Perros hiperactivos

¿Tu perro es hiperactivo? ¿No para quieto ni un momento? ¿Parece que no se cansa nunca?

Estas cuestiones se escuchan a menudo entre muchos propietarios de perros, y con frecuencia lo consideran un rasgo de personalidad de su perro, por lo que asumen como normales las conductas asociadas y no se plantean cambiarlas.

O sí, pero no saben cómo.

La verdad es que los perros, más que ser muy nerviosos, están muy nerviosos, que no es lo mismo. Visto así, puede resultar más sencillo plantearse el conseguir que sean más tranquilos (o estén más tranquilos).

Para ello hay que valorar qué situaciones o acontecimientos ponen nerviosos a los perros (en general) y fijarse en cuáles de ellos afectan a tu perro, para poder corregirlos.

Si corriges esos factores, los reduces o eliminas de la vida de tu perro, estará mucho menos nervioso, y por lo tanto, más tranquilo.

Es decir, no debes corregir ni actuar sobre tu perro para que sea (esté) más tranquilo, sino sobre su entorno y el  manejo que recibe día a día.

La verdad es que la lista de factores que pueden alterar a un perro es larga, y lógicamente no todos se afectan de igual manera ni todos los factores estarán presentes en la vida de todos los perros,  por lo que hay que ajustarse a tu caso en particular.

Pero existe un factor muy importante, que a menudo se descuida (porque no se le da importancia) y que afecta y mucho a cualquier perro: el sueño.

La importancia de dormir bien

Todos dormimos, y todos necesitamos dormir.

Lo que no tenemos tan claro es que es extremadamente importante dormir, y dormir suficiente y con un sueño de calidad.

Dormir mal o poco un día es irrelevante.

Pero cuando es la norma, los problemas que se presentan son muchos, y afectan directamente al carácter: irritabilidad, falta de concentración, desorientación, cansancio y desinterés, exceso o defecto de apetito, ansiedad, cambios bruscos de humor….

También afecta a la capacidad de aprendizaje y de resolución de problemas: dormir poco o mal nos hace más “tontos”.

Esto nos ocurre a los humanos, y les ocurre a los perros.

Cuando se dice que alguien se muere de sueño, no es solo una frase hecha.

Es real, se puede morir de sueño. O mejor dicho, por falta de sueño.

Y para que veas cómo de importante es el sueño en la vida, te recuerdo la regla del tres: se puede morir por estar tres minutos sin respirar, tres días sin beber, o tres semanas sin comer.

En esa sentencia, el sueño está en los tres días también (aunque se puede aguantar hasta 10/15 días).

Es decir, para el organismo es más importante de cara a la supervivencia dormir que comer.

Y sin embargo, en la sociedad actual, orientada hacia la productividad, el trabajo, el parecer que haces algo a todas horas, dormir está incluso mal visto.

Da la impresión de que es una actividad inútil, por, precisamente, la aparente falta de actividad (física) y la cantidad de horas diarias que nos ocupa.

Cuando hay que sacar tiempo extra para algo, casi siempre se recorta del sueño. Total, para lo que sirve.

Y si le damos tan poca importancia, es difícil ser conscientes de que también es fundamental para otras especies.

Incluido tu perro.

¿Descansa bien tu perro?

El perro es un depredador, y como tal tiene ciclos de sueño muy largos y continuados durante el día, a diferencia de las grandes presas, que suelen tener ciclos de sueño muy cortos y repetitivos en ese mismo plazo.

Un perro promedio puede dormir de modo normal unas 16 horas diarias, a veces más.

Para diagnosticar a un perro como hiperactivo (verdadero), uno de los criterios base es que duerma menos de 8 horas en cada ciclo de 24.

En ese caso hay un problema en su sistema nervioso (está enfermo).

Para todos los demás, sean como sean cuando están despiertos, lo normal son muchas más horas, pero deben cumplirlas, o irónicamente la falta de sueño hará que se comporten como hiperactivos, cuando realmente no lo son: simplemente no descansan bien o el tiempo suficiente.

Hay que tener presente que el sueño, además de para reparar los daños físicos menores producidos por el hecho de estar vivos, y para realizar ciertas actividades fisiológicas, sirve para permitir descansar al cuerpo y al cerebro tras las exposiciones a eventos estresantes del día a día.

Un perro sometido a miedo y/o estrés de modo cotidiano necesita descansar bien para recuperarse al 100 % y poder enfrentarse a los miedos y estrés del día siguiente.

También necesita desconectar del entorno para procesar y almacenar los aprendizajes derivados de esa exposición a situaciones estresantes o causantes de miedo o malestar.

De lo contrario, habrá un agotamiento físico y mental que impedirá plantarle cara al día a día, y que derivará en enfermedades físicas y/o alteraciones de la conducta, incluyendo comportamientos agresivos, destructividad e hiperactividad física.

Además se da una paradoja: un perro sometido a experiencias estresantes se duerme más rápidamente (al revés que las personas) pero su descanso es más superficial (y por lo tanto insuficiente).

Y como dormir mal o poco es una fuente de estrés, entramos en un círculo vicioso: el estrés no le permite descansar bien, pero dormir mal a su vez genera más estrés.

Así que una de las cuestiones que puedes abordar si tu perro es muy nervioso, asustadizo o algo colérico en su día a día, es el asunto del sueño.

Posiblemente si mejoras su calidad de sueño, y te aseguras de que puede dormir las horas que necesite, su humor mejore y su temperamento sea más calmado.

No será milagroso, pero todo suma, y mejorar en este punto no implica esfuerzos importantes ni grandes gastos.

Solo una buena capacidad de observación y realizar pequeños cambios en aquello que no esté permitiendo un buen descanso para tu perro.

¿Qué tienes que valorar?

Lo primero es asegurarte de que tu perro dispone de un buen lugar de descanso.

O mejor aun, de más de uno.

Una cama adecuada en tamaño y materiales para él es un buen primer paso.

Aquí es complicado dar una buena orientación, porque hay diferencias entre razas e individuos, por lo que tendrás que indagar un poco y fijarte mucho.

Que tu perro duerma habitualmente en el suelo no es excusa para descuidar este aspecto.

Mis huskies suelen usar la fría y dura baldosa para dormir. Pero a veces eligen alguna de las camas que hay a su alcance.

Si no las tuviesen, nunca las podrían usar.

Si yo elimino esa opción porque veo que suelen preferir el suelo, nunca podrían decirme que a ratos necesita una cama grande y mullida para descansar.

Ellos deciden en cada momento qué es lo más cómodo para su descanso.

Si echas un vistazo a las camas para perros que hay en el mercado, te perderás con tantas opciones.

Al final solemos guiarnos por estética y por lo que nos parece a nosotros a la hora de comprar uno u otro modelo.

Y si eliges el equivocado, puede que tu perro no lo use simplemente porque no le gusta.

Por ejemplo, si estoy en una cabaña en el bosque igual una cama a ras de suelo, sin patas, no me haría mucha gracia (porque permite que todos los bichos del lugar se paseen por encima de mí mientras duermo). No dormiré bien.

Y aunque en las fotos queda genial, una hamaca entre dos árboles no es lo más cómodo para dormir si tienes una edad.

Así que tendrás que ensayar (y equivocarte un poco) a la hora de acertar con la mejor cama para tu perro.

Algunas ideas

El grosor suele ser importante.

Hay camas de apenas 2 cm de espesor, que es casi como dormir en el suelo.

A los cachorros seguramente no les parezca mal, pero a perros de más edad, o muy delgados o de talla grande (pesados) les supondrá lo mismo que dormir encima de una manta. Incómodo.

La forma de la cama, dependerá de cómo suela acostarse tu perro.

Los hay que duermen predominantemente enrollados, por lo que las camas tipo cuna les resultarán más atractivas.

Y los hay que se estiran e incluso ocupan todo el espacio disponible. Un cojín rectangular será más cómodo para este tipo de perros .

En todo caso, los que se enroscan también pueden estirarse en ciertos momentos, por lo que las cunas de paredes rígidas (plástico, mimbre) no serán adecuadas, mejor una con paredes de espuma.

Las almohadas suelen ser bien recibidas, especialmente en perros mayores, así que puedes optar por una cama que tenga una zona más elevada, o añadir la almohada aparte.

Y que la use si le apetece.

Los perros que se enroscan tienen cierta preferencia por las camas con un centro más bajo que el resto de la cama

Por lo tanto los colchones planos les suelen resultar algo incómodos: tienden a rascar y rascar el centro para intentar hacer un hueco en el que acomodarse.

Si lo logran, destrozan la funda y el relleno.

Y si no, no están cómodos.

Para esos perros es de ayuda elegir cunas mullidas en lugar de colchones firmes. Así podrán darle mejor la forma que  desean sin destrozarla.

A los perros más asustadizos, especialmente de razas pequeñas, pueden resultarles muy atractivas las camas cerradas, es decir, como si fueran pequeñas casetas de gomaespuma. Les hace sentirse más seguros en su “cueva” y descansan mejor.

A algunos perros les gusta dormir a cierta altura con respeto al suelo.

Existe una especie de hamaca (que puede usarse sola  o con un colchón encima) que separa su cuerpo del suelo, como una tumbona de playa.

Hay perros que disfrutan mucho durmiendo en este tipo de camas.

 

Finalmente, por alguna razón, el sofá parece agradar a los perros del mundo entero, 🙂

Si no tienes problema con esto, el acceso a un buen sofá es una opción muy apropiada.

Otro factor importante es la ubicación.

Si colocas la cama en un sitio inadecuado, no importa lo buena que sea, no será eficaz.

Si lo piensas, nuestra cama no está en mitad del comedor normalmente.

La actividad de esa estancia impide un descanso adecuado.

Incluso de noche si otros habitantes de la casa se levantan, nos despertarán.

Tenemos una estancia pensada expresamente para dormir.

No digo que le habilites una habitación a tu perro solo para dormir.

Aunque es factible poner una cama en un dormitorio y si él desea estar solo, tendrá esa opción, siendo conveniente que tenga además otra cama en la estancia de mayor presencia humana de la casa.

Pero si tu perro solo tiene la opción de descansar en una habitación donde el resto de los habitantes de la casa están jugando, gritando, viendo la tele, discutiendo, hablando por teléfono o cualquier otra actividad que implique ruido y movimiento, posiblemente no está durmiendo bien (aunque parezca dormir, se despertará cada poco tiempo debido a los estímulos externos).

Así que colocar camas en más de una habitación de la casa permite que tu perro pueda elegir lo que más le conviene.

Valora también los ruidos repentinos, como calderas, lavadoras o neveras, antes de pensar que la cocina es un lugar adecuado para poner una cama.

Finalmente está el respeto al descanso del otro.

Si vives sola posiblemente no sea un problema.

Pero por si acaso, lo digo: no molestes a tu perro mientras duerme.

Ir a acariciarle porque se ha puesto panza arriba y suelta unos gemiditos adorables es despertarle.

Y quizá sobresaltarle (y hacer que se sienta inseguro en su propia cama).

Graba un vídeo si quieres, pero no le interrumpas a diario para rascarle un ratito mientras está durmiendo.

Espera a que abra los ojos, y aun así, piensa si a tu perro le gustan las caricias indiscriminadas o las considera una invasión de su espacio.

Al fin y al cabo, serás tú quien se acerque a tocarle, no él quien lo ha pedido.

Puede que mientras está relajado no quiera interacciones físicas con nadie. Va por perros.

Pero si en tu casa sois varias personas, hay que transmitir esta norma a todos, y cumplirla.

¿Qué tal te sientes cuando el operador de la compañía de teléfonos de turno te despierta de la siesta para contarte una batallita y venderte algo que no has solicitado?.

Primero te asusta el sonido del teléfono, y luego encima te han despertado para nada.

Así que igual que a los demás no nos gustan que nos interrumpan el sueño para nada, ni que nos salten encima mientras estamos (remoloneando) despiertos en la cama, a tu perro seguramente también le resulte molesto, y los demás humanos de la casa deben respetarlo.

Mención especial a los niños, que seguramente hagan dos cosas:

1-  Interrumpir el sueño del perro constantemente, bien invadiéndole el espacio, bien llamándole a todas horas e incitándole a jugar y lanzándole objetos para que juegue.

2-  No interaccionando directamente con el perro, pero sí armando mucho jaleo, gritando y corriendo por la casa y alrededor del animal mientras éste intenta descansar.

Para resolver satisfactoriamente ambos puntos es conveniente contar con una cama en una habitación aparte donde los niños no entren.

Por un lado deja claro que no deben molestarle mientras duerme. Nada de entrar en ese cuarto a incordiar.

Y por otro, ellos podrán correr y gritar por el resto de la casa y hacer cosas de niños mientras tú puedes cerrar la puerta para que el jaleo no interrumpa el descanso de tu perro.

Con estas indicaciones ya tienes otro aspecto de la vida de tu perro que tal  vez puedas mejorar, sin mucho esfuerzo ni inversiones elevadas.

Y aunque el cambio parezca imperceptible, seguro que notas mejoría.

¿Y tu perro, qué tal duerme? ¿Qué sitios prefiere? ¿Tiene alguna costumbre curiosa a la hora de irse a dormir? cuéntanoslo en los comentarios.

 

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

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¿Cómo regaño a mi perro para que me haga caso?

Ésta es una pregunta que me hacen a menudo.

Y es que muchas personas regañan a su perro por las más variopintas razones, y se dan cuenta de que su perro no les hace ningún caso, pues sigue haciendo aquello que no desean, o lo repite una y otra vez en el futuro.

O peor, les responde con ladridos, gruñidos e incluso mordiscos.

Estas personas quieren saber cómo se debe regañar a un perro para que te haga caso.

O para que no se “rebele”.

Buscan cómo reñir bien a su perro.

Quizá tú te hagas la misma pregunta. Pues confío en que este artículo te deje algunas ideas claras. Vamos allá.

Cuando mis clientes me consultan sobre este aspecto, mi respuesta es tajante: deja de regañar a tu perro.

En cualquier contexto, y para siempre.

Entonces observo dos reacciones, además de la sorpresa:

“¿Y entonces qué hago cuando se porte mal/para educarle?”

“Ya, bueno (mientras piensan en alguna liada bien gorda reciente que ha hecho su querido amigo peludo), pero para algunas cosas habrá que regañarle si quiero que sepa que ha hecho mal”.

Al primer grupo le ofrezco las alternativas eficaces a la regañina, ya que básicamente no se les había ocurrido que hubiese otro modo, o no habían pensado mucho en el asunto.

Simplemente se dejaban llevar o improvisaban sobre la marcha.

El segundo grupo presenta resistencia.

Están convencidos de que regañar es el único modo posible y correcto de educar.

Pueden darle premios a su perro si se porta bien, pero hay que reñirle cuando se porta mal, o nunca sabrá que se está portando mal.

A este grupo, aun dándole las alternativas, que funcionan y que uso a diario en mis propios perros desde hace años con gran éxito, no  lo admiten.

Ciertas conductas son demasiado graves para dejarlas pasar o ignorarlas o mirar para otro lado.

Hay que regañar.

Creen que voy de “happy flower” por la vida con esta actitud, que es imposible no regañar nunca al perro y que es educativamente correcto usar el regaño, independientemente de si lo complementas o no con otras acciones (como ignorar ciertas conductas o premiar otras).

Si estás en este grupo, este artículo es para ti.

No busco convencerte de que te unas a la corriente “paz y amor”, aunque si lo consigo me sentiría genial, J

Solo quiero informarte de las consecuencias de tus acciones, para que medites bien sobre el asunto antes de educar a tu perro de ese modo.

Para que asumas que si le riñes habrá reacciones posteriores, y si te parecen bien y aceptas pagar el precio, continúes regañando. Que no educando.

Pero si no estás dispuesta a asumir esas consecuencias y tampoco a dejar de regañar, entiendas que te has metido en un callejón sin salida.

Porque lo uno va unido a lo otro, y si no suprimes el regaño, no podrás cambiar ciertas conductas que seguramente te molestan o te preocupan en la convivencia con tu perro.

Hilando aun más fino, te voy a contar que es muy probable que parte o la totalidad de esas cosas que te molestan o preocupan son casualmente las consecuencias de educar regañando.

No se puede educar sin regañar

Es un modo de ver la situación.

Pero la historia nos dice otra cosa.

Si consideras que no regañar nunca al perro es vivir en un mundo de unicornios y hadas rosas, bienvenida, J.

Porque en la historia de la humanidad hay gente que adoptó ese modo de ir por la vida por bandera, y no solo son conocidos por todos, sino que tuvieron un gran éxito y todos les tenemos por modelos a seguir.

Aunque no nos salga ni de lejos tan bien, o directamente no lo intentemos porque creamos que no somos capaces.

Tal vez no seamos capaces de imitarles todo el tiempo, todos los días, y con todos los seres humanos.

Pero la mayor parte del tiempo y con aquellos que nos importan, seguramente sí puedas.

Piensa en Ghandi, por ejemplo.

Consiguió educar a una nación entera mediante la paz.

Y no es el único, aunque quizá sí el más conocido.

No digo que vayas de Ghandi por la vida, porque seguramente sea demasiado difícil, y al fin y al cabo no hablamos de liberar una nación del colonialismo, sino de convivir con un perro.

Pero se puede educar a otros sin regañar.

Consecuencias de regañar a tu perro

Y es que cuando regañas a tu perro para educarle y enseñarle lo que está mal, ocurren varias cosas:

1- Los perros no tienen moral, por lo que los conceptos “bien” y “mal” (por otra parte un tanto arbitrarios y cambiantes según contextos, culturas, individuos, etc.) no tienen sentido.

Para él solo existe “lo que me genera algún beneficio” o “lo que me perjudica”.

Cuando regañas, no le explicas lo que está mal, solo le indicas que tú eres algo a evitar porque le perjudicas.

Tú te conviertes en el problema, y no la acción que él está realizando.

2- Cuando regañas, a veces parece funcionar momentáneamente: tu perro deja de hacer lo que estaba haciendo.

Pero o bien retoma la tarea en un rato, o bien la repite en el futuro.

Regañar no está funcionando realmente.

Cuando tu perro  interrumpe un momento la conducta, lo hace porque tu actuación le genera miedo.

Pero no le educa.

Simplemente entiende que o debe ignorarte (si no das mucho miedo), o debe evitar que le veas o plantarte cara (si se siente muy amenazado).

Pero le no enseña nada concreto sobre la conducta problema.

3- Cuando regañas, interrumpes una conducta indeseable.

Pero no estás indicando cuál es la conducta deseable.

Sería como dirigir el tráfico parando a todos los coches.

Les detienes, pero no les dices hacia dónde deben ir.

En consecuencia tu perro no aprende lo que tú deseas que haga, por lo que no le estás educando.

4- Lo que realmente enseña una regañina es a tenerte miedo.

Eso lo aprenden muchos perros.

Más o menos miedo en función de la intensidad y duración de tu regañina, de tu expresión corporal, de su predisposición genética (hay perros mucho más sensibles que otros) y de lo a menudo que uses al día el regaño como modo de dirigir la conducta de tu amigo.

Y lo que sí ocurre dentro de todos los perros cuando les regañas es un conflicto social.

Los perros están diseñados para llevarse bien con los que le rodean.

Así que dedican muchos recursos a reducir o evitar los conflictos sociales.

Y cuando le riñes, provocas un conflicto.

Y ese conflicto produce una reacción involuntaria interna que va como sigue:

Adrenalina: un pico brusco que prepara al organismo por si hay que huir (de ti) o pelear (contigo).

Cortisol: una hormona que prepara al cuerpo para adaptarse a la exigencia del entorno (en este caso tú), y que activa y desactiva un montón de mecanismos fisiológicos, lo que en sí mismo supone un desgaste físico y emocional importante.

Testosterona: da igual si es hembra, la glándula que produce las dos anteriores hormonas también fabrica testosterona. Esta hormona aumenta la irritabilidad y genera también una importante demanda a nivel interno de recursos, lo cual supone más desgaste. También aumenta la competitividad y la tendencia al enfrentamiento.

Todo esto se activa cada vez que le regañas.

Si regañas diez veces al día, pues diez veces que “aprietas” el gatillo.

Después de una semana, serán setenta veces activando este mecanismo (que he simplificado, ya que pasan más cosas aun).

Y una vez se dispara la carga hormonal, ésta no desaparece en minutos.

Y sus efectos y “secuelas”, tampoco.

O sea, que tú te olvidas del problema en un rato (y por eso creerás que no es para tanto), pero el cuerpo de tu perro no.

Pueden durar de horas a días, pasando su particular factura al cuerpo y a la mente de tu amigo.

Así que la consecuencia primera de esta situación es que tu perro ve aumentada su irritabilidad, le falla la concentración, sube su inseguridad, baja su capacidad para obedecer o prestarte atención y tiene sensación de angustia (la adrenalina aumenta la velocidad y fuerza del corazón y la frecuencia respiratoria).

Y hay que darle una salida a toda esta alteración interna.

Pero esa salida no irá contra ti de modo directo, al menos no en la mayoría de los perros.

Ese malestar interno irá dirigido hacia fuera.

Hacia otros perros.

Hacia desconocidos.

Hacia niños.

Hacia coches, bicicletas, monopatines, corredores.

Hacia timbres, ruidos altos, movimientos bruscos, contacto físico no solicitado.

En forma de ladridos y gruñidos, tirones de correa, abalanzamientos, impidiendo el movimiento  de los demás o cortándoles el paso, e incluso agrediendo.

O puede incluso que lo dirija hacia sí mismo: será un mal comedor o comerá todo lo que pueda con ansiedad, se mostrará apático, o con excitación excesiva, se autolesionará a base de lamerse, se perseguirá la cola hasta hacerse daño, caminará en pequeños círculos, cazará moscas imaginarias de modo obsesivo….

Y la medida estrella que la mayoría adopta para corregir todos estas conductas es ….. regañar a su perro para que deje de hacerlo y sepa que está mal.

¿Ves el círculo vicioso que te estoy presentando?

Así que la conclusión es que si consideras imprescindible reñir a tu perro para educarle, el modo de reñirle “correctamente” pasa por ser preciso, constante y rápido.

Si lo haces bien lograrás que tu perro no haga nada, nunca. Pero le habrás roto por dentro.

Si crees necesario regañarle por algunas cosas, aunque por la mayoría te estés esforzando por aplicar las alternativas al regaño, me gustaría que te fijases bien en las consecuencias inherentes al regaño (no existe ningún modo de regañar a un perro sin generar esa cascada de hormonas en el proceso), y que asumas que si consideras imprescindible educar a tu perro así, las conductas que intentas corregir pueden estar agravadas o incluso provocadas por el hecho de regañar.

Aunque también me gustaría que pensaras en la razón por la que estás tan convencida de que es imprescindible regañar a tu perro.

¿Porque a ti te educaron así y no concibes otro modo?

¿Porque la presión social de tu entorno te empuja a hacerlo así  (“eres blanda. Tu perro te domina. Hace lo que le da la gana porque le consientes. Le tienes demasiado mimado”)?

¿Porque tú sufres, sin darte cuenta,  la misma cascada hormonal que tu perro y eso te lleva a estar estresada, irritable, a saltar por cualquier cosa, a frustrarte rápidamente si algo no sale a la primera y sin percatarte estás descargando sobre tu perro ese conflicto interior?

Piensa en ello. De verdad.

Y decidas lo que decidas hacer a partir de ahora, hazlo con todas las consecuencias.

Porque la elección es exclusivamente tuya.

Y la opción de cambiar, también.

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

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¿Qué tengo que (dejar de) hacer para que mi perro me haga caso?

 «Mi perro no me obedece».

» No me hace ni caso».

«¿Qué hago para que me preste atención? «

«¿Qué tengo que hacer para que me obedezca?»

¿Te has planteado alguna vez esta situación?

¿Sientes que tu perro te ignora y que hace caso a cualquiera menos a ti?

Es una duda muy habitual, y le pasa a mucha gente.

Resulta muy frustrante ver cómo tu mejor amigo, que en casa apenas se despega de tu lado, se comporta como si fueras invisible en cuanto vais a la calle.

Y por eso, como deseas lograr que tu perro te atienda, le preguntas a todo el mundo qué puedes hacer para conseguirlo.

O lees y lees en foros (incluso dejas tu pregunta en algunos) para tratar de entender qué hacen otros para conseguir la atención de su perro.

Y haces y haces cosas, sigues todos los consejos,  pero generalmente el resultado no es muy bueno.

Con suerte, si le das premios cuando presta atención, logras que te haga caso, «pero solo si ve le premio«.

Luego en realidad no te hace caso a ti, le hace caso a la comida.

No es eso lo que buscas.

Sin embargo, seguro que no te has planteado la opción contraria.

Haces y haces de todo, y la atención de tu perro no mejora.

¿Y si dejaras de hacer tantas cosas?.

¿Y si pensaras en todo aquello que puedes dejar de hacer porque posiblemente es lo mucho que haces lo que aleja a tu perro de ti?

Partiendo de esa premisa, te cuento qué cosas deberías dejar de hacer para conseguir que tu perro te preste más atención.

En casa

Deja de molestarle mientras duerme.

Déjale descansar.

Los perros duermen mucho. Pero mucho.

Y un descanso interrumpido resulta en un animal nervioso que estará deseando darle salida a todo ese nerviosismo.

Es difícil hacerte caso si siente que debe correr y moverse constantemente porque no ha descansado bien.

No le invadas el espacio mientras duerme para rascarle la barriga.

No permitas que otros, especialmente niños, se acerquen a él mientras duerme.

No le despiertes para hacerle cambiar de sitio y procura dejar para otro rato actividades molestas que puedan despertarle, como pasar la aspiradora.

Deja de excitarle y animarle antes de salir de paseo.

Si «calientas motores» cinco minutos antes de ir a la calle, tu perro ya sale cargado y deseando hacer el ganso nada más pisar la acera.

Elimina las frases con «voz para bebé» y los aspavientos, y simplemente ponle su material de paseo y a pasear.

Deja de gritar

No me refiero a gritarle a tu perro (algo que por descontado deberías dejar de hacer ya mismo si se da el caso), sino a gritar, discutir, pelear….. con el resto de la familia.

Si vives sola, obviamente es poco probable que esto ocurra, salvo quizá alguna vez por teléfono.

Pero en hogares con varias personas, es habitual que haya peleas y discusiones entre los distintos integrantes de la familia.

Y eso afecta a tu perro. Aunque la «fiesta» no vaya con él, los gritos, aspavientos, reproches y movimientos bruscos le intimidan y le resultan amenazadores.

Pensemos en esa imagen del niño pequeño escondido dentro de un armario o bajo la cama para intentar no escuchar a sus padres gritándose mutuamente. No le regañan a él, pero que aquellos a los que ama discutan y se muestren tan tensos le hace sentirse mal.

Y si tu perro se siente mal, alejarse de ti en la calle le supondrá un respiro.

Si no resulta posible mejorar las relaciones entre los humanos de la casa, al menos piensa en tu perro, y facilítale un entorno aislado donde perciba una mínima intensidad de estas situaciones: una habitación lo más alejada posible de la estancia donde se discuta, con un buen mordedor para que esté ocupado y se relaje mordisqueando.

Y unas cuantas puertas cerradas de por medio.

Será una ayuda bien recibida.

Deja de moverte tan deprisa

El modo en que nos movemos habitualmente refleja cómo nos sentimos. No se camina igual cuando vas a trabajar que cuando das un paseo con unos amigos o vas al cine (y no llegas tarde).

Y el modo en que nos movemos para realizar cada pequeña tarea cotidiana también es un reflejo de nuestro estado de ánimo.

Moverse rápidamente y como con sensación de urgencia para cada acción diaria le da al perro una impresión de nerviosismo, de que algo va mal, de que es necesario estar siempre alerta porque pasa algo.

Piensa en las gacelas, cuando una corre las demás no se paran a preguntar porqué corre, simplemente corren todas. Se supone que hay un león cerca.

Si te mueves rápidamente para todo, tu perro llegará a convencerse de que hay una amenaza cerca. Y eso le estresa y preocupa.

Levantarse como si el sofá quemara cuando suena el timbre, abalanzarse sobre el teléfono cuando suena o entra un mensaje, barrer moviendo la escoba como si estuvieses peleando con alguien, fregar platos organizando un escándalo digno de un bombardeo, caminar de una estancia a otra de la casa intentando batir un récord de velocidad….. tu perro se fija en todo esto y cree que es importante.

Y no lo es.

Tampoco se trata de comportarte como si estuvieses dormida, pero seguro que es posible tomarse unos segundos en iniciar cada movimiento, y tardar un par de minutos más en realizar cada actividad, por ejemplo concentrándote en cada paso y cada movimiento en lugar de centrarse en terminar lo antes posible con la acción.

Eso le manda a tu perro un mensaje de calma, de seguridad a tu lado y en casa, y le permite descansar mientras tú realizas tareas o simplemente descansas con él.

Y le hace sentirse más cómodo a tu lado. Justo lo que necesitas para que te preste atención.

 Deja de confiar en que juegue solo.

No le permitas aburrirse.

Además de dormir, hará algunas cosas más, sobre todo si es joven.

Si se aburre, tratará de organizar actividades por su cuenta.

Por un lado, eso suele significar destruir objetos o meterse en líos.

Por otro, eso te deja a ti fuera de la ecuación.

Si eres aburrida en casa, imagina el caso que te hará cuando el resto del universo le atraiga con sus encantos (y por lo tanto, le aleje de ti).

Haz juegos y participa (aunque sea observando), proponle retos, enséñale trucos sencillos para divertiros juntos, motívale a hacer cosas juntos.

Si no logras su interés en casa, difícilmente te prestará atención cuando haya algo más interesante que tú en la calle (que será todo).

Deja de regañar, castigar, corregir o inhibir conductas que te molestan.

Esto genera muchos problemas, es el modo común de educar a los perros, y lo que realmente le enseña es a alejarle de ti.

Hay otro modo de hacer las cosas que impide que quedes como la mala de la película. Y que acerca a tu perro a ti, en casa y en la calle.

En la calle

Deja de recoger la correa.

Es importante usar una correa larga en los paseos, ya que la correa restringe los movimientos naturales de tu perro.

Cuanto mejor pueda moverse aun estando atado, más disfrutará de los paseos y más relajado estará.

Pero atención, la correa larga es para usarla. Enrollarla en una muñeca(o alrededor del cuerpo) y dejarla reducida a medio metro termina actuando en tu contra.

No lleves la correa corta. Dale espacio a tu perro.

Deja de usar ciertas herramientas.

Las herramientas de paseo/control que produzcan miedo o dolor, como estranguladores (incluido el Martingale), collares de pinchos, eléctricos, correderos, cabezadas Halti y cualquier sistema de sujeción con partes móviles solo sirven para que tu perro quiera alejarse de ti.

Y eso no ayuda a la hora de conseguir su atención. Si tu perro tira mucho, es un problema que debe abordarse de otro modo.

Deja de hablarle a todas horas y para todo.

El silencio es un gran aliado para lograr la atención de tu perro.

Cuanto menos hables, más te escuchará.

Y cuanto menos abras la boca, más atención prestará a tu comunicación corporal, que es la que realmente entiende y le dice algo.

Además te servirá para ser consciente de esa comunicación corporal a la que no has prestado atención hasta ahora, 🙂

Prueba a hacer menos «ruido de fondo» y verás como se fija más en ti.

Deja de bloquear todas sus conductas.

Es un acto casi reflejo.

En cuanto tu perro parece que intenta tener una iniciativa, le cortas o interrumpes «por si acaso». Porque le conoces y estás convencida de que la va a liar.

Empieza a confiar un poco en él, y dale margen para tener iniciativas.

Deja que se equivoque y aprenda de sus errores.

Y de paso, empieza a plantearte el ceder en ciertos contextos, ya que a menudo bloqueas conductas naturales que tu perro necesita llevar a cabo.

Y cuando haces eso, solo consigues que se aleje de ti (para poder hacer esas conductas sin interferencias).

Deja de impedir que suelte algún ladrido o gruñido.

Necesita expresar cómo se siente, y a  veces vocalizará para hacerlo.

Si son ladridos ocasionales, simplemente deja que ladre. Es un perro y eso es lo que hacen los perros.

Si está gruñendo, se siente francamente incómodo, déjale hacer si crees que puede gestionarlo sin llegar a más (morder), o sácale amablemente de la situación si piensas que no podrá manejarlo y el gruñido podría ir a más.

Si ladra de modo muy insistente y con frecuencia, entonces hay un problema.

Pero no lo resolverás acallando los ladridos, sino indagando sobre las razones que le llevan a ladrar y trabajando esas razones.

Por lo tanto, deja de intentar que esté siempre en silencio.

Deja de seleccionar a sus amigos.

Eligiendo con quién puede relacionarse y con quién no (a menudo debido a tus miedos e inseguridades personales evitarás cierto tipo de perros) no le permites socializar correctamente y le transmites tus propios miedos.

Puede que a veces se equivoque y se acerque a un perro poco o nada amistoso. No pasa nada, aprenderá de ese encuentro.

O puede que sea él quien lo no hace muy bien, pero no mejorará la gestión de sus relaciones si le impides tenerlas.

A menos que existan antecedentes de agresiones hacia otros perros, deja que se relacione con quien desee (partiendo de la base de que el otro perro también desea relacionarse).

Que no siempre se digan cosas bonitas forma parte de las relaciones cotidianas, no es el fin del mundo.

Deja de plantearle juegos altamente adictivos y excitatorios.

O dicho de otro modo, olvida el juego de «recoge esta pelota lanzada a 150 metros 89 veces seguidas».

Este tipo de actividad solo contribuye a entorpecer su relación con el entorno (al crear una obsesión) y le estresa tanto que luego, lejos de estar cansado, como crees que debería estar, se altera tanto que termina teniendo problemas de hiperactividad, destructividad, reactividad…..

Y se dedicará a ir por la calle haciendo el loco y pasando de ti (a menos que le ofrezcas su «droga» favorita) para poder darle salida a toda esa excitación que tú misma has provocado sin darte cuenta.

Deja de dar tirones de la correa.

Para corregir algo o de modo involuntario (porque caminas sin parar y no te das cuenta de que se ha detenido).

Esto es más fácil lograrlo si la correa es larga (cuando es corta, prácticamente siempre estará tensa).

Y si estás pendiente de tu perro cuando paseas.

Como sistema de corrección, aparte de poco eficaz (seguirá repitiendo las conductas que quieres evitar) genera incomodidad e incluso miedo por tu proximidad.

Una buena excusa para alejarse de ti en cuanto pueda hacerlo.

Deja de pasear como si tuvieras prisa.

Uno de los males de nuestro siglo.

Tenemos siempre prisa. Incluso cuando paseas con tu perro, tienes que ir de A a B en 40 minutos, porque es el tiempo de que dispones.

Y si se para, se distrae o simplemente camina más lento, le contagias tus prisas.

Eso es desagradable y genera mucho estrés en los perros.

Los perros disfrutan el momento. Y el momento es ahora.

Caminan al trote, y algo les llama la atención, pues se paran a mirarlo. Y pueden tomarse dos minutos para observar. Dale esos dos minutos.

Si se detienen a olfatear, a veces tardan un rato. Dale ese rato.

Y lo más importante. El ritual de saludo canino requiere de tiempo y movimientos lentos.

Cada perro del paseo es un potencial amigo y una potencial amenaza. Y para que sea lo primero, hay que ser educados y correctos en las aproximaciones.

Y eso requiere tiempo.

Y movimientos lentos y con cierta amplitud.

Muchos problemas entre perros se resolverían si en lugar de aproximarlos unos a otros de frente y a paso ligero, respetáramos esos tiempos.

El próximo encuentro que tu perro tenga con otro, detén tu particular carrera y observa. Espera a que él avance y decida hacia donde avanzar. Verás qué interesante (aunque solo funciona al 100% si el otro perro tiene libertad de tiempo y movimiento, claro).

No seas tú la que decida cuánto tiempo puede dedicar a cada instante del paseo. No le contagies tu propio estrés.

Y déjate llevar por ese «tempo» relajado

Deja de impedir que huela todo

Los perros son animales muy olfativos. Tienen una gran nariz, y les gusta usarla.

Reconocen el mundo a través de su nariz. Y para eso tienen que poder olerlo todo a su gusto.

Si eres de las que apenas le deja oler nada por prisas, deja de correr.

Y si se lo impides por miedo «a que se coma algo que le siente mal», trata de establecer un equilibrio entre el cuidado y la sobreprotección.

Porque es posible que algo le siente mal. Pero es prácticamente seguro que un perro sobreprotegido tendrá problemas serios de comportamiento.

Deja de decir su nombre a todas horas

Cuando dices su nombre para llamarle, o para echarle la bronca, o para contarle cuánto le quieres, lo «gastas».

Nadie presta atención a una persona que dice tu nombre constantemente para todo. Simplemente se convierte en un ruido de fondo.

Y tú no quieres ser un ruido de fondo, verdad?

Usa su nombre solo para conseguir su atención. Y solo si después va a pasar algo bueno.

O conseguirás que su nombre pase a significar «corre a todo lo que den tus patas lejos de mí».

Deja de usar la «correa invisible»

O de intentarlo.

Muchas personas sueltan a su perro y luego tratan de mantenerlo a su lado a base de llamarlo una y otra vez en cuanto se aleja más de 4 metros.

Porque te preocupa que le pase algo.

Por si come algo que no debe.

Por si cruza la carretera.

Por si molesta.

Porque te pones nerviosa si tu perro tiene alguna iniciativa.

Porque no te fías de él.

Pues es el camino más rápido para lograr justo lo contrario, que se aleje cada vez más.

Aquí no hay medias tintas. Suelta a tu perro en lugares seguros, en sitios donde si no te hace caso no ponga en peligro su vida o la de otros.

Y una vez suelto, a salvo, se supone, de la posibilidad de sufrir graves daños, dale espacio y margen de actuación.

Que pueda ser perro y moverse con cierta libertad.

De hecho, para eso se le suelta. Si necesitas que sea tu sombra, debes trabajar tu dependencia.

 

Y sí, también en la calle, deja de regañar, corregir, bloquear e inhibir conductas.

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

Pide cita para una vídeo-sesión estratégica gratuita conmigo y sabrás cómo te puedo ayudar a mejorar la relación con tu perro.

¿Por qué ladra tanto mi perro?

Que los perros ladran es algo que todos sabemos. Pero no todos ladran igual ni con la misma frecuencia y motivo.

Una queja común de muchas personas es el elevado grado de ladridos de su amigo.

En casa o en la calle, ante estímulos sonoros como el timbre o el ruido del ascensor, o en situaciones cotidianas como la presencia de otros perros, bicicletas, señores con bastón, o lo que se les ocurra.

Si tienes un perro aficionado a ladrar, seguro que has tenido más de una discusión con él (y con algunos humanos) sobre este tema.

Pero, ¿te has preguntado alguna vez por qué tu perro ladra tanto?

Analizando las causas

Conocer las razones que llevan a tu amigo a ser tan ruidoso es el primer paso para encontrar una solución eficaz, amable y respetuosa que reduzca notablemente el nivel de ladridos.

La genética

Lo primero que tienes que saber es que hay razas que están seleccionadas para ladrar.

Algunas son grandes ladradores, como los sabuesos. Así le indican al cazador cuando corren monte a través por dónde se mueven.

Los terrier y algunas razas de pastor son fácilmente excitables, y una manera habitual de demostrar excitación y nerviosismo es vocalizando.

Seguro que has visto  a menudo alguna de estar razas ladrar con facilidad para comunicarse. Quizá incluso sea el caso de tu propio perro, 🙂

Por el contrario, hay razas especialmente silenciosas.

Por si no te habías fijado, el galgo, el husky siberiano, el malamute de alaska y el bóxer suelen ser muy poco ruidosos, y casi nunca ladran.

Aunque en general las razas de gran talla seleccionadas para guardia suelen ser también poco ruidosas.

Así que si compartes tu vida con un peludo que se ha seleccionado expresamente para hacer ruido o que tiende a expresarse ladrando, ya te habrás dado cuenta de que hay un problema, y que en tu caso tendrás que trabajar un poco más para resolverlo.

Las emociones

Otro punto muy  importante que debes conocer sobre el exceso de vocalizaciones de los perros es que el ladrido a menudo es un indicador de emociones desbordantes.

Así, un perro con miedo intenso muy probablemente ladrará de modo igualmente intenso.

Las personas chillamos cuando nos asustamos, no?. Pues los perros ladran, a veces sin parar, 🙂

También puedes ver que un perro muy exaltado ante la expectativa de un buen rato de paseo o juego seguramente usará el ladrido como válvula de escape para su impaciencia.

Las personas, cuando estamos muy emocionadas ante un evento próximo que estamos deseando que ocurra, también nos ponemos nerviosas, y tendemos a hablar y hablar y hablar sin parar.

Piensa en el famoso y universal “¿¿cuándo llegamos??”.

Y los perros con un alto nivel de estrés suelen manifestarlo, entre otros modos, con ladridos exigentes y duros, a veces amenazadores.

Lo mismo que hacemos nosotros cuando estamos muy quemados, piensa en cómo nos podemos llegar a poner en un atasco cuando estamos cansados: insultos, bocinazos, empujones al de delante…..Se parece bastante a ladrar enérgicamente, no crees?

Otra ocasión en la que es habitual que un perro ladre: si colocas a tu amigo en una situación frustrante, a menudo expresará su malestar ladrando intensamente.

Por lo tanto las emociones intensas se dejan notar en muchos perros con ladridos intensos.

Aquí ya tenemos una pieza clave para mejorar este asunto.

El aprendizaje

Otra poderosa razón para el ladrido insistente de muchos perros es «porque funciona».

En estos casos, el ladrido ha sido condicionado, generalmente de modo involuntario, por las personas que conviven con el perro.

Sí, es posible que tu perro ladre tanto porque tú le has enseñado a hacerlo, 🙂

La vocalización persistente se convierte en un modo de atraer la atención y de lograr un objetivo que el animal desea intensamente, como un juguete, unas caricias, comida o acceso a un lugar especial.

Y es que los humanos prestamos mucha atención al sonido, y muy poco a la comunicación no verbal.

En consecuencia, nuestro amigo, que tiene mucho tiempo y una gran capacidad de observación, puede que haya intentado lograr algo que le interesaba mucho mediante conductas silenciosas.

Pero finalmente ha conseguido ese algo ladrando, y ha entendido rápidamente la lección: si quieres algo, pídelo (en voz alta).

Así que de modo muy resumido, tu perro ladra porque está comunicando algo: o bien manifiesta alguna emoción intensa, o bien quiere conseguir un objetivo.

¿Y cómo afecta esto a vuestra relación?, sigue leyendo…..

Y el problema es…..

Como veíamos aquí, los ladridos descontrolados son un problema muy habitual en la convivencia con nuestros perros, y tienen diversas causas y una finalidad comunicativa.

Sin embargo, en nuestra sociedad, ya de por sí muy ruidosa, este tipo de comunicación no es muy apreciada.

Sobre todo si sobrepasa ciertos límites en cuanto a intensidad y frecuencia.

O dicho de otro modo, a nadie le gusta escuchar a un perro ladrar y ladrar como si no hubiera un mañana.

Vamos, que si tu perro pasa más tiempo ladrando que callado, hay un problema que requiere de una intervención por tu parte.

Los ladridos intensos, muy frecuentes o que aparecen a deshoras generan en primer lugar un conflicto serio en la convivencia con otros seres humanos.

Si no tienes la fortuna de vivir en un lugar aislado, y compartes paredes, techo y suelo con otras personas, el ruido generado por tu amigo va a generar roces con tus vecinos.

Especialmente con ese vecino que no soporta a los perros (aunque sean mudos) o que trabaja a turnos y duerme (o lo intenta) cuando tu perro más ladra.

En ocasiones esos roces pueden terminar en forma de denuncia.

A nadie le gusta abrir un día la puerta de casa y encontrarse una pareja de la policía en la puerta diciendo «su vecino le ha denunciado por exceso de ruido».

Aunque sea verdad.

En la calle, un perro que ladra desesperadamente hacia estímulos corrientes como otros perros, niños, bicicletas o gente haciendo footing resulta especialmente estresante, verdad?.

Sobre todo porque suele acompañar los ladridos con tirones de correa intensos y repentinos en dirección al objeto de su «interés», y esto, además de desagradable, puede derivar en tendinitis y lesiones en brazos y hombros.

Por si esto no fuera suficiente, la actitud de ladrador descontrolado en la calle da una imagen de amenaza, aunque luego resulte que es un trozo de pan.

Y si está suelto, es fácil que corra a toda velocidad hacia el objetivo que le provoca, dando la impresión de que quiere hacer algún daño.

Y metiéndote en situaciones cuanto menos incómodas.

Esto, además de generarte un gran estrés en cada paseo, también puede terminar con una denuncia si tu perro hace caer a un ciclista, salta sobre un niño (aunque no le haga ni un arañazo) o provoca el tropiezo de algún corredor.

Y qué decir de la convivencia entre tu perro y tú.

Que tu amigo ladre por cualquier pequeño detalle te altera y te hace saltar con facilidad.

Si además tiene un ladrido especialmente molesto, te enfadas constantemente con tu perro y llegas a gritar y gritar en un intento de que se calle, lo que te hace sentir fatal.

El ruido genera estrés, y lo que hace tu perro es, en cierto modo, ruido.

Tiene sus buenas razones, pero a ti termina por crisparte los nervios.

Eso implica que vas a tomar medidas coercitivas para bloquear esa conducta.

Atacarás las consecuencias en cuanto se presenten, en un intento de educar a tu perro para que mantenga la calma y sea menos ruidoso.

Puede incluso que ya hayas probado alguna de esas medidas, como darle toques o usar collares con mando a distancia.

Si te ha funcionado, que es lo menos habitual, te encontrarás con que la conducta de ladrar se ha compensado con otras conductas peores, como por ejemplo gruñir o morder.

Si no te ha funcionado, o lo ha hecho durante unos segundos para luego iniciarse de nuevo, además de enfadada y nerviosa, estarás muy frustrada por no conseguir solucionar esta situación.

Vuestra relación se va a pique porque tu perro parece incapaz de cerrar la boca y tú no sabes qué hacer ni porqué se comporta así.

¿Qué puedes hacer entonces para salir de este callejón sin salida?

Soluciones útiles

Y lo más importante, amables para todos los implicados.

El primer paso es siempre tratar de recuperar la calma y la perspectiva.

Si estás buscando ayuda para resolver el exceso de ladridos, seguramente estés ya muy cargada con el asunto.

Y eso impide tener una perspectiva clara, lo cual a su vez bloquea la percepción de soluciones que verdaderamente sean prácticas.

Por lo tanto, una vez te paras a pensar, el segundo paso es preguntarte porqué ladra tu amigo.

Una ayuda,  tu perro puede ladrar por muchas razones, pero se pueden esquematizar en dos,

1- Expresa emociones muy intensas

2- Ha aprendido a hacerlo por condicionamiento.

Emociones intensas

Esta primera causa es la más frecuente con diferencia.

Tu perro también se siente estresado, frustrado, asustado, cansado o nervioso, y por distintos motivos lo expresa haciendo ruido.

Mucho ruido.

Gritarle o amenazarle para interrumpir la expresión de esas emociones solo contribuye a empeorarlas.

Piénsalo, ¿te sentirías mejor antes de un examen o de una entrevista de trabajo si un buen amigo te zarandea y te da unos cuantos gritos en la oreja recriminándote el que estés nerviosa?

No. Para nada.

¿Y si cada vez que intentas decir algo, la persona que está a tu lado te suelta un «¡que te calles ya!»?  Y no te deja expresarte pero tampoco te ayuda a mejorar cómo te sientes.

Esto equivale a bloquear los ladridos de tu perro sistemáticamente sin plantearte el porqué ladra.

Otro aspecto importante es que cuando gritas a tu perro para que se calle, en realidad estás ladrando tú también.

Él pierde los papeles, tú no mantienes la calma, y todos termináis haciendo mucho ruido.

Por lo tanto debes plantearte seriamente el realizar primero un gran esfuerzo para mantener la calma tú misma cuando tu perro está desbordado.

Así, además de poder aplicar soluciones prácticas, serás un referente para tu perro: pedirle a alguien que se calme, esté tranquilo y con la boca cerrada cuando tú misma eres incapaz de lograrlo igual es pedir demasiado, no?.

Piensa en ello.

Si te fijas, según todo lo que te he contado hasta ahora, has dedicado toda tu energía a atacar las consecuencias visibles de un problema, los ladridos.

Pero estás dejando totalmente de lado las causas, las emociones mal gestionadas.

Olvidarse de los ladridos en sí, y empezar a pensar cómo se siente tu perro en esos momentos, porqué, y qué puedes hacer tú para que se sienta mejor es una medida que sí te permitirá avanzar hacia una convivencia más silenciosa y menos estresante.

Y de paso, a mejorar el vínculo con tu perro y a hacerle feliz.

Ladrido condicionado

Si tu perro ha aprendido a ladrar porque le funciona, entonces el trabajo no debe enfocarse en hacerle callar, sino en que no logre resultados ladrando.

Estudiar las leyes del aprendizaje y fijarse en cómo están actuando sobre tu perro (y sobre ti), para luego usarlas en sentido contrario, dará frutos en un plazo razonablemente corto.

Y entonces, ¿cómo hago para que mi perro no ladre por todo?

Como ya habrás deducido por lo que he contado hasta ahora, el primer paso ineludible es obtener una respuesta a «¿por qué ladra mi perro?«.

Sin dar ese paso correctamente, tus esfuerzos no estarán bien canalizados, no obtendrás resultados, y la relación seguirá deteriorándose.

Así que lo primero que debes hacer es determinar si estás ante un problema de ladridos condicionados o emocionales.

Lógicamente, todos los perros pueden ladrar por ambas razones en distintos contextos.

Puede que tu amigo ladre ante otros perros por miedo, y cuando quiere que le lances un palo lo haga por condicionamiento.

Tienes que tenerlo muy claro, porque el trabajo que hay que realizar es distinto según la razón.

Si concluyes que los ladridos de tu perro son emocionales, tendrás además que hacer un pequeño esfuerzo más y tratar de comprender qué emoción es la que está manifestando.

Esto en principio se averigua observando.

Puedes sacar datos según el contexto en el que ocurren los ladridos, el modo en que ladra, las posturas corporales que adopta cuando lo hace, y qué tiene delante (o qué ha podido oír o ver) cuando empieza a ladrar.

Aunque para complicar un poco la situación, un perro puede ladrar por miedo, dirigir sus ladridos hacia otros perros, y en realidad no tenerle miedo a esos perros.

Pero hay que empezar por alguna parte.

Una vez determinas las razones por las que ladra tu perro, puedes empezar a aplicar soluciones prácticas, eficaces y respetuosas.

¿No sabes cómo hacerlo?

Entonces tus opciones son contratar a un profesional (recuerda, que trabaje sobre las causas, no que intente eliminar los ladridos sin más), o hacerlo tú mismo.

Si prefieres la segunda opción, este curso puede ayudarte.

Porque la mejor forma de modificar el comportamiento es entendiendo porqué se produce, y tú eres el referente de tu perro, por lo que eres también la persona más indicada para ayudarle a mejorar.

Con este curso aprenderás a identificar qué problemas tiene tu perro cuando ladra y ladra sin parar y porqué, y qué posibles soluciones amables y respetuosas puedes aplicar en cada situación.

Descubrirás además una serie de pautas para prevenir este problema: la anticipación es siempre la solución más eficaz, sencilla y económica.

Y todo con un enfoque holístico e integral que te permitirá mejorar la relación con tu perro en distintos aspectos cotidianos.

Aprende a confiar en tu amigo y consigue que sea un perro feliz y equilibrado capaz de pasear en silencio y estar relajado en casa.

No dejes pasar la oportunidad para resolver el exceso de ladridos de tu perro y mejorar vuestra relación y la convivencia.

 

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Mi perro tira de la correa, ¿qué hago?

Cuando sales a la calle con tu perro, todo son fiestas y alegría.

Le pones su arnés o collar, le colocas la correa, él salta y da vueltas y gimotea, tú vas contenta porque le ves feliz…… y en cuanto pone una pata en la calle, vuelve a las andadas.

Te lleva remolque por la acera como si fueras un carrito.

Tira y tira, a veces hasta se ahoga y tose, pero solo se toma un respiro para volver a recibir aire y luego a la carga de nuevo. Sigue tirando.

Si tu amigo pesa dos kilos, puede parecer hasta mono (dominante, lo clasificarían algunos).

Pero si pasa de los diez, es bastante incómodo.

Y si anda por los treinta kilos, es directamente peligroso.

Además de generar problemas físicos (las repetidas tensiones sobre un hombro terminan produciendo tendinitis en esa zona), esa alegría con la que salías de casa se ha esfumado.

Ahora solo hay estrés y molestias.

Te sientes zarandeada  y ninguneada.

No importa lo que digas o hagas, tu perro se concentra solo en tirar de ti.

Y como esa situación repetida día tras día se vuelve cada vez más frustrante y molesta, terminas por elegir entre dos opciones:

– Los paseos son cada vez más cortos. Como no soportas lo que ocurre en ellos, de modo inconsciente los vas espaciando cada vez más o acortando cada vez más, según si vives en una casa con jardín o en un piso.

– Cortas el problema de raíz, o lo intentas, poniéndole a tu amigo algún popular dispositivo que promete que tu perro dejará de tirar desde el minuto uno, sin esfuerzo ni comprensión ninguna por tu parte. A menudo te han asegurado que ese dispositivo no le hace daño, porque a ti eso te preocupa, no quieres que tu mejor amigo sufra.

Te han dicho lo que querías oír y te han prometido lo que querías conseguir, y por lo tanto lo has hecho.

En el primer supuesto, tu perro empezará a manifestar problemas derivados del aislamiento y el aburrimiento.

Con jardín o sin él, es necesario salir a ver el mundo y relacionarse con otros seres vivos.

Y esos problemas serán tan molestos o más que los creados por la tensión de la correa.

En el segundo supuesto pueden darse dos situaciones:

– Has conseguido tu objetivo, y tu perro ya no tira.

Enhorabuena.

Pero ten muy claro que si has usado un collar de pinchos o corredero o eléctrico o con cuerdas que aprietan y se desplazan cuando el perro tira, y lo has logrado, es porque esos dispositivos le están haciendo daño y  provocando miedo.

Y por eso ha funcionado.

Puede que estés satisfecha, o puede que empieces a notar algunos cambios de conducta (a peor) en tu perro, como que está más irritable (o directamente agrede) a otros perros, o que ladra por todo, o que no quiere salir a la calle, o que cuando le sueltas se aleja de ti todo lo que puede.

Son los efectos colaterales de esas herramientas.

Conseguiste lo que querías, pero había que pagar un precio.

Y si no ha funcionado, que es lo más habitual, entonces estás como antes.

O puede que peor, porque a menos que lo retires, esa herramienta que llevas sigue teniendo efectos colaterales.

Con lo que tu perro, además de tirar, va a añadir comportamientos conflictivos e incluso de agresión a su repertorio.

Sí, ese collar que parece no estar haciendo nada, en realidad sí que hace algo, aunque no lo que te habían prometido.

“¿Y qué hago entonces? Porque así no podemos seguir”.

Totalmente de acuerdo.

Si un perro tira de modo constante durante el paseo, ni él es feliz, ni tú puedes disfrutar plenamente de su compañía.

Por desgracia, contradiciendo a los que te venden herramientas mágicas, no hay un consejo simple que pueda darte para resolver este problema.

Porque no necesitas consejos, necesitas una solución.

Y esa solución va a exigir esfuerzo y dedicación por tu parte. No hay atajos ni respuestas estándar “vale para todos”.

Si quieres conseguir que tu perro deje de tirar de la correa, debes empezar por la base.

INCISO: si tu perro tira OCASIONALMENTE de la correa, en momentos puntuales y claramente identificados, podemos considerarlo algo totalmente normal.

La correa es un elemento de restricción, y si en un momento concreto, tu perro, como ser vivo y con emociones y sentimientos que es, se excita o altera o enfada por algo, es muy posible que trate de moverse bruscamente hacia delante (o hacia atrás), y la correa se lo impide, por lo que la tensará.

En ese supuesto, tienes que valorar si merece la pena trabajar el estímulo que tanto le altera para que pueda permanecer razonablemente calmado cuando aparezca (y por lo tanto los tirones bruscos desaparecerán o disminuirán de intensidad y frecuencia), o por el contrario, basta con alejarse de ese estímulo.

Te pongo un ejemplo. Uno de mis perros se lanza a por los gatos.

Yo he optado por evitar a los gatos. Puedo dar la vuelta o cambiar de acera, o incluso acercarme yo sola al gato y alejarlo.

Con eso me basta.

A otras personas puede que no y entonces habrá que trabajar la presencia de ese estímulo.

Pero no encuadramos esa conducta como “perro que tira”, por lo que todo lo que viene a continuación no sería aplicable.

 

Ahora sí, vamos al meollo del asunto.

El primer paso que debes seguir para modificar el hecho de que tu perro tira de la correa es preguntarte porqué lo hace.

Las herramientas mágicas no preguntan porqués. Solo atacan la consecuencia.

Por eso a menudo fallan.

Si yo grito como una loca cuando se me acerca una avispa, que me amordaces evitará que grite.

Pero sigo estando fatal cuando se me acerca una avispa.

Así que seguiré haciendo ruido (o intentándolo), o lo más probable, empezaré a desarrollar otras conductas aun peores en presencia de avispas, como dar manotazos a mi alrededor (sin conocimiento), subirme a los muebles (o meterme debajo de ellos), o salir corriendo en cualquier dirección si estoy en un espacio abierto.

Desde luego no me quedaré tan tranquila con la mordaza puesta. Aunque seguramente ya no se me oiga gritar.

Así que si determinas la razón (o razones) por la que tu perro tensa tanto la correa, tendrás la clave sobre la que trabajar para que deje de hacerlo.

Sin herramientas mágicas. Sin dolor ni miedo. Eso sí, con esfuerzo, constancia, y a veces mucha paciencia.

Vamos al grano.

¿Por qué tiran los perros de la correa?

La respuesta corta a porqué los perros tiran de la correa es “porque les funciona”.

Si lo hacen y consiguen algo que les ayuda o que desean conseguir, funciona. Y por lo tanto seguirán haciéndolo una y otra vez.

Así que tu primer trabajo es observar.

Tómate tu tiempo, y observa varios días. ¿Qué consigue tu perro cuando tira?.

El matiz que debes valorar después es si le funciona a nivel “consciente”, es decir, es un aprendizaje, o si funciona a nivel “inconsciente”, o sea, logra algo que necesita lograr pero no lo ha “razonado”.

Me explico.

Un perro puede tirar porque así llega antes a jugar con sus amigos.

Eso lo ha aprendido, y al ceder y “seguirle” se lo has reforzado. Le funciona, y lo hará cada vez con más fuerza.

O puede tirar porque intenta huir de un estímulo externo que le da miedo, y en la calle se siente muy inseguro.

Si tira irás más rápido, y si se va más rápido se llega antes a casa.

No lo ha razonado ni aprendido, pero le funciona: está menos tiempo expuesto al estímulo que le atemoriza.

Una vez hecha esta diferenciación, paso a enumerarte las causas más frecuentes por las que a un perro le funciona el tirar de la correa:

Exceso de energía física

 

Es difícil evaluar cuándo de verdad un perro tiene un exceso de energía física. Sea de la raza que sea.

Está claro que si sale cuando hace buen tiempo, cuando tienes tiempo o ganas, o los domingos, entonces seguramente sí, hay un exceso de energía física (por mucho terreno que tenga “para él solo” el resto del tiempo).

Pero si le sacas dos o tres veces al día, al menos media hora cada vez, y le permites un rato ir suelto en una zona segura para que él decida si quiere correr a lo loco o prefiere olfatear matorrales, entonces posiblemente no haya un exceso de energía.

Sea de la raza que sea.

Si crees que este es el problema, y le sacas el tiempo mínimo necesario y las veces mínimas necesarias, entonces probablemente sea el modo en que paseas o lo que haces durante el paseo lo que le deja “a medias”.

No te apalanques en el parque para perros (eso lejos de cansar, excita y altera, y un perro excitado es un perro que tira). Incluye juegos de nariz en cada paseo.

Trata de variar las rutas y camina al ritmo que él marque.

Con eso debería bastar para mantenerle cansado (que no agotado) y satisfecho, y por lo tanto no necesitará tirar.

Exceso de energía “mental” (excitado/hiperactivo)

 

A lo mejor te han dicho que tu tipo de perro es muy inteligente y muy activo, y necesita que le metas caña para cansarlo.

Que tiene que hacer agility, salir con la bici, perseguir la pelota, lanzarle un frisbi dieciocho mil veces y enseñarle mil trucos de obediencia.

Porque si no no se cansa y será hiperactivo.

Y lo haces. Pero aun así parece hiperactivo. Nunca se cansa y tira de la correa constantemente.

Pues es hora de dejar de hacer cosas.

Si tu perro realizar actividades activadoras a todas horas, estará activo a todas horas.

Y un perro activo seguramente tire de la correa, porque le impide estar activo.

No está mal que haga agility o persiga un rato la pelota.

Es el modo en que se hace, o la duración e intensidad de estas actividades, lo que trastorna a cualquiera, sube mucho el estrés, y desemboca en problemas diversos, entre ellos tirar de la correa.

Piensa que el paseo es una actividad en sí misma, si se hace variado y enriquecido, ya es un gran estimulante mental. Y puedes plantearle a tu perro en casa actividades mentales que mantengan despierta su inteligencia, y que le relajen.

No le hiperestimules pensando que así estará más tranquilo o será más feliz.

Precisamente es su actitud la que te dice que le sobran estímulos. Se pueden hacer cosas inteligentes sin estar recibiendo estimulación constante, 🙂

Así no tirará de la correa.

 Atajar para llegar antes a un sitio concreto

 

Éste es un problema muy común.

Has enseñado a tu perro (sin darte cuenta), que el paseo consiste en ir deprisa durante quince minutos a un parque canino estupendo que hay por tu zona, donde puedes soltarle, estará con sus amiguetes, podrá jugar durante una hora, correr a lo loco, y a lo mejor perseguir alguna ardilla.

Y cavar hoyos, recoger algún trozo de comida, correr por la valla ladrando a los perros que llegan, discutir un poco por lo bajo con alguno que le cae mal, perseguir alguna pelota ajena, pegarse un rato a la que reparte galletas sin conocimiento…..

Vamos, todo diversión.

Y tú entre tanto, relajada y tranquila porque es un sitio seguro donde tu amigo se lo pasa estupendamente.

Te sientas una hora con otros dueños, charlas un rato, y para casa.

Llega super relajado.

Pero el trayecto de ida es un tormento. Porque te arrastra como una locomotora.

Por si no lo has notado tras la descripción anterior, se lo has enseñado tú.

El tramo entre tu casa y el parque es un mero trámite, y cuanto más corto sea mejor. Y la correa impide que sea corto, tiene que tirar para ir rápido.

Además, seguramente tú le has llevado rápido desde el primer día, deseando soltarlo para que juegue, corra y socialice (y llegue cansado a casa).

Si quieres resolver esto, tendrás que enseñarle otra cosa.

Y es posible que te cueste bastante, si lleva haciéndolo mucho tiempo.

Cambiar un hábito es duro.

Tendrás que prescindir del parque canino en algunos paseos, planteando otros recorridos.

Y no quedarte en el mencionado parque una hora, sino solo un rato (diez o quince minutos, por ejemplo), y luego continuar paseando por otros sitios.

Cambia de recorrido y conoce otros sitios.

Sí, aunque tenga que ir atado.

Camina despacio y convierte el camino en sí mismo en el objetivo. No hay meta ni prisa por llegar a ningún sitio.

Si fuera del parque pasan también cosas interesantes, y hay opciones además del parque, llegar a ese parque ya no será algo tan acuciante. Menos tensión en la correa.

Huir de estímulos externos que le asustan

 

Este problema es muy común. Y muy complicado de manejar.

Este tipo de perros se reconoce porque tiran mucho, tanto a la ida como a la vuelta del paseo.

Si te fijas, es posible que a la vuelta tiren aun más.

Quieren volver a casa lo antes posible. En casa se sienten seguros, en la calle no.

Ellos huirían, de hecho es lo que hacen, pero la correa se lo impide, así que la llevan siempre tensa.

Además, son perros que si les llevas un día a un paseo de campo, en sitio totalmente rural, aislado y desierto, cambian de conducta. Y prácticamente no tiran.

Están intentando escapar de los estímulos urbanos. De todos.

Y tú se lo impides.

Para corregir esta situación, tienes un gran trabajo por delante. Porque aquí sí es muy claro que el tirar de la correa es uno de tantos síntomas.

Hay que trabajar ese miedo generalizado, desde casa hacia el exterior.

Es posible que tengas que tomarte unas “vacaciones de paseo” mientras trabajas otros aspectos de la relación.

O que tengas que salir de casa al coche, y del coche al campo, para darle una tregua de estímulos mientras trabajas otras cuestiones.

Posiblemente te lleve meses, y es necesario seguir un plan definido y claro, con objetivos concretos y graduales.

O sea, que necesitas ayuda profesional.

En cuanto mejore el miedo generalizado, bajará la tensión de la correa.

Porque ya no tendrá tanta urgencia por huir de todo.

Huir de otros perros/personas

 

Es una variante de la situación anterior, pero más focalizada.

Hay perros que tienen miedo de otros perros y/o de las personas desconocidas, y en un entorno urbano ven bastante de todo eso, y a menudo perros y personas les invaden el espacio constantemente, por lo que intentan huir.

Con el tiempo intentan huir anticipando esa invasión, y si hay personas y perros por todos lados, tiran de la correa constantemente tratando de evitar esa invasión.

No es tan complicado como el caso anterior, pero se trabaja igual.

Con paciencia, objetivos, gradualmente, y seguramente con ayuda profesional.

Alejarse de un estímulo interno que le da miedo (dolor)

 

Lo sé, suena muy raro, pero ocurre bastante, el  perro no está razonando, está intentando hacer algo.

Muchos perros tienen problemas físicos que les producen dolor. Puede ser una cuestión articular, o una enfermedad hormonal, por ejemplo.

Y no se quejan. De hecho en general hacen vida (casi) normal.

Pero el dolor crónico les lleva a querer moverse mucho y deprisa. O a no querer moverse en absoluto.

En el primer caso, el cuerpo produce endorfinas que les ayudan a sobrellevar el dolor.

En el segundo, bueno, es obvio, si a tu perro le duele si se mueve, intenta no moverse, y te empeñas en que caminen, así que tira para ir lo más rápido posible y terminar antes.

No descartes esta opción porque nunca le hayas visto cojo ni quejándose. El dolor crónico no se manifiesta del modo que esperamos que se manifieste el dolor.

En estos casos si manejamos bien el dolor, o cambiamos el modo de paseo (más breves, con más nariz y menos movimiento), la tensión de la correa desaparecerá.

Exceso de ejercicio físico (dolor)

 

Este supuesto entronca con el anterior.

Si un perro con un problema físico (por ejemplo una displasia) es sometido a ejercicio físico intenso para cansarle o porque es de la raza X “y tiene que hacer ejercicio”, el dolor aumenta notablemente de intensidad.

Y de nuevo, para calmar ese dolor, avanzar más deprisa produce endorfinas, que mitiga el dolor.

Y entramos en un círculo vicioso: cuanto más anda más le duele, y entonces más anda.

Y para eso hay que tirar de la correa, incansablemente.

Exceso de estímulos externos

 

Los entornos urbanos cuentan con una elevada cantidad de estímulos olfativos, visuales, auditivos y a veces táctiles.

Esa gran cantidad de estímulos pueden provocar la huida de tu perro porque no se ve capaz (o no le apetece) gestionarlos todos, y por lo tanto tirará de la correa para volver a casa.

O le excitará y alterará porque intenta abarcarlos todos a la vez en el menor tiempo posible, y entonces te arrastrará con entusiasmo de un estímulo a otro, como un niño que va de una atracción a otra en el parque sin apenas pararse a disfrutar de ninguna.

Lógicamente no se trabaja igual un caso que otro, porque en realidad son opuestos.

En uno hay que rebajar miedos o exponer a entornos menos estimulantes (cambia el sitio de paseo, o las horas).

En otro hay que rebajar estrés y transmitir a tu perro que puede llegar a todo, pero no necesariamente en media hora, y que es más agradable detenerse en cada estímulo que tratar de captarlos todos en un instante.

Estrés crónico

 

Éste es uno de los problemas más comunes del perro urbano del siglo XXI.

Por diversas razones el nivel de estrés de nuestros perros está a menudo muy por encima de lo que pueden gestionar.

Y se produce una interesante reacción química: las hormonas liberadas para tratar de manejar ese estrés incitan al movimiento, y es difícil moverse constantemente si se sujetan con una cuerda.

Por lo tanto tendrás que aplicar un protocolo de reducción de estrés, en la calle y en casa.

Y como por arte de magia, la tensión de la correa desaparecerá.

Alejarse de ti

Ésta es dura de encajar, pero pasa. Bastante, además.

Si tratas a tu perro como a un soldado, y le das órdenes constantemente.

Si intentas controlar cada uno de sus movimientos.

Si bloqueas cada conducta que no te parece adecuada (o sea, casi todas).

Si le gritas a menudo.

Si te enfadas por todo o intentas educarle mediante castigos.

Tu perro intenta alejarse de ti.

Y la correa se lo impide. Por lo tanto, la tensa.

Si crees que éste es tu caso, te toca hacer autocrítica y empezar a cambiar. De perspectiva, de modo de educar, de prioridades, incluso puede que de emociones.

Porque tu perro tiene que pensar que a tu lado es el mejor sitio del mundo, y si ahora mismo no lo piensa, es que hay mucho que cambiar.

Huir del miedo/dolor que le producen las herramientas “mágicas”

 

Sí, hay perros que tiran aun más cuando llevan un collar corredero o de pinchos.

Qué ironía, no?.

Se relaciona con uno de los supuestos que veíamos más arriba: huir de una situación dolorosa.

Si tu perro lleva un lazo al cuello, y eso hace que sienta dolor y  miedo, intenta alejarse de eso tirando.

No piensa, solo actúa. El argumento “pues si deja de tirar ya no le dolerá” necesita razonamientos.  Y no puede razonar, porque el miedo y el dolor se lo impiden.

También puede que como el paseo le resulta tremendamente desagradable o directamente insoportable, tira para llegar a casa lo antes posible.

Aquí si hay solución “mágica”: elimina esa herramienta y ponle un arnés cómodo. Evita los de diseño noruego, que impiden una movilidad adecuada de la espalda. Y problema resuelto.

Correa demasiado corta

Igual suena de Perogrullo, pero si la correa es corta, cada vez que tu perro dé un paso y no esté sincronizado contigo, tensará automáticamente la correa.

Aquí también hay una herramienta “mágica”: una correa bien larga.

Hay perros que sí dejan de tirar con una correa de tres metros, sin ningún otro esfuerzo por tu parte, siempre que camines despacio y le dejes pararse y zigzaguear a su antojo.

Si pensabas que el modo adecuado de pasear al perro es que éste se coloque pegado a tu pierna y permanezca ahí durante una hora, como si fuera una sombra, tienes un concepto equivocado.

Puede conseguirse, por supuesto, pero exige mucho esfuerzo, sobre todo para el perro, y arruina la finalidad y beneficios del paseo, por lo que no tiene sentido esforzarse tanto para eso.

Es más rentable para los dos “darle cuerda” y adaptarte tú a sus movimientos, que exigirle a él que se adapte a los tuyos.

En todo caso la elección es tuya.

 

Y con esto termino, no están todas, pero sí las más habituales y destacadas.

Si encuentras cuál (o cuáles) es la razón que hace que tu perro tire y tire sin parar, y empiezas a trabajar sobre esa razón, en lugar de sobre el hecho de tirar en sí, en muy poco tiempo (en algunos casos) o en algunas semanas (en otros) corregirás ese problema de modo amable y respetuoso.

Y podrás disfrutar de muchos años de agradables paseos con tu amigo.

¿No crees que la “inversión” merece la pena?

 

 

 

 

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Las primeras noches

¿Cómo conseguir que tu cachorro no llore las primeras noches?

No hay nada tan emocionante como los primeros días con tu nuevo cachorrito. Tan lindo y simpático, y con tanta curiosidad por todo…. Esas primeras horas juntos se las pasa explorando cada centímetro y jugando con todos, es fantástico.

Pero tras un día largo, se puede avecinar una noche eterna.

La queja “no sé qué hacer para que se duerma por la noche y deje de llorar” es muy habitual.

Es una fase, y en pocos días seguramente cese, pero no es agradable para nadie (especialmente para los vecinos que NO tienen perro). Y no es un buen precedente en vuestra relación el que tu cachorro llore desconsoladamente y no hagas nada para solucionarlo.

Él espera que te ocupes de atenderle, de día y de noche.

Así que aquí va un truco que suele funcionar, pero antes unos comentarios que también juegan a tu favor.

Elige bien el momento

Si puedes evitarlo, no adoptes cachorros demasiado jóvenes.

Un perrito de cuatro semanas llorará seguro porque debería estar con su madre, y la ha “perdido”. Es difícil convencerle de que no hay peligro y que no merece la pena llorar. Y puede ser una experiencia realmente traumática para él, que quizá le marque para el resto de su vida.

Llevar a  un cachorro con al menos ocho semanas de edad sería lo ideal.

Si tienes contacto con el dueño de la madre, pedirle que coloque un trapo o toalla vieja junto a la zona de descanso de la perra para que retenga su olor, y llevártela junto con tu cachorro puede ser una ayuda la primera noche. Así la transición no será tan violenta.

También tienes que asegurarte antes de ir a dormir de que sus necesidades más básicas están cubiertas: comida, agua y necesidades fisiológicas.

Seguramente durante la noche también tenga que cubrirlas, así que procura que pueda hacerlo (la comida no es necesario a menos que sea realmente muy pequeño).

¿Y cómo puedo ayudarle las primeras noches?

Y ahora el truco en sí mismo: no intentes que duerma solo.

A menudo se decide el lugar donde dormirá el pequeño, y se cree que debe ir a ese lugar desde el día uno «para que se acostumbre».

La opción suele ser una habitación fácil de limpiar y con pocas opciones de destrozos, como la cocina.

Pero no se puede dejar a un perro tan pequeño solo durante ocho horas justo después de haberse separado de su madre y hermanos.

Así que las primeras noches, mientras se adapta a sus nuevos horarios, su nueva casa, y forma un vínculo contigo, prueba a meterlo en tu dormitorio.

Si has elegido una caja cerrada para que duerma en ella, puedes probar a colocarla algo elevada junto a la cama.

Así, si lloriquea un poco, puedes darle unas caricias tranquilizadoras para que se calme.

Si va a dormir en una camita propia, ponla junto a tu cama, lo más cerca posible de tus manos, por la misma razón.

Seguramente en algún momento llore un poco, pero se calmará al saber que no está solo y que le apoyas.

Más adelante, cuando gane en confianza, conozca a fondo su entorno, y empiece la fase de “emancipación”, él mismo preferirá un lugar algo más apartado para dormir, y se alejará voluntariamente.

Pero al principio necesita tener muy claro que cuenta contigo.

Así confiará más en ti, y seguro que los vecinos lo agradecerán.

 

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