Tu actitud en el paseo cuenta. Y mucho

 

A menudo la actitud es crucial para determinar el resultado final de una situación altamente emocional.

Tu actitud.

Y la de los demás.

Pero claro, con la de los demás puedes hacer poco.

(Aunque puedes hacer cosas, pero ya no es mi campo, tendrás que buscar inspiración en otros sitios).

Ahora bien, con la tuya sí puedes hacer mucho.

Y ese mucho puede marcar la diferencia.

¿En qué?

Pues en las emociones que te llevas a casa después de un paseo con tu perro.

No visualizas lo que te digo, ¿verdad?

Lo pongo en contexto.

El otro día iba con una amiga paseando por una zona de dunas.

Un sitio tranquilo, agradable, con amplios espacios.

Entre las dos sumábamos ocho perros.

Grandecitos todos.

Nos cruzamos con más gente y más perros, claro.

Y no sé si lo sabes, pero la dinámica de un grupo de perros es distinta conforme el número de perros aumenta.

Cada uno aporta sus problemas, sus historias, su personalidad y su estado de ánimo al grupo.

Y tiene influencia sobre los demás.

El resultado final es un poco de coctelera.

Así que a veces, cuando el grupo iba al completo a saludar a otro perro, sus modales dejaban bastante que desear.

A pesar de que, por separado, todos ellos saben comportarse y ser moderados y amables.

Algo así como un pelotón de adolescentes de botellón.

Se les olvidan los buenos modos.

El caso es que nos cruzamos con una chica que venía con un pincher.

Por si no controlas de razas, unos 5 kilos de perro.

Imagina el panorama cuando una jauría de 8 perros se le echa encima al grito “tonto el que salude el último”.

El pincher va de buenas al primero que llega, empieza a ponerle cara regular al segundo, al tercero lo mira mal, y al cuarto empieza a ladrarle.

Al quinto, sexto y séptimo directamente les gruñe y enseña los dientes.

Mientras encoge el culete (no tienen rabo) y repliega las orejas, buscando dónde esconderse.

El octavo perro era Brianna, que pasa de estas movidas.

Yo pensé que ahora es cuando venía la bronca de la persona.

Al ver cómo nuestros perros atosigaban al suyo, pasándose de groseros.

Pero no.

No fue eso lo que ocurrió.

La chica llamó a su perro (que no estaba en condiciones de hacer caso) y rápidamente se acercó a pedirnos disculpas muy avergonzada.

Ella.

A nosotras.

¿En serio?

Bueno.

No creo que sea necesario disculparse por ninguna de las partes, más bien nosotras deberíamos intervenir para que nuestros perros parasen.

(Eso hicimos)

Y que así el pobre pincher pudiera seguir con su paseo y con su vida.

No sé en qué estado emocional se marcharía aquella chica.

Cuando le dijimos que nada de disculpas, y que en todo caso, debería ser al revés, nosotras deberíamos pedirle disculpas a ella por el abordaje pirata canino.

Que aunque no le harían daño físicamente, si la estaban atemorizando al entrar todos a la vez.

Y que por eso los parábamos y nos los llevábamos de allí, que siguieran tranquilamente con su paseo.

Así que nos disculpamos todos, calmamos un poco los ánimos caninos, y continuamos cada cual por nuestro lado.

Podríamos haber gritado.

Unos u otros.

Podríamos haber discutido o habernos insultado.

Eso no habría cambiado nada de lo ocurrido.

Y además nos habría dejado muy mal poso a todos los implicados.

Pero no.

La otra persona mostró una actitud encomiable.

Podría incluso haber pedido amablemente que por favor, que su perro estaba muy asustado, que si podíamos hacer algo al respecto.

Y por descontado habríamos respondido que sí, de inmediato.

Cuando te encuentras con personas así, los paseos, incluso aunque haya incidentes, no se hacen nada cuesta arriba.

Si tu perro se lanza y ladra.

Gruñe e intenta morder.

Y encima te metes en peleas con otras personas.

O peor, otras personas te echan mierda encima porque la conducta de tu perro les asusta, les molesta o les parece de “perro mal educado”.

Al final el paseo se convierte en un infierno.

Y eso termina por pasar factura emocional.

A ti.

Y a tu perro.

Que recuerda, estáis conectados.

Así que lo de controlar como reaccionan los demás, ya te digo, tiene su complicación y a mí a veces me sale, pero a veces no.

Pero el controlar cómo reaccionamos nosotros y qué actitud mantenemos cuando ocurre algo.

(Tanto si lo provoca tu perro como si lo sufre)

Es determinante para que el paseo sea anecdótico.

(Como este)

O un horror.

Puedo ayudarte con este tema, porque cuando asesoro a otras personas, también trabajamos este asunto.

Que te afecta a ti.

Y también a tu perro.

Si crees que es lo que necesitas.

Irene
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