3 opciones que (no) valen para establecer un buen vínculo con tu perro

Y una que sí

 

Se va filtrando eso de que el perro no es un objeto que esté ahí para satisfacer nuestros caprichos, ni un soldado que solo es bueno si obedece todas nuestras órdenes.

O al menos, eso es lo que parece de un primer vistazo.

En consecuencia, muchas personas quieren saber qué tienen que hacer para conseguir un buen vínculo con su perro.

Pues esto es lo que promueven muchos profesionales para crear la relación “correcta” con tu perro.

Dale al Play:

 

1- Ignórale. Para todo. Si te pide jugar, ni caso. Si quiere ir a algún sitio distinto en el paseo, para nada. Si te salta encima, dale la espalda. Si te ladra, ponte a hacer algo que te aleje de él. Si quiere caricias, eleva la barbilla, fija la mirada hacia lo alto, y pon cara de Reina de Suecia. Solo tú puedes iniciar las interacciones, y solo tú decides cuándo terminan. Tú, y tú, y nadie más que tú. Eres el Centro del Universo conocido, y hay que pedirte audiencia para hablar contigo porque tienes una agenda muy apretada. Que tu perro lo tenga claro.

La idea es transmitir un “liderazgo calmado y firme”, donde tú cortas, pinchas y repartes, y tu perro, pues a esperar a que te dignes a reconocer su existencia.

No funciona así. El efecto que consigues es muy diferente, y no te va a gustar. A nadie le gusta.

2- Contrólale. En todo momento. Te pegas a su cola, le miras por encima del hombro, y le vigilas hasta mientras duerme. Si hace algo que no te gusta, se lo comunicas de un modo claro y efusivo. Puedes darle collejas, tirones de correa, arrastrarle del collar, o informarle “de que no” con voz cantarina. Si no llega con esto, subes el arsenal y le rocías la cara con agua en espray, le lanzas algún objeto contundente, le cortas el paso y le invades el espacio con mirada dura y brazos en jarras, o, si es muy necio y duro de mollera, le electrocutas le informas de su transgresión apretando el mano a distancia de tu moderno y sofisticado collar de impulsos. Después de haberlo positivizado, naturalmente.

Aquí el concepto es enseñar al perro cuáles son los límites y que debe respetarlos, y debe respetarte a ti también. Debes controlarle bien para que sea un perro bien educado y para que no moleste a nadie.

Oooohh, cuánto lo siento, esto tampoco funciona como dicen. Ni de lejos. Es un manejo perfecto para convertir vuestra vida en un campo de batalla, pero supongo que no es ese el tipo de relación que buscas con tu perro. Espero.

3-  Prémiale si hace bien, ignórale si hace mal. Aquí entrenas de modo premeditado cada posible situación real guiando a tu perro hacia la conducta que tú consideres adecuada mediante la comida. O el juego. Pero sobre todo la comida. Y si hace mal, simplemente no hay premio. Que nadie te lo ha dicho, pero eso se llama castigo negativo. Sí, quitarle la atención a tu perro es un castigo. Pero estás educando en positivo, así que no pasa nada. Y aunque nadie te lo ha indicado, como hay mil maneras de hacer algo mal y solo una de hacerlo bien, en casa y en los paseos te toca corregirle y regañarle en muchas ocasiones. Ah, y si tu perro es de los que prefiere vivir su vida a dejarse sobornar con comida, pues además tiene que ayunar tres días, ganarse cada atención, y tatuarse en una oreja “Nada en esta vida es gratis”.

Aquí se trata de que tu perro te vea como la única fuente posible de acceso a todo aquello que quiere, desea o necesita. Para cubrir cualquier necesidad, desde comer hasta rascarse donde no llega, tiene que pasar por ti. Y tú cobras peaje por todo, así que a cambio de aquello que te comprometiste a darle gratis cuando lo metiste en tu vida, ahora tiene que ofrecer conductas deseables. Recuerda, nada es gratis en esta vida. Sobre todo, si eres un perro.

Esta manera ya parece funcionar algo mejor. Con cierto tipo de perros. Los que ven comida y pierden toda dignidad, o tienen un déficit en el centro de saciedad del cerebro, y solo piensan en comer. El resto, como que no encaja. Pero en realidad no estás creando una relación sana y equilibrada como te cuentan, estás siendo un tirano que exige pleitesía para conceder dádivas a su (único) súbdito.

 

Bien.

Ahora para los que hace muchos años que dejaron párvulos.

Hay distintas maneras de establecer una relación con otro ser vivo, de vincularse con él.

Y muchas de ellas son tóxicas. Para el perro, sobre todo, pero también para ti, la verdad.

Ya verás, acércate. Más, un poco más, mira mejor:

Si una relación es asimétrica, no puede ser equilibrada, ni sana, ni adecuada para ambas partes.

¿Ves simetría por algún lado en los modos que he explicado al principio?

Si la ves, o tienes que mirar más de cerca, o necesitas urgentemente un oculista.

Y ese es todo el secreto.

Una relación equilibrada y sana con tu perro es aquella que es simétrica.

Tengo una membresía donde se tocan muchos temas.

Y este no podía faltar, claro. Hay varios módulos donde se explica el asunto del vínculo, el apego perro-humano, qué pintas tú en todo esto y cómo dar lo mejor de ti misma para que tu perro sea la mejor versión de sí mismo.

Para mí que te interesa (mucho) saberlo.

Pues puedes apuntarte a mis correos diarios para recibir más reflexiones como esta. También puedes seguir algunos de los programas de la tele, pero para mí que esos no te hacen pensar (ni te ayudan, realmente)

Tú decides.

PD-  Este asunto es tan importante, que cuando lo integras y aplicas ves claro que lo de educar al perro es una pérdida de tiempo y un tema innecesario en vuestras vidas. Solo por eso ya merece la pena estudiárselo a fondo.

¿Quieres hacer agility con tu perro?

Pues primero lee esto

 

En los años que llevo conviviendo con perros he realizado muchas actividades con ellos.

Me he apuntado a casi cualquier cosa que sonara divertida y que pudiéramos hacer juntos.

Un ejemplo de esa actividad es el agility

Ahora es muy popular, pero cuando me inicié, hace unos 20 años, pues no lo era tanto.

Y aun así ocurrían algunas cosas curiosas que creo siguen pasando.

Por ejemplo, que mucha gente tenía perros “especiales para hacer agilitity”

Léase border collie y malinois.

Como si con los demás no se pudiera hacer.

Bueno.

Creo que la idea era ganar, y con esas dos razas tus posibilidades suben bastante.

Pero claro, yo  no hacía agility para ganar nada, lo hacía para divertirme con mi perro y aprender cosas nuevas.

Supongo que hay sitio para todos.

El caso es que estuve algún tiempo practicando los obstáculos con mi husky de aquella época, que era Yarok

Ya he hablado alguna vez de él.

Rubio, grande, tranquilo.

Una vez una chica que entrenaba al tiempo que yo me pregunto si le decía algo al perro.

Que si le daba indicaciones verbales o algo.

Es que no se te oye” dijo otro que también entrenaba.

Ehem

Quizá es que vosotros gritáis como fans adolescentes y por eso no me oís.

Pero mi perro me oye perfectamente, y claro que le doy instrucciones.

También me negaba a eso de “guiar con la correa”.

La correa no guía, obliga.

O pasas por aquí, o te arrastro con la correa.

Eso no se lo puedes hacer a un husky, a menos que estés dispuesto a que cuando le sueltes, se aleje de ti a todo lo que le den sus patas.

Y yo no lo estaba.

Me tocó hacer a mí los obstáculos.

El ejemplo es la mejor guía.

Aunque yo no salto mucho, la verdad.

Lo mejor vino cuando un día me animé a competir.

Se lo dije al presidente del club, y se escandalizó bastante.

Que para competir la primera vez hay que pasar un “test de carácter”.

Y el test de carácter hay que ensayarlo y trabajarlo.

¿Perdona?

Es lo que hay, todos lo hemos hecho, y si no quieres, simplemente no puedes competir. Incluso King –el otro husky del club- estuvo trabajando dos meses antes de presentarse”.

Sí, conocía a la dueña de King.

Debía de estar muy contenta cuando andaba detrás de mí para saber cómo conseguía que mi perro me hiciera caso.

Me enfadé.

Era tan absurdo que no tenía sentido.

Al parecer lo del test de carácter lo hacen para asegurarse de que tu perro, una vez suelto, no va a salirse del recinto de los obstáculos para ir por ahí matando niños de entre el público.

Que me parece muy bien y tiene mucho sentido.

Lo  que no tiene sentido es lo de “ensayar”.

Luego entendí que la mayoría tenía algunos “problemillas” con sus malinois.

Parecían cocodrilos hambrientos, los tíos.

Triste.

El caso es que me di de baja, y luego llamé al presidente de otro club.

Le expliqué la situación.

Era miércoles, y la competición era el siguiente sábado.

Que si veía algún problema, pues no me daba de alta y tan amigos.

No vio ningún problema.

Fuimos a la competición.

Así, sin ensayar ni nada.

La juez empezó a desarrollar las pruebas del “test de carácter”

Eran cinco.

A la tercera prueba, la juez se acercó a Yarok y le metió la rodilla literalmente en el morro

Mi perro puso cara de ¿eh? y giró un poco la cabeza.

Y la juez me dijo “este perro es de peluche, bienvenidos a grado I”.

Y ya.

Pudimos participar.

Mi ex presidente se mosqueó mucho porque afirmaba que “eso que le han hecho ni es un test ni es nada”.

Me hubiese gustado ver qué pasaba si una desconocida le metía la rodilla en la cara a su mali.

Bueno, la juez no era idiota, no lo habría intentado.

Ah.

Ese día ganamos.

A los border y los malis los fueron descalificando por pasarse de rápidos.

Así que lentos pero seguros, hicimos unas buenas pistas.

Creo que ya de ahí se podría sacar alguna enseñanza para la vida real.

En fin.

Tengo un servicio de asesoramiento.

No te enseño a hacer agility, te enseño a dar ejemplo.

A no gritar a tu perro porque no hace falta.

A que podáis hacer cosas juntos siempre y cuando os gusten a los dos.

A disfrutar de su compañía aunque desde fuera te presionen en otra dirección.

Lo mismo es lo que estabas buscando.

En ese caso, le das al botón de abajo y te apuntas a mis correos. Y después ya vamos viendo.

Quiero controlar a mi perro

¿Seguro?

 

¿Sabes?

Hubo un tiempo en que dedicaba muchos esfuerzos a controlar lo que hacían mis perros.

A controlar cómo se portaban

Qué hacían con otros perros.

Cómo se manejaban alrededor de otras personas.

Controlaba cada una de sus respuestas.

Muy al principio por las malas, pero con mi segundo perro entendí que era mucho mejor por las buenas.

Premiando y tal.

Bueno.

Es una fase, la del control.

Normalmente los humanos tenemos un problema con este asunto.

Creo que los que saben de cómo funciona la mente afirman que es porque sentimos que apenas controlamos nada en nuestras propias vidas.

Que somos como cascaras de nuez flotando en un mar embravecido, siendo zarandeados de un lado para otro sin poder hacer nada.

Sin que nuestras decisiones y acciones parezcan tener demasiado efecto en el resultado final.

Viendo como otros que están por encima deciden y hacen cosas por nosotros en nuestro nombre.

Porque no creen que, aun siendo adultos, seamos capaces de cuidarnos nosotros mismos.

De tomar decisiones acertadas.

De ser capaces de sobreponernos a nuestros errores.

De poder asumir las consecuencias de nuestras acciones.

Vaya.

Que necesitamos que nos controlen, al parecer.

Y por eso, porque sientes que todo a tu alrededor está fuera de control, te enfocas en controlar a tu perro.

¿Y qué hace él?

No dejarse controlar

Cuanto más te empeñas en estar encima de él, más se aleja él.

Más te desobedece.

Peor se porta.

Si le dejas respirar por su cuenta, la lía.

¿Me sigues?

A veces hasta se vuelve “dominante”

Sí.

Se empeña en controlar constantemente a los demás.

Quizá porque siente que no tiene ningún control sobre su propia vida.

Y la cadena sigue.

Algún día deberías probar a dejarle decidir por sí mismo.

A equivocarse.

A asumir que sus acciones tienen consecuencias (ajenas a ti, se entiende) que pueden ser desagradables.

Algún día deberías probar a no controlarlo todo.

Y a centrar tus esfuerzos en cubrir sus necesidades.

 O en darle acceso a situaciones en las que él pueda cubrir sus necesidades.

Y en ayudarle cuando lo precise.

Pero solo en esos momentos, que no es un bebé que necesita que se lo den todo masticado.

Y a ver qué pasa.

El trabajo que te va a llevar hacer esto es menor que el que te exige el estar controlándolo todo cada minuto del día.

El esfuerzo (emocional) seguramente será mucho mayor.

Al principio.

Cuando veas el resultado, te vas a quitar un peso de encima.

Uno muy gordo.

En serio.

Lo sé porque a mí me pasó.

Y le pasa a las personas a las que logro convencer de que actúen así.

Igual te gustaría.

Pues empieza por suscribirte a los correos diarios por el botón. 

Ah. Una vez te hagas liberado de esta carga, igual puedes intentar recuperar algo de control sobre tu propia vida.

Eso también te hará sentir muy bien.

Aunque creo que ahí no podré ayudarte.

Las metas son para perdedores

Y nadie quiere ser un perdedor

 

Mira

Hay un libro que habla del fracaso y del triunfo en la vida y en los negocios

(Sobre todo en los negocios)

Y cuenta algo muy interesante, que me parece aplicable a muchos niveles.

Lo primero que afirma es que las metas, los objetivos, son de perdedores.

O sea, que si te pones una meta a cumplir, ya es casi seguro que has perdido.

Porque somos muy malos calculando nuestras capacidades, nuestra disponibilidad de tiempo y la cantidad de horas/días/meses que nos va a llevar alcanzar esa meta.

Entre otras cosas.

Y por lo tanto, lo más probable es que no alcances el objetivo que te has marcado.

¿Resultado?

Te frustras  y enfadas contigo misma.

Te entra ansiedad.

O te desprecias por no haberlo logrado, con lo fácil y claro que era, cómo es posible, etc.

Has perdido.

Y eso baja la autoestima y te desalienta de cara a intentarlo en el futuro.

Vuelves a perder.

¿Y entonces qué?

¿Nos quedamos de brazos cruzados sin intentar nada en la vida para no fracasar?

No.

El libro recomienda un cambio de perspectiva.

En lugar de objetivos y metas, utilizar sistemas.

Te organizas un sistema para dirigirte hacia aquello que te interesa conseguir, y lo aplicas.

De modo constante y metódico.

Y tus posibilidades de lograrlo se disparan.

Pone ejemplos.

¿Quieres adelgazar?

Decir “voy a perder 5 kilos en un mes” es una meta.

Decir “voy a revisar mi alimentación y mi actividad física para introducir cambios y mejoras en ese aspecto de mi vida” es un sistema.

Si lo aplicas, al cabo de un mes habrá ocurrido algo.

Puede que hayas perdido dos kilos.

O siete.

Pero el caso es que seguramente has avanzado en la dirección deseada.

Y si mantienes el sistema, cada vez avanzas más.

¿Quieres ahorrar?

Decir “todo lo que me sobre a fin de mes lo guardo en una cuenta aparte y en verano, con lo ahorrado, me pego un señor viaje” pues es una meta.

Decir “en cuanto cobre, aparto el 15% de mi dinero a una cuenta aparte todos los meses, como si fuera un gasto más” es un sistema.

Y en verano tendrás dinero ahorrado fijo.

Poco o mucho, pero lo tendrás.

Y si perseveras, cada vez tendrás más ahorros.

La meta, en cambio, probablemente será papel mojado.

Esto puede aplicarse también a la convivencia con tu perro.

Normalmente la gente que empieza a trabajar este aspecto de su vida quiere una meta.

“En un mes tu perro dejará de ladrar a otros perros”

“En ocho semanas podrá quedarse solo en casa cuando te vas a trabajar sin destrozarlo todo”

“En cuatro días conseguirás que tu perro no tire de la correa nunca más”.

“En diez minutos podrás logar que tu perro lance goles mejor que Ronaldo”

Son metas.

Son, a menudo, fracasos.

Un sistema suele funcionar mucho mejor.

Sin plazos, eso sí.

Pero avanzando de modo constante y seguro hacia una situación mejor.

Y si se persiste en el tiempo, la situación será cada vez mejor, hasta que un día ni te acuerdas de porqué te preocupabas tanto y el sistema es un hábito que has incorporado en tu vida y te sale sin pensar.

Por eso los atajos y pases de manos y abracadabras suelen fracasar.

Se enfocan en metas.

Y se olvidan de la complejidad del ser vivo que tienes delante y de los factores que ni siquiera tienen que ver con el perro pero que determinan su conducta.

Un sistema puede (debe) incluir todo esto.

De lo contrario fracasará, te frustrará, te enfadarás, y no querrás volver a intentar nada.

Puedo ayudarte con los sistemas.

Sin metas.

Solo para mejorar cada día un poco más.

Y que cuando mires atrás dentro del tiempo que sea, puedas ver el camino y sonreír viendo lo lejos que has llegado.

Y el primer paso para implemetar un sistema que funcione para mejorar la convivencia con tu perro pasa por suscribirte a los correos diarios.

Solo hay que darle a un botón.

A este:

Dar ejemplo es una gran herramienta educativa

Cómo ser un referente emocional para tu perro

 

Hace algún tiempo conviví con un husky llamado Yarok.

Yarok era un perro grandote, rubio y de carácter pausado y tranquilo.

Como suelen ser todos mis perros, en realidad.

Así que creo que eso dice más de mí que de mis perros.

Bueno.

El caso es que recuerdo un día paseando por la playa, que se hizo amigo de un dogo alemán.

Como buen dogo, pues era muy grande. Y todo lo que tenía de grande lo tenía de inocentón.

Era solo un cachorro de 10 meses.

Yarok le echó un par de miradas intimidatorias cuando se conocieron, para dejarle claro que él no era un juguete de peluche, pero que si le respetaba el espacio, podían ser amigos.

Y el dogo aceptó encantado

Así que ahí iban los dos, correteando e investigando juntos por la arena y las rocas.

Ah.

No lo he dicho, pero Yarok odiaba el agua.

He vivido con huskies que ni fu ni fa, y con otros a los que les encantaba darse baños y nadar como los patos.

Pero Yarok no era de esos.

El agua para los peces, debía de pensar.

Beber, y ya. Incluso en verano.

Bueno.

El caso es que mientras paseábamos, el dogo se detuvo frente a una poza enorme y profunda que había quedado en la arena al bajar la marea.

Y empezó a ladrar a todo pulmón. Y un bicho de 60 kilos tiene mucho pulmón.

Miré a ver qué pasaba.

Yarok miró a ver qué pasaba.

Una bolsa de plástico.

En mitad de la poza.

Flotando indolente y tremendamente amenazadora.

A ojos del cachorro, claro.

A mis ojos solo era una bolsa.

A los ojos de Yarok, era un contratiempo.

Miró la bolsa unos segundos evaluando su peligrosidad.

Miró al dogo unos segundos, evaluando el aprecio que le tenía y el compromiso que había establecido con él.

Y yo le miré a él mientras me reía disimuladamente y esperaba a ver cómo resolvía la situación.

Se lo pensó un poco más, puso cara de resignación, y se dirigió hacia el agua.

Mientras tanto su amigo no le quitaba el ojo de encima, y seguía ladrando y dando botes en la orilla de la poza.

Yarok entró en el agua, caminó dentro del agua, empezó a nadar cuando no pudo seguir andando y enfiló hacia la bolsa de plástico.

La atrapó con la boca, y volvió nadando hacia la orilla.

La verdad es que se le veía algo mosqueado, jajajajajaja.

Salió del agua, soltó la bolsa delante del dogo, y se tomó su tiempo para sacudirse todo el líquido que llevaba encima.

Entre tanto, el dogo, con una cara que oscilaba entre la expectación y la ilusión, dejó de ladrar, se acercó al trofeo, y lo olió con mucho detenimiento.

Le hizo un par de fiestas a mi perro, y siguió con su paseo.

Yarok me miró unos segundos, con la expresión tensa.

“¡¡¿Qué?!!”

No, nada” (mientras me aguantaba la risa)

Y seguimos paseando también.

A veces es duro ser un referente, alguien a quien otros puedan tomar de ejemplo y en quien puedan confiar.

Pero todos necesitamos alguien así en nuestra vida.

Tu perro también. Sobre todo tu perro.

Yarok no eligió morder al dogo para que no ladrase.

No le dio un empujón para que cerrara la boca.

No le dio la espalda, ignorando su reacción de alarma ni su malestar “para no reforzar sus ladridos y evitar así que luego ladre para todo”.

Tampoco le tachó de tonto, miedoso, cobarde o exagerado.

Para nada.

Yarok eligió escuchar al dogo.

Eligió no juzgarle ni darle la espalda.

Eligió ayudarle a superar su miedo, aunque él pensara que era un miedo estúpido y sin fundamento.

No trató de convencerle de que era un miedo estúpido y sin fundamento.

Se lo demostró, sin forzar ni exigir.

Simplemente dio ejemplo.

Aunque para ello tuvo que meterse en una situación realmente desagradable e incómoda para él.

Y gracias a eso, fortaleció la relación con el otro perro, sin esperar nada a cambio.

Solo porque quería ayudarle a ser un perro más seguro y tranquilo.

Como lo era él.

Tú puedes hacer lo mismo por tu perro.

Es lo que está necesitando.

Que le escuches, que le apoyes, que le des ejemplo. Que no le juzgues y que le ayudes.

A mis clientes les enseño todo esto, entre otras muchas cosas. Así que si quieres aprender cosas como ésta, puedes apuntarte en el botón de abajo. Mando a mis suscriptores un correo diario, con historias y anécdotas sobre perros, y lo mismo hasta te sirven para aplicarlas con tu perro. Pues dale al botón, y lo averiguas.

Fauna del parque canino

Existen curiosos ensayos donde se aplica la psicología (no sé si en serio o inventando) para detallar grupos de personas.

Esa selección se plantea para simplificarnos la vida.

Si puedes clasificar a alguien en un grupo por un rasgo importante de su conducta, pues mira, trabajo que te ahorras en conocerle.

Y se supone que así podrás anticipar cómo responderá ante ciertas situaciones.

Pues no voy a ser yo menos, y ahí va mi clasificación de personas en función de su comportamiento en los parques caninos.

Esta clasificación tiene cero base científica, y me la estoy inventando.

Pero lo mismo te ves retratada. Y a lo peor, no te gusta.

Avisada quedas.

Ah, y el género lo asigno aleatoriamente, que hay de todo en este mundo y nadie tiene la exclusiva de nada.

Vamos allá:

# El Tonto Alfa. Imposible no empezar por él (suele ser hombre, pero ojo, que a veces es una Tonta Alfa). Suele llevar un perro corpulento, le dice a todo el mundo lo que tiene que hacer y cómo hacerlo, y según él, todos los problemas del mundo canino se deben a que hay mucha mano blanda, mucha ñoñería, y a que no estás demostrando ser un “líder calmado y firme”. Si le das bola, te hará alguna demostración de qué demonios es eso, con su pobre perro, o peor, con el tuyo.

# El que llega al parque con el perro atado, y se pasea por él con el perro atado. En corto. Y mejor con un estrangulador o un halti. En posición de “Junto”. Intercala algunas órdenes como “Sit”, “Platz” o “Muerto”. Esta última para que veamos que es majete. Jugar es para perdedores, y la libertad lleva de cabeza a la falta de control y la anarquía.

# El que saca una pelota delante de diez perros enloquecidos, les pica y se asegura de que le han visto, y luego la lanza una y otra vez. Si se pelean, nunca es culpa suya, es que los perros de los demás no saben compartir, no saben jugar o son muy dominantes.

# La que llega (suele ser mujer), llama a todos los perros con voz de grulla desafinada, y cuando los tiene alrededor dando saltos y empujándose unos a otros, saca una galleta. Una. Para catorce hocicos. Ya está liada.

# El que suelta a su perro, para a continuación llamarle si se aleja más de dos metros, si se acerca a otro perro, si cava un hoyo, si intenta ir donde el de la pelota o donde la de la galleta, si invita a jugar a otro perro, o, en resumen, si trata de hacer cualquier cosa que no sea respirar. Además, se sienta en un banco y no se mueve de allí en una hora.

# La que llega, ni saluda, se da una vuelta rapidita sin hablar con nadie ni mirar a nadie ni interaccionar con nadie, y con las mismas se vuelve a marchar. Sin despedirse.

# La que está charlando con el grupo habitual, y en cuanto ve a un perro nuevo se pone a gritar a su perro como si le debiera dinero, corre hacia él, y le ata en corto, llevándole a rastras hacia el grupo habitual, donde se quedará hasta que se acuerde de que tiene perro o se aburra de la conversación.

# El que suelta a su perro, se va al banco, se sienta a tontear con el teléfono durante una hora, y le da igual si su perro huye de todos, ladra hasta a las farolas, acosa a todos los que entran por la puerta, le pide algún tipo de ayuda, se esconde atemorizado bajo el banco durante la hora completa, o se dedica a intimidar y revolcar cachorros.

# El que abre la puerta, mete al perro, cierra la puerta y se queda fuera. A veces, como ha venido en coche, se sienta y ahí espera. Te juro que lo he visto varias veces.

# La que llega y conoce a todo el mundo, saluda a cada persona y a cada perro por su nombre, le pregunta a cada cual algo sobre su vida privada para saber cómo le va, se sabe los cotilleos de absolutamente cualquiera, y si la dejas, te pone al día de todo lo que ha pasado en el barrio en la última semana. No suele prestarle atención a su perro, pero tampoco le interrumpe ni le controla. Eso sí, se puede pasar en el parque tres horas tranquilamente.

Y alguno me estoy dejando.

Termino.

El parque canino es un sitio normalmente nefasto para la salud mental y emocional de tu perro. Y a veces también para la física.

Pero de vez en cuando se le puede sacar partido para que resulte un lugar agradable y útil.

Para tu perro, claro, si quieres socializar tú, vale casi cualquier sitio con gente.

Así que si te interesa recibir consejos e ideas para mejorar la convivencia con tu perro y aprender a gestionar asuntos como el del parque canino, te apuntas al blog y te los mando al buzón, uno al día, cada día, todos los días.

En caso de que te identifiques con alguno de los tipos anteriores y quieras seguir así, entonces mejor pasa de apuntarte y sigue a lo tuyo.

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