Brandy es un mestizo de pastor de un año de edad.

Desde cachorro se muestra protector con sus cosas, gruñendo y desafiando a todo el que se acerca, según sus dueños.

Cuando era cachorro les parecía gracioso, pero Brandy pesa ya más de 15 kilos, y ha hecho extensiva la protección a su espacio (sofás y camas). Sus dueños, una pareja joven que vive en un piso en una zona urbana, nos dicen que empiezan a tener algo de miedo por si pudiera llegar a morderles.

A Brandy lo consiguieron por Internet, de una camada no deseada “que iban a tirar al río”. Tenía un mes cuando lo adoptaron.

En conjunto lo describen como un perro sociable y cariñoso, algo hiperactivo, al que le encantan los paseos y estar con sus dueños.

Los problemas aparecen cuando intentan quitarle algún objeto de la boca, recuperar algún juguete, meter la mano en su comedero, y de unas semanas para acá, al tratar de desplazarlo en el sofá o bajarlo de la cama (donde no quieren que se suba).

Al conocer a Brandy dentro y fuera de casa, vemos un perro en general equilibrado y amistoso, que presenta un cierto estrés ante las manipulaciones corporales y reacciones defensivas cuando dispone de algún recurso (objetos, comida, etc.).

Los dueños nos explican que le regañan cuando se comporta así, y se enfadan cuando se sube a los muebles, pero que lejos de mejorar, parece que va a peor.

En nuestra opinión, Brandy tiene respuestas de miedo al sentirse amenazado por la competencia que han generado los dueños por recursos que él considera valiosos y por el espacio. Las correcciones de sus dueños le reafirman en sus emociones. Vemos necesario rebajar la tensión en el grupo familiar, y redefinir algunas prioridades.

Lo primero es aclarar la necesidad de retirarle objetos o de meter la mano en su comida.

Cuando un perro come, merece estar tranquilo, igual que nosotros no vemos bien que otra persona picotee con un tenedor en nuestro plato (y es lícito que nos enfademos si sigue haciéndolo tras decirle que nos molesta –gruñir-).

Explicamos a los propietarios que si desean dedicar tiempo y esfuerzo a conseguir que Brandy permita manipular su comedero mientras come puede hacerse, pero que en realidad no es un problema en sí mismo.

Ellos lo hacen porque les han dicho “que debe dejarse quitar la comida”, pero en realidad no tienen mayor interés, por lo que prefieren optar por dejarle tranquilo.

Los objetos, por otro lado, siguiendo normas de urbanidad canina, son de quien los tiene en ese momento.

Si nos abalanzamos a recuperarlos, generamos reacciones de miedo que pueden desencadenar agresividad defensiva. Las personas pensamos que el perro defiende el objeto. Pero el perro se defiende a sí mismo. Por lo tanto, planteamos las siguientes opciones:

  • Retirar todo objeto de valor o que no deseemos que toque (anticipación).
  • Modificar nuestro grado de interés y movernos despacio y de modo amistoso (sonreír) si queremos recuperar un objeto. Ofrecer a cambio algo mejor.
  • Tomar un objeto cualquiera y hacer teatro con su posesión, exhibiéndolo (a modo de juego) ante nuestro perro como si fuera lo más interesante del mundo. Una vez captado su interés, nos apartamos algo del objeto problema (que habrá soltado), y conseguimos algunas golosinas o mejor, un juguete que podamos compartir con Brandy, y jugamos con él unos minutos. Retiramos de su alcance discretamente el objeto problema (que no pueda recuperarlo).
  • Ante objetos pequeños de poco valor (folios, pañuelos de papel, lápices…) que el perro toma insistentemente, podemos ofrecerle otro igual. Y otro. Y luego otro más. Así hasta que deja de tomarlos y nos presta atención. En ese momento le invitamos a un juego aceptable con nosotros.

Todas estas acciones van encaminadas a recuperar el objeto problema (que en todo caso no debería volver a estar al alcance del perro) de un modo pacífico, sin conflictos ni amenazas, y a reforzar la relación entre los propietarios y Brandy a través del juego conjunto (sí permitido).

Brandy simplemente parece haber descubierto que el modo de lograr atención es mediante el robo de objetos cotidianos de sus dueños, por lo que aplicando las medidas anteriores (con especial énfasis en prevenir) y ofreciendo momentos de juego a diario, evitamos enfrentamientos y le damos lo que desea.

Con el tiempo optará por pedir juego (que se le dará) en lugar de provocarlo mediante la posesión de objetos que habrán perdido su valor.

En cuanto al espacio de descanso, deben definir una política coherente.

A veces le animan a subir, y otras veces le echan, lo que confunde y asusta a Brandy. Los dueños deciden que no se suba en ninguna ocasión.

Por lo tanto, proponemos repartir por la casa 3 o 4 camas de perro amplias y mullidas, que le permitan tener opciones adecuadas de descanso, donde no se le moleste bajo ningún concepto.

Cuando se suba a un mueble, se le pide que baje simplemente dando una señal y echando algunas bolas de comida por el suelo. Así el perro baja voluntariamente sin manipularlo ni forzarlo. Entonces o bien ocupan el mueble personas (no dejando al perro más espacio que su propia cama, colocada próxima), o bien se cierra la puerta de la estancia, o se coloca algún obstáculo que haga el sofá o la cama incómodos si Brandy se vuelve a subir (para cuando se queda solo).

Brandy parece satisfecho con sus nuevas camas, y las usa con frecuencia. Tras unas semanas, los propietarios nos comentan que le ven más tranquilo, y que salvo un incidente en la calle (con una bola de aluminio que le sacaron de la boca), no ha vuelto a gruñir ni a robar ningún objeto.

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