CASO DEL MES:

En este espacio expondremos cada mes un caso habitual, y los pasos seguidos para su resolución. Los nombres e imágenes han sido modificados para preservar la intimidad de nuestros clientes y pacientes.

1 - Mina muerde a los desconocidos (octubre).

Mina es una perrita de raza pastor vasco. Tiene 3 años, y vive con una familia de cuatro miembros (dos adultos y dos niños) en una casa con jardín, en una zona rural. Llegó a esta familia con dos meses, y han procurado criarla con cariño. Le gusta jugar con los niños, y da un paseo diario por los caminos de la zona, que son tranquilos y silenciosos.

Mina se muestra en general confiada y juguetona con sus dueños y con los niños, a los que sigue a todas partes. Se asusta de ruidos intensos, como portazos, cohetes o tormentas, pero de modo leve, en seguida se recupera. No tiene problemas para quedarse en casa sola mientras sus dueños van a trabajar.

A su familia le gusta invitar a gente a casa, amigos de los dueños, y otros niños que vienen a jugar en el jardín son visitas habituales. Desde cachorra, a Mina le costaba acercarse a las visitas, y si la forzaban, chillaba y se escondía debajo del mobiliario. No se le dio mayor importancia, pero desde hace unos meses, gruñe a algunas personas, y en una ocasión llegó a morder (sin lesionar) a una vecina que intentó acariciarla en la cabeza.

Cuando conocemos a Mina, vemos a una perrita alegre, pero muy estresada. Tarda un rato en aproximarse a nosotras, y lo hace por la espalda, dejándonos claro que nuestra presencia le intimida, pero que siente interés por relacionarse.

Mina tiene una pobre socialización, con personas y con otros perros. Al vivir en un lugar tan aislado, no ha conocido apenas gente cuando era cachorra. Eso, unido a que como perro de pastor tiende a ser algo desconfiada ante las novedades, le ha llevado a rehuir a las visitas. De haber hecho una socialización proactiva con estas visitas cuando era cachorra, seguramente el problema se podría haber evitado. Mina comunica miedo con sus reacciones cuando ve a gente extraña, y si no se respeta su espacio, intenta defenderse de lo que ella siente como una amenaza (mordiendo).

Sin embargo, debido a la corta duración del proceso, a la facilidad para controlar los estímulos que desencadenan la reacción negativa de Mina, y a la plena cooperación de su familia, que quiere que su perrita se integre plenamente en el día a día y disfrute de las reuniones, el pronóstico es favorable.

Lo primero es rebajar el nivel de estrés de Mina. Un chequeo veterinario revela una buena salud general, pero tiene un colmillo roto casi de raíz, que le puede estar molestando, por lo que se procede a su extracción.

Indicamos a sus dueños que Mina debe contar con una vida estructurada y predecible, con horarios para comer, descansar, jugar y pasear. Los paseos deben aumentarse en número, ya que Mina pasa demasiadas horas sin nada que hacer en un entorno bajo de estímulos (la casa y el jardín), lo que propicia que ladre en la valla a todo lo que pasa (problema secundario que nos comentan durante la visita).

Los paseos deben ser tranquilos, dejando que la perra se tome su tiempo para olfatear a su gusto, y que marque el ritmo. Siempre que sea seguro, es preferible que vaya suelta. Cuando tenga que ir atada, recomendamos una correa más larga de la que usan actualmente (mínimo dos metros) que le dé movilidad y evite tirones cuando se pare en seco a oler algo.

Los niños corretean durante los paseos, y Mina se altera mucho por ello (por ser un perro pastor). Recomendamos explicarle a los niños que mientras la perra esté atada, se planteen juegos que impliquen interaccionar con ella (así ellos se quedan cerca, y ella se divierte), y que pueden correr a su antojo cuando Mina esté suelta y ella pueda seguirlos.

En casa, dejamos varias indicaciones para juegos seguros entre niños y perra, que no impliquen excitarla para no subir su estrés. Enseñamos a los niños que su perrita tiene un gran olfato, y puede encontrar golosinas las escondan donde las escondan.

También marcamos pautas para sustituir los regaños y correcciones diarias que Mina tiene que escuchar cuando hace algo que no debe, por indicaciones amables (y premiadas) de lo que se prefiere que haga para portarse bien. Eso relaja mucho a Mina, que ya entiende lo que se espera de ella, y deja de oír “¡¡NO¡¡” varias veces al día.

Una vez comprobamos, pasadas unas semanas, que Mina se muestra mucho más tranquila y centrada, y se la ve más contenta y apegada a su familia, planteamos las sesiones específicas para corregir su miedo a las visitas.

Mediante ejercicios de aproximación y retirada, fijándonos en la comunicación de Mina y atendiendo a su comodidad en cada momento, la “visita” puede acercarse cada vez más sin que Mina intente huir ni dé muestras de incomodidad. Una vez se la ve más cómoda y a corta distancia, empezamos a premiarla para que cambie su percepción de “desconocido = amenaza”. Tras pocas sesiones, su actitud ha cambiado considerablemente. Aun así, indicamos a sus dueños que deben permanecer atentos a sus expresiones corporales, para mantenerse siempre en un rango de comodidad, y que si en algún momento desea apartarse, deben permitírselo y dejarla tranquila en otra estancia donde nadie la moleste.



2 - Marcos ladra a otros perros (noviembre).

Marcos es un perrito de raza Pincher, y según sus dueños es tan pequeño como feroz. Cuando se encuentra con otros perros por la calle, ladra y tira de la correa, se pone a dos patas y parece que se quisiera comer a sus congéneres. Ha tenido algún encontrazo con un perro grande, y sus dueños, una pareja joven que vive en un piso en zona urbana, tienen miedo de que alguno termine por hacerle daño.

A Marcos lo compraron en un criadero, con dos meses. Sale 3 o 4 veces al día de paseo, y lleva un arnés y una correa extensible. No suelen pararse mucho porque Marcos se lleva mal con casi todos los perros, aunque a los de su tamaño los tolera bastante bien. Los cachorros le molestan, y los adultos grandes le hacen explotar.

Sus dueños explican que les han dicho que su perro es muy dominante, y por eso se comporta así. Al interrogarles sobre qué soluciones han intentado una vez han etiquetado a Marcos de “dominante”, nos indican que ninguna, que cómo es así, salvo evitar a otros perros, no hacen nada. Han probado a regañarle, pero sin éxito.

Cuando visitamos a Marcos en su casa, vemos un perro un poco desconfiado, pero que en seguida se acerca a nosotras y nos huele con mucho interés. Sin embargo no parece recibir las caricias con entusiasmo. Sus dueños nos confirman que no le gusta mucho que le acaricien los extraños, pero que solo rehuye, por lo que no le dan importancia.

Al averiguar qué hace si consigue acercarse a perros grandes, nos explican que les intenta morder, y que por eso evitan todo contacto.

Vemos cómo se comporta durante un paseo. En general se desenvuelve con soltura, olfatea mucho, marca bastante terreno, y no muestra miedo a estímulos cotidianos como vehículos, tránsito de gente, niños, etc. Sin embargo se tensa rápidamente cuando ve un perro de lejos, y empieza a reaccionar con bastante intensidad si ve que éste se acerca.

Nuestra impresión es que Marcos tiene miedo a los perros. Y resulta que su dueña también. En consecuencia, lo ha sobreprotegido e impedido que se relacionase con ellos cuando era cachorro (sí le permitía jugar con perritos pequeños), y Marcos muestra ahora ese miedo con una elevada reactividad: como está atado y no puede huir, intenta impresionar al otro para que sea él el que se vaya. No quiere que le invadan el espacio, porque no sabe cómo relacionarse.

Su dueña tiene en parte razón, ya que en un mal encuentro con un perro grande, un golpe o un mordisco a su perrito de 4 kilos podría tener serias consecuencias. Sin embargo, hay que encontrar un equilibrio entre la precaución, y el aislar a Marcos de todos los perros grandes “por si acaso”, ya que ahora tenemos un animal que vive en un estado de miedo constante.

Lo primero es revisar su salud. Marcos tiene un problema en sus rodillas, de nacimiento, que le puede ocasionar dolor y por lo tanto generar un estrés (de origen interno). Como es muy joven, y la corrección de ese problema es quirúrgica (se escapa del presupuesto de sus dueños), recomendamos darle un antiinflamatorio de origen natural (con menos riesgos de efectos secundarios a largo plazo, ya que tendrá que tomarlo siempre), y evitar las brusquedades en su manejo (saltos importantes, perseguir pelotas, etc) que agravarían la patología y harían necesaria la cirugía.

Después, revisamos el manejo. El paseo es correcto, los dueños le dedican tiempo y se lo toman con calma. Únicamente les indicamos que eviten regañarle cuando se excite ante otros perros: si muestras miedo y aquellos que deberían apoyarte te regañan, el miedo aumenta. Aconsejamos mantener la otra postura, evitar el conflicto (sacando a Marcos de allí, o mejor aun, marchándose en cuanto vean a otro perro grande, sin esperar a su reacción), mientras trabajamos de modo específico con Marcos para ayudarle a gestionar ese miedo.

También damos instrucciones para modificar el día a día en cuanto a correcciones y regaños en casa, buscando mejorar el vínculo con los dueños y reforzar la confianza de Marcos en ellos. El perro debe ver en su dueño alguien en quien confiar y que le apoye y ayude, no una potencial amenaza.

Una vez puesta la base, llevamos a cabo sesiones específicas para enseñar a Marcos a gestionar su miedo. En estas sesiones se utilizan los llamados “perros neutros”. Son perros que no muestran reacciones hacia otros, o son reacciones tranquilas y no amenazadoras. Explicamos a los dueños de Marcos cuáles son las señales que emite su perro ANTES de activarse, para que se fijen en ellas y se retiren justo en ese momento. Así, cuando Marcos comprueba que se respeta su comunicación y se le da salida cuando él desea, empieza a sentirse más seguro frente al otro perro, y se acerca más en cada pasada, sin activarse (casi nunca, algún error puede suceder, pero no se le da importancia).

En pocas sesiones, Marcos pasa junto al otro perro sin prestarle atención, así que realizamos nuevas sesiones con otros perros. Una vez iniciado el proceso, la aceptación del nuevo perro lleva mucho menos tiempo, y a Marcos le cuesta menos extrapolar esa situación a su día a día.



3 - Rony ha cambiado (diciembre).

Rony es un perrito de aguas de 11 meses de edad. Sus dueños, una pareja joven, lo describen como juguetón, cariñoso, alegre y sociable. Pero desde hace unas semanas, a veces le ven raro. Gimotea sin motivo, se le ve nervioso en los paseos, y les ha mordido en dos ocasiones, sin razón aparente.

Cuando vamos a visitarle, comprobamos que Rony parece un perro en general equilibrado, con un buen vínculo con sus dueños, una buena rutina de paseos y juegos, y sin problemas relevantes. En la relación con las personas se muestra confiado e interesado. Con otros perros, podemos observar un claro dimorfismo: con las perras se ve demasiado solícito, juega con tensión y excitación elevada, y llega a acosarlas ligeramente. En cambio, con otros machos, especialmente grandes, muestra una gran tensión corporal y miradas de amenaza. No gruñe ni tiene conflictos con ellos (sus dueños consideran que “se lleva bien con otros perros”), pero la diferencia es evidente. Con cachorros juega encantado.

La única modificación que les recomendamos, en los paseos, es la correa, que apenas mide más de un metro, y al pasear por zonas urbanas, le resta bastante movilidad y no le permite desenvolverse con soltura, por lo que les explicamos que una de al menos dos metros supondría una mejoría, que aceptan sin inconvenientes.

Rony parece tener un problema de estrés de origen interno, en concreto, hormonal. La testosterona está influenciando demasiado su conducta del día a día, produciéndole irritabilidad y frustración. En consecuencia, debido a su juventud, el tratamiento es sencillo y el pronóstico muy favorable. Recomendamos a los dueños la castración.

Por un lado les preocupa que Rony cambie de carácter con esta intervención. Les explicamos que esa es la idea, que vuelva a ser el perro que conocían, y no el perro en que se está convirtiendo, ya que no va a poder darle salida a la frustración que le supone el saber de la presencia de docenas de perras en su entorno, sin poder acceder a ninguna, como le mandan sus hormonas. Por otro lado, la cirugía les asusta, y aunque les indicamos que es sencilla y rápida, es cierto que no está exenta de un cierto riesgo anestésico (como cualquier procedimiento que requiera anestesia).

Por ello, les proponemos que coloquen a Rony un implante subcutáneo, que se coloca en unos segundos, del mismo modo que el microchip, y que libera una sustancia que bloquea la testosterona. Tarda algunas semanas en hacer efecto, pero su duración es prolongada (los hay de al menos seis meses, o de al menos doce meses). Les parece una buena solución.

Unas semanas después, hablamos con los dueños de Rony, que confirman que ha vuelto a ser el perrito que ellos conocían, está mucho más relajado, con otros machos hay un cambio de actitud notable, no persigue a las hembras, y no ha vuelto a morder.



4 - Peper es hiperactivo (enero).

Peper es un mestizo de tamaño mediano que vive en un chalet en una zona rural. Sus dueños tienen otro perro, y ambos viven dentro y fuera de casa. Nos llaman porque desde que le adoptaron, hace seis meses (con dos años de edad), su comportamiento les parece algo errático. Es muy reactivo con otros perros, con los que sin embargo luego juega. Y en los paseos parece imparable. Tampoco en casa descansa mucho, siempre quiere estar haciendo algo.

Tras una visita y la pertinente entrevista para obtener más datos, valoramos a Peper en un paseo. Su actitud con personas es buena, se muestra alegre y amistoso. Por la calle parece incapaz de concentrarse en nada, inicia actividades normales (olfateo, exploración) que interrumpe de inmediato para iniciar otra distinta. Al ver a otros perros, se lanza ladrando a gran velocidad, pero al llegar a ellos muestra gran entusiasmo y ganas de jugar, resultando avasallador para algunos, que no reaccionan amistosamente.

Fue adoptado de un refugio, donde le abandonaron con 2 meses. Su primer adoptante lo devolvió con 10 meses porque “creció demasiado” (pesa 20 kilos). El segundo adoptante lo devuelve “porque no ladra” (al parecer quería una alarma). Ahora está con su tercera familia.

Sus dueños pasean con frecuencia, pudiendo soltarle a menudo. El manejo general nos parece bastante correcto. Lo único que han intentado para mejorar, sin éxito, es retenerle con la correa y alejarle de otros perros (en esos momentos tira mucho, ladra y se pone a dos patas).

En general, debemos tener presente que hay al menos cuatro situaciones en las que es importante consultar con el veterinario del perro: cuando el problema es persistente a pesar de estar tomando medidas adecuadas. Cuando ha aparecido de repente en un perro adulto. Cuando existía pero ha sucedido un empeoramiento brusco. Y cuando el patrón de comportamiento no tiene sentido desde el punto de vista etológico. Para valorar esto último debemos conocer los patrones NORMALES de conducta del perro.

En este caso, Peper no se comporta en absoluto con normalidad. Su grado de actividad es excesivo, presenta una interrupción constante de sus conductas normales de exploración, y su modo de relacionarse con otros perros es caótico y contradictorio.

Valorando que en principio presenta un elevado grado de estrés no coherente con el manejo en general correcto que recibe en su entorno, recomendamos un chequeo veterinario, con al menos unos análisis de sangre y orina.

Tras las pruebas, a Peper se le detecta un fallo renal crónico avanzado. La ecografía revela además lesiones degenerativas en el riñón. Debido a su corta edad, asumimos que se trata de un problema congénito (lo ha tenido siempre pero evoluciona con el tiempo). Se le administra el tratamiento correspondiente, aunque debido a lo avanzado del problema, el pronóstico a largo plazo es malo.

Unas semanas después, Peper ha mejorado sustancialmente, su comportamiento se ha regulado considerablemente, ha dejado de reaccionar con intensidad frente a otros perros, y en general parece otro perro.



5 - Neka se pelea con Luna (febrero).

Neka es una mestiza de pastor alemán de cuatro años. Convive en el jardín de un chalet con Luna, un cruce de cocker que fue recogida de la calle hace dos meses, y tendrá sobre dos años. Sus dueños son una pareja joven con un niño pequeño. El problema que tienen es que ambas perras se pelean constantemente, y no pueden estar juntas. Sus dueños se quedaron con Luna pensando que a Neka le iría bien tener compañía.

Al principio Neka atacaba a Luna en momentos concretos, y Luna se limitaba a chillar y tratar de huir, pero conforme el tiempo fue pasando, Neka va a por Luna nada más verla, y Luna responde a los ataques, pero debido a la diferencia de tamaño, sale mal parada. Ya lleva dos visitas al veterinario por los mordiscos. Sus dueños quieren acabar con esta situación.

Al estudiar el entorno de ambas perras, nos encontramos con que viven permanentemente en el jardín, sin salir apenas nunca (ahora mismo se turnan en su uso, una en exterior, y la otra en el garaje). Tampoco tienen acceso a la vivienda, y sus dueños les dedican muy poco tiempo al día, pues ambos trabajan y el niño absorbe todo su tiempo libre.

En cuanto a las perras, Neka tiene una socialización nula con otros perros (se ha criado en ese jardín desde cachorra), se muestra constantemente tensa y vigilante ante cualquier movimiento, ladra con mucha frecuencia, y los dueños nos explican que sigue a Luna a todos lados y la acorrala constantemente, no la deja comer, no la deja acercarse a ellos, en resumen, no la deja vivir. No parece interesada en las caricias (los propietarios la describen como “independiente”).

Luna en cambio muestra ser una perra alegre y con muchas ganas de contacto social. Es muy apaciguadora, un poco miedosa, y recibe con gusto los mimos y las invitaciones de juego.

El problema que vemos es que Neka tiene un importante estrés crónico debido al estilo de vida que lleva y a la falta de estímulos físicos y mentales, unido al aislamiento social al vivir en exterior y sin que le dediquen tiempo de modo regular. Ese estrés produce irritabilidad, que dirige fácilmente hacia Luna, dado que por otro lado tampoco está habituada a relacionarse con otros perros. Luna simplemente ha intentando apaciguarla, pero Neka no responde a sus señales, por lo que se tiene que defender.

Por lo tanto, hay que replantear el estilo de vida de ambas perras, proporcionándolas estimulación física (paseos diarios), mental (juegos de distintos tipos, en los paseos y en el jardín, con los dueños, y dejando “tareas” para que realicen cuando están solas). Plantear la posibilidad de introducirlas en el interior, al menos a ratos, para que puedan compartir las rutinas familiares, estar acompañadas por personas, y establecer un vínculo con sus propietarios, que ahora mismo es bastante débil.

Entre tanto, deben permanecer separadas para evitar repetir las peleas. Plantearemos la reintroducción más adelante, cuando Neka dé muestras de haber rebajado su estrés.

Sin embargo, aunque los dueños dicen comprender que las necesidades de ambas perras no están bien cubiertas (darles agua y comida no es suficiente, las necesidades sociales y emocionales, de juego y de actividad no están satisfechas), alegan no tener tiempo para sacarlas de paseo. Tampoco parecen dispuestos a pasar tiempo con ellas en el jardín, ya que “hace malo” y están cansados tras el trabajo y cuidar del niño.

Meterlas dentro para pasar ese tiempo en el interior no es aceptable, ya que “manchan mucho, sueltan pelo, rompen cosas y además no quieren que se acerquen al niño”.

La opción de recurrir a terceras personas que ayuden (aunque en ese caso el vínculo con los dueños no se vería beneficiado, pero la calidad de vida de las perras sí), como familiares o amigos, también es desechado. Tampoco admiten contratar a un paseador profesional, porque sería para largo plazo y al menos dos veces al día, y les parece muy caro.

Llegados a este punto, en el que el primer paso, que es mejorar la convivencia entre dueños y perras (y por extensión entre las propias perras), no es viable, porque en realidad los dueños no tienen intención de invertir en dicha convivencia (que actualmente no existe), planteamos las dos únicas soluciones que pueden llevar a cabo: o dividir el jardín y mantenerlas permanentemente separadas (que no recomendamos, la calidad de vida de ambas sería pobre, y para Luna seguramente sería muy injusto. El estrés de Neka, lejos de disminuir, probablemente aumentaría al saber que Luna sigue allí presente). O buscar una familia de adopción para Luna.

Los dueños optan por lo segundo, así que con mediación de una protectora local, es lo que se hace.

Tras unas semanas, Luna encuentra una nueva familia que está dispuesta a cubrir sus necesidades. Tienen ya un perrito de 5 kilos muy sociable, con el que hace migas desde el primer minuto. Así que se la llevan.

Quince días después, hablamos con los dueños de Neka. Obviamente no ha podido repetir las peleas, y los dueños dicen verla “más tranquila”, por lo que quedan contentos así. La nueva familia de Luna está muy satisfecha con ella, dicen que es una perra estupenda y muy cariñosa, y no detectan ningún problema significativo más allá de un poco de miedo a los desconocidos, que se le pasa rápidamente al darle éstos alguna golosina.

A veces, hay problemas que tienen difícil solución. Otras veces no hay una voluntad real de solucionar el problema, y lo que se busca es un modo sencillo de hacerlo desaparecer. En este caso, teniendo en cuenta las circunstancias, seguramente se ha optado por la mejor opción, reubicar a uno de los dos perros, ya que mejorar la convivencia entre ellos requería mucha implicación y trabajo diario, y los errores cometidos durante el desarrollo del protocolo los pagaría uno de los perros, por lo que lo más justo para ellos es deshacer una convivencia que en realidad ninguno de los dos pidió.



6 - Harold destruye el mobiliario (marzo).

Harold es un perro mestizo de tamaño mediano, que vive en un piso con sus dueños, una pareja joven que lo adoptó cuando tenía 3 meses de un refugio. Ahora tiene dos años, y desde hace varias semanas, destroza objetos y muebles cuando se queda solo.

Cuando conocemos a Harold, vemos un perro con un importante estrés, hiperactivo, y poco dispuesto a que no le prestemos atención. Su rutina se ha visto modificada drásticamente, ya que uno de sus dueños estaba en paro y casi nunca se quedaba solo, además de dar paseos regulares. En la actualidad, sus propietarios trabajaban bastantes horas, y apenas sale a pasear 15 minutos dos veces al día.

Tras grabar con una cámara qué ocurre cuando dejamos solo a Harold, vemos que el problema parece ser de aburrimiento y falta de estimulación: Harold protesta un poco al dejarle solo, pero pronto se echa a dormir. Y varias horas después, se despierta y empieza a deambular y a mordisquear objetos, patas de sillas, sofás…… También pasa un buen rato asomado a la terraza mirando al exterior. Tras esto, se duerme de nuevo hasta que sus dueños regresan a casa.

Teniendo en cuenta el resultado de la grabación, el pronóstico es bueno, pero va a requerir de una importante implicación por parte de los propietarios. En primer lugar, proponemos unas pautas para reducción del estrés, eliminando pequeños conflictos de convivencia que generan nerviosismo en Harold y enfado en sus dueños. También incluimos unas indicaciones para realizar tareas de nariz en los paseos, que alargamos cinco minutos más. Unos cuantos juguetes rellenables y la mitad de la ración de comida distribuida por toda la casa antes de dejarle solo también serán de gran ayuda. Finalmente les indicamos que diez horas de ausencia seguramente son demasiadas para un perro joven y atlético, por lo que tras evaluar las opciones, los dueños optan por contratar a un paseador de perros que lo sacará (con las pautas que se le marcan de manejo) media hora a mediodía. Esta medida será temporal, ya que cuentan con que en pocas semanas un familiar podrá ayudarles en este aspecto.

Tres semanas después, hablamos con los dueños, que nos comentan que Harold está mucho más tranquilo en el día a día, y que no ha vuelto a romper prácticamente nada.

Cuando tenemos perro, debemos ser conscientes de que disponen de 12 horas al día para no hacer nada (el resto se lo pasarán durmiendo). Y que no pueden estar sin hacer nada tanto tiempo. Nuestra responsabilidad pasa por proveer al animal de paseos tranquilos, actividades acordes a su edad, condición física y gustos, y algunas opciones de entretenimiento para las horas en que están solos, o ellos buscarán el modo de darle salida a su aburrimiento.



7 - Lory no usa la bandeja (abril).

Lory es un gato europeo castrado que vive en un piso con sus dueños y otro gato. Tiene dos años, y siempre ha sido un poco tímido y huidizo, pero sus propietarios dicen que es noble y tranquilo. Desde hace más de un mes, orina fuera de la bandeja, en la bañera, en una esquina del baño, y ocasionalmente en una cama. Sus propietarios dicen haber hecho de todo para corregirlo, sin éxito.

Cuando un gato deja de usar el cajón de arena, lo primero que hay que descartar es un problema de las vías urinarias, padecen con mucha frecuencia de trastornos de este tipo, y es una causa común para que orinen en sitios inadecuados.

Una vez comprobado que está sano, evaluamos el entorno donde vive Lory. Según sus dueños, se lleva bien con el otro gato, basando su afirmación en que no se pelean ni ven interacciones negativas, pero al indagar confirman que nunca comparten zonas de descanso o comida, y que "cada uno va por libre". Es común en gatos que conviven que la convivencia no sea buena, y no siempre se manifiesta con peleas o conflictos obvios.

A veces consiguen llegar a un "arreglo", pero uno de los dos suele salir perdiendo (el más sensible al estrés). Y el estrés es la causa más frecuente para dejar de usar el cajón de arena.

Por tanto, realizamos una revisión de todo aquello que podemos mejorar para que Lory se encuentre más a gusto en un entorno compartido, intentando así rebajar el estrés de la convivencia. Observamos que solo hay una caja de arena en el cuarto de baño, y que no está muy limpia. El primer paso es multiplicar los recursos y distribuirlos por la casa según el modo en que se hayan repartido las habitaciones los gatos. Les pedimos a los dueños que identifiquen en qué estancias pasa más tiempo cada animal para así colocar los recursos de un modo adecuado para su uso. Dos comederos, dos bebederos, dos (o más) rascadores…. en sitios clave, para que Lory no tenga que entrar en las habitaciones del otro gato para poder comer o beber. Los cajones de arena deben multiplicarse más, por lo menos tantos como gatos, más uno, en este caso, tres. Y no juntos, sino colocados en distintos lugares de la casa. Además, deben estar escrupulosamente limpios (repasarlos dos veces al día, y una vez a la semana cambiar toda la arena), ser grandes y de bordes bajos, e idealmente sin techo. La arena, mejor sin perfume (la que usan no lo tiene, así que la dejamos).

Finalmente, mejoramos las zonas de escape o escondite, colocando por la casa cajas amplias donde Lory pueda ocultarse cuando lo desee, y dando acceso al uso tridimensional del espacio (los gatos son grandes trepadores, y se sienten seguros en lugares elevados desde donde pueden observar y mantenerse ocultos), mediante algunos estantes despejados y algunos muebles a los que se les retira los elementos decorativos. Recomendamos además la colocación de un par de difusores de feromonas felinas.

Por último, indicamos a los propietarios el efecto negativo de regañar o castigar a sus gatos. Lejos de conseguir el efecto educativo deseado o de impedir que realicen alguna conducta (como subirse a la encimera de la cocina), el comportamiento se sigue presentando, pero el estrés del animal aumenta, y se corre el riesgo de la aparición de conductas indeseables como la actual. Ceder un poco en nuestras exigencias, y buscar soluciones que no impliquen conflicto emocional con los animales en determinadas situaciones son una opción más práctica. En el caso de la encimera, recomendamos cubrirla con plástico de burbujas, que resulta poco atractivo como superficie y permite que se bajen tras comprobar que no les agrada subirse, sin crear roces con las personas.

Tras dos semanas, Lory solo ha realizado una micción fuera de lugar (coincidiendo con unas obras en la calle), por lo que los dueños están satisfechos.



8 - Brandy es muy posesivo (mayo).

Brandy es un mestizo de pastor de un año de edad. Desde cachorro se muestra protector con sus cosas, gruñendo y desafiando a todo el que se acerca, según sus dueños. Cuando era cachorro les parecía gracioso, pero Brandy pesa ya más de 15 kilos, y ha hecho extensiva la protección a su espacio (sofás y camas). Sus dueños, una pareja joven que vive en un piso en una zona urbana, nos dicen que empiezan a tener algo de miedo por si pudiera llegar a morderles.

A Brandy lo consiguieron por Internet, de una camada no deseada “que iban a tirar al río”. Tenía un mes cuando lo adoptaron. En conjunto lo describen como un perro sociable y cariñoso, algo hiperactivo, al que le encantan los paseos y estar con sus dueños. Los problemas aparecen cuando intentan quitarle algún objeto de la boca, recuperar algún juguete, meter la mano en su comedero, y de unas semanas para acá, al tratar de desplazarlo en el sofá o bajarlo de la cama (donde no quieren que se suba).

Al conocer a Brandy dentro y fuera de casa, vemos un perro en general equilibrado y amistoso, que presenta un cierto estrés ante las manipulaciones corporales y reacciones defensivas cuando dispone de algún recurso (objetos, comida, etc.). Los dueños nos explican que le regañan cuando se comporta así, y se enfadan cuando se sube a los muebles, pero que lejos de mejorar, parece que va a peor.

En nuestra opinión, Brandy tiene respuestas de miedo al sentirse amenazado por la competencia que han generado los dueños por recursos que él considera valiosos y por el espacio. Las correcciones de sus dueños le reafirman en sus emociones. Vemos necesario rebajar la tensión en el grupo familiar, y redefinir algunas prioridades.

Lo primero es aclarar la necesidad de retirarle objetos o de meter la mano en su comida. Cuando un perro come, merece estar tranquilo, igual que nosotros no vemos bien que otra persona picotee con un tenedor en nuestro plato (y es lícito que nos enfademos si sigue haciéndolo tras decirle que nos molesta –gruñir-). Explicamos a los propietarios que si desean dedicar tiempo y esfuerzo a conseguir que Brandy permita manipular su comedero mientras come puede hacerse, pero que en realidad no es un problema en sí mismo. Ellos lo hacen porque les han dicho “que debe dejarse quitar la comida”, pero en realidad no tienen mayor interés, por lo que prefieren optar por dejarle tranquilo.

Los objetos, por otro lado, siguiendo normas de urbanidad canina, son de quien los tiene en ese momento. Si nos abalanzamos a recuperarlos, generamos reacciones de miedo que pueden desencadenar agresividad defensiva. Las personas pensamos que el perro defiende el objeto. Pero el perro se defiende a sí mismo. Por lo tanto, planteamos las siguientes opciones:

Todas estas acciones van encaminadas a recuperar el objeto problema (que en todo caso no debería volver a estar al alcance del perro) de un modo pacífico, sin conflictos ni amenazas, y a reforzar la relación entre los propietarios y Brandy a través del juego conjunto (sí permitido).

Brandy simplemente parece haber descubierto que el modo de lograr atención es mediante el robo de objetos cotidianos de sus dueños, por lo que aplicando las medidas anteriores (con especial énfasis en prevenir) y ofreciendo momentos de juego a diario, evitamos enfrentamientos y le damos lo que desea. Con el tiempo optará por pedir juego (que se le dará) en lugar de provocarlo mediante la posesión de objetos que habrán perdido su valor.

En cuanto al espacio de descanso, deben definir una política coherente. A veces le animan a subir, y otras veces le echan, lo que confunde y asusta a Brandy. Los dueños deciden que no se suba en ninguna ocasión. Por lo tanto, proponemos repartir por la casa 3 o 4 camas de perro amplias y mullidas, que le permitan tener opciones adecuadas de descanso, donde no se le moleste bajo ningún concepto. Cuando se suba a un mueble, se le pide que baje simplemente dando una señal y echando algunas bolas de comida por el suelo. Así el perro baja voluntariamente sin manipularlo ni forzarlo. Entonces o bien ocupan el mueble personas (no dejando al perro más espacio que su propia cama, colocada próxima), o bien se cierra la puerta de la estancia, o se coloca algún obstáculo que haga el sofá o la cama incómodos si Brandy se vuelve a subir (para cuando se queda solo).

Brandy parece satisfecho con sus nuevas camas, y las usa con frecuencia. Tras unas semanas, los propietarios nos comentan que le ven más tranquilo, y que salvo un incidente en la calle (con una bola de aluminio que le sacaron de la boca), no ha vuelto a gruñir ni a robar ningún objeto.



9 - Pelusa tiene miedo a los cohetes (junio).

Pelusa es una perrita mestiza de 4 años, que desde siempre ha tenido miedo a ruidos intensos, especialmente a cohetes, petardos, disparos y tormentas. Sus dueños, una familia de dos adultos y tres niños, la adoptaron cuando tenía un año. La definen en general como una perrita algo desconfiada, un poco miedosa, pero sociable y cariñosa cuando toma confianza. También tiende a ser bastante ladradora (la definen como “avisadora”). Viven en un adosado con jardín, al que tiene libre acceso. La sacan a pasear con regularidad, aunque dicen que no le gusta mucho y tiende a tirar hacia casa.

El problema es que en las últimas fiestas locales, Pelusa rompió la valla a mordiscos y escapó, estando perdida casi dos días hasta que la recuperaron.

Al conocer a Pelusa, nos encontramos con una perrita con un nivel de estrés bastante alto, crónico, y con claras muestras de miedo a desconocidos y otros perros, así como un estado de hipervigilancia e hiperactividad en los paseos. En casa es cariñosa con los dueños, y aunque un poco exaltada, se muestra sociable y contenta con los niños.

De entrada explicamos a los propietarios que el pronóstico para resolver el miedo a cohetes y tormentas es de reservado a malo, debido a que influyen muchos factores tanto en la existencia de dicho miedo (genética, elevada sensibilidad auditiva racial y/o individual, socialización temprana pobre, experiencias previas, etc.) como en la imposibilidad de controlar los desencadenantes (no podemos evitar la exposición a tormentas y a cohetes en muchas ocasiones, por su presentación repentina e imprevisible a menudo).

Sin embargo, sí se pueden realizar accione encaminadas a que Pelusa gane seguridad en sí misma y aumente la confianza en sus dueños y en su entorno, para disminuir el estrés y ansiedad cotidianas que presenta, así como hacer ciertas cosas para ayudarla a gestionar mejor los episodios de exposición al estímulo (cohetes/tormentas).

Lo primero es poner en marcha un programa de reducción de estrés en el día a día de Pelusa, indicando a los dueños el modo de manejar los pequeños conflictos cotidianos para no generar miedo en la perra, así como la realización de juegos de nariz que le permitan ganar autoestima y relajarse al concentrarse en algo que sabe hacer bien. Explicamos a los niños modos tranquilos de jugar con Pelusa que no impliquen gritos y carreras, para que puedan estar todos juntos sin que la exciten constantemente. Modificamos algunas pautas de los paseos, recomendando que sean más cortos y frecuentes, con correa larga, paradas regulares para animarla a oler el entorno, tiempo para que ella marque el ritmo, y juegos de nariz durante unos minutos cada vez.

Y lo siguiente es anticiparnos siempre que sea posible para disminuir el grado de intensidad en la presentación de miedo en los episodios de ruidos intensos. Cosas que pueden hacerse: preparar una zona segura en casa, y colocarla en el lugar elegido por Pelusa para esconderse de modo espontáneo. Habían bloqueado el acceso a ese lugar (el baño), pero recomendamos que hagan lo contrario, facilitar la huida, y colocar en ese sitio un refugio acondicionado para que Pelusa se sienta cómoda y segura. Debe aprender a usarlo antes de que ocurra otro episodio, y debe tener acceso libre siempre que lo desee, especialmente cuando se queda sola en casa.

Por otro lado, siguiendo la línea de anticiparse, se puede saber la fecha de muchos eventos ruidosos: fiestas locales, partidos de futbol relevantes, Navidad, San Juan, etc. suelen asociarse a este tipo de celebración con cohetes. Cuando se den esas fechas, la casa debe tener las persianas bajadas y cortinas echadas, se puede poner la tele o música para hacer de pantalla, y conviene mostrar normalidad para transmitirle calma a Pelusa. No se trata de ignorarla, pero tampoco de intentar consolarla de modo nervioso. Pueden acariciarla y hablarle en voz baja, diciéndole lo mucho que la quieren y que esto pasará pronto, que ellos están allí para apoyarla, sin darle mayor importancia a la situación.

La misma anticipación se puede realizar a menudo consultando el pronóstico del tiempo cuando sospechen que puede haber tormenta. Es muy importante intentar evitar que cualquiera de estas situaciones les sorprenda en la calle. Si así fuese, lo mejor es tratar de mantener la calma e ignorar lo que ocurre, pero no intentar que Pelusa siga en la calle o avance hacia la fuente de sonido, simplemente retirarse hacia casa, o hacia el coche, si están lejos de la vivienda, para que pueda llegar a refugio seguro. Recomendamos también administrar un suplemento a base de triptófano para mejorar su estado de ánimo y complementar las medidas anteriores.

Por último, y para que el episodio de huida no vuelva a repetirse, les recomendamos que la perra no permanezca nunca sola en el jardín. Cuando ellos estén en casa, que acceda libremente, pero cuando se vayan, deben dejarla en el interior de la vivienda, con las ventanas cerradas, seguramente al sentirse en un entorno menos expuesto, vaya a la zona segura en lugar de intentar alejarse de la vivienda.

A los dos meses, los propietarios nos comentan que Pelusa se ve mejor en general, está más relajada en los paseos, ladra mucho menos, se la ve más tranquila en casa, y su nivel de actividad ha bajado bastante. Usa la zona segura a menudo, y en los dos episodios de cohetes que han pasado en este plazo, ella misma ha ido allí, y notan que tarda menos tiempo en recuperarse del susto que en ocasiones anteriores.



10 - Jerry está raro (julio).

Jerry es un gato abisinio castrado de ocho años, que vive en un piso amplio con terraza. Sus dueños, una pareja joven con un niño pequeño, comentan que desde que se mudaron, Jerry tiene una conducta extraña. Está huidizo, algo arisco, ya no quiere jugar casi nunca, y se pasa mucho tiempo apartado de la familia.

Ocasionalmente además han encontrado orina en el sofá y una cama.

Los gatos son extremadamente sensibles al estrés, y para ellos, casi cualquier cambio es estrés. Una mudanza justificaría el cambio de conducta, pero el tiempo transcurrido desde la misma (dos meses), y el hecho de que se han mudado varias veces desde que lo tienen (y no le había ocurrido esto) hacen pensar en algo más.

Cuando visitamos a Jerry, vemos a un gato tranquilo, curioso, un poco asustadizo pero que viene a olernos y conocernos en seguida. Sin embargo, también apreciamos algunos problemas físicos que los dueños no han valorado. Tiene algunos bultos que se corresponden con ganglios agrandados, la boca está en mal estado, y hay algo de dolor abdominal.

Tras realizar el pertinente chequeo de salud, Jerry presenta una infección en la vejiga, con sedimento en forma de cristales en la misma, por lo que se le administra antibiótico y una dieta especial. Además, necesita un arreglo en la boca (hay piezas rotas y mucho sarro), y los ganglios resultan ser manifestación de un linfoma. Siendo esta enfermedad de pronóstico reservado a grave, se le da prioridad frente a la boca.

Dos semanas después de iniciado el tratamiento para los dos principales problemas, Jerry ha mejorado mucho en temperamento, volviendo a ser juguetón y alegre, como antes, según sus propietarios. La respuesta inicial del manejo del linfoma está siendo buena, pero advertimos a los dueños de efectos secundarios importantes y recaídas casi seguras tras el primer año de tratamiento. De momento, deciden seguir adelante dado el buen estado general de Jerry.



11 - Jimena rechaza a otros perros (Caso propio)(agosto).

Jimena es una perra de raza galgo español de ocho años, que adopté cuando tenía dos años. Siempre ha sido muy sociable con las personas y otros perros, le gustan mucho las caricias y jugar con sus congéneres.

De unas semanas para acá, se muestra algo retraída en presencia de otros perros, y a veces prefiere esquivarlos y no saludar, y otras veces se enfada con ellos o los rechaza ladrando. Manda señales de miedo (se le eriza el pelo del lomo) en muchos de sus contactos, y salvo alguna excepción, no quiere jugar con ninguno.

Al tratarse de un cambio de conducta en un perro mayor, es prácticamente seguro que se trate de un síntoma de alguna enfermedad física. Tras descartar algunas posibles causas externas, se realiza un análisis de sangre y orina completo, donde tan solo se aprecia una anemia muy leve y un ligero aumento de los triglicéridos, resultando el resto de los parámetros normales.

Se pide al laboratorio un panel de hormonas tiroideas. Una de las hormonas tiroideas aparece ligeramente por debajo de lo normal. La hormona que regula la producción del tiroides se encuentra ligeramente aumentada. El diagnóstico es por lo tanto hipotiroidismo incipiente, ya que no presenta ningún otro de los síntomas asociados a este proceso (todavía) y los valores hormonales en sangre solo están levemente fuera de rango. Esta enfermedad es coherente además con las alteraciones encontradas en el análisis de sangre general.

Los síntomas más habituales relacionados con el hipotiroidismo son ganancia de peso con un consumo similar o menor de comida, intolerancia al ejercicio, apatía, debilidad muscular, intolerancia al frío, alteraciones cutáneas como calvas, caspa, caída de pelo sin rascado, posibles infecciones secundarias de piel, etc.,y bradicardia (bajada del ritmo cardíaco) e hipotermia (temperatura corporal baja).

Curiosamente, Jimena presenta alguna de esas alteraciones de modo natural, ya que es una perra de naturaleza friolera, y sus latidos cardíacos están siempre muy por debajo de lo normal en un perro de su tamaño. Ambas cosas son habituales en esta raza.

Pocos días después de iniciar el tratamiento, se la ve más animada y activa, y empieza a buscar activamente el contacto con otros perros, con los que juega.

No nos cansaremos de insistir lo importante que es el estado de salud del perro y la influencia que una alteración física, por leve que sea, puede tener sobre su conducta. Muchos problemas de comportamiento vienen motivados o son agravados por lesiones que producen dolor (generalmente crónico) o por enfermedades de todo tipo, a menudo poco aparentes, porque la alteración de la conducta es casi el único síntoma visible. En el caso de cambios de conducta en perros ya adultos, la probabilidad de que se trate de un problema de salud es muy elevada. Si corregimos o mejoramos ese problema de salud, la conducta vuelve a ser la habitual.



12 - Yoko tiene celos del bebé(septiembre).

Yoko es un perro mestizo de cuatro años que vive en un piso con sus dueños, una pareja joven que recientemente ha tenido un niño. Desde hace unas semanas, los propietarios le ven muy excitado en torno al bebé, y ladra y da vueltas en torno a la cuna, al carrito, o cuando lo toman en brazos, según ellos como si estuviese celoso. Tienen miedo de que en el futuro pueda llegar a hacerle daño al niño.

Nos cuentan que Yoko ha estado con ellos desde cachorro, y siempre ha hecho vida a su lado, pero poco antes de la llegada del niño, decidieron trasladar su zona de dormir a la terraza, donde ahora pasa la mayor parte del tiempo, solo.

En la calle, es un perro reactivo con algunos perros, y algo receloso de los desconocidos.

Al conocerle, nos encontramos con un perro muy miedoso con tendencia a la reactividad, nos recibe con ladridos y huidas y nuevos ladridos, lo que según los dueños es habitual con las visitas.

En general, han intentado educarle a base de regañar cuando mostraba conductas inadecuadas. Su socialización ha sido bastante escasa, y no sabe relacionarse con niños, a los que ladra con insistencia. Es por eso por lo que le relegaron a la terraza, y por lo que se le regaña ante cualquier acercamiento que realiza a la cuna o al niño.

Pero entienden que la situación así no es sostenible, y que el niño empezará a andar y podrá salir a la terraza, por lo que quieren que Yoko acepte al bebé antes de que eso ocurra.

Les planteamos primero un cambio en el manejo rutinario de Yoko que implique la retirada de manejos amenazadores, de correcciones o regaños que solo sirven para aumentar la inseguridad y el miedo, y no consiguen realmente educarle como desean, ya que las conductas que les molestan se siguen presentando. Ofreciendo opciones de comportamiento válidas para que Yoko pueda realizar en lugar de aquello que no debe hacer evitamos regañar y corregir, y anticipándose a todo lo que sea posible para que simplemente le resulte imposible realizar ciertas conductas inapropiadas se evitan muchos conflictos cotidianos.

En la calle, se recomienda un cambio temporal de hábitos para no exponerlo a más miedo (desconocidos y otros perros), así como algunas pautas para que los paseos sean más agradables y provechosos.

En cuanto al bebé, se indica a los dueños de Yoko la necesidad de reintegrar al perro a su lugar en la familia, ya que no es un problema de celos sino de soledad, aislamiento, rechazo por parte del grupo y miedo. Han separado a Yoko de su vida sin percatarse de que el perro reaccionaría en consecuencia.

Permitir el olfateo del bebé, sus objetos personales, sus ropas y sus zonas de estancia le da al perro la oportunidad de clasificar todo eso en su cabeza, de explorar del modo que necesita todas esas novedades, y de perderles miedo. Con unas mínimas precauciones Yoko puede estar en torno al niño sin poner en riesgo su seguridad.

Damos opciones para manejar a Yoko en los momentos en los que pueda excitarse o ladrar al bebé, y cosas que hacer que deberá realizar en presencia del niño, que puede estar en su cuna, en el carrito o en brazos. La idea es proponerle a Yoko actividades agradables, con juguetes rellenables o juegos de olfateo, que le relajen y le ayuden a mejorar la gestión del miedo, siempre con el bebé presente, para que el niño forme parte de esos momentos en los que puede hacer algo que le gusta, realizando así una asociación positiva ante la presencia del niño. Además, estas actividades son incompatibles con ladrar o estar excitado, ya que requieren concentración y poca movilidad, por lo que le enseñan a Yoko el modo correcto de comportarse en presencia del bebé sin necesidad de corregir o regañar.

Recomendamos también dar paseos conjuntos, sacando a Yoko al tiempo que el carrito del niño, para afianzar también en la calle la asociación positiva con la presencia del bebé, teniendo mucho cuidado de no atropellar o asustar a Yoko.

Pasadas un par de semanas, los dueños comentan que Yoko está mucho mejor, y se pone contento cuando ve al bebé. En general le ven más tranquilo y alegre, ladra mucho menos y se le ve menos excitado. Explicamos entonces a los propietarios la opción de mejorar la socialización de Yoko y su relación con extraños y otros perros, pero rechazan el trabajo alegando que les falta tiempo. Les damos entonces algunas instrucciones para manejar a Yoko cuando el niño empiece a andar, y así anticiparnos a cosas que podrían ocurrir.

La llegada de un bebé a la familia es una situación muy habitual en personas que ya tienen un perro, y el modo en que se enfoque este cambio tan importante determina cuál será la conducta del animal. Aislarlo, regañar cualquier acercamiento o muestra de interés o modificar todas sus rutinas seguramente desencadene un rechazo del perro hacia el niño, ya que de modo involuntario se le está castigando por el mero hecho de que el bebé exista. A menudo, como en este caso, el bebé es el estímulo que supera un umbral de miedo en un animal que ya tiene problemas de relación con su entorno cotidiano, la gota que colma el vaso y donde volcar toda el estrés que el perro sufre en su día a día, por lo que hay que realizar cambios a nivel global, y no solo en lo que se refiere al niño.

En cualquier caso, y por muy buena que sea la relación perro/niño, es deber de los padres el vigilar y regular los contactos, no dejando a ambos solos bajo ningún concepto, pues los perros no se comportan siempre igual ante los mismos estímulos, pueden tener días mejores y peores, y cambios de conducta asociados al envejecimiento, y los niños tampoco se manejan siempre del mismo modo, llegando en ocasiones y por desconocimiento a amedrentar o a hacer daño físico al perro, el cual puede defenderse. Igual que le indicamos al perro la manera correcta de comportarse en torno al niño, se debe educar al niño sobre el modo correcto de tratar al perro y de jugar con él, para que puedan ser buenos amigos y prevenir así accidentes.


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