Mi perro me muerde, ¿qué hago?

Cuando decides introducir un perro en tu vida, piensas en los paseos agradables por el parque, la playa o la montaña.

En hacer nuevos amigos y conocer a otras personas con perros simpáticos y juguetones.

En compartir el sofá mientras disfrutas de una buena película.

En los calurosos recibimientos cada vez que llegas a casa después de trabajar.

En los ratos de juegos y complicidad en el día a día.

Lo que nunca se te pasó por la cabeza es que tu perro, tu mejor amigo, te pudiera morder.

En ese inesperado momento, diversas emociones te invaden: miedo, ira, incredulidad, conmoción….. Pero sobre todo sientes una total incomprensión por su conducta.

Y sin embargo, la principal causa por la que un perro muerde es porque nadie le estaba escuchando.

Y es que cuando un perro se encuentra en una situación que él percibe (siendo esta percepción real o imaginaria) como amenazadora, trata de huir o de evitar el conflicto (mediante comunicación corporal).

Y si no logra escapar o la comunicación no funciona, entonces optará por agredir.

Ojo, no  es una decisión consciente, es una reacción primaria de supervivencia: tu perro cree que su vida corre peligro y que debe defenderse de una potencial amenaza.

Aunque es cierto que estoy dejando al margen posibles problemas de dolor, que son una causa muy frecuente de agresión, o posibles enfermedades que estén alterando la conducta de tu amigo, lo cual también sucede con más frecuencia de la que imaginas.

Así que no descartes sin más una visita al veterinario.

Así que probablemente no escuchaste a tu perro, y finalmente él cree que debe agredirte para lograr eliminar la amenaza que supones.

Y es que hay muchas actitudes y comportamientos habituales en las personas que resultan amenazadores para muchos perros, y no somos conscientes de ellos.

¿Cuáles?

Te detallo los más habituales. Si los analizas bien y te percatas de que los estás realizando, ya tienes un buen punto de partida para hacer las paces con tu perro, resolver la mala comunicación entre ambos, y evitar futuros incidentes.

De ese modo ambos podréis volver a confiar el uno en el otro.

MACHO ALFA

 

Esta es una de las causas más comunes que provocan mordeduras por parte de los perros.

Todo a tu alrededor, desde la Tv hasta los “listillos” de parque canino, pasando por muchos adiestradores y educadores y por la mitad de Internet te han hecho creer que debes pasarte los próximos 10 años demostrando algo.

O sea, demostrar que eres la más machota.

Porque si no lo haces tu perro mandará sobre ti y sobre toda la humanidad que se deje mandar.

Y tú, por un lado por desconocimiento, y por otro por la enorme presión social que ejerce un grupo tan numeroso, lo haces.

O lo intentas.

Pero lo que realmente estás haciendo es abusar física y psicológicamente de tu perro.

Lo voy a poner bien claro por si no se ha entendido bien: las posturas que abogan por “dominar” a los perros como modo de educarles, enseñarles cuál es su sitio o reconducir conductas inadecuadas o molestas (generalmente inadecuadas o molestas para las personas) están promoviendo un maltrato animal socialmente consentido.

Insisto.

Los sistemas de “reducción de rango” o cómo les llamen ahora son formas de maltrato animal.

Te están hostigando para que maltrates a tu perro, le presiones y le provoques todo tipo de conflictos y desconfianza (en el mejor de los casos, en el peor será un miedo atroz) argumentando que es la ÚNICA manera de hacerlo correctamente.

Pues bien. No solo es mentira, sino que recibir un mordisco es una de las consecuencias más habituales.

Puesto que (sin darte cuenta) atacas a tu perro, él, tras intentar calmarte como buenamente puede para que detengas tu conducta, finalmente no tiene más remedio que morderte.

Y si aun así persistes, o aumentas tu grado de agresión, las señales de comunicación para apaciguarte (o para avisarte de que das mucho miedo y que procederá a defenderse en 3, 2 1……) desaparecerán.

Y entonces tu perro será una bomba de relojería: sí, será el famoso perro “que muerde sin avisar”.

Sí que avisó.

Mucho.

Pero no se le escuchó, o peor, se le obligó a callar.

Así que una primera medida, altamente eficaz para que tu perro no vuelva a morderte, es dejar de aplicar la teoría del líder de la manada, olvidarte del rollo del “macho alfa”, y dejar de interferir con su vida.

No le metas la mano en el plato porque sí.

No le eches del sofá  o de la cama de cualquier modo “porque si no manda él”.

No le obligues a caminar en “junto” por la calle “porque si no «es él el que me saca de paseo a mí”.

No le muevas por la fuerza hacia donde tú decidas.

No le saques de la boca cualquier objeto que tenga solo para que se deje quitar cosas porque así es como debe ser.

No le abronques cuando monta a otros perros o a persona “porque está tratando de dominarlas” (lo cual es una gran falsedad y denota nulo conocimiento sobre fisiología canina).

En resumen.

Deja de hacer todas esas acciones absurdas que te han vendido que debes hacer porque es así como se maneja a un perro y porque así te respetará y te hará caso.

No solo es mentira sino que destruye la confianza de tu perro en ti y propicia las conductas de agresión defensiva.

Si alguna conducta te resulta preocupante, valora la causa y busca otro modo de abordarla.

Y para todo lo demás (eso que “hay que hacer” pero que en realidad no sabes muy bien porqué o no te importa mucho), simplemente deja vivir a tu perro.

RESPETA SU ESPACIO PERSONAL

 

Los humanos tendemos a invadir el espacio de los perros sin preguntar y sin ningún miramiento.

Lo que no haríamos con otras personas consideramos que los perros deben permitirlo, y a veces nos autoengañamos diciendo que a los perro les encantan nuestras intromisiones.

Tomarle en brazos cuando te parece, acercar tu cara a la suya (incluso sujetándole la cabeza para que no la aparte) para darle besos, acariciar cualquier parte de su cuerpo cuando te apetece y del modo en que se te ocurre son graves intromisiones del espacio personal.

Hay perros que realmente adoran el contacto físico, y les parecerá estupendo a cualquier hora.

Otros muchos han aprendido a tolerarlo, aunque no les gusta en absoluto. Hay perros con una paciencia indescriptible.

Pero otros simplemente no van a aceptarlo, y responderán amenazando o mordiendo.

O consideran esa intromisión como una verdadera amenaza (por ejemplo que le sujetes la cabeza para luego tú aproximar la tuya mientras le miras fijamente a  los ojos). Y por lo tanto te llevarás un mordisco.

Sé respetuosa con el espacio de tu perro (y con el de todos los perros).

Si realmente te gustan los perros, ser respetuosa con su espacio será la mejor demostración. Es preferible preguntarle al perro qué le parece el acercamiento y el contacto, idealmente pidiéndole que se aproxime para recibir caricias o besos.

Si no se acerca, lo está dejando bastante claro.

Y si se acerca para marcharse a los dos segundos, también.

Respétalo.

Piensa en cómo te sentirías si cada persona que hay cerca de ti decidiera colocarse a 10 cm de tu cuerpo y te acariciara o abrazara sin venir a cuento y sin que tú lo hayas pedido.  En cualquier momento y durante el tiempo que la otra persona estimara oportuno.

Tal vez digas algo o grites, tal vez intentes alejarte, pero desde luego lo que no pasará es que te sientas a gusto.

A tu perro le ocurre lo mismo.

DÉJALE DORMIR TRANQUILO

 

Uno de los momentos donde más vulnerables somos es mientras dormimos.

Por eso nos gusta estar en un dormitorio acogedor, en un espacio cómodo y tranquilo, sin ruidos repentinos ni gente desfilando por la zona a cada rato.

Y por eso nos sobresaltamos mucho, y a menudo nos enfadamos (yo me enfado mucho) si mientras estamos en una fase de sueño profundo, alguien nos despierta porque sí.

Para tu perro no es diferente.

Cuando descansa y más aun cuando duerme, es obligatorio para todos los miembros de la familia respetar su espacio y su descanso.

De lo contrario, si alguien decide que está adorable en esa postura y se acerca para achucharle o darle unas caricias, es posible que se lleve un mordisco.

Si las amenazas o agresiones suceden porque tu perro está bajo tus pies en un escritorio o compartiendo la cama, y al moverte sin querer le asustas y te ataca, es hora de proponerle de modo amable que disponga de su propio espacio.

Puede ser junto a ti, sin problemas (de hecho seguro que lo prefiere), pero enseñarle a ocupar una cama propia dejando libres tus pies o todo tu cuerpo para que te puedas mover con libertad es la mejor opción.

Si respetas su espacio, también puedes pedir que el tuyo sea respetado.

Si tu perro no es capaz de utilizar una cama cómoda y mullida colocada junto a ti porque necesita estar literalmente pegado a ti, seguramente tiene un problema grave de miedos e inseguridad.

Y deberás trabajar esto primero con el fin de lograr que gane en autoconfianza y se atreva a dormir “solo” (a un metro de ti).

LO QUE ESTÁ EN MI BOCA ES MÍO

 

Es una norma de urbanidad canina, y los humanos no solo la ignoran a menudo, sino que suelen provocar la situación para demostrar que pueden quitarle lo que quieran a su perro.

Pero es habitual que un perro muerda por esta razón.

Si se le quita un juguete, la comida, algo que encontró en el suelo o la zapatilla que acaba de robarte (o más bien que dejaste por ahí tirada, luego ya no es tuya) el modo de hacer esto (mediante amenazas y gritos) suele desencadenar la percepción de amenaza.

Y si la comunicación que exhibe tu perro a continuación no te hace disminuir el nivel de amenaza (y no, no soltará lo que lleva en la boca mientras tanto), entonces tendrá que defenderse.

Ojo. No está defendiendo la zapatilla ni el juguete. Se defiende a sí mismo.

Y es que a menudo, además de percibir la situación como amenazadora, los perros suelen tener experiencias previas que les permiten afianzarse en esta impresión: las personas suelen abalanzarse sobre los cachorros (y adultos) en cuanto éstos se meten cualquier cosa en la boca.

Y de mala manera, gritando y amonestando al cachorro, e incluso dándole un manotazo en el hocico, se la quitan mientras afirman “¡esto no! ¡esto no se toca!”.

La impresión es tan fuerte que el perro no asocia que no debe tomar según qué objetos (es algo demasiado aleatorio para que pueda entenderlo), sino que asocia el llevar algo en la boca, lo que sea, con un ataque por tu parte.

Y puesto que a menudo esto ocurre entre 4 paredes, la huida no suele ser una opción.

De hecho, muchos huyen pero les persiguen hasta arrinconarles.

Así que no queda más remedio que defenderse.

Mordiendo.

Por lo tanto, las opciones aquí son sencillas. Siempre que sea posible, deja a tu perro tranquilo.

Si crees que no es posible por alguna razón, debes dedicar un tiempo a establecer un historial de experiencias positivas relacionadas con “llevar algo en la boca (y dármelo)”.

Si tu perro en lugar de encontrarse acorralado y en una situación altamente conflictiva cuando se mete algo en la boca, tiene hecha una asociación previa de situación de juego y de obtención de beneficios cuando lleva algo en la boca (y lo cede VOLUNTARIAMENTE) las probabilidades de que muerda caen en picado.

Pero esto debe trabajarse con antelación para anticiparse a este posible problema.

No importa que tu perro no haya mordido nunca.

El gruñir o morder por intentar quitarle algo de la boca a un perro es tan corriente que merece la pena dedicarle unos minutos al día a establecer antecedentes positivos para esta situación.

Estas son solo algunas de las situaciones cotidianas en las que tu perro puede sentirse amenazado y morderte.

Hay más, claro, pero con esto ya tienes un punto de partida para empezar a reconducir al situación.

Y es que una conducta agresiva no es una cuestión personal.

Tu perro no trata de hacerte daño, ofenderte o herir tus sentimientos.

Las conductas de amenaza y agresión tienen una única finalidad: aumentar la distancia con la potencial amenaza.

Es decir si la huida no está al alcance de tu perro, es la amenaza la que tiene que alejarse.

Por lo tanto lo que trata de lograr tu perro es que le dejes solo o que dejes de exhibir lo que él percibe (con razón o sin ella) como una actitud amenazante hacia él.

Y prestar atención a la comunicación corporal permite ver las señales de incomodidad antes de que sean señales de amenaza.

Y las señales de amenaza que son respetadas sirven para evitar las agresiones.

Por lo que si en determinados contextos tu perro intenta alejarse de ti, se lame la nariz muy repetidamente, repliega las orejas y aparta la mirada, enseña los dientes o gruñe, no le regañes, le persigas o te rías de sus acciones: simplemente para y dale espacio.

Así demostrarás que le estás escuchando, y que realmente no quieres provocar un conflicto.

Y así él sentirá que le escuchas y  no necesitará defenderse de ti. 

 

¿Cuál es el mejor pienso para perros?

Seguro que ya sabes o sospechas que la alimentación tiene una gran influencia sobre la salud.

Lo que quizá no habías pensado es que también tiene una influencia muy importante sobre la conducta.

La sensación de hambre crónica, la carestía o exceso de ciertos nutrientes, o una dieta desequilibrada que produzca sobrepeso, por ejemplo, son circunstancias que afectan de modo directo al comportamiento.

Es fácil imaginar que si un perro tiene mucha hambre, pueda mostrarse nervioso, irritable, hiperactivo (dedicado a la búsqueda de alimento) o incluso mostrar conductas agresivas, sobre todo si por fin consigue comida o la tiene delante pero se le bloquea el acceso a la misma.

Pero seguro que no te habías planteado ciertas cuestiones de comportamiento que están directamente relacionadas con la calidad de la comida que consume tu perro.

Un inciso: si te has tomado tiempo para seleccionar el pienso de tu perro (sobre un criterio más estudiado que el alto precio, pensando que como es caro tiene que ser bueno) y sabes porqué es un alimento excelente, o bien te has estudiado unas buenas bases de nutrición canina y alimentas a tu amigo con dieta BARF/ACBA, entonces no te leas este artículo, no te contará nada que no sepas ya, 🙂

En caso contrario, si tienes dudas, compras el pienso de tu perro por precio (el más caro, el más barato), por el aspecto de la bolsa, porque es una “marca popular” (pero no sabes porqué),  o simplemente te gustaría tener criterios adecuados para saber elegir el mejor pienso para tu perro, sigue leyendo.

Alimentación y conducta

El alimento es una necesidad básica de todo ser vivo.

Es preciso consumir cada día alimento en cantidad y calidad suficiente para poder mantenerse saludable y equilibrado, tanto física como mental y emocionalmente.

Por lo tanto, la escasez de alimento o el alimento de calidad insuficiente van a determinar conductas  encaminadas a corregir esa situación.

Pero también aparecerán alteraciones de comportamiento derivadas de la desnutrición (alimento escaso) o la malnutrición (alimento de mala calidad).

El alimento inadecuado impide una producción correcta de hormonas y neutrotransmisores y limita la reparación de daños físicos del organismo debidos al desgaste del día a día, pero sobre todo produce estrés.

Y el estrés en sí mismo, si es crónico, genera una gran cantidad de alteraciones de conducta, como irritabilidad, depresión o hiperactividad, desorientación, falta de concentración, retraso en el aprendizaje,aumento o disminución del consumo de comida, aumento del consumo de agua…

Y también altera la salud: mayor incidencia de infecciones, retraso en la cicatrización de heridas, alteraciones cutáneas y digestivas….

Por lo tanto elegir para tu amigo una dieta de alta calidad no es solo una cuestión de “comer bien”.

Es fundamental para que goce de una buena salud y para mejorar, corregir o prevenir alteraciones de la conducta.

De hecho, una de las cuestiones que siempre se debería revisar en perros con problemas de comportamiento es la dieta.

Es uno de los muchos cambios que se pueden hacer para mejorar, y que en general no requiere de grandes inversiones ni de mucho tiempo para aplicarse.

¿Qué pienso es el mejor?

Cuando alguien me hace esa pregunta, le suelo responder que eso lo decide su perro.

Hay piensos de alta calidad que a ciertos perros les sientan mal, por la razón que sea.

Por ejemplo, un pienso de gran calidad a base de carne de pollo administrado a un perro con alergia al pollo seguramente será un “mal pienso”.

Por lo tanto, tu perro tiene la última palabra en este tema.

Hay que valorar cuestiones como la calidad del pelo (tras al menos 4 semanas de consumo continuado), la calidad y cantidad de heces (hay piensos muy caros que producen un elevado volumen de heces: eso sugiere que algo no está funcionando correctamente), la palatabilidad (si no se lo quieren comer, dará igual lo estupendo que sea el alimento), la facilidad para mantener un peso adecuado y la cantidad diaria que debe consumir el animal para satisfacer sus necesidades, entre otras cuestiones.

Pero sí puedo facilitarte ciertas premisas que debes valorar para que puedas seleccionar un reducido número de marcas (y variantes dentro de esas marcas).

Con esos criterios podrás saber cuáles son los piensos objetivamente de mayor calidad, y después valorar cuál de esas marcas le sienta mejor a tu amigo, o tiene mejor precio, o simplemente puedes contar con ellas para cambiar de marca cuando desees, sabiendo que mantienes una alta calidad en la nutrición de tu perro.

¿De qué están hechos?

Lo primero que debes hacer es darle la vuelta al saco para no ver el frontal.

Así evitarás dejarte llevar por bonitos y coloridos diseños, que son definidos por una buena estrategia de marketing, pero no son indicadores de calidad.

Comprar un saco de pienso porque sale la foto de un yorkshire terrier y tú tienes uno es picar de lleno.

Mejor profundiza un poco más en el contenido.

Al fin y al cabo el saco lo vas a tirar, 🙂

En la parte trasera tendrás un listado de ingredientes. Es en lo primero que te tienes que fijar.

Los ingredientes están colocados por orden de cantidad, de más a menos, como marca la legislación (ocurre lo mismo en los alimentos para personas, ya puedes echar un vistazo a lo que comes y asombrarte).

Como estamos valorando el alimentar a un carnívoro mixto (es decir, que come sobre todo carne y vísceras, aunque también se alimenta de otras cosas, como vegetales y fruta), los primeros ingredientes deberían ser carne, pescado o huevos.

O sea, sobre todo proteínas de origen animal.

Luego pueden aparecer vísceras (como hígado), o ingredientes que aporten grasa (como aceites o manteca/grasas).

Tras la carne como aporte de proteínas, las cuales se emplean sobre todo para la construcción y regeneración de tejidos y órganos,  hay que aportar nutrientes que permitan obtener energía, para moverse y para mantener en marcha todos los procesos fisiológicos normales.

Las dos principales fuentes de energía que podemos encontrar en la comida son los hidratos de carbono (azúcares más o menos complejos) y las grasas o lípidos.

Los hidratos de carbono se van a encontrar sobre todo en los cereales (maíz, arroz, trigo, soja, avena, cebada….), patatas y otros tubérculos, legumbres, etc.

Y las grasas, pues en la manteca animal, en aceites animales (como el de salmón) y aceites vegetales (de diferentes semillas), principalmente.

Y si lo piensas bien, para  un perro que se buscase la vida a la hora de comer, salvo que consuma solo restos de comida humana, su principal  fuente de energía sería la grasa animal.

El resto de las opciones están menos accesibles.

Así que los primeros ingredientes de un buen pienso deberían ser carnes y pescados, seguidos de grasa de origen animal.

Con eso ya has eliminado de tu búsqueda a muchas marcas.

En concreto, todas aquellas que usen la palabra “cereales” en su lista de ingredientes.

También descarta las que pongan “subproductos”, sean de donde sean.

Los subproductos son eso, restos.

Si son subproductos animales, restos de animal (las plumas, los cartílagos, las pezuñas, las pieles, los tendones….).

Y si son subproductos vegetales, igual, todo lo que no se coma (como peladuras, pepitas, cascarillas, etc).

La calidad de un pienso que lista “cereales, subproductos animales y vegetales……” es ínfima.

Puede haber excepciones y que un pienso caro tenga esos ingredientes, pero aquí van incluidos todos los piensos baratos.

Una de las características de estos piensos es que tu perro debe comer una gran cantidad de alimento al día para cubrir sus necesidades elementales.

Y aun así no lo logra, ya que las proteínas de calidad disponibles son insuficientes, y la grasa suele ser escasa. Solo van sobrados de hidratos de carbono.

Y los perros no están bien preparados fisiológicamente para usar los hidratos de carbono.

Eso exige un esfuerzo extra al páncreas, que los digiere por un lado, y por otro regula la cantidad de azúcar en sangre. Los hidratos de carbono vienen a ser cadenas de azúcares más o menos complejas.

Y como el organismo del perro no sabe muy bien qué hacer con ellos, tiende a guardarlos.

Es decir, los piensos ricos en hidratos de carbono producen fácilmente sobrepeso y favorecen la aparición de pancreatitis y diabetes a medio plazo.

Así que entre las cantidades enormes de consumo diario y el riesgo para la salud de tu perro, en realidad no son nada baratos.

Descártalos siempre de la dieta de tu amigo. Por mucho que le gusten o por muy popular que sea la marca.

Siguiendo los criterios anteriores, lo ideal es eliminar también de la lista todos aquellos piensos que contengan cereales.

Y en cereales se incluyen: maíz, arroz, cebada, centeno, avena, soja y trigo. Si afinamos mucho, también la quinoa, que algunos piensos la incorporan (y te lo cobran bien caro).

Dentro del grupo “cereales”, los hay más y menos adecuados para alimentar a un perro, pero en general, y dado que existen muchas marcas que ofrecen alimento para perros libre de cereales (grain free), si puedes evitar las que sí los llevan, mejor.

Eso sí, este paso ya encarece bastante el pienso.

Los cereales no se añaden porque sean adecuados para la nutrición del perro, se añaden porque son baratos.

Si el presupuesto es realmente un problema para ti, entonces céntrate en dejar de lado los piensos “cereales, subproductos….”, y elige aquellos que tienen carne como primer ingrediente, y un único cereal (mejor arroz o avena que maíz) como segundo, o idealmente, tercer ingrediente.

En ese caso, el precio aparentemente se dobla. Pueden pasar de costar 20 euros un saco grande, a costar casi 40 euros.

Y crees que no te lo puedes permitir.

Pero echa un vistazo a la tabla de cantidades diarias recomendadas

En el pienso más barato, la cantidad diaria a administrar es X (depende del peso de tu perro, y de la edad, si es un cachorro).

En el que es algo más caro, la cantidad rondará X/2. Es decir, aproximadamente la mitad.

Tendrás que darle a tu perro la mitad de comida para conseguir un efecto saciante similar.

¿Y en qué se traduce esto?

Menos carga para el estómago a la hora de hacer la digestión. Más facilidad para asimilar los nutrientes. Menor volumen y número de heces.

Y posiblemente ya puedas notar los efectos de una dieta de mejor calidad solo con este cambio, ya que tanto la cantidad como la calidad de las proteínas ha subido notablemente.

Y eso se dejará ver también en la conducta de tu perro.

Los comportamientos que pudiesen estar ligados a una malnutrición se corregirán o disminuirán de modo notable.

Pero si puedes permitirte más, o incluso estás comprando un pienso caro y resulta que acabas de descubrir que tiene maíz como primer o segundo ingrediente, puedes afinar más.

Elimina aquellos que lleven cualquier cereal.

Luego comprueba que no hayan cambiado el cereal por almidón (que es básicamente una fuente de hidratos de carbono genérica), porque entonces no habrás hecho mucho.

El almidón suele venir listado como tal en los ingredientes, no te costará detectarlo. Aunque puede incorporarse como segundo o tercer ingrediente en forma de patata, batata o boniato.

Aunque se puede notar también la presencia de hidratos de carbono en otra parte del análisis nutricional del pienso: las proporciones.

En algún sitio cerca de los ingredientes vendrá una lista de porcentajes, donde aparecen proteínas, grasas, humedad, cenizas, calcio y fósforo, fibra y algunas cosas más.

No verás listado el % de hidratos de carbono. Curioso, eh?

Pero como la suma total de esos porcentajes debe ser 100, solo hay que sumar. Y lo que falte hasta llegar a cien, son hidratos de carbono.

(Si falta la humedad, en algunos piensos no la citan, que sepas que esta suele rondar el 8-10 %. Difícilmente puede haber menos, y si hay más, el pienso se enmohece fácilmente. Tenla en cuenta en la suma).

Así que si el pienso no tiene cereales, pero el % de hidratos de carbono anda por el 35-40 %, seguramente lleva mucho almidón.

Esto implica otra cosa: si los hidratos de carbono bajan, algo tiene que subir, normalmente la proteína y la grasa.

Ahí ya tienes una señal de si hay o no hidratos de carbono en exceso y no los has detectado en los ingredientes.

De ahí la creencia popular de que si el % de proteína y grasa es alto (superior al 30% y al 20 % respectivamente), el pienso es excelente.

Lo cual sería correcto si la fuente de proteínas y de grasas es de alta calidad.

Porque si el pienso lleva como primer ingrediente plumas (proteína pura pero de difícil digestión) y como segundo un aceite vegetal (grasa pura, pero distinta de la de origen animal), la calidad es mediocre.

O si estamos incluyendo en la cuenta las proteínas de origen vegetal que lleva el cereal, que están menos disponibles tras la digestión que las de origen animal y por lo tanto falsean la cuenta de proteínas realmente asimilable/utilizable.

Por eso lo primero es mirar la lista de ingredientes.

Y lo siguiente, si el % de proteína y grasa se corresponde con esos ingredientes.

O te están colando carbohidratos y no tienes claro por dónde.

O si tratan de venderte un pienso como de gran calidad porque tiene un 30 % de proteína y un 25% de grasa, y resulta que está hecho a base de maíz y aceites o incluso de subproductos (los subproductos pueden tener un elevado % de proteína, pero no pueden digerirse. Es como si no comieras nada).

Finalmente, en los piensos de mejor calidad se añaden alimentos como verduras, frutas y hierbas de distintos tipos (ya mencioné arriba que el perro es un carnívoro mixto), y algunos aditivos “invisibles” destinados a mejorar o prevenir problemas de salud, como condroprotectores (condroitin sulfato, ácido hialurónico, etc).

Eso suma precio pero compensa a largo plazo.

Una última mención sobre los aditivos artificiales.

Hay piensos que los incluyen para conservar el nivel de vitaminas, o para dar colores atractivos a las bolas, o quizá para mejorar el olor o textura.

Evítalos.

No aportan nada nutricionalmente y es muy posible que sean dañinos a medio plazo. Suelen aparecer al final de la lista de ingredientes: BHA, BHT, galato de propilo, etoxiquina, propilenglicol, o simplemente términos sin concretar como “aromatizante”, “saborizante”, etc.

Con estos criterios ya puedes descartar muchas marcas que solo te darán problemas.

Y puedes elegir un alimento de una calidad bastante decente si tu presupuesto es limitado, o saber diferenciar entre los piensos de elevado coste cuáles ofrecen mayor calidad, dejando de lado los que se escudan en su popularidad (pero te venden alimento para gallinas) o los que a igualdad de coste destacan por una mayor calidad nutricional.

Y lograrás asegurar de un modo fácil y rápido que una de las necesidades básicas de tu perro está bien cubierta, tanto en cantidad como en cantidad.

Un resumen

Los ingredientes están listados por orden de cantidad.

Descarta siempre los “cereales, subproductos” = calidad ínfima.

Primeros ingredientes carnes o pescados. Idealmente seguidos de grasas animales.

Si lleva cereal, que sea en segundo o tercer lugar como mucho, nunca en primero.

Y mejor arroz o avena que maíz (por ejemplo).

Mucho mejor si es “grain free” (libre de cereales).

Ojo si cambian cereal por almidón o patata o batata o boniato.

Comprueba los % de nutrientes: proteina igual o mayor de 30 %, grasa igual o mayor de 20 %.

Valor añadido si incluye suplementos nutricionales como protectores de articulaciones. 

 

¿Quieres ampliar esta información? Pues visita esta página, que lleva muchos años tratando este tema. Está en inglés, y muchas de las marcas que analiza no existen en España, pero leerla es altamente clarificador:

http://www.dogfoodanalysis.com/

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

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Adoptar un segundo perro

 

«¿Y si adopto un amigo para mi perro?»

 Cuando te gustan los  perros, ésta es una cuestión que fácilmente puede rondarte por la cabeza.

 En este artículo quiero plantear algunas cuestiones que debes tener presentes antes de tomar esta importante decisión, y te facilito algunas medidas para que la misión “ampliar la familia” sea todo un éxito.

 Lo primero, aunque pueda sonar mal, es hablar de dinero.

 ¿Has pensado en los gastos?

 En primer lugar debes contar con que los gastos mensuales se pueden doblar.

 El segundo necesitará sus accesorios, su propia cama, su comida, y en algunos casos quizá algo de ajuar que el primero no usa.

 Yo por ejemplo, aun siendo contraria a ponerle ropa a los perros, tengo impermeables para mis galgos, que mis huskies nunca usarían.

 Los gastos veterinarios también se multiplican.

 Hay cosas, como los medicamentos, que son más caros o más baratos según el tamaño del perro.

 Pero las vacunas, consultas, radiografías, análisis y ecografías suelen tener el mismo coste para un yorkshire que para un mastín.

 Finalmente debes pensar que los accidentes ocurren, y la probabilidad de que ocurran va directamente relacionada con el número de perros: si tienes dos, tienes el doble de opciones de que pase algo que requiera un gasto imprevisto.

 Igualmente el segundo perro puede manifestar, al poco tiempo de adoptarlo, alguna enfermedad crónica que requiera de tratamientos y controles de por vida.

 Por ejemplo, una simple atopia (alergia cutánea) puede incrementar notablemente los gastos anuales de manutención.

 ¿Y en el espacio?

 Luego, si bien los perros son muy adaptables, hay que pensar en el espacio disponible.

 Meter dos perros grandes en un apartamento pequeño no es tanto un problema porque el sitio sea pequeño (si les das ocupaciones y les sacas de paseo a sitios donde puedan correr y disfrutar de cierta libertad, se arreglarán bien), sino porque no podrán evitarse el uno al otro cuando quieran un poco de espacio, y tú directamente tropezarás con alguno constantemente.

 Todos tenemos espacio vital, y si nos lo invaden constantemente porque no hay más remedio, la convivencia puede ser muy incómoda.

 Tampoco es muy buena idea pensar que puedes adoptar un segundo perro porque te sobra el espacio, y que en tu enorme jardín estarán muy bien.

 Relegar a los perros al exterior es acomodarse. Nunca es lo mejor para ellos. De hecho, casi todos los perros prefieren estar donde tú estés (que será dentro muy a menudo).

 No se trata de adoptar porque tienes mucho espacio. Se trata de adoptar porque deseas hacerlo, estás dispuesto a hacer algunos sacrificios y concesiones más, y dispones de tiempo (y sí, dinero) para ambos perros.

 ¿Y qué perro elijo?

 A continuación viene el peliagudo tema de elegir.

 Si optas por adoptar, hay miles de potenciales candidatos.

 Lamentablemente, al menos en España, tienes decenas de miles de opciones. Razas, colores, tamaños, edades….. es imposible no encontrar una docena de perros que te gusten.

 Seguramente piensas en mirar hasta que alguno te dé un feeling especial, y ya.  Dejarte llevar por el corazón. Pues tal vez no sea una buena idea.

 Tienes que considerar un asunto importante: aunque eres tú quien adopta al perro, es tu otro perro el que va a vivir 24 horas al día junto al nuevo.

 Y es él quien debe dar el visto  bueno.

 De este detalle depende que la relación funcione estupendamente desde el minuto uno, o que te metas en un lío monumental que luego te costará resolver y te causará un gran sufrimiento.

 Por lo tanto, mi recomendación es que dejes que sea tu amigo el que elija a su nuevo colega.

 Yo hace tiempo que lo hago así, y estoy muy contenta con los lazos que establecen entre ellos.

 Esto limita mucho la adopción de perros que estén a mucha distancia, eso sí.

 La idea es que selecciones unos parámetros que deberá cumplir el nuevo perro,  y así acotar entre los cientos de perros que podrás adoptar en tu zona de residencia, limitándote a unos pocos.

 Elige el tamaño, la edad aproximada, y tal vez la longitud de pelo o algún otro valor que consideres importante para ti.

 Y mira en las protectoras locales qué perros encajan en lo que buscas.

 En el tema de la edad procura ser flexible y tener en cuenta a tu perro. Si es algo mayor o tiene problemas de movilidad, un cachorro revoltoso nunca será una buena opción.

 Una vez limitada la selección a unos pocos perros, id los dos juntos a conocerlos.

 Si es factible, mejor a un entorno algo neutral y cómodo, como un campo o la playa (si queda cerca), en lugar de a la protectora, donde igual hay mucho estrés por la presencia masiva de otros perros y el ruido.

 Y que se conozcan. Solo tienes que observar cuál es el que le da mejor feeling A ÉL.

 Puede que en una primera visita no obtengas resultados.

 O quizá tu perro se lleva de maravilla con otros cinco. En el primer caso, no pasa nada, prueba en más sitios. Por desgracia si hay algo que tenemos de sobra es perros disponibles para adoptar.

 En el segundo caso, adelante, ahora sí puedes elegir tú, 🙂

 Preparando la llegada a casa

 Y ahora que ya has pasado el duro trago de seleccionar entre tantísimos candidatos, toca preparar la llegada a casa.

 Idealmente valora el tomarte unos días libres del trabajo.

 El cambio para el nuevo perro va a ser muy brusco, y durante unas semanas estará adaptándose. Si al menos puedes dedicarle unos días para estar a su lado, seguramente el proceso será más sencillo.

 Cuando le saques del albergue, id los 3 juntos a dar un paseo a un sitio muy tranquilo. No tiene porqué ser un gran paseo, solo se trata de que estire un poco las patas, pueda olfatear y explayarse en un sitio agradable e ir conociendo a su nuevo amigo.

 Importante: no le sueltes. Aunque sea tranquilo, la falta de referencias en esos momentos puede hacer que salga corriendo por cualquier razón y le perderás.

 Es buena idea colocarle una chapa del collar con tu teléfono, por si acaso hay un accidente y se te escapa.

 Después a casa. Antes de su llegada tendrías que haber planificado algunos detalles:

 Quita de su alcance todo aquello que no desees que mordisquee.

 Piensa en el nuevo perro como si fuese un cachorro revoltoso, aunque tenga 6 años.

 El estrés genera conductas destructivas: y es que mordisquear relaja. Cuenta con esa posibilidad las primeras semanas.

 Así que mejor no se lo pongas fácil. Pasadas unas semanas seguramente no haya problema, pero es mejor empezar con buen pie.

 Aleja de su boca peligros como cables.

 Y retira los juguetes de tu primer perro mientras el segundo explora la casa, a la espera de ver qué piensa tu perro de la idea (él no sabía que estaba eligiendo a su nuevo compañero de piso).

 Cuenta con que tal vez haga pis en casa los primeros días. Si es macho, es muy probable. El estrés sube la testosterona (aunque esté castrado) y eso implica un aumento de la conducta de marcado.

 También puede subir el consumo de agua, lo que llevaría a hacer pis con más frecuencia. Si no tiene acceso libre al exterior, puede que lo haga en casa.

 Además a veces las tripas se mueven más de lo debido por el estrés, por lo que puede haber heces blandas y un aumento en el número de evacuaciones. Lo que le llevará a manchar en casa durante unos días.

 También puede no estar educado o haber vivido durante meses o años en una jaula, sin horarios ni espacio para ser limpio.

 Todo esto se corregirá por sí solo en cuanto se vaya relajando y adaptando.

 No interfieras con esas conductas ni intentes corregirlas, mucho menos aun le regañes o te enfades (eso sube el estrés y alarga el tiempo de presentación del problema).

 Una vez estéis en casa déjale acceso libre a todas las estancias y que explore lo que desee y el tiempo que desee.

 Mantén la distancia y que se mueva a su aire.

 Si resulta que toma algo en su boca que se te ha pasado retirarle, intenta atraer su atención con unas golosinas para que lo suelte sin tener que quitárselo (atenta: lanza otras pocas golosinas a cierta distancia a tu primer perro, no vayas a originar un conflicto “golosinero” el primer día).

 Coloca su cama en un sitio tranquilo y fuera de zonas de paso, pero sé flexible, tal vez en los siguientes días él elija otro lugar más de su agrado.

 Preséntale las nuevas rutinas que ya deberían existir para tu primer perro: paseos, horas de comida, ratos de juego, horas de descanso…. Las rutinas generan seguridad. Los primeros días estará algo descolocado, ya que traerá los horarios de su albergue o casa de acogida. No te preocupes, se adaptará pronto.

 Y lo más importante: dale espacio.

 Que sea él quien tome las iniciativas de contacto y acercamiento.

 Cuando pasees, simplemente le acompañas y que huela y se mueva como quiera.

 Cuando esté en casa, no le invadas para acariciarle cada poco ni para decirle cositas, simplemente déjale observarlo todo a su gusto.

 Cuando juegue, amóldate a su gusto y ofrece alternativas, sin ser muy excitante; decántate mejor por los retos y los juegos de nariz, sobre todo.

 Eso le ayudará a relajarse antes, frente a los clásicos juegos de lanzar pelota o forcejear con un mordedor.

 Evita las visitas de todo el mundo.

 Aunque estés deseosa de que toda tu familia y amigos conozcan a tu nuevo perro, hay que ir poco a poco, dale unas semanas antes de presentarlo en sociedad.

 Para evitarte tentaciones por la impaciencia,  puedes enviarle vídeos a todo el que se interese, 🙂

 La fase de adaptación suele durar unas 3 semanas. Pasado ese plazo podemos considerar que tu nuevo amigo se mostrará tal como es. Si los posibles problemas que hayan podido presentarse persisten, tal vez necesites ayuda profesional.

 En resumen: tu misión principal con tu nuevo amigo es crear para él un entorno seguro y libre de miedos, tanto en tu casa como en tu modo de manejarle.

 Evita, en la medida de lo posible, ruidos repentinos, gritos, manipulaciones no deseadas, correcciones,  soledad, paseos excesivos o muy estimulantes, movimientos rápidos o bruscos y exigencias de «conducta adecuada». 

 Una última consideración. Si tu perro ya tiene problemas de comportamiento, lo más probable es que un segundo perro, a menos que sea muy zen, le aumente el estrés y le haga empeorar.

 Por otro lado esto es a menudo bidireccional, si tu perro tiene X problema, es muy posible que “contagie” al segundo, ya que éste se fijará en el primer perro para tomarle como referencia de conducta. 

 Así que tienes que ser muy cuidadosa a la hora de adoptar un segundo perro si el que ya vive contigo tiene “sus cosas”. Es mejor que dirijas tus esfuerzos a ayudar a tu primer perro, y cuando logres claros avances, te planteas de nuevo la opción de un segundo amigo, 😉

 ¿Qué piensas, te lo has planteado? ¿O ya adoptaste un segundo perro? En tal caso, ¿qué tal os ha ido?

 Cuéntamelo en los comentarios.

  

 

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Solución fácil/solución difícil

 

 

Imagina esta situación.

 

Has tocado fondo en tu vida y deseas cambiar.

 

Pesas más de cien kilos, trabajas frente a una pantalla haciendo algo que no te gusta diez horas al día, y tu vida social es más bien escasa.

 

Y te pasas el día pensando en comida.

 

Hace unos años tu situación era bien distinta.

 

Tu peso era el ideal, trabajabas en una empresa de jardinería, al aire libre y realizando una actividad que disfrutabas, y en general estabas satisfecho con tu vida.

 

Pero tuviste un tropiezo emocional. O una situación un tanto traumática que no has terminado de superar.

 

Te volcaste en la comida porque te hace sentirte mejor.

 

Claro que entonces ganaste peso. Cada vez más.

 

Y tu empresa te despidió porque eras incapaz de rendir adecuadamente.

 

Eso te deprimió, por lo que dejaste algo de lado tus amistades y te pasabas el tiempo en casa viendo la tele.

 

Conseguiste otro trabajo, aunque no te llena en absoluto.

 

Una mañana te levantas y decides que ya está bien. Es hora de cambiar. No piensas seguir con esta vida ni un minuto más.

 

Y piensas que el primer paso es perder peso.

 

La primera idea que se te ocurre es buscar ayuda vía Internet.

 

Internet tiene la respuesta para todo, ¿por qué no para tu problema?.

 

Peso ciento doce kilos, y me siento fatal y odio mi vida, pero he decidido cambiar, y me gustaría recibir algún consejo para poder perder peso y sentirme  mejor conmigo mismo, ¿qué me recomendáis?”.

 

La respuesta más popular es “come menos y haz más ejercicio”.

 

Vaya.

 

No  necesitabas consultar a nadie para recibir ese consejo, no?.

 

Es un tanto obvio.

 

Pero irónicamente sabes que no va a funcionar.

 

Bueno, sí, funcionaría si fueras capaz de llevarlo a cabo. Pero no podrás, y lo sabes.

 

Te faltan directrices en cuanto al tema de la alimentación y en el asunto de hacer ejercicio (a duras penas puedes ponerte los zapatos sin que te falte el aire).

 

Y te falta lo más importante: motivación.

 

Porque tu problema no es tan sencillo como lo has puesto, y por lo tanto la solución no puede ser tan simple como te han dicho.

 

Seguramente sea cierto, si comes menos y haces ejercicio, adelgazarás.

 

Pero eso ya lo intentaste, sin éxito.

 

Y es que en tu caso el exceso de peso es un síntoma de otro problema, de un conflicto emocional o como queramos llamarlo. Es una consecuencia.

 

Si no resuelves la causa del problema, no lograrás controlar la consecuencia.

 

Cuando hablamos de problemas de comportamiento en perros nos encontramos a menudo con un panorama similar.

 

Muchos cuidadores intentan contar en pocas líneas qué es lo que les preocupa y luego piden una solución.

 

Si obtienen respuesta, suele ser algo sencillo de aplicar que por lo general no funciona.

 

Y esto ocurre porque están planteando mal la situación.

 

Ese problema que explican suele ser solo el que más les afecta, pero su perro manifiesta muchas más conductas que han dejado en un segundo plano.

 

Y todas esas conductas suelen ser una consecuencia de algo, no la causa.

 

Intentar corregir una de ellas con una solución simplista a menudo conduce al fracaso y la frustración.

 

Por lo tanto, el primer consejo que se le puede dar a una persona cuyo perro manifiesta algún problema de conducta, es “distánciate de la situación, echa un vistazo global a la vida y conducta de tu perro, intenta ser menos emocional y piensa: ¿por qué tiene estas conductas?, ¿cuál puede ser la causa de que se comporte de este modo?”.

 

Así ya tienes un punto de partida diferente; en lugar de pedir consejo sobre cómo hacer que tu perro no presente determinada conducta, puedes buscar razones por las que tu perro presenta la mencionada conducta.

 

Habrá unas cuantas, pero seguramente alguna se ajuste mejor a tus circunstancias que el resto.

 

Si la persona que hemos imaginado al principio piensa en ello, es posible que identifique un detonante que le llevó a comer demasiado.

 

Si le sigue dando vueltas, tal vez descubra algunas “maniobras” de su cerebro, o rasgos de su personalidad que le llevan a boicotearse a sí mismo.

 

Y si profundiza aun más, seguramente encuentre más respuestas personalizadas relativas a su situación concreta.

 

Y con eso en mente, ya puede empezar a buscar soluciones.

 

Complicadas.

 

Pesadas de aplicar.

 

Que necesitarán mucho compromiso y serán eficaces a medio plazo.

 

Pero que se ajustan a SU problema, que no es solo comer mucho.

 

El resto  irá sucediendo solo conforme inicie los cambios.

 

Si valoras la vida de tu perro de un modo global, sin concentrarte solo en aquello que te molesta o te enfada, puedes encontrar más respuestas.

 

Y con esos datos, puedes acceder a distintas soluciones que tienen muchas más posibilidades de funcionar que un consejo de una línea en un foro de Internet.

 

Porque esa es la otra cuestión.

 

No tiene mucho sentido delegar en un tercero el solucionar el problema con tu perro.

 

Es una gran idea (y a veces es imprescindible) solicitar ayuda de un profesional para que te guíe y te oriente.

 

Para que te ayude a encontrar las respuestas y te indique qué soluciones se pueden probar.

 

Pero no puedes dejarle a tu perro a un tercero y que resuelva la situación.

 

No puedes pedirle a otro que adelgace por ti.

 

Tu perro convive contigo, y las soluciones que puedan ayudar a resolver problemas te implican a ti directamente.

 

Exigen tu esfuerzo y tu dedicación.

 

Tu paciencia y comprensión.

 

Exigen tu compromiso.

 

¿Estás dispuesto a implicarte o prefieres las soluciones simplistas para luego tirar la toalla?. 

 

 

 

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Jugar produce estrés

El juego es muy importante en la vida de tu perro.

A través del juego aprende a mejorar su autocontrol, a reconocer su propia fuerza, a relacionarse con otros seres vivos y con su entorno y a gestionar la frustración.

El juego también le permite mejorar su creatividad y capacidad de resolución de problemas, aumentar su autoestima, aprender normas sociales y estrechar lazos con aquellos con quienes juega.

Aparentemente, todo son ventajas, verdad?

No siempre. Vamos a verlo más a fondo.

Muchos mamíferos juegan cuando son crías, a menudo muchos siguen jugando cuando crecen, pero pocos están dispuestos a jugar durante prácticamente cualquier periodo de su vida.

El perro es uno de esos pocos. Y el ser humano, otro. Eso suena bien.

Y si te fijas en cómo tu perro se ha hecho amigo de sus mejores amigos (caninos), te darás cuenta de que ha sido gracias a compartir paseos, hacerse compañía y jugando  juntos.

El juego crea fuertes lazos entre individuos, y los mantiene unidos a lo largo del tiempo.

¿Habías pensado alguna vez en lo importante que es el juego en la vida de tu perro? 

Pues es hora de ponerse a ello. 

Hay vida más allá de la pelota

 

Por alguna extraña razón, a la mayoría de los humanos, cuando se les pide que jueguen con un perro, parece que solo conocen dos juegos: lanzar un objeto (preferiblemente redondo y que bote) para que el perro lo traiga y vuelta a empezar, y repetir hasta el infinito (o hasta que tengas una lesión en el hombro de lanzar). 

O forcejear y fingir una pelea por algún objeto. 

Y eso es todo. 

¿Qué tal una vídeo consola que solo tuviese dos juegos? 

Al principio tiene su gracia, pero pronto resultaría extraordinariamente aburrido. 

¿Y si tu mejor amigo se empeña en invitarte a jugar a esos dos juegos una y otra vez? 

Eso suena más aburrido aun. 

Así que hay que usar un poco la imaginación para proponerle a tu perro juegos diferentes, con distintos niveles de dificultad, e idealmente que le sorprendan (gratamente). 

En su defecto, si no se te ocurre nada, puedes mirar en Google. 

Hay muchas ideas de gente muy creativa. 

Copialas, las comparten para eso. 

Tipos de juegos

 

Cuando propones un juego a tu perro tienes que pensar de modo global. 

No se trata de ponerse a jugar “para que se canse”. 

Sobre todo porque eso no lo lograrás nunca: se habituará a tu nivel de exigencia, y tendrás que subir el listón una y otra vez. 

Y tu perro es perro 24 horas al día, no tiene nada mejor que hacer, pero tú además de su compañero eres otras muchas cosas, y estarás cansado mucho antes que él. 

Así que ese planteamiento no tiene mucho sentido. 

Si te paras a pensar en los juegos de un modo más completo, podrás valorar si el juego que le propones a tu perro es activador o le relajará. 

Si le permite mejorar en alguna faceta de su vida o le vuelve obsesivo. 

Si le dará mayor autoestima o le producirá frustración y sensación de fracaso. 

Si mejorará sus habilidades sociales o le hará más competitivo. 

Y en última instancia, si hará que se sienta más a gusto a tu lado, o preferirá buscarse la vida por su cuenta e ignorarte por completo. 

Y no te compliques, para un perro no es necesario que la actividad tenga un manual de instrucciones de varios folios. 

Situaciones muy sencillas y a veces muy breves pueden considerarse un juego. 

Así, tienes juegos calmantes y juegos excitatorios. 

Si propones a tu perro mucho de lo segundo, o le das acceso frecuente a juegos del segundo tipo, tendrás un perro “nervioso” e “hiperactivo”, que “nunca se cansa” y “siempre pide más”. 

Seguro que no es eso lo que deseas. 

Eso no significa que nunca juegues a juegos excitatorios, pero debes ser consciente de que lo son, de cómo los gestiona tu perro, y de si puede parar fácilmente o se ha convertido en un obseso. 

También es importante darse cuenta de en qué momentos planteas juegos excitatorios, ya que si lo haces casi al finalizar el paseo cuando tu perro va a pasar 8 horas solo (pensando que así lo dejas cansado), obtendrás un efecto indeseable: tu amigo no va a descansar bien, puede que no descanse en absoluto, y eso se va a notar después, en forma de ladridos, mordisqueo del mobiliario y objetos varios y otras posibles manifestaciones de estrés. 

Y se entra entonces en un círculo vicioso: a la hora de descansar, no descansa, sigue activo y desarrollando conductas poco deseables. 

Y cunado vuelves a su lado, le propones de nuevo actividades que lo excitan, cuando ya ni siquiera está relajado porque no ha podido dormir adecuadamente. 

El cerebro entra entonces en un bucle que dará lugar a problemas de destructividad, irritabilidad, vocalizaciones, ensuciamiento e incluso agresiones a otros perros o personas. 

Y todo por pasarse con la pelota. 

Curioso, verdad? 

Y es que jugar genera estrés. 

El estrés es una respuesta de un organismo a una demanda o exigencia de origen externo o interno. 

En sí mismo no tiene nada de malo. 

Planear un crucero por las islas griegas es estresante, pero mola. 

El problema vendría si el estrés se mantiene en el tiempo (imagina que cada vez que se acerca la fecha del crucero, te la posponen una y otra vez). 

O si no se descansa lo suficiente entre exigencia y exigencia. Vamos, que no duermes pensando en todo lo que tienes que planificar para ese crucero. 

El juego en consecuencia es también una fuente de  estrés. 

Hay que adaptarse  a unas normas, a unos compañeros de juegos, a una exigencia. 

En principio eso no debería ser un problema, a menos que no se pueda descansar suficiente entre juego y juego, que el tiempo de juego sea demasiado prolongado, o que el nivel del juego sea demasiado elevado para las aptitudes de tu perro. 

Ahora vete hilando. 

¿Crees que tirarle la pelota a tu perro 57 veces en media hora no es un problema, que a él le encanta? 

Es posible que no esté descansando adecuadamente entre paseo y paseo. 

O que 57 veces sean demasiadas. 

Además, como juego hace tiempo que no le aporta nada, puesto que es algo que ya conoce y ha hecho demasiado a menudo. 

Algo así como la primera pantalla de uno de tus dos únicos juegos de vídeo consola. 

Un rollo. 

En cuanto a que parece encantarle, en realidad es un problema también, ya que estás malinterpretando sus reacciones. 

Lo más probable es que su respuesta no sea de disfrute, sino de obsesión. 

Y es que las conductas obsesivas funcionan de este modo: 

El cerebro tiene un mecanismo destinado a iniciar conductas de búsqueda que se activa constantemente en el día a día. 

¿Necesitas las llaves de casa? Las buscas. 

¿Has perdido un calcetín? Lo buscas. 

¿Por dónde andará el mando de la tele? Lo buscas. 

Y así día a día con un montón de pequeñas acciones que exigen buscar algo. 

Y cuando encuentras ese algo, el cerebro activa el mecanismo de recompensa: te sientes bien porque encontraste lo que buscabas. 

Ese mecanismo bloquea el de búsqueda. 

Si ya encontraste, no tiene sentido seguir buscando. 

Si no se bloquease ese mecanismo, seguirías buscando las llaves cuando ya las tienes en la mano. 

¿Y no es eso justo lo que hace tu perro cuando busca una pelota que ya tiene en la boca? 

En esos momentos el mecanismo de recompensa se ha bloqueado y no se activa. 

Por lo tanto, el mecanismo de búsqueda sigue exigiendo que busque la pelota. 

Pero la pelota ya está en su boca. 

Algo no encaja. 

Así que alguien se tiene que ocupar de que la pelota desaparezca de nuevo, para poder satisfacer esa exigencia interior que grita “¡busca pelota!”. 

Y tú vas y se la lanzas. 

Así que en realidad no está disfrutando, está alimentando una obsesión. 

Y cuando pide que le tires la pelota, simplemente intenta hacer callar su mecanismo de búsqueda, que genera una gran frustración si no se satisface su demanda. 

Esto ya no es un juego. 

Los juegos de forcejeo (con un palo o un mordedor) van en una línea similar. 

En sí mismos tienen su lado positivo, se aprende a jugar con otro, a adquirir un buen control (hay que evitar morder a tu oponente o el juego se termina), y un poco de pelea fingida de vez en cuando no hace daño a nadie y es divertido. 

El problema es cuando el nivel de exigencia es elevado, o el perro siempre pierde, o la persona se enfada si el juego no va como ella quiere, entre otras cuestiones. 

Convertir este juego en una obsesión es también realmente fácil. 

Así que cuando juegues con tu perro, lanzar una pelota o “pelear” por un objeto no tienen nada de malo siempre que se realice con moderación, que seas consciente de que son juegos que excitan y que esa excitación no terminará cuando finalices el juego. 

También hay que valorar el efecto que esos juegos tienen sobre la relación de tu perro con otros perros: si un amigo se apunta y tu perro se enfada con él, es que algo va mal. 

O si tu perro ignora su entorno, a otros perros, lo ignora todo con tal de ir a por la pelota o tirar del mordedor, el problema es serio. 

Juegos que calman

 

Por otro lado tenemos una serie de juegos más o menos sencillos que son de gran ayuda, que gustan a tu perro y que permiten una gran mejora en vuestra relación y en su autoestima y su conducta en general. 

Vamos, que aportan bastante más a su vida (y a la tuya) que la clásica pelota o mordedor. 

Les damos un repaso rápido. 

Juegos de nariz

 

O juegos de olfato. 

Muy populares. 

Si no has oído hablar de ellos, ya estás tardando en indagar a fondo sobre cómo funcionan. 

De un modo sencillo se trata de proponerle a tu perro que busque, en principio comida. Pero puede hacerse con juguetes, como por ejemplo la pelota, pero sin lanzarla. 

Se colocan trocitos de comida en superficies horizontales y se le deja tiempo y espacio para que los encuentre. 

Sin pistas ni ayudas, puede solo si no se lo pones difícil al principio. 

Conforme mejora, se puede (se debe) subir el nivel. 

Usa más superficie de terreno. 

Usa superficies verticales (como ramas de arbustos, mobiliario urbano, etc.). 

Usa terrenos más difíciles (como hierba alta, mucha hojarasca amontonada, grava). 

Si vas incorporando estos juegos de modo gradual, tu perro puede encontrarlo TODO. 

Y eso es genial y divertido y sorprendente. 

Es un juego muy barato, fácil de improvisar en casi cualquier lado (dentro y fuera de casa), que estimula el cerebro de tu perro pero calma su estado de ánimo, sube su autoestima y mejora su conducta en general. 

Y sobre todo, le permite llegar a casa y descansar adecuadamente tras el paseo. 

Todos los perros deberían jugar a esto al menos 10 minutos al día, todos los días. 

Los perros con miedo o estrés elevado se benefician especialmente de este tipo de juegos. 

No hacen milagros, pero puedes notar una reducción de las conductas asociadas a estas emociones en una semana de practicar los juegos de olfato. 

Y es que cuanto más olfatea un perro, más desconecta su parte emocional y más activa su parte racional. 

Y eso facilita controlar las emociones, que son a menudo un detonante habitual de las conductas inadecuadas de muchos perros. 

Puzzles

 

Por llamarlos de algún modo. 

Son juegos en los que propones a tu perro resolver un pequeño problema para lograr una recompensa. 

También son relajantes, y hacen que tu perro tenga que pensar para alcanzar una solución. 

Y si el nivel que le planteas está a su altura (que no sea tirado pero tampoco muy difícil), dan subidón de autoestima. 

Perfecto para perros miedosos e inseguros. 

Aunque en realidad es perfecto para cualquiera, a todos nos viene bien una buena dosis de alta autoestima de vez en cuando. 

Aquí puedes optar por juegos ya hechos, hay muchos modelos en el mercado. 

O puedes improvisar docenas de juegos con objetos cotidianos y gratis. 

Por ejemplo, esto es un puzzle comercial: 

Y en plan casero, tienes la clásica botella de agua (vacía) con agujeros. 

Metes comida en la botella, y se la das. 

Y que saque el contenido (y espachurre la botella a su gusto). 

Puedes usar un trapo de cocina viejo, meter en su centro unas chucherías, y hacerle un nudo. Y que se apañe.

 O introducir algunas golosinas en una caja de cartón, cerrarla, y que la haga pedazos. 

¿Ves por dónde va la idea? 

Pequeño obstáculo, comida o alguna golosina, y le dejas que se divierta. 

Luego puedes subir el nivel todo lo que quieras. 

Por ejemplo, es muy popular el juego del trilero con perros. 

En cuanto entienda la mecánica, no le cuelas una. 

Colocas dos recipientes boca abajo, tras poner una golosina bajo uno de ellos. Le dejas elegir y levanta el que elija. 

Si acierta, hay premio. 

Cuando acierte a menudo puedes poner 3, 4,5….. recipientes. 

Va mejor si puedes agujerearlos para que dejen salir el olor (por ejemplo usando vasos de plástico). 

Ahora mira a tu alrededor, ¿cuántas ideas se te ocurren?, seguro que unas cuantas. 

Si no, siempre puedes tirar de ideas ajenas. 

 

Pero hay docenas de retos que puedes proponerle a tu perro. Seguro que ambos os sorprendéis. 

 Juegos de propiocepción

 

Últimamente parecen estar muy de moda. 

La  propiocepción es la sensación que reciben nuestros pies sobre la superficie en que están apoyados. 

Hace alusión a las sensaciones tactiles, pero también al equilibrio, a la posición relativa de cada extremidad con respecto al resto del cuerpo y al entorno en que nos encontramos. 

Normalmente no pensamos mucho en ello, pero pensaríamos más si fuésemos descalzos. 

No se nota igual caminar sobre grava que sobre arena o sobre hierba. 

Tampoco nos movemos igual sobre una superficie llana que sobre una pendiente pedregosa. 

Y los juegos incluidos aquí hacen referencia a situaciones que estimulan esa sensación y sensibilidad.

Para los perros muy urbanitas, que casi siempre pisan suelo de la misma textura y sin desniveles ni obstáculos, son ideales. 

Mejoran el equilibrio y la percepción del propio cuerpo, y si implican superar pequeños obstáculos físicos, también dan autoestima. 

En casa pueden prepararse simplemente colocando distintas texturas en el suelo, como una toalla, un felpudo de exterior, un plástico grande, o una manta de pelo largo.

Y luego animas a tu perro a que camine y explore, o  mejor, le preparas una pista de golosinas y que vaya notando en sus pies las distintas sensaciones según pisa cada superficie. 

Pero déjale que busque y explore a su aire, no le des indicaciones ni le señales con el dedo por dónde ir o qué hacer. 

Luego se pueden añadir pequeños obstáculos, como una silla tumbada o cualquier cosa que haga de barrera (baja), o un montón de zapatos por el suelo, o muchos cojines. Lo que se te ocurra que “obligue” a estar pendiente de dónde se coloca cada pata. 

En la calle se puede usar el mobiliario urbano para crear pequeños circuitos a resolver. 

O idealmente, un paseo suelto por el monte es todo un desafío de propiocepción: suelo de hierba, de hojas, de grava, ramas cruzadas en el camino, alguna que otra zarza, alguna pasarela de madera…. 

Los perros que van superando pequeños obstáculos físicos regularmente y que se habitúan a caminar sobre distintas superficies se vuelven más seguros a la hora de moverse, y se les nota. 

 Otros juegos

Después de lo que has leído ya deberías tener unas cuantas ideas para probar y disfrutar con tu perro. 

Hay un mundo de juegos fascinante que podéis explorar juntos. 

A veces algo tan sencillo como premiar por hacer algo puede sorprenderos a ambos. 

Elige un lugar sencillo y ten a mano un montón de pequeñas golosinas apetitosas. 

Cuando tu perro te preste atención, le pides que haga algo. 

No es una orden, y no le pides nada conocido. 

De hecho puedes decirle con una gran sonrisa “haz algo”. 

Y en cuanto haga algo, lo que sea, le felicitas y premias. 

Ese algo puede ser girar una oreja, mirar a otro sitio, levantar una pata, mover la cola, dar un saltito, dar un ladrido, algo, lo que sea, por poco que parezca. 

Luego lo pides otra vez. 

La única regla del juego es “haz algo, pero no te repitas”. 

Si tu perro repite lo que hizo la primera vez, permaneces expectante (no dejes de sonreír, es un juego). 

Y en cuanto haga cualquier otra cosa, por nimia que sea (te toca estar muy atento), felicitas y premias. 

Y repites unas cuantas veces. A ver a dónde os lleva este juego, 😉 

Este juego es muy beneficioso para perros sin iniciativa o muy inhibidos, por regaños y castigos frecuentes o por miedo intenso. 

Pero es importante, para que funcione (en lugar de frustrarle) que respondas rápidamente a cualquier “algo” que haga. Un perro inhibido o miedoso puede realizar acciones muy sutiles, y si no las detectas y premias, simplemente ni entenderá de qué va el tema ni querrá seguir participando. 

Un simple parpadeo, o una elevación de la cabeza serán ese “algo” que has pedido. Con la práctica se irá soltando y ofrecerá más conductas, pero al principio hay que premiar casi hasta por respirar, 🙂 

Éste es solo un ejemplo de juegos que puedes proponer a tu perro e improvisar casi en cualquier momento y lugar. 

Te toca a ti idear nuevos juegos y compartirlos con tu mejor amigo. 

Y para concluir, quiero contarte algo importante en lo que quizá no hayas pensado.

El juego entre perros es altamente estresante.

Los juegos con interacción social son una potencial fuente de conflictos, y exigen atención por parte de los jugadores y mucha diplomacia para enviar mensajes a los otros «jugadores» de que pase lo que pase, es un juego.

Las carreras, giros, competencias, pausas para calmarse y vuelta a empezar generan una gran exigencia física, pero sobre todo mental. 

Piensa ahora en cuánto tiempo pasas con tu amigo en el parque canino, dejando que tu perro dé vueltas y carreras a lo loco con todos los perros que entran. 

Es muy positivo que tu perro se relacione y juegue con otros, pero si su día a día, sus paseos cotidianos, consisten en ir a la carrera (¡o en coche!) hasta el parque canino para jugar con otros perros durante una hora y luego para casa, no le estás cansando, ni le estás socializando: le estás exponiendo a una situación altamente estresante día tras día.

Y eso pasará factura.

Muchas veces el estrés del perro proviene de este tipo de manejo.

Si es tu caso, replantea el paseo y coloca el parque canino como una parada (no necesariamente todos los días) puntual para que tu perro salude y juegue, y luego sigue paseando. 

El resto del paseo debería ser a paso tranquilo, dejando que tu perro indique hacia dónde le apetece ir, cuándo y cuánto le apetece parar, y dejandole oler mientras le sigues y acompañas. 

Así conseguirás que tu perro socialice pero al tiempo no suba mucho sus niveles de estrés y el paseo será más completo y relajante. 

¿Te gustaría contarme qué te preocupa en el día a día con tu perro y que te oriente sobre qué puedes mejorar?

Pide cita para una vídeo-sesión estratégica gratuita conmigo y sabrás cómo te puedo ayudar a mejorar la relación con tu perro.

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