Cómo le quito la agresividad a mi perro

Aquí tienes un modo que no viene en Forocoches

 


No sé si te has pasado alguna vez por la sección de comentarios de los vídeos de educación canina en YouTube.

Es interesante la cantidad de gente que tiene algo que decir.

Es como en el parque canino, pero internacional.

Hay trolls para montar un ejército que conquiste la Tierra Media.

También hay muchos que felicitan al autor del vídeo, dando feedback amable.

O dándole las gracias porque el contenido le ayudó.

Entre medias se cuela una o dos llamadas a la acción raras, como “Soy Yasmine, puedes conocerme en meetinglove.club, no tardes”

También les hay que señalan alguna obviedad, a mi juicio, muy acertada.

Como “prueba a grabar un vídeo con eso mismo y un perro que no esté ya enseñado, a ver si también se puede conseguir en 5 minutos”.

No se puede, por eso no lo hacen.

Aunque el vídeo se titule “cómo enseñar a tu perro a no jalar de la correa en 5 minutos

Bueno, es el canal del que publica, y está en su derecho de publicar lo que quiera, titularlo como se le antoje, y grabarlo con las condiciones que le parezca.

Faltaría más.

Luego hay un grueso de comentarios que exponen un problema importante.

En línea y media.

Y supongo que esperan soluciones.

No suelen obtenerlas.

(Menos mal).

Entre los problemas que cuenta, uno destaca bastante.

Viene a decir así, en todas las versiones imaginables:

Mi perro se volvió agresivo, qué hago para quitarle la agresividad”

Como si fuera un abrigo.

Qué yo me pregunto, qué será volverse agresivo.

Para unos que ladra, o que gruña, o que tire hacia otro perro.

Para otros que empiece a matar gente.

Da igual.

Pues si se te ha pasado por la cabeza la duda.

La respuesta, en un foro, en un grupo de FB o en un correo electrónico, es sencilla y breve.

La solución no lo es en absoluto.

Ahí va:

Paso 1- Determina por qué tu perro se volvió agresivo (o sea, no te centres en la conducta, sino en la motivación de la conducta).

Paso 2- Trabaja para cambiar esa motivación (la causa), no la agresividad.

¿Pero cómo?

Paso 3- Fórmate, estudia, y aprende de perros.

Paso 4- Y luego observa mucho a los perros.

A las personas, no, a los perros.

Aplica lo aprendido, y sigue observando los cambios y consecuencias.

Y así irás mejorando cualquier problema que pueda haber en la convivencia con un perro.

Agresividad incluida.

Ahora bien, si tienes prisa o te angustia tanta información de golpe, contrata a alguien que te dé los conocimientos que necesitas de modo más inmediato y ya filtrados.

Y así es como se “le quita” la agresividad a un perro.

Si te rondan por la cabeza otras dudas sobre comportamiento canino, puedo responderlas.

Tengo un servicio, que es justo para eso.

Como verás, no resuelve problemas.

Solo dudas.

También puedes apuntarte para recibir más ideas y reflexiones como ésta.

3 pasos (sosos y aburridos) para cambiar la convivencia con tu perro

Te los explico

 

Hoy te hablo de algo aburrido.

Pero espera, antes de largarte a Tick Tock, lee un poco más, que igual sacas una conclusión útil.

La constancia.

Esa gran despreciada, por sosa y poco emocionante.

Todos sabemos que si decides emprender una acción.

La que sea.

Y repites todos los días, aunque sean unos minutos, durante el tiempo suficiente.

(Aa veces puede ser mucho tiempo)

Al final consigues resultados.

Ves cambios.

Logras avances.

A más tiempo y más constancia, más resultados, más cambios, más avances.

Pero jo, es que lo quiero para antes de ayer.

O al menos para pasado mañana.

Y claro, pruebas algo, te lanzas, la primera semana lo das todo, te dejas la piel.

Y luego te dejas caer agotada en el sofá, a rumiar tu frustración porque no notas ninguna diferencia.

(Bueno, sí, estás cansada y antes no lo estabas)

Y abandonas.

Esto vale yo creo que para casi todo.

Me da igual que sea perder peso.

Que aprender un idioma.

Que tocar un instrumento.

Que sacarse una carrera universitaria.

O el carné de conducir.

Mira, si me apuras, sirve hasta para convivir con un perro, la constancia.

Eliges un plan de acción, te lo estudias bien, lo pones en marcha, y a ser constante.

Y con el tiempo, aparecen los cambios, los resultados.

Claro que cuando por todos lados te bombardean con que en 15 minutos (de programa de tv) se puede conseguir casi cualquier cosa.

Lo de dedicarle 3 meses ya si eso tal.

No digamos 3 años.

Vale, que no cunda el pánico.

Estamos cableados para responder así.

Nuestro cerebro quiere un chute de dopamina para ya.

Y eso ocurre con recompensas inmediatas.

Y se siente genial, cuando nos da el subidón de dopamina.

Así que buscamos el siguiente subidón, y lo buscamos para ahora, no para el año que viene.

Así que las RRSS triunfan y nos sorben el seso y el tiempo porque ofrecen justo eso.

Y la constancia, la pobre, ahí está, viendo pasar oportunidades y sin que nadie la mire dos veces.

Que es sosa y aburrida.

Bien, todo está en su sitio.

Pero ocurre algo, a nada que rascas un poco la superficie brillante de la inmediatez.

Y es que, en realidad, no da ningún resultado.

Ningún cambio duradero.

Ninguna mejora.

Solo dopamina.

Gustirrinín, sí, pero nada más.

Y eso termina por resultar muy frustrante.

Cuando sacas la cabeza del teléfono y miras a tu alrededor, y ves que todo sigue igual.

Y que sigue sin parecerse a las vidas y situaciones cuquis que todo dios cuelga en los perfiles de sus redes.

Pues que sepas que el cerebro en ese momento te va a pedir más dopamina.

No le hagas ni caso.

Que al final es como correr en una cinta andadora.

Corres y corres.

Te cansas.

Sudas.

Jadeas.

Y dos horas después, estás exactamente en el mismo sitio que cuando empezaste.

Pues vaya manera de agotarse para nada.

Vale, pues te cuento una manera de salir de este ciclo idiota.

Y de avanzar.

Sí, hace falta constancia.

Pero igual no es tan aburrido como aparenta.

Paso uno, adquirir conocimiento.

Sólido, fiable y actualizado.

¿Sobre qué?

Sobre perros.

Paso dos, te estudias bien esos conocimientos.

Paso tres, los aplicas, a diario, en cuanto veas una oportunidad.

Un poquito, todos los días.

Aprendes cosas nuevas, una cada vez, cada pocos días.

Las integras, las pones en marcha.

Con constancia.

Y antes de que te des cuenta, la convivencia con tu perro ha cambiado.

Ha mejorado.

Ha avanzado hacia momentos que no creías que fueran posibles.

Solo necesitas un poco de constancia.

Ganas de aprender.

Y esta membresía: 

Un idiota es un idiota

Así que no gastes ni un segundo de tu tiempo en él

Igual no mucha gente se ha fijado, pero la presión social es un arma arrojadiza.

Una que hace daño.

Pero a diferencia de un hacha voladora o una maza llena de pinchos, solo hace daño si se lo permites.

Verás.

Recibo muchos comentarios, pero muchos, de personas muy preocupadas por lo que les dicen.

Cansadas de que les juzguen y les digan lo que tienen que hacer.

Y lo que no.

Sintiendo vergüenza por los comentarios que les bombardean.

Porque entre otras cosas, no han preguntado ni pedido consejo.

Que si me dicen que maltrato a mi perro porque le llevo con collar en vez de arnés.

Que si me ponen a bajar de un burro porque uso una correa extensible.

Que si me tachan de mala persona porque le doy pienso a mi perro.

Y así, un montón de cuestiones.

Lo mismo les atacan por la calle que en las redes sociales.

(Yo esto último lo solucionaba rápido, pero cada uno hace con su vida y sus perfiles lo que considera oportuno).

Pues mira, igual ya puedes dejar de preocuparte por esa gente y sus comentarios no solicitados.

¿Que por qué?

Por la sencilla razón de que no lo puedes controlar.

No merece la pena dedicarle ni un segundo de tu tiempo (o de tu salud emocional) a todo aquello que escapa a tu control.

Todo lo que te digan de malo, lo que te critiquen, lo que te censuren, lo que te insulten o te descalifiquen, que sea mentira, o verdad, o ninguna de las dos cosas.

Todo esto está fuera de tu control.

Así que sabiendo eso, ¿por qué preocuparse por ello?

No hay nada que puedas hacer al respecto. Un idiota es un idiota.

Así que, en este mundo miedoso y de postureo y falsedad y retoques fotográficos, muchas personas andan preocupadas por lo que un desocupado, al que no conocen, piense y diga de ellas o de sus perros.

Es mejor opción preocuparse de ser, sencillamente, los mejores cuidadores que puedan ser.

Hacer las cosas lo mejor que sepan y puedan en cada momento.

Preocuparse, al fin y al cabo, de algo que esté bajo su control.

Ese es el camino que te aleja de la vergüenza y te saca de la trayectoria del arma de la presión social.

Y ese camino pasa por aumentar tus conocimientos sobre perros.

No sobre haters o aburridos que dan opiniones sobre temas que desconocen.

Solo sobre perros, sus conductas, sus motivaciones, sus necesidades.

Y con ese conocimiento, te quedas con la certeza de que lo estás haciendo lo mejor posible ahora mismo.

Y con más conocimientos, lo haces mejor.

Y como siempre se aprenden cosas nuevas, siempre hay margen para mejorar.

Pero la puerta está abierta, y la base puesta.

Con este conocimiento ya puedes hacerlo muy bien.

Mucho mejor que el 99 % de los que tienen perro y critican a otros porque lo hacen mal.

Que oye, no creo que dejen de criticarte.

Pero ¿sabes qué?

Que entonces ya te dará igual.

Porque la sensación de angustia que te generan no es porque te critiquen.

Es porque tienes una total falta de confianza en lo que estás haciendo ahora mismo.

Y eso no se soluciona haciendo caso al hater de turno.

(Siempre habrá haters)

Se arregla aprendiendo y ampliando tus conocimientos.

Y aplicando lo aprendido.

Así es cuando aparece la seguridad de que vas bien.

De que lo haces bien.

¿Qué podrás mejorar?

Pues claro, yo llevo 30 años mejorando, y lo que me queda.

Pero las críticas dejan de afectarte.

Te resbalan.

Y te puedes centrar en lo que de verdad te importa.

Que no son los comentarios del parque o de Instagram.

Es tu perro. 

Charlas online

Lo mismo te interesan

Así que aquí te dejo enlace directo a dos charlas que di en el grupo «Perros, nuestros grandes maestros», gestionado por Edgar Serrano, de Mexico (La manada de Donny).

En una hablo de cómo va lo del condicionamiento, de por qué eso de acariciar cuando tienen miedo o piden atención o lo que sea que debemos «evitar» no refuerza nada y no funciona en absoluto como te están contando. Entre otras muchas cosas, porque me dieron cuerda más de dos horas:

Y en la otra charla, pues hablo de emociones, en el perro y en quienes viven con él, y de confusión, ideas equivocadas y problemas que esas mismas ideas provocan, de presión social y de unos cuantos temas más, y no llego a las dos horas por poco. Pero oye, igual entre tanta cháchara digo algo que te interese o te aporte algún conocimiento. Tendrás que escucharla para saberlo. La tienes aquí.

Ah, sí, están las dos en Facebook, y no tengo ni idea de si poniendo aquí el acceso directo, el señor Zuckerberg permitirá escuchar/ver a quien no tenga perfil de Facebook. Debería ser viable, pero no lo sé, tendrás que probarlo. Si no va, ya sabes por qué es, y Edgar un día de estos las subirá a su canal de Youtube. Suerte.

Y si ya que estás aquí estabas planteando suscribirte para poder leer lo que le cuento a mis suscriptores, que a  menudo no cuento por ningún otro lado, y unos cuantos hasta me dicen que se ríen y aprenden con los correos que les envío, el botón lo tienes justo ahí debajo.

Arregla a tu perro con tutoriales de Youtube

Como si fuera una lavadora

Va una historia. De ahora mismo.

La lavadora ha empezado a hacer un ruido infernal, así que le pregunto a Google qué puede pasar.

En distintos vídeos y textos me informan de que el ruido puede deberse a una rotura de los cojinetes (un sistema que permite que la cuba gire).

Y que, si no los cambio pronto, mi lavadora morirá en acto de servicio.

Poco sexy eso.

Recuerdo que las lavadoras tienen una tapa trasera, y los cojinetes están accesibles por detrás.

Así que saco mi cacharro de debajo de la encimera.

Primer problema, pesa 60 kilos, y yo 55.

Segundo problema, hay un escalón desde donde está ubicada hasta el suelo de 20 centímetros, con lo que al perder apoyo de las patas delanteras, vence y queda atascada.

Esto no empieza muy bien.

Bueno, te ahorro los detalles. La saco y descubro que no tiene tapa trasera.

Que la trasera y los laterales forman una sola pieza.

¿Y ahora qué?

Pues le pregunto otra vez a Google.

Añado la marca de mi lavadora, y me salen varios vídeos donde confirman mi apreciación y dicen que es una puñeta.

¿Por qué?

Porque hay que desmontar to-da la lavadora, literalmente.

Oh-my-god.

Justo lo que me más me apetecía hacer esta mañana.

Me pongo vídeos de cómo desmontar lavadoras en bucle mientras quito tornillos.

Cuando tengo 10, empiezo a pensar que sería buena idea etiquetarlos para saber de dónde salió cada uno.

Si quiero volver a montarla será lo mejor, sí.

Al cabo de una hora tengo varias docenas de tornillos, todos diferentes, unas cuantas piezas de metal de la carcasa de la lavadora, varios pesos de hormigón por el suelo de la cocina, un montón de mangueras colgando, diversos conectores eléctricos también colgando, y varios litros de agua por el suelo.

(Y eso que me acordé de cerrar la llave de paso)

Vamos, que la lavadora parece un cadáver metálico.

Desmonto todo lo desmontable, y consigo llegar a los rodamientos malditos.

Que están que dan asco, entre mugre y holguras.

Y el resto del tambor y la cuba, parece que han pasado la noche en una pocilga.

No entiendo cómo una máquina que sirve para lavar puede acumular tanta mierda dentro.

Así que me paso la siguiente hora frotando y limpiando.

Luego viene la pelea de conseguir unos recambios nuevos.

No sé si lo has intentado alguna vez.

Resulta que hay miles de recambios, por supuesto diferentes, para la misma zona de la lavadora.

Y si los pides por marca, la selección se reduce a unas pocas docenas.

“Pues mira el modelo”

Pues no.

El modelo al parecer no coincide.

Hay cientos de modelos.

Miles de rodamientos.

Me siento abrumada y algo desesperada.

Atajo llamando a una tienda y pidiendo lo que quiero a un ser humano, que me ayuda muy amablemente.

Luego «solo» resta montarlo todo y colocar los tropecientos tornillos, asegurándome de que no me sobran ni piezas ni tornillos.

Y listos.

Éxito total.

Ahora prueba a hacer lo mismo con un perro.

Teniendo en cuenta que lo que en un vídeo de Youtube ocupa 17:32 minutos a mí me ha costado 4 días.

Y sabiendo que, si la cago, solo es una máquina, tendré que comprar una nueva, pero eso será todo.

O llamar a alguien que sí sepa lo que está haciendo y arregle el estropicio.

Pues con un perro no funciona, claro.

Ni con vídeos.

Ni con tutoriales de Facebook o de foros.

Ni con consejos de “al mío le pasaba lo mismo, hice esto y lo arreglé”.

Porque para empezar, el perro no está roto.

Y para seguir, no tiene tornillos, ni cables, ni rodamientos, ni ejes, ni zonas a engrasar para que no hagan ruido.

Lamentablemente así es como se plantea en muchos sitios.

Es una máquina (bonita, peluda y calentita, pero máquina, al fin y al cabo), y aquí están las instrucciones para arreglarla.

Y si no te atreves, o probaste y no te salió, no hay problema.

El profesional va a tu casa y te arregla la máquina-peluda en tu presencia.

Y a seguir con tu vida.

Mira, hay gente que lo ve así, y le parece bien.

Y por lo tanto podrá probar fórmulas accesibles online o contratar a quien piense igual.

Buena suerte.

Y luego hay quien entiende que su perro no es una máquina, y no se arregla como una lavadora.

Que es un poco más complicado.

Lo cual no significa que no puedas solucionar conflictos (que no arreglar al perro) tú sola, por supuesto.

Pero si estás demasiado perdida, ya probaste y no fue bien, o simplemente prefieres ir sobre seguro, puedes ir al grano.

Y contratar esta asesoría.

Para saber dónde van los tornillos que le sobran al perro que había que arreglar, mejor pregunta en Todoexpertos.

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