«¿Y si adopto un amigo para mi perro?»

 Cuando te gustan los  perros, ésta es una cuestión que fácilmente puede rondarte por la cabeza.

 En este artículo quiero plantear algunas cuestiones que debes tener presentes antes de tomar esta importante decisión, y te facilito algunas medidas para que la misión “ampliar la familia” sea todo un éxito.

 Lo primero, aunque pueda sonar mal, es hablar de dinero.

 ¿Has pensado en los gastos?

 En primer lugar debes contar con que los gastos mensuales se pueden doblar.

 El segundo necesitará sus accesorios, su propia cama, su comida, y en algunos casos quizá algo de ajuar que el primero no usa.

 Yo por ejemplo, aun siendo contraria a ponerle ropa a los perros, tengo impermeables para mis galgos, que mis huskies nunca usarían.

 Los gastos veterinarios también se multiplican.

 Hay cosas, como los medicamentos, que son más caros o más baratos según el tamaño del perro.

 Pero las vacunas, consultas, radiografías, análisis y ecografías suelen tener el mismo coste para un yorkshire que para un mastín.

 Finalmente debes pensar que los accidentes ocurren, y la probabilidad de que ocurran va directamente relacionada con el número de perros: si tienes dos, tienes el doble de opciones de que pase algo que requiera un gasto imprevisto.

 Igualmente el segundo perro puede manifestar, al poco tiempo de adoptarlo, alguna enfermedad crónica que requiera de tratamientos y controles de por vida.

 Por ejemplo, una simple atopia (alergia cutánea) puede incrementar notablemente los gastos anuales de manutención.

 ¿Y en el espacio?

 Luego, si bien los perros son muy adaptables, hay que pensar en el espacio disponible.

 Meter dos perros grandes en un apartamento pequeño no es tanto un problema porque el sitio sea pequeño (si les das ocupaciones y les sacas de paseo a sitios donde puedan correr y disfrutar de cierta libertad, se arreglarán bien), sino porque no podrán evitarse el uno al otro cuando quieran un poco de espacio, y tú directamente tropezarás con alguno constantemente.

 Todos tenemos espacio vital, y si nos lo invaden constantemente porque no hay más remedio, la convivencia puede ser muy incómoda.

 Tampoco es muy buena idea pensar que puedes adoptar un segundo perro porque te sobra el espacio, y que en tu enorme jardín estarán muy bien.

 Relegar a los perros al exterior es acomodarse. Nunca es lo mejor para ellos. De hecho, casi todos los perros prefieren estar donde tú estés (que será dentro muy a menudo).

 No se trata de adoptar porque tienes mucho espacio. Se trata de adoptar porque deseas hacerlo, estás dispuesto a hacer algunos sacrificios y concesiones más, y dispones de tiempo (y sí, dinero) para ambos perros.

 ¿Y qué perro elijo?

 A continuación viene el peliagudo tema de elegir.

 Si optas por adoptar, hay miles de potenciales candidatos.

 Lamentablemente, al menos en España, tienes decenas de miles de opciones. Razas, colores, tamaños, edades….. es imposible no encontrar una docena de perros que te gusten.

 Seguramente piensas en mirar hasta que alguno te dé un feeling especial, y ya.  Dejarte llevar por el corazón. Pues tal vez no sea una buena idea.

 Tienes que considerar un asunto importante: aunque eres tú quien adopta al perro, es tu otro perro el que va a vivir 24 horas al día junto al nuevo.

 Y es él quien debe dar el visto  bueno.

 De este detalle depende que la relación funcione estupendamente desde el minuto uno, o que te metas en un lío monumental que luego te costará resolver y te causará un gran sufrimiento.

 Por lo tanto, mi recomendación es que dejes que sea tu amigo el que elija a su nuevo colega.

 Yo hace tiempo que lo hago así, y estoy muy contenta con los lazos que establecen entre ellos.

 Esto limita mucho la adopción de perros que estén a mucha distancia, eso sí.

 La idea es que selecciones unos parámetros que deberá cumplir el nuevo perro,  y así acotar entre los cientos de perros que podrás adoptar en tu zona de residencia, limitándote a unos pocos.

 Elige el tamaño, la edad aproximada, y tal vez la longitud de pelo o algún otro valor que consideres importante para ti.

 Y mira en las protectoras locales qué perros encajan en lo que buscas.

 En el tema de la edad procura ser flexible y tener en cuenta a tu perro. Si es algo mayor o tiene problemas de movilidad, un cachorro revoltoso nunca será una buena opción.

 Una vez limitada la selección a unos pocos perros, id los dos juntos a conocerlos.

 Si es factible, mejor a un entorno algo neutral y cómodo, como un campo o la playa (si queda cerca), en lugar de a la protectora, donde igual hay mucho estrés por la presencia masiva de otros perros y el ruido.

 Y que se conozcan. Solo tienes que observar cuál es el que le da mejor feeling A ÉL.

 Puede que en una primera visita no obtengas resultados.

 O quizá tu perro se lleva de maravilla con otros cinco. En el primer caso, no pasa nada, prueba en más sitios. Por desgracia si hay algo que tenemos de sobra es perros disponibles para adoptar.

 En el segundo caso, adelante, ahora sí puedes elegir tú, 🙂

 Preparando la llegada a casa

 Y ahora que ya has pasado el duro trago de seleccionar entre tantísimos candidatos, toca preparar la llegada a casa.

 Idealmente valora el tomarte unos días libres del trabajo.

 El cambio para el nuevo perro va a ser muy brusco, y durante unas semanas estará adaptándose. Si al menos puedes dedicarle unos días para estar a su lado, seguramente el proceso será más sencillo.

 Cuando le saques del albergue, id los 3 juntos a dar un paseo a un sitio muy tranquilo. No tiene porqué ser un gran paseo, solo se trata de que estire un poco las patas, pueda olfatear y explayarse en un sitio agradable e ir conociendo a su nuevo amigo.

 Importante: no le sueltes. Aunque sea tranquilo, la falta de referencias en esos momentos puede hacer que salga corriendo por cualquier razón y le perderás.

 Es buena idea colocarle una chapa del collar con tu teléfono, por si acaso hay un accidente y se te escapa.

 Después a casa. Antes de su llegada tendrías que haber planificado algunos detalles:

 Quita de su alcance todo aquello que no desees que mordisquee.

 Piensa en el nuevo perro como si fuese un cachorro revoltoso, aunque tenga 6 años.

 El estrés genera conductas destructivas: y es que mordisquear relaja. Cuenta con esa posibilidad las primeras semanas.

 Así que mejor no se lo pongas fácil. Pasadas unas semanas seguramente no haya problema, pero es mejor empezar con buen pie.

 Aleja de su boca peligros como cables.

 Y retira los juguetes de tu primer perro mientras el segundo explora la casa, a la espera de ver qué piensa tu perro de la idea (él no sabía que estaba eligiendo a su nuevo compañero de piso).

 Cuenta con que tal vez haga pis en casa los primeros días. Si es macho, es muy probable. El estrés sube la testosterona (aunque esté castrado) y eso implica un aumento de la conducta de marcado.

 También puede subir el consumo de agua, lo que llevaría a hacer pis con más frecuencia. Si no tiene acceso libre al exterior, puede que lo haga en casa.

 Además a veces las tripas se mueven más de lo debido por el estrés, por lo que puede haber heces blandas y un aumento en el número de evacuaciones. Lo que le llevará a manchar en casa durante unos días.

 También puede no estar educado o haber vivido durante meses o años en una jaula, sin horarios ni espacio para ser limpio.

 Todo esto se corregirá por sí solo en cuanto se vaya relajando y adaptando.

 No interfieras con esas conductas ni intentes corregirlas, mucho menos aun le regañes o te enfades (eso sube el estrés y alarga el tiempo de presentación del problema).

 Una vez estéis en casa déjale acceso libre a todas las estancias y que explore lo que desee y el tiempo que desee.

 Mantén la distancia y que se mueva a su aire.

 Si resulta que toma algo en su boca que se te ha pasado retirarle, intenta atraer su atención con unas golosinas para que lo suelte sin tener que quitárselo (atenta: lanza otras pocas golosinas a cierta distancia a tu primer perro, no vayas a originar un conflicto “golosinero” el primer día).

 Coloca su cama en un sitio tranquilo y fuera de zonas de paso, pero sé flexible, tal vez en los siguientes días él elija otro lugar más de su agrado.

 Preséntale las nuevas rutinas que ya deberían existir para tu primer perro: paseos, horas de comida, ratos de juego, horas de descanso…. Las rutinas generan seguridad. Los primeros días estará algo descolocado, ya que traerá los horarios de su albergue o casa de acogida. No te preocupes, se adaptará pronto.

 Y lo más importante: dale espacio.

 Que sea él quien tome las iniciativas de contacto y acercamiento.

 Cuando pasees, simplemente le acompañas y que huela y se mueva como quiera.

 Cuando esté en casa, no le invadas para acariciarle cada poco ni para decirle cositas, simplemente déjale observarlo todo a su gusto.

 Cuando juegue, amóldate a su gusto y ofrece alternativas, sin ser muy excitante; decántate mejor por los retos y los juegos de nariz, sobre todo.

 Eso le ayudará a relajarse antes, frente a los clásicos juegos de lanzar pelota o forcejear con un mordedor.

 Evita las visitas de todo el mundo.

 Aunque estés deseosa de que toda tu familia y amigos conozcan a tu nuevo perro, hay que ir poco a poco, dale unas semanas antes de presentarlo en sociedad.

 Para evitarte tentaciones por la impaciencia,  puedes enviarle vídeos a todo el que se interese, 🙂

 La fase de adaptación suele durar unas 3 semanas. Pasado ese plazo podemos considerar que tu nuevo amigo se mostrará tal como es. Si los posibles problemas que hayan podido presentarse persisten, tal vez necesites ayuda profesional.

 En resumen: tu misión principal con tu nuevo amigo es crear para él un entorno seguro y libre de miedos, tanto en tu casa como en tu modo de manejarle.

 Evita, en la medida de lo posible, ruidos repentinos, gritos, manipulaciones no deseadas, correcciones,  soledad, paseos excesivos o muy estimulantes, movimientos rápidos o bruscos y exigencias de «conducta adecuada». 

 Una última consideración. Si tu perro ya tiene problemas de comportamiento, lo más probable es que un segundo perro, a menos que sea muy zen, le aumente el estrés y le haga empeorar.

 Por otro lado esto es a menudo bidireccional, si tu perro tiene X problema, es muy posible que “contagie” al segundo, ya que éste se fijará en el primer perro para tomarle como referencia de conducta. 

 Así que tienes que ser muy cuidadosa a la hora de adoptar un segundo perro si el que ya vive contigo tiene “sus cosas”. Es mejor que dirijas tus esfuerzos a ayudar a tu primer perro, y cuando logres claros avances, te planteas de nuevo la opción de un segundo amigo, 😉

 ¿Qué piensas, te lo has planteado? ¿O ya adoptaste un segundo perro? En tal caso, ¿qué tal os ha ido?

 Cuéntamelo en los comentarios.

  

 

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¡Hola!, me presento, soy la fundadora de Comunicación y Respeto, sitio donde comparto contigo estrategias, ideas, ayudas y herramientas que funcionan para que puedas conseguir un vínculo especial con tu perro y disfrutar al 100% de su compañía. Si hay comportamientos de tu perro que no entiendes o situaciones que te preocupan, apúntate al blog y recibe gratuitamente tu guía "Cómo mejorar la convivencia con tu perro en diez sencillos pasos".
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