¿Adiestrador o domador?

Esta mañana te ha pasado algo extraño en el paseo.

Ibas con tu perro y un chico se ha abalanzado sobre ti muy decidido, explicándote que tienes un serio problema, que tu perro es muy dominante y terminará por darte muchos quebraderos de cabeza si no actúas a tiempo

Y cuando has querido darte cuenta, te ha quitado la correa de las manos, le ha hecho un lazo corredero y se lo ha puesto a tu amigo en el cuello.

A continuación ha realizado una demostración rápida de cómo debes manejar la correa para que tu perro no te domine y para que pasee como debe: a paso firme, a tu altura, sin quedarse atrás ni adelantarte (sobre todo nada de adelantar), sin mirar en ninguna dirección que no sea al frente y sin pararse a olisquear ni a chorradas por el estilo.

Luego te ha dado una tarjeta para que le llames y contrates sus servicios, dado que está claro que necesitas ayuda para manejar a tu díscolo animal.

Y te has quedado preocupada

¿Tendrá razón?

Tú no lo tienes nada claro, pero parece que el chico sabe. Desde luego cuando ha dado vueltas y más vueltas con la correa, tu perro le ha seguido muy mansamente. Y contigo no se porta así de bien.

Es posible que tengas problemas en la relación con tu perro.

Tal vez la convivencia sea mejorable en muchos aspectos.

Quizá incluso hay algunas situaciones que realmente te preocupan desde hace tiempo, porque ves que van a peor y te generan mucha ansiedad en el día a día.

Y tú ves a otros que pasean con sus perros y parecen todos muy relajados y tranquilos, y te gustaría que fuese así para ti.

Pero déjame decirte una cosa: sea lo que sea lo que te preocupa o lo que haga tu perro, no necesitáis un domador.

Y es que eso es lo que son esos señores: domadores de perros.

Eligen a sus víctimas en los parque, sobre todo. En cuanto un perro muestra alguna salida de tono y si creen que quien lo lleva se va a dejar apabullar, se lanzan a la caza.

Te venden la moto y se van tan contentos, confiando en que tu perro te importe lo suficiente como para que les llames, y que su retórica haya calado de tal manera que creas que les necesitas a ellos.

Podrás reconocerlos porque todo lo que te cuentan encaja a la perfección con el contenido de esta sencilla tabla (creada con humor por los compañeros de Respuestas en Etología Clínica):

Y es que estos señores, que  parece que tras ver 5 temporadas seguidas de «El encantador de perros» han tenido una epifanía (“eso puedo hacerlo yo también”) no deberían tocar a un perro ni en una foto.

Porque básicamente esto es lo que te venden: tu perro es una bestia rabiosa, y si no te has dado cuenta es porque aun no lo han demostrado.

Si crees que no es para tanto, te aclararán que esos ladridos y tirones de correa que sufres a veces son el comienzo de una era de dominación y terror. Y si no les pides ayuda, pronto no habrá quien pueda manejar a Pelusín.

Pero ellos llegan dispuestos a salvarte con su dialéctica impecable y su herramienta imprescindible: un lazo corredero.

Con él se solucionan todos los males del universo. Al menos durante el paseo. Y en casa, pues mira, también.

A menos que tus problemas aparezcan cuando tu amigo se queda solo. Pero algo se podrán inventar para eso, seguro.

Y es que esas personas no son adiestradores de perros.

Ni educadores tampoco.

Son domadores.

Doman a tu salvaje can para convertirlo en un ser dócil y sumiso (sobre todo sumiso, esto es importante).  Y así podréis ser felices juntos. O al menos tú serás feliz.

¿Sabes qué? Si te cruzas con uno, huye. Aléjate lo más que puedas de su radio de influencia (incluyendo de aquellos que probaron y lograron lo que querían, o sea, domar a su perro).

Lo primero que tienes que saber es que «El encantador de perros» es un reality show.

¿Y eso qué quiere decir?

Que es entretenimiento, no educación.

Los que lo hacen y los que lo emiten no buscan que aprendas nada sobre perros, solo que pases el rato (y veas sus anuncios, que de eso viven).

Y el hecho de que en cada programa se maltrate sistemáticamente a tres o cuatro perros para que la gente se asombre  y divierta a partes iguales es irrelevante.

Porque el maltrato disfrazado de educación es socialmente aceptado. Pero eso no cambia lo que es realmente.

Y maltratar a tu perro, aunque se vea elegante y sencillo, aunque a él no se le oiga quejarse (“si no se queja será que no le duele, no?”) ni es lícito, ni va a resolver realmente tus problemas.

Menos aun los de tu perro.

Porque a nada que te fijes, a nada que te esfuerces en aprender comunicación corporal canina y retires la atención del domador para ponerla en el perro, te vas a dar cuenta de muchas cosas.

La principal, que no le están educando, están abusando de él.

Y él sí se está quejando, pero nadie le escucha ni le presta atención.

Es como el ilusionista al que nadie le pilla el truco porque está canalizando tu atención hacia otro lado.

Tu perro ya es un animal doméstico. No necesita que le domen. Necesita que le ayuden y le comprendan.

Y eso un domador no lo hará jamás.

En cambio tú sí puedes hacerlo.

 (El «alpha roll» es una maniobra que consiste en forzar a tu perro a ponerse panza arriba para que ofrezca sus partes vulnerables, dando entender así que se somete a ti, su líder supremo e indiscutible. Que quede claro que a bestia no te gana nadie. Si a mí me hacen un «alpha roll» así sin avisar, también me rindo a quien sea. Pero no me vuelvo a acercar a esa persona porque es peligrosa y está loca. Tú misma).

 

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No son educativos

Existen en el mundo de la educación canina una serie de herramientas, mal llamadas “educativas”, que se venden como un modo rápido, sencillo y eficaz de corregir ciertos problemas de conducta comunes a muchos perros, básicamente dándote un buen control sobre el perro.

En este artículo me voy a referir a los collares de ahogo, de pinchos y eléctricos.

Si tienes claro que el fin justifica los medios y que es lícito causar daño y miedo en tu perro para  mantenerle controlado y que se muestre ante los demás como un perro “bien educado”, entonces ahorra el tiempo que te llevaría leer este artículo y dedícalo a algo más productivo.

Como por ejemplo ver menos la tele y leer algún libro. Uno que no sea de César Millán.

Si no estás segura de cómo funcionan estos collares o qué efectos pueden tener sobre tu amigo, pero te han dicho que son excelentes para conseguir que deje de tirar de la correa, de comer cosas del suelo, de ladrarle a otros perros o de saltar sobre las personas, he escrito este artículo para ti

Quiero que tengas los conceptos muy claros y recapacites sobre el empleo de estas herramientas sin dejarte influir por los cantos de sirenas de quienes argumentan que “bien usados no hacen daño” o que “la naturaleza también castiga y por lo tanto es razonable castigar de vez en cuanto a tu perro” o que “para ciertas conductas es la única alternativa que funciona”.

Lo que se oculta realmente detrás de estos comentarios es básicamente una insana necesidad de control obsesivo sobre el entorno y/o una intencionalidad de engañarte para que les “compres la moto” sin complejos ni sentimientos de culpa.

Si bien usados no hacen daño, bueno, no son malos.

Es verdad que la naturaleza castiga, a mí me castigaban de pequeña, y no he salido mala persona. Por lo tanto castigar al perro de vez en cuando tiene sentido, así es como aprenderá ciertas cosas.

Y claro, si para conseguir lo que yo quiero es la única alternativa, bueno, no hay más opción.

Así que vamos a verlos en dos grupos, para dejarte las ideas bien claras y que puedas pensar y decidir por ti misma sin que te engañen.

Collares de ahorque/pinchos

Primer grupo, las herramientas meramente mecánicas (en el segundo, las eléctricas).

Un collar de ahorque, ahogo, estrangulador, cordino o similar es una cinta de eslabones de metal,  de cuero o cuerda que se coloca alrededor del cuello del perro y que pasa por una anilla situada en su extremo, de modo que al tensar la correa, la cuerda se desliza por la anilla y aprieta el contorno del cuello de tu perro.

O sea, ahoga, estrangula, ahorca.

El nombre me parece muy correcto.

Creo que con solo oír eso ya debería estar todo claro.

Te proponen ahorcar a tu perro cada vez que se porte de un modo que el humano considera inapropiado.

Y si no estás pendiente a cada segundo del paseo, se auto-ahorcará cada vez que intente alejarse un poco de tus pies, pararse a oler un árbol, colocarse para hacer caca, salude a otros perros o quiera oler cualquier cosa. O sea, un montón de veces en cada paseo, cada día, durante el resto de su vida.

Ya solo leyendo esto, ¿a que suena genial?

El collar de pinchos o de castigo es un dispositivo formado por una serie de eslabones que incluyen un par de pinchos en su estructura. Conforme se unen más eslabones, más pinchos tiene. Termina en una cadena circular que sujeta dos anillas, una a cada extremo de los eslabones de pinchos. Esa cadena es el punto de amarre de la correa.

De ese modo, cuando la correa se tensa, tu perro se pincha o se castiga.

También queda bastante claro el concepto.

Al tensarse la correa, los extremos del collar se juntan, haciendo presión en torno al cuello de tu perro, y por lo tanto clavando los pinchos sobre él.

Aquí puedes tener versiones edulcoradas (con capuchas sobre los pinchos para que “haga menos daño”, con pinchos más romos, con pinchos de goma) e incluso de camuflaje, con una funda exterior que le da apariencia de collar normal, no vaya a ser que alguien te mire mal o que te estés saltando alguna ley de protección animal (hay comunidades autónomas en España que prohíben el uso de estos dispositivos).

Pero la finalidad última es la misma: cuando se tense la correa, tu perro debe recibir una buena ración de pinchos.

Y la correa puedes tensarla tú, para corregir algo que no te gusta o evitar ciertos comportamientos. En ese caso se da un tirón seco (toma castigo) y luego se “libera”, es decir, se relaja la tensión en la correa. Se supone que así el perro se da por enterado de lo que puede y no puede hacer.

O puede que la tense tu perro, de nuevo cuando va a oler algo, saludar a otro perro o a un niño, hacer pis, intentar jugar con un colega o cualquier otra actividad normal y sana propia de un perro que quiera hacer y que quede restringida por la escasa longitud de muchas correas.

Así que la idea de funcionamiento es muuuy sencilla, se lo pones a tu perro, lo atas (con una correa corta, si no te va a costar dar tirones, en cambio a él no le va a costar nada), y en cuanto haga o tenga intención de hacer algo inapropiado, das un tirón seco de la correa.

En ese momento, tu perro recibe su castigo, y cesa en su empeño.

Se supone.

Y tras unas cuantas repeticiones, por ejemplo diez (y quien dice diez, dice diez a la hora durante los próximos cinco años, por lo menos), tu perro aprende y se comporta como un perro bien educado.

Lo que suele ocurrir en realidad es algo diferente.

Este tipo de collares actúa en dos planos diferentes. Voy a separarlos.

El plano consciente

Cuando tu perro recibe un golpe seco en la tráquea y momentáneamente se queda sin aire, su cerebro activa todas las alarmas para tratar de evitar la situación. Es una respuesta lógica de supervivencia.

Si tú entras en una habitación y al rato ésta se llena de humo y no puedes respirar, empiezas a pensar el buscar activamente una salida.

Tu perro trata de hacer lo mismo.

Tras la repentina sorpresa empieza a moverse nervioso, intentando determinar qué ha pasado. Si los tirones se repiten entonces empieza a buscar una pauta, un patrón en el entorno que le permita anticipar el problema.

Así que a pesar del momentáneo ahogo y de la sensación dolorosa (un golpe seco en la parte frontal del cuello duele, puedes probarlo en cualquier momento), trata de encontrarle la lógica.

Y aquí es donde empiezan los problemas. Lo que a nosotros nos parece obvio (le doy un tirón para que no tire de la correa) a él no se lo va a parecer tanto: recibe un tirón cuando la correa se estira, y se estira cada vez que va a saluda y jugar con otros perros. Por ejemplo.

¿Conclusión?, los demás perros son un problema serio. Así que es hora de evitarlos.

Pero no puede, porque está atado.

En tal caso, hay que ahuyentarlos, evitar que se acerquen a toda costa, por ejemplo, ladrando a todo pulmón.

Y si eso tampoco funciona y se acercan demasiado, posiblemente muerda.

Y este razonamiento  tu perro puede hacerlo extensible a casi cualquier situación: tú das un tirón cuando intenta comer algo del suelo, y justo dos veces seguidas pasaba un niño cerca. Los niños son peligrosos.

Tú buscas que no salte sobre los corredores, los corredores son peligrosos (cuidado si alguno decide pararse a saludar a tu perro porque le gustan los perros).

Tú te esfuerzas para que camine pegado a tu lado todo el tiempo dando tirones cada vez que te sobrepasa, y él….. bueno, ahí el número de patrones que puede establecer es casi infinito. Así que optará por pensar que el mundo exterior en general es peligroso, y que salir a la calle es una mala idea: no le gustará pasear, se pondrá a la defensiva constantemente, e, ironías de la vida, tirará y tirará durante todo el trayecto intentando llegar a casa cuanto antes (único lugar donde no se ahoga).

El plano visceral

Todos sabemos que contamos con una serie de mecanismos internos que automatizan muchas funciones.

Notamos que están activas, pero no las controlamos, simplemente ocurren: hacer la digestión, los latidos cardíacos, el ajuste de la vista, la trasmisión de sonidos al cerebro, fabricar pis, sudar, respirar….. todo eso está regulado por precisos mecanismos químicos dirigidos por una parte de nuestro cerebro que se ocupa de que todo funcione.

Cuando se da una situación de alerta máxima en el exterior (y qué es alerta máxima y qué no lo decide cada cual, no tiene porqué corresponderse con un peligro real), esa parte del cerebro activa unas cuantas sustancias químicas que ponen todo el organismo en modo “lucha o huye”, o modo supervivencia.

Se cancelan cosas más triviales como la digestión, y se activan a tope los sistemas respiratorio y circulatorio, además de afinar al máximo los sentidos para recibir estímulos que permitan evitar el peligro  del modo más eficaz.

Una de las sustancias estrella en este proceso seguro que te suena, es la adrenalina. Acelera el pulso y la respiración, manda sangre a los músculos, abre las pupilas al máximo….. entre otras muchas acciones.

Cuando tu perro recibe una tanda de pinchos o se ahoga, la adrenalina se dispara.

Y todos los mecanismos asociados también.

Es decir, su cuerpo, de modo totalmente involuntario e incontrolable, entra en un estado de PELEA o HUYE.

Y tu correa suele impedir la huida.

Aunque muchos lo intentan igualmente tirando cada vez más y más, desconocedores de que esa misma tensión es la que va a aumentar su sensación de ahogo y su estado de alerta.

Ahora vamos a ponernos un poco técnicos. ¿Te suena de algo el “condicionamiento clásico”? ¿El perro de Pavlov? ¿No? Te lo explico muy brevemente:

Podemos asociar una respuesta visceral a un estímulo neutro si previamente asociamos el estímulo neutro a algo que tenga importancia para el animal (o la persona).

En el caso de Pavlov, campanita + filete  = perros babeando. Tras unas cuantas repeticiones, filete y campanita se convierten en sinónimos para la parte automática del cerebro.

Y con solo oír la campanita, babeaban. Y el filete no aparecía por ningún lado.

Esto también funciona con estímulos aversivos: perros desconocidos + dolor y falta de aire = perro cargado de adrenalina que manda PELEA o HUYE.

Tras unas cuantas repeticiones, el ahogo ya no será necesario, la simple presencia de otro perro (o un niño, o una caja de cartón, o una bicicleta, o un señor con muletas…..) será suficiente para desencadenar una sensación interna de alerta máxima, un pico de adrenalina.

Y eso predispone a tu perro a ponerse a la defensiva (o salir corriendo, si puede) frente a gran cantidad de estímulos cotidianos aun no llevando el collar o estando suelto. Y no lo puede controlar, simplemente tiene subidones de adrenalina.

Si quieres hacer una pequeña prueba, colócate un collar de ahogo en el cuello.

¿No tienes ninguno?, no importa, puedes improvisarlo con una correa: pasa el mosquetón por el asa, y ya tienes un collar de ahogo.

Te lo pones, y le pides a otro que desde atrás (para que no lo veas venir, como le ocurre a tu perro) dé un tirón seco, sin avisar, en los siguientes 30 segundos.

Tú mientras tanto ponte una mano en el pecho, donde notes latir el corazón.

Te garantizo que si da un buen tirón (rápido, apretar y soltar) vas a notar claramente cómo se te disparan las pulsaciones. Incluso aunque a nivel consciente no hayas sentido dolor, solo una molestia moderada o un cierto susto, pero “nada grave” (porque la otra persona no desea hacerte daño, claro).

Ahora suma todos esos picos de adrenalina, uno tras otro, varias veces en cada paseo. Varios paseos al día. Durante meses o años.

¿Ves el problema y las implicaciones asociadas?

Incluso si logras que un collar “educativo” detenga la conducta que consideras inapropiada, los efectos colaterales son desastrosos, afectando tanto al estado emocional como visceral de tu perro.

Y eso terminará derivando en conductas realmente problemáticas.

Así que tenlo claro: de ahorque, de pinchos, de ahogo, de castigo… sí. Educativos, no.

Para terminar, quiero resaltar algo que he visto en muchas ocasiones por la calle, y que  me pone los pelos de punta: te han dicho que es mejor que tu perro lleve una correa larga para poder moverse, así que le pones una extensible de 5 metros.

Pero necesitas controlarle cuando se encuentra con otros perros (o niños, o gente que corre o lo que sea), así que le pones un collar de pinchos o uno corredero.

Pésima idea.

La extensible necesita que el perro tire para poder extenderse.

El collar de pinchos o corredero se activan cuando la corra está tensa.

¿Ves por dónde voy?

Estás amplificando el efecto de esos collares a TODO el paseo de tu perro. Se auto-castigará cada vez que dé un solo paso. Desastre total.

Collares eléctricos

El collar eléctrico es un modo refinado de castigar a tu perro cuando no está atado (principalmente).

Dado que los collares mecánicos pierden toda su esencia si tu perro  no va atado, ¿cómo puedes mantenerle bajo control y asegurarte de que se porta correctamente cuando está suelto y no te hace caso?

Poniéndole un collar que lleva un mando a distancia.

Así podrás explicarle lo que no puede hacer aunque esté a bastante distancia de ti.

Incluso puedes obligarle a venir a tu lado aunque no quiera.

El collar eléctrico, electromagnético o de impulsos  es una cajita de plástico que contiene un dispositivo que emite descargas eléctricas. De esa cajita salen dos pinchos de metal que deben apoyarse sobre el cuello de tu perro (son dos para cerrar el circuito, ya sabes, como los enchufes).

Y tú tendrás un mando a distancia con el que dirigirle.

Suele contar con un grado variable de intensidades, con el fin de proporcionar la “descarga mínima eficaz”, es decir, ajustar el grado de descarga a lo que tu perro puede soportar antes de ceder.

Me explico. Si tú te lo estás pasando bomba con tus amigos, en uno de esos momentos de “desearía que esta noche durase eternamente”, y alguien te da la mano y te suelta una descarga estática, es casi seguro que seguirás con tu juerga como si nada tras un gritito y unas risas nerviosas. Puedes con eso y no va a interrumpir la fiesta. Solo es una «pequeña molestia».

Si en el local en el que estáis tus amigos y tú sale el camarero y os echa a todos, y os negáis a moveros, y te da un toque con un bastón eléctrico, se acabó la fiesta, gritas, te levantas y sales de allí a la carrera.

En el primer supuesto no interrumpes lo que estás haciendo: dosis insuficiente. En el segundo tienes miedo y quieres salir de allí, ya no importas lo bien que lo estuvieses pasando.

Si el camarero te suelta una descarga estática, seguramente le ignores por completo, aunque sea algo molesto.

Así que como hay perros más “duros” que otros, el collar tiene niveles de descarga para todos los gustos.

La mecánica es sencilla si solo deseas interrumpir conductas.  En cuanto le veas iniciarlas, le das al botón.

Si deseas aprendizaje, muchos llevan un sonido que suena justo antes de la descarga. De ese modo, si cada vez que intenta hacer algo inadecuado oye el sonido y luego le llega la descarga. Así, en muy poco tiempo (casi ningún perro necesita más de dos descargas) con solo escuchar el sonido, no será necesaria la descarga.

Este es uno de los argumentos de los que están a favor de su uso. Una descarga (quizá dos) y no volverá a hacerlo, sea lo que sea lo que estaba haciendo. No es tan malo.

Con solo escuchar el sonido, se detendrá de inmediato. Perro de Pavlov, ¿recuerdas?

Ahora bien, si tu perro deja de realizar conductas que antes hacía a diario, y que generalmente necesita hacerlas o está muy motivado para ello, con solo una o dos descargas, ¿te imaginas cómo de fuerte debe de ser el castigo?

Tú vas conduciendo por una carretera local. De pronto te para la Guardia Civil, y te hace una prueba de alcoholemia. Como vienes de la fiesta de antes, pues das positivo. No mucho.

Te ponen una multa, que por pronto pago se queda en 50 euros.  Bueno, qué rabia.

¿Cuánto crees que tardarás en olvidarte del asunto y tomarte un par de vinos en la siguiente fiesta? Más  bien poco.

Ahora en lugar de ponerte educadamente una multa, te bajan de tu coche, te gritan y amenazan con las pistolas, te humillan delante de otros conductores a los que han parado también, y te llevan detenida, dejándote 48 horas incomunicada en una celda a oscuras.

¿Qué tal ahora? ¿Crees que volverías a beber en una fiesta? ¿O qué volverías a ir a una fiesta, por mucho que te gusten? ¿Crees que volverías siquiera a conducir?

No te han causado ningún daño físico, pero el daño emocional producido por el trato que te han dado es tan intenso que renuncias a repetir la conducta que crees ha causado el problema. Y las que están asociadas también, por si acaso.

Esa es la idea del collar eléctrico: producir tal trauma emocional que se le quiten al perro las ganas de volver a hacer nada por su cuenta.

Además, produce dolor. Los que lo defienden argumentan que para eso se puede graduar. Y que puedes probarlo, ¿ves?, solo es un cosquilleo, como una descarga de estática.

Inofensivo.

In-sis-to: si solo es una molestia, resulta totalmente insuficiente para bloquear e interrumpir definitivamente conductas que tu perro muestra habitualmente y para las que tú ya has sido una más que importante molestia los últimos meses (y lejos de hacerte caso se aleja de ti y arreglado).

No es una molestia. Es dolor y miedo. Y la seriedad y gravedad de un castigo no la decide quien lo aplica, sino quien lo recibe.

Y hay algo que no te cuentan, y es que hay ciertas diferencias entre tu perro y tú, y ciertas cuestiones subjetivas.

Las diferencias están en:

A) tu perro tiene una concentración de electrolitos en sangre mayor que la tuya. Los electrolitos son buenos conductores de la electricidad. A igualdad de condiciones de descarga, la sensación producida es más intensa en un perro que en una persona.

B) tu perro va descalzo. Cuando una persona prueba uno de estos collares, suele llevar calzado, a menudo con suela de caucho (aislante).

C) las pruebas “sobre la marcha” suelen hacerse en la muñeca. No se pone un collar al perro en la muñeca, sino en el cuello. En el cuello hay una serie de estructuras nerviosas, respiratorias y circulatorias que no existen en la muñeca. Y está mucho más cerca del cerebro.

Así que si tienes un collar de esos a mano, haz la prueba: te descalzas, te lo colocas alrededor del cuello (los pinchos van a los lados de la tráquea, ahí es donde está todo concentrado), y te mojas las plantas de los pies (por lo de los electrolitos). Y si te atreves, aprieta el mando con el nivel 1, a ver si sigue pareciendo un cosquilleo.

Supongo que no te atreves, wink.

O simplemente no tienes uno a mano.

No importa, dejemos que otros lo hagan por nosotras.

Teclea en un buscador “shock collar in persons”, y elige de la sección de vídeos el que quieras de la enorme lista que aparece.

Sí, salen personas probando el collar eléctrico, generalmente en sus propios cuellos. Algunos hasta lloran. Otros se caen literalmente al suelo de golpe. La mayoría chillan. Casi todos se lo arrancan del cuello.

Por otra parte, seamos serios. Si solo produjese un simple cosquilleo, una molestia, ¿por qué iba a funcionar?, ¿de verdad tu perro va a dejar al instante cualquier conducta que llevas meses o años intentando corregir por un simple cosquilleo, y con solo una o dos aplicaciones?

Luego nos queda el factor subjetivo.

El dolor es algo subjetivo.

Y la sensibilidad a la electricidad es muy variable entre individuos.

Lo que a ti te supone una pequeña molestia fácil de ignorar, para mí puede ser un gran aversivo. Y es que quien decide cómo de intenso es un castigo no es quien lo imparte, sino quien lo recibe.

Cuando mi coche me suelta una descarga estática al cerrar la puerta me enfado tanto que si no fuera de metal, le soltaría un puñetazo.

Mis amigos se ríen de mí, “no es para tanto, solo es un cosquilleo”.

Ya.

Parece que soy muy sensible a la electricidad, y a mí con eso me llega para sentir dolor.

“Pero no dejas de cerrar la puerta del coche, ¿a que no?”

No.

Porque es una conducta bien motivada (no quiero que me lo roben), así que empiezo a hacer cosas raras, como cerrarla con el pie, o enrollándome la mano en una manga (aislamiento), o mejor, le pido a mis amigos que la cierren por mí.

Total, si solo es un cosquilleo, que les haga cosquillas a ellos.

En perros ocurre lo mismo.

Incluso poniendo el collar a una intensidad mínima, hay muchos individuos que ya consideran ese grado de estímulo como altamente perjudicial.

Y a diferencia de mí, no pueden  pedirle a sus amigos que hagan las cosas por ellos.

Finalmente tenemos el aspecto visceral.

Igual que con los collares mecánicos, la electricidad activa los mecanismos de PELEA o HUYE.

Pero las descargas de adrenalina aquí son mucho más intensas.

Por distintas razones, entre ellas que el estímulo punitivo no se centra en un punto concreto (el cuello) sino que se extiende rápidamente por todo el cuerpo: la electricidad va desde el collar hasta las patas, provocando un dolor generalizado.

La percepción inconsciente de amenaza es muy elevada.

Y los estímulos neutros que estén delante del perro cada vez que reciba una descarga se van a convertir en los detonantes de esa sensación de dolor.  Niños, perros, coches, estatuas de bronce o buzones de correos.

Lo que sea.

Y cada vez que tu perro vea algo de eso, sentirá físicamente dolor aunque no lleve un collar eléctrico (o lo lleve pero no lo uses).

No se lo deseo a nadie.

Y termino con un detalle importantísimo sobre el problema real de fondo en toda esta cuestión.

La mayoría de las conductas que te has planteado corregir en tu perro entran dentro de uno de estos dos grupos:

1 –Conducta normal: te parece antihigiénica, socialmente inaceptable, peligrosa o te da asco. Pero forma parte del patrón de conductas normales de cualquier perro.  Igual deberías repensar tus prioridades al respecto: humanizar a un perro no es darle muchos mimos, hablarle como a un bebé o dejarle dormir en tu cama. Humanizar a un perro es bloquear el desarrollo de sus conductas normales para obligarle a cumplir nuestras arbitrarias normas de conducta (humanas).

2 –Conductas motivadas por emociones intensas: aquí entran muchos de los comportamientos problemáticos en la convivencia. Ladridos excesivos, rechazo a otros perros, destructividad, nerviosismo….. Y a menudo estos comportamientos tienen una base clara de miedo. ¿Crees que electrocutar a un perro le servirá para tener menos miedo y así corregir esas conductas? En realidad el efecto suele ser el contrario: la conducta se agrava, o se oculta para reaparecer de un modo aun más grave (el miedo se incrementa pero sigue ahí, lo que cambia es el modo de manifestarlo).

En el caso de que tu perro presente conductas de tipo emocional, comprenderle y tratar de ayudarle a gestionar esas emociones (sin intervenir directamente sobre las manifestaciones visibles) será mucho más eficaz y productivo.

Y desde luego, no será doloroso.

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Un truco sencillo para que tu perro sea más tranquilo

¿Qué puedo hacer para que mi perro sea más tranquilo?

Cuando tienes un problema con tu perro, normalmente buscas una solución rápida y sencilla, un «consejo» que te ayude a solucionar ese problema concreto que te preocupa.

Aceptar y hacerle frente al hecho de que a menudo eso que te interesa solucionar es la punta de un iceberg de problemas, o que puede no estar relacionado con el contexto en que se produce (y por lo tanto no sirve de nada «atacarlo» de modo directo), o que es un indicador, un síntoma de que la relación con tu perro no va nada bien es duro. Y lógicamente mucha gente se resiste.

Y por eso lo habitual es buscar el toque mágico, esa acción sencilla, rápida (y a ser posible gratuita) que permita resolverlo todo. Esforzarse no está de moda y la sociedad actual requiere inmediatez en todo.

Un gran truco para calmar a tu perro

Tras escuchar con mucha frecuencia esta petición («¿podrías darme algún consejo para mi perro cuando ladra/muerde/salta/destroza/desobecede/se pelea……?«), solo puedo dar, con total seguridad de que será de ayuda y sobre todo no empeorará vuestra relación, este sencillo consejo:

Aplica los juegos de nariz en el día a día de tu perro.

No lo hagas cuatro días y luego te olvides. No lo uses como distracción «para cuando se porta mal». Simplemente ponte unos horarios y unos momentos (en casa y en la calle) para que tu perro pueda hacer esto varios minutos al día.

Y probablemente en una semana, con mínimo esfuerzo, escaso gasto y poco tiempo, verás mejoría en su estado de ánimo general: estará más tranquilo. Tal vez siga ladrando, gruñendo, mordiendo, destrozando o saltando. Pero menos y con menos intensidad. Lo cual es un gran éxito con muy poco esfuerzo.

Así que ya estás tardando en empezar: ponlo sencillo al principio (trozos de comida juntos, suelo despejado), para luego complicarlo un poco (separa los trozos en más superficie), y luego lo complicas  aun más (cambia la superficie por una que no permita ver nada, como hierba, grava o una alfombra. O en casa, puedes apagar la luz y bajar las persianas).

Déjale jugar a él

Finalmente, un último detalle: no ayudes a tu perro indicándole dónde están las golosinas. No le metas prisa. No le señales nada. No te enfades si tarda, le cuesta o se distrae. No le incites con tu voz. Tu trabajo es acompañarle (en silencio) y disfrutar de sus habilidades sin interferir en el juego.

¡Que lo disfrutéis!

 

¿Cómo hago para que mi perro no defienda su comida?

O sus juguetes, o el sofá mientras está subido en él, o un hueso, o……

¿Por qué me gruñe mi perro?

Esta es una duda común a muchos propietarios cuyos perros, en mayor o menor medida, defienden y se muestran agresivos cuando disponen de algún recurso.

Puede que lo defiendan de todo el mundo o solo de miembros de la familia.

De perros con los que conviven o de perros extraños.

La cuestión es que esa defensa puede resultar incómoda en el mejor de los casos, o desencadenar una trifulca (entre perros) o un mordisco a una persona en el peor.

El primer paso sería preguntarse por qué lo hace.

Hay planteamientos que indican que el perro defiende aquello que considera que tiene cierto valor y de lo que puede haber escasez (lo que genera competencia). Y que cuando lo hace está mostrando su inseguridad. Tiene miedo de perder algo que le importa y que no abunda en su entorno.

También hay quien opina que en realidad no defiende recursos, sino a sí mismo.

Tiene ya experiencias previas en las que en presencia del recurso ha tenido situaciones de conflicto emocional intenso.

Y ahora, ante la presencia de otro individuo que muestre interés o se aproxime lo suficiente, se siente amenazado.

Y realmente cree que debe defenderse, por lo que manifiesta expresiones corporales de agresión y puede llegar a morder si se le presiona, se le regaña o se invade su espacio.

El caso es que con mucha frecuencia los dueños que consultan este problema reconocen que ha habido episodios de confrontación frente al recurso en el pasado. A veces desde que el perro era muy cachorro.

Así que la segunda explicación parece tener  bastante sentido.

Porque lo habitual es que cuando el perro toma algo del suelo, el dueño salte rápidamente sobre él con malos modos y se lo arrebate, generalmente acompañando la acción de una regañina o un manotazo en el morro.

Si ese algo es un objeto que ha encontrado en el suelo de casa, la situación tiende a ser similar.

También es fácil que desde el día uno el dueño haya metido las manos en el comedero del perro o le haya retirado el cuenco mientras come, siguiendo la tradicional recomendación popular de que el perro debe dejar que le quiten la comida.

Esto produce en el cachorro, tras unas pocas repeticiones, una sensación de “esta situación empieza a resultar emocionalmente muy conflictiva”.

Otra situación habitual es la del perro que se sube al sofá en una casa donde no lo tiene permitido.

En ese momento es desalojado con gritos, empujones o malos modos. A veces incluso cuando ya está dormido.

La consecuencia es que el perro realmente siente las situaciones relacionadas con esos recursos como amenazadoras: puede que pierda o no dicho recurso, pero lo que sí es bastante constante es que hay enfado y brusquedad a su alrededor. Y eso le genera miedo, y las consecuentes maniobras defensivas.

¿Cómo crees que se siente tu perro?

Hagamos un ejercicio de empatía: ponerse en el lugar del otro nos ayuda a ser más comprensivos y a mantener la calma a la hora de plantear soluciones.

Una idea que puede ayudarte a entender la situación es la llamada aversión ante la pérdida.

Es un problema muy común que tenemos los seres humanos. Sufrimos mucho más cuando perdemos algo que ya tenemos (aunque no sea valioso) que cuando conseguimos algo nuevo.

Deshacernos de nuestras cosas, incluso solo de unas pocas no muy importantes, nos cuesta horrores. Si nos las quitan, peor aun, porque no lo hemos decidido nosotros.

¿Te parece una tontería?. Haz la prueba. Mira  a tu alrededor. Elige un objeto. Uno normalito. Ese jarrón de la estantería. Un libro que leíste hace mucho y que no te entusiasmó demasiado. Ese par de zapatos que apenas te pones. Esa camiseta que aun tiene los pliegues de «nueva» marcados aunque la compraste el año pasado.

Coge ese objeto y tíralo a la basura. Ahora mismo, no lo pienses, hazlo.

¿Qué tal?. ¿Has podido hacerlo?. ¿O has pensado «menuda chorrada, no tengo por qué tirar nada, me hace falta o me gusta y no hay razón alguna para tirarlo»?.

Seguramente lo segundo. Es la aversión a la pérdida.

¿Qué tal si alguien viene a tu casa, y elige lo que le parece que sobra en tu vida o que deberías ceder a terceros, lo mete en cajas y se lo lleva?.

Peor aun que si lo hicieras tú mismo. Seguro. Tratarás de impedírselo a toda costa.

Seguramente incluso te enfades.

Ahora mira a tu perro, y piensa en lo que tiene. Lo poco que tiene. Unos juguetes, su cuenco con comida, un mordedor de cuero.

Tranquilo, es un perro, lo del materialismo no va con él, de hecho son felices con lo puesto (deberíamos aprender de eso, eh?).

Pero si en un momento dado tiene algo entre las patas, ese algo es SUYO. Durante un momento, disfruta de ese algo, ese juguete, esa golosina, esa comida.

Quitárselo por el mero hecho de demostrar que podemos hacerlo es una enorme grosería.

La idea popular de «debes poder quitarle las cosas a tu perro», ¿en qué se basa exactamente?. ¿En demostrarte a ti mismo y al pobre animal que en realidad no tiene absolutamente nada, que tú eres el dueño de todo y se lo concedes porque te apetece, pero que puedes cambiar de idea cuando desees?.

Suena un poco cruel, la verdad.

Es tu amigo, quizás tu mejor amigo, y le has invitado a vivir contigo y a compartir los recursos.

Le has prometido que cubrirás sus necesidades, incluyendo las básicas de comer y jugar y disponer de un lugar cómodo y seguro para descansar. Entonces, ¿por qué cambiar de idea sobre la marcha?.

Entiendo que a veces puede ser necesario retirarle algo de la boca, porque sea muy valioso (una colleja para quien lo dejó al alcance de unos colmillos afilados y ociosos) o peligroso para el animal.

Y que si observas que se pone muy tenso y gruñe cuando alguien está cerca de su comedero, te preocupe que un día ese alguien sea un niño pequeño y pueda ocurrir una desgracia.

Todo eso tiene sentido y es muy sensato. Es una manera de anticiparse a posibles problemas, y el mejor modo de resolver problemas, el  más económico en tiempo y energía, el más eficaz, es anticiparse a ellos.

Te felicito por pensar en ello.

Pero hay que entender las implicaciones emocionales de arrebatarle violentamente a alguien que tiene lo justo aquello que le importa en el momento en que lo está disfrutando.

Es traumático.

Es un sinsentido.

Es algo que puede dar miedo. La reacción de defensa es totalmente natural.

¿Qué puedo hacer entonces para corregir esa conducta?

Así que de acuerdo, si quieres que tu perro permita circular cerca de su plato de comida o te ceda algo que tomó con la boca, piensa primero en lo mal que te sentirías si te quitaran tus cosas sin razón aparente, piensa que él puede sentirse de un modo similar, y luego cambia el enfoque para que él también lo pueda ver de otro modo: no te quito tus posesiones.

Solo vamos a plantear un juego en torno a ellas en el que vas a salir ganando.

Así tú consigues lo que quieres (acercarte a su comida, retirarle objetos de la boca) y él conserva lo que necesita y no se siente amenazado, y todos contentos.

Por lo tanto lo ideal es anticiparse al problema, y evitar los conflictos por los recursos.

Piensa que esto puede sucerde en el futuro con cualquier perro, y empieza a plantear situaciones desde el principio con tu cachorro.

Si deseas poder trastear en el comedero de tu perro, o quitarle objetos de la boca, trabaja esas situaciones de modo amable, con aproximaciones progresivas según su grado de comodidad, y generando momentos de “tú ganas/yo gano”

Es decir, la retirada del recurso o el acercamiento al mismo debe implicar siempre que el cachorro obtiene algo de gran valor, y a menudo (siempre, si se está entrenando) mantiene el recurso en disputa.

Pero si ya es tarde para este consejo, ¿qué puedes hacer para corregir este problema cuando ya está presente?.

Solución sencilla

Pues la solución sencilla es nada.

Respetar el espacio del perro en todas aquellas situaciones en las que se pone a la defensiva es una acción pasiva, rápida, gratuita y eficaz.

Si te fijas bien, solo empieza a emitir amenazas (gruñidos, ladridos, mostrar dientes, pelo erizado) a partir de cierta distancia.

Pues si todo el mundo se mantiene a una distancia mayor, el problema no aparece.

Puedes rodear o apartarte de tu perro en los momentos en los que sabes que puede ponerse a la defensiva, o enviarlo (con amabilidad) a una estancia diferente antes de que se produzcan esos momentos (por ejemplo, con la comida) para que el resto de la familia pueda seguir con sus actividades.

Si defiende solo el comedero, puedes deshacerte del cuenco y esparcir el pienso por el suelo, en un espacio amplio.

El recoger y buscar la comida le relaja y evita que defienda un espacio reducido;  recuerda no molestarle ni darle pistas mientras va comiendo cada bolita, déjale hacer a su aire.

Si defiende el sofá,  puedes asignarle un sitio para él donde no se le molestará ni echará, o incluso conseguir una butaca vieja para él, si cabe en la casa.

Si defiende sus juguetes, que juegue él solo.

Si defiende objetos que ha encontrado en el suelo y que son tuyos, empieza a ser más ordenado y no los dejes a su alcance, no podrá defenderlos más (ni romperlos tampoco).

Solución complicada

Si esta solución te parece simplista, no es aplicable en tu caso, o quieres hacer algo más espefícico para modificar el problema en lugar de hacer como que no existe, puedes hacer lo siguiente.

Por un lado existen docenas de «consejos» que implican amenazar (aun más), cohibir, inhibir, gritar, zarandear, voltear, dar toques, chistar o incluso electrocutar a tu perro.

Lógicamente no te las recomiendo por muchas razones.

Pero la más destacada es que producen miedo (por eso pueden ocasionalmente funcionar o parecer que funcionan).

Y si tu perro actúa agresivamente porque tiene miedo, ¿qué crees que puede llegar a pasar si intentas corregir la conducta añadiendo más miedo a la ecuación?. Nada bueno.

Por otro, puedes empezar a trabajar con la pauta que te indico a continuación.

O puedes buscar otros métodos amables para manejar estas situaciones, que los hay, o usar lo que te voy a contar como inspiración para adaptarlo a tu situación particular.

1- Haz una lista

Identifica y anota en un papel todas las situaciones en las que tu perro defiende un recurso (comida, espacio, objetos).

Ordena la lista de menor a mayor intensidad de defensa.

Ten presente que defender un recurso no es solo gruñir y morder, también debes valorar los momentos en los que hay tensión muscular, mirada fija, pelo erizado o cabeza agachada como si cubriera el recurso con su cuerpo cuando te aproximas, ya que son indicadores de problemas.

Sí, aunque no gruña o muerda.

2-  Empieza por las situaciones de menor intensidad.

Dedica tiempo a pensar cómo puedes enfrentar esa situación para que en lugar de generar un contexto de competición (yo gano/tú pierdes) puedas producir una situación de cooperación (yo gano/tú ganas)

Se trata de que tu perro consiga algo positivo por NO proteger o por ceder el recurso en lugar de guardarlo para sí. Eliminamos la confrontación y la necesidad de defenderse. Más adelante pongo ejemplos.

3- Devuelve lo que le has quitado

Siempre que sea posible, además de la nueva ventaja que añadas a la situación, debes devolverle o dejarle conservar el recurso. Así gana el doble y se hace más tolerante.

4- No le presiones o amenazas

Nunca, bajo ningún concepto, se debe hacer frente a un perro que defiende un recurso, ni regañarle, corregirle, someterle o tratar de dominarle.

Esas acciones no le enseñan nada más que a tener más miedo, le dan la razón sobre su sensación de amenaza, y le indican que debe defender(se) aun más intensamente la siguiente vez que se repita la confrontación.

A menos que el castigo sea tan severo que la situación le infunda pánico, y probablemente no volverá a gruñir o ladrar, al menos a la persona que le ha intimidado. Pero eso no suele implicar que no llegue a morder en el futuro, en ese contexto o en otros.

5- Repetir y repetir

Repite la situación en la que hayas  planificado un “yo gano/tú ganas” hasta que convenzas a tu amigo de que has cambiado de intenciones y que el contexto ya no es una amenaza.

Sabrás que lo has conseguido cuando en lugar de agachar la cabeza, erizar el pelo, bajar el rabo o llevarlo alto y rígido, con la mirada fija y el lomo arqueado, sonría, mueva el rabo, tenga el cuerpo relajado, y puede incluso que abandone el recurso para aproximarse a ti (¡éxito total!).

6- Empieza de cero con otra persona

Cambia el sujeto que realiza la confrontación.

En lugar de hacerlo tú, le toca a tu pareja, a tu madre, a tu hijo….. a otros miembros de la familia.

Que repitan la secuencia del mismo modo durante días (o semanas), siempre la misma persona, hasta que el perro se muestre relajado e interesado.

Entonces volver a cambiar la persona. Así hasta que toda la familia, amigos y visitas puedan aproximarse en ese contexto y tu perro se muestre relajado.

No bufes, que esto tampoco será eterno.

Cada nueva repetición y cada nueva persona tardará mucho menos que al principio en lograr el éxito.

Solo las primeras sesiones son lentas porque ya hay antecedentes negativos. Después todo va sobre ruedas.

7- Da un paso atrás

Si durante el desarrollo de una sesión, estando tu perro ya relajado, notas que al aproximarse una persona el animal detiene la acción (comer, roer, jugar) y fija la mirada de reojo en dicha persona, hay que dar un paso atrás.

Y empezar desde un poco más lejos, porque estás yendo demasiado deprisa y no se siente cómodo ni seguro.

8- Haz lo mismo con los demás conflictos

Cuando la situación esté bajo control, táchala de la lista y pasa a la siguiente.

Repite desde el punto dos contigo. Y luego con el resto de la familia. El proceso irá más rápido con cada situación nueva, tu perro asimila que algo está cambiando y es a mejor, y generalizará.

Ejemplos modelo

– Gruñe en el sofá

¿Es necesario echarle?.

Si lo es, en lugar de manipularle físicamente o gritarle, llámale suavemente desde cierta distancia y prémiale por acudir a tu lado. Ya se ha bajado del sofá sin gruñir.

O ponte al otro lado del sofá y lanza unas golosinas hacia el suelo y que lo vea (bajará a por ellas).

Ocupa en ese mismo momento el espacio que ha dejado libre, o cúbrelo con objetos que lo hagan incómodo (como sillas tumbadas). Así evitas que suba de nuevo sin tener que vigilarle ni hacerle bajar cada cinco minutos.

Asegúrate de que dispone de al menos una cama bien cómoda donde descansar (aunque luego no la use). Si quiere estar junto a la familia, esa cama puede colocarse junto al sofá.

– Gruñe con su comedero

¿Puede estar solo mientras come?.

Si no es posible, busca al menos una zona tranquila sin gente pasando ni ruidos intensos donde pueda comer con calma y sin prisas.

O bien deshazte del comedero y usa juguetes dispensadores, o esparce la comida por una superficie amplia de suelo y que recoja las bolas de una en una.

Si prefieres conservar el cuenco, tendrás que entrenar la aceptación de movimiento cerca de su comedero.

– Gruñe con sus juguetes

Puede jugar solo.

O se puede jugar con él presentando los juguetes por duplicado. Cuando tiene uno se le ofrece otro igual y se le incita a cogerlo. Cuando lo hace, se puede recuperar el otro y repetir la secuencia.

Así logra jugar con las personas sin situaciones forzadas. Si no desea jugar y compartir, sencillamente no aceptará el segundo juguete. Pues vuelves al punto uno (que juegue solo).

Pero si deseas poder retirarle un objeto de la boca sin más, estos son los pasos:

Prepara una taza con trocitos de comida apetecible. Y ten a mano el juguete que protege.

Dale el juguete. Cuando lo tome, ofrece un trocito de comida acercando la mano a su nariz, si lo permite.

Si no lo permite (gruñe, se eriza, enseña los dientes), simplemente lanza el trocito de comida cerca de él, que lo vea caer.

Cuando se levante a buscarlo, recupera tú el juguete.

Le felicitas y le das el juguete de nuevo.

Repite la secuencia: ofreces golosina, que la tome, recoges el juguete, se lo devuelves. Diez o quince veces por sesión. Las sesiones deben ser cortas.

Repite al día siguiente, y al siguiente. Y los días que sea necesario.

Has triunfado cuando se vea relajado con estas maniobras, e incluso se ponga a buscar o tome lo que le das sin preocuparse demasiado por el juguete.

Termina las sesiones dejándole el juguete todo el tiempo que quiera.

Empieza todo el proceso con otro juguete. Y luego con otro. Hasta que le parezca bien ceder todos sus juguetes.

De nuevo como con las personas, las sesiones con juguetes serán más rápidas conforme tu perro ha entendido la mecánica, ha comprobado que sale ganando, y que tú ya no eres una amenaza.

Ah, y juega con él y con los juguetes siempre que puedas: jugar juntos es más divertido que proteger juguetes.


¿Qué te parece, has tenido problemas similares con tu perro?, ¿qué has hecho para solucionarlo?.

 

Ayudas para educar a un cachorro a hacer pis

Mi cachorro hace pis en cualquier parte

Cuando educamos a un cachorro para hacer sus necesidades en el sitio correcto, se suele iniciar el aprendizaje fijando un sitio correcto dentro de casa.

Por un lado porque a menudo el cachorro es demasiado pequeño para salir a la calle, y por otro porque no siempre se puede llevarle al exterior el suficiente número de veces.

Así se evita que haya pis o caca en cualquier lugar de la casa: se le asigna una zona y que la use cuando lo necesite.

Ideas prácticas para educar a un cachorro

Por lo general es sencillo lograrlo.

Pero a veces surgen problemas y el aprendizaje no va según lo previsto.

Aquí van algunas ideas que pueden ayudarte a resolverlos:

A- Retira todas las alfombras de la casa. Los cachorros no hacen pis en cualquier lado, tienen preferencias de superficie, y entre baldosa, tarima y “suelo peludito y suave”, elijen siempre este último. Ya las volverás a colocar en unos meses.

B-  En cuanto haga el primer pis, humedece una hoja de periódico en él. Y coloca esa hoja con un taco de más hojas. Así le marcas el “lugar correcto”. Los cachorros tienden a usar siempre el mismo sitio y se guían por el olor para ello.  Si tienen una hoja que huele como debe, le ayudará a orientarse.

C- El lugar donde coloques las hojas debe estar alejado de la zona de descanso, la de juego y la de comida. Son las zonas que tu cachorro no querrá usar y de las que se irá alejando cada vez más. También debe ser un sitio de fácil acceso y sin ruidos repentinos (como lavadoras o calentadores que se activen de pronto). Si se asusta se alejará del lugar y no volverá a usarlo.

D- Desplaza cada día unos centímetros las hojas hacia la puerta de la calle. Aprovechas su tendencia natural a alejarse de sus zonas de juego y descanso, y le vas encaminando en la dirección correcta de modo gradual.

E- Si tienes posibilidad de acceso a exterior (jardín, terraza), prueba a mantener libre el paso a esas zonas todo el tiempo que puedas (puerta abierta). Seguramente elija usarlas y el proceso sea más rápido y te genere menos trabajo.

F- Si hace pis fuera de las hojas, límpialo con un producto enzimático (quitamanchas), no solo con jabón o desinfectante. Solo así eliminarás el olor que tu cachorro va a buscar la siguiente vez que necesite hacer pis. Ese olor lo has llevado a las hojas de periódico.

Y un truco

Y ahora un truco para un problema común. Si tu cachorro ha decidido jugar a romper las hojas de periódico que deberían ser el baño, además de tener que reponerlas cada poco, puede ocurrir que deje de usarlas.

Y lo hace porque el “baño” se ha convertido en una zona de juego, y ya no quiere utilizarlo del modo que tú esperas.

Prueba lo siguiente: compra un felpudo de goma negra (esos que tienen como pinchitos redondeados), o bien unas alfombrillas de baño (tres o cuatro, para ir lavando unas mientras ensucia otras). Y colócalas en otro sitio, alejado de donde empezó a jugar con los periódicos.

 

Felpudo goma

Muchos cachorros encuentran este felpudo irresistible como baño.

 

Muchos cachorros sienten una extraña atracción hacia los felpudos de goma (la de las alfombras ya te la he comentado arriba), y en seguida los usan para hacer pis. Luego solo tienes que repasarlo con agua para limpiarlo pero que mantenga el olor para siguientes ocasiones.

Y sobre todo, piensa que esta fase es temporal, y será corta si te aplicas a ella y te contienes de regañar o corregir a tu cachorro haga lo que haga (eso solo retrasaría el aprendizaje). Por lo tanto, ten paciencia. En cuanto crezca un poco y pueda salir regularmente a la calle, este asunto será historia.

Si aun siguiendo estos consejos necesitas ayuda o estás muy perdido con el tema porque llevas semanas trabajando y no logras avance,  este curso puede orientarte.

¿Qué hago con mi perro tras una cirugía?

Han operado a mi perro

Muchos dueños no tienen que preocuparse durante años por la salud de su perro, porque no se pone enfermo y tiene la suerte de no sufrir ningún accidente.

Otros no tenemos esa suerte, y a veces nuestro amigo tiene un problema que conlleva una larga recuperación.

Si tu perro ha sufrido una fractura o cualquier otro problema articular que requiere cirugía, sabrás a qué me refiero: después de operar, tiene que reposar.

Si tienes un abuelete, esto no es muy preocupante: en realidad ya descansa bastante. Pero ¿y si tu perro es un cachorro o un jovenzuelo vital y alocado?.

Qué hacer en el postoperatorio

El postoperatorio se hace muy cuesta arriba. Sin embargo, es una parte fundamental para que la cirugía dé los mejores resultados.

Si este proceso se hace bien, el resultado será bueno durante muchos años, permitiéndole desarrollar una vida y actividad normales. Así que tiene que reposar.

Ahora explícaselo, a ver si lo entiende, 🙂

Mi galgo no lo ha entendido. Hace unos días se rompió la cadera. Por varios sitios.

Es una perrita con miedo a  otros perros, así que estábamos trabajando ese aspecto.

Y ahí estaba, jugando encantada con un border collie que no parecía cansarse de correr y correr tras ella: justo su juego favorito.

Se ve que entre el entusiasmo del juego y la gran velocidad que llevaba, no controló bien en una curva, y se estampó contra un muro de piedra.

Dio tres vueltas de campana, se levantó con muchos quejidos, y se terminó el juego.

Por una temporada. Larga. Una radiografía después queda claro que tiene una buena chapuza.

Fractura de cadera en un galgo

Las flechas rojas marcan dos puntos de fractura, pero hay más

Así que tras una larga y complicada cirugía (gracias, Marta), viene la parte difícil: una cachorra de apenas un año que está empezando a disfrutar de la vida tiene que tirarse un mes (como mínimo) de reposo.

Placa y tornillos en fractura de cadera de galgo

Ahora tiene este aspecto

Los montajes y precauciones que tomo a diario para evitar que haga el ganso te los ahorro, porque en estos casos cada cual tendrá que organizarse según su rutina diaria (por ejemplo, la subo y bajo en brazos de la furgoneta: no le gusta nada y trata de hacerlo por su cuenta).

Pero en el día a día, para tantas horas de aburrimiento, hay que hacer algo.

Y aquí es donde los juegos de nariz en casa pueden ayudarnos.

Entre otros que le planteo, y como es golosa le encantan, está el uso de una alfombra olfativa.

La alfombra olfativa es un juguete que nos han regalado los chicos de Mente Canina (¡mil gracias!) para animar a mi perrita en su recuperación.

Las hay de varios tamaños,  y la idea es que son muy tupiditas por lo que es fácil esconder pequeños premios en su interior, y así el convaleciente se entretiene buscando sin apenas moverse del sitio.

Alfombra olfativa para perros

Alfombra olfativa

Y ya la estamos usando; de ese modo se mitiga el aburrimiento y tiene algo que hacer sin necesidad de moverse, por lo que el reposo forzoso se hace algo más llevadero.

Aquí va un vídeo. Lo he grabado en exterior porque dentro de casa no hay bastante luz. La zona está acotada para que no pueda irse de paseo por la finca ella sola:

 

Así que si tu amigo tiene una fractura o alguna otra convalecencia en la que pueda comer con total libertad pero no pueda salir a pasear, las ideas como esta alfombra son una gran ayuda.


¿Qué te parece?, ¿conocías el invento?, ¿has tenido alguna vez que «pelear» con tu perro para que guardara reposo?, cuéntame tu experiencia en los comentarios.

 

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