Preferiría que me persiguiera Jason Momoa, la verdad

Soluciones mágicas para problemas reales

 

Los sempiternos anuncios de Internet que me persiguen por todos lados me dan mucho en qué pensar.

El que ahora me acosa es de una escuela de adiestramiento, que se empeña en contarme el gran secreto nunca desvelado por el cual los perros tiran de la correa.

Y lógicamente, el modo de solucionar eso rápida y eficazmente.

Sale una señora explicándolo.

Ya sabes, que si tu perro tira mucho y te arrastra por la calle.

Que si te duele la espalda de tanto soportar la tensión.

Que si se lanza y te derriba como si fueras un bolo.

Que si el muy petardo se dedica a hacer eses por la calle incomodándote y metiéndose todo el tiempo entre tus pies, haciéndote tropezar.

Esas cosas.

Luego da detalles varios para llegar a la conclusión maestra: los perros tiran por la calle por una única razón, que todo lo que ven, oyen y huelen les distrae.

Y como les distrae, se olvidan de tu existencia y de que van unidos a ti por una cuerda.

Y claro, tiran.

Ya.

Cómo no lo habremos deducido antes.

Tú eres un lastre para tu perro.

Un fardo aburrido y cargante al que hay que soportar mientras a su alrededor solo suceden cosas divertidas e interesantes.

Eres el mayordomo que le conduce de casa al parque.

El chófer que le lleva a sitios varios.

Pues vaya.

Qué bajo hemos caído, ¿no?

Una vez tienes bien clarita esta idea, la solución es realmente obvia.

Solo tienes que convertirte en el centro de atracción gravitacional de tu perro.

Que todo orbite a tu alrededor.

Que seas lo único interesante que ocurre en su vida.

O sea, que le enseñes a mirarte todo el rato.

Todo

El

Rato

Si solo te mira y adora a ti, no puede tensar la correa.

No puede lanzarse a por otros perros.

Ni perseguir bicicletas o corredores.

Mucho menos ir a por gatos.

Ni siquiera puede cruzarse delante de tus pies haciendo esas molestas eses.

Solo caminará derecho y pisando donde tú pises.

Sin prestar atención a su entorno.

Vale, ahora para los que no viven en un mundo de piruletas y unicornios que corretean por luminosos arcoíris.

Por si te han dicho algo parecido a esto, o se te ha pasado por la cabeza, que sepas que a menudo es falso.

Que la mayoría de los perros no tiran porque el mundo sea super divertido y se olviden de ti.

Algunos tal vez, pero no es la norma.

Y que tratar de que te mire a ti todo el tiempo, además de complicado de conseguir, es bastante triste, ¿no?

Es como si necesitaras que te idolatren mientras caminas por la calle.

Como si no fueras capaz de acompañar a tu perro en el descubrimiento cotidiano de su entorno.

Y en el disfrute sosegado de sus caminatas, que también son tuyas.

Como si no fuerais capaces de compartir esos momentos de un modo equilibrado, sin que nadie tenga que forzar a nadie tirando en una u otra dirección.

Con correas físicas. O correas emocionales.

Bueno, yo no voy a decirte cómo corregir lo de la correa, si es lo que te preocupa.

Para empezar porque es un problema que tiene miga y diversas respuestas.

Y para terminar, porque a menudo la tensión no está en la correa, sino en otro lado.

Y es en ese otro lado donde hay que enfocarse para mejorar y lograr cambios.

Y entonces la tensión en la correa, simplemente, desaparece.

Con esa otra tensión sí que puedo ayudarte

Un señor en bicicleta me dice qué hacer con mi perro

Y lo mismo no está dando ni una

 

Ay, cómo cuesta eso de no juzgar a los demás ni andar dando consejos a quien no los pidió y a quien ni siquiera conoces.

Yo casi lo he conseguido, pero me cuesta un huevo.

Y no siempre soy capaz.

Pero no está mal que te lo recuerden de vez en cuando.

Como esta mañana.

Paseo por zona boscosa, pistas de grava, sol y nubes.

Sitio tranquilo y bonito.

Vamos ya de recogida hacia la furgoneta.

Oigo unas bicicletas detrás de mí, así que reviso dónde están los perros.

Me acerco a la cuneta, con lo cual ellos también.

Y sigo caminando.

Van detrás de mí, lentos, con el rabo bajo, jadeando.

Ya están cansados, y el sol no ayuda precisamente.

Nos alcanzan tres bicicletas, montadas por un señor y dos niños.

El señor me habla.

Ese husky necesita adelgazar, que mira cómo va el pobre, no puede ni andar”.

Oh.

Casi nos alcanza, y sigue hablando.

Hay que darle menos pienso, mujer

Oh.

Que yo de perros sé algo”

Se me dibuja una sonrisa en la cara.

Porque estoy esforzándome por no abrir la boca, y por ahora lo estoy logrando.

Igual el calor tiene algo que ver.

O igual las dos horas largas de paseo que llevo en las piernas.

Igual todo esto también afecta a mis perros.

Igual.

Me sobrepasan las bicicletas.

Mira los galgos, como no les pasa lo mismo”.

Oh.

Ahora se vuelve hacia los niños.

Es que la gente se empeña en darles comida a los perros, y como se ponen contentos y les quieren ver así, pues se pasan

Oh oh.

Estoy derretida con tanta sapiencia junta.

O quizá sea el sol, no lo sé.

Pero logro mi objetivo y no abro la boca.

Aunque ganas tenía.

De decirle que dónde ve la diferencia entre lo que hace el husky y lo que hacen los galgos.

Todos caminan lentamente detrás de mí con la lengua fuera.

Que cómo sabe lo que les doy de comer.

Porque pienso/balanceado precisamente no es.

Y cómo sabe cuánto les doy de comer.

Porque el husky come justo lo mismo que Brianna y menos que Jimena.

Que pesan casi la mitad que él.

Así que cebarlo, lo que se dice cebarlo, pues igual no.

Que por qué iba a cebar a uno y a dejar a las otras dos escasas.

Eso sería raro, ¿no?

Y que lo mismo también es raro que yo esté flaca, los galgos estén flacos, y el husky esté gordo.

Igual hay alguna razón que no está relacionada con la comida.

O no solamente con la comida.

También se podría zanjar con un “y a usted que más le da, ni que el perro fuera suyo”

Pero mira, me he callado y me siento orgullosa de mí misma.

Aunque sea una chorrada.

En fin.

A veces yo también me paso de listilla y voy por ahí criticando y juzgando a los demás.

Así que asumo que me merezco esos comentarios.

Pero te prometo que me estoy esforzando por mejorar esto.

Algún día lo conseguiré.

Entre tanto, no sé si me paso de listilla pensando que lo mismo necesitas ayuda para convivir con tu perro y limar unas cuantas asperezas que ahora mismo te traen de cabeza.

Igual no te hace falta.

O igual no te convence lo que ofrezco.

Yo qué sé.

Pero en realidad eso da igual.

Eres tú quien tiene que tomar la decisión.

No un señor en bicicleta que no sabe de lo que habla, aunque crea que sí.

Ni yo.

Solo tú.

Rápido, fácil y sin esfuerzo

Céntrate en el proceso, no en el resultado

 

Cómo adelgazar rápido y sin privarse de nada” (5 millones de resultados)

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Inglés fácil y sin esfuerzo” (17 millones de resultados)

Aprende a tocar la guitarra fácil y rápido con el método X” (7 millones de resultados)

Aprende idiomas mientras duermes, consigue abdominales de infarto desde el sofá con una máquina que lo hace por ti, gana montones de dinero fácilmente y sin esfuerzo.

Educa a tu perro fácil y rápidamente, sin esfuerzo.

JA.

Ya lo sabes, pero te lo voy a decir igual.

Una cosa es el marketing.

Y otra, la (cruel) realidad.

Una cosa es que te digan lo que quieres oír.

Y otra diferente, la verdad.

Solo tienes que echar un vistazo a esas situaciones en las que mucha gente anhela un resultado.

Estar delgado.

Estar cachas.

Saber idiomas.

Tocar instrumentos.

O ya puestos, ser un gran cantante de rock.

O un extraordinario futbolista.

O si me apuras, un youtuber de gran popularidad.

Y te darás cuenta de que a nada que rasques un poquito, solo quieren el resultado.

El esfuerzo, el camino, los sacrificios que hay que llevar a cabo para lograr ese resultado.

(Que a menudo tarda años en llegar)

Eso no.

Eso no lo quiere nadie.

Así que la consecuencia lógica es que hay personas en todos esos campos.

(Y en tantos otros que me dejo)

Que te dirán lo que quieres oír.

No la verdad, que es desalentadora y no mola.

Lo que quieres oír.

Que puedes conseguir todo eso.

Sin esfuerzo.

Sin trabajo ni sacrificio.

Rápidamente.

Ellos te cuentan cómo.

Y entonces pueden pasar dos cosas.

Que todo siga igual que antes.

(Salvo tú, que te llevas una decepción de las gordas al darte de morros con la realidad)

O que logres el resultado deseado.

Pero que a cambio pagues una factura de efectos colaterales muy alta.

Básicamente, porque te has saltado el proceso.

Y de eso va este escrito.

De procesos.

No de resultados.

Los procesos implican cambios.

Modificación de hábitos.

Esfuerzos y constancia.

Y a veces, sacrificios.

Convivir con un perro está justo en esta lista.

La de procesos.

Y también está en la otra.

La de resultados rápidos, fácilmente y sin esfuerzo.

Así que eso es lo que te vas a encontrar cuando busques ayuda.

Una opción seduce.

Aunque rara vez funciona.

Y al final resulta que si había que esforzarse (en controlar a tu perro todo el tiempo)

Y no era tan fácil (a ti al menos no te sale igual de bien que al adiestrador).

La otra echa para atrás.

Pero una vez se integra en tu vida, sí que resulta fácil.

Y a toro pasado, el esfuerzo igual no era para tanto.

Adivina cuál ofrezco yo.

Deberías

O tal vez no

 

Deberías haber impedido que tu perro ladrara a ese niño.

Deberías haberle dado un tirón cuando tomó las galletas que había en el suelo.

Deberías chistar cuando tu perro se lanza a por otros perros.

Deberías ponerle un collar estrangulador para que deje de dirigir el paseo y de arrastrarte por todas las calles de la ciudad.

Debería aprender a comportarse cuando vas a tomar un café a una terraza con tus amigos.

Y tú deberías enseñarle a ello.

Deberías corregirle de manera enérgica y firme cuando se ha metido entre los pies de ese corredor.

Deberías, definitivamente, darle un toque cada vez que gruñe al perro del vecino.

Deberías llevarle más horas al parque de perros para que juegue y socialice.

O se convertirá en un perro hostil y agresivo con otros perros.

Debería aprender a permanecer tranquilo y quieto, bien sentadito, en la puerta de los comercios mientras tú haces compras.

Si lo hace mal, es porque tu deberías saber enseñárselo y no te has tomado el tiempo para ello.

Deberías tener un perro capaz de estar calmado y parado en todos sitios, sin excepción.

Deberías tener un perro bien educado.

Y no lo tienes.

Eso es lo que te grita silenciosamente la sociedad cada vez que ponéis un pie en la calle.

 

 

 

 

 

Respira.

Respira hondo.

Y olvida los “deberías”

Puede que esto te afecte tanto que necesites cumplir con todos esos deberías.

Entonces tendrás que pedir ayuda a un “entrenador de perros”, de esos que te prometen justo esto.

O igual estás ya muy harta de tanta tontería, y quieres demasiado a tu perro para abusar de él hasta que se comporte “como debería”.

Y prefieres conocerle mejor, comprender su naturaleza (y la de todos los perros), sus conductas, necesidades y motivaciones.

Soltar los “deberías”

Y aprender cuál es el mejor modo de hacerle sentir seguro, respetado y querido en su familia.

Para evitar meterle en situaciones donde nunca podrá comportarse “como debería”.

Porque no son realistas.

A menos que rompamos al perro.

Pero si tenemos un perro para romperlo en lugar de para aceptarlo como el perro que es.

¿Para qué tenemos, en verdad, un perro?

¿Para qué queremos convivir con él?

¿Para convertirlo en un bolso?

Qué amabilidad ni qué hostias

Al perro agresivo, ni agua

 

Leo opiniones enconadas cuando hablo de educación amable.

Suelen hacer referencia a cierto tipo de perros.

Es una especie de “eso que tú cuentas no sirve para todos los perros”.

Los que afinan más dicen: “con algunos perros solo sirve XXXXX

Donde XXXXX es la herramienta medieval que primero te venga a la cabeza.

Bueno.

Yo ya pasé por esos caminos.

Y sé a dónde llevan.

También sé dónde quiero estar.

Y a dónde no quiero volver.

El caso es que la educación amable, en mi muy subjetiva opinión, sí vale para todos los perros.

Lo que sí que no discuto es que no vale para todas las personas.

Y tampoco vale para conseguir cualquier cosa.

Así que quizá estemos de acuerdo (muy) en el fondo, no sé.

Lo que sí sé, y me apena, es que cuando alguien afirma que con cierto tipo de perros solo sirve XXXXX o que ser amable no funciona.

Lo que está diciendo es que para los perros que gruñen o muerden, no hay amabilidad que valga.

Con esos, mano dura.

Por decreto.

Ya intenté ir de guay dándole una salchichita el día que nos conocimos, y casi me arranca la cabeza.

Qué amabilidad ni qué ho stias.

Eso es lo que interpreto yo.

Igual me equivoco, claro.

Pero es lo que leo entre líneas.

Supongo que piensan que en realidad nunca he visto un perro gruñir.

Ni me ha mordido (o intentado morder) ninguno.

Eso tendría mucho mérito, teniendo en cuenta que he trabajado 20 años como veterinaria en una zona rural.

Donde los perros suelen ser grandes y no destacan por su socialización, precisamente.

Pero volvamos a la amabilidad y a lo de que, a ciertos perros, ni agua.

Sé que suena a tópico, pero estoy totalmente convencida de que lo que se siembra, es lo que se recoge.

Si estás proponiendo sembrar violencia (para acallar la violencia del perro).

¿Qué es realmente lo que crees que recogerás con el tiempo?

Igual a corto plazo parece que recoges paz y tranquilidad.

Pero es solo un barniz.

A medio plazo recogerás lo que sembraste.

Más violencia.

Y es que lo que se crea con violencia (la conducta “adecuada”) solo se puede mantener con violencia.

Esta frase no es mía, creo que es de Gandhi.

Que de violencia y de amabilidad hasta el agotamiento sabía un poco.

De hecho, conquistó una nación mediante la amabilidad.

Y expulsó a los ingleses con más amabilidad todavía.

Así que oye, cada cual decidirá cómo maneja ciertas situaciones con ciertos perros.

Pero sin engañarse ni engañar a nadie.

No es que ser amable no funcione con según qué perros.

Es que ser amable no sirve para que al minuto siguiente ese perro deje de gruñir o de morder.

(A veces sí, pero no es lo habitual)

No sirve para lograr objetivos y quedar bien delante de otros.

No vale para hacer vídeos molones del “antes y después”.

No sirve para eso, no.

Sirve para construir una relación de confianza y seguridad.

En la que la probabilidad de que esas conductas “violentas” aparezcan cae en picado.

Pueden volver a ocurrir, claro.

Pero caen.

Y en la que, yo al menos, me siento mucho mejor conmigo misma.

Porque soy coherente con lo que pienso y siento.

Pienso y siento que me gustan realmente los perros.

Y me gusta convivir con ellos y ayudarles.

Y eso, aplicando violencia, se ve totalmente desvirtuado.

No parece muy razonable decir que quieres a alguien y por eso le manejas con violencia.

Se comporte como se comporte ese alguien.

Al menos yo lo ve así, no sé tú.

Que es totalmente lógico que te enfades, te asustes o te inunde la frustración si tu perro muerde y gruñe.

Y no te sientas nada amable en esos momentos.

Somos humanos.

Pero justificar el abuso sobre un perro alegando que con amabilidad no vas a ninguna parte.

Y no consigues que deje de morder (y que haga lo que tú quieres) desde el minuto uno.

Es otra cuestión muy diferente.

Bueno.

A ti te toca valorar con qué te sientes más a gusto.

Y qué prioridades tienes a la hora de convivir con tu perro.

Si al enemigo ni agua.

Pues eso, hay muchos que opinan eso y que se dedican a “educar” perros.

Sean como sean.

Y hagan lo que hagan.

La amabilidad la reservan para los majetes.

Y el palo para los capullos.

Si prefieres conquistar a tu amigo demostrándole que eres su amiga, aunque esté teniendo unos malos meses.

(O unos malos años)

Puedo ayudarte.
 

¿Quieres saber dónde está el botón para apagar a tu perro?

Te cuento además qué pasa si lo aprietas

 

Te voy a mostrar algunos trucos que usan en los anuncios de cosas para perros para que compres casi sin pensar.

Solo para que la siguiente vez pienses, y luego compres.

O no.

Ya he comentado alguna vez que en el mundo del perro se mueve una barbaridad de dinero.

Y cada vez más, claro.

Y muchos quieren su parte de pastel.

Yo incluida.

Así que si vas a comprar (lo que sea), perfecto.

Pero con filtro.

Que si nos falla el filtro para comprar, imagina el filtro de recibir información, a secas.

Y luego menudo lío en la cabeza con datos y teorías y estudios y chorradas diversas y contradictorias.

Ahí va el texto del anuncio (me ha salido en Facebook):

“¿Tu perro obedece cuando quiere? Quienes tenemos mascotas sabemos que no todo es un camino de rosas. De hecho, seguramente algo de esto te suene:
Ladra si alguien entra en casa o si ve a otros perros
No deja de dar tirones en el paseo
Muerde la correa en lugar de pasear tranquilamente
Siempre come todo lo que pilla y se hace el sordo si le regañas
O en el peor de los casos, se muestra agresivo

Bien, buena presentación.

Te está aporreando donde te duele.

Tienes un perro, y en lugar de ser un disfrute constante, es un cúmulo de molestias, problemas e incomodidades.

Y eso no se puede tolerar.

Seguimos.

Si no corregimos estos problemas cuanto antes, nos estamos condenando a muchos años de estrés y alboroto que estas situaciones generan.
(……….)
Estos problemas se ven agravados si tu mascota es una raza grande que resulta físicamente difícil de controlar cuando se resiste a seguir tus direcciones.
Y si a eso le añadimos la incomodidad de estar cada día enfadándote, tener un perro mal educado puede convertirse en un auténtico infierno.
Lo mejor es ponerle una solución cuanto antes, pero ¿cuál?”

Aquí ya proyecta a futuro y te avisa de que esto va a ir a peor como no espabiles, tu vida será un infierno (si no lo es ya) y ojito, que todo es porque tienes un perro mal educado.

(¿Y de quién se supone que es la culpa de eso? Pues sí, tuya y nada más que tuya. Toma gancho de derecha)

Pero que no cunda el pánico.

Aquí tenemos la solución.

TU TRANQUILIDAD AL ALCANCE DE UN BOTÓN

Oooohhhh.

Mira que era fácil.

Y tú volviéndote loca y lidiando con tanto estrés y tanta ansiedad para nada.

Solo había que apretar un botón.

Espera.

¿Qué botón?

“El SoundTrainer emite un tono agudo y molesto para el perro, no detectable para los humanos. Solo tendrás que pulsar el botón cuando esté ladrando o portándose mal para que asocie el sonido desagradable con ese comportamiento, y así corregirlo de forma respetuosa sin causarle ningún daño

Ah.

Ese botón.

Es el clásico ahuyentador de perros por ultrasonidos reconvertido en herramienta “educativa”.

Por un lado, es tan sencillo que hasta un hámster podría hacerlo.

Si es que algún hámster tuviese interés en hacer callar a un perro.

Así te garantizan que, aunque te sientas torpe y sobrepasada por todo, con esto puedes.

Y por otro, cuidado, que es respetuoso y no hace daño.

No como esos collares llenos de pinchos o que sueltan descargas eléctricas que venden otros.

No.

Lo nuestro no hace daño y respeta mucho al perro.

Pero es molesto.

Eso ya no suena tan respetuoso.

Si algo que haces no me gusta y me dedico a meterte un dedo en la oreja hasta que paras, doler no sé si te duele.

Pero molesto fijo.

Y desde luego, no te estoy respetando gran cosa.

Claro que han olvidado mencionar que un porcentaje importante de perros tienen una sensibilidad auditiva elevada.

Y entonces ya no sería molesto.

Seria doloroso.

Así que tenemos que el chisme es molesto (y por tanto irrespetuoso) y a veces puede hacer daño.

Físico.

Del daño emocional que supone amedrentar a un perro para que detenga de inmediato una conducta, no se cita nada.

Porque en eso se basan estos cacharros.

En asustar.

Si no asusta, no funciona.

Hay perros que lo ignoran.

(Mis huskies por ejemplo nunca reaccionaron a los ahuyentadores de perros, alguien lo probó alguna vez)

Hay perros que detienen la conducta porque el sonido les llama la atención.

En esos funciona unas pocas veces.

Hasta que deja de llamarles la atención, y entonces lo ignoran.

Y hay perros en los que es radical.

Se inhiben de inmediato.

A esos.

A esos no les respeta, y les está haciendo daño.

Puede que físico no.

(A veces también)

Pero emocional, seguro.

Así que ya tienes una base para tomar decisiones.

Si quieres que tu perro se detenga por encima de todo.

Y no estás por la labor de complicarte la vida.

Entonces comprar un botón es buena idea.

Lo mismo no funciona como esperas.

Y entonces tu perro seguirá con su vida.

O lo mismo sí que consigues lo que deseas.

Y tu perro tendrá una vida un poco más miserable.

Pero en silencio.

Portándose bien y mostrándose bien educado.

Yo solo tengo un curso.

No tiene botones.

Puede no funcionar.

O sí.

Pero desde luego no perjudica a nadie.

Ni física ni emocionalmente.

En lugar de apagar al perro.

Te propone indagar las razones por las que ladra.

Y trabajar sobre esas razones.

Igual te parece más sensato,

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