede empezar a rebajar la tensión con esa medida.

No fue así. Aquel perro llevaba meses viendo al mío olisquear frente a su puerta, y le tenía ganas. Ladraba y daba pequeños saltos hacia mí, manteniéndose a un metro de distancia tras desistir de sobrepasarme.

Entre tanto, durante un rato, noté tras de mí a mi perro forcejeando con la correa. Pero de pronto paró. Mirando de reojo pude ver que se había sentado con expresión ausente, en plan “bueno, parece que te haces cargo, no?”.

Así pude concentrarme de lleno en el otro animal, que no respondía para nada a mis señales.

Normalmente llegados a este punto suelo alejarme lentamente, pero tenía claro que este perro no pensaba dejar que nos moviéramos sin cambiar él de actitud. Peligroso.

Así que tras unos minutos de “callejón sin salida”, y notando que la situación no iba a cambiar, saqué el teléfono con la mano que me quedaba libre y llamé a la guardia civil.

En muy poco tiempo tenía una patrulla delante. El perro era sociable con personas, por lo que pudieron sujetarle sin problemas y llevarlo de nuevo al interior de la finca, mientras buscaban a su propietario.

Pudimos salir entonces de allí sin un arañazo, y yo bastante cargada de adrenalina. Mi perro parece que se lo tomó mejor.

En días posteriores otros vecinos me comentaron sucesos similares y persecuciones por parte del perro a corredores que transitaban por la zona.

Una vez visto el problema, en siguientes ocasiones estuve pendiente. Encontré al perro fuera de su terreno cuatro veces más, pero en todas ellas yo le vi primero, lo que me permitió modificar mi rumbo evitando estrés innecesario.

Una de las veces apareció en la carretera general, y en ese momento su conducta fue totalmente distinta: estando lejos de su territorio, huyó al vernos, y casi le atropella un furgón.


Si te encuentras con un perro que tras proteger tú al tuyo, “forcejear” un poco por el espacio y mandarle señales de calma no cede en su actitud, trata de pedir ayuda. Si hay alguien por la zona, avísale. Si no hay nadie, tendrás que solicitar auxilio de alguna autoridad.

No indiques que un perro suelto podría morder al tuyo, posiblemente no te tomen en serio. Diles que un perro de gran tamaño que crees de raza peligrosa te está cortando el paso y te ladra a corta distancia, y que tienes miedo de moverte y que te muerda (A TI). Con eso basta para que acudan de inmediato (tienen obligación).

Caso número dos: aléjate dando la cara

Paseando con mis perros por una zona rural, el camino discurría junto a un prado donde un rebaño de ovejas pastaba tranquilamente. Vamos por allí a menudo, pero esta vez había un mastín adulto con cara de pocos amigos “guardando” las ovejas. Digo “guardando”, porque fue vernos y pasar por debajo del cercado (para ovejas, no para perros) y salir a por mis perros.

Como no tenía margen de maniobra, y me encontraba entre la decisión de controlar a mis perros y que no pudieran moverse, o soltarlos y que ellos entraran al recinto a cazar ovejas (son capaces de hacerlo mientras torean a un mastín sin ningún problema), opté por mantenerlos sujetos y pegados a mí.

Cuando el perro se aproximó con cierta decisión, me coloqué como escudo. Manteniendole la mirada, inclinando mi peso hacia delante, y pivotando levemente a un lado y a otro para indicarle que por ahí no pasaba.

Este perro era de los que tiene mucho miedo a las personas. En consecuencia, detuvo su avance a varios metros de distancia, donde se quedó ladrándome enérgicamente pero dejó de seguirnos.

A continuación seguí caminando por mi ruta, manteniendo el contacto visual con el mastín: hay que caminar de espaldas para poder hacer esto. Este detalle es muy importante.

He atendido a dos víctimas de este animal por mordiscos en la clínica. Una tercera me comentaron que parece que murió tras el ataque (era un perro muy pequeño).

Me crucé con el dueño poco después, y al verme hacer maniobras extrañas me dijo que estuviese tranquila, que su perro no hacía nada. Y cuando le contesté que cómo podía saber eso si el animal vagabundeaba a su antojo por los caminos y él no estaba allí para vigilarle tuvo que darme la razón.

Pocas semanas después el perro desapareció.


Con este tipo de perros la maniobra más eficaz suele ser el alejarse lentamente tratando de cubrir a tu propio perro, pero caminando de espaldas. Es decir, mantienes el contacto visual y el cuerpo vuelto hacia el otro perro y vas poniendo espacio entre él y vosotros, pero caminando marcha atrás.

Este truco lo he usado en muchas ocasiones con éxito. El perro tenderá a seguirte pero manteniendo las distancias (que acortará bruscamente si le das la espalda), hasta cierto punto. Cuando empieces a salir de su zona segura, simplemente se quedará allí ladrando. Entonces ya puedes seguir con tu paseo con normalidad.

Caso número 3: separa a los perros

En una ocasión iba con una amiga y varios perros por una zona residencial.

En una de las calles (desiertas), un mastín nos localizó y enfiló claramente a por mi husky. Paso enérgico, cabeza algo baja, mirada dura y concentrada en mi perro, rabo tieso, pelos un poco erizados.

No venía a hacer amigos.

Por alguna razón (seguramente porque le ven más vulnerable) los perros que intentan atacarnos en los paseos van siempre a por el perro de mi amiga, pero esta vez el objetivo estaba muy claro.

Mi perro ya estaba suelto. Lanzó algunas señales que no sirvieron. Así que me interpuse físicamente delante de él.

Pivoté a un lado y a otro, pero tras varios intentos, el mastín se negó a establecer contacto visual conmigo, para él era como una farola molestando, por lo que logró sobrepasarme, y se lanzó a por mi perro.

Así que tuve que separarles. Más adelante te detallo la técnica, para que pienses en ella y la memorices. Espero que nunca te haga falta.

Tras sujetar al mastín, mi perro decidió que me unía a la revancha y se lanzó a por el otro perro. Tuve que pedirle a mi amiga que lo sujetara a su vez. Mientras tanto su propio perro jaleaba la pelea ladrando a todo pulmón a una distancia prudencial. Dimos todo un espectáculo, y ni un alma que respondiera por aquel animal.

Así que en estos casos, una vez separados los perros, tendrás que controlar al tuyo. Si no posiblemente se reiniciará la pelea.

El consejo clave: lleva siempre encima un cordel de unos dos metros. Algo fino fácil de guardar. Con ese cordel atado al collar del perro (si no tiene, se puede improvisar un lazo), lo amarré a una señal de tráfico. Y continuamos con nuestro paseo.

Tres cuartos de hora después el pobre animal seguía allí, sentado junto a la señal, esperando. Nos dio lástima, así que nos decidimos a localizar a su dueño, que sería algún vecino de los chalets de la zona. Y así fue.


Cuando dos perros se enzarzan en una pelea, casi siempre hay más ruido que nueces, y las lesiones suelen ser superficiales, a menos que la diferencia de tamaño sea muy grande. El riesgo de daños es menor si además tienen un manto espeso. Si es el caso, dales unos segundos. A veces, tras una ligera refriega, la pelea se detiene sola.

Si no es así, ocúpate siempre del otro perro: tu misión es proteger al tuyo a toda costa.

Nunca intentes sujetarle del collar, las probabilidades de que te lleves un mordisco, de tu animal o del contrario son muy altas. En lugar de eso, focaliza tus esfuerzos en el rabo.

Cuesta un poco porque se suelen mover bastante, pero céntrate en intentar sujetar el rabo por la base (no por el centro o la punta, le harías daño, lo que puede agravar la pelea, y si es un perro muy pesado a lo peor te quedas con un trozo de cola en la mano porque se rompe). Una vez tengas la base del rabo sujeto, tira de él hacia arriba.

Nunca hacia atrás, ya que si tiene a tu perro sujeto, ese arrastre hacia atrás convertirá las lesiones punzantes de los colmillos en cortes de gran envergadura. Hacia arriba.

Con eso lo que logras es que pierda apoyo de las patas traseras (que se separarán del suelo), se desequilibre, y se sorprenda. Casi todos los perros sueltan al otro cuando realizas esta maniobra.

Entonces solo tienes que mantener esa posición (sujeto del rabo y patas traseras elevadas) mientras se calman los ánimos y decides qué hacer después.

Si hay otro dueño, que venga a atar a su perro. Si no lo hay, aun tienes una mano libre para sacar el cordel del que hablaba antes y atar tú mismo al otro perro, para rápidamente sujetar el mencionado cordel a un sitio firme, como un árbol o una farola (por si te intenta arrastrar y retomar la pelea).  Yo peso 50 kilos y puedo sujetar mastines de 60 por el rabo, así que cualquiera puede hacerlo.

Algunos perros intentan volverse para morderte y que les sueltes. Atento entonces. Lo que hay que hacer, si eso ocurre, es elevar todavía más el rabo, hasta que el cuerpo del perro casi esté vertical.

Con esto lo que consigues es que su centro de gravedad baje hacia el pecho, y su cabeza tenga que bajar forzosamente hacia el suelo: si la gira o intenta volverse, se cae de las patas delanteras. Dará prioridad a mantener el equilibrio antes que a seguir intentando volverse. Evitas así que te haga daño.

Si el perro no tiene rabo, aun te quedan las patas traseras. Trata de sujetarle a la altura de las rodillas y lo elevas igualmente. Cuesta un poco más, y tendrás las dos manos ocupadas en lugar de una, pero también funciona.

Si tu perro es muy pequeño, y has optado por tomarle en brazos, realiza la siguiente maniobra: sujétale lo mejor que puedas (con collar te costará y puedes hacerle daño, con arnés será sencillo) y colócalo detrás de ti, a tu espalda, como si le escondieras.

Es decir, haz de escudo como si fuera un perro más grande, pero en lugar de que siga en el suelo, puede quedar en tus manos.

No será fácil, repito, pero puede hacerse. Una vez tu perro esté a tu espalda, puedes dedicar tu atención a bloquear al otro perro como he indicado antes.

Si lo mantienes en brazos a la altura del pecho, el otro perro saltará sobre ti, con lo cual es posible que te derribe, y todos saldréis heridos y posiblemente bastante traumatizados psicológicamente. Si “haces desaparecer” de la vista a tu perro, tienes más posibilidades de controlar al otro y evitar que llegue a atacar, y seguramente deje de saltar.

Si el otro perro ya ha atacado al tuyo, y el tuyo es muy pequeño, es posible que  no le suelte al sujetarle el rabo, ya que le supone muy poco esfuerzo mantener la boca cerrada (a diferencia de cuando muerden a un perro grande, que la boca en realidad permanece abierta aunque presionando).

Espero que no te pase nunca algo así, pero en tal situación, tendrás que pelear por tu amigo.

No he tenido que enfrentarme a esa situación jamás, así que tengo que hablar de oídas. La recomendación es provocar un dolor intenso y agudo al otro perro, para que se queje, y así abra la boca.

Lo más sencillo para ello en esa posición (estás en la parte trasera) es presionar o retorcer los testículos (la mayoría de estos perros suelen ser machos). Si no funcionase, céntrate en los ojos, o al menos en uno, puede ayudar.

Ahí ya corres riesgo de recibir un mordisco, y tendrás que soltar el rabo. La presión intensa sobre los globos oculares produce un gran dolor, y en ciertas ocasiones, puede provocar la pérdida de consciencia,  pero no por el dolor, sino por un reflejo nervioso  que hace bajar de golpe las pulsaciones cardíacas.

Creo que esa es la opción que te queda, confío en que jamás tengas que utilizarla, pero si tu perro pesa cuatro kilos y está dentro de la boca de uno de cuarenta, tendrás que usar cualquier recurso en lugar de quedarte mirando sin saber qué hacer.

 

Obediencia (muy) básica

¿Cómo hago para que mi perro me obedezca?

Cuando alguien habla demasiado, sus palabras suenan sin oírse”  (K. Adenauer)

En este artículo no te explicaré cómo enseñar a un perro a sentarse o  a venir a la llamada.

Por un lado, son ejercicios que vienen bien descritos en muchos sitios.

Por otro, casi todos los dueños aciertan (al principio) a enseñar dos o tres cosas a su perro.

Prefiero centrarme en cómo se logra una buena obediencia a largo plazo, independientemente de lo que se quiera conseguir, ya que es el problema que tienen muchos propietarios a la hora de lograr buenas respuestas por parte de sus perros.

Mi perro no me hace ni caso

Cuando el perro no obedece, se achaca a alguno de los mitos correspondientes, y se deja ahí.

Nadie se atribuye responsabilidad en el problema, ni mueve un dedo por solucionarlo, cuando en realidad es a causa de un mal manejo que el perro no obedece, y está en mano del propietario cambiar las cosas, o mejor aun, hacerlas bien desde el principio.

Primero aclaremos que por obediencia se entiende la respuesta (condicionada por nosotros) del perro a una indicación de una persona.

Dicho de otro modo, el perro debe ejecutar una acción (o dejar de ejecutarla) ante una señal (verbal o no) de su guía.

Este proceso depende de las leyes del aprendizaje y de lo aplicado que sea el propietario, y no tiene nada que ver con la inteligencia del perro, su estatus jerárquico, su raza, o cualquier otra excusa que se emplee para justificar una pobre respuesta a las órdenes.

¿Qué método emplear para adiestrar a tu perro?

Lo primero es asegurarse de que utilizas un método de adiestramiento en positivo (mediante refuerzos agradables para el perro: comida, juguetes, juego, atención social…..).

Si coaccionas a tu perro para educarle, ya tienes el primer paso para cimentar una mala obediencia.

Y en coacción se incluye cualquier dispositivo que haga presión en el cuello, lleve pilas, o implique manipularle físicamente para que adopte una postura concreta.

Después, debes entender que obedecer una orden implica dejar de hacer otras cosas.

Obedecer no es algo natural en el perro.

Oler, hacer pis, jugar con otros perros, perseguir ratones, cavar hoyos o correr en círculos, sí.

Por lo tanto, debes poner escalones muy bajos y fáciles de superar. Animar mucho y premiar los éxitos, ignorando los fracasos (que deberían ser escasos si lo haces bien).

Hay que ser constantes

Si tu perro responde cuatro veces a “sentado” en casa, y luego se lo pides en el parque, posiblemente no lo hará. Si insistes una y otra vez, das el segundo paso para lograr un perro desobediente.

Entender que obedecer una orden es como realizar una disciplina deportiva. Se empieza por algo muy fácil. Se repite. Se repite cien veces.

Se pasa a algo UN POCO más complicado. Se repite y se repite hasta que salga con los ojos cerrados. Se sube UN POCO más el listón. Y se repite cien veces más.

La repetición (muchas veces) de cada paso es imprescindible. Cuanto más se ensaya un ejercicio, mejor sale.

Si al avanzar en subir el listón, algo va mal, no tengas reparos en volver al punto anterior, donde las cosas salían bien, y hacer más repeticiones.

No le eches la culpa al perro. Simplemente, hay que practicar más.

Entonces, ¿qué estoy haciendo ir mal?

Hay ciertas cosas que destrozan un buen comienzo:

Repetir las órdenes (sin obtener reacción por parte del perro) genera dos respuestas posibles: la orden acaba siendo una letanía de la misma palabra “sienta sienta sienta sienta”. Y si no está completa, no funciona.

O simplemente, la orden acaba siendo ruido de fondo, al que no se presta atención. Esto genera perros “sordos” (irrelevancia aprendida).

Elige una palabra como orden, y mantenla. Los perros no entienden las palabras. Tampoco saben sinónimos. Sienta no es sentado, ni siéntate. Tumbado no es quieto. Ven aquí y vamos no suenan igual.

Y desde luego, “toma” no es ninguna orden. No lo uses nunca durante la educación de tu perro.

No mezclar órdenes. Ordenar sentado y tumbado al mismo tiempo no es productivo. Confunde al animal, y por supuesto, repitiendo de modo insistente ambas órdenes se produce de nuevo “sordera”.

En resumen, una buena obediencia sigue estos pasos:

  • Explicarle el ejercicio al perro (mediante refuerzos positivos). Sin distracciones en el entorno.
  • Añadir la palabra (siempre la misma) que servirá de orden.
  • Repetir. Y repetir. Varias docenas de veces (a lo largo de muchos días, no todo el mismo día).
  • Cambiar a un contexto con alguna pequeña distracción. Repetir, repetir y repetir.
  • Alabar y premiar cada acierto.
  • Cambiar a un contexto con varias pequeñas distracciones. Repetir, repetir y repetir.
  • Alabar y premiar los aciertos.
  • Cambiar a un contexto con alguna gran distracción. Repetir, repetir y repetir.
  • Alabar y premiar los aciertos.
  • Repetir en todos los contextos cotidianos del perro. Alabar y premiar.
  • Retirar gradualmente los premios. Comenzar el proceso desde el punto uno con otra nueva orden.

Un cambio de concepto

Para finalizar, un punto muy importante es cambiar el concepto de “orden”, que tiene implícita una cierta obligación y urgencia (y por qué no decirlo, amenaza) por “señal”, que representa una oportunidad para tu perro de hacer algo que te gusta y que le beneficia.

¿Y por qué?, dejando de lado la mecánica del adiestramiento en positivo, en el que la palabra se añade después de que el perro sepa hacer el ejercicio, y por eso se convierte en una señal para realizarlo, el dar órdenes hace que los humanos nos centremos en ser “firmes”, severos en realidad, elevando el tono de voz, poniéndonos serios, fijando la mirada en el perro, y mandando mensajes corporales de amenaza que le dicen “tienes un problema”.

Esto crea una situación paradójica: el perro a menudo quiere obedecer, pero tu modo de pedirlo le indica que hay un conflicto social, al que da prioridad y que debe resolver ANTES de prestar atención a lo que le dices con la voz.

Dar señales de lo que quieres, que suenen más a un “por favor” en lugar de órdenes que suenen a “¡hazlo ya o atente a las consecuencias!” puede suponer una notable mejora en la obediencia de cualquier perro.


¿Qué tal se porta tu perro?, ¿crees que estas indicaciones te ayudan a entender porqué no te hace caso?, puedes dejar tu comentario abajo.