¿Mal perro o perro enfermo?

A menudo un perro «malo» es un perro enfermo. 

En el día a día trabajando con perros me he encontrado muchos casos en los que las conductas inadecuadas, los problemas de comportamiento o las alteraciones que presentaba el animal se debían a un problema de salud.

Y la tendencia a etiquetar y aplicar métodos aversivos como manera de corregir esas alteraciones no solo no ayuda, sino que empeora la situación del perro y produce un aumento considerable del estrés.

Antes de pensar que tu perro es dominante, cabezota, desobediente, agresivo, buscón, que está consentido……. piensa en que tal vez esté enfermo y necesita ayuda.

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

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¿Cómo regaño a mi perro para que me haga caso?

Ésta es una pregunta que me hacen a menudo.

Y es que muchas personas regañan a su perro por las más variopintas razones, y se dan cuenta de que su perro no les hace ningún caso, pues sigue haciendo aquello que no desean, o lo repite una y otra vez en el futuro.

O peor, les responde con ladridos, gruñidos e incluso mordiscos.

Estas personas quieren saber cómo se debe regañar a un perro para que te haga caso.

O para que no se “rebele”.

Buscan cómo reñir bien a su perro.

Quizá tú te hagas la misma pregunta. Pues confío en que este artículo te deje algunas ideas claras. Vamos allá.

Cuando mis clientes me consultan sobre este aspecto, mi respuesta es tajante: deja de regañar a tu perro.

En cualquier contexto, y para siempre.

Entonces observo dos reacciones, además de la sorpresa:

“¿Y entonces qué hago cuando se porte mal/para educarle?”

“Ya, bueno (mientras piensan en alguna liada bien gorda reciente que ha hecho su querido amigo peludo), pero para algunas cosas habrá que regañarle si quiero que sepa que ha hecho mal”.

Al primer grupo le ofrezco las alternativas eficaces a la regañina, ya que básicamente no se les había ocurrido que hubiese otro modo, o no habían pensado mucho en el asunto.

Simplemente se dejaban llevar o improvisaban sobre la marcha.

El segundo grupo presenta resistencia.

Están convencidos de que regañar es el único modo posible y correcto de educar.

Pueden darle premios a su perro si se porta bien, pero hay que reñirle cuando se porta mal, o nunca sabrá que se está portando mal.

A este grupo, aun dándole las alternativas, que funcionan y que uso a diario en mis propios perros desde hace años con gran éxito, no  lo admiten.

Ciertas conductas son demasiado graves para dejarlas pasar o ignorarlas o mirar para otro lado.

Hay que regañar.

Creen que voy de “happy flower” por la vida con esta actitud, que es imposible no regañar nunca al perro y que es educativamente correcto usar el regaño, independientemente de si lo complementas o no con otras acciones (como ignorar ciertas conductas o premiar otras).

Si estás en este grupo, este artículo es para ti.

No busco convencerte de que te unas a la corriente “paz y amor”, aunque si lo consigo me sentiría genial, J

Solo quiero informarte de las consecuencias de tus acciones, para que medites bien sobre el asunto antes de educar a tu perro de ese modo.

Para que asumas que si le riñes habrá reacciones posteriores, y si te parecen bien y aceptas pagar el precio, continúes regañando. Que no educando.

Pero si no estás dispuesta a asumir esas consecuencias y tampoco a dejar de regañar, entiendas que te has metido en un callejón sin salida.

Porque lo uno va unido a lo otro, y si no suprimes el regaño, no podrás cambiar ciertas conductas que seguramente te molestan o te preocupan en la convivencia con tu perro.

Hilando aun más fino, te voy a contar que es muy probable que parte o la totalidad de esas cosas que te molestan o preocupan son casualmente las consecuencias de educar regañando.

No se puede educar sin regañar

Es un modo de ver la situación.

Pero la historia nos dice otra cosa.

Si consideras que no regañar nunca al perro es vivir en un mundo de unicornios y hadas rosas, bienvenida, J.

Porque en la historia de la humanidad hay gente que adoptó ese modo de ir por la vida por bandera, y no solo son conocidos por todos, sino que tuvieron un gran éxito y todos les tenemos por modelos a seguir.

Aunque no nos salga ni de lejos tan bien, o directamente no lo intentemos porque creamos que no somos capaces.

Tal vez no seamos capaces de imitarles todo el tiempo, todos los días, y con todos los seres humanos.

Pero la mayor parte del tiempo y con aquellos que nos importan, seguramente sí puedas.

Piensa en Ghandi, por ejemplo.

Consiguió educar a una nación entera mediante la paz.

Y no es el único, aunque quizá sí el más conocido.

No digo que vayas de Ghandi por la vida, porque seguramente sea demasiado difícil, y al fin y al cabo no hablamos de liberar una nación del colonialismo, sino de convivir con un perro.

Pero se puede educar a otros sin regañar.

Consecuencias de regañar a tu perro

Y es que cuando regañas a tu perro para educarle y enseñarle lo que está mal, ocurren varias cosas:

1- Los perros no tienen moral, por lo que los conceptos “bien” y “mal” (por otra parte un tanto arbitrarios y cambiantes según contextos, culturas, individuos, etc.) no tienen sentido.

Para él solo existe “lo que me genera algún beneficio” o “lo que me perjudica”.

Cuando regañas, no le explicas lo que está mal, solo le indicas que tú eres algo a evitar porque le perjudicas.

Tú te conviertes en el problema, y no la acción que él está realizando.

2- Cuando regañas, a veces parece funcionar momentáneamente: tu perro deja de hacer lo que estaba haciendo.

Pero o bien retoma la tarea en un rato, o bien la repite en el futuro.

Regañar no está funcionando realmente.

Cuando tu perro  interrumpe un momento la conducta, lo hace porque tu actuación le genera miedo.

Pero no le educa.

Simplemente entiende que o debe ignorarte (si no das mucho miedo), o debe evitar que le veas o plantarte cara (si se siente muy amenazado).

Pero le no enseña nada concreto sobre la conducta problema.

3- Cuando regañas, interrumpes una conducta indeseable.

Pero no estás indicando cuál es la conducta deseable.

Sería como dirigir el tráfico parando a todos los coches.

Les detienes, pero no les dices hacia dónde deben ir.

En consecuencia tu perro no aprende lo que tú deseas que haga, por lo que no le estás educando.

4- Lo que realmente enseña una regañina es a tenerte miedo.

Eso lo aprenden muchos perros.

Más o menos miedo en función de la intensidad y duración de tu regañina, de tu expresión corporal, de su predisposición genética (hay perros mucho más sensibles que otros) y de lo a menudo que uses al día el regaño como modo de dirigir la conducta de tu amigo.

Y lo que sí ocurre dentro de todos los perros cuando les regañas es un conflicto social.

Los perros están diseñados para llevarse bien con los que le rodean.

Así que dedican muchos recursos a reducir o evitar los conflictos sociales.

Y cuando le riñes, provocas un conflicto.

Y ese conflicto produce una reacción involuntaria interna que va como sigue:

Adrenalina: un pico brusco que prepara al organismo por si hay que huir (de ti) o pelear (contigo).

Cortisol: una hormona que prepara al cuerpo para adaptarse a la exigencia del entorno (en este caso tú), y que activa y desactiva un montón de mecanismos fisiológicos, lo que en sí mismo supone un desgaste físico y emocional importante.

Testosterona: da igual si es hembra, la glándula que produce las dos anteriores hormonas también fabrica testosterona. Esta hormona aumenta la irritabilidad y genera también una importante demanda a nivel interno de recursos, lo cual supone más desgaste. También aumenta la competitividad y la tendencia al enfrentamiento.

Todo esto se activa cada vez que le regañas.

Si regañas diez veces al día, pues diez veces que “aprietas” el gatillo.

Después de una semana, serán setenta veces activando este mecanismo (que he simplificado, ya que pasan más cosas aun).

Y una vez se dispara la carga hormonal, ésta no desaparece en minutos.

Y sus efectos y “secuelas”, tampoco.

O sea, que tú te olvidas del problema en un rato (y por eso creerás que no es para tanto), pero el cuerpo de tu perro no.

Pueden durar de horas a días, pasando su particular factura al cuerpo y a la mente de tu amigo.

Así que la consecuencia primera de esta situación es que tu perro ve aumentada su irritabilidad, le falla la concentración, sube su inseguridad, baja su capacidad para obedecer o prestarte atención y tiene sensación de angustia (la adrenalina aumenta la velocidad y fuerza del corazón y la frecuencia respiratoria).

Y hay que darle una salida a toda esta alteración interna.

Pero esa salida no irá contra ti de modo directo, al menos no en la mayoría de los perros.

Ese malestar interno irá dirigido hacia fuera.

Hacia otros perros.

Hacia desconocidos.

Hacia niños.

Hacia coches, bicicletas, monopatines, corredores.

Hacia timbres, ruidos altos, movimientos bruscos, contacto físico no solicitado.

En forma de ladridos y gruñidos, tirones de correa, abalanzamientos, impidiendo el movimiento  de los demás o cortándoles el paso, e incluso agrediendo.

O puede incluso que lo dirija hacia sí mismo: será un mal comedor o comerá todo lo que pueda con ansiedad, se mostrará apático, o con excitación excesiva, se autolesionará a base de lamerse, se perseguirá la cola hasta hacerse daño, caminará en pequeños círculos, cazará moscas imaginarias de modo obsesivo….

Y la medida estrella que la mayoría adopta para corregir todos estas conductas es ….. regañar a su perro para que deje de hacerlo y sepa que está mal.

¿Ves el círculo vicioso que te estoy presentando?

Así que la conclusión es que si consideras imprescindible reñir a tu perro para educarle, el modo de reñirle “correctamente” pasa por ser preciso, constante y rápido.

Si lo haces bien lograrás que tu perro no haga nada, nunca. Pero le habrás roto por dentro.

Si crees necesario regañarle por algunas cosas, aunque por la mayoría te estés esforzando por aplicar las alternativas al regaño, me gustaría que te fijases bien en las consecuencias inherentes al regaño (no existe ningún modo de regañar a un perro sin generar esa cascada de hormonas en el proceso), y que asumas que si consideras imprescindible educar a tu perro así, las conductas que intentas corregir pueden estar agravadas o incluso provocadas por el hecho de regañar.

Aunque también me gustaría que pensaras en la razón por la que estás tan convencida de que es imprescindible regañar a tu perro.

¿Porque a ti te educaron así y no concibes otro modo?

¿Porque la presión social de tu entorno te empuja a hacerlo así  (“eres blanda. Tu perro te domina. Hace lo que le da la gana porque le consientes. Le tienes demasiado mimado”)?

¿Porque tú sufres, sin darte cuenta,  la misma cascada hormonal que tu perro y eso te lleva a estar estresada, irritable, a saltar por cualquier cosa, a frustrarte rápidamente si algo no sale a la primera y sin percatarte estás descargando sobre tu perro ese conflicto interior?

Piensa en ello. De verdad.

Y decidas lo que decidas hacer a partir de ahora, hazlo con todas las consecuencias.

Porque la elección es exclusivamente tuya.

Y la opción de cambiar, también.

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¿Qué tengo que (dejar de) hacer para que mi perro me haga caso?

 «Mi perro no me obedece».

» No me hace ni caso».

«¿Qué hago para que me preste atención? «

«¿Qué tengo que hacer para que me obedezca?»

¿Te has planteado alguna vez esta situación?

¿Sientes que tu perro te ignora y que hace caso a cualquiera menos a ti?

Es una duda muy habitual, y le pasa a mucha gente.

Resulta muy frustrante ver cómo tu mejor amigo, que en casa apenas se despega de tu lado, se comporta como si fueras invisible en cuanto vais a la calle.

Y por eso, como deseas lograr que tu perro te atienda, le preguntas a todo el mundo qué puedes hacer para conseguirlo.

O lees y lees en foros (incluso dejas tu pregunta en algunos) para tratar de entender qué hacen otros para conseguir la atención de su perro.

Y haces y haces cosas, sigues todos los consejos,  pero generalmente el resultado no es muy bueno.

Con suerte, si le das premios cuando presta atención, logras que te haga caso, «pero solo si ve le premio«.

Luego en realidad no te hace caso a ti, le hace caso a la comida.

No es eso lo que buscas.

Sin embargo, seguro que no te has planteado la opción contraria.

Haces y haces de todo, y la atención de tu perro no mejora.

¿Y si dejaras de hacer tantas cosas?.

¿Y si pensaras en todo aquello que puedes dejar de hacer porque posiblemente es lo mucho que haces lo que aleja a tu perro de ti?

Partiendo de esa premisa, te cuento qué cosas deberías dejar de hacer para conseguir que tu perro te preste más atención.

En casa

Deja de molestarle mientras duerme.

Déjale descansar.

Los perros duermen mucho. Pero mucho.

Y un descanso interrumpido resulta en un animal nervioso que estará deseando darle salida a todo ese nerviosismo.

Es difícil hacerte caso si siente que debe correr y moverse constantemente porque no ha descansado bien.

No le invadas el espacio mientras duerme para rascarle la barriga.

No permitas que otros, especialmente niños, se acerquen a él mientras duerme.

No le despiertes para hacerle cambiar de sitio y procura dejar para otro rato actividades molestas que puedan despertarle, como pasar la aspiradora.

Deja de excitarle y animarle antes de salir de paseo.

Si «calientas motores» cinco minutos antes de ir a la calle, tu perro ya sale cargado y deseando hacer el ganso nada más pisar la acera.

Elimina las frases con «voz para bebé» y los aspavientos, y simplemente ponle su material de paseo y a pasear.

Deja de gritar

No me refiero a gritarle a tu perro (algo que por descontado deberías dejar de hacer ya mismo si se da el caso), sino a gritar, discutir, pelear….. con el resto de la familia.

Si vives sola, obviamente es poco probable que esto ocurra, salvo quizá alguna vez por teléfono.

Pero en hogares con varias personas, es habitual que haya peleas y discusiones entre los distintos integrantes de la familia.

Y eso afecta a tu perro. Aunque la «fiesta» no vaya con él, los gritos, aspavientos, reproches y movimientos bruscos le intimidan y le resultan amenazadores.

Pensemos en esa imagen del niño pequeño escondido dentro de un armario o bajo la cama para intentar no escuchar a sus padres gritándose mutuamente. No le regañan a él, pero que aquellos a los que ama discutan y se muestren tan tensos le hace sentirse mal.

Y si tu perro se siente mal, alejarse de ti en la calle le supondrá un respiro.

Si no resulta posible mejorar las relaciones entre los humanos de la casa, al menos piensa en tu perro, y facilítale un entorno aislado donde perciba una mínima intensidad de estas situaciones: una habitación lo más alejada posible de la estancia donde se discuta, con un buen mordedor para que esté ocupado y se relaje mordisqueando.

Y unas cuantas puertas cerradas de por medio.

Será una ayuda bien recibida.

Deja de moverte tan deprisa

El modo en que nos movemos habitualmente refleja cómo nos sentimos. No se camina igual cuando vas a trabajar que cuando das un paseo con unos amigos o vas al cine (y no llegas tarde).

Y el modo en que nos movemos para realizar cada pequeña tarea cotidiana también es un reflejo de nuestro estado de ánimo.

Moverse rápidamente y como con sensación de urgencia para cada acción diaria le da al perro una impresión de nerviosismo, de que algo va mal, de que es necesario estar siempre alerta porque pasa algo.

Piensa en las gacelas, cuando una corre las demás no se paran a preguntar porqué corre, simplemente corren todas. Se supone que hay un león cerca.

Si te mueves rápidamente para todo, tu perro llegará a convencerse de que hay una amenaza cerca. Y eso le estresa y preocupa.

Levantarse como si el sofá quemara cuando suena el timbre, abalanzarse sobre el teléfono cuando suena o entra un mensaje, barrer moviendo la escoba como si estuvieses peleando con alguien, fregar platos organizando un escándalo digno de un bombardeo, caminar de una estancia a otra de la casa intentando batir un récord de velocidad….. tu perro se fija en todo esto y cree que es importante.

Y no lo es.

Tampoco se trata de comportarte como si estuvieses dormida, pero seguro que es posible tomarse unos segundos en iniciar cada movimiento, y tardar un par de minutos más en realizar cada actividad, por ejemplo concentrándote en cada paso y cada movimiento en lugar de centrarse en terminar lo antes posible con la acción.

Eso le manda a tu perro un mensaje de calma, de seguridad a tu lado y en casa, y le permite descansar mientras tú realizas tareas o simplemente descansas con él.

Y le hace sentirse más cómodo a tu lado. Justo lo que necesitas para que te preste atención.

 Deja de confiar en que juegue solo.

No le permitas aburrirse.

Además de dormir, hará algunas cosas más, sobre todo si es joven.

Si se aburre, tratará de organizar actividades por su cuenta.

Por un lado, eso suele significar destruir objetos o meterse en líos.

Por otro, eso te deja a ti fuera de la ecuación.

Si eres aburrida en casa, imagina el caso que te hará cuando el resto del universo le atraiga con sus encantos (y por lo tanto, le aleje de ti).

Haz juegos y participa (aunque sea observando), proponle retos, enséñale trucos sencillos para divertiros juntos, motívale a hacer cosas juntos.

Si no logras su interés en casa, difícilmente te prestará atención cuando haya algo más interesante que tú en la calle (que será todo).

Deja de regañar, castigar, corregir o inhibir conductas que te molestan.

Esto genera muchos problemas, es el modo común de educar a los perros, y lo que realmente le enseña es a alejarle de ti.

Hay otro modo de hacer las cosas que impide que quedes como la mala de la película. Y que acerca a tu perro a ti, en casa y en la calle.

En la calle

Deja de recoger la correa.

Es importante usar una correa larga en los paseos, ya que la correa restringe los movimientos naturales de tu perro.

Cuanto mejor pueda moverse aun estando atado, más disfrutará de los paseos y más relajado estará.

Pero atención, la correa larga es para usarla. Enrollarla en una muñeca(o alrededor del cuerpo) y dejarla reducida a medio metro termina actuando en tu contra.

No lleves la correa corta. Dale espacio a tu perro.

Deja de usar ciertas herramientas.

Las herramientas de paseo/control que produzcan miedo o dolor, como estranguladores (incluido el Martingale), collares de pinchos, eléctricos, correderos, cabezadas Halti y cualquier sistema de sujeción con partes móviles solo sirven para que tu perro quiera alejarse de ti.

Y eso no ayuda a la hora de conseguir su atención. Si tu perro tira mucho, es un problema que debe abordarse de otro modo.

Deja de hablarle a todas horas y para todo.

El silencio es un gran aliado para lograr la atención de tu perro.

Cuanto menos hables, más te escuchará.

Y cuanto menos abras la boca, más atención prestará a tu comunicación corporal, que es la que realmente entiende y le dice algo.

Además te servirá para ser consciente de esa comunicación corporal a la que no has prestado atención hasta ahora, 🙂

Prueba a hacer menos «ruido de fondo» y verás como se fija más en ti.

Deja de bloquear todas sus conductas.

Es un acto casi reflejo.

En cuanto tu perro parece que intenta tener una iniciativa, le cortas o interrumpes «por si acaso». Porque le conoces y estás convencida de que la va a liar.

Empieza a confiar un poco en él, y dale margen para tener iniciativas.

Deja que se equivoque y aprenda de sus errores.

Y de paso, empieza a plantearte el ceder en ciertos contextos, ya que a menudo bloqueas conductas naturales que tu perro necesita llevar a cabo.

Y cuando haces eso, solo consigues que se aleje de ti (para poder hacer esas conductas sin interferencias).

Deja de impedir que suelte algún ladrido o gruñido.

Necesita expresar cómo se siente, y a  veces vocalizará para hacerlo.

Si son ladridos ocasionales, simplemente deja que ladre. Es un perro y eso es lo que hacen los perros.

Si está gruñendo, se siente francamente incómodo, déjale hacer si crees que puede gestionarlo sin llegar a más (morder), o sácale amablemente de la situación si piensas que no podrá manejarlo y el gruñido podría ir a más.

Si ladra de modo muy insistente y con frecuencia, entonces hay un problema.

Pero no lo resolverás acallando los ladridos, sino indagando sobre las razones que le llevan a ladrar y trabajando esas razones.

Por lo tanto, deja de intentar que esté siempre en silencio.

Deja de seleccionar a sus amigos.

Eligiendo con quién puede relacionarse y con quién no (a menudo debido a tus miedos e inseguridades personales evitarás cierto tipo de perros) no le permites socializar correctamente y le transmites tus propios miedos.

Puede que a veces se equivoque y se acerque a un perro poco o nada amistoso. No pasa nada, aprenderá de ese encuentro.

O puede que sea él quien lo no hace muy bien, pero no mejorará la gestión de sus relaciones si le impides tenerlas.

A menos que existan antecedentes de agresiones hacia otros perros, deja que se relacione con quien desee (partiendo de la base de que el otro perro también desea relacionarse).

Que no siempre se digan cosas bonitas forma parte de las relaciones cotidianas, no es el fin del mundo.

Deja de plantearle juegos altamente adictivos y excitatorios.

O dicho de otro modo, olvida el juego de «recoge esta pelota lanzada a 150 metros 89 veces seguidas».

Este tipo de actividad solo contribuye a entorpecer su relación con el entorno (al crear una obsesión) y le estresa tanto que luego, lejos de estar cansado, como crees que debería estar, se altera tanto que termina teniendo problemas de hiperactividad, destructividad, reactividad…..

Y se dedicará a ir por la calle haciendo el loco y pasando de ti (a menos que le ofrezcas su «droga» favorita) para poder darle salida a toda esa excitación que tú misma has provocado sin darte cuenta.

Deja de dar tirones de la correa.

Para corregir algo o de modo involuntario (porque caminas sin parar y no te das cuenta de que se ha detenido).

Esto es más fácil lograrlo si la correa es larga (cuando es corta, prácticamente siempre estará tensa).

Y si estás pendiente de tu perro cuando paseas.

Como sistema de corrección, aparte de poco eficaz (seguirá repitiendo las conductas que quieres evitar) genera incomodidad e incluso miedo por tu proximidad.

Una buena excusa para alejarse de ti en cuanto pueda hacerlo.

Deja de pasear como si tuvieras prisa.

Uno de los males de nuestro siglo.

Tenemos siempre prisa. Incluso cuando paseas con tu perro, tienes que ir de A a B en 40 minutos, porque es el tiempo de que dispones.

Y si se para, se distrae o simplemente camina más lento, le contagias tus prisas.

Eso es desagradable y genera mucho estrés en los perros.

Los perros disfrutan el momento. Y el momento es ahora.

Caminan al trote, y algo les llama la atención, pues se paran a mirarlo. Y pueden tomarse dos minutos para observar. Dale esos dos minutos.

Si se detienen a olfatear, a veces tardan un rato. Dale ese rato.

Y lo más importante. El ritual de saludo canino requiere de tiempo y movimientos lentos.

Cada perro del paseo es un potencial amigo y una potencial amenaza. Y para que sea lo primero, hay que ser educados y correctos en las aproximaciones.

Y eso requiere tiempo.

Y movimientos lentos y con cierta amplitud.

Muchos problemas entre perros se resolverían si en lugar de aproximarlos unos a otros de frente y a paso ligero, respetáramos esos tiempos.

El próximo encuentro que tu perro tenga con otro, detén tu particular carrera y observa. Espera a que él avance y decida hacia donde avanzar. Verás qué interesante (aunque solo funciona al 100% si el otro perro tiene libertad de tiempo y movimiento, claro).

No seas tú la que decida cuánto tiempo puede dedicar a cada instante del paseo. No le contagies tu propio estrés.

Y déjate llevar por ese «tempo» relajado

Deja de impedir que huela todo

Los perros son animales muy olfativos. Tienen una gran nariz, y les gusta usarla.

Reconocen el mundo a través de su nariz. Y para eso tienen que poder olerlo todo a su gusto.

Si eres de las que apenas le deja oler nada por prisas, deja de correr.

Y si se lo impides por miedo «a que se coma algo que le siente mal», trata de establecer un equilibrio entre el cuidado y la sobreprotección.

Porque es posible que algo le siente mal. Pero es prácticamente seguro que un perro sobreprotegido tendrá problemas serios de comportamiento.

Deja de decir su nombre a todas horas

Cuando dices su nombre para llamarle, o para echarle la bronca, o para contarle cuánto le quieres, lo «gastas».

Nadie presta atención a una persona que dice tu nombre constantemente para todo. Simplemente se convierte en un ruido de fondo.

Y tú no quieres ser un ruido de fondo, verdad?

Usa su nombre solo para conseguir su atención. Y solo si después va a pasar algo bueno.

O conseguirás que su nombre pase a significar «corre a todo lo que den tus patas lejos de mí».

Deja de usar la «correa invisible»

O de intentarlo.

Muchas personas sueltan a su perro y luego tratan de mantenerlo a su lado a base de llamarlo una y otra vez en cuanto se aleja más de 4 metros.

Porque te preocupa que le pase algo.

Por si come algo que no debe.

Por si cruza la carretera.

Por si molesta.

Porque te pones nerviosa si tu perro tiene alguna iniciativa.

Porque no te fías de él.

Pues es el camino más rápido para lograr justo lo contrario, que se aleje cada vez más.

Aquí no hay medias tintas. Suelta a tu perro en lugares seguros, en sitios donde si no te hace caso no ponga en peligro su vida o la de otros.

Y una vez suelto, a salvo, se supone, de la posibilidad de sufrir graves daños, dale espacio y margen de actuación.

Que pueda ser perro y moverse con cierta libertad.

De hecho, para eso se le suelta. Si necesitas que sea tu sombra, debes trabajar tu dependencia.

 

Y sí, también en la calle, deja de regañar, corregir, bloquear e inhibir conductas.

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¿Por qué ladra tanto mi perro?

Que los perros ladran es algo que todos sabemos. Pero no todos ladran igual ni con la misma frecuencia y motivo.

Una queja común de muchas personas es el elevado grado de ladridos de su amigo.

En casa o en la calle, ante estímulos sonoros como el timbre o el ruido del ascensor, o en situaciones cotidianas como la presencia de otros perros, bicicletas, señores con bastón, o lo que se les ocurra.

Si tienes un perro aficionado a ladrar, seguro que has tenido más de una discusión con él (y con algunos humanos) sobre este tema.

Pero, ¿te has preguntado alguna vez por qué tu perro ladra tanto?

Analizando las causas

Conocer las razones que llevan a tu amigo a ser tan ruidoso es el primer paso para encontrar una solución eficaz, amable y respetuosa que reduzca notablemente el nivel de ladridos.

La genética

Lo primero que tienes que saber es que hay razas que están seleccionadas para ladrar.

Algunas son grandes ladradores, como los sabuesos. Así le indican al cazador cuando corren monte a través por dónde se mueven.

Los terrier y algunas razas de pastor son fácilmente excitables, y una manera habitual de demostrar excitación y nerviosismo es vocalizando.

Seguro que has visto  a menudo alguna de estar razas ladrar con facilidad para comunicarse. Quizá incluso sea el caso de tu propio perro, 🙂

Por el contrario, hay razas especialmente silenciosas.

Por si no te habías fijado, el galgo, el husky siberiano, el malamute de alaska y el bóxer suelen ser muy poco ruidosos, y casi nunca ladran.

Aunque en general las razas de gran talla seleccionadas para guardia suelen ser también poco ruidosas.

Así que si compartes tu vida con un peludo que se ha seleccionado expresamente para hacer ruido o que tiende a expresarse ladrando, ya te habrás dado cuenta de que hay un problema, y que en tu caso tendrás que trabajar un poco más para resolverlo.

Las emociones

Otro punto muy  importante que debes conocer sobre el exceso de vocalizaciones de los perros es que el ladrido a menudo es un indicador de emociones desbordantes.

Así, un perro con miedo intenso muy probablemente ladrará de modo igualmente intenso.

Las personas chillamos cuando nos asustamos, no?. Pues los perros ladran, a veces sin parar, 🙂

También puedes ver que un perro muy exaltado ante la expectativa de un buen rato de paseo o juego seguramente usará el ladrido como válvula de escape para su impaciencia.

Las personas, cuando estamos muy emocionadas ante un evento próximo que estamos deseando que ocurra, también nos ponemos nerviosas, y tendemos a hablar y hablar y hablar sin parar.

Piensa en el famoso y universal “¿¿cuándo llegamos??”.

Y los perros con un alto nivel de estrés suelen manifestarlo, entre otros modos, con ladridos exigentes y duros, a veces amenazadores.

Lo mismo que hacemos nosotros cuando estamos muy quemados, piensa en cómo nos podemos llegar a poner en un atasco cuando estamos cansados: insultos, bocinazos, empujones al de delante…..Se parece bastante a ladrar enérgicamente, no crees?

Otra ocasión en la que es habitual que un perro ladre: si colocas a tu amigo en una situación frustrante, a menudo expresará su malestar ladrando intensamente.

Por lo tanto las emociones intensas se dejan notar en muchos perros con ladridos intensos.

Aquí ya tenemos una pieza clave para mejorar este asunto.

El aprendizaje

Otra poderosa razón para el ladrido insistente de muchos perros es «porque funciona».

En estos casos, el ladrido ha sido condicionado, generalmente de modo involuntario, por las personas que conviven con el perro.

Sí, es posible que tu perro ladre tanto porque tú le has enseñado a hacerlo, 🙂

La vocalización persistente se convierte en un modo de atraer la atención y de lograr un objetivo que el animal desea intensamente, como un juguete, unas caricias, comida o acceso a un lugar especial.

Y es que los humanos prestamos mucha atención al sonido, y muy poco a la comunicación no verbal.

En consecuencia, nuestro amigo, que tiene mucho tiempo y una gran capacidad de observación, puede que haya intentado lograr algo que le interesaba mucho mediante conductas silenciosas.

Pero finalmente ha conseguido ese algo ladrando, y ha entendido rápidamente la lección: si quieres algo, pídelo (en voz alta).

Así que de modo muy resumido, tu perro ladra porque está comunicando algo: o bien manifiesta alguna emoción intensa, o bien quiere conseguir un objetivo.

¿Y cómo afecta esto a vuestra relación?, sigue leyendo…..

Y el problema es…..

Como veíamos aquí, los ladridos descontrolados son un problema muy habitual en la convivencia con nuestros perros, y tienen diversas causas y una finalidad comunicativa.

Sin embargo, en nuestra sociedad, ya de por sí muy ruidosa, este tipo de comunicación no es muy apreciada.

Sobre todo si sobrepasa ciertos límites en cuanto a intensidad y frecuencia.

O dicho de otro modo, a nadie le gusta escuchar a un perro ladrar y ladrar como si no hubiera un mañana.

Vamos, que si tu perro pasa más tiempo ladrando que callado, hay un problema que requiere de una intervención por tu parte.

Los ladridos intensos, muy frecuentes o que aparecen a deshoras generan en primer lugar un conflicto serio en la convivencia con otros seres humanos.

Si no tienes la fortuna de vivir en un lugar aislado, y compartes paredes, techo y suelo con otras personas, el ruido generado por tu amigo va a generar roces con tus vecinos.

Especialmente con ese vecino que no soporta a los perros (aunque sean mudos) o que trabaja a turnos y duerme (o lo intenta) cuando tu perro más ladra.

En ocasiones esos roces pueden terminar en forma de denuncia.

A nadie le gusta abrir un día la puerta de casa y encontrarse una pareja de la policía en la puerta diciendo «su vecino le ha denunciado por exceso de ruido».

Aunque sea verdad.

En la calle, un perro que ladra desesperadamente hacia estímulos corrientes como otros perros, niños, bicicletas o gente haciendo footing resulta especialmente estresante, verdad?.

Sobre todo porque suele acompañar los ladridos con tirones de correa intensos y repentinos en dirección al objeto de su «interés», y esto, además de desagradable, puede derivar en tendinitis y lesiones en brazos y hombros.

Por si esto no fuera suficiente, la actitud de ladrador descontrolado en la calle da una imagen de amenaza, aunque luego resulte que es un trozo de pan.

Y si está suelto, es fácil que corra a toda velocidad hacia el objetivo que le provoca, dando la impresión de que quiere hacer algún daño.

Y metiéndote en situaciones cuanto menos incómodas.

Esto, además de generarte un gran estrés en cada paseo, también puede terminar con una denuncia si tu perro hace caer a un ciclista, salta sobre un niño (aunque no le haga ni un arañazo) o provoca el tropiezo de algún corredor.

Y qué decir de la convivencia entre tu perro y tú.

Que tu amigo ladre por cualquier pequeño detalle te altera y te hace saltar con facilidad.

Si además tiene un ladrido especialmente molesto, te enfadas constantemente con tu perro y llegas a gritar y gritar en un intento de que se calle, lo que te hace sentir fatal.

El ruido genera estrés, y lo que hace tu perro es, en cierto modo, ruido.

Tiene sus buenas razones, pero a ti termina por crisparte los nervios.

Eso implica que vas a tomar medidas coercitivas para bloquear esa conducta.

Atacarás las consecuencias en cuanto se presenten, en un intento de educar a tu perro para que mantenga la calma y sea menos ruidoso.

Puede incluso que ya hayas probado alguna de esas medidas, como darle toques o usar collares con mando a distancia.

Si te ha funcionado, que es lo menos habitual, te encontrarás con que la conducta de ladrar se ha compensado con otras conductas peores, como por ejemplo gruñir o morder.

Si no te ha funcionado, o lo ha hecho durante unos segundos para luego iniciarse de nuevo, además de enfadada y nerviosa, estarás muy frustrada por no conseguir solucionar esta situación.

Vuestra relación se va a pique porque tu perro parece incapaz de cerrar la boca y tú no sabes qué hacer ni porqué se comporta así.

¿Qué puedes hacer entonces para salir de este callejón sin salida?

Soluciones útiles

Y lo más importante, amables para todos los implicados.

El primer paso es siempre tratar de recuperar la calma y la perspectiva.

Si estás buscando ayuda para resolver el exceso de ladridos, seguramente estés ya muy cargada con el asunto.

Y eso impide tener una perspectiva clara, lo cual a su vez bloquea la percepción de soluciones que verdaderamente sean prácticas.

Por lo tanto, una vez te paras a pensar, el segundo paso es preguntarte porqué ladra tu amigo.

Una ayuda,  tu perro puede ladrar por muchas razones, pero se pueden esquematizar en dos,

1- Expresa emociones muy intensas

2- Ha aprendido a hacerlo por condicionamiento.

Emociones intensas

Esta primera causa es la más frecuente con diferencia.

Tu perro también se siente estresado, frustrado, asustado, cansado o nervioso, y por distintos motivos lo expresa haciendo ruido.

Mucho ruido.

Gritarle o amenazarle para interrumpir la expresión de esas emociones solo contribuye a empeorarlas.

Piénsalo, ¿te sentirías mejor antes de un examen o de una entrevista de trabajo si un buen amigo te zarandea y te da unos cuantos gritos en la oreja recriminándote el que estés nerviosa?

No. Para nada.

¿Y si cada vez que intentas decir algo, la persona que está a tu lado te suelta un «¡que te calles ya!»?  Y no te deja expresarte pero tampoco te ayuda a mejorar cómo te sientes.

Esto equivale a bloquear los ladridos de tu perro sistemáticamente sin plantearte el porqué ladra.

Otro aspecto importante es que cuando gritas a tu perro para que se calle, en realidad estás ladrando tú también.

Él pierde los papeles, tú no mantienes la calma, y todos termináis haciendo mucho ruido.

Por lo tanto debes plantearte seriamente el realizar primero un gran esfuerzo para mantener la calma tú misma cuando tu perro está desbordado.

Así, además de poder aplicar soluciones prácticas, serás un referente para tu perro: pedirle a alguien que se calme, esté tranquilo y con la boca cerrada cuando tú misma eres incapaz de lograrlo igual es pedir demasiado, no?.

Piensa en ello.

Si te fijas, según todo lo que te he contado hasta ahora, has dedicado toda tu energía a atacar las consecuencias visibles de un problema, los ladridos.

Pero estás dejando totalmente de lado las causas, las emociones mal gestionadas.

Olvidarse de los ladridos en sí, y empezar a pensar cómo se siente tu perro en esos momentos, porqué, y qué puedes hacer tú para que se sienta mejor es una medida que sí te permitirá avanzar hacia una convivencia más silenciosa y menos estresante.

Y de paso, a mejorar el vínculo con tu perro y a hacerle feliz.

Ladrido condicionado

Si tu perro ha aprendido a ladrar porque le funciona, entonces el trabajo no debe enfocarse en hacerle callar, sino en que no logre resultados ladrando.

Estudiar las leyes del aprendizaje y fijarse en cómo están actuando sobre tu perro (y sobre ti), para luego usarlas en sentido contrario, dará frutos en un plazo razonablemente corto.

Y entonces, ¿cómo hago para que mi perro no ladre por todo?

Como ya habrás deducido por lo que he contado hasta ahora, el primer paso ineludible es obtener una respuesta a «¿por qué ladra mi perro?«.

Sin dar ese paso correctamente, tus esfuerzos no estarán bien canalizados, no obtendrás resultados, y la relación seguirá deteriorándose.

Así que lo primero que debes hacer es determinar si estás ante un problema de ladridos condicionados o emocionales.

Lógicamente, todos los perros pueden ladrar por ambas razones en distintos contextos.

Puede que tu amigo ladre ante otros perros por miedo, y cuando quiere que le lances un palo lo haga por condicionamiento.

Tienes que tenerlo muy claro, porque el trabajo que hay que realizar es distinto según la razón.

Si concluyes que los ladridos de tu perro son emocionales, tendrás además que hacer un pequeño esfuerzo más y tratar de comprender qué emoción es la que está manifestando.

Esto en principio se averigua observando.

Puedes sacar datos según el contexto en el que ocurren los ladridos, el modo en que ladra, las posturas corporales que adopta cuando lo hace, y qué tiene delante (o qué ha podido oír o ver) cuando empieza a ladrar.

Aunque para complicar un poco la situación, un perro puede ladrar por miedo, dirigir sus ladridos hacia otros perros, y en realidad no tenerle miedo a esos perros.

Pero hay que empezar por alguna parte.

Una vez determinas las razones por las que ladra tu perro, puedes empezar a aplicar soluciones prácticas, eficaces y respetuosas.

¿No sabes cómo hacerlo?

Entonces tus opciones son contratar a un profesional (recuerda, que trabaje sobre las causas, no que intente eliminar los ladridos sin más), o hacerlo tú mismo.

Si prefieres la segunda opción, este curso puede ayudarte.

Porque la mejor forma de modificar el comportamiento es entendiendo porqué se produce, y tú eres el referente de tu perro, por lo que eres también la persona más indicada para ayudarle a mejorar.

Con este curso aprenderás a identificar qué problemas tiene tu perro cuando ladra y ladra sin parar y porqué, y qué posibles soluciones amables y respetuosas puedes aplicar en cada situación.

Descubrirás además una serie de pautas para prevenir este problema: la anticipación es siempre la solución más eficaz, sencilla y económica.

Y todo con un enfoque holístico e integral que te permitirá mejorar la relación con tu perro en distintos aspectos cotidianos.

Aprende a confiar en tu amigo y consigue que sea un perro feliz y equilibrado capaz de pasear en silencio y estar relajado en casa.

No dejes pasar la oportunidad para resolver el exceso de ladridos de tu perro y mejorar vuestra relación y la convivencia.

 

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

Pide cita para una vídeo-sesión estratégica gratuita conmigo y sabrás cómo te puedo ayudar a mejorar la relación con tu perro.

¿Tu perro está estresado?

«Mi perro monta piernas”

“Mi perro destroza todo lo que toca”

“Hace pis por cualquier lado”

“Parece que no se cansa nunca”

Oigo estos comentarios a menudo, y a menudo escucho también la explicación estándar para estas conductas y otras tantas: es muy dominante.

Sin embargo, a poco que te pares a pensarlo, la explicación real seguramente sea otra muy distinta: tu perro sufre de un elevado nivel de estrés que no es capaz de gestionar.

Y las conductas que presenta son solo eso, manifestaciones de estrés.

Pero, ¿qué es realmente el estrés?

Dicho de un modo sencillo, el estrés es una respuesta generada por un ser vivo para adaptarse a una exigencia (del entorno o interna).

Visto así, en sí mismo ni es bueno ni es malo.

De hecho, es algo totalmente necesario.

Si el entorno cambia y hay que adaptarse a ese cambio, la falta de respuesta (ausencia de estrés) implica una falta de adaptación.

Y eso sí que es un problema.

De hecho, desde el punto de vista fisiológico ocurren una serie de procesos químicos dentro de nuestros cuerpos cuando se activa una respuesta de estrés.

Y cuando esos procesos fallan puede sobrevenir la muerte.

Esto tiene un nombre (crisis addisoniana en la enfermedad de Addison o hipoadrenocorticismo).

Así que de entrada el estrés no solo no es malo, sino que es imprescindible para seguir vivos.

¿Y dónde está el problema?

El problema aparece cuando  la respuesta generada no es adecuada o no permite adaptarse al cambio.

O cuando la exigencia (interna o externa) no desaparece y persiste en el tiempo, a pesar de que la respuesta adaptativa es correcta.

En esos supuestos, la respuesta de estrés sigue activa en el tiempo.

Y eso empieza a producir un desgaste físico y emocional importante. Es entonces cuando aparece el estrés crónico.

El estrés será agudo si la exigencia es puntual pero demasiado elevada, y por lo tanto la respuesta del individuo no logra una buena adaptación.

En ambos casos aparecen una serie de manifestaciones conductuales (y a veces físicas) que son fácilmente visibles.

Es decir, cuando tu perro está sometido a un episodio de estrés intenso agudo, o sufre de estrés crónico, va a realizar unos comportamientos llamativos que indican que tiene un problema.

Y esos comportamientos no tienen nada que ver con la dominancia ni con las jerarquías.

Esto es importante.

Si reconoces estos comportamientos en tu perro, ya sabes que en realidad trata de adaptase a algo sin éxito.

Y lo que necesita es ayuda.

Sobre todo si la exigencia proviene del entorno donde tú le introduces o directamente viene de ti.

¿Y cuáles son esas conductas?

Las conductas asociadas a estrés agudo son las siguientes:

Movimiento constante

Dificultad para descansar (sueño ligero)

Saltar sobre la gente u otros perros

Aumento/disminución del apetito

Aumento del consumo de agua

Aumento del pis

Sudoración de almohadillas

Picores (sobre todo de oídos)

Jadeo intenso (sin calor o ejercicio asociados. Lengua ancha y con la punta doblada hacia arriba, labios contraídos hacia atrás)

Aumento de las vocalizaciones (ladra mucho, gimotea, aúlla)

Vómitos

Portar objetos en la boca de modo persistente/sujetar manos y brazos con la boca

Sacudirse con frecuencia

Problemas de concentración

Irritabilidad

Comportamientos de agresión o reacciones intensas (ladridos, embestidas, control corporal)

Y las conductas asociadas al estrés crónico son éstas:

Montas

Aumento del apetito/apetito caprichoso/escaso

Aumento del consumo de agua

Aumento del pis

Marcado con orina persistente

Dermatitis/pelo pobre/caspa/caída abundante de pelo

Gastroenteritis habituales

Hiperactividad

Ausencia de descanso (activos durante la noche)

Apatía/falta de iniciativa (pasividad, “perro muy tranquilo”)

Conductas obsesivas

Estereotipias

Mala comunicación (no responden adecuadamente a las señales de otros perros)

Mala respuesta a la obediencia

Problemas de aprendizaje

Sacudir todo el cuerpo frecuentemente

Temblores

Conductas de agresión o reactividad

 

Como verás, algunas son propias de uno de los dos estados, y otras son comunes a ambos.

Aunque en realidad no se puede trazar una frontera nítida entre estrés agudo y crónico, no hay un momento preciso en el que se pasa de un estadio a otro, por lo que las manifestaciones pueden empezar a mezclarse en cualquier momento.

¡Ojo!, que tu perro de vez en cuando realice algunas de las conductas de la lista no es preocupante. De hecho muchas de ellas, de modo aislado, no tienen ninguna relevancia y son totalmente normales.

Puede rascarse porque le ha picado una pulga. O puede lanzarse a por otro perro porque le han atacado. O marcar insistentemente con orina porque está en celo (tanto el macho como la hembra).

Hay que interpretar las señales en un contexto, observar varias, y sobre todo, valorar si son muchas señales a la vez o son persistentes en el tiempo.

Es normal morderse las uñas o dar golpecitos con el pie mientras haces un examen. Estás estresado.

Pero esas conductas desaparecen al salir de la sala de exámenes. Situación resuelta.

Si te comes las uñas constantemente y siempre que estás sentado das golpecitos con el pie en el suelo, entonces seguramente tengas un problema.

En cualquier caso, para resolver estas conductas lo primero es asimilar cuál es la causa.

Lo segundo, determinar qué elementos pueden estar generando esa mala respuesta de estrés en tu perro.

Y lo último, empezar a cambiar el entorno, el manejo y a ti misma para que tu perro pueda relajarse y cambiar su comportamiento.

En muchos casos puede ser necesario visitar al veterinario, ya que a menudo una exigencia interna está produciendo el problema.

¿Qué puede causar estrés externo en tu perro?

Cada perro es un mundo, y al igual que en las personas una determinada situación  no genera la misma reacción, en perros tampoco.

Hay personas para las que hablar en público sería el fin del mundo, y les llevaría a sufrir un estrés muy intenso que puede desembocar en un ataque de pánico.

Y hay otras que disfrutan enormemente hablando frente a otros.

Sin embargo hay situaciones comunes que a muchas personas les genera problemas.

Hablar en público es algo que produce nerviosismo a muchos seres humanos.

Por lo tanto, hay muchos momentos que pueden generar estrés importante en muchos perros, así que haré una lista para que intentes valorar si estas situaciones se dan habitualmente en el entorno de tu perro, y en función de su actitud y comunicación corporal determines si son un problema para tu perro o no.

Y a partir de ahí ya tienes un buen punto de partida para empezar a trabajar.

Causas frecuentes de estrés en perros

Gritos

Ruidos intensos y repentinos (cohetes, disparos, tormentas)

Sentirse amenazado (regaños, castigos)

Molestias/interrupciones durante el descanso

Herramientas aversivas (collares de pinchos, ahorque, eléctricos, etc.)

Paseos inadecuados (muy rápidos, muy cortos, con correa tensa/corta, con correcciones constantes, sin poder oler nada)

Parques caninos

Juegos muy intensos y repetitivos (lanzamiento de objetos)

Jaulas/encierro/aislamiento

Desnutrición/Malnutrición

Comunicación fallida (no recibir respuesta a la comunicación corporal)

Las prisas/movimientos bruscos

Niños

La soledad

Restricción de movimientos (no poder nunca correr o moverse con libertad)

Estrés/ansiedad/miedos en la persona de referencia

Control constante

¿Qué puede causar estrés interno en perros?

La exigencia a la que tu perro no logra adaptarse puede provenir de su interior.

Y esto es más frecuente de lo que imaginas.

Crees que tu perro está bien, que está sano porque come y se le ve contento.

Y con eso descartas cualquier enfermedad.

Pero lo que no sabes es que hay enfermedades de evolución lenta, que avanzan durante meses o años antes de dar síntomas claros de que están ahí.

Y que hay enfermedades cuyos síntomas son precisamente las conductas alteradas, y nada más.

O hay algo más, pero era tan sutil que no te has dado cuenta hasta que no has tratado a tu perro, y de repente ha dejado de hacer ciertas cosas que antes hacía y no sabías porqué (pero no le dabas importancia)

O lo ha hecho toda la vida, y por lo tanto has pensado que era normal, algo particular de tu perro, y no un indicador de enfermedad.

Por lo tanto no descartes esta opción sin valorarla a fondo.

En principio, cualquier alteración orgánica y cualquier problema que produzca dolor de modo continuado en el tiempo va  generar conductas asociadas a estrés.

Pero hay problemas que destacan por su frecuencia de presentación.

Son las siguientes:

– Alteraciones articulares

Displasia de cadera o de codo en perros jóvenes. Compresiones/hernias de disco en perros mayores o ciertas razas predispuestas. Luxaciones de rótula en perros jóvenes y razas predispuestas. Rotura de ligamentos de la rodilla en perros mayores.

– Alteraciones dentarias

Roturas de piezas, piezas que encajen mal, periodontitis en perros mayores y razas predispuestas, gingivitis.

– Alteraciones oculares

Entropion en razas predispuestas, pestañas ectópicas (que rozan el ojo), glaucoma en perros mayores o razas predispuestas, patologías de la retina en razas predispuestas y ciertas enfermedades.

– Alteraciones neurológicas

Enfermedades degenerativas, secuela de traumatismos craneales, epilepsia, hidrocefalia, tumores.

– Alteraciones hormonales

De tiroides (por defecto) y de las adrenales (por defecto y por exceso, en perros jóvenes y mayores respectivamente).

– Alteraciones auriculares

Patologías que afecten al oído (producen dolor) o sordera en perros mayores o razas predispuestas.

Y por supuesto, cualquier enfermedad que afecte a uno o varios órganos y sea crónica, como un fallo renal, hepático, cardíaco, etc. va a suponer una exigencia interna importante, y puede dar señales de estrés antes de evidenciar síntomas claros.

¿Qué te parece?

¿Reconoces las señales que te he relatado en tu propio perro?

¿A qué crees que pueden deberse?

Cuéntalo en los comentarios

 

 

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