¿Por qué ladra tanto mi perro?

Que los perros ladran es algo que todos sabemos. Pero no todos ladran igual ni con la misma frecuencia y motivo.

Una queja común de muchas personas es el elevado grado de ladridos de su amigo.

En casa o en la calle, ante estímulos sonoros como el timbre o el ruido del ascensor, o en situaciones cotidianas como la presencia de otros perros, bicicletas, señores con bastón, o lo que se les ocurra.

Si tienes un perro aficionado a ladrar, seguro que has tenido más de una discusión con él (y con algunos humanos) sobre este tema.

Pero, ¿te has preguntado alguna vez por qué tu perro ladra tanto?

Analizando las causas

Conocer las razones que llevan a tu amigo a ser tan ruidoso es el primer paso para encontrar una solución eficaz, amable y respetuosa que reduzca notablemente el nivel de ladridos.

La genética

Lo primero que tienes que saber es que hay razas que están seleccionadas para ladrar.

Algunas son grandes ladradores, como los sabuesos. Así le indican al cazador cuando corren monte a través por dónde se mueven.

Los terrier y algunas razas de pastor son fácilmente excitables, y una manera habitual de demostrar excitación y nerviosismo es vocalizando.

Seguro que has visto  a menudo alguna de estar razas ladrar con facilidad para comunicarse. Quizá incluso sea el caso de tu propio perro, 🙂

Por el contrario, hay razas especialmente silenciosas.

Por si no te habías fijado, el galgo, el husky siberiano, el malamute de alaska y el bóxer suelen ser muy poco ruidosos, y casi nunca ladran.

Aunque en general las razas de gran talla seleccionadas para guardia suelen ser también poco ruidosas.

Así que si compartes tu vida con un peludo que se ha seleccionado expresamente para hacer ruido o que tiende a expresarse ladrando, ya te habrás dado cuenta de que hay un problema, y que en tu caso tendrás que trabajar un poco más para resolverlo.

Las emociones

Otro punto muy  importante que debes conocer sobre el exceso de vocalizaciones de los perros es que el ladrido a menudo es un indicador de emociones desbordantes.

Así, un perro con miedo intenso muy probablemente ladrará de modo igualmente intenso.

Las personas chillamos cuando nos asustamos, no?. Pues los perros ladran, a veces sin parar, 🙂

También puedes ver que un perro muy exaltado ante la expectativa de un buen rato de paseo o juego seguramente usará el ladrido como válvula de escape para su impaciencia.

Las personas, cuando estamos muy emocionadas ante un evento próximo que estamos deseando que ocurra, también nos ponemos nerviosas, y tendemos a hablar y hablar y hablar sin parar.

Piensa en el famoso y universal “¿¿cuándo llegamos??”.

Y los perros con un alto nivel de estrés suelen manifestarlo, entre otros modos, con ladridos exigentes y duros, a veces amenazadores.

Lo mismo que hacemos nosotros cuando estamos muy quemados, piensa en cómo nos podemos llegar a poner en un atasco cuando estamos cansados: insultos, bocinazos, empujones al de delante…..Se parece bastante a ladrar enérgicamente, no crees?

Otra ocasión en la que es habitual que un perro ladre: si colocas a tu amigo en una situación frustrante, a menudo expresará su malestar ladrando intensamente.

Por lo tanto las emociones intensas se dejan notar en muchos perros con ladridos intensos.

Aquí ya tenemos una pieza clave para mejorar este asunto.

El aprendizaje

Otra poderosa razón para el ladrido insistente de muchos perros es «porque funciona».

En estos casos, el ladrido ha sido condicionado, generalmente de modo involuntario, por las personas que conviven con el perro.

Sí, es posible que tu perro ladre tanto porque tú le has enseñado a hacerlo, 🙂

La vocalización persistente se convierte en un modo de atraer la atención y de lograr un objetivo que el animal desea intensamente, como un juguete, unas caricias, comida o acceso a un lugar especial.

Y es que los humanos prestamos mucha atención al sonido, y muy poco a la comunicación no verbal.

En consecuencia, nuestro amigo, que tiene mucho tiempo y una gran capacidad de observación, puede que haya intentado lograr algo que le interesaba mucho mediante conductas silenciosas.

Pero finalmente ha conseguido ese algo ladrando, y ha entendido rápidamente la lección: si quieres algo, pídelo (en voz alta).

Así que de modo muy resumido, tu perro ladra porque está comunicando algo: o bien manifiesta alguna emoción intensa, o bien quiere conseguir un objetivo.

¿Y cómo afecta esto a vuestra relación?, sigue leyendo…..

Y el problema es…..

Como veíamos aquí, los ladridos descontrolados son un problema muy habitual en la convivencia con nuestros perros, y tienen diversas causas y una finalidad comunicativa.

Sin embargo, en nuestra sociedad, ya de por sí muy ruidosa, este tipo de comunicación no es muy apreciada.

Sobre todo si sobrepasa ciertos límites en cuanto a intensidad y frecuencia.

O dicho de otro modo, a nadie le gusta escuchar a un perro ladrar y ladrar como si no hubiera un mañana.

Vamos, que si tu perro pasa más tiempo ladrando que callado, hay un problema que requiere de una intervención por tu parte.

Los ladridos intensos, muy frecuentes o que aparecen a deshoras generan en primer lugar un conflicto serio en la convivencia con otros seres humanos.

Si no tienes la fortuna de vivir en un lugar aislado, y compartes paredes, techo y suelo con otras personas, el ruido generado por tu amigo va a generar roces con tus vecinos.

Especialmente con ese vecino que no soporta a los perros (aunque sean mudos) o que trabaja a turnos y duerme (o lo intenta) cuando tu perro más ladra.

En ocasiones esos roces pueden terminar en forma de denuncia.

A nadie le gusta abrir un día la puerta de casa y encontrarse una pareja de la policía en la puerta diciendo «su vecino le ha denunciado por exceso de ruido».

Aunque sea verdad.

En la calle, un perro que ladra desesperadamente hacia estímulos corrientes como otros perros, niños, bicicletas o gente haciendo footing resulta especialmente estresante, verdad?.

Sobre todo porque suele acompañar los ladridos con tirones de correa intensos y repentinos en dirección al objeto de su «interés», y esto, además de desagradable, puede derivar en tendinitis y lesiones en brazos y hombros.

Por si esto no fuera suficiente, la actitud de ladrador descontrolado en la calle da una imagen de amenaza, aunque luego resulte que es un trozo de pan.

Y si está suelto, es fácil que corra a toda velocidad hacia el objetivo que le provoca, dando la impresión de que quiere hacer algún daño.

Y metiéndote en situaciones cuanto menos incómodas.

Esto, además de generarte un gran estrés en cada paseo, también puede terminar con una denuncia si tu perro hace caer a un ciclista, salta sobre un niño (aunque no le haga ni un arañazo) o provoca el tropiezo de algún corredor.

Y qué decir de la convivencia entre tu perro y tú.

Que tu amigo ladre por cualquier pequeño detalle te altera y te hace saltar con facilidad.

Si además tiene un ladrido especialmente molesto, te enfadas constantemente con tu perro y llegas a gritar y gritar en un intento de que se calle, lo que te hace sentir fatal.

El ruido genera estrés, y lo que hace tu perro es, en cierto modo, ruido.

Tiene sus buenas razones, pero a ti termina por crisparte los nervios.

Eso implica que vas a tomar medidas coercitivas para bloquear esa conducta.

Atacarás las consecuencias en cuanto se presenten, en un intento de educar a tu perro para que mantenga la calma y sea menos ruidoso.

Puede incluso que ya hayas probado alguna de esas medidas, como darle toques o usar collares con mando a distancia.

Si te ha funcionado, que es lo menos habitual, te encontrarás con que la conducta de ladrar se ha compensado con otras conductas peores, como por ejemplo gruñir o morder.

Si no te ha funcionado, o lo ha hecho durante unos segundos para luego iniciarse de nuevo, además de enfadada y nerviosa, estarás muy frustrada por no conseguir solucionar esta situación.

Vuestra relación se va a pique porque tu perro parece incapaz de cerrar la boca y tú no sabes qué hacer ni porqué se comporta así.

¿Qué puedes hacer entonces para salir de este callejón sin salida?

Soluciones útiles

Y lo más importante, amables para todos los implicados.

El primer paso es siempre tratar de recuperar la calma y la perspectiva.

Si estás buscando ayuda para resolver el exceso de ladridos, seguramente estés ya muy cargada con el asunto.

Y eso impide tener una perspectiva clara, lo cual a su vez bloquea la percepción de soluciones que verdaderamente sean prácticas.

Por lo tanto, una vez te paras a pensar, el segundo paso es preguntarte porqué ladra tu amigo.

Una ayuda,  tu perro puede ladrar por muchas razones, pero se pueden esquematizar en dos,

1- Expresa emociones muy intensas

2- Ha aprendido a hacerlo por condicionamiento.

Emociones intensas

Esta primera causa es la más frecuente con diferencia.

Tu perro también se siente estresado, frustrado, asustado, cansado o nervioso, y por distintos motivos lo expresa haciendo ruido.

Mucho ruido.

Gritarle o amenazarle para interrumpir la expresión de esas emociones solo contribuye a empeorarlas.

Piénsalo, ¿te sentirías mejor antes de un examen o de una entrevista de trabajo si un buen amigo te zarandea y te da unos cuantos gritos en la oreja recriminándote el que estés nerviosa?

No. Para nada.

¿Y si cada vez que intentas decir algo, la persona que está a tu lado te suelta un «¡que te calles ya!»?  Y no te deja expresarte pero tampoco te ayuda a mejorar cómo te sientes.

Esto equivale a bloquear los ladridos de tu perro sistemáticamente sin plantearte el porqué ladra.

Otro aspecto importante es que cuando gritas a tu perro para que se calle, en realidad estás ladrando tú también.

Él pierde los papeles, tú no mantienes la calma, y todos termináis haciendo mucho ruido.

Por lo tanto debes plantearte seriamente el realizar primero un gran esfuerzo para mantener la calma tú misma cuando tu perro está desbordado.

Así, además de poder aplicar soluciones prácticas, serás un referente para tu perro: pedirle a alguien que se calme, esté tranquilo y con la boca cerrada cuando tú misma eres incapaz de lograrlo igual es pedir demasiado, no?.

Piensa en ello.

Si te fijas, según todo lo que te he contado hasta ahora, has dedicado toda tu energía a atacar las consecuencias visibles de un problema, los ladridos.

Pero estás dejando totalmente de lado las causas, las emociones mal gestionadas.

Olvidarse de los ladridos en sí, y empezar a pensar cómo se siente tu perro en esos momentos, porqué, y qué puedes hacer tú para que se sienta mejor es una medida que sí te permitirá avanzar hacia una convivencia más silenciosa y menos estresante.

Y de paso, a mejorar el vínculo con tu perro y a hacerle feliz.

Ladrido condicionado

Si tu perro ha aprendido a ladrar porque le funciona, entonces el trabajo no debe enfocarse en hacerle callar, sino en que no logre resultados ladrando.

Estudiar las leyes del aprendizaje y fijarse en cómo están actuando sobre tu perro (y sobre ti), para luego usarlas en sentido contrario, dará frutos en un plazo razonablemente corto.

Y entonces, ¿cómo hago para que mi perro no ladre por todo?

Como ya habrás deducido por lo que he contado hasta ahora, el primer paso ineludible es obtener una respuesta a «¿por qué ladra mi perro?«.

Sin dar ese paso correctamente, tus esfuerzos no estarán bien canalizados, no obtendrás resultados, y la relación seguirá deteriorándose.

Así que lo primero que debes hacer es determinar si estás ante un problema de ladridos condicionados o emocionales.

Lógicamente, todos los perros pueden ladrar por ambas razones en distintos contextos.

Puede que tu amigo ladre ante otros perros por miedo, y cuando quiere que le lances un palo lo haga por condicionamiento.

Tienes que tenerlo muy claro, porque el trabajo que hay que realizar es distinto según la razón.

Si concluyes que los ladridos de tu perro son emocionales, tendrás además que hacer un pequeño esfuerzo más y tratar de comprender qué emoción es la que está manifestando.

Esto en principio se averigua observando.

Puedes sacar datos según el contexto en el que ocurren los ladridos, el modo en que ladra, las posturas corporales que adopta cuando lo hace, y qué tiene delante (o qué ha podido oír o ver) cuando empieza a ladrar.

Aunque para complicar un poco la situación, un perro puede ladrar por miedo, dirigir sus ladridos hacia otros perros, y en realidad no tenerle miedo a esos perros.

Pero hay que empezar por alguna parte.

Una vez determinas las razones por las que ladra tu perro, puedes empezar a aplicar soluciones prácticas, eficaces y respetuosas.

¿No sabes cómo hacerlo?

Entonces tus opciones son contratar a un profesional (recuerda, que trabaje sobre las causas, no que intente eliminar los ladridos sin más), o hacerlo tú mismo.

Si prefieres la segunda opción, este curso puede ayudarte.

Porque la mejor forma de modificar el comportamiento es entendiendo porqué se produce, y tú eres el referente de tu perro, por lo que eres también la persona más indicada para ayudarle a mejorar.

Con este curso aprenderás a identificar qué problemas tiene tu perro cuando ladra y ladra sin parar y porqué, y qué posibles soluciones amables y respetuosas puedes aplicar en cada situación.

Descubrirás además una serie de pautas para prevenir este problema: la anticipación es siempre la solución más eficaz, sencilla y económica.

Y todo con un enfoque holístico e integral que te permitirá mejorar la relación con tu perro en distintos aspectos cotidianos.

Aprende a confiar en tu amigo y consigue que sea un perro feliz y equilibrado capaz de pasear en silencio y estar relajado en casa.

No dejes pasar la oportunidad para resolver el exceso de ladridos de tu perro y mejorar vuestra relación y la convivencia.

 

Mi perro tira de la correa, ¿qué hago?

Cuando sales a la calle con tu perro, todo son fiestas y alegría.

Le pones su arnés o collar, le colocas la correa, él salta y da vueltas y gimotea, tú vas contenta porque le ves feliz…… y en cuanto pone una pata en la calle, vuelve a las andadas.

Te lleva remolque por la acera como si fueras un carrito.

Tira y tira, a veces hasta se ahoga y tose, pero solo se toma un respiro para volver a recibir aire y luego a la carga de nuevo. Sigue tirando.

Si tu amigo pesa dos kilos, puede parecer hasta mono (dominante, lo clasificarían algunos).

Pero si pasa de los diez, es bastante incómodo.

Y si anda por los treinta kilos, es directamente peligroso.

Además de generar problemas físicos (las repetidas tensiones sobre un hombro terminan produciendo tendinitis en esa zona), esa alegría con la que salías de casa se ha esfumado.

Ahora solo hay estrés y molestias.

Te sientes zarandeada  y ninguneada.

No importa lo que digas o hagas, tu perro se concentra solo en tirar de ti.

Y como esa situación repetida día tras día se vuelve cada vez más frustrante y molesta, terminas por elegir entre dos opciones:

– Los paseos son cada vez más cortos. Como no soportas lo que ocurre en ellos, de modo inconsciente los vas espaciando cada vez más o acortando cada vez más, según si vives en una casa con jardín o en un piso.

– Cortas el problema de raíz, o lo intentas, poniéndole a tu amigo algún popular dispositivo que promete que tu perro dejará de tirar desde el minuto uno, sin esfuerzo ni comprensión ninguna por tu parte. A menudo te han asegurado que ese dispositivo no le hace daño, porque a ti eso te preocupa, no quieres que tu mejor amigo sufra.

Te han dicho lo que querías oír y te han prometido lo que querías conseguir, y por lo tanto lo has hecho.

En el primer supuesto, tu perro empezará a manifestar problemas derivados del aislamiento y el aburrimiento.

Con jardín o sin él, es necesario salir a ver el mundo y relacionarse con otros seres vivos.

Y esos problemas serán tan molestos o más que los creados por la tensión de la correa.

En el segundo supuesto pueden darse dos situaciones:

– Has conseguido tu objetivo, y tu perro ya no tira.

Enhorabuena.

Pero ten muy claro que si has usado un collar de pinchos o corredero o eléctrico o con cuerdas que aprietan y se desplazan cuando el perro tira, y lo has logrado, es porque esos dispositivos le están haciendo daño y  provocando miedo.

Y por eso ha funcionado.

Puede que estés satisfecha, o puede que empieces a notar algunos cambios de conducta (a peor) en tu perro, como que está más irritable (o directamente agrede) a otros perros, o que ladra por todo, o que no quiere salir a la calle, o que cuando le sueltas se aleja de ti todo lo que puede.

Son los efectos colaterales de esas herramientas.

Conseguiste lo que querías, pero había que pagar un precio.

Y si no ha funcionado, que es lo más habitual, entonces estás como antes.

O puede que peor, porque a menos que lo retires, esa herramienta que llevas sigue teniendo efectos colaterales.

Con lo que tu perro, además de tirar, va a añadir comportamientos conflictivos e incluso de agresión a su repertorio.

Sí, ese collar que parece no estar haciendo nada, en realidad sí que hace algo, aunque no lo que te habían prometido.

“¿Y qué hago entonces? Porque así no podemos seguir”.

Totalmente de acuerdo.

Si un perro tira de modo constante durante el paseo, ni él es feliz, ni tú puedes disfrutar plenamente de su compañía.

Por desgracia, contradiciendo a los que te venden herramientas mágicas, no hay un consejo simple que pueda darte para resolver este problema.

Porque no necesitas consejos, necesitas una solución.

Y esa solución va a exigir esfuerzo y dedicación por tu parte. No hay atajos ni respuestas estándar “vale para todos”.

Si quieres conseguir que tu perro deje de tirar de la correa, debes empezar por la base.

INCISO: si tu perro tira OCASIONALMENTE de la correa, en momentos puntuales y claramente identificados, podemos considerarlo algo totalmente normal.

La correa es un elemento de restricción, y si en un momento concreto, tu perro, como ser vivo y con emociones y sentimientos que es, se excita o altera o enfada por algo, es muy posible que trate de moverse bruscamente hacia delante (o hacia atrás), y la correa se lo impide, por lo que la tensará.

En ese supuesto, tienes que valorar si merece la pena trabajar el estímulo que tanto le altera para que pueda permanecer razonablemente calmado cuando aparezca (y por lo tanto los tirones bruscos desaparecerán o disminuirán de intensidad y frecuencia), o por el contrario, basta con alejarse de ese estímulo.

Te pongo un ejemplo. Uno de mis perros se lanza a por los gatos.

Yo he optado por evitar a los gatos. Puedo dar la vuelta o cambiar de acera, o incluso acercarme yo sola al gato y alejarlo.

Con eso me basta.

A otras personas puede que no y entonces habrá que trabajar la presencia de ese estímulo.

Pero no encuadramos esa conducta como “perro que tira”, por lo que todo lo que viene a continuación no sería aplicable.

 

Ahora sí, vamos al meollo del asunto.

El primer paso que debes seguir para modificar el hecho de que tu perro tira de la correa es preguntarte porqué lo hace.

Las herramientas mágicas no preguntan porqués. Solo atacan la consecuencia.

Por eso a menudo fallan.

Si yo grito como una loca cuando se me acerca una avispa, que me amordaces evitará que grite.

Pero sigo estando fatal cuando se me acerca una avispa.

Así que seguiré haciendo ruido (o intentándolo), o lo más probable, empezaré a desarrollar otras conductas aun peores en presencia de avispas, como dar manotazos a mi alrededor (sin conocimiento), subirme a los muebles (o meterme debajo de ellos), o salir corriendo en cualquier dirección si estoy en un espacio abierto.

Desde luego no me quedaré tan tranquila con la mordaza puesta. Aunque seguramente ya no se me oiga gritar.

Así que si determinas la razón (o razones) por la que tu perro tensa tanto la correa, tendrás la clave sobre la que trabajar para que deje de hacerlo.

Sin herramientas mágicas. Sin dolor ni miedo. Eso sí, con esfuerzo, constancia, y a veces mucha paciencia.

Vamos al grano.

¿Por qué tiran los perros de la correa?

La respuesta corta a porqué los perros tiran de la correa es “porque les funciona”.

Si lo hacen y consiguen algo que les ayuda o que desean conseguir, funciona. Y por lo tanto seguirán haciéndolo una y otra vez.

Así que tu primer trabajo es observar.

Tómate tu tiempo, y observa varios días. ¿Qué consigue tu perro cuando tira?.

El matiz que debes valorar después es si le funciona a nivel “consciente”, es decir, es un aprendizaje, o si funciona a nivel “inconsciente”, o sea, logra algo que necesita lograr pero no lo ha “razonado”.

Me explico.

Un perro puede tirar porque así llega antes a jugar con sus amigos.

Eso lo ha aprendido, y al ceder y “seguirle” se lo has reforzado. Le funciona, y lo hará cada vez con más fuerza.

O puede tirar porque intenta huir de un estímulo externo que le da miedo, y en la calle se siente muy inseguro.

Si tira irás más rápido, y si se va más rápido se llega antes a casa.

No lo ha razonado ni aprendido, pero le funciona: está menos tiempo expuesto al estímulo que le atemoriza.

Una vez hecha esta diferenciación, paso a enumerarte las causas más frecuentes por las que a un perro le funciona el tirar de la correa:

Exceso de energía física

 

Es difícil evaluar cuándo de verdad un perro tiene un exceso de energía física. Sea de la raza que sea.

Está claro que si sale cuando hace buen tiempo, cuando tienes tiempo o ganas, o los domingos, entonces seguramente sí, hay un exceso de energía física (por mucho terreno que tenga “para él solo” el resto del tiempo).

Pero si le sacas dos o tres veces al día, al menos media hora cada vez, y le permites un rato ir suelto en una zona segura para que él decida si quiere correr a lo loco o prefiere olfatear matorrales, entonces posiblemente no haya un exceso de energía.

Sea de la raza que sea.

Si crees que este es el problema, y le sacas el tiempo mínimo necesario y las veces mínimas necesarias, entonces probablemente sea el modo en que paseas o lo que haces durante el paseo lo que le deja “a medias”.

No te apalanques en el parque para perros (eso lejos de cansar, excita y altera, y un perro excitado es un perro que tira). Incluye juegos de nariz en cada paseo.

Trata de variar las rutas y camina al ritmo que él marque.

Con eso debería bastar para mantenerle cansado (que no agotado) y satisfecho, y por lo tanto no necesitará tirar.

Exceso de energía “mental” (excitado/hiperactivo)

 

A lo mejor te han dicho que tu tipo de perro es muy inteligente y muy activo, y necesita que le metas caña para cansarlo.

Que tiene que hacer agility, salir con la bici, perseguir la pelota, lanzarle un frisbi dieciocho mil veces y enseñarle mil trucos de obediencia.

Porque si no no se cansa y será hiperactivo.

Y lo haces. Pero aun así parece hiperactivo. Nunca se cansa y tira de la correa constantemente.

Pues es hora de dejar de hacer cosas.

Si tu perro realizar actividades activadoras a todas horas, estará activo a todas horas.

Y un perro activo seguramente tire de la correa, porque le impide estar activo.

No está mal que haga agility o persiga un rato la pelota.

Es el modo en que se hace, o la duración e intensidad de estas actividades, lo que trastorna a cualquiera, sube mucho el estrés, y desemboca en problemas diversos, entre ellos tirar de la correa.

Piensa que el paseo es una actividad en sí misma, si se hace variado y enriquecido, ya es un gran estimulante mental. Y puedes plantearle a tu perro en casa actividades mentales que mantengan despierta su inteligencia, y que le relajen.

No le hiperestimules pensando que así estará más tranquilo o será más feliz.

Precisamente es su actitud la que te dice que le sobran estímulos. Se pueden hacer cosas inteligentes sin estar recibiendo estimulación constante, 🙂

Así no tirará de la correa.

 Atajar para llegar antes a un sitio concreto

 

Éste es un problema muy común.

Has enseñado a tu perro (sin darte cuenta), que el paseo consiste en ir deprisa durante quince minutos a un parque canino estupendo que hay por tu zona, donde puedes soltarle, estará con sus amiguetes, podrá jugar durante una hora, correr a lo loco, y a lo mejor perseguir alguna ardilla.

Y cavar hoyos, recoger algún trozo de comida, correr por la valla ladrando a los perros que llegan, discutir un poco por lo bajo con alguno que le cae mal, perseguir alguna pelota ajena, pegarse un rato a la que reparte galletas sin conocimiento…..

Vamos, todo diversión.

Y tú entre tanto, relajada y tranquila porque es un sitio seguro donde tu amigo se lo pasa estupendamente.

Te sientas una hora con otros dueños, charlas un rato, y para casa.

Llega super relajado.

Pero el trayecto de ida es un tormento. Porque te arrastra como una locomotora.

Por si no lo has notado tras la descripción anterior, se lo has enseñado tú.

El tramo entre tu casa y el parque es un mero trámite, y cuanto más corto sea mejor. Y la correa impide que sea corto, tiene que tirar para ir rápido.

Además, seguramente tú le has llevado rápido desde el primer día, deseando soltarlo para que juegue, corra y socialice (y llegue cansado a casa).

Si quieres resolver esto, tendrás que enseñarle otra cosa.

Y es posible que te cueste bastante, si lleva haciéndolo mucho tiempo.

Cambiar un hábito es duro.

Tendrás que prescindir del parque canino en algunos paseos, planteando otros recorridos.

Y no quedarte en el mencionado parque una hora, sino solo un rato (diez o quince minutos, por ejemplo), y luego continuar paseando por otros sitios.

Cambia de recorrido y conoce otros sitios.

Sí, aunque tenga que ir atado.

Camina despacio y convierte el camino en sí mismo en el objetivo. No hay meta ni prisa por llegar a ningún sitio.

Si fuera del parque pasan también cosas interesantes, y hay opciones además del parque, llegar a ese parque ya no será algo tan acuciante. Menos tensión en la correa.

Huir de estímulos externos que le asustan

 

Este problema es muy común. Y muy complicado de manejar.

Este tipo de perros se reconoce porque tiran mucho, tanto a la ida como a la vuelta del paseo.

Si te fijas, es posible que a la vuelta tiren aun más.

Quieren volver a casa lo antes posible. En casa se sienten seguros, en la calle no.

Ellos huirían, de hecho es lo que hacen, pero la correa se lo impide, así que la llevan siempre tensa.

Además, son perros que si les llevas un día a un paseo de campo, en sitio totalmente rural, aislado y desierto, cambian de conducta. Y prácticamente no tiran.

Están intentando escapar de los estímulos urbanos. De todos.

Y tú se lo impides.

Para corregir esta situación, tienes un gran trabajo por delante. Porque aquí sí es muy claro que el tirar de la correa es uno de tantos síntomas.

Hay que trabajar ese miedo generalizado, desde casa hacia el exterior.

Es posible que tengas que tomarte unas “vacaciones de paseo” mientras trabajas otros aspectos de la relación.

O que tengas que salir de casa al coche, y del coche al campo, para darle una tregua de estímulos mientras trabajas otras cuestiones.

Posiblemente te lleve meses, y es necesario seguir un plan definido y claro, con objetivos concretos y graduales.

O sea, que necesitas ayuda profesional.

En cuanto mejore el miedo generalizado, bajará la tensión de la correa.

Porque ya no tendrá tanta urgencia por huir de todo.

Huir de otros perros/personas

 

Es una variante de la situación anterior, pero más focalizada.

Hay perros que tienen miedo de otros perros y/o de las personas desconocidas, y en un entorno urbano ven bastante de todo eso, y a menudo perros y personas les invaden el espacio constantemente, por lo que intentan huir.

Con el tiempo intentan huir anticipando esa invasión, y si hay personas y perros por todos lados, tiran de la correa constantemente tratando de evitar esa invasión.

No es tan complicado como el caso anterior, pero se trabaja igual.

Con paciencia, objetivos, gradualmente, y seguramente con ayuda profesional.

Alejarse de un estímulo interno que le da miedo (dolor)

 

Lo sé, suena muy raro, pero ocurre bastante, el  perro no está razonando, está intentando hacer algo.

Muchos perros tienen problemas físicos que les producen dolor. Puede ser una cuestión articular, o una enfermedad hormonal, por ejemplo.

Y no se quejan. De hecho en general hacen vida (casi) normal.

Pero el dolor crónico les lleva a querer moverse mucho y deprisa. O a no querer moverse en absoluto.

En el primer caso, el cuerpo produce endorfinas que les ayudan a sobrellevar el dolor.

En el segundo, bueno, es obvio, si a tu perro le duele si se mueve, intenta no moverse, y te empeñas en que caminen, así que tira para ir lo más rápido posible y terminar antes.

No descartes esta opción porque nunca le hayas visto cojo ni quejándose. El dolor crónico no se manifiesta del modo que esperamos que se manifieste el dolor.

En estos casos si manejamos bien el dolor, o cambiamos el modo de paseo (más breves, con más nariz y menos movimiento), la tensión de la correa desaparecerá.

Exceso de ejercicio físico (dolor)

 

Este supuesto entronca con el anterior.

Si un perro con un problema físico (por ejemplo una displasia) es sometido a ejercicio físico intenso para cansarle o porque es de la raza X “y tiene que hacer ejercicio”, el dolor aumenta notablemente de intensidad.

Y de nuevo, para calmar ese dolor, avanzar más deprisa produce endorfinas, que mitiga el dolor.

Y entramos en un círculo vicioso: cuanto más anda más le duele, y entonces más anda.

Y para eso hay que tirar de la correa, incansablemente.

Exceso de estímulos externos

 

Los entornos urbanos cuentan con una elevada cantidad de estímulos olfativos, visuales, auditivos y a veces táctiles.

Esa gran cantidad de estímulos pueden provocar la huida de tu perro porque no se ve capaz (o no le apetece) gestionarlos todos, y por lo tanto tirará de la correa para volver a casa.

O le excitará y alterará porque intenta abarcarlos todos a la vez en el menor tiempo posible, y entonces te arrastrará con entusiasmo de un estímulo a otro, como un niño que va de una atracción a otra en el parque sin apenas pararse a disfrutar de ninguna.

Lógicamente no se trabaja igual un caso que otro, porque en realidad son opuestos.

En uno hay que rebajar miedos o exponer a entornos menos estimulantes (cambia el sitio de paseo, o las horas).

En otro hay que rebajar estrés y transmitir a tu perro que puede llegar a todo, pero no necesariamente en media hora, y que es más agradable detenerse en cada estímulo que tratar de captarlos todos en un instante.

Estrés crónico

 

Éste es uno de los problemas más comunes del perro urbano del siglo XXI.

Por diversas razones el nivel de estrés de nuestros perros está a menudo muy por encima de lo que pueden gestionar.

Y se produce una interesante reacción química: las hormonas liberadas para tratar de manejar ese estrés incitan al movimiento, y es difícil moverse constantemente si se sujetan con una cuerda.

Por lo tanto tendrás que aplicar un protocolo de reducción de estrés, en la calle y en casa.

Y como por arte de magia, la tensión de la correa desaparecerá.

Alejarse de ti

Ésta es dura de encajar, pero pasa. Bastante, además.

Si tratas a tu perro como a un soldado, y le das órdenes constantemente.

Si intentas controlar cada uno de sus movimientos.

Si bloqueas cada conducta que no te parece adecuada (o sea, casi todas).

Si le gritas a menudo.

Si te enfadas por todo o intentas educarle mediante castigos.

Tu perro intenta alejarse de ti.

Y la correa se lo impide. Por lo tanto, la tensa.

Si crees que éste es tu caso, te toca hacer autocrítica y empezar a cambiar. De perspectiva, de modo de educar, de prioridades, incluso puede que de emociones.

Porque tu perro tiene que pensar que a tu lado es el mejor sitio del mundo, y si ahora mismo no lo piensa, es que hay mucho que cambiar.

Huir del miedo/dolor que le producen las herramientas “mágicas”

 

Sí, hay perros que tiran aun más cuando llevan un collar corredero o de pinchos.

Qué ironía, no?.

Se relaciona con uno de los supuestos que veíamos más arriba: huir de una situación dolorosa.

Si tu perro lleva un lazo al cuello, y eso hace que sienta dolor y  miedo, intenta alejarse de eso tirando.

No piensa, solo actúa. El argumento “pues si deja de tirar ya no le dolerá” necesita razonamientos.  Y no puede razonar, porque el miedo y el dolor se lo impiden.

También puede que como el paseo le resulta tremendamente desagradable o directamente insoportable, tira para llegar a casa lo antes posible.

Aquí si hay solución “mágica”: elimina esa herramienta y ponle un arnés cómodo. Evita los de diseño noruego, que impiden una movilidad adecuada de la espalda. Y problema resuelto.

Correa demasiado corta

Igual suena de Perogrullo, pero si la correa es corta, cada vez que tu perro dé un paso y no esté sincronizado contigo, tensará automáticamente la correa.

Aquí también hay una herramienta “mágica”: una correa bien larga.

Hay perros que sí dejan de tirar con una correa de tres metros, sin ningún otro esfuerzo por tu parte, siempre que camines despacio y le dejes pararse y zigzaguear a su antojo.

Si pensabas que el modo adecuado de pasear al perro es que éste se coloque pegado a tu pierna y permanezca ahí durante una hora, como si fuera una sombra, tienes un concepto equivocado.

Puede conseguirse, por supuesto, pero exige mucho esfuerzo, sobre todo para el perro, y arruina la finalidad y beneficios del paseo, por lo que no tiene sentido esforzarse tanto para eso.

Es más rentable para los dos “darle cuerda” y adaptarte tú a sus movimientos, que exigirle a él que se adapte a los tuyos.

En todo caso la elección es tuya.

 

Y con esto termino, no están todas, pero sí las más habituales y destacadas.

Si encuentras cuál (o cuáles) es la razón que hace que tu perro tire y tire sin parar, y empiezas a trabajar sobre esa razón, en lugar de sobre el hecho de tirar en sí, en muy poco tiempo (en algunos casos) o en algunas semanas (en otros) corregirás ese problema de modo amable y respetuoso.

Y podrás disfrutar de muchos años de agradables paseos con tu amigo.

¿No crees que la “inversión” merece la pena?

 

 

 

 

Las primeras noches

¿Cómo conseguir que tu cachorro no llore las primeras noches?

No hay nada tan emocionante como los primeros días con tu nuevo cachorrito. Tan lindo y simpático, y con tanta curiosidad por todo…. Esas primeras horas juntos se las pasa explorando cada centímetro y jugando con todos, es fantástico.

Pero tras un día largo, se puede avecinar una noche eterna.

La queja “no sé qué hacer para que se duerma por la noche y deje de llorar” es muy habitual.

Es una fase, y en pocos días seguramente cese, pero no es agradable para nadie (especialmente para los vecinos que NO tienen perro). Y no es un buen precedente en vuestra relación el que tu cachorro llore desconsoladamente y no hagas nada para solucionarlo.

Él espera que te ocupes de atenderle, de día y de noche.

Así que aquí va un truco que suele funcionar, pero antes unos comentarios que también juegan a tu favor.

Elige bien el momento

Si puedes evitarlo, no adoptes cachorros demasiado jóvenes.

Un perrito de cuatro semanas llorará seguro porque debería estar con su madre, y la ha “perdido”. Es difícil convencerle de que no hay peligro y que no merece la pena llorar. Y puede ser una experiencia realmente traumática para él, que quizá le marque para el resto de su vida.

Llevar a  un cachorro con al menos ocho semanas de edad sería lo ideal.

Si tienes contacto con el dueño de la madre, pedirle que coloque un trapo o toalla vieja junto a la zona de descanso de la perra para que retenga su olor, y llevártela junto con tu cachorro puede ser una ayuda la primera noche. Así la transición no será tan violenta.

También tienes que asegurarte antes de ir a dormir de que sus necesidades más básicas están cubiertas: comida, agua y necesidades fisiológicas.

Seguramente durante la noche también tenga que cubrirlas, así que procura que pueda hacerlo (la comida no es necesario a menos que sea realmente muy pequeño).

¿Y cómo puedo ayudarle las primeras noches?

Y ahora el truco en sí mismo: no intentes que duerma solo.

A menudo se decide el lugar donde dormirá el pequeño, y se cree que debe ir a ese lugar desde el día uno «para que se acostumbre».

La opción suele ser una habitación fácil de limpiar y con pocas opciones de destrozos, como la cocina.

Pero no se puede dejar a un perro tan pequeño solo durante ocho horas justo después de haberse separado de su madre y hermanos.

Así que las primeras noches, mientras se adapta a sus nuevos horarios, su nueva casa, y forma un vínculo contigo, prueba a meterlo en tu dormitorio.

Si has elegido una caja cerrada para que duerma en ella, puedes probar a colocarla algo elevada junto a la cama.

Así, si lloriquea un poco, puedes darle unas caricias tranquilizadoras para que se calme.

Si va a dormir en una camita propia, ponla junto a tu cama, lo más cerca posible de tus manos, por la misma razón.

Seguramente en algún momento llore un poco, pero se calmará al saber que no está solo y que le apoyas.

Más adelante, cuando gane en confianza, conozca a fondo su entorno, y empiece la fase de “emancipación”, él mismo preferirá un lugar algo más apartado para dormir, y se alejará voluntariamente.

Pero al principio necesita tener muy claro que cuenta contigo.

Así confiará más en ti, y seguro que los vecinos lo agradecerán.

 

¿Cómo hago para que mi perro no defienda su comida?

O sus juguetes, o el sofá mientras está subido en él, o un hueso, o……

¿Por qué me gruñe mi perro?

Esta es una duda común a muchos propietarios cuyos perros, en mayor o menor medida, defienden y se muestran agresivos cuando disponen de algún recurso.

Puede que lo defiendan de todo el mundo o solo de miembros de la familia.

De perros con los que conviven o de perros extraños.

La cuestión es que esa defensa puede resultar incómoda en el mejor de los casos, o desencadenar una trifulca (entre perros) o un mordisco a una persona en el peor.

El primer paso sería preguntarse por qué lo hace.

Hay planteamientos que indican que el perro defiende aquello que considera que tiene cierto valor y de lo que puede haber escasez (lo que genera competencia). Y que cuando lo hace está mostrando su inseguridad. Tiene miedo de perder algo que le importa y que no abunda en su entorno.

También hay quien opina que en realidad no defiende recursos, sino a sí mismo.

Tiene ya experiencias previas en las que en presencia del recurso ha tenido situaciones de conflicto emocional intenso.

Y ahora, ante la presencia de otro individuo que muestre interés o se aproxime lo suficiente, se siente amenazado.

Y realmente cree que debe defenderse, por lo que manifiesta expresiones corporales de agresión y puede llegar a morder si se le presiona, se le regaña o se invade su espacio.

El caso es que con mucha frecuencia los dueños que consultan este problema reconocen que ha habido episodios de confrontación frente al recurso en el pasado. A veces desde que el perro era muy cachorro.

Así que la segunda explicación parece tener  bastante sentido.

Porque lo habitual es que cuando el perro toma algo del suelo, el dueño salte rápidamente sobre él con malos modos y se lo arrebate, generalmente acompañando la acción de una regañina o un manotazo en el morro.

Si ese algo es un objeto que ha encontrado en el suelo de casa, la situación tiende a ser similar.

También es fácil que desde el día uno el dueño haya metido las manos en el comedero del perro o le haya retirado el cuenco mientras come, siguiendo la tradicional recomendación popular de que el perro debe dejar que le quiten la comida.

Esto produce en el cachorro, tras unas pocas repeticiones, una sensación de “esta situación empieza a resultar emocionalmente muy conflictiva”.

Otra situación habitual es la del perro que se sube al sofá en una casa donde no lo tiene permitido.

En ese momento es desalojado con gritos, empujones o malos modos. A veces incluso cuando ya está dormido.

La consecuencia es que el perro realmente siente las situaciones relacionadas con esos recursos como amenazadoras: puede que pierda o no dicho recurso, pero lo que sí es bastante constante es que hay enfado y brusquedad a su alrededor. Y eso le genera miedo, y las consecuentes maniobras defensivas.

¿Cómo crees que se siente tu perro?

Hagamos un ejercicio de empatía: ponerse en el lugar del otro nos ayuda a ser más comprensivos y a mantener la calma a la hora de plantear soluciones.

Una idea que puede ayudarte a entender la situación es la llamada aversión ante la pérdida.

Es un problema muy común que tenemos los seres humanos. Sufrimos mucho más cuando perdemos algo que ya tenemos (aunque no sea valioso) que cuando conseguimos algo nuevo.

Deshacernos de nuestras cosas, incluso solo de unas pocas no muy importantes, nos cuesta horrores. Si nos las quitan, peor aun, porque no lo hemos decidido nosotros.

¿Te parece una tontería?. Haz la prueba. Mira  a tu alrededor. Elige un objeto. Uno normalito. Ese jarrón de la estantería. Un libro que leíste hace mucho y que no te entusiasmó demasiado. Ese par de zapatos que apenas te pones. Esa camiseta que aun tiene los pliegues de «nueva» marcados aunque la compraste el año pasado.

Coge ese objeto y tíralo a la basura. Ahora mismo, no lo pienses, hazlo.

¿Qué tal?. ¿Has podido hacerlo?. ¿O has pensado «menuda chorrada, no tengo por qué tirar nada, me hace falta o me gusta y no hay razón alguna para tirarlo»?.

Seguramente lo segundo. Es la aversión a la pérdida.

¿Qué tal si alguien viene a tu casa, y elige lo que le parece que sobra en tu vida o que deberías ceder a terceros, lo mete en cajas y se lo lleva?.

Peor aun que si lo hicieras tú mismo. Seguro. Tratarás de impedírselo a toda costa.

Seguramente incluso te enfades.

Ahora mira a tu perro, y piensa en lo que tiene. Lo poco que tiene. Unos juguetes, su cuenco con comida, un mordedor de cuero.

Tranquilo, es un perro, lo del materialismo no va con él, de hecho son felices con lo puesto (deberíamos aprender de eso, eh?).

Pero si en un momento dado tiene algo entre las patas, ese algo es SUYO. Durante un momento, disfruta de ese algo, ese juguete, esa golosina, esa comida.

Quitárselo por el mero hecho de demostrar que podemos hacerlo es una enorme grosería.

La idea popular de «debes poder quitarle las cosas a tu perro», ¿en qué se basa exactamente?. ¿En demostrarte a ti mismo y al pobre animal que en realidad no tiene absolutamente nada, que tú eres el dueño de todo y se lo concedes porque te apetece, pero que puedes cambiar de idea cuando desees?.

Suena un poco cruel, la verdad.

Es tu amigo, quizás tu mejor amigo, y le has invitado a vivir contigo y a compartir los recursos.

Le has prometido que cubrirás sus necesidades, incluyendo las básicas de comer y jugar y disponer de un lugar cómodo y seguro para descansar. Entonces, ¿por qué cambiar de idea sobre la marcha?.

Entiendo que a veces puede ser necesario retirarle algo de la boca, porque sea muy valioso (una colleja para quien lo dejó al alcance de unos colmillos afilados y ociosos) o peligroso para el animal.

Y que si observas que se pone muy tenso y gruñe cuando alguien está cerca de su comedero, te preocupe que un día ese alguien sea un niño pequeño y pueda ocurrir una desgracia.

Todo eso tiene sentido y es muy sensato. Es una manera de anticiparse a posibles problemas, y el mejor modo de resolver problemas, el  más económico en tiempo y energía, el más eficaz, es anticiparse a ellos.

Te felicito por pensar en ello.

Pero hay que entender las implicaciones emocionales de arrebatarle violentamente a alguien que tiene lo justo aquello que le importa en el momento en que lo está disfrutando.

Es traumático.

Es un sinsentido.

Es algo que puede dar miedo. La reacción de defensa es totalmente natural.

¿Qué puedo hacer entonces para corregir esa conducta?

Así que de acuerdo, si quieres que tu perro permita circular cerca de su plato de comida o te ceda algo que tomó con la boca, piensa primero en lo mal que te sentirías si te quitaran tus cosas sin razón aparente, piensa que él puede sentirse de un modo similar, y luego cambia el enfoque para que él también lo pueda ver de otro modo: no te quito tus posesiones.

Solo vamos a plantear un juego en torno a ellas en el que vas a salir ganando.

Así tú consigues lo que quieres (acercarte a su comida, retirarle objetos de la boca) y él conserva lo que necesita y no se siente amenazado, y todos contentos.

Por lo tanto lo ideal es anticiparse al problema, y evitar los conflictos por los recursos.

Piensa que esto puede sucerde en el futuro con cualquier perro, y empieza a plantear situaciones desde el principio con tu cachorro.

Si deseas poder trastear en el comedero de tu perro, o quitarle objetos de la boca, trabaja esas situaciones de modo amable, con aproximaciones progresivas según su grado de comodidad, y generando momentos de “tú ganas/yo gano”

Es decir, la retirada del recurso o el acercamiento al mismo debe implicar siempre que el cachorro obtiene algo de gran valor, y a menudo (siempre, si se está entrenando) mantiene el recurso en disputa.

Pero si ya es tarde para este consejo, ¿qué puedes hacer para corregir este problema cuando ya está presente?.

Solución sencilla

Pues la solución sencilla es nada.

Respetar el espacio del perro en todas aquellas situaciones en las que se pone a la defensiva es una acción pasiva, rápida, gratuita y eficaz.

Si te fijas bien, solo empieza a emitir amenazas (gruñidos, ladridos, mostrar dientes, pelo erizado) a partir de cierta distancia.

Pues si todo el mundo se mantiene a una distancia mayor, el problema no aparece.

Puedes rodear o apartarte de tu perro en los momentos en los que sabes que puede ponerse a la defensiva, o enviarlo (con amabilidad) a una estancia diferente antes de que se produzcan esos momentos (por ejemplo, con la comida) para que el resto de la familia pueda seguir con sus actividades.

Si defiende solo el comedero, puedes deshacerte del cuenco y esparcir el pienso por el suelo, en un espacio amplio.

El recoger y buscar la comida le relaja y evita que defienda un espacio reducido;  recuerda no molestarle ni darle pistas mientras va comiendo cada bolita, déjale hacer a su aire.

Si defiende el sofá,  puedes asignarle un sitio para él donde no se le molestará ni echará, o incluso conseguir una butaca vieja para él, si cabe en la casa.

Si defiende sus juguetes, que juegue él solo.

Si defiende objetos que ha encontrado en el suelo y que son tuyos, empieza a ser más ordenado y no los dejes a su alcance, no podrá defenderlos más (ni romperlos tampoco).

Solución complicada

Si esta solución te parece simplista, no es aplicable en tu caso, o quieres hacer algo más espefícico para modificar el problema en lugar de hacer como que no existe, puedes hacer lo siguiente.

Por un lado existen docenas de «consejos» que implican amenazar (aun más), cohibir, inhibir, gritar, zarandear, voltear, dar toques, chistar o incluso electrocutar a tu perro.

Lógicamente no te las recomiendo por muchas razones.

Pero la más destacada es que producen miedo (por eso pueden ocasionalmente funcionar o parecer que funcionan).

Y si tu perro actúa agresivamente porque tiene miedo, ¿qué crees que puede llegar a pasar si intentas corregir la conducta añadiendo más miedo a la ecuación?. Nada bueno.

Por otro, puedes empezar a trabajar con la pauta que te indico a continuación.

O puedes buscar otros métodos amables para manejar estas situaciones, que los hay, o usar lo que te voy a contar como inspiración para adaptarlo a tu situación particular.

1- Haz una lista

Identifica y anota en un papel todas las situaciones en las que tu perro defiende un recurso (comida, espacio, objetos).

Ordena la lista de menor a mayor intensidad de defensa.

Ten presente que defender un recurso no es solo gruñir y morder, también debes valorar los momentos en los que hay tensión muscular, mirada fija, pelo erizado o cabeza agachada como si cubriera el recurso con su cuerpo cuando te aproximas, ya que son indicadores de problemas.

Sí, aunque no gruña o muerda.

2-  Empieza por las situaciones de menor intensidad.

Dedica tiempo a pensar cómo puedes enfrentar esa situación para que en lugar de generar un contexto de competición (yo gano/tú pierdes) puedas producir una situación de cooperación (yo gano/tú ganas)

Se trata de que tu perro consiga algo positivo por NO proteger o por ceder el recurso en lugar de guardarlo para sí. Eliminamos la confrontación y la necesidad de defenderse. Más adelante pongo ejemplos.

3- Devuelve lo que le has quitado

Siempre que sea posible, además de la nueva ventaja que añadas a la situación, debes devolverle o dejarle conservar el recurso. Así gana el doble y se hace más tolerante.

4- No le presiones o amenazas

Nunca, bajo ningún concepto, se debe hacer frente a un perro que defiende un recurso, ni regañarle, corregirle, someterle o tratar de dominarle.

Esas acciones no le enseñan nada más que a tener más miedo, le dan la razón sobre su sensación de amenaza, y le indican que debe defender(se) aun más intensamente la siguiente vez que se repita la confrontación.

A menos que el castigo sea tan severo que la situación le infunda pánico, y probablemente no volverá a gruñir o ladrar, al menos a la persona que le ha intimidado. Pero eso no suele implicar que no llegue a morder en el futuro, en ese contexto o en otros.

5- Repetir y repetir

Repite la situación en la que hayas  planificado un “yo gano/tú ganas” hasta que convenzas a tu amigo de que has cambiado de intenciones y que el contexto ya no es una amenaza.

Sabrás que lo has conseguido cuando en lugar de agachar la cabeza, erizar el pelo, bajar el rabo o llevarlo alto y rígido, con la mirada fija y el lomo arqueado, sonría, mueva el rabo, tenga el cuerpo relajado, y puede incluso que abandone el recurso para aproximarse a ti (¡éxito total!).

6- Empieza de cero con otra persona

Cambia el sujeto que realiza la confrontación.

En lugar de hacerlo tú, le toca a tu pareja, a tu madre, a tu hijo….. a otros miembros de la familia.

Que repitan la secuencia del mismo modo durante días (o semanas), siempre la misma persona, hasta que el perro se muestre relajado e interesado.

Entonces volver a cambiar la persona. Así hasta que toda la familia, amigos y visitas puedan aproximarse en ese contexto y tu perro se muestre relajado.

No bufes, que esto tampoco será eterno.

Cada nueva repetición y cada nueva persona tardará mucho menos que al principio en lograr el éxito.

Solo las primeras sesiones son lentas porque ya hay antecedentes negativos. Después todo va sobre ruedas.

7- Da un paso atrás

Si durante el desarrollo de una sesión, estando tu perro ya relajado, notas que al aproximarse una persona el animal detiene la acción (comer, roer, jugar) y fija la mirada de reojo en dicha persona, hay que dar un paso atrás.

Y empezar desde un poco más lejos, porque estás yendo demasiado deprisa y no se siente cómodo ni seguro.

8- Haz lo mismo con los demás conflictos

Cuando la situación esté bajo control, táchala de la lista y pasa a la siguiente.

Repite desde el punto dos contigo. Y luego con el resto de la familia. El proceso irá más rápido con cada situación nueva, tu perro asimila que algo está cambiando y es a mejor, y generalizará.

Ejemplos modelo

– Gruñe en el sofá

¿Es necesario echarle?.

Si lo es, en lugar de manipularle físicamente o gritarle, llámale suavemente desde cierta distancia y prémiale por acudir a tu lado. Ya se ha bajado del sofá sin gruñir.

O ponte al otro lado del sofá y lanza unas golosinas hacia el suelo y que lo vea (bajará a por ellas).

Ocupa en ese mismo momento el espacio que ha dejado libre, o cúbrelo con objetos que lo hagan incómodo (como sillas tumbadas). Así evitas que suba de nuevo sin tener que vigilarle ni hacerle bajar cada cinco minutos.

Asegúrate de que dispone de al menos una cama bien cómoda donde descansar (aunque luego no la use). Si quiere estar junto a la familia, esa cama puede colocarse junto al sofá.

– Gruñe con su comedero

¿Puede estar solo mientras come?.

Si no es posible, busca al menos una zona tranquila sin gente pasando ni ruidos intensos donde pueda comer con calma y sin prisas.

O bien deshazte del comedero y usa juguetes dispensadores, o esparce la comida por una superficie amplia de suelo y que recoja las bolas de una en una.

Si prefieres conservar el cuenco, tendrás que entrenar la aceptación de movimiento cerca de su comedero.

– Gruñe con sus juguetes

Puede jugar solo.

O se puede jugar con él presentando los juguetes por duplicado. Cuando tiene uno se le ofrece otro igual y se le incita a cogerlo. Cuando lo hace, se puede recuperar el otro y repetir la secuencia.

Así logra jugar con las personas sin situaciones forzadas. Si no desea jugar y compartir, sencillamente no aceptará el segundo juguete. Pues vuelves al punto uno (que juegue solo).

Pero si deseas poder retirarle un objeto de la boca sin más, estos son los pasos:

Prepara una taza con trocitos de comida apetecible. Y ten a mano el juguete que protege.

Dale el juguete. Cuando lo tome, ofrece un trocito de comida acercando la mano a su nariz, si lo permite.

Si no lo permite (gruñe, se eriza, enseña los dientes), simplemente lanza el trocito de comida cerca de él, que lo vea caer.

Cuando se levante a buscarlo, recupera tú el juguete.

Le felicitas y le das el juguete de nuevo.

Repite la secuencia: ofreces golosina, que la tome, recoges el juguete, se lo devuelves. Diez o quince veces por sesión. Las sesiones deben ser cortas.

Repite al día siguiente, y al siguiente. Y los días que sea necesario.

Has triunfado cuando se vea relajado con estas maniobras, e incluso se ponga a buscar o tome lo que le das sin preocuparse demasiado por el juguete.

Termina las sesiones dejándole el juguete todo el tiempo que quiera.

Empieza todo el proceso con otro juguete. Y luego con otro. Hasta que le parezca bien ceder todos sus juguetes.

De nuevo como con las personas, las sesiones con juguetes serán más rápidas conforme tu perro ha entendido la mecánica, ha comprobado que sale ganando, y que tú ya no eres una amenaza.

Ah, y juega con él y con los juguetes siempre que puedas: jugar juntos es más divertido que proteger juguetes.


¿Qué te parece, has tenido problemas similares con tu perro?, ¿qué has hecho para solucionarlo?.

 

Qué puedes hacer si tu perro tiene ansiedad por separación….. antes de tratar la ansiedad por separación

Cómo superar la ansiedad por separación

Ay, la ansiedad por separación. Ese problema que tienen muchos dueños y que sufren muchos perros.

Quedarse solo en casa se convierte en una pesadilla para todos, y ante la frustración de dueños y vecinos y el padecimiento del perro, todo son emociones desbocadas.

En este artículo te explicaré algunas medidas importantes que debes tomar ANTES de aplicar un protocolo de corrección específico para este problema.

Y es que la APS es una alteración tan común que puedes encontrar fácilmente en Internet medidas estándar para aplicar a tu situación e intentar solucionar el problema.

Pero a menudo el hacer solo esto suele fracasar.

Y los dueños no comprenden la razón.

“He hecho lo que me decían, le dejo las luces y la tele puesta, me pongo los zapatos en la calle, y no le digo nada ni cuando me voy ni cuando llego a casa, se ponga como se ponga. Pero no mejora”.

Y la razón es que al hacer esto (y solo esto) estás tratando de simplificar un problema que no es nada sencillo.

Comprender qué pasa, porqué pasa, y qué efectos tienen sobre tu perro las medidas que se pueden adoptar son los primeros pasos a dar para conseguir el éxito en este duro trabajo.

Así que en este post te explico muy brevemente contra qué lucháis (tu perro y tú), y qué medidas debes adoptar antes de plantear siquiera un protocolo estándar.

Que por otra parte deberás adaptar a tus circunstancias y las de tu perro, y comprender bien porqué se hace así y no de otra manera.

Si quieres que el protocolo funcione y si no quieres tirar la toalla ante un planteamiento que te obligará a hacer muchos cambios incómodos durante semanas o meses, debes tenerlo todo claro antes de empezar.

Sin una buena motivación y un objetivo claro, junto con un entendimiento profundo de porqué se hace así y para qué se hace así, seguramente abandones al poco de empezar o en cuanto mejore.

Y entonces tu perro volverá a empeorar.

Y lo que es peor, te llenarás de rencor hacia él porque no logras entender porqué se pone así por algo tan tonto como quedarse solo en casa un rato.

Vamos al grano.

¿Qué es la Ansiedad por Separación?

Lo primero es entender qué es realmente la APS:

Que un perro ladre cuando te vas no es necesariamente APS.

Que cuando llegues a casa te encuentres un par de objetos hechos pedazos no es forzosamente APS.

Y si hay un pis por aquí y otro por allá, puede que no sea APS.

Así que antes de trabajar en balde, graba un vídeo con lo que ocurre cuando te vas a la calle y confirma que ese es el problema que tiene tu perro, y no otro.

Luego debes entender lo que significa realmente la APS.

Simplificando al máximo, quiere decir “miedo a quedarse solo, aislado”.

Ese miedo puede ir desde cierta incomodidad y nerviosismo, que se manifestaría como deambulación por la casa, algo de babeo, algún que otro ladrido, algún rascado en la puerta o ventana, hasta ataques de pánico descontrolado.

En un ataque de pánico el pobre animal ladra hasta la afonía, pierde el control de los esfínteres, rasca hasta que le sangran las uñas, y seguramente destroce el mobiliario de un modo que ni en tus peores pesadillas creíste que pudiera destrozar.

Hay razas que tienen una mayor representación: están genéticamente predispuestas a este problema.

Y hay otros factores que parecen facilitar su aparición, como la separación temprana de la madre y hermanos (sobre el mes de vida), el abandono (y posterior adopción), o el tipo de manejo cotidiano por parte del propietario.

Tener todo esto en cuenta es importante, ya que juega en tu contra. La genética, las experiencias previas, o el destete precoz son cuestiones que marcan y no podrás cambiar.

Eso no quiere decir que el problema no tenga solución.

Solo lo remarco para que tengas presente que cuantas más cosas puedas cambiar, más sencillo será recuperar a tu perro.

Y si tu amigo tiene muchos antecedentes no modificables, pues tendrás que armarte de paciencia y ser consciente de que te costará más.

También empeora el pronóstico el tiempo que lleve instaurado el problema.

Hay perros que han vivido en chalets y padecen APS desde hace años, pero no era molesto.

Hasta que los dueños se mudan a un piso, y los vecinos se quejan. Los dueños ni sabían que había un problema, y éste lleva mucho tiempo arraigado.

El estado de agitación y miedo demostrado también es importante.

No es igual corregir una APS de un perro que deambula, ladra un poco y rasca otro poco, que la de un perro con verdaderos ataques de pánico.

Valora todo esto antes de ponerte manos a la obra, para tener una idea realista de a qué te enfrentas.

Y ahora, a ayudar a tu amigo.

Primer paso: disminuye el miedo en la vida de tu perro

A grandes rasgos, lo primero en lo que te tienes que centrar es en reducir el miedo en la vida de tu perro.

Aun no he conocido ningún perro con APS que no fuera además “un perro miedoso”.

Que no presentara otros miedos claros a los que el propietario no ha dado importancia; que si a los cohetes y tormentas, que si a otros perros, que si al camión de la basura, que si a los hombres, que si a los extraños, o a los niños… o a todo a la vez.

Así que si mejoramos su gestión de miedos (en plural) en su día a día, avanzamos en la buena dirección a la hora de pedirle que gestione mejor ese otro miedo, el miedo a quedarse solo. Que es uno más de tantos que tiene.

Por lo tanto, tienes que empezar a trabajar en todas las facetas que se te ocurran y que estén a tu alcance.

Que suelen ser más de las que crees. Para ello tienes que tomarte un tiempo para observar situaciones cotidianas y valorar cómo se siente tu perro al enfrentarse a ellas.

Eso nos incluye a nosotros y nuestros manejos. Sé que a mucha gente le escuece ver que su mejor amigo le dice que le está asustando, pero es frecuente que nuestros perros nos tengan miedo.

Y eso no puede ser.

Un ejemplo. Hace un par de meses he adoptado una galguita (la rescataron de la perrera municipal de Valladolid por sacrificio inminente).

Una de las cosas que le asustan es que te muevas hacia ella rápidamente. Los movimientos bruscos en general. Le ocurre a muchos perros.

Así que si por lo que sea me aproximo a ella rápido, la acojono. ¿Duele?, pues sí.

Pero ella no me dice “largo, no te quiero que me das miedo”, solo me dice “eso que acabas de hacer me asusta”. Dando pie a un “¿podrías hacerlo de otra manera?”.

Sí, si que puedo. Puedo moverme despacio a tu alrededor. Pues perfecto, ¡prueba superada!.

Con esto quiero decir que te fijes al detalle cómo se siente tu perro en cada instante. Podrás saberlo por su expresión corporal.

Si no sabes nada de comunicación corporal canina, más allá de “si mueve el rabo está contento y si gruñe está enfadado”, tendrás que empezar un escalón más abajo y aprender sobre el tema.

Y es que convives con otra especie. Debes esforzarte por entender lo que dice cuando se comunica, o la convivencia será imposible.

Por cierto, no es verdad, el perro que mueve el rabo puede estar muy enfadado, y el que gruñe puede estar jugando, 😉

Luego, mejora o modifica o haz desaparecer de la vida de tu perro todo lo que puedas para reducir sus miedos, incluso si es miedo hacia ti.

O especialmente si es miedo hacia ti.

Este primer paso es imprescindible.

Segundo paso: aumenta la independencia

El segundo paso es aumentar la independencia, la autoestima y la seguridad en sí mismo.

Muchos perros urbanos no van muy sobrados de nada de esto.

Y es que los dueños tendemos a bloquear todo lo que nos molesta o no nos gusta o no consideramos socialmente apropiado por un lado.

Lo cual limita la independencia e iniciativa y reduce la seguridad en sí mismo del perro.

Y por otro tendemos al “pobrecito, no puede hacer esto, ya se lo hago yo”, para cualquier pequeño obstáculo cotidiano, lo cual genera mucha dependencia y baja mucho la autoestima: si te lo tienen que hacer todo, es que eres un inútil que necesita a terceros para que te ayuden y te resuelvan la vida.

Así que de nuevo tienes que hacer autocrítica y valorar cómo reforzar estos puntos. Hay muchos modos y son pequeños detalles cotidianos que hacen mucho por el perro.

Una anécdota. Tengo una galga que adopté hace unos 8 años, recogida en un pueblo de Huelva cuando tenía sobre 2 años. Venía con indefensión aprendida: autoestima cero, iniciativa cero, dependencia emocional 100.

De hecho la casa de acogida presumía (sin darse cuenta del error) de que «me sigue por la casa a todas partes”. Eso es un indicador de ansiedad por separación. Tomé buena nota.

Me llevó mi tiempo y trabajo desbloquearla para que fuese más autónoma e independiente. Ahora tiene iniciativas, no muchas, pero tiene. ¡A veces hasta tiene ideas!, 🙂

A menudo sus iniciativas no me gustan una mierda. Pero me tengo que morder la lengua, pues la perra no podría entender que incentive el tener autonomía, pero luego ponga un filtro y solo permita las iniciativas que me gustan a mí.

Así que he desarrollado una gran práctica en el maravilloso arte de “mirar para otro lado”. Y la dejo hacer. Aunque no me guste lo que haya decidido hacer. Nunca me ha dado un problema por quedarse sola.

Te toca hacer lo mismo. Si lo que tu perro ha decidido hacer no es realmente peligroso para su integridad física o la de terceros, déjale hacer. Aunque no te guste lo que hace.

Y si ya no hace nada por sí mismo, tendrás que animarle a que pruebe cosas y que vea las consecuencias (idealmente positivas).

Tercer paso: destierra el castigo y el regaño como sistema educativo

El tercer paso debería estar incluido en el primero, pero por su importancia lo recalco por separado: hay que dejar de castigar y regañar como medio de educar o de dirigir la conducta del perro.

El castigo funciona poco y mal y a menudo no como los humanos esperamos.

Es popular el perro que hace tal cosa solo cuando su dueño no está delante: se le ha regañado por ello; pues espera a que no le vean y asunto resuelto

Además el castigo suele tener efectos colaterales muy serios, y lo que es peor, añade mucho miedo y desconfianza hacia quien regaña en la vida del animal.

Eso genera dependencia emocional, a menudo muy intensa: en perros muy sensibles cuanto más se les regaña más dependientes y apegados se vuelven. ¿Problema?, ya no pueden vivir sin ti. Literalmente.

Y esa dependencia emocional excesiva da pie a la APS.

Si te estás preguntando “¿y entonces cómo corrijo tal o cual cosa en mi perrito?”. Pues existen otras maneras, pero eso da para un libro, jeje.

Cuarto paso: aplica el protocolo de APS

Y el cuarto paso, ahora ya sí, es aplicar el protocolo estándar de corrección de la APS, que es un rollo y es aburrido y te complica mucho la vida.

Pero ya lo haces sobre unos buenos pilares emocionales, lo que aumenta notablemente la probabilidad de éxito y acorta los plazos.

Si aplicas lo de salidas falsas y lo de no hacerle caso 15 minutos antes de irte o al llegar a casa y te quedas ahí, me atrevo a decir que el fracaso está garantizado.


¿Cuál es tu experiencia?, ¿qué tal lleva tu amigo el quedarse solo?, cuéntame en los comentarios.

Inhibiendo conductas

Preguntas

«¿Qué tengo que hacer para que mi perro no salte sobre la gente?.”

“¿Cómo hago para que mi perro deje de ladrar a otros perros?.”

“¿Cómo consigo que mi perro no tire de la correa?

“Ya no sé qué más hacer para que mi perro no  haga pis en casa.”

“¿Hay alguna manera de conseguir que mi perro no persiga a los corredores y las bicicletas?.”

“¿Qué hago para que deje de gruñir cuando….?.”

Podría seguir y seguir. Estas son consultas frecuentes de muchos dueños de perros, desesperados por conductas molestas  o incómodas de sus amigos, y que no saben cómo resolver.

Si te fijas bien, todas tienen un denominador común: el “no”.

En todas se plantea la inhibición de una conducta que nos desagrada o no es socialmente apropiada. Y en ese mismo punto es donde está la respuesta a todas ellas: lo que tienes que hacer es replantear la pregunta.

Respuestas

Cuando le preguntas a otros qué debes hacer para que un perro no haga X, lo que estás pidiendo es que te indiquen cómo bloquear un determinado comportamiento.

Y hay dos fallos importantes en ese modo de ver la situación.

El primero, que no te has planteado la razón por la que tu perro manifiesta una conducta.

Los perros, como cualquier ser vivo, siguen la ley del mínimo esfuerzo.

Si despliegan un nivel de actividad importante realizando una conducta es porque tienen una buena razón para ello.

En general, o hay una motivación subyacente (lo hacen para lograr un objetivo que realmente les importa) o expresan una emoción muy intensa.

Estas razones no son excluyentes.

Por ejemplo, un perro que gruñe a los niños puede estar expresando un miedo intenso a su presencia, y al tiempo intenta lograr que se alejen de él y le den espacio (motivación).

El segundo, que no estás ofreciendo alternativas.

Cuando un perro está despierto, está realizando conductas constantemente.

A veces corre detrás de algo, juega con sus amigos o persigue una pelota.

A veces simplemente está tumbado, mirando al horizonte y venteando el aire.

Todo eso son conductas. Pero no puede permanecer sin hacer nada.

Si queremos inhibir una determinada conducta, debemos ofrecer una alternativa válida (para ambos: “siéntate y no te muevas” puede no ser una alternativa aceptable para un perro que salta porque está nervioso).

Si solo bloqueas, el perro elegirá por su cuenta la conducta alternativa. Y quizá sea peor que la que acaba de abandonar.

Un ejemplo triste pero habitual es el perro al que se corrige por gruñir. Cuando deja de gruñir puede pasar a morder. Sigue expresando su miedo y sigue intentando lograr que se alejen de él, pero ahora además hace daño a terceros.

Una conducta válida en un contexto así podría ser darle una salida física, es decir, animar al perro a que se aleje de la situación y cubrirle las espaldas mientras lo hace.

Su situación emocional baja de intensidad, y de nuevo consigue su objetivo: alejarse de lo que percibe como una amenaza.

Que permanezca callado y quieto mientras a su alrededor ocurren cosas amenazantes no es para él una opción válida.

Volviendo al punto inicial. Después de lo dicho, puedes replantear la pregunta poniéndola en positivo. La negación bloquea. La formulación en positivo te da un punto de comienzo para la acción.

“¿Qué tengo que hacer para que mi perro mantenga las cuatro patas sobre el suelo cuando hay gente cerca?.”

“¿Cómo hago para que mi perro se mantenga tranquilo cuando ve a otros perros?.”

“¿Cómo consigo que mi perro camine con la correa suelta?.”

“Ya no sé qué más hacer para que mi perro haga pis en la calle.”

“¿Hay alguna manera de conseguir que mi perro ignore a los corredores y las bicicletas?.”

“¿Qué hago para que esté tranquilo cuando….?”

Soluciones

Ahora puede ser más sencillo pensar en qué conductas te parecen adecuadas como alternativa a las que no te gustan.

Y puedes dirigir tus esfuerzos e ideas a promover la realización de esas conductas en el entorno en el que se manifiesta la que tratas de modificar, en lugar de a bloquear lo que te molesta.

Algunos ejemplos: ¿qué tal si adiestras una conducta incompatible con la que no te gusta, y se la pides cuando corresponda?. Tu perro no puede saltar sobre la gente si está sentado. Tampoco puede perseguir corredores. Y en algunos casos puede bastar para que mantenga la calma frente a otros perros.

Otra opción: reducir (idealmente eliminar) la oportunidad. Es decir, no darle la opción de hacerlo mal.

Puedes alejarte de otros perros antes de que se altere.

Puedes sacarle con mucha frecuencia a la calle para que lo haga casi todo fuera.

Puedes echar unos trocitos de comida por el suelo cuando haya visitas para que no salte sobre ellas.

Puedes evitar las situaciones en las que sabes que gruñe.

Puedes mantener cierta distancia con corredores y bicicletas.

“Ya, pero es que con esas ideas mi perro seguirá haciendo lo que no quiero en cuanto me descuide. Si no le doy la orden a tiempo o no estoy atento para poner distancia, volverá a las andadas”.

Es cierto.

Y ahí es donde radica todo el quid de la cuestión: las conductas de un ser vivo cuando se relaciona con su entorno son algo complejo.

Presentan un gran número de influencias internas (salud, hormonas, genética…..) y externas (manejo, dieta, clima), presentes (lo que está pasando) y pasadas (la experiencia acumulada por el perro).

Al tratar de reducirlas a un par de contextos que nos preocupan especialmente, olvidando todo lo demás, nos damos cuenta de que no es tan sencillo como decir “haz esto y tu perro dejará de hacer esto otro”, porque muchas conductas están conectadas con otras cosas, a veces que ni sospechábamos que tuviesen influencia.

Puedes buscar una solución sencilla, un parche rápido y fácil de usar para los problemas.

Hay mucha gente que con eso se da por satisfecha. A menudo es lo que necesitas: modificar una conducta concreta para que deje de incomodarte.

Pero si en lugar de lo que necesitas te enfocas en lo que quieres (que tu perro no realice determinadas acciones, y que siga sin hacerlo en ausencia de órdenes o de vigilancia por tu parte), entonces estamos hablando de palabras mayores.

Puedes hacerlo.

Puedes lograr grandes cosas, estar satisfecho y orgulloso de la conducta de tu perro.

Pero necesitas implicarte, aprender, comprender, comunicarte con tu perro, establecer objetivos pequeños, trabajar día  a día, momento a momento, comprometerte con el cambio, que además debe empezar por ti.

Tener un plan de acciones a desarrollar y seguirlo, sin excusas.

Y sobre todo, desarrollar una visión global de la vida de tu perro y de las interacciones de las conductas visibles e inmediatas con todo lo demás.

Así que al final, tú eliges. Un “truco” que te permita cambiar sin esfuerzo algo que hace tu perro (pero que no hará que tu perro cambie), o una revisión exhaustiva de todo lo que se puede mejorar o modificar en vuestra relación (empezando por ti mismo) para conseguir que tu perro y tú cambiéis.

 

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