¿Cuál es el mejor pienso para perros?

Seguro que ya sabes o sospechas que la alimentación tiene una gran influencia sobre la salud.

Lo que quizá no habías pensado es que también tiene una influencia muy importante sobre la conducta.

La sensación de hambre crónica, la carestía o exceso de ciertos nutrientes, o una dieta desequilibrada que produzca sobrepeso, por ejemplo, son circunstancias que afectan de modo directo al comportamiento.

Es fácil imaginar que si un perro tiene mucha hambre, pueda mostrarse nervioso, irritable, hiperactivo (dedicado a la búsqueda de alimento) o incluso mostrar conductas agresivas, sobre todo si por fin consigue comida o la tiene delante pero se le bloquea el acceso a la misma.

Pero seguro que no te habías planteado ciertas cuestiones de comportamiento que están directamente relacionadas con la calidad de la comida que consume tu perro.

Un inciso: si te has tomado tiempo para seleccionar el pienso de tu perro (sobre un criterio más estudiado que el alto precio, pensando que como es caro tiene que ser bueno) y sabes porqué es un alimento excelente, o bien te has estudiado unas buenas bases de nutrición canina y alimentas a tu amigo con dieta BARF/ACBA, entonces no te leas este artículo, no te contará nada que no sepas ya, 🙂

En caso contrario, si tienes dudas, compras el pienso de tu perro por precio (el más caro, el más barato), por el aspecto de la bolsa, porque es una “marca popular” (pero no sabes porqué),  o simplemente te gustaría tener criterios adecuados para saber elegir el mejor pienso para tu perro, sigue leyendo.

Alimentación y conducta

El alimento es una necesidad básica de todo ser vivo.

Es preciso consumir cada día alimento en cantidad y calidad suficiente para poder mantenerse saludable y equilibrado, tanto física como mental y emocionalmente.

Por lo tanto, la escasez de alimento o el alimento de calidad insuficiente van a determinar conductas  encaminadas a corregir esa situación.

Pero también aparecerán alteraciones de comportamiento derivadas de la desnutrición (alimento escaso) o la malnutrición (alimento de mala calidad).

El alimento inadecuado impide una producción correcta de hormonas y neutrotransmisores y limita la reparación de daños físicos del organismo debidos al desgaste del día a día, pero sobre todo produce estrés.

Y el estrés en sí mismo, si es crónico, genera una gran cantidad de alteraciones de conducta, como irritabilidad, depresión o hiperactividad, desorientación, falta de concentración, retraso en el aprendizaje,aumento o disminución del consumo de comida, aumento del consumo de agua…

Y también altera la salud: mayor incidencia de infecciones, retraso en la cicatrización de heridas, alteraciones cutáneas y digestivas….

Por lo tanto elegir para tu amigo una dieta de alta calidad no es solo una cuestión de “comer bien”.

Es fundamental para que goce de una buena salud y para mejorar, corregir o prevenir alteraciones de la conducta.

De hecho, una de las cuestiones que siempre se debería revisar en perros con problemas de comportamiento es la dieta.

Es uno de los muchos cambios que se pueden hacer para mejorar, y que en general no requiere de grandes inversiones ni de mucho tiempo para aplicarse.

¿Qué pienso es el mejor?

Cuando alguien me hace esa pregunta, le suelo responder que eso lo decide su perro.

Hay piensos de alta calidad que a ciertos perros les sientan mal, por la razón que sea.

Por ejemplo, un pienso de gran calidad a base de carne de pollo administrado a un perro con alergia al pollo seguramente será un “mal pienso”.

Por lo tanto, tu perro tiene la última palabra en este tema.

Hay que valorar cuestiones como la calidad del pelo (tras al menos 4 semanas de consumo continuado), la calidad y cantidad de heces (hay piensos muy caros que producen un elevado volumen de heces: eso sugiere que algo no está funcionando correctamente), la palatabilidad (si no se lo quieren comer, dará igual lo estupendo que sea el alimento), la facilidad para mantener un peso adecuado y la cantidad diaria que debe consumir el animal para satisfacer sus necesidades, entre otras cuestiones.

Pero sí puedo facilitarte ciertas premisas que debes valorar para que puedas seleccionar un reducido número de marcas (y variantes dentro de esas marcas).

Con esos criterios podrás saber cuáles son los piensos objetivamente de mayor calidad, y después valorar cuál de esas marcas le sienta mejor a tu amigo, o tiene mejor precio, o simplemente puedes contar con ellas para cambiar de marca cuando desees, sabiendo que mantienes una alta calidad en la nutrición de tu perro.

¿De qué están hechos?

Lo primero que debes hacer es darle la vuelta al saco para no ver el frontal.

Así evitarás dejarte llevar por bonitos y coloridos diseños, que son definidos por una buena estrategia de marketing, pero no son indicadores de calidad.

Comprar un saco de pienso porque sale la foto de un yorkshire terrier y tú tienes uno es picar de lleno.

Mejor profundiza un poco más en el contenido.

Al fin y al cabo el saco lo vas a tirar, 🙂

En la parte trasera tendrás un listado de ingredientes. Es en lo primero que te tienes que fijar.

Los ingredientes están colocados por orden de cantidad, de más a menos, como marca la legislación (ocurre lo mismo en los alimentos para personas, ya puedes echar un vistazo a lo que comes y asombrarte).

Como estamos valorando el alimentar a un carnívoro mixto (es decir, que come sobre todo carne y vísceras, aunque también se alimenta de otras cosas, como vegetales y fruta), los primeros ingredientes deberían ser carne, pescado o huevos.

O sea, sobre todo proteínas de origen animal.

Luego pueden aparecer vísceras (como hígado), o ingredientes que aporten grasa (como aceites o manteca/grasas).

Tras la carne como aporte de proteínas, las cuales se emplean sobre todo para la construcción y regeneración de tejidos y órganos,  hay que aportar nutrientes que permitan obtener energía, para moverse y para mantener en marcha todos los procesos fisiológicos normales.

Las dos principales fuentes de energía que podemos encontrar en la comida son los hidratos de carbono (azúcares más o menos complejos) y las grasas o lípidos.

Los hidratos de carbono se van a encontrar sobre todo en los cereales (maíz, arroz, trigo, soja, avena, cebada….), patatas y otros tubérculos, legumbres, etc.

Y las grasas, pues en la manteca animal, en aceites animales (como el de salmón) y aceites vegetales (de diferentes semillas), principalmente.

Y si lo piensas bien, para  un perro que se buscase la vida a la hora de comer, salvo que consuma solo restos de comida humana, su principal  fuente de energía sería la grasa animal.

El resto de las opciones están menos accesibles.

Así que los primeros ingredientes de un buen pienso deberían ser carnes y pescados, seguidos de grasa de origen animal.

Con eso ya has eliminado de tu búsqueda a muchas marcas.

En concreto, todas aquellas que usen la palabra “cereales” en su lista de ingredientes.

También descarta las que pongan “subproductos”, sean de donde sean.

Los subproductos son eso, restos.

Si son subproductos animales, restos de animal (las plumas, los cartílagos, las pezuñas, las pieles, los tendones….).

Y si son subproductos vegetales, igual, todo lo que no se coma (como peladuras, pepitas, cascarillas, etc).

La calidad de un pienso que lista “cereales, subproductos animales y vegetales……” es ínfima.

Puede haber excepciones y que un pienso caro tenga esos ingredientes, pero aquí van incluidos todos los piensos baratos.

Una de las características de estos piensos es que tu perro debe comer una gran cantidad de alimento al día para cubrir sus necesidades elementales.

Y aun así no lo logra, ya que las proteínas de calidad disponibles son insuficientes, y la grasa suele ser escasa. Solo van sobrados de hidratos de carbono.

Y los perros no están bien preparados fisiológicamente para usar los hidratos de carbono.

Eso exige un esfuerzo extra al páncreas, que los digiere por un lado, y por otro regula la cantidad de azúcar en sangre. Los hidratos de carbono vienen a ser cadenas de azúcares más o menos complejas.

Y como el organismo del perro no sabe muy bien qué hacer con ellos, tiende a guardarlos.

Es decir, los piensos ricos en hidratos de carbono producen fácilmente sobrepeso y favorecen la aparición de pancreatitis y diabetes a medio plazo.

Así que entre las cantidades enormes de consumo diario y el riesgo para la salud de tu perro, en realidad no son nada baratos.

Descártalos siempre de la dieta de tu amigo. Por mucho que le gusten o por muy popular que sea la marca.

Siguiendo los criterios anteriores, lo ideal es eliminar también de la lista todos aquellos piensos que contengan cereales.

Y en cereales se incluyen: maíz, arroz, cebada, centeno, avena, soja y trigo. Si afinamos mucho, también la quinoa, que algunos piensos la incorporan (y te lo cobran bien caro).

Dentro del grupo “cereales”, los hay más y menos adecuados para alimentar a un perro, pero en general, y dado que existen muchas marcas que ofrecen alimento para perros libre de cereales (grain free), si puedes evitar las que sí los llevan, mejor.

Eso sí, este paso ya encarece bastante el pienso.

Los cereales no se añaden porque sean adecuados para la nutrición del perro, se añaden porque son baratos.

Si el presupuesto es realmente un problema para ti, entonces céntrate en dejar de lado los piensos “cereales, subproductos….”, y elige aquellos que tienen carne como primer ingrediente, y un único cereal (mejor arroz o avena que maíz) como segundo, o idealmente, tercer ingrediente.

En ese caso, el precio aparentemente se dobla. Pueden pasar de costar 20 euros un saco grande, a costar casi 40 euros.

Y crees que no te lo puedes permitir.

Pero echa un vistazo a la tabla de cantidades diarias recomendadas

En el pienso más barato, la cantidad diaria a administrar es X (depende del peso de tu perro, y de la edad, si es un cachorro).

En el que es algo más caro, la cantidad rondará X/2. Es decir, aproximadamente la mitad.

Tendrás que darle a tu perro la mitad de comida para conseguir un efecto saciante similar.

¿Y en qué se traduce esto?

Menos carga para el estómago a la hora de hacer la digestión. Más facilidad para asimilar los nutrientes. Menor volumen y número de heces.

Y posiblemente ya puedas notar los efectos de una dieta de mejor calidad solo con este cambio, ya que tanto la cantidad como la calidad de las proteínas ha subido notablemente.

Y eso se dejará ver también en la conducta de tu perro.

Los comportamientos que pudiesen estar ligados a una malnutrición se corregirán o disminuirán de modo notable.

Pero si puedes permitirte más, o incluso estás comprando un pienso caro y resulta que acabas de descubrir que tiene maíz como primer o segundo ingrediente, puedes afinar más.

Elimina aquellos que lleven cualquier cereal.

Luego comprueba que no hayan cambiado el cereal por almidón (que es básicamente una fuente de hidratos de carbono genérica), porque entonces no habrás hecho mucho.

El almidón suele venir listado como tal en los ingredientes, no te costará detectarlo. Aunque puede incorporarse como segundo o tercer ingrediente en forma de patata, batata o boniato.

Aunque se puede notar también la presencia de hidratos de carbono en otra parte del análisis nutricional del pienso: las proporciones.

En algún sitio cerca de los ingredientes vendrá una lista de porcentajes, donde aparecen proteínas, grasas, humedad, cenizas, calcio y fósforo, fibra y algunas cosas más.

No verás listado el % de hidratos de carbono. Curioso, eh?

Pero como la suma total de esos porcentajes debe ser 100, solo hay que sumar. Y lo que falte hasta llegar a cien, son hidratos de carbono.

(Si falta la humedad, en algunos piensos no la citan, que sepas que esta suele rondar el 8-10 %. Difícilmente puede haber menos, y si hay más, el pienso se enmohece fácilmente. Tenla en cuenta en la suma).

Así que si el pienso no tiene cereales, pero el % de hidratos de carbono anda por el 35-40 %, seguramente lleva mucho almidón.

Esto implica otra cosa: si los hidratos de carbono bajan, algo tiene que subir, normalmente la proteína y la grasa.

Ahí ya tienes una señal de si hay o no hidratos de carbono en exceso y no los has detectado en los ingredientes.

De ahí la creencia popular de que si el % de proteína y grasa es alto (superior al 30% y al 20 % respectivamente), el pienso es excelente.

Lo cual sería correcto si la fuente de proteínas y de grasas es de alta calidad.

Porque si el pienso lleva como primer ingrediente plumas (proteína pura pero de difícil digestión) y como segundo un aceite vegetal (grasa pura, pero distinta de la de origen animal), la calidad es mediocre.

O si estamos incluyendo en la cuenta las proteínas de origen vegetal que lleva el cereal, que están menos disponibles tras la digestión que las de origen animal y por lo tanto falsean la cuenta de proteínas realmente asimilable/utilizable.

Por eso lo primero es mirar la lista de ingredientes.

Y lo siguiente, si el % de proteína y grasa se corresponde con esos ingredientes.

O te están colando carbohidratos y no tienes claro por dónde.

O si tratan de venderte un pienso como de gran calidad porque tiene un 30 % de proteína y un 25% de grasa, y resulta que está hecho a base de maíz y aceites o incluso de subproductos (los subproductos pueden tener un elevado % de proteína, pero no pueden digerirse. Es como si no comieras nada).

Finalmente, en los piensos de mejor calidad se añaden alimentos como verduras, frutas y hierbas de distintos tipos (ya mencioné arriba que el perro es un carnívoro mixto), y algunos aditivos “invisibles” destinados a mejorar o prevenir problemas de salud, como condroprotectores (condroitin sulfato, ácido hialurónico, etc).

Eso suma precio pero compensa a largo plazo.

Una última mención sobre los aditivos artificiales.

Hay piensos que los incluyen para conservar el nivel de vitaminas, o para dar colores atractivos a las bolas, o quizá para mejorar el olor o textura.

Evítalos.

No aportan nada nutricionalmente y es muy posible que sean dañinos a medio plazo. Suelen aparecer al final de la lista de ingredientes: BHA, BHT, galato de propilo, etoxiquina, propilenglicol, o simplemente términos sin concretar como “aromatizante”, “saborizante”, etc.

Con estos criterios ya puedes descartar muchas marcas que solo te darán problemas.

Y puedes elegir un alimento de una calidad bastante decente si tu presupuesto es limitado, o saber diferenciar entre los piensos de elevado coste cuáles ofrecen mayor calidad, dejando de lado los que se escudan en su popularidad (pero te venden alimento para gallinas) o los que a igualdad de coste destacan por una mayor calidad nutricional.

Y lograrás asegurar de un modo fácil y rápido que una de las necesidades básicas de tu perro está bien cubierta, tanto en cantidad como en cantidad.

Un resumen

Los ingredientes están listados por orden de cantidad.

Descarta siempre los “cereales, subproductos” = calidad ínfima.

Primeros ingredientes carnes o pescados. Idealmente seguidos de grasas animales.

Si lleva cereal, que sea en segundo o tercer lugar como mucho, nunca en primero.

Y mejor arroz o avena que maíz (por ejemplo).

Mucho mejor si es “grain free” (libre de cereales).

Ojo si cambian cereal por almidón o patata o batata o boniato.

Comprueba los % de nutrientes: proteina igual o mayor de 30 %, grasa igual o mayor de 20 %.

Valor añadido si incluye suplementos nutricionales como protectores de articulaciones. 

 

¿Quieres ampliar esta información? Pues visita esta página, que lleva muchos años tratando este tema. Está en inglés, y muchas de las marcas que analiza no existen en España, pero leerla es altamente clarificador:

http://www.dogfoodanalysis.com/

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Adoptar un segundo perro

 

«¿Y si adopto un amigo para mi perro?»

 Cuando te gustan los  perros, ésta es una cuestión que fácilmente puede rondarte por la cabeza.

 En este artículo quiero plantear algunas cuestiones que debes tener presentes antes de tomar esta importante decisión, y te facilito algunas medidas para que la misión “ampliar la familia” sea todo un éxito.

 Lo primero, aunque pueda sonar mal, es hablar de dinero.

 ¿Has pensado en los gastos?

 En primer lugar debes contar con que los gastos mensuales se pueden doblar.

 El segundo necesitará sus accesorios, su propia cama, su comida, y en algunos casos quizá algo de ajuar que el primero no usa.

 Yo por ejemplo, aun siendo contraria a ponerle ropa a los perros, tengo impermeables para mis galgos, que mis huskies nunca usarían.

 Los gastos veterinarios también se multiplican.

 Hay cosas, como los medicamentos, que son más caros o más baratos según el tamaño del perro.

 Pero las vacunas, consultas, radiografías, análisis y ecografías suelen tener el mismo coste para un yorkshire que para un mastín.

 Finalmente debes pensar que los accidentes ocurren, y la probabilidad de que ocurran va directamente relacionada con el número de perros: si tienes dos, tienes el doble de opciones de que pase algo que requiera un gasto imprevisto.

 Igualmente el segundo perro puede manifestar, al poco tiempo de adoptarlo, alguna enfermedad crónica que requiera de tratamientos y controles de por vida.

 Por ejemplo, una simple atopia (alergia cutánea) puede incrementar notablemente los gastos anuales de manutención.

 ¿Y en el espacio?

 Luego, si bien los perros son muy adaptables, hay que pensar en el espacio disponible.

 Meter dos perros grandes en un apartamento pequeño no es tanto un problema porque el sitio sea pequeño (si les das ocupaciones y les sacas de paseo a sitios donde puedan correr y disfrutar de cierta libertad, se arreglarán bien), sino porque no podrán evitarse el uno al otro cuando quieran un poco de espacio, y tú directamente tropezarás con alguno constantemente.

 Todos tenemos espacio vital, y si nos lo invaden constantemente porque no hay más remedio, la convivencia puede ser muy incómoda.

 Tampoco es muy buena idea pensar que puedes adoptar un segundo perro porque te sobra el espacio, y que en tu enorme jardín estarán muy bien.

 Relegar a los perros al exterior es acomodarse. Nunca es lo mejor para ellos. De hecho, casi todos los perros prefieren estar donde tú estés (que será dentro muy a menudo).

 No se trata de adoptar porque tienes mucho espacio. Se trata de adoptar porque deseas hacerlo, estás dispuesto a hacer algunos sacrificios y concesiones más, y dispones de tiempo (y sí, dinero) para ambos perros.

 ¿Y qué perro elijo?

 A continuación viene el peliagudo tema de elegir.

 Si optas por adoptar, hay miles de potenciales candidatos.

 Lamentablemente, al menos en España, tienes decenas de miles de opciones. Razas, colores, tamaños, edades….. es imposible no encontrar una docena de perros que te gusten.

 Seguramente piensas en mirar hasta que alguno te dé un feeling especial, y ya.  Dejarte llevar por el corazón. Pues tal vez no sea una buena idea.

 Tienes que considerar un asunto importante: aunque eres tú quien adopta al perro, es tu otro perro el que va a vivir 24 horas al día junto al nuevo.

 Y es él quien debe dar el visto  bueno.

 De este detalle depende que la relación funcione estupendamente desde el minuto uno, o que te metas en un lío monumental que luego te costará resolver y te causará un gran sufrimiento.

 Por lo tanto, mi recomendación es que dejes que sea tu amigo el que elija a su nuevo colega.

 Yo hace tiempo que lo hago así, y estoy muy contenta con los lazos que establecen entre ellos.

 Esto limita mucho la adopción de perros que estén a mucha distancia, eso sí.

 La idea es que selecciones unos parámetros que deberá cumplir el nuevo perro,  y así acotar entre los cientos de perros que podrás adoptar en tu zona de residencia, limitándote a unos pocos.

 Elige el tamaño, la edad aproximada, y tal vez la longitud de pelo o algún otro valor que consideres importante para ti.

 Y mira en las protectoras locales qué perros encajan en lo que buscas.

 En el tema de la edad procura ser flexible y tener en cuenta a tu perro. Si es algo mayor o tiene problemas de movilidad, un cachorro revoltoso nunca será una buena opción.

 Una vez limitada la selección a unos pocos perros, id los dos juntos a conocerlos.

 Si es factible, mejor a un entorno algo neutral y cómodo, como un campo o la playa (si queda cerca), en lugar de a la protectora, donde igual hay mucho estrés por la presencia masiva de otros perros y el ruido.

 Y que se conozcan. Solo tienes que observar cuál es el que le da mejor feeling A ÉL.

 Puede que en una primera visita no obtengas resultados.

 O quizá tu perro se lleva de maravilla con otros cinco. En el primer caso, no pasa nada, prueba en más sitios. Por desgracia si hay algo que tenemos de sobra es perros disponibles para adoptar.

 En el segundo caso, adelante, ahora sí puedes elegir tú, 🙂

 Preparando la llegada a casa

 Y ahora que ya has pasado el duro trago de seleccionar entre tantísimos candidatos, toca preparar la llegada a casa.

 Idealmente valora el tomarte unos días libres del trabajo.

 El cambio para el nuevo perro va a ser muy brusco, y durante unas semanas estará adaptándose. Si al menos puedes dedicarle unos días para estar a su lado, seguramente el proceso será más sencillo.

 Cuando le saques del albergue, id los 3 juntos a dar un paseo a un sitio muy tranquilo. No tiene porqué ser un gran paseo, solo se trata de que estire un poco las patas, pueda olfatear y explayarse en un sitio agradable e ir conociendo a su nuevo amigo.

 Importante: no le sueltes. Aunque sea tranquilo, la falta de referencias en esos momentos puede hacer que salga corriendo por cualquier razón y le perderás.

 Es buena idea colocarle una chapa del collar con tu teléfono, por si acaso hay un accidente y se te escapa.

 Después a casa. Antes de su llegada tendrías que haber planificado algunos detalles:

 Quita de su alcance todo aquello que no desees que mordisquee.

 Piensa en el nuevo perro como si fuese un cachorro revoltoso, aunque tenga 6 años.

 El estrés genera conductas destructivas: y es que mordisquear relaja. Cuenta con esa posibilidad las primeras semanas.

 Así que mejor no se lo pongas fácil. Pasadas unas semanas seguramente no haya problema, pero es mejor empezar con buen pie.

 Aleja de su boca peligros como cables.

 Y retira los juguetes de tu primer perro mientras el segundo explora la casa, a la espera de ver qué piensa tu perro de la idea (él no sabía que estaba eligiendo a su nuevo compañero de piso).

 Cuenta con que tal vez haga pis en casa los primeros días. Si es macho, es muy probable. El estrés sube la testosterona (aunque esté castrado) y eso implica un aumento de la conducta de marcado.

 También puede subir el consumo de agua, lo que llevaría a hacer pis con más frecuencia. Si no tiene acceso libre al exterior, puede que lo haga en casa.

 Además a veces las tripas se mueven más de lo debido por el estrés, por lo que puede haber heces blandas y un aumento en el número de evacuaciones. Lo que le llevará a manchar en casa durante unos días.

 También puede no estar educado o haber vivido durante meses o años en una jaula, sin horarios ni espacio para ser limpio.

 Todo esto se corregirá por sí solo en cuanto se vaya relajando y adaptando.

 No interfieras con esas conductas ni intentes corregirlas, mucho menos aun le regañes o te enfades (eso sube el estrés y alarga el tiempo de presentación del problema).

 Una vez estéis en casa déjale acceso libre a todas las estancias y que explore lo que desee y el tiempo que desee.

 Mantén la distancia y que se mueva a su aire.

 Si resulta que toma algo en su boca que se te ha pasado retirarle, intenta atraer su atención con unas golosinas para que lo suelte sin tener que quitárselo (atenta: lanza otras pocas golosinas a cierta distancia a tu primer perro, no vayas a originar un conflicto “golosinero” el primer día).

 Coloca su cama en un sitio tranquilo y fuera de zonas de paso, pero sé flexible, tal vez en los siguientes días él elija otro lugar más de su agrado.

 Preséntale las nuevas rutinas que ya deberían existir para tu primer perro: paseos, horas de comida, ratos de juego, horas de descanso…. Las rutinas generan seguridad. Los primeros días estará algo descolocado, ya que traerá los horarios de su albergue o casa de acogida. No te preocupes, se adaptará pronto.

 Y lo más importante: dale espacio.

 Que sea él quien tome las iniciativas de contacto y acercamiento.

 Cuando pasees, simplemente le acompañas y que huela y se mueva como quiera.

 Cuando esté en casa, no le invadas para acariciarle cada poco ni para decirle cositas, simplemente déjale observarlo todo a su gusto.

 Cuando juegue, amóldate a su gusto y ofrece alternativas, sin ser muy excitante; decántate mejor por los retos y los juegos de nariz, sobre todo.

 Eso le ayudará a relajarse antes, frente a los clásicos juegos de lanzar pelota o forcejear con un mordedor.

 Evita las visitas de todo el mundo.

 Aunque estés deseosa de que toda tu familia y amigos conozcan a tu nuevo perro, hay que ir poco a poco, dale unas semanas antes de presentarlo en sociedad.

 Para evitarte tentaciones por la impaciencia,  puedes enviarle vídeos a todo el que se interese, 🙂

 La fase de adaptación suele durar unas 3 semanas. Pasado ese plazo podemos considerar que tu nuevo amigo se mostrará tal como es. Si los posibles problemas que hayan podido presentarse persisten, tal vez necesites ayuda profesional.

 En resumen: tu misión principal con tu nuevo amigo es crear para él un entorno seguro y libre de miedos, tanto en tu casa como en tu modo de manejarle.

 Evita, en la medida de lo posible, ruidos repentinos, gritos, manipulaciones no deseadas, correcciones,  soledad, paseos excesivos o muy estimulantes, movimientos rápidos o bruscos y exigencias de «conducta adecuada». 

 Una última consideración. Si tu perro ya tiene problemas de comportamiento, lo más probable es que un segundo perro, a menos que sea muy zen, le aumente el estrés y le haga empeorar.

 Por otro lado esto es a menudo bidireccional, si tu perro tiene X problema, es muy posible que “contagie” al segundo, ya que éste se fijará en el primer perro para tomarle como referencia de conducta. 

 Así que tienes que ser muy cuidadosa a la hora de adoptar un segundo perro si el que ya vive contigo tiene “sus cosas”. Es mejor que dirijas tus esfuerzos a ayudar a tu primer perro, y cuando logres claros avances, te planteas de nuevo la opción de un segundo amigo, 😉

 ¿Qué piensas, te lo has planteado? ¿O ya adoptaste un segundo perro? En tal caso, ¿qué tal os ha ido?

 Cuéntamelo en los comentarios.

  

 

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Solución fácil/solución difícil

 

 

Imagina esta situación.

 

Has tocado fondo en tu vida y deseas cambiar.

 

Pesas más de cien kilos, trabajas frente a una pantalla haciendo algo que no te gusta diez horas al día, y tu vida social es más bien escasa.

 

Y te pasas el día pensando en comida.

 

Hace unos años tu situación era bien distinta.

 

Tu peso era el ideal, trabajabas en una empresa de jardinería, al aire libre y realizando una actividad que disfrutabas, y en general estabas satisfecho con tu vida.

 

Pero tuviste un tropiezo emocional. O una situación un tanto traumática que no has terminado de superar.

 

Te volcaste en la comida porque te hace sentirte mejor.

 

Claro que entonces ganaste peso. Cada vez más.

 

Y tu empresa te despidió porque eras incapaz de rendir adecuadamente.

 

Eso te deprimió, por lo que dejaste algo de lado tus amistades y te pasabas el tiempo en casa viendo la tele.

 

Conseguiste otro trabajo, aunque no te llena en absoluto.

 

Una mañana te levantas y decides que ya está bien. Es hora de cambiar. No piensas seguir con esta vida ni un minuto más.

 

Y piensas que el primer paso es perder peso.

 

La primera idea que se te ocurre es buscar ayuda vía Internet.

 

Internet tiene la respuesta para todo, ¿por qué no para tu problema?.

 

Peso ciento doce kilos, y me siento fatal y odio mi vida, pero he decidido cambiar, y me gustaría recibir algún consejo para poder perder peso y sentirme  mejor conmigo mismo, ¿qué me recomendáis?”.

 

La respuesta más popular es “come menos y haz más ejercicio”.

 

Vaya.

 

No  necesitabas consultar a nadie para recibir ese consejo, no?.

 

Es un tanto obvio.

 

Pero irónicamente sabes que no va a funcionar.

 

Bueno, sí, funcionaría si fueras capaz de llevarlo a cabo. Pero no podrás, y lo sabes.

 

Te faltan directrices en cuanto al tema de la alimentación y en el asunto de hacer ejercicio (a duras penas puedes ponerte los zapatos sin que te falte el aire).

 

Y te falta lo más importante: motivación.

 

Porque tu problema no es tan sencillo como lo has puesto, y por lo tanto la solución no puede ser tan simple como te han dicho.

 

Seguramente sea cierto, si comes menos y haces ejercicio, adelgazarás.

 

Pero eso ya lo intentaste, sin éxito.

 

Y es que en tu caso el exceso de peso es un síntoma de otro problema, de un conflicto emocional o como queramos llamarlo. Es una consecuencia.

 

Si no resuelves la causa del problema, no lograrás controlar la consecuencia.

 

Cuando hablamos de problemas de comportamiento en perros nos encontramos a menudo con un panorama similar.

 

Muchos cuidadores intentan contar en pocas líneas qué es lo que les preocupa y luego piden una solución.

 

Si obtienen respuesta, suele ser algo sencillo de aplicar que por lo general no funciona.

 

Y esto ocurre porque están planteando mal la situación.

 

Ese problema que explican suele ser solo el que más les afecta, pero su perro manifiesta muchas más conductas que han dejado en un segundo plano.

 

Y todas esas conductas suelen ser una consecuencia de algo, no la causa.

 

Intentar corregir una de ellas con una solución simplista a menudo conduce al fracaso y la frustración.

 

Por lo tanto, el primer consejo que se le puede dar a una persona cuyo perro manifiesta algún problema de conducta, es “distánciate de la situación, echa un vistazo global a la vida y conducta de tu perro, intenta ser menos emocional y piensa: ¿por qué tiene estas conductas?, ¿cuál puede ser la causa de que se comporte de este modo?”.

 

Así ya tienes un punto de partida diferente; en lugar de pedir consejo sobre cómo hacer que tu perro no presente determinada conducta, puedes buscar razones por las que tu perro presenta la mencionada conducta.

 

Habrá unas cuantas, pero seguramente alguna se ajuste mejor a tus circunstancias que el resto.

 

Si la persona que hemos imaginado al principio piensa en ello, es posible que identifique un detonante que le llevó a comer demasiado.

 

Si le sigue dando vueltas, tal vez descubra algunas “maniobras” de su cerebro, o rasgos de su personalidad que le llevan a boicotearse a sí mismo.

 

Y si profundiza aun más, seguramente encuentre más respuestas personalizadas relativas a su situación concreta.

 

Y con eso en mente, ya puede empezar a buscar soluciones.

 

Complicadas.

 

Pesadas de aplicar.

 

Que necesitarán mucho compromiso y serán eficaces a medio plazo.

 

Pero que se ajustan a SU problema, que no es solo comer mucho.

 

El resto  irá sucediendo solo conforme inicie los cambios.

 

Si valoras la vida de tu perro de un modo global, sin concentrarte solo en aquello que te molesta o te enfada, puedes encontrar más respuestas.

 

Y con esos datos, puedes acceder a distintas soluciones que tienen muchas más posibilidades de funcionar que un consejo de una línea en un foro de Internet.

 

Porque esa es la otra cuestión.

 

No tiene mucho sentido delegar en un tercero el solucionar el problema con tu perro.

 

Es una gran idea (y a veces es imprescindible) solicitar ayuda de un profesional para que te guíe y te oriente.

 

Para que te ayude a encontrar las respuestas y te indique qué soluciones se pueden probar.

 

Pero no puedes dejarle a tu perro a un tercero y que resuelva la situación.

 

No puedes pedirle a otro que adelgace por ti.

 

Tu perro convive contigo, y las soluciones que puedan ayudar a resolver problemas te implican a ti directamente.

 

Exigen tu esfuerzo y tu dedicación.

 

Tu paciencia y comprensión.

 

Exigen tu compromiso.

 

¿Estás dispuesto a implicarte o prefieres las soluciones simplistas para luego tirar la toalla?. 

 

 

 

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Jugar produce estrés

El juego es muy importante en la vida de tu perro.

A través del juego aprende a mejorar su autocontrol, a reconocer su propia fuerza, a relacionarse con otros seres vivos y con su entorno y a gestionar la frustración.

El juego también le permite mejorar su creatividad y capacidad de resolución de problemas, aumentar su autoestima, aprender normas sociales y estrechar lazos con aquellos con quienes juega.

Aparentemente, todo son ventajas, verdad?

No siempre. Vamos a verlo más a fondo.

Muchos mamíferos juegan cuando son crías, a menudo muchos siguen jugando cuando crecen, pero pocos están dispuestos a jugar durante prácticamente cualquier periodo de su vida.

El perro es uno de esos pocos. Y el ser humano, otro. Eso suena bien.

Y si te fijas en cómo tu perro se ha hecho amigo de sus mejores amigos (caninos), te darás cuenta de que ha sido gracias a compartir paseos, hacerse compañía y jugando  juntos.

El juego crea fuertes lazos entre individuos, y los mantiene unidos a lo largo del tiempo.

¿Habías pensado alguna vez en lo importante que es el juego en la vida de tu perro? 

Pues es hora de ponerse a ello. 

Hay vida más allá de la pelota

 

Por alguna extraña razón, a la mayoría de los humanos, cuando se les pide que jueguen con un perro, parece que solo conocen dos juegos: lanzar un objeto (preferiblemente redondo y que bote) para que el perro lo traiga y vuelta a empezar, y repetir hasta el infinito (o hasta que tengas una lesión en el hombro de lanzar). 

O forcejear y fingir una pelea por algún objeto. 

Y eso es todo. 

¿Qué tal una vídeo consola que solo tuviese dos juegos? 

Al principio tiene su gracia, pero pronto resultaría extraordinariamente aburrido. 

¿Y si tu mejor amigo se empeña en invitarte a jugar a esos dos juegos una y otra vez? 

Eso suena más aburrido aun. 

Así que hay que usar un poco la imaginación para proponerle a tu perro juegos diferentes, con distintos niveles de dificultad, e idealmente que le sorprendan (gratamente). 

En su defecto, si no se te ocurre nada, puedes mirar en Google. 

Hay muchas ideas de gente muy creativa. 

Copialas, las comparten para eso. 

Tipos de juegos

 

Cuando propones un juego a tu perro tienes que pensar de modo global. 

No se trata de ponerse a jugar “para que se canse”. 

Sobre todo porque eso no lo lograrás nunca: se habituará a tu nivel de exigencia, y tendrás que subir el listón una y otra vez. 

Y tu perro es perro 24 horas al día, no tiene nada mejor que hacer, pero tú además de su compañero eres otras muchas cosas, y estarás cansado mucho antes que él. 

Así que ese planteamiento no tiene mucho sentido. 

Si te paras a pensar en los juegos de un modo más completo, podrás valorar si el juego que le propones a tu perro es activador o le relajará. 

Si le permite mejorar en alguna faceta de su vida o le vuelve obsesivo. 

Si le dará mayor autoestima o le producirá frustración y sensación de fracaso. 

Si mejorará sus habilidades sociales o le hará más competitivo. 

Y en última instancia, si hará que se sienta más a gusto a tu lado, o preferirá buscarse la vida por su cuenta e ignorarte por completo. 

Y no te compliques, para un perro no es necesario que la actividad tenga un manual de instrucciones de varios folios. 

Situaciones muy sencillas y a veces muy breves pueden considerarse un juego. 

Así, tienes juegos calmantes y juegos excitatorios. 

Si propones a tu perro mucho de lo segundo, o le das acceso frecuente a juegos del segundo tipo, tendrás un perro “nervioso” e “hiperactivo”, que “nunca se cansa” y “siempre pide más”. 

Seguro que no es eso lo que deseas. 

Eso no significa que nunca juegues a juegos excitatorios, pero debes ser consciente de que lo son, de cómo los gestiona tu perro, y de si puede parar fácilmente o se ha convertido en un obseso. 

También es importante darse cuenta de en qué momentos planteas juegos excitatorios, ya que si lo haces casi al finalizar el paseo cuando tu perro va a pasar 8 horas solo (pensando que así lo dejas cansado), obtendrás un efecto indeseable: tu amigo no va a descansar bien, puede que no descanse en absoluto, y eso se va a notar después, en forma de ladridos, mordisqueo del mobiliario y objetos varios y otras posibles manifestaciones de estrés. 

Y se entra entonces en un círculo vicioso: a la hora de descansar, no descansa, sigue activo y desarrollando conductas poco deseables. 

Y cunado vuelves a su lado, le propones de nuevo actividades que lo excitan, cuando ya ni siquiera está relajado porque no ha podido dormir adecuadamente. 

El cerebro entra entonces en un bucle que dará lugar a problemas de destructividad, irritabilidad, vocalizaciones, ensuciamiento e incluso agresiones a otros perros o personas. 

Y todo por pasarse con la pelota. 

Curioso, verdad? 

Y es que jugar genera estrés. 

El estrés es una respuesta de un organismo a una demanda o exigencia de origen externo o interno. 

En sí mismo no tiene nada de malo. 

Planear un crucero por las islas griegas es estresante, pero mola. 

El problema vendría si el estrés se mantiene en el tiempo (imagina que cada vez que se acerca la fecha del crucero, te la posponen una y otra vez). 

O si no se descansa lo suficiente entre exigencia y exigencia. Vamos, que no duermes pensando en todo lo que tienes que planificar para ese crucero. 

El juego en consecuencia es también una fuente de  estrés. 

Hay que adaptarse  a unas normas, a unos compañeros de juegos, a una exigencia. 

En principio eso no debería ser un problema, a menos que no se pueda descansar suficiente entre juego y juego, que el tiempo de juego sea demasiado prolongado, o que el nivel del juego sea demasiado elevado para las aptitudes de tu perro. 

Ahora vete hilando. 

¿Crees que tirarle la pelota a tu perro 57 veces en media hora no es un problema, que a él le encanta? 

Es posible que no esté descansando adecuadamente entre paseo y paseo. 

O que 57 veces sean demasiadas. 

Además, como juego hace tiempo que no le aporta nada, puesto que es algo que ya conoce y ha hecho demasiado a menudo. 

Algo así como la primera pantalla de uno de tus dos únicos juegos de vídeo consola. 

Un rollo. 

En cuanto a que parece encantarle, en realidad es un problema también, ya que estás malinterpretando sus reacciones. 

Lo más probable es que su respuesta no sea de disfrute, sino de obsesión. 

Y es que las conductas obsesivas funcionan de este modo: 

El cerebro tiene un mecanismo destinado a iniciar conductas de búsqueda que se activa constantemente en el día a día. 

¿Necesitas las llaves de casa? Las buscas. 

¿Has perdido un calcetín? Lo buscas. 

¿Por dónde andará el mando de la tele? Lo buscas. 

Y así día a día con un montón de pequeñas acciones que exigen buscar algo. 

Y cuando encuentras ese algo, el cerebro activa el mecanismo de recompensa: te sientes bien porque encontraste lo que buscabas. 

Ese mecanismo bloquea el de búsqueda. 

Si ya encontraste, no tiene sentido seguir buscando. 

Si no se bloquease ese mecanismo, seguirías buscando las llaves cuando ya las tienes en la mano. 

¿Y no es eso justo lo que hace tu perro cuando busca una pelota que ya tiene en la boca? 

En esos momentos el mecanismo de recompensa se ha bloqueado y no se activa. 

Por lo tanto, el mecanismo de búsqueda sigue exigiendo que busque la pelota. 

Pero la pelota ya está en su boca. 

Algo no encaja. 

Así que alguien se tiene que ocupar de que la pelota desaparezca de nuevo, para poder satisfacer esa exigencia interior que grita “¡busca pelota!”. 

Y tú vas y se la lanzas. 

Así que en realidad no está disfrutando, está alimentando una obsesión. 

Y cuando pide que le tires la pelota, simplemente intenta hacer callar su mecanismo de búsqueda, que genera una gran frustración si no se satisface su demanda. 

Esto ya no es un juego. 

Los juegos de forcejeo (con un palo o un mordedor) van en una línea similar. 

En sí mismos tienen su lado positivo, se aprende a jugar con otro, a adquirir un buen control (hay que evitar morder a tu oponente o el juego se termina), y un poco de pelea fingida de vez en cuando no hace daño a nadie y es divertido. 

El problema es cuando el nivel de exigencia es elevado, o el perro siempre pierde, o la persona se enfada si el juego no va como ella quiere, entre otras cuestiones. 

Convertir este juego en una obsesión es también realmente fácil. 

Así que cuando juegues con tu perro, lanzar una pelota o “pelear” por un objeto no tienen nada de malo siempre que se realice con moderación, que seas consciente de que son juegos que excitan y que esa excitación no terminará cuando finalices el juego. 

También hay que valorar el efecto que esos juegos tienen sobre la relación de tu perro con otros perros: si un amigo se apunta y tu perro se enfada con él, es que algo va mal. 

O si tu perro ignora su entorno, a otros perros, lo ignora todo con tal de ir a por la pelota o tirar del mordedor, el problema es serio. 

Juegos que calman

 

Por otro lado tenemos una serie de juegos más o menos sencillos que son de gran ayuda, que gustan a tu perro y que permiten una gran mejora en vuestra relación y en su autoestima y su conducta en general. 

Vamos, que aportan bastante más a su vida (y a la tuya) que la clásica pelota o mordedor. 

Les damos un repaso rápido. 

Juegos de nariz

 

O juegos de olfato. 

Muy populares. 

Si no has oído hablar de ellos, ya estás tardando en indagar a fondo sobre cómo funcionan. 

De un modo sencillo se trata de proponerle a tu perro que busque, en principio comida. Pero puede hacerse con juguetes, como por ejemplo la pelota, pero sin lanzarla. 

Se colocan trocitos de comida en superficies horizontales y se le deja tiempo y espacio para que los encuentre. 

Sin pistas ni ayudas, puede solo si no se lo pones difícil al principio. 

Conforme mejora, se puede (se debe) subir el nivel. 

Usa más superficie de terreno. 

Usa superficies verticales (como ramas de arbustos, mobiliario urbano, etc.). 

Usa terrenos más difíciles (como hierba alta, mucha hojarasca amontonada, grava). 

Si vas incorporando estos juegos de modo gradual, tu perro puede encontrarlo TODO. 

Y eso es genial y divertido y sorprendente. 

Es un juego muy barato, fácil de improvisar en casi cualquier lado (dentro y fuera de casa), que estimula el cerebro de tu perro pero calma su estado de ánimo, sube su autoestima y mejora su conducta en general. 

Y sobre todo, le permite llegar a casa y descansar adecuadamente tras el paseo. 

Todos los perros deberían jugar a esto al menos 10 minutos al día, todos los días. 

Los perros con miedo o estrés elevado se benefician especialmente de este tipo de juegos. 

No hacen milagros, pero puedes notar una reducción de las conductas asociadas a estas emociones en una semana de practicar los juegos de olfato. 

Y es que cuanto más olfatea un perro, más desconecta su parte emocional y más activa su parte racional. 

Y eso facilita controlar las emociones, que son a menudo un detonante habitual de las conductas inadecuadas de muchos perros. 

Puzzles

 

Por llamarlos de algún modo. 

Son juegos en los que propones a tu perro resolver un pequeño problema para lograr una recompensa. 

También son relajantes, y hacen que tu perro tenga que pensar para alcanzar una solución. 

Y si el nivel que le planteas está a su altura (que no sea tirado pero tampoco muy difícil), dan subidón de autoestima. 

Perfecto para perros miedosos e inseguros. 

Aunque en realidad es perfecto para cualquiera, a todos nos viene bien una buena dosis de alta autoestima de vez en cuando. 

Aquí puedes optar por juegos ya hechos, hay muchos modelos en el mercado. 

O puedes improvisar docenas de juegos con objetos cotidianos y gratis. 

Por ejemplo, esto es un puzzle comercial: 

Y en plan casero, tienes la clásica botella de agua (vacía) con agujeros. 

Metes comida en la botella, y se la das. 

Y que saque el contenido (y espachurre la botella a su gusto). 

Puedes usar un trapo de cocina viejo, meter en su centro unas chucherías, y hacerle un nudo. Y que se apañe.

 O introducir algunas golosinas en una caja de cartón, cerrarla, y que la haga pedazos. 

¿Ves por dónde va la idea? 

Pequeño obstáculo, comida o alguna golosina, y le dejas que se divierta. 

Luego puedes subir el nivel todo lo que quieras. 

Por ejemplo, es muy popular el juego del trilero con perros. 

En cuanto entienda la mecánica, no le cuelas una. 

Colocas dos recipientes boca abajo, tras poner una golosina bajo uno de ellos. Le dejas elegir y levanta el que elija. 

Si acierta, hay premio. 

Cuando acierte a menudo puedes poner 3, 4,5….. recipientes. 

Va mejor si puedes agujerearlos para que dejen salir el olor (por ejemplo usando vasos de plástico). 

Ahora mira a tu alrededor, ¿cuántas ideas se te ocurren?, seguro que unas cuantas. 

Si no, siempre puedes tirar de ideas ajenas. 

 

Pero hay docenas de retos que puedes proponerle a tu perro. Seguro que ambos os sorprendéis. 

 Juegos de propiocepción

 

Últimamente parecen estar muy de moda. 

La  propiocepción es la sensación que reciben nuestros pies sobre la superficie en que están apoyados. 

Hace alusión a las sensaciones tactiles, pero también al equilibrio, a la posición relativa de cada extremidad con respecto al resto del cuerpo y al entorno en que nos encontramos. 

Normalmente no pensamos mucho en ello, pero pensaríamos más si fuésemos descalzos. 

No se nota igual caminar sobre grava que sobre arena o sobre hierba. 

Tampoco nos movemos igual sobre una superficie llana que sobre una pendiente pedregosa. 

Y los juegos incluidos aquí hacen referencia a situaciones que estimulan esa sensación y sensibilidad.

Para los perros muy urbanitas, que casi siempre pisan suelo de la misma textura y sin desniveles ni obstáculos, son ideales. 

Mejoran el equilibrio y la percepción del propio cuerpo, y si implican superar pequeños obstáculos físicos, también dan autoestima. 

En casa pueden prepararse simplemente colocando distintas texturas en el suelo, como una toalla, un felpudo de exterior, un plástico grande, o una manta de pelo largo.

Y luego animas a tu perro a que camine y explore, o  mejor, le preparas una pista de golosinas y que vaya notando en sus pies las distintas sensaciones según pisa cada superficie. 

Pero déjale que busque y explore a su aire, no le des indicaciones ni le señales con el dedo por dónde ir o qué hacer. 

Luego se pueden añadir pequeños obstáculos, como una silla tumbada o cualquier cosa que haga de barrera (baja), o un montón de zapatos por el suelo, o muchos cojines. Lo que se te ocurra que “obligue” a estar pendiente de dónde se coloca cada pata. 

En la calle se puede usar el mobiliario urbano para crear pequeños circuitos a resolver. 

O idealmente, un paseo suelto por el monte es todo un desafío de propiocepción: suelo de hierba, de hojas, de grava, ramas cruzadas en el camino, alguna que otra zarza, alguna pasarela de madera…. 

Los perros que van superando pequeños obstáculos físicos regularmente y que se habitúan a caminar sobre distintas superficies se vuelven más seguros a la hora de moverse, y se les nota. 

 Otros juegos

Después de lo que has leído ya deberías tener unas cuantas ideas para probar y disfrutar con tu perro. 

Hay un mundo de juegos fascinante que podéis explorar juntos. 

A veces algo tan sencillo como premiar por hacer algo puede sorprenderos a ambos. 

Elige un lugar sencillo y ten a mano un montón de pequeñas golosinas apetitosas. 

Cuando tu perro te preste atención, le pides que haga algo. 

No es una orden, y no le pides nada conocido. 

De hecho puedes decirle con una gran sonrisa “haz algo”. 

Y en cuanto haga algo, lo que sea, le felicitas y premias. 

Ese algo puede ser girar una oreja, mirar a otro sitio, levantar una pata, mover la cola, dar un saltito, dar un ladrido, algo, lo que sea, por poco que parezca. 

Luego lo pides otra vez. 

La única regla del juego es “haz algo, pero no te repitas”. 

Si tu perro repite lo que hizo la primera vez, permaneces expectante (no dejes de sonreír, es un juego). 

Y en cuanto haga cualquier otra cosa, por nimia que sea (te toca estar muy atento), felicitas y premias. 

Y repites unas cuantas veces. A ver a dónde os lleva este juego, 😉 

Este juego es muy beneficioso para perros sin iniciativa o muy inhibidos, por regaños y castigos frecuentes o por miedo intenso. 

Pero es importante, para que funcione (en lugar de frustrarle) que respondas rápidamente a cualquier “algo” que haga. Un perro inhibido o miedoso puede realizar acciones muy sutiles, y si no las detectas y premias, simplemente ni entenderá de qué va el tema ni querrá seguir participando. 

Un simple parpadeo, o una elevación de la cabeza serán ese “algo” que has pedido. Con la práctica se irá soltando y ofrecerá más conductas, pero al principio hay que premiar casi hasta por respirar, 🙂 

Éste es solo un ejemplo de juegos que puedes proponer a tu perro e improvisar casi en cualquier momento y lugar. 

Te toca a ti idear nuevos juegos y compartirlos con tu mejor amigo. 

Y para concluir, quiero contarte algo importante en lo que quizá no hayas pensado.

El juego entre perros es altamente estresante.

Los juegos con interacción social son una potencial fuente de conflictos, y exigen atención por parte de los jugadores y mucha diplomacia para enviar mensajes a los otros «jugadores» de que pase lo que pase, es un juego.

Las carreras, giros, competencias, pausas para calmarse y vuelta a empezar generan una gran exigencia física, pero sobre todo mental. 

Piensa ahora en cuánto tiempo pasas con tu amigo en el parque canino, dejando que tu perro dé vueltas y carreras a lo loco con todos los perros que entran. 

Es muy positivo que tu perro se relacione y juegue con otros, pero si su día a día, sus paseos cotidianos, consisten en ir a la carrera (¡o en coche!) hasta el parque canino para jugar con otros perros durante una hora y luego para casa, no le estás cansando, ni le estás socializando: le estás exponiendo a una situación altamente estresante día tras día.

Y eso pasará factura.

Muchas veces el estrés del perro proviene de este tipo de manejo.

Si es tu caso, replantea el paseo y coloca el parque canino como una parada (no necesariamente todos los días) puntual para que tu perro salude y juegue, y luego sigue paseando. 

El resto del paseo debería ser a paso tranquilo, dejando que tu perro indique hacia dónde le apetece ir, cuándo y cuánto le apetece parar, y dejandole oler mientras le sigues y acompañas. 

Así conseguirás que tu perro socialice pero al tiempo no suba mucho sus niveles de estrés y el paseo será más completo y relajante. 

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

Pide cita para una vídeo-sesión estratégica gratuita conmigo y sabrás cómo te puedo ayudar a mejorar la relación con tu perro.

Perros hiperactivos

¿Tu perro es hiperactivo? ¿No para quieto ni un momento? ¿Parece que no se cansa nunca?

Estas cuestiones se escuchan a menudo entre muchos propietarios de perros, y con frecuencia lo consideran un rasgo de personalidad de su perro, por lo que asumen como normales las conductas asociadas y no se plantean cambiarlas.

O sí, pero no saben cómo.

La verdad es que los perros, más que ser muy nerviosos, están muy nerviosos, que no es lo mismo. Visto así, puede resultar más sencillo plantearse el conseguir que sean más tranquilos (o estén más tranquilos).

Para ello hay que valorar qué situaciones o acontecimientos ponen nerviosos a los perros (en general) y fijarse en cuáles de ellos afectan a tu perro, para poder corregirlos.

Si corriges esos factores, los reduces o eliminas de la vida de tu perro, estará mucho menos nervioso, y por lo tanto, más tranquilo.

Es decir, no debes corregir ni actuar sobre tu perro para que sea (esté) más tranquilo, sino sobre su entorno y el  manejo que recibe día a día.

La verdad es que la lista de factores que pueden alterar a un perro es larga, y lógicamente no todos se afectan de igual manera ni todos los factores estarán presentes en la vida de todos los perros,  por lo que hay que ajustarse a tu caso en particular.

Pero existe un factor muy importante, que a menudo se descuida (porque no se le da importancia) y que afecta y mucho a cualquier perro: el sueño.

La importancia de dormir bien

Todos dormimos, y todos necesitamos dormir.

Lo que no tenemos tan claro es que es extremadamente importante dormir, y dormir suficiente y con un sueño de calidad.

Dormir mal o poco un día es irrelevante.

Pero cuando es la norma, los problemas que se presentan son muchos, y afectan directamente al carácter: irritabilidad, falta de concentración, desorientación, cansancio y desinterés, exceso o defecto de apetito, ansiedad, cambios bruscos de humor….

También afecta a la capacidad de aprendizaje y de resolución de problemas: dormir poco o mal nos hace más “tontos”.

Esto nos ocurre a los humanos, y les ocurre a los perros.

Cuando se dice que alguien se muere de sueño, no es solo una frase hecha.

Es real, se puede morir de sueño. O mejor dicho, por falta de sueño.

Y para que veas cómo de importante es el sueño en la vida, te recuerdo la regla del tres: se puede morir por estar tres minutos sin respirar, tres días sin beber, o tres semanas sin comer.

En esa sentencia, el sueño está en los tres días también (aunque se puede aguantar hasta 10/15 días).

Es decir, para el organismo es más importante de cara a la supervivencia dormir que comer.

Y sin embargo, en la sociedad actual, orientada hacia la productividad, el trabajo, el parecer que haces algo a todas horas, dormir está incluso mal visto.

Da la impresión de que es una actividad inútil, por, precisamente, la aparente falta de actividad (física) y la cantidad de horas diarias que nos ocupa.

Cuando hay que sacar tiempo extra para algo, casi siempre se recorta del sueño. Total, para lo que sirve.

Y si le damos tan poca importancia, es difícil ser conscientes de que también es fundamental para otras especies.

Incluido tu perro.

¿Descansa bien tu perro?

El perro es un depredador, y como tal tiene ciclos de sueño muy largos y continuados durante el día, a diferencia de las grandes presas, que suelen tener ciclos de sueño muy cortos y repetitivos en ese mismo plazo.

Un perro promedio puede dormir de modo normal unas 16 horas diarias, a veces más.

Para diagnosticar a un perro como hiperactivo (verdadero), uno de los criterios base es que duerma menos de 8 horas en cada ciclo de 24.

En ese caso hay un problema en su sistema nervioso (está enfermo).

Para todos los demás, sean como sean cuando están despiertos, lo normal son muchas más horas, pero deben cumplirlas, o irónicamente la falta de sueño hará que se comporten como hiperactivos, cuando realmente no lo son: simplemente no descansan bien o el tiempo suficiente.

Hay que tener presente que el sueño, además de para reparar los daños físicos menores producidos por el hecho de estar vivos, y para realizar ciertas actividades fisiológicas, sirve para permitir descansar al cuerpo y al cerebro tras las exposiciones a eventos estresantes del día a día.

Un perro sometido a miedo y/o estrés de modo cotidiano necesita descansar bien para recuperarse al 100 % y poder enfrentarse a los miedos y estrés del día siguiente.

También necesita desconectar del entorno para procesar y almacenar los aprendizajes derivados de esa exposición a situaciones estresantes o causantes de miedo o malestar.

De lo contrario, habrá un agotamiento físico y mental que impedirá plantarle cara al día a día, y que derivará en enfermedades físicas y/o alteraciones de la conducta, incluyendo comportamientos agresivos, destructividad e hiperactividad física.

Además se da una paradoja: un perro sometido a experiencias estresantes se duerme más rápidamente (al revés que las personas) pero su descanso es más superficial (y por lo tanto insuficiente).

Y como dormir mal o poco es una fuente de estrés, entramos en un círculo vicioso: el estrés no le permite descansar bien, pero dormir mal a su vez genera más estrés.

Así que una de las cuestiones que puedes abordar si tu perro es muy nervioso, asustadizo o algo colérico en su día a día, es el asunto del sueño.

Posiblemente si mejoras su calidad de sueño, y te aseguras de que puede dormir las horas que necesite, su humor mejore y su temperamento sea más calmado.

No será milagroso, pero todo suma, y mejorar en este punto no implica esfuerzos importantes ni grandes gastos.

Solo una buena capacidad de observación y realizar pequeños cambios en aquello que no esté permitiendo un buen descanso para tu perro.

¿Qué tienes que valorar?

Lo primero es asegurarte de que tu perro dispone de un buen lugar de descanso.

O mejor aun, de más de uno.

Una cama adecuada en tamaño y materiales para él es un buen primer paso.

Aquí es complicado dar una buena orientación, porque hay diferencias entre razas e individuos, por lo que tendrás que indagar un poco y fijarte mucho.

Que tu perro duerma habitualmente en el suelo no es excusa para descuidar este aspecto.

Mis huskies suelen usar la fría y dura baldosa para dormir. Pero a veces eligen alguna de las camas que hay a su alcance.

Si no las tuviesen, nunca las podrían usar.

Si yo elimino esa opción porque veo que suelen preferir el suelo, nunca podrían decirme que a ratos necesita una cama grande y mullida para descansar.

Ellos deciden en cada momento qué es lo más cómodo para su descanso.

Si echas un vistazo a las camas para perros que hay en el mercado, te perderás con tantas opciones.

Al final solemos guiarnos por estética y por lo que nos parece a nosotros a la hora de comprar uno u otro modelo.

Y si eliges el equivocado, puede que tu perro no lo use simplemente porque no le gusta.

Por ejemplo, si estoy en una cabaña en el bosque igual una cama a ras de suelo, sin patas, no me haría mucha gracia (porque permite que todos los bichos del lugar se paseen por encima de mí mientras duermo). No dormiré bien.

Y aunque en las fotos queda genial, una hamaca entre dos árboles no es lo más cómodo para dormir si tienes una edad.

Así que tendrás que ensayar (y equivocarte un poco) a la hora de acertar con la mejor cama para tu perro.

Algunas ideas

El grosor suele ser importante.

Hay camas de apenas 2 cm de espesor, que es casi como dormir en el suelo.

A los cachorros seguramente no les parezca mal, pero a perros de más edad, o muy delgados o de talla grande (pesados) les supondrá lo mismo que dormir encima de una manta. Incómodo.

La forma de la cama, dependerá de cómo suela acostarse tu perro.

Los hay que duermen predominantemente enrollados, por lo que las camas tipo cuna les resultarán más atractivas.

Y los hay que se estiran e incluso ocupan todo el espacio disponible. Un cojín rectangular será más cómodo para este tipo de perros .

En todo caso, los que se enroscan también pueden estirarse en ciertos momentos, por lo que las cunas de paredes rígidas (plástico, mimbre) no serán adecuadas, mejor una con paredes de espuma.

Las almohadas suelen ser bien recibidas, especialmente en perros mayores, así que puedes optar por una cama que tenga una zona más elevada, o añadir la almohada aparte.

Y que la use si le apetece.

Los perros que se enroscan tienen cierta preferencia por las camas con un centro más bajo que el resto de la cama

Por lo tanto los colchones planos les suelen resultar algo incómodos: tienden a rascar y rascar el centro para intentar hacer un hueco en el que acomodarse.

Si lo logran, destrozan la funda y el relleno.

Y si no, no están cómodos.

Para esos perros es de ayuda elegir cunas mullidas en lugar de colchones firmes. Así podrán darle mejor la forma que  desean sin destrozarla.

A los perros más asustadizos, especialmente de razas pequeñas, pueden resultarles muy atractivas las camas cerradas, es decir, como si fueran pequeñas casetas de gomaespuma. Les hace sentirse más seguros en su “cueva” y descansan mejor.

A algunos perros les gusta dormir a cierta altura con respeto al suelo.

Existe una especie de hamaca (que puede usarse sola  o con un colchón encima) que separa su cuerpo del suelo, como una tumbona de playa.

Hay perros que disfrutan mucho durmiendo en este tipo de camas.

 

Finalmente, por alguna razón, el sofá parece agradar a los perros del mundo entero, 🙂

Si no tienes problema con esto, el acceso a un buen sofá es una opción muy apropiada.

Otro factor importante es la ubicación.

Si colocas la cama en un sitio inadecuado, no importa lo buena que sea, no será eficaz.

Si lo piensas, nuestra cama no está en mitad del comedor normalmente.

La actividad de esa estancia impide un descanso adecuado.

Incluso de noche si otros habitantes de la casa se levantan, nos despertarán.

Tenemos una estancia pensada expresamente para dormir.

No digo que le habilites una habitación a tu perro solo para dormir.

Aunque es factible poner una cama en un dormitorio y si él desea estar solo, tendrá esa opción, siendo conveniente que tenga además otra cama en la estancia de mayor presencia humana de la casa.

Pero si tu perro solo tiene la opción de descansar en una habitación donde el resto de los habitantes de la casa están jugando, gritando, viendo la tele, discutiendo, hablando por teléfono o cualquier otra actividad que implique ruido y movimiento, posiblemente no está durmiendo bien (aunque parezca dormir, se despertará cada poco tiempo debido a los estímulos externos).

Así que colocar camas en más de una habitación de la casa permite que tu perro pueda elegir lo que más le conviene.

Valora también los ruidos repentinos, como calderas, lavadoras o neveras, antes de pensar que la cocina es un lugar adecuado para poner una cama.

Finalmente está el respeto al descanso del otro.

Si vives sola posiblemente no sea un problema.

Pero por si acaso, lo digo: no molestes a tu perro mientras duerme.

Ir a acariciarle porque se ha puesto panza arriba y suelta unos gemiditos adorables es despertarle.

Y quizá sobresaltarle (y hacer que se sienta inseguro en su propia cama).

Graba un vídeo si quieres, pero no le interrumpas a diario para rascarle un ratito mientras está durmiendo.

Espera a que abra los ojos, y aun así, piensa si a tu perro le gustan las caricias indiscriminadas o las considera una invasión de su espacio.

Al fin y al cabo, serás tú quien se acerque a tocarle, no él quien lo ha pedido.

Puede que mientras está relajado no quiera interacciones físicas con nadie. Va por perros.

Pero si en tu casa sois varias personas, hay que transmitir esta norma a todos, y cumplirla.

¿Qué tal te sientes cuando el operador de la compañía de teléfonos de turno te despierta de la siesta para contarte una batallita y venderte algo que no has solicitado?.

Primero te asusta el sonido del teléfono, y luego encima te han despertado para nada.

Así que igual que a los demás no nos gustan que nos interrumpan el sueño para nada, ni que nos salten encima mientras estamos (remoloneando) despiertos en la cama, a tu perro seguramente también le resulte molesto, y los demás humanos de la casa deben respetarlo.

Mención especial a los niños, que seguramente hagan dos cosas:

1-  Interrumpir el sueño del perro constantemente, bien invadiéndole el espacio, bien llamándole a todas horas e incitándole a jugar y lanzándole objetos para que juegue.

2-  No interaccionando directamente con el perro, pero sí armando mucho jaleo, gritando y corriendo por la casa y alrededor del animal mientras éste intenta descansar.

Para resolver satisfactoriamente ambos puntos es conveniente contar con una cama en una habitación aparte donde los niños no entren.

Por un lado deja claro que no deben molestarle mientras duerme. Nada de entrar en ese cuarto a incordiar.

Y por otro, ellos podrán correr y gritar por el resto de la casa y hacer cosas de niños mientras tú puedes cerrar la puerta para que el jaleo no interrumpa el descanso de tu perro.

Con estas indicaciones ya tienes otro aspecto de la vida de tu perro que tal  vez puedas mejorar, sin mucho esfuerzo ni inversiones elevadas.

Y aunque el cambio parezca imperceptible, seguro que notas mejoría.

¿Y tu perro, qué tal duerme? ¿Qué sitios prefiere? ¿Tiene alguna costumbre curiosa a la hora de irse a dormir? cuéntanoslo en los comentarios.

 

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

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